MADRE TIERRA y el CONSTRUCTO HUMANO
La razón dentro del constructo
Una lógica
puede ser impecable dentro de unas premisas que nunca volvimos a interrogar. La razón es una de las herramientas más
extraordinarias del ser humano. Nos
permite relacionar. Comparar. Deducir.
Comprobar contradicciones. Construir
modelos. Anticipar consecuencias. Resolver problemas. Revisar errores.
Gracias a
ella hemos podido desarrollar matemáticas, ciencias, tecnologías, filosofías y
sistemas de organización de una complejidad inmensa. Por
tanto, nuestro recorrido no nos conduce a desconfiar de la razón. Nos conduce a hacerle una pregunta más profunda:
¿DESDE DÓNDE ESTÁ RAZONANDO? Porque una lógica puede ser impecable dentro de unas
premisas que nunca volvimos a interrogar.
Y entonces podemos razonar extraordinariamente bien... dentro de un edificio que
quizá necesita ser revisado.
La razón necesita un punto de partida Todo razonamiento comienza desde algo. Unos datos. Unas observaciones. Unas definiciones. Unas premisas. Unos criterios. Un lenguaje. Un marco desde el cual planteamos la
pregunta.
Si aceptamos: A y aceptamos: B, quizá
podamos demostrar impecablemente: C. El
razonamiento puede ser correcto. Pero
todavía queda una pregunta anterior:
¿POR QUÉ ACEPTAMOS A Y B?
Quizá fueron
comprobadas. Quizá son definiciones
convenidas. Quizá son hipótesis. Quizá pertenecen a una tradición. Quizá funcionaron durante mucho tiempo. Quizá simplemente las recibimos ya
incorporadas al edificio.
La razón
puede examinar perfectamente la relación entre las piezas. Pero si nunca vuelve a mirar los cimientos, puede
terminar fortaleciendo una construcción cuya base ya no estamos interrogando.
Podemos tener razón dentro de un mundo Volvamos a nuestros mundos
construidos. En una partida de
ajedrez podemos realizar un razonamiento impecable: «Si muevo esta pieza aquí, mi adversario
responderá probablemente allí; entonces podré hacer esto.» Perfecto.
Pero todo el
razonamiento depende de haber aceptado previamente las reglas del ajedrez. Fuera del tablero, ninguna torre
tiene obligación de moverse en línea recta.
No existe una ley física del universo que impida moverla diagonalmente. Es una regla del mundo construido que
llamamos ajedrez. Mientras sabemos
que estamos jugando, no existe ningún problema. La dificultad aparece cuando olvidamos
el tablero.
Cada disciplina posee su tablero Algo semejante, aunque muchísimo más
complejo, ocurre en nuestros sistemas de pensamiento. Una economía puede desarrollar
razonamientos extraordinariamente sofisticados a partir de determinadas
definiciones y modelos. Una
filosofía puede construir una arquitectura lógica admirable desde sus
principios. Un sistema jurídico
puede llegar correctamente a una conclusión si se aceptan unas normas
determinadas. Una teología puede
razonar coherentemente desde sus premisas religiosas. Una astrología puede desarrollar
interpretaciones perfectamente coherentes dentro de su arquitectura simbólica. Una teoría psicológica puede explicar
conductas desde sus categorías.
Pero en
todos esos casos podemos formular dos preguntas diferentes. La
primera: ¿EL RAZONAMIENTO ES COHERENTE DENTRO
DEL SISTEMA?
Y la
segunda: ¿QUÉ OCURRE CUANDO INTERROGAMOS EL
PROPIO SISTEMA DESDE FUERA? No
son la misma pregunta. Y durante
mucho tiempo podemos responder brillantemente a la primera sin haber formulado
siquiera la segunda.
La inteligencia puede perfeccionar una
equivocación Éste es un punto
incómodo, pero fundamental. Ser muy
inteligente no garantiza haber elegido correctamente el punto de partida.
De hecho,
una enorme capacidad intelectual puede permitirnos construir explicaciones cada vez más
sofisticadas alrededor de una premisa equivocada.
Podemos
corregir pequeños errores internos. Resolver
contradicciones. Crear excepciones. Añadir categorías. Perfeccionar procedimientos. Y el edificio se vuelve cada vez más
impresionante. Pero quizá nadie haya
vuelto a bajar al sótano durante mucho tiempo. Entonces aparece una paradoja:
CUANTO
MEJOR RAZONAMOS DENTRO DEL CONSTRUCTO, MÁS DIFÍCIL PUEDE RESULTAR DESCUBRIR QUE
ESTAMOS DENTRO DE ÉL.
Porque todo
encaja. Tenemos explicaciones. Tenemos vocabulario. Tenemos especialistas. Tenemos bibliotecas. Tenemos tradición. Tenemos respuestas para las objeciones. El edificio confirma continuamente su
propia arquitectura.
El problema no es la razón Conviene insistir. El problema no es que razonemos demasiado. Puede ser exactamente lo contrario:
QUE
DEJEMOS DE RAZONAR UN PISO MÁS ABAJO.
Preguntamos: «¿Cómo puedo mejorar esto?» Pero quizá no: «¿Por
qué hacemos esto?» Preguntamos: «¿Cómo hacemos más eficiente este
sistema?»
Pero no: «¿Qué
necesidad debía atender?» Preguntamos: «¿Cómo resolvemos los problemas producidos
dentro de esta organización?»
Pero quizá
no: «¿Continúa teniendo sentido la organización que los está
produciendo?»
La razón
continúa trabajando. Pero trabaja dentro del marco recibido. Y puede ocurrir que utilicemos una
inteligencia extraordinaria para resolver problemas que solamente existen
porque nunca volvimos a interrogar el marco que los produce.
La astrología nos ofreció nuevamente el
ejemplo Aquí nuestra experiencia
astrológica resulta especialmente esclarecedora. Dentro de la astrología podemos preguntar:
¿Qué significa este planeta? ¿Qué función tiene este signo?
¿Qué ocurre en esta casa? ¿Qué dinámica expresa este aspecto?
Y podemos
construir respuestas coherentes relacionando siglos de tradición, observación,
experiencia e interpretación. Pero
seguimos preguntando desde
dentro de la astrología.
El giro aparece cuando introducimos una pregunta que no necesita aceptar
previamente el sistema:
¿ESTO ESTÁ EN LA VIDA O LO HEMOS PUESTO NOSOTROS?
De pronto la
razón cambia de posición. Ya no
pregunta únicamente cómo encajan las piezas. Pregunta de dónde salió cada pieza.
¿Qué es observación? ¿Qué es función atribuida?
¿Qué es símbolo? ¿Qué es tradición?
¿Qué es interpretación posterior? ¿Qué podemos contrastar?
¿Qué continúa siendo hipótesis?
La razón no
ha desaparecido. Al contrario. HA
SALIDO DEL EDIFICIO PARA PODER MIRARLO.
Salir no
significa escapar de todos los constructos
Aquí debemos
ser todavía más cuidadosos. No existe
un lugar humano completamente libre de lenguaje, interpretación o perspectiva
desde el cual podamos observarlo todo con absoluta neutralidad. Incluso cuando decimos «Madre Tierra»,
estamos utilizando palabras y conceptos humanos para señalar una realidad que
intentamos reconocer. Por tanto,
tampoco deberíamos convertir nuestra toma de tierra en una nueva ilusión: «Ahora
nosotros vemos la realidad pura y los demás viven dentro de constructos.»
Eso sería
construir inmediatamente otro edificio.
Nuestra posición es mucho más humilde. No pretendemos abandonar toda
construcción. Pretendemos recordar que construimos. Y conservar puntos de contraste que nos
permitan revisar nuestras construcciones.
Madre Tierra no sustituye a la razón: la
reubica Aquí aparece
nuevamente la utilidad de nuestra referencia terrestre.
Antes de
cualquier sistema económico, un organismo humano necesita determinadas
condiciones para vivir. Antes de
una teoría psicológica, existe un organismo y una experiencia humana que
intentamos comprender. Antes de una
frontera, existe territorio. Antes de
una interpretación astrológica, existen cuerpos y posiciones astronómicas sobre
los que posteriormente se construyen significados. Antes de nuestros modelos sobre la Vida: LA
VIDA ESTÁ OCURRIENDO. Madre
Tierra nos permite preguntar:
¿QUÉ PARTE DE MI RAZONAMIENTO DESCANSA SOBRE
ALGO QUE PUEDO CONTRASTAR?
¿QUÉ PARTE DEPENDE DE DEFINICIONES HUMANAS?
¿QUÉ PARTE ES INTERPRETACIÓN?
¿QUÉ PARTE ES UNA CONVENCIÓN ÚTIL?
¿QUÉ PARTE HE RECIBIDO SIN VOLVER A
INTERROGARLA?
Esto no
debilita la razón. LE DEVUELVE SUELO.
Podemos razonar hasta alejarnos de lo
evidente Hay ocasiones en las
que un sistema alcanza tal complejidad que la explicación termina ocupando toda
nuestra atención. Discutimos modelos. Categorías. Índices.
Definiciones. Procedimientos. Teorías.
Y podemos
olvidar momentáneamente aquello que había debajo. Entonces Madre Tierra puede realizar una
operación casi brutal por su sencillez.
Antes de cualquier explicación:
RESPIRAMOS.
BEBEMOS. COMEMOS. DORMIMOS.
TENEMOS CUERPO.
NECESITAMOS UNAS CONDICIONES PLANETARIAS
COMPATIBLES CON LA VIDA.
Podemos
construir encima toda la complejidad que queramos. Pero no deberíamos permitir que la
complejidad nos haga olvidar de
qué depende todo el edificio.
La razón también sabe rectificar Y aquí aparece su enorme grandeza. La misma razón que puede quedar
encerrada dentro de unas premisas también posee la capacidad de interrogarlas. Puede
preguntar:
¿De dónde salió esto? ¿Qué evidencia tenemos?
¿En qué circunstancias apareció? ¿Continúa siendo válido?
¿Qué ocurriría si retiramos esta premisa? ¿Existe otra explicación?
¿Estamos confundiendo correlación,
interpretación y causa?
¿Estamos resolviendo todavía el problema
inicial?
¿Las consecuencias contradicen nuestra
finalidad?
Eso
significa que no necesitamos enfrentarnos a la razón. Necesitamos llevarla hasta el final. No utilizarla solamente para construir. También para revisar lo construido.
Una nueva mayoría de edad Quizá una de las señales de madurez
de una civilización sea precisamente ésta:
Ser capaz de mirar sus propias premisas. No solamente discutir qué partido juega
mejor. Preguntar también por las
reglas del juego. No solamente
perfeccionar el edificio. Preguntar
por sus cimientos. No solamente defender
lo heredado. Preguntar qué función
continúa cumpliendo. Y entonces
podemos llegar a una fórmula sencilla:
**RAZONAR DENTRO DEL CONSTRUCTO
NO ES LO MISMO QUE RAZONAR SOBRE EL CONSTRUCTO.**
Necesitamos
ambas cosas. La primera nos permite
habitar nuestros mundos. La segunda
nos permite no quedar
encerrados en ellos.
Y quizá aquí
descubramos por qué algunas construcciones pueden llegar a crecer
desmesuradamente. Porque detrás de
muchas de ellas no hubo solamente razonamiento. Hubo algo mucho más elemental. Una necesidad de protección. Una inquietud ante el mañana. Una experiencia repetida durante
generaciones. Una palabra
profundamente humana: MIEDO. Y de ese miedo pudo
surgir una de nuestras construcciones más poderosas: ACUMULAR
PARA ESTAR SEGUROS. Ahí
entraremos en el siguiente paso: Miedo, seguridad y acumulación
Una
solución razonable para proteger el mañana puede terminar convirtiéndose en una
búsqueda de seguridad que nunca encuentra suficiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario