LIBROS de BARBARIN I II III

martes, 13 de octubre de 2026

MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO Cuando padecemos lo que construimos


 MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO

 Cuando padecemos lo que construimos

El último giro: una realidad creada por humanos puede llegar a experimentarse como una condición inevitable de la existencia.       Éste puede ser uno de los giros más difíciles de reconocer.      Construimos una realidad para organizar nuestra existencia.    La habitamos.    La transmitimos.   La ampliamos.

Olvidamos cómo apareció.     Y finalmente podemos llegar a padecerla como si perteneciera al orden inevitable de la Vida.     La construcción sigue siendo humana.     Pero el sufrimiento que produce puede ser completamente real.     Una deuda es una construcción humana.     Pero puede quitar el sueño.      Una frontera es una construcción humana.    Pero puede separar una familia.     Una determinada idea de éxito es una construcción humana.    Pero alguien puede sentirse fracasado por no alcanzarla.    Una categoría profesional es una construcción humana.     Pero perderla puede provocar una profunda crisis de identidad.     Una expectativa social acerca de cómo debería desarrollarse una vida puede ser construida.    Pero no cumplirla puede sentirse como haber desperdiciado la propia existencia.

Por tanto, tendremos que mantener simultáneamente dos afirmaciones:     EL ESCENARIO PUEDE SER CONSTRUIDO.     Y:      LO QUE EXPERIMENTAMOS DENTRO DE ÉL PUEDE SER COMPLETAMENTE REAL.    Ésta será una distinción fundamental.

No basta con decir «eso es un constructo»        Sería una crueldad.   Una persona llega angustiada porque ha perdido el trabajo.   No podemos responder:     «El trabajo es una construcción humana.»

Es cierto que las profesiones, contratos, salarios y organizaciones laborales pertenecen al mundo humano construido.     Pero esa persona puede depender de su salario para pagar una vivienda, alimentarse, atender a sus hijos o cumplir compromisos.     El constructo se encuentra conectado con necesidades que no son constructos.   Ahí está precisamente su enorme poder.

NUESTROS MUNDOS CONSTRUIDOS HAN TERMINADO ORGANIZANDO EL ACCESO A MUCHAS NECESIDADES REALES.

Por eso podemos padecerlos profundamente.     No podemos salir de ellos simplemente diciendo:    «Esto lo inventamos nosotros.»

Pero reconocer que los construimos abre una posibilidad que antes no existía:    quizá algunas de sus reglas puedan modificarse.      Cuando la pared parece montaña

Volvamos a nuestra imagen.     Una montaña puede impedirnos pasar.   Una pared también.     Desde nuestra posición inmediata, ambas pueden producir el mismo resultado:    NO PUEDO PASAR.

Pero existe una diferencia decisiva.     La montaña pertenece a unas condiciones que nosotros no hemos establecido.   La pared tiene historia humana.   Alguien la construyó.   Puede tener una función.   Puede estar protegiendo algo.   Quizá continúe siendo necesaria.   Pero también podemos preguntar:    ¿SE PUEDE ABRIR UNA PUERTA?

Ésa es la diferencia que estamos buscando.     No negar el obstáculo.    RECONOCER SU NATURALEZA.    Porque si tratamos todas las paredes como montañas, terminaremos considerando inevitable mucho de lo que quizá sea modificable.

«La vida es así»      Hay una frase que merece nuestra atención:   «LA VIDA ES ASÍ.»       A veces puede señalar una realidad difícil que necesitamos aceptar.   Envejecemos.   El cuerpo tiene límites.   No controlamos todos los acontecimientos.   Perdemos seres queridos.   Moriremos.

La existencia contiene condiciones que no dependen de nuestra voluntad.     Pero otras veces, cuando decimos:     «La vida es así»,     quizá estemos hablando realmente de:     «EL MUNDO HUMANO EN EL QUE HE NACIDO ESTÁ ORGANIZADO ASÍ.»

Y eso no es exactamente lo mismo.    Trabajar de determinada manera.   Medir el éxito de determinada forma.   Organizar ciertos horarios.   Atribuir determinado prestigio a unas actividades y no a otras.   Esperar determinados logros a determinada edad.    Vivir bajo unas determinadas reglas económicas.    Son realidades humanas enormemente poderosas.   Pero no pertenecen necesariamente al mismo piso que respirar, alimentarse o envejecer.

Aquí la pregunta:     ¿EN QUÉ PISO ESTÁ?    empieza a convertirse en una herramienta.    El sufrimiento puede tener varias capas         Esto es especialmente importante porque raramente sufrimos en un solo nivel.    Imaginemos que alguien pierde su empleo.   

Puede aparecer una necesidad material real:   ¿Cómo conseguiré recursos?     Pero también puede aparecer:    «Ya no soy nadie.»   O:   «He fracasado.»   O:   «A mi edad debería estar en otra situación.»

Ahora tenemos varias capas superpuestas.     Hay un acontecimiento.   Hay consecuencias materiales.   Hay una interpretación personal.   Hay expectativas sociales.    Hay una identidad construida alrededor de una profesión.   Todo puede estar actuando simultáneamente.   Por eso reubicar no significa decir:    «Tu sufrimiento no existe.»     Significa intentar distinguir:

¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO?

¿QUÉ NECESIDAD REAL ESTÁ AMENAZADA?

¿QUÉ SIGNIFICADO HE CONSTRUIDO ALREDEDOR DE LO OCURRIDO?

¿QUÉ SIGNIFICADOS HE RECIBIDO DEL MUNDO EN EL QUE VIVO?

¿QUÉ PARTE PUEDO MODIFICAR?

De pronto el sufrimiento deja de ser un bloque único.

Podemos padecer una medida humana         Imaginemos algo todavía más sencillo.   Una persona se considera pobre.   Otra rica.   Una exitosa.    Otra fracasada.    Una importante.   Otra insignificante.   Pero ¿con qué instrumento estamos midiendo?    Aquí puede esconderse una construcción gigantesca.     Porque no solamente construimos cosas.

CONSTRUIMOS MEDIDAS PARA VALORAR LAS COSAS.

Después aplicamos esas medidas a nosotros mismos.    Y finalmente podemos sufrir porque no alcanzamos la medida que nosotros mismos, como sociedad, hemos creado.       Dinero.   Prestigio.   Belleza.   Productividad.   Posición.   Títulos.   Seguidores.   Reconocimiento.   Rendimiento.   No significa que todas esas medidas carezcan de función.   Algunas permiten comparar cosas que necesitamos comparar.  

El problema aparece cuando una medida creada para una función determinada termina convirtiéndose en medida de la persona entera.   Entonces el instrumento ha invadido un territorio que quizá nunca le correspondió.

El diagnóstico ofrece otro ejemplo delicado      Una persona puede tener una enfermedad o una condición psicológica real.   Eso no desaparece porque existan construcciones humanas alrededor de la medicina o la psicología.    Pero una cosa es una condición y otra todo lo que podemos construir alrededor de ella:    clasificaciones,   nombres,    modelos explicativos,   expectativas,   identidades,  interpretaciones sociales.  

Un diagnóstico puede ser enormemente útil.       Puede permitir comprender.   Comunicar.    Investigar.   Orientar una intervención.    Pero existe una diferencia entre:    «TENGO ESTA CONDICIÓN»   y    «SOY ESTA CONDICIÓN.»

Aquí la reubicación puede devolver espacio a la persona sin negar aquello que realmente necesita atención.     El problema no era necesariamente el diagnóstico.    Podía ser el piso en el que terminamos colocándolo.

El constructo puede instalarse dentro        Hasta ahora hemos hablado mucho de edificios exteriores.   Pero quizá el paso definitivo ocurre cuando las paredes entran en nosotros.

«Tengo que...»      «Debería...»         «A mi edad...»

«Una persona como yo...»      «Los hombres son...»

«Las mujeres deben...»     «Para ser alguien necesito...»

«Si no consigo esto...»

Ya no necesitamos que alguien permanezca fuera vigilando la pared.

LA LLEVAMOS DENTRO.        Y podemos defenderla incluso cuando nos perjudica.     Porque puede estar vinculada con nuestra identidad, nuestra pertenencia, nuestra seguridad o nuestra manera de comprender el mundo.

Aquí comprendemos por qué no basta con informar a alguien de que algo es construido.     El constructo puede haber participado durante años en la construcción de su propia identidad.      Salir de él puede sentirse como perder una parte de sí mismo.

Por eso necesitamos comprensión       Ahora adquiere todo su sentido algo que veníamos encontrando por el camino.     COMPRENSIÓN Y PERDÓN.   No como absolución automática.    No como negación de responsabilidades.   Sino como comprensión del edificio que cada ser humano recibió.

¿Qué mundo habitaba?        ¿Qué significados recibió?

¿Qué podía ver desde allí?            ¿Qué temía?

¿Qué necesitaba?           ¿Qué posibilidades tenía disponibles?

¿Qué paredes ni siquiera sabía que eran paredes?

Esto puede aplicarse a nosotros mismos.     Quizá muchas cosas que hoy juzgamos en nuestro pasado fueron respuestas que tenían sentido dentro del mundo que entonces habitábamos.

Ahora vemos más.    Perfecto.    Entonces la pregunta no necesita ser:    «¿Cómo pude ser tan absurdo?»    Puede convertirse en:    «AHORA QUE PUEDO VER LA PARED, ¿QUÉ HAGO CON ELLA?»     Ahí comienza la libertad.     El padecimiento demuestra el poder del constructo

Podríamos pensar que descubrir el mundo construido disminuye su importancia.      Ocurre exactamente lo contrario.     Ahora comprendemos su enorme poder.     Una idea compartida por millones de personas puede organizar ciudades.    Una norma puede transformar vidas.    Una creencia puede atravesar siglos.    Una categoría puede cambiar la manera en que alguien se contempla.     Una cifra puede desencadenar euforia o desesperación.    Un símbolo puede movilizar pueblos enteros.

LO CONSTRUIDO PUEDE TENER CONSECUENCIAS REALES.

Por eso necesitamos tratarlo con enorme responsabilidad.     Construir no es un juego inocente.     Cada ladrillo que incorporamos al mundo humano puede terminar siendo habitado por otros.     Y quizá transmitido durante generaciones.

Pero aquí aparece la gran noticia          Precisamente porque una parte de aquello que padecemos ha sido construida, una parte puede ser revisada.     No todo.    No inmediatamente.    No sin consecuencias.    No siempre por una sola persona.    Pero puede ser revisada.    Ésta es una diferencia gigantesca.   Ante una condición inevitable necesitamos aprender a vivir con ella.     Ante una construcción humana podemos además preguntar:

¿PODEMOS HACERLA DE OTRA MANERA?      Y quizá ésta sea una de las preguntas más esperanzadoras de todo nuestro recorrido.    Porque durante siglos podemos haber dicho:      «ES ASÍ.»    Y ahora comenzamos a poder decir:     «LO HICIMOS ASÍ.»

La frase parece casi idéntica.   Pero abre una puerta inmensa.    Porque inmediatamente aparece:     «¿PODRÍAMOS HACERLO DE OTRA MANERA?»

Hemos llegado al final del primer recorrido           Ya sabemos algo que al comenzar quizá no veíamos con tanta claridad.    Hay una Tierra que no construimos.    Sobre ella levantamos mundos humanos.    Los habitamos.    Los transmitimos.    Los heredamos.   Olvidamos que los construimos.   Los modificamos durante generaciones.   Algunas soluciones sobreviven a las necesidades que las originaron.   La razón puede perfeccionarlas sin interrogar nuevamente sus premisas.   El miedo puede alimentarlas.    La propiedad puede organizarlas.    Y finalmente podemos padecerlas como si fueran condiciones inevitables de la existencia.    Ahora necesitamos hacer algo nuevo.   No continuar analizando el edificio desde dentro.      Por primera vez vamos a intentar:

SALIR UN MOMENTO DEL EDIFICIO.         No para abandonarlo.   No para destruirlo.    No para volver a las cavernas.    Sino para contemplarlo desde fuera.   Ver sus paredes.   Reconocer sus dimensiones.   Y distinguir nuevamente la pared de la montaña.    Ahí comienza la tercera parte:     Salir un momento del edificio     No se trata de abandonar el mundo humano.    Se trata de recuperar un lugar desde el que podamos volver a mirarlo.

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