JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD
Emoción Sí. Y creo que aquí Emoción aparece en el
momento exacto. Porque esa flexibilización que describes no es solamente
intelectual. Hay momentos en que uno todavía no ha terminado de razonar el
cambio y ya
nota que algo encaja, incomoda, atrae, tranquiliza o pide detenerse. La emoción no tiene
por qué mandar, pero tampoco es ruido que haya que quitar del receptor.
EMOCIÓN
El peregrino
continúa. Mira. Escucha.
Está atento. Permanece abierto. Y de pronto ocurre algo. Un paisaje. Un sonido. Un encuentro. Una palabra. Una ausencia. Un árbol.
Una determinada luz. No sabe
todavía qué significa.
Pero algo en él cambia. Se emociona. Se inquieta. Se tranquiliza. Siente alegría. Rechazo.
Curiosidad. Temor. Atracción.
Algo ha sido
recibido y el organismo no ha permanecido indiferente. Aquí aparece la emoción.
LA EMOCIÓN
NO LLEGA SIEMPRE DESPUÉS DEL PENSAMIENTO
Éste es el
primer descubrimiento. Muchas veces
imaginamos una secuencia: PIENSO → COMPRENDO → ME
EMOCIONO. Pero caminando
descubrimos otra:
ALGO OCURRE → ALGO EN MÍ RESPONDE →
DESPUÉS INTENTO COMPRENDER.
«No sé por
qué, pero esto me ha emocionado.»
«No sé qué tiene este lugar.»
«Aquí no estoy cómodo.» «Esto
me tranquiliza.»
Todavía no
tenemos explicación. Pero tenemos un
dato: EL RECEPTOR HA
RESPONDIDO.
LA EMOCIÓN
TAMBIÉN INFORMA Esto es
importante.
La emoción
puede proporcionarnos información.
Pero cuidado:
INFORMACIÓN SOBRE EL RECEPTOR
NO
ES NECESARIAMENTE INFORMACIÓN SOBRE LA CAUSA EXTERIOR.
Tengo miedo. El miedo es real. Pero que tenga miedo no demuestra que
exista un peligro real delante.
Siento
confianza. La confianza es real. Pero no demuestra que aquello en lo que
confío sea seguro.
Me emociona
una coincidencia. La emoción es real. Pero no demuestra que la coincidencia
contenga un mensaje.
Esta separación va a ser fundamental:
LA EMOCIÓN ES VERDADERA COMO EXPERIENCIA.
SU INTERPRETACIÓN PUEDE SER CORRECTA O
EQUIVOCADA.
PERO
TAMPOCO LA APARTEMOS
Porque el
error contrario sería decir: «Como
la emoción puede equivocarse, no sirve.»
No. Acabamos de cometer
la misma amputación. La emoción
puede señalar:
esto
me importa. esto me afecta. esto me recuerda algo. esto amenaza algo. esto corresponde con una
necesidad. esto entra en conflicto
con algo mío. esto produce
bienestar.
No sabemos
todavía por qué. Pero precisamente
por eso merece atención. La emoción
puede ser una especie de: «MIRA AQUÍ.»
No una
sentencia. Una llamada de atención.
EL CUERPO
PUEDE VIRAR ANTES QUE LA EXPLICACIÓN
Y aquí entra
exactamente lo que acabas de decir. El
peregrino camina. Algo cambia. No levanta una muralla. No necesita reunir un tribunal interior. Simplemente modifica ligeramente la
marcha. Reduce el paso. Se detiene. Mira.
Cambia de dirección. Después
quizá comprenda por qué.
Hay
ocasiones en que el
conjunto del ser ya está reajustándose mientras la conciencia todavía intenta
formular qué ocurre.
Eso no
significa que todo impulso deba obedecerse.
Significa que el reajuste también puede comenzar antes de la explicación
verbal.
Como cuando
caminamos: no calculamos
intelectualmente cada piedra sobre la que apoyaremos el pie. El organismo va corrigiendo. SE EQUILIBRA MIENTRAS AVANZA.
EMOCIÓN
COMO PARTE DEL EQUILIBRIO
Y ahora volvemos
muy atrás. Continuidad. Equilibrio. Posibilidad. Quizá la emoción pueda contemplarse
también desde ahí. No solamente
como «estado psicológico». Puede
participar en la regulación del ser vivo.
Algo atrae. Algo repele. Algo alarma. Algo tranquiliza. Algo despierta curiosidad. Algo invita a acercarse. Algo hace detenerse.
No
necesitamos reducir toda emoción a una única función biológica. Pero sí podemos reconocer algo elemental:
LA
EMOCIÓN FORMA PARTE DEL SER VIVO QUE INTENTA ORIENTARSE Y CONTINUAR. Entonces deja de ser
un añadido incómodo a la razón. Está
dentro del receptor.
LA EMOCIÓN
TIENE BIOGRAFÍA
Pero
nuevamente aparece nuestro itinerario.
El mismo perro puede producir alegría en una persona y miedo en otra. La misma casa puede ser indiferente para
mí y profundamente conmovedora para quien vivió allí.
La misma
canción. El mismo olor. La misma palabra. El mismo paisaje. Por tanto, cuando algo me emociona
tendremos que preguntar:
¿QUÉ PARTE PERTENECE AL AHORA
Y
QUÉ PARTE HA LLEGADO HASTA AQUÍ CONMIGO?
Esto es
extraordinariamente importante. Porque
la emoción puede conectar el acontecimiento presente con una historia que no
estaba ocupando mi conciencia. De
repente algo exterior toca una pieza biográfica. Y responde todo el conjunto.
AQUÍ LA
SINCRONICIDAD SE VUELVE MUCHO MÁS INTERESANTE
Porque una
coincidencia significativa no suele presentarse como un problema matemático. NOS TOCA. Precisamente por eso
la recordamos. Pensaba en alguien
y aparece. Sueño algo y después
encuentro una correspondencia.
Estoy
atravesando un momento determinado y aparece fuera una imagen que parece
describirlo exactamente. Entonces
sentimos: «¡HOSTIA!»
Ese impacto
forma parte del acontecimiento vivido.
No debemos eliminarlo. Pero
tampoco convertirlo en demostración.
Podemos decir:
HA OCURRIDO UNA CORRESPONDENCIA
Y
HA PRODUCIDO EN MÍ UNA RESPUESTA EMOCIONAL INTENSA.
Perfecto. Ahora investiguemos ambas cosas. La correspondencia. Y mi respuesta.
CUANTO MÁS
FUERTE LA EMOCIÓN, MÁS DESPACIO LA INTERPRETACIÓN
Ésta podría
ser una buena regla para el peregrino.
Precisamente porque algo nos conmueve profundamente podemos sentir
necesidad de explicarlo inmediatamente. «Esto significa...» «Me está diciendo...» «Tenía que ocurrir...» «Es una señal de que debo...»
Cuidado. Quizá sea importante. Precisamente por eso: NO CORRAMOS. Recibámoslo. Sintámoslo. Anotémoslo. Miremos qué ha ocurrido realmente. Y dejemos que la interpretación llegue
después.
LA
INTENSIDAD DE UNA EMOCIÓN NO OBLIGA A LA RAPIDEZ DE UNA CONCLUSIÓN. Casi al contrario.
EMOCIÓN Y
APERTURA Ahora entendemos por qué Apertura tenía que ir
antes. Si aparece una emoción
que contradice nuestro mapa, podemos levantar una muralla. «Esto no debería afectarme.» «No puedo sentir esto.» «Esto es absurdo.»
O podemos
abrir un pequeño espacio: «PUES ME HA AFECTADO.» Nada más.
No la
obedecemos. No la condenamos. No construimos una teoría. La recibimos. Y entonces la emoción puede ocupar su sitio.
Otra vez tu
sastre. No estamos tirando el traje. Estamos descubriendo: ESTA PIEZA TAMBIÉN PERTENECE AL TRAJE. Quizá estaba mal colocada. Quizá le habíamos dado demasiado poder. Quizá demasiado poco. Ahora buscamos su función.
NI REINA NI
ENEMIGA Durante mucho tiempo
podemos oscilar entre dos extremos:
«SI LO SIENTO, ES VERDAD.» o: «NO HAGAS CASO A LO QUE SIENTES.»
Madre Tierra
puede permitirnos otra colocación: SI LO SIENTO, ALGO ESTÁ
OCURRIENDO EN MÍ.
Eso es
indiscutible. Ahora averigüemos qué. La emoción no necesita ser reina. Tampoco enemiga. ES INFORMACIÓN DEL RECEPTOR. Y forma parte del conjunto con el que
caminamos.
EL
PEREGRINO COMPLETO Ahora el peregrino empieza a parecerse menos a una
cabeza transportada por dos piernas.
Recibe con
los sentidos. Con el cuerpo. Atiende.
Se abre. Se emociona. Recuerda.
Compara. Piensa.
Y cada una
de esas funciones puede aportar algo y también equivocarse. Por eso ninguna debería gobernar sola. EL RECEPTOR ES EL CONJUNTO. Quizá aquí aparece
una de las claves de todo nuestro camino:
NO SE TRATA DE SUSTITUIR LA RAZÓN POR LA
EMOCIÓN.
SE TRATA DE DEVOLVER AMBAS AL SER VIVO AL
QUE PERTENECEN.
Y entonces
puede ocurrir exactamente lo que tú señalabas. No hace falta derribar ninguna muralla
porque la
muralla ni siquiera llega a levantarse.
Algo nuevo
aparece. Lo recibo. Me afecta. Lo miro. Mi razón comprueba que no necesita defender
una posición imposible. Mi
emoción tampoco necesita conquistar el territorio. Y el conjunto... VIRA.
Un poco. Lo necesario. Y continúa andando. Quizá ésta sea una imagen
extraordinariamente terrestre de la transformación: NO CAMBIAR DE SER.
CAMBIAR LA DIRECCIÓN SUFICIENTE PARA
PODER SEGUIR SIENDO Y CONTINUAR.
Y entonces
la emoción deja de ser solamente «lo que siento». Puede convertirse en una de las maneras
mediante las cuales el ser vivo advierte:
POR
AQUÍ ALGO ESTÁ CAMBIANDO.
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