MADRE TIERRA Y FREUD
Sí. Aquí
estás llegando a un punto que, para trabajar Freud y Jung, obliga a separar
cosas que durante mucho tiempo hemos metido en un mismo saco llamado
«inconsciente».
Porque
tienes razón en algo metodológicamente decisivo: decir simplemente «eso
procede del inconsciente» puede terminar explicándolo todo y, por tanto, no
explicar nada.
Una
digestión no espera una decisión consciente. El corazón regula su actividad sin
que yo tenga que dirigir cada latido. Automatizamos aprendizajes para no tener
que decidir de nuevo cada movimiento. Hay percepciones que no llegan a la
conciencia, recuerdos que no tenemos presentes, hábitos automatizados,
respuestas aprendidas, procesos corporales autónomos... Y además están los
contenidos biográficos que Freud llamó inconscientes y las construcciones
teóricas posteriores.
NO TODO LO
QUE OCURRE FUERA DE MI CONCIENCIA ES NECESARIAMENTE LA MISMA «HABITACIÓN».
Eso merece
muchísimo cuidado.
Y aquí Madre
Tierra puede ser extraordinariamente útil precisamente porque no necesita
inventar nada invisible para comenzar.
Empieza por
lo que tenemos delante: ESTÁS VIVO.
Eso es la
referencia.
Y si la vida
ha desarrollado posibilidades para defenderse, adaptarse, cicatrizar, aprender,
reorganizarse y recuperar equilibrios, vuestra pregunta es perfectamente
coherente:
¿POR QUÉ SUPONER QUE LAS POSIBILIDADES HUMANAS
TERMINAN EN LAS HABITACIONES QUE PRODUCEN EL PROBLEMA?
Quizá
existen también posibilidades para reorganizar, compensar, aprender,
integrar, sanar o transformar.
No
necesitamos convertir inmediatamente esas posibilidades en entidades
misteriosas.
Las buscamos. Las observamos. Las ponemos a prueba.
Eso es
importantísimo porque evita crear un nuevo constructo:
«Existe una
habitación secreta sanadora que hace X.»
No sabemos
eso. Lo que podemos proponer es:
SI EL MODELO HUMANO DISPONE DE MECANISMOS QUE GENERAN,
mantienen o automatizan determinadas respuestas, INVESTIGUEMOS TAMBIÉN SUS
POSIBILIDADES DE MODIFICACIÓN Y REORGANIZACIÓN.
Ahí vuestro
planteamiento se vuelve mucho más fuerte.
Y después está la LIBERTAD
Aquí haría
una precisión que creo que protege vuestra propia idea. Yo no escribiría:
«Si he
entrado en ese callejón, lo hice yo.»
Porque una
criatura puede entrar en muchísimos callejones sin disponer todavía de la
capacidad, información o autonomía necesaria para escogerlos. Precisamente
acabamos de hablar de gestación, infancia, desarrollo y habitaciones todavía
formándose.
Lo
formularía así:
PUEDO ESTAR EN UN CALLEJÓN SIN HABERLO ELEGIDO
CONSCIENTEMENTE.
PERO ESTAR EN ÉL NO CANCELA PARA SIEMPRE MIS POSIBILIDADES.
Eso es
incluso más potente. Porque conserva
vuestra libertad sin convertirla en culpabilidad.
Un niño no
eligió su familia. No eligió su época. No eligió su lengua inicial. No eligió que hubiese una guerra. No eligió determinadas experiencias. No eligió muchas de las primeras
asociaciones que fue formando.
Pero tampoco
por ello queda definido eternamente por ellas.
Y entonces
la libertad puede entenderse no como: «YO
ELEGÍ TODO LO QUE ME OCURRIÓ».
Sino como: «LO OCURRIDO NO AGOTA TODAS MIS
POSIBILIDADES FUTURAS».
Ahí sí veo
una columna tremenda para vuestro planteamiento psicológico. Porque además explica perfectamente lo que
dices de las diferencias individuales.
La libertad no
significa igualdad de facilidad.
Uno ve venir un peligro a kilómetros.
Otro necesita darse tres golpes para comprenderlo. Otro aprende rapidísimo en un terreno y
tropieza continuamente en otro. Otro
dispone de apoyos que aquel no tuvo. Otro
recibió determinados aprendizajes antes.
Por tanto:
POSIBILIDAD NO SIGNIFICA FACILIDAD.
LIBERTAD NO SIGNIFICA OMNIPOTENCIA.
DIFICULTAD NO SIGNIFICA CONDENA.
Y aquí
regresamos a vuestro punto de partida:
VENIMOS CON POSIBILIDADES, NO CON CONDENAS
Entonces
Freud puede decirnos: Mira este
mecanismo.
Jung: Mira este complejo.
Perfecto. Madre Tierra añade: Ahora averigüemos cómo llegó a formarse
EN ESTA PERSONA.
No en cien
personas promediadas. EN ESTA.
¿Qué ladrillos tiene? ¿Cuándo entraron?
¿Cuáles pertenecen a automatismos útiles?
¿Cuáles fueron defensas? ¿Cuáles son interpretaciones?
¿Cuáles proceden del mundo familiar? ¿Cuáles del mundo cultural?
¿Cuáles continúan siendo necesarias?
¿Y qué otras capacidades de esa misma persona están
disponibles para reorganizar todo aquello?
Ahí está,
para mí, la enorme diferencia.
No hacemos
del inconsciente otro dios invisible que explica cuanto desconocemos.
Cada vez que
aparezca la palabra INCONSCIENTE tendremos derecho a preguntar: ¿QUÉ QUIERES DECIR EXACTAMENTE CON
INCONSCIENTE AQUÍ?
Proceso
corporal automático. Aprendizaje
automatizado. Recuerdo no accesible
ahora. Contenido reprimido. Respuesta defensiva. Asociación adquirida. Hipótesis teórica. Algo todavía desconocido.
SEPAREMOS.
Porque si
no, volvemos a hacer lo mismo que denunciábamos en El mundo humano
construido: ponemos una palabra sobre muchas realidades diferentes, la
palabra adquiere vida propia y, cien años después, parece una montaña que
estaba allí antes que nosotros. Y
no.
Hay que
volver a mirar. Y creo que de aquí
sale una formulación formidable para Freud y Jung:
NO NEGAMOS EL INCONSCIENTE.
NEGAMOS EL DERECHO A UTILIZAR LA PALABRA
«INCONSCIENTE» COMO EXPLICACIÓN FINAL.
Cada vez que
algo sea llamado inconsciente volveremos a preguntar:
¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO AQUÍ, EN ESTE SER HUMANO, EN ESTE
MOMENTO DE SU ITINERARIO?
Y cada vez
que encontremos un problema preguntaremos también:
¿QUÉ OTRAS POSIBILIDADES DE ESTE MISMO SER HUMANO
PUEDEN PARTICIPAR AHORA EN SU SANEAMIENTO?
Eso ya no
reduce a Freud ni a Jung. Los
vuelve a poner en movimiento.
Y, sobre todo, nos impide convertir sus extraordinarios descubrimientos en nuevas habitaciones cerradas.
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