LIBROS de BARBARIN I II III

martes, 13 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD Apertura


JUNG PASEANDO  SINCRONICIDAD 

 Apertura       Sí. Y aquí hay una diferencia enorme con «convencer». No estamos diciendo al lector: «lo que pensabas estaba mal». Le estamos permitiendo comprobar que quizá algunas piezas estaban colocadas de una manera que ya no necesita mantener. Como tu bolsillo: no destruimos el traje; simplemente descubrimos que delante cumple mejor su función. Y precisamente porque la razón puede seguir todo el recorrido, aparece algo decisivo: no se defiende. Se abre.

 APERTURA        El peregrino continúa.      Ya ha aprendido algo sobre la atención.     Puede dirigirla.    Puede estrecharla.    Puede ampliarla.    Puede descubrir que aquello que ve no es todo lo que hay.

Pero ahora aparece un paso diferente.    Porque puedo estar muy atento...    y permanecer completamente cerrado.    

Puedo mirar solamente aquello que espero encontrar.      Puedo escuchar solamente aquello que confirma lo que ya pienso.      Puedo caminar con los ojos abiertos y llevar delante de ellos un mapa tan rígido que solamente reconozca lo que el mapa me permite reconocer.    Entonces necesitamos algo más.    APERTURA.


ATENCIÓN NO ES APERTURA         Puedo observar atentamente un árbol buscando una determinada especie de pájaro.

Mi atención es magnífica.     Pero quizá mientras busco aquel pájaro están ocurriendo otras veinte cosas que no forman parte de mi búsqueda.     La apertura introduce otra disposición:       «NO SÉ TODO LO QUE PUEDO ENCONTRAR.»

Esto parece poca cosa.    Pero cambia completamente al receptor.   Porque ya no salgo únicamente a confirmar.

SALGO TAMBIÉN DISPUESTO A SER CORREGIDO POR LO QUE ENCUENTRE.


ABRIRSE NO ES CREER

Aquí debemos poner inmediatamente otra piedra firme.     Apertura no significa:      creérselo todo.

Aceptar cualquier interpretación.       Convertir cualquier coincidencia en señal.     Dar autoridad a cualquier intuición.      Pensar que todo contiene un mensaje.      Eso no sería apertura.

Sería falta de criterio.     La verdadera apertura puede decir simultáneamente:     «PUEDE SER.»          y:           «TODAVÍA NO LO SÉ.»   Esto es magnífico.

Porque permite que algo permanezca delante de nosotros sin necesidad de aceptarlo ni rechazarlo inmediatamente.


EL «NO SÉ» DEJA ESPACIO

Durante todo este camino ha ido apareciendo una expresión humilde pero potentísima:      NO SÉ.

Al principio puede parecer una carencia.       Pero ahora descubrimos que también es un espacio disponible.     Si ya sé de antemano qué significa el pájaro, no necesito observarlo.     Si ya sé qué es una coincidencia, no necesito investigarla.     Si ya sé qué puede y qué no puede ocurrir, solamente encontraré confirmaciones de mi mapa.

Pero si puedo decir:     «NO SÉ TODAVÍA»       algo queda abierto.      Y entonces puedo continuar mirando.


LA APERTURA PERMITE REUBICARSE       Aquí entra exactamente aquello que acabamos de descubrir.

Una idea nueva puede golpear una estructura anterior.      Pero no tiene necesariamente que destruirla.      Quizá solamente obliga a mover una pieza.

Yo pensaba:      INTERIOR / EXTERIOR     como dos territorios claramente separados.

Ahora descubro:      «Un momento. Mi interior está ocurriendo en un organismo que también pertenece a aquello que llamaba exterior.»        No tengo que tirar mi experiencia de interioridad.     Sigue siendo útil.     Solamente tengo que reubicarla.

Pensaba:     SEÑAL = MENSAJE.      Ahora descubro:   «No necesariamente. Puede existir información sin mensaje.»        No tengo que dejar de observar señales.       Tengo que colocarlas mejor.    Pensaba:       ANTICIPAR = VER EL FUTURO.

Ahora aparece:      «Quizá algunas veces sea percibir antes un proceso que ya ha comenzado.»        No destruimos la anticipación.     La situamos.

Esto es lo que está ocurriendo durante todo el camino.


LA APERTURA NO ROMPE: PERMITE REORDENAR

Quizá por eso el golpe puede ser fuerte y, sin embargo, no resultar violento.

Reconozco las piezas.   Son las mismas.    Cuerpo.   Mente.    Atención.   Memoria.    Biografía.   Inconsciente.  

Mundo exterior.   Naturaleza.   Señal.    Correspondencia.    Pero algunas cambian de posición.     Y de pronto el conjunto funciona de otra manera.

NO ME HAN QUITADO MI MUNDO.

ME HAN PEDIDO QUE VUELVA A MIRAR CÓMO LO TENÍA ORDENADO.

Eso reduce muchísimo la fricción.      Porque puedo reconocerme durante el cambio.


UNA MENTE FUERTE TAMBIÉN PUEDE ABRIRSE

Esto es importante.       A veces imaginamos que abrirse significa abandonar la razón.       Justamente aquí está ocurriendo lo contrario.

La razón participa.     Pregunta.    Compara.   Distingue.    Detecta contradicciones.     Exige que no confundamos información con mensaje.   Señal con interpretación.     Correspondencia con causalidad.   Anticipación con adivinación.

Entonces la mente no tiene que desaparecer para abrirnos.     Quizá necesita recuperar una función más amplia:      NO SOLAMENTE DEFENDER LO QUE YA SABE.

También:     REORGANIZARSE CUANDO ENCUENTRA ALGO QUE LO EXIGE.                        Eso es una inteligencia viva.


Y AQUÍ APARECE UNA APERTURA MUCHO MÁS DIFÍCIL

Aceptar que quizá no soy el centro.    Aceptar dependencia.    Aceptar que mi atención selecciona.    Aceptar que puedo recibir sin saber que he recibido.    Aceptar que mi interpretación puede equivocarse.    Aceptar que existen procesos que comenzaron antes de que yo los percibiera.     Aceptar que el mundo no necesita dirigirse a mí para que yo pueda aprender de él.

Curiosamente, ninguna de estas cosas me hace más pequeño.   Me sitúa.

Y una vez situado puedo moverme mucho mejor.    Porque ya no necesito sostener continuamente una posición imposible.


APERTURA TAMBIÉN ES PODER DEJAR ENTRAR LO INESPERADO

El peregrino sale sin buscar nada.    Camina.     Y algo ocurre.     Una modificación del paisaje.    Un animal.    Una sensación corporal.     Una idea.    Un recuerdo.     Una correspondencia.     Algo que no estaba en su programa.

Si está cerrado, intentará inmediatamente meterlo en una categoría conocida.     Si está completamente crédulo, quizá le atribuya enseguida un significado extraordinario.      Pero existe una tercera posibilidad:    RECIBIRLO.

Mirarlo.   Dejarlo estar.   Preguntar.   Continuar andando.   Quizá después encuentre otra pieza.     Y otra.     Y solamente entonces comprenda.     Esto es apertura.                  NO OBLIGAR A LO NUEVO A EXPLICARSE INMEDIATAMENTE.


Y ESO PROPICIA EL PASO SIGUIENTE

Aquí has señalado algo fundamental.       Cuando una reorganización no se vive como agresión, el siguiente paso deja de producir tanto miedo.

Una pregunta abre otra.        Una pieza recolocada permite mover la siguiente.       Y empieza a aparecer una continuidad:

«SI ESTO ES ASÍ... ENTONCES TENDRÉ QUE VOLVER A MIRAR AQUELLO.»

Eso es muy diferente de:      «Tengo que abandonar todo lo anterior.»  No.     Seguimos caminando.      Y precisamente porque seguimos reconociendo el terreno podemos atrevernos a avanzar.


PERO LA APERTURA NECESITA LÍMITES

También aquí debemos protegernos.      Estar abierto no significa permanecer indefenso ante cualquier afirmación.                    Nuestro peregrino conserva herramientas.    Observa.    Registra.    Compara.    Contrasta.     Espera.    Rectifica.

Puede decir:    sí.     no.     todavía no.        no encuentro evidencia suficiente.          esto parece una interpretación mía.            esto se ha repetido.         esto no se ha repetido.

La apertura sin contraste puede convertirse en credulidad.     El contraste sin apertura puede convertirse en cerrazón.     Necesitamos ambos.

APERTURA PARA RECIBIR.
CRITERIO PARA ORDENAR LO RECIBIDO.


Y AHORA LA SINCRONICIDAD EMPIEZA A TENER UN LUGAR POSIBLE

Si llegamos a Jung completamente cerrados:     «Eso es imposible»,        la investigación ha terminado antes de comenzar.

Si llegamos completamente entregados:     «Todo es sincronicidad»,   también ha terminado.        No queda nada que investigar.

Nuestra posición será otra:     «VEAMOS QUÉ OCURRIÓ.»

¿Qué correspondió con qué?         ¿Qué información existía?

¿Qué percibió el receptor?          ¿Qué añadió su biografía?

¿Qué seleccionó su atención?         ¿Qué interpretación apareció?

¿Qué explicación causal encontramos?      ¿Qué no podemos explicar?

Y solamente entonces:     ¿QUÉ QUEDA?      Ésa es una posición abierta y rigurosa al mismo tiempo.


El peregrino sigue andando.      Ya no necesita proteger continuamente su antiguo mapa.         Tampoco necesita tirarlo.       Puede sacarlo del bolsillo.    Mirarlo.      Mirar el terreno.     Y si no coinciden...     CORRIGE EL MAPA.     No el terreno.      Quizá ésa sea la imagen de la apertura que necesitamos:

APERTURA NO ES CAMINAR SIN MAPA.

ES NO OBLIGAR AL TERRITORIO A PARECERSE AL MAPA.

Y entonces sucede algo precioso.         El siguiente paso ya no amenaza.       LO PROPICIA EL ANTERIOR.

Porque cada pieza que encuentra mejor su lugar deja espacio para que la siguiente también pueda encontrar el suyo.

Y fíjate qué bien aparece ahora el 20. Emoción. Porque podemos haber razonado impecablemente, estar atentos y abiertos... y de pronto algo nos toca. Antes incluso de saber qué pensamos de ello. Ahí entra otro receptor que muchas veces hemos tratado como estorbo o como juez absoluto. Y probablemente no sea ninguna de las dos cosas.

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