JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD
Apertura Sí. Y aquí hay una
diferencia enorme con «convencer». No estamos diciendo al lector: «lo que pensabas estaba
mal».
Le estamos permitiendo comprobar que quizá algunas piezas estaban colocadas de
una manera que ya no necesita mantener. Como tu bolsillo: no destruimos el
traje; simplemente descubrimos que delante cumple mejor su función. Y precisamente
porque la razón puede seguir todo el recorrido, aparece algo decisivo: no se
defiende. Se
abre.
APERTURA El peregrino continúa. Ya ha aprendido algo sobre la atención. Puede dirigirla. Puede estrecharla. Puede ampliarla. Puede descubrir que aquello que ve no es
todo lo que hay.
Pero ahora
aparece un paso diferente. Porque
puedo estar muy atento... y permanecer
completamente cerrado.
Puedo mirar
solamente aquello que espero encontrar.
Puedo escuchar solamente aquello que confirma lo que ya pienso. Puedo caminar con los ojos abiertos y
llevar delante de ellos un mapa tan rígido que solamente reconozca lo que el
mapa me permite reconocer. Entonces
necesitamos algo más. APERTURA.
ATENCIÓN NO
ES APERTURA Puedo observar atentamente un árbol buscando una
determinada especie de pájaro.
Mi atención
es magnífica. Pero quizá mientras
busco aquel pájaro están ocurriendo otras veinte cosas que no forman parte de
mi búsqueda. La apertura introduce
otra disposición: «NO SÉ TODO LO QUE
PUEDO ENCONTRAR.»
Esto parece
poca cosa. Pero cambia completamente
al receptor. Porque ya no salgo
únicamente a confirmar.
SALGO TAMBIÉN DISPUESTO A SER CORREGIDO
POR LO QUE ENCUENTRE.
ABRIRSE NO
ES CREER
Aquí debemos
poner inmediatamente otra piedra firme.
Apertura no significa: creérselo
todo.
Aceptar
cualquier interpretación. Convertir
cualquier coincidencia en señal. Dar
autoridad a cualquier intuición. Pensar
que todo contiene un mensaje. Eso no
sería apertura.
Sería falta
de criterio. La verdadera apertura
puede decir simultáneamente: «PUEDE SER.» y: «TODAVÍA NO LO SÉ.» Esto es magnífico.
Porque
permite que algo permanezca delante de nosotros sin necesidad de aceptarlo ni
rechazarlo inmediatamente.
EL «NO SÉ»
DEJA ESPACIO
Durante todo
este camino ha ido apareciendo una expresión humilde pero potentísima: NO SÉ.
Al principio
puede parecer una carencia. Pero
ahora descubrimos que también es un espacio disponible. Si ya sé de antemano qué significa el pájaro,
no necesito observarlo. Si ya sé qué
es una coincidencia, no necesito investigarla. Si ya sé qué puede y qué no puede ocurrir,
solamente encontraré confirmaciones de mi mapa.
Pero si
puedo decir: «NO SÉ TODAVÍA» algo queda abierto. Y entonces puedo continuar mirando.
LA APERTURA
PERMITE REUBICARSE Aquí entra
exactamente aquello que acabamos de descubrir.
Una idea
nueva puede golpear una estructura anterior. Pero no tiene necesariamente que
destruirla. Quizá solamente obliga a
mover una pieza.
Yo pensaba: INTERIOR / EXTERIOR como dos territorios claramente
separados.
Ahora
descubro: «Un momento. Mi interior
está ocurriendo en un organismo que también pertenece a aquello que llamaba
exterior.» No tengo que tirar mi experiencia de
interioridad. Sigue siendo útil. Solamente tengo que reubicarla.
Pensaba: SEÑAL = MENSAJE. Ahora descubro: «No necesariamente. Puede existir
información sin mensaje.» No tengo
que dejar de observar señales. Tengo
que colocarlas mejor. Pensaba: ANTICIPAR = VER EL FUTURO.
Ahora
aparece: «Quizá algunas veces sea
percibir antes un proceso que ya ha comenzado.» No destruimos la anticipación. La situamos.
Esto es lo
que está ocurriendo durante todo el camino.
LA APERTURA
NO ROMPE: PERMITE REORDENAR
Quizá por
eso el golpe puede ser fuerte y, sin embargo, no resultar violento.
Reconozco
las piezas. Son las mismas. Cuerpo.
Mente. Atención. Memoria.
Biografía. Inconsciente.
Mundo
exterior. Naturaleza. Señal.
Correspondencia. Pero algunas
cambian de posición. Y de pronto el
conjunto funciona de otra manera.
NO ME HAN QUITADO MI MUNDO.
ME HAN PEDIDO QUE VUELVA A MIRAR CÓMO LO
TENÍA ORDENADO.
Eso reduce
muchísimo la fricción. Porque puedo
reconocerme durante el cambio.
UNA MENTE
FUERTE TAMBIÉN PUEDE ABRIRSE
Esto es
importante. A veces imaginamos que
abrirse significa abandonar la razón.
Justamente aquí está ocurriendo lo contrario.
La razón
participa. Pregunta. Compara.
Distingue. Detecta contradicciones. Exige que no confundamos información con
mensaje. Señal con interpretación. Correspondencia con causalidad. Anticipación con adivinación.
Entonces la
mente no tiene que desaparecer para abrirnos. Quizá necesita recuperar una función más
amplia: NO SOLAMENTE DEFENDER
LO QUE YA SABE.
También: REORGANIZARSE CUANDO ENCUENTRA ALGO QUE
LO EXIGE. Eso es una inteligencia
viva.
Y AQUÍ
APARECE UNA APERTURA MUCHO MÁS DIFÍCIL
Aceptar que
quizá no soy el centro. Aceptar
dependencia. Aceptar que mi atención
selecciona. Aceptar que puedo recibir
sin saber que he recibido. Aceptar que
mi interpretación puede equivocarse. Aceptar
que existen procesos que comenzaron antes de que yo los percibiera. Aceptar que el mundo no necesita dirigirse
a mí para que yo pueda aprender de él.
Curiosamente,
ninguna de estas cosas me hace más pequeño.
Me sitúa.
Y una vez
situado puedo moverme mucho mejor. Porque
ya no necesito sostener continuamente una posición imposible.
APERTURA
TAMBIÉN ES PODER DEJAR ENTRAR LO INESPERADO
El peregrino
sale sin buscar nada. Camina. Y algo ocurre. Una modificación del paisaje. Un animal. Una sensación corporal. Una idea. Un recuerdo. Una correspondencia. Algo que no estaba en su programa.
Si está
cerrado, intentará inmediatamente meterlo en una categoría conocida. Si está completamente crédulo, quizá le
atribuya enseguida un significado extraordinario. Pero existe una tercera posibilidad: RECIBIRLO.
Mirarlo. Dejarlo estar. Preguntar.
Continuar andando. Quizá después
encuentre otra pieza. Y otra. Y solamente entonces comprenda. Esto es apertura. NO OBLIGAR A LO NUEVO A
EXPLICARSE INMEDIATAMENTE.
Y ESO
PROPICIA EL PASO SIGUIENTE
Aquí has
señalado algo fundamental. Cuando
una reorganización no se vive como agresión, el siguiente paso deja
de producir tanto miedo.
Una pregunta
abre otra. Una pieza recolocada
permite mover la siguiente. Y
empieza a aparecer una continuidad:
«SI ESTO ES ASÍ... ENTONCES TENDRÉ QUE
VOLVER A MIRAR AQUELLO.»
Eso es muy
diferente de: «Tengo que abandonar
todo lo anterior.» No. Seguimos caminando. Y precisamente porque seguimos
reconociendo el terreno podemos atrevernos a avanzar.
PERO LA
APERTURA NECESITA LÍMITES
También aquí
debemos protegernos. Estar abierto
no significa permanecer indefenso ante cualquier afirmación. Nuestro peregrino conserva
herramientas. Observa. Registra.
Compara. Contrasta. Espera.
Rectifica.
Puede decir: sí.
no. todavía no. no encuentro evidencia suficiente. esto parece una interpretación mía. esto se ha repetido. esto no se ha repetido.
La apertura
sin contraste puede convertirse en credulidad. El contraste sin apertura puede
convertirse en cerrazón. Necesitamos
ambos.
APERTURA PARA RECIBIR.
CRITERIO
PARA ORDENAR LO RECIBIDO.
Y AHORA LA
SINCRONICIDAD EMPIEZA A TENER UN LUGAR POSIBLE
Si llegamos
a Jung completamente cerrados: «Eso
es imposible», la investigación ha
terminado antes de comenzar.
Si llegamos
completamente entregados: «Todo es
sincronicidad», también ha terminado. No queda nada que investigar.
Nuestra
posición será otra: «VEAMOS QUÉ OCURRIÓ.»
¿Qué
correspondió con qué? ¿Qué
información existía?
¿Qué
percibió el receptor? ¿Qué
añadió su biografía?
¿Qué
seleccionó su atención? ¿Qué
interpretación apareció?
¿Qué
explicación causal encontramos? ¿Qué
no podemos explicar?
Y solamente
entonces: ¿QUÉ QUEDA? Ésa es una posición abierta y rigurosa
al mismo tiempo.
El peregrino
sigue andando. Ya no necesita
proteger continuamente su antiguo mapa.
Tampoco necesita tirarlo. Puede
sacarlo del bolsillo. Mirarlo. Mirar el terreno. Y si no coinciden... CORRIGE EL MAPA. No el terreno. Quizá ésa sea la imagen de la apertura
que necesitamos:
APERTURA NO ES CAMINAR SIN MAPA.
ES NO OBLIGAR AL TERRITORIO A PARECERSE
AL MAPA.
Y entonces
sucede algo precioso. El
siguiente paso ya no amenaza. LO PROPICIA EL
ANTERIOR.
Porque cada
pieza que encuentra mejor su lugar deja espacio para que la siguiente también
pueda encontrar el suyo.
Y fíjate qué
bien aparece ahora el 20. Emoción. Porque podemos haber razonado
impecablemente, estar atentos y abiertos... y de pronto algo nos toca. Antes incluso de
saber qué pensamos de ello. Ahí entra otro receptor que muchas veces hemos
tratado como estorbo o como juez absoluto. Y probablemente no sea ninguna de
las dos cosas.
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