BARBARIN en las HORAS DIFÍCILES
AVARICIA SENSUAL
La avaricia sensual aparece cuando el deseo
de placer, satisfacción o estímulo empieza a ocupar demasiado espacio en la
vida interior.
Entonces
la persona siente necesidad constante de:
- intensidad,
- posesión,
- excitación,
- consumo,
- gratificación inmediata,
- o acumulación de experiencias sensoriales.
Y poco
a poco el placer deja de ser algo natural dentro de la vida
y empieza a convertirse en:
- dependencia,
- búsqueda compulsiva,
- vacío que nunca termina de llenarse,
- o necesidad creciente de estímulo.
Pero conviene comprender algo importante:
el deseo humano no es en sí mismo un enemigo.
El cuerpo siente.
La vida busca placer.
La existencia contiene:
- belleza,
- atracción,
- disfrute,
- sensualidad,
- necesidad de contacto y experiencia.
Eso pertenece a la naturaleza humana.
El problema
aparece cuando:
el deseo deja de estar integrado
y comienza a gobernar completamente la conciencia.
Entonces
muchas veces la persona intenta llenar:
- vacío interior,
- angustia,
- soledad,
- frustración,
- aburrimiento,
- inseguridad,
- o falta de sentido…
mediante acumulación de placer o estímulo.
Y ahí el mecanismo empieza a crecer sin
verdadero descanso.
Porque cuanto más se intenta llenar el vacío
únicamente desde fuera,
más hambre interior puede aparecer.
Entonces
la persona termina viviendo:
- persiguiendo,
- consumiendo,
- buscando intensidad continua,
- o sintiendo que nunca es suficiente.
Pero
conviene no reducir inmediatamente al ser diciendo:
“eres
vicioso”
o
“eres únicamente deseo.”
Muchas
veces detrás de la avaricia sensual existen:
- carencias afectivas,
- necesidad de compensación,
- miedo al vacío,
- ansiedad,
- dificultad para habitar el silencio interior,
- o intentos de sentirse vivo a través de estímulos constantes.
La maquinaria intentó encontrar alivio o
sensación de plenitud como pudo.
Por
eso no conviene responder únicamente con:
- culpa,
- represión,
- odio hacia uno mismo,
- o guerra interior.
Porque muchas veces eso solo aumenta la
tensión.
Aquí conviene recuperar conciencia y
proporción.
Pregúntate:
- ¿qué intento llenar realmente?
- ¿qué aparece cuando desaparece el estímulo?
- ¿esta
búsqueda me da vida…
o me deja cada vez más vacío? - ¿el
placer ocupa toda mi existencia…
o sigue habiendo algo más amplio dentro de mí?
Entonces aparece una separación importante.
La compulsión deja de sentirse como identidad
absoluta
y empieza a verse como:
- mecanismo adquirido,
- intento de compensación,
- hábito reforzado,
- o forma de escapar momentáneamente del vacío interior.
Y aquí
entra una idea central de tu enfoque:
la misma capacidad humana que absorbió
ciertos automatismos,
también puede empezar a orientarse conscientemente hacia otras formas de vivir.
Eso no significa negar el placer.
Ni destruir la sensualidad.
Significa recuperar eje.
Porque cuando el deseo deja de gobernarlo
todo,
la persona puede empezar a:
- elegir mejor,
- respirar más serenamente,
- disfrutar sin esclavitud,
- y dejar de depender constantemente de estímulos para sentir existencia.
La avaricia sensual puede haberse incrustado
profundamente.
Pero no constituye necesariamente el núcleo definitivo del ser.
Mientras exista conciencia,
todavía existe posibilidad de reorganizar la relación con el deseo y recuperar
mayor libertad interior.
No hay comentarios:
Publicar un comentario