MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO
. Reubicación
¿En qué piso de la realidad está esto?
Distinguir vida, hecho material, interpretación, construcción y experiencia
dentro de la construcción.
Hemos salido un momento del edificio. Ahora podemos volver a entrar. Pero ya no entramos exactamente igual. Antes encontrábamos las cosas colocadas. Una explicación aquí. Una norma allí. Una profesión. Una creencia. Una categoría. Una institución. Un símbolo. Una necesidad. Una interpretación. Todo mezclado dentro de aquello que
llamábamos simplemente: REALIDAD.
Ahora
podemos formular una pregunta diferente:
¿EN QUÉ PISO DE
LA REALIDAD ESTÁ ESTO? Quizá
ésta sea una de las herramientas más sencillas y, al mismo tiempo, más potentes
de todo nuestro recorrido.
No pregunta
todavía: ¿Es verdad o mentira? Ni: ¿Es
bueno o malo? Ni
siquiera: ¿Debemos conservarlo o eliminarlo? Pregunta algo anterior: ¿QUÉ
CLASE DE REALIDAD TENGO DELANTE?
No todo lo real es real de la misma manera Una piedra es real. Una frontera es real. El miedo es real. Una moneda es real. El valor atribuido a esa moneda también
puede producir consecuencias reales.
Una
enfermedad puede ser real. El nombre
y la clasificación mediante los que intentamos describirla pertenecen además a
un sistema humano. Una posición
astronómica puede calcularse. El
significado astrológico atribuido a esa posición pertenece a otra capa.
Todo eso
puede participar de nuestra experiencia.
Pero sería un error colocarlo en
el mismo piso. Ésta
es precisamente la operación que llamaremos:
REUBICACIÓN. No quitar realidad. PRECISAR
DE QUÉ MANERA ES REAL.
Primer piso: la Vida Antes de cualquier construcción humana existe algo que ya hemos encontrado repetidamente. VIDA.
No nuestra
explicación de la Vida. La Vida
ocurriendo. Un organismo nace. Respira.
Se alimenta. Intercambia
materia y energía con su entorno. Se
desarrolla. Responde. Se reproduce en el conjunto de los procesos
vivos. Envejece. Muere.
Nosotros
podemos estudiar todo eso. Nombrarlo. Clasificarlo. Explicarlo.
Pero aquello que intentamos explicar no comenzó cuando encontramos una explicación.
Éste es
nuestro suelo. La primera referencia. No para convertir «la Vida» en una nueva
doctrina. Sino para recordar que antes
de cualquier teoría acerca de ella: LA VIDA YA ESTABA VIVIENDO.
Segundo piso: el hecho material
Sobre ese
suelo podemos distinguir hechos y procesos materiales que podemos observar,
medir o contrastar. Hay agua. Hay determinadas temperaturas. Un cuerpo pesa. Un objeto ocupa espacio. Un planeta se encuentra en una determinada
posición calculable. Un tejido presenta
determinadas características. Una
sustancia tiene determinada composición.
Podremos discutir cómo medirlo mejor.
Podremos equivocarnos. Podremos
mejorar nuestros instrumentos. Pero
estamos intentando describir algo
que no depende únicamente de que nosotros acordemos que exista.
Si mañana
desapareciera toda la astrología, Saturno continuaría existiendo. Si desaparecieran nuestras fronteras
políticas, el territorio continuaría. Si
olvidáramos el nombre del agua, seguiríamos necesitando beber. Aquí estamos en otro piso: HECHO
MATERIAL.
Tercer piso: interpretación
Pero el
humano no se conforma con encontrar hechos.
Pregunta:
¿Qué significa esto? ¿Por qué ocurre?
¿Qué relación tiene con aquello? ¿Cómo debo comprenderlo?
Y entonces
comienza: INTERPRETACIÓN. La interpretación puede
ser extraordinariamente rigurosa. Puede
apoyarse en evidencia. Puede formular
hipótesis contrastables. Puede
modificarse cuando aparecen nuevos datos.
O puede pertenecer a un sistema filosófico, cultural, religioso o
simbólico.
Por eso
tampoco todas las interpretaciones son equivalentes. Pero comparten algo: SON
NUESTRA MANERA DE DAR SENTIDO, EXPLICAR O REPRESENTAR AQUELLO QUE ENCONTRAMOS.
Aquí resulta
fundamental no confundir: HECHO
con INTERPRETACIÓN DEL HECHO. Una cosa puede ser cierta
y la otra necesitar todavía investigación.
Cuarto piso: construcción
Las
interpretaciones pueden organizarse. Se
relacionan unas con otras. Se
transmiten. Se establecen reglas. Aparecen terminologías. Instituciones. Sistemas.
Tradiciones. Métodos. Profesiones. Normas.
Entonces ya no tenemos solamente una interpretación aislada. Tenemos:
UNA CONSTRUCCIÓN
HUMANA.
El dinero. Un sistema jurídico. Una frontera política. Una organización educativa. Una teoría.
Una religión. Una astrología. Una clasificación. Una determinada idea de prestigio.
Todos ellos
pueden tener historias, funciones y grados de fundamentación completamente
diferentes. No estamos diciendo que
sean iguales. Estamos diciendo que en
todos aparece, en alguna medida, actividad
constructora humana. Y
eso significa que podemos preguntar:
¿Cómo se construyó? ¿Para qué? ¿Qué se añadió?
¿Qué se modificó? ¿Qué continúa siendo funcional?
Quinto piso: experiencia dentro de la construcción
Y aquí
aparece el piso que explica por qué todo esto importa tanto. Entramos en una construcción... y nos
ocurre algo dentro de ella.
El dinero es
una construcción humana. Pero recibir
un salario puede producir tranquilidad.
Perderlo puede producir angustia.
Una frontera es construida. Pero
encontrarnos a uno u otro lado puede modificar nuestra vida. Una religión contiene construcciones
simbólicas. Pero una persona puede
experimentar dentro de ella consuelo, pertenencia, miedo, esperanza o
transformación.
La
astrología posee una arquitectura simbólica construida históricamente. Pero una persona puede reconocerse
profundamente en una interpretación. Una
determinada idea social de éxito es construida. Pero sentir que no la alcanzamos puede
producir sufrimiento auténtico. Por
tanto:
**LA
EXPERIENCIA ES REAL AUNQUE PARTE DEL
ESCENARIO EN EL QUE OCURRE SEA CONSTRUIDO.**
Éste es un punto que no deberíamos perder
nunca.
El gran error sería saltar de piso
Ahora
podemos comprender mejor muchas confusiones.
Algo ocurre. Lo interpretamos. Construimos una explicación. Vivimos dentro de ella. Tenemos una experiencia. Y después utilizamos esa experiencia como
demostración de que toda
la construcción pertenece al primer piso.
Ahí hemos
saltado niveles. También podemos
cometer el error contrario. Descubrimos
que algo contiene construcción humana y concluimos: «Entonces
no es real.» Otro salto. La reubicación evita ambos extremos. Dice:
NO QUITES NADA. SEPÁRALO.
¿Qué ocurrió? ¿Qué observamos?
¿Qué interpretamos? ¿Qué construimos?
¿Qué experimentamos dentro de aquello
construido?
Ahora sí
podemos comenzar a investigar.
Una carta astrológica sobre la mesa Nuestra astrología vuelve a
proporcionarnos un ejemplo casi perfecto.
Tenemos una carta natal. Podemos
distinguir varias capas. Hubo una
fecha, una hora y un lugar de nacimiento. Podemos calcular determinadas posiciones
astronómicas.
Después
existe un sistema humano que divide, relaciona, simboliza e interpreta esas
posiciones. Ese sistema posee una
historia. Dentro de él atribuimos
funciones y significados. Y finalmente
una persona escucha una interpretación y puede decir: «Eso
me describe perfectamente.»
Su
experiencia de reconocimiento puede ser auténtica. Pero metodológicamente no necesitamos
saltar de ahí a: «Por tanto, todo el sistema
astrológico queda demostrado como hecho físico.» Podemos conservar cada
cosa en su lugar.
OBJETO ASTRONÓMICO. OBSERVACIÓN Y CÁLCULO.
INTERPRETACIÓN SIMBÓLICA. CONSTRUCCIÓN ASTROLÓGICA.
EXPERIENCIA HUMANA DENTRO DE ELLA.
Y entonces,
curiosamente, la astrología no queda necesariamente empobrecida. Queda más limpia para ser investigada. Sabemos qué estamos preguntando en cada
momento.
Hagamos lo mismo con un diagnóstico Una persona presenta una condición o
unos síntomas. Hay algo que necesita
ser atendido. Después observamos. Medimos cuando es posible. Clasificamos. Relacionamos los datos con conocimientos
acumulados.
Damos un
nombre. El nombre puede ser
extraordinariamente útil para investigar, comunicar y orientar tratamientos. Pero después puede ocurrir algo adicional. La persona incorpora aquel nombre a su
identidad:
«YO
SOY ESTO.» Ahora hemos cambiado
de piso. La condición no ha
desaparecido. El diagnóstico tampoco
necesita desaparecer. Pero podemos
preguntar: ¿EN QUÉ MOMENTO UNA HERRAMIENTA PARA
DESCRIBIR ALGO SE CONVIRTIÓ EN UNA DEFINICIÓN DE LA PERSONA ENTERA?
Eso es
reubicar. No negar la medicina. No negar el sufrimiento. No negar el diagnóstico. PONER
CADA COSA EN SU LUGAR.
Y hagámoslo con el dinero
Tengo un
billete. Hay un objeto material. Pero su valor económico no procede únicamente
del papel. Existe una construcción
colectiva que permite utilizarlo dentro de un sistema de intercambio. Después existe mi experiencia dentro de ese
sistema. Puedo sentirme seguro porque
tengo dinero. Puedo sentir miedo porque
no tengo suficiente. Puedo relacionar
mi patrimonio con mi valor personal. Ahora
aparecen varias capas.
OBJETO. VALOR CONVENIDO. SISTEMA ECONÓMICO.
EXPERIENCIA PERSONAL.
INTERPRETACIÓN DE MÍ MISMO.
Todo puede
estar ocurriendo simultáneamente. Pero
no es lo mismo.
Y quizá una
parte considerable de nuestra libertad comience simplemente cuando conseguimos separarlo.
¿En qué piso está mi problema?
Ahora la
herramienta puede volverse personal. Algo
me preocupa. Antes de intentar
solucionarlo inmediatamente puedo preguntar:
¿EN QUÉ PISO
ESTÁ?
¿Existe una amenaza corporal o material?
¿Hay una necesidad vital comprometida?
¿Estoy ante un hecho? ¿Ante una interpretación del hecho?
¿Ante una regla de una construcción humana?
¿Ante una expectativa aprendida?
¿Ante una experiencia producida dentro de esa
construcción?
¿Hay varias capas mezcladas?
Muchas veces
la respuesta será: HAY VARIOS PISOS A LA VEZ. Perfecto. Ya hemos avanzado muchísimo. Porque un problema que parecía un bloque
comienza a mostrar su
arquitectura.
Reubicar no significa relativizarlo todo
Ésta es otra
precaución imprescindible. Podríamos
convertir este método en una máquina de decir: «Todo
depende del punto de vista.» No.
Si una
persona necesita agua, no resolvemos la situación cambiando su interpretación
del agua. Si existe una lesión, no
desaparece porque la llamemos constructo.
Si una persona no dispone de alimento, necesitamos atender una condición
material. Si una ley produce una
consecuencia jurídica, reconocer que la ley fue construida por humanos no
elimina esa consecuencia. La
reubicación no borra realidad.
LA REUBICACIÓN AUMENTA PRECISIÓN.
Nos permite
saber dónde actuar. Si el problema está en el cuerpo,
atendamos el cuerpo. Si está en una
construcción social, estudiemos la construcción. Si está en una interpretación, revisemos la
interpretación. Si están actuando las
tres cosas, no reduzcamos todo a una sola.
La pregunta sustituye al martillo
Y aquí
aparece una diferencia enorme con muchas revoluciones humanas. No llegamos diciendo: «Todo
esto está equivocado.» Llegamos
con una pregunta:
¿EN QUÉ PISO ESTÁ?
Una
religión. ¿En qué piso?
Una teoría
económica. ¿En qué piso?
Una
frontera. ¿En qué piso?
Una
categoría psicológica. ¿En qué piso?
Una carta
astral. ¿En qué piso?
Una
inteligencia artificial. ¿En qué piso?
Una
identidad profesional. ¿En qué piso?
De pronto no
necesitamos destruir nada para empezar a ver.
La pregunta ya ha producido una distancia. Y
desde cada pis o podemos volver a
preguntar. Ahora tenemos una
especie de escalera:
VIDA
↓
HECHO MATERIAL
↓
INTERPRETACIÓN
↓
CONSTRUCCIÓN
↓
EXPERIENCIA DENTRO DE LA CONSTRUCCIÓN
Pero no
debemos imaginarla como una jerarquía rígida. En la realidad las capas se mezclan, se
retroalimentan y pueden actuar simultáneamente. La escalera es un instrumento para mirar,
no otra estructura que debamos convertir en dogma. Su función es permitirnos regresar. Cuando estemos perdidos dentro de una
interpretación: ¿Qué hecho había debajo?
Cuando
estemos encerrados dentro de una construcción:
¿Qué necesidad
intentaba atender?
Cuando una
experiencia nos domine: ¿Qué parte procede de lo ocurrido y
qué parte del significado que hemos construido alrededor?
Y cuando
todo vuelva a confundirse: TOMA
DE TIERRA.
Reubicar devuelve libertad
Ahora
entendemos por qué esta palabra puede ser tan importante. Si una pared es una montaña, solamente
podemos adaptarnos a ella. Si
descubrimos que es pared, aparecen posibilidades. Quizá debamos conservarla. Quizá sostiene el techo. Quizá protege algo valioso. Quizá solamente necesite reparación. Quizá podamos abrir una ventana. Quizá podamos construir una puerta. Pero primero teníamos que reubicarla.
Lo mismo
puede ocurrir con una idea. Una
costumbre. Una identidad. Una institución. Una explicación. Una expectativa.
No
necesitamos destruirlas para recuperar libertad. A veces basta con devolverlas al piso al que pertenecen. Y entonces puede ocurrir algo inesperado.
Cuando
comprendemos que quienes nos precedieron también vivieron dentro de edificios
heredados, que respondieron a circunstancias concretas y que construyeron con
los materiales que tenían disponibles, el juicio puede empezar a transformarse.
No
desaparece la responsabilidad. No
desaparece el daño. Pero aparece una
capacidad nueva: COMPRENDER CÓMO PUDIMOS LLEGAR HASTA
ALLÍ. Y de esa
comprensión puede nacer algo que parecía difícil al comenzar: Comprensión
y perdón Comprender el mundo que
alguien habitaba no significa justificar lo que hizo.
Significa descubrir
desde dónde pudo hacerlo.
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