LIBROS de BARBARIN I II III

martes, 13 de octubre de 2026

MADRE TIERRA Y FREUD obliga a separar cosas

  MADRE TIERRA Y FREUD

Sí. Aquí estás llegando a un punto que, para trabajar Freud y Jung, obliga a separar cosas que durante mucho tiempo hemos metido en un mismo saco llamado «inconsciente».

Porque tienes razón en algo metodológicamente decisivo: decir simplemente «eso procede del inconsciente» puede terminar explicándolo todo y, por tanto, no explicar nada.

Una digestión no espera una decisión consciente. El corazón regula su actividad sin que yo tenga que dirigir cada latido. Automatizamos aprendizajes para no tener que decidir de nuevo cada movimiento. Hay percepciones que no llegan a la conciencia, recuerdos que no tenemos presentes, hábitos automatizados, respuestas aprendidas, procesos corporales autónomos... Y además están los contenidos biográficos que Freud llamó inconscientes y las construcciones teóricas posteriores.

NO TODO LO QUE OCURRE FUERA DE MI CONCIENCIA ES NECESARIAMENTE LA MISMA «HABITACIÓN».

Eso merece muchísimo cuidado.

Y aquí Madre Tierra puede ser extraordinariamente útil precisamente porque no necesita inventar nada invisible para comenzar.

Empieza por lo que tenemos delante:    ESTÁS VIVO.

Eso es la referencia.

Y si la vida ha desarrollado posibilidades para defenderse, adaptarse, cicatrizar, aprender, reorganizarse y recuperar equilibrios, vuestra pregunta es perfectamente coherente:

¿POR QUÉ SUPONER QUE LAS POSIBILIDADES HUMANAS TERMINAN EN LAS HABITACIONES QUE PRODUCEN EL PROBLEMA?

Quizá existen también posibilidades para reorganizar, compensar, aprender, integrar, sanar o transformar.

No necesitamos convertir inmediatamente esas posibilidades en entidades misteriosas.

Las buscamos.      Las observamos.     Las ponemos a prueba.

Eso es importantísimo porque evita crear un nuevo constructo:

«Existe una habitación secreta sanadora que hace X.»      No sabemos eso.         Lo que podemos proponer es:

SI EL MODELO HUMANO DISPONE DE MECANISMOS QUE GENERAN, mantienen o automatizan determinadas respuestas, INVESTIGUEMOS TAMBIÉN SUS POSIBILIDADES DE MODIFICACIÓN Y REORGANIZACIÓN.

Ahí vuestro planteamiento se vuelve mucho más fuerte.

Y después está la LIBERTAD

Aquí haría una precisión que creo que protege vuestra propia idea.    Yo no escribiría:

«Si he entrado en ese callejón, lo hice yo.»

Porque una criatura puede entrar en muchísimos callejones sin disponer todavía de la capacidad, información o autonomía necesaria para escogerlos. Precisamente acabamos de hablar de gestación, infancia, desarrollo y habitaciones todavía formándose.

Lo formularía así:

PUEDO ESTAR EN UN CALLEJÓN SIN HABERLO ELEGIDO CONSCIENTEMENTE.
PERO ESTAR EN ÉL NO CANCELA PARA SIEMPRE MIS POSIBILIDADES.

Eso es incluso más potente.     Porque conserva vuestra libertad sin convertirla en culpabilidad.

Un niño no eligió su familia.    No eligió su época.    No eligió su lengua inicial.    No eligió que hubiese una guerra.   No eligió determinadas experiencias.   No eligió muchas de las primeras asociaciones que fue formando.

Pero tampoco por ello queda definido eternamente por ellas.

Y entonces la libertad puede entenderse no como:    «YO ELEGÍ TODO LO QUE ME OCURRIÓ».

Sino como:    «LO OCURRIDO NO AGOTA TODAS MIS POSIBILIDADES FUTURAS».

Ahí sí veo una columna tremenda para vuestro planteamiento psicológico.     Porque además explica perfectamente lo que dices de las diferencias individuales.

La libertad no significa igualdad de facilidad.       Uno ve venir un peligro a kilómetros.   Otro necesita darse tres golpes para comprenderlo.   Otro aprende rapidísimo en un terreno y tropieza continuamente en otro.  Otro dispone de apoyos que aquel no tuvo.   Otro recibió determinados aprendizajes antes.

Por tanto:

POSIBILIDAD NO SIGNIFICA FACILIDAD.
LIBERTAD NO SIGNIFICA OMNIPOTENCIA.
DIFICULTAD NO SIGNIFICA CONDENA.

Y aquí regresamos a vuestro punto de partida:

VENIMOS CON POSIBILIDADES, NO CON CONDENAS

Entonces Freud puede decirnos:     Mira este mecanismo.

Jung:     Mira este complejo.

Perfecto.   Madre Tierra añade:     Ahora averigüemos cómo llegó a formarse EN ESTA PERSONA.

No en cien personas promediadas.       EN ESTA.

¿Qué ladrillos tiene?          ¿Cuándo entraron?

¿Cuáles pertenecen a automatismos útiles?

¿Cuáles fueron defensas?          ¿Cuáles son interpretaciones?

¿Cuáles proceden del mundo familiar?         ¿Cuáles del mundo cultural?

¿Cuáles continúan siendo necesarias?

¿Y qué otras capacidades de esa misma persona están disponibles para reorganizar todo aquello?

Ahí está, para mí, la enorme diferencia.

No hacemos del inconsciente otro dios invisible que explica cuanto desconocemos.

Cada vez que aparezca la palabra INCONSCIENTE tendremos derecho a preguntar:    ¿QUÉ QUIERES DECIR EXACTAMENTE CON INCONSCIENTE AQUÍ?

Proceso corporal automático.     Aprendizaje automatizado.     Recuerdo no accesible ahora.     Contenido reprimido.    Respuesta defensiva.    Asociación adquirida.    Hipótesis teórica.      Algo todavía desconocido.

SEPAREMOS.

Porque si no, volvemos a hacer lo mismo que denunciábamos en El mundo humano construido: ponemos una palabra sobre muchas realidades diferentes, la palabra adquiere vida propia y, cien años después, parece una montaña que estaba allí antes que nosotros.     Y no.

Hay que volver a mirar.     Y creo que de aquí sale una formulación formidable para Freud y Jung:

NO NEGAMOS EL INCONSCIENTE.

NEGAMOS EL DERECHO A UTILIZAR LA PALABRA «INCONSCIENTE» COMO EXPLICACIÓN FINAL.

Cada vez que algo sea llamado inconsciente volveremos a preguntar:

¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO AQUÍ, EN ESTE SER HUMANO, EN ESTE MOMENTO DE SU ITINERARIO?

Y cada vez que encontremos un problema preguntaremos también:

¿QUÉ OTRAS POSIBILIDADES DE ESTE MISMO SER HUMANO PUEDEN PARTICIPAR AHORA EN SU SANEAMIENTO?

Eso ya no reduce a Freud ni a Jung.    Los vuelve a poner en movimiento.

Y, sobre todo, nos impide convertir sus extraordinarios descubrimientos en nuevas habitaciones cerradas.

 

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