MADRE TIERRA
Organización social — Las paredes que podemos mover
Normas,
fronteras, instituciones y sistemas humanos que tienen consecuencias reales sin
ser por ello leyes de la naturaleza. Hay
paredes que encontramos. Y hay
paredes que levantamos. Una montaña
puede separar dos territorios. Un río
puede dificultar el paso. Un océano
puede establecer una distancia material inmensa. Pero una frontera política pertenece a otro
orden. Puede seguir un río. Una cordillera. Una costa.
Una línea acordada sobre un mapa.
Y esa línea
puede tener consecuencias enormes. A un
lado puede existir una legislación. Al
otro, otra. Una moneda. Otra.
Unos derechos. Otros. Una administración. Otra.
Podemos necesitar documentos para
atravesarla. Podemos adquirir o
perder determinadas posibilidades por haber nacido a pocos metros de uno u otro
lado. Todo eso es real. Pero:
LA FRONTERA NO ES
REAL DE LA MISMA MANERA QUE LA MONTAÑA.
Y esta distinción abre nuestra cuarta puerta.
Construido no significa imaginario
Aquí debemos
insistir especialmente. Una ley es
construida. Pero puede llevarnos a
prisión. Una frontera es construida. Pero puede impedirnos el paso. Una institución es construida. Pero puede concedernos o negarnos
determinadas posibilidades dentro del marco legal correspondiente. Un contrato es construido. Pero crea obligaciones reconocidas por un
sistema jurídico. Por tanto: LAS
CONSTRUCCIONES SOCIALES PUEDEN PRODUCIR CONSECUENCIAS MATERIALES
EXTRAORDINARIAMENTE REALES. Éste
ha sido uno de los aprendizajes centrales del libro. No necesitamos elegir entre: «es
natural» y «no
existe». Existe una
tercera posibilidad: LO HICIMOS NOSOTROS Y FUNCIONA PORQUE
ORGANIZAMOS UNA PARTE DE NUESTRA VIDA A TRAVÉS DE ELLO.
¿Por qué construimos normas?
Imaginemos
cualquier grupo humano. Aparecen
necesidades. Coordinarse. Distribuir tareas. Resolver conflictos. Proteger.
Decidir. Establecer responsabilidades. Determinar qué puede hacer cada uno cuando
sus acciones afectan a otros. Las
normas pueden surgir como respuestas a problemas reales de convivencia. Por eso nuestro instrumento no comienza
preguntando: «¿Por qué existen tantas reglas?» Comienza mucho antes: ¿QUÉ
PROBLEMA DE CONVIVENCIA INTENTABA RESOLVER ESTA NORMA? Quizá ahí encontremos su
función. Y solamente después podremos
estudiar su forma actual y sus consecuencias.
La norma puede sobrevivir a su necesidad
Pero ya
conocemos el proceso. Aparece una
necesidad. Construimos una respuesta. La respuesta funciona. Se transmite. Se institucionaliza. Se normaliza. Las circunstancias cambian. Y la norma permanece. Entonces una generación puede recibir una
obligación cuyo origen desconoce. Pregunta: «¿Por
qué?» Y recibe: «Porque
es así.» Aquí nuestro
manual vuelve a introducir la arqueología:
**NO: «¿POR QUÉ HAY QUE
OBEDECERLA?» PRIMERO: «¿POR QUÉ LA
CONSTRUIMOS?»** Puede ocurrir que
al investigarla descubramos que continúa siendo imprescindible. Perfecto.
La comprenderemos mejor. Puede
ocurrir que necesite adaptación. O
quizá que la función permanezca, pero exista hoy otra manera de atenderla.
La ley no es una ley de la naturaleza
Nuestro
lenguaje puede producir aquí una confusión curiosa. Hablamos de leyes naturales y de leyes humanas. Pero no significan lo mismo. Una ley científica describe regularidades o
relaciones de la realidad natural dentro del alcance y evidencia de un modelo.
Una ley
jurídica prescribe, permite, prohíbe u organiza comportamientos dentro de un
sistema humano. Podemos modificar una
ley jurídica mediante procedimientos humanos. No podemos votar para modificar la
gravedad. **LAS DOS PUEDEN LLAMARSE LEYES.
PERO NO ESTÁN EN EL MISMO PISO.**
Parece evidente. Nuestro libro
está lleno de cosas evidentes que dejamos de ver precisamente porque siempre
estuvieron delante.
La frontera es una línea extraordinariamente poderosa
Tomemos
ahora un mapa. Dibujemos una línea. Sobre el papel quizá tenga menos de un
milímetro. Pero alrededor de ella
podemos construir: Estados. Administraciones. Aduanas.
Documentación. Sistemas
fiscales. Derechos. Obligaciones. Ejércitos.
Identidades nacionales. Tratados. Todo un mundo humano puede organizarse
alrededor de esa línea. La línea se
vuelve extraordinariamente real dentro
del mundo que hemos construido alrededor de ella.
Pero si
retiramos por un momento el mapa político y miramos desde otro piso, aparece: tierra,
agua, montañas, bosques,
ciudades, personas, ecosistemas. EL
MAPA POLÍTICO Y EL TERRITORIO PLANETARIO NO SON LA MISMA COSA. Necesitamos ambos mapas
para preguntas diferentes.
La atmósfera no reconoce nuestras fronteras
Y Madre
Tierra introduce inmediatamente una dificultad. Muchos procesos de los que dependemos
atraviesan nuestras divisiones. El
aire. El agua. Los océanos. Los ecosistemas. Las migraciones animales. Los efectos de determinadas actividades
humanas. Una frontera puede ser
jurídicamente formidable y físicamente irrelevante para algunos de esos
procesos. Entonces aparece una tensión
interesante: NUESTRA ORGANIZACIÓN POLÍTICA PUEDE
ESTAR DIVIDIDA DONDE NUESTRA DEPENDENCIA MATERIAL ESTÁ UNIDA. No significa que debamos
eliminar las fronteras. Significa que
hay problemas cuya escala no coincide necesariamente con ellas. Y tendremos que construir formas de
cooperación capaces de reconocerlo.
Las instituciones son paredes que sostienen
No toda
pared aprisiona. Una pared también
sostiene un techo. Protege. Organiza espacios. Permite construir algo mayor. Lo mismo ocurre con las instituciones. Una administración. Un ayuntamiento. Un parlamento. Un tribunal. Una escuela pública. Un hospital. Un registro. Una organización internacional. Pueden realizar funciones que un individuo
aislado difícilmente podría asumir. Por
eso: INSTITUCIÓN NO SIGNIFICA OBSTÁCULO. Puede significar: CAPACIDAD
COLECTIVA ORGANIZADA. Nuestro
instrumento no pregunta si debemos vivir sin instituciones. Pregunta: ¿QUÉ
FUNCIÓN JUSTIFICA ESTA INSTITUCIÓN? Y
después: ¿CONTINÚA AL SERVICIO DE ELLA?
La institución también puede comenzar a protegerse a sí misma
Aquí
reaparece una desviación que ya conocemos.
Toda estructura necesita alguna forma de conservación para poder cumplir
su función. Personal. Recursos.
Procedimientos. Edificios. Normas internas. Continuidad. Eso es razonable. Pero puede llegar un momento en que una
parte creciente de su actividad se dirija a mantener la propia estructura. Entonces debemos distinguir: CONSERVAR
LA INSTITUCIÓN PARA PROTEGER SU FUNCIÓN
de CONSERVAR LA FUNCIÓN PARA JUSTIFICAR
LA INSTITUCIÓN. La
inversión puede ser difícil de detectar desde dentro. Por eso preguntamos: ¿QUÉ
ESTÁ AL SERVICIO DE QUÉ?
También una sociedad construye identidades
No
organizamos solamente funciones. Construimos
pertenencias. Ciudadano. Extranjero. Mayor de edad. Menor.
Casado. Soltero. Profesional. Funcionario. Propietario. Arrendatario. Contribuyente.
Cada
categoría puede responder a necesidades organizativas concretas. Y puede tener consecuencias reales. Pero ninguna de ellas contiene por sí sola
la totalidad del ser humano al que clasifica.
Otra vez necesitamos reubicación:
**LA CATEGORÍA ORGANIZA UNA
RELACIÓN SOCIAL. NO AGOTA A LA
PERSONA.** «Nosotros» y «ellos» Una organización social necesita algún tipo
de nosotros. Sin cooperación sería difícil construir
sociedades complejas.
Pero todo nosotros puede generar
también un ellos. Familias.
Grupos. Pueblos. Naciones.
Instituciones. Ideologías. Comunidades.
Las pertenencias pueden proporcionar protección, solidaridad, identidad
y cooperación. El problema comienza
cuando una construcción organizativa se convierte en una separación absoluta. Entonces quizá olvidemos algo anterior: ANTES
DE PERTENECER A NUESTROS DIFERENTES «NOSOTROS», YA PARTICIPAMOS DE DEPENDENCIAS
COMUNES. Respiramos
dentro de la misma atmósfera planetaria.
Habitamos la misma Tierra. Nuestras
paredes políticas no cambian ese piso.
No todas las paredes pueden moverse fácilmente
Aquí debemos
recuperar nuestra precaución. Decir: «Esto
es una construcción humana» no
significa: «Mañana podemos cambiarlo sin
consecuencias.» Una
institución puede sostener millones de relaciones. Una frontera puede estar vinculada a
historias complejas. Una legislación
puede estar conectada con cientos de otras normas. Una modificación aparentemente sencilla
puede producir efectos inesperados. Por
eso: MOVIBLE NO SIGNIFICA ARBITRARIO. La pared puede moverse. Pero
antes necesitamos saber qué sostiene.
¿Quién puede moverla?
Y aparece
una pregunta específicamente social. No
basta saber que algo es modificable. Necesitamos
preguntar: ¿QUIÉN TIENE CAPACIDAD PARA
MODIFICARLO? Porque
las construcciones humanas también distribuyen poder. Una persona puede detectar una norma
injusta y no tener capacidad individual para cambiarla. Un ciudadano puede cuestionar una
institución y necesitar procedimientos colectivos para modificarla. Una sociedad puede reconocer un problema y
no ponerse de acuerdo sobre la solución.
Aquí nuestro
manual encuentra su límite. La
reubicación conceptual no sustituye la política, el derecho ni los
procedimientos democráticos o institucionales correspondientes. Pero sí puede ayudar a reconocer: ESTO NO ES UNA MONTAÑA. Existe alguna clase
de procedimiento humano mediante el que fue construido, mantenido o puede ser
revisado.
El poder también es una construcción con consecuencias reales
Una persona
puede tener autoridad porque un sistema se la reconoce. Un juez.
Un policía. Un profesor. Un gobernante. Un director.
Su cuerpo humano no posee físicamente esa autoridad. La autoridad existe dentro de una
estructura de reconocimiento, normas y responsabilidades.
Pero sus
consecuencias pueden ser enormes. Esto
vuelve a mostrarnos: UNA CONSTRUCCIÓN NO NECESITA SER
MATERIAL PARA EJERCER PODER MATERIAL. Por
eso precisamente debemos conocer cómo está construida. Qué límites tiene. Qué función cumple. Cómo puede ser revisada.
Una buena construcción social necesita puertas
Aquí podemos
recuperar algo del capítulo anterior.
Si sabemos que construimos, podemos diseñar nuestras instituciones
sabiendo que podemos equivocarnos. Entonces
una sociedad necesita mecanismos de retorno.
Elecciones. Revisión. Control.
Debate. Tribunales. Procedimientos de reforma. Evaluación.
Investigación. Participación. Las formas concretas dependerán de cada
sistema. Pero la idea general es
poderosa: UNA CONSTRUCCIÓN HUMANA MADURA DEBERÍA CONTENER ALGUNA
FORMA DE REVISARSE A SÍ MISMA. Porque
una pared sin puerta puede convertirse en prisión.
La mayoría de edad social
Quizá aquí
aparezca una forma colectiva de aquello que antes llamamos mayoría de edad del
constructor. Una sociedad inmadura
puede vivir sus propias construcciones diciendo: «Siempre
fue así.» «No hay alternativa.» «Esto no puede tocarse.» Una sociedad consciente
puede decir: **«ESTO LO HEMOS ORGANIZADO ASÍ.
SABEMOS QUÉ FUNCIÓN CUMPLE. OBSERVAMOS
SUS CONSECUENCIAS. Y SI ES
NECESARIO, TENEMOS PROCEDIMIENTOS PARA RECTIFICARLO.»** No significa cambiar continuamente. Significa no confundir estabilidad con
inmovilidad natural.
Hay algo anterior a la ciudadanía
Ahora
volvemos a salir un instante del edificio.
Retiremos documentos. Pasaportes. Nacionalidades. Registros. Cargos.
Propiedades. Categorías. ¿Qué queda?
Personas vivas. Cuerpos. Necesidades. Relaciones.
Territorios. Recursos. Una dependencia material compartida. Esto no elimina la ciudadanía. La reubica. ANTES
DE SER CIUDADANOS DE UNA ORGANIZACIÓN HUMANA, SOMOS SERES VIVOS DEPENDIENTES DE
UN SISTEMA TERRESTRE. Después
podemos construir todas las ciudadanías que necesitemos. Pero no debemos invertir el orden de
dependencia.
El planeta contiene nuestros mapas
Un mapa
político del mundo puede estar lleno de colores. Cada color representa una organización
humana. Desde nuestro piso, esos
colores son importantísimos. Pero
cambiemos de mapa. Veamos corrientes
oceánicas. Cuencas hidrográficas. Ecosistemas. Relieves.
Temperaturas. Migraciones. Recursos.
Aparece otro planeta. No porque
el primero sea falso. Porque responde a
otra pregunta. Y quizá una de las
grandes necesidades del futuro sea aprender a mirar ambos mapas
simultáneamente: **EL MAPA DE NUESTRAS ORGANIZACIONES
Y EL MAPA DE NUESTRAS DEPENDENCIAS.**
No siempre coinciden. Vida,
Unidad y Continuidad vuelven a preguntar
Entonces colocamos cualquier construcción social delante de nuestras
tres referencias.
VIDA ¿Qué condiciones humanas y materiales
protege o deteriora?
UNIDAD ¿Qué relaciones de dependencia
reconoce? ¿A quién incluye? ¿A quién afecta aunque no forme parte de
ella?
CONTINUIDAD ¿Puede mantenerse? ¿Puede adaptarse? ¿Puede responder cuando cambian las
circunstancias? No obtenemos utomáticamente una política concreta. Obtenemos un contraste.
No venimos a diseñar la sociedad
También aquí
dejamos clara nuestra frontera. No
estamos proponiendo una Constitución. Ni
un sistema político. Ni un modelo
territorial. Ni una forma concreta de
Estado. Ni una legislación determinada. Sería exactamente lo contrario de lo que
pretende esta parte. Juristas. Politólogos. Historiadores. Sociólogos.
Administradores. Economistas. Ciudadanos.
Comunidades.
Todos
conocen dimensiones que este instrumento general no puede sustituir.
Nosotros
solamente abrimos la puerta y preguntamos:
¿QUÉ PARTE DE
NUESTRA ORGANIZACIÓN RESPONDE A NECESIDADES REALES Y QUÉ PARTE ES LA FORMA
HISTÓRICA QUE CONSTRUIMOS PARA ATENDERLAS?
Porque una necesidad puede continuar. Y su forma puede cambiar.
Las paredes que podemos mover
Quizá ahora
podamos comprender mejor el título. No
estamos diciendo: «DERRIBEMOS LAS PAREDES.» Algunas nos protegen. Algunas sostienen. Algunas organizan espacios indispensables. Decimos:
**SEPAMOS CUÁLES SON MONTAÑAS Y CUÁLES SON PAREDES.** Porque ante una montaña tendremos que
adaptarnos a una realidad que no hemos decidido. Pero ante una pared humana podemos
preguntar:
¿QUIÉN
LA LEVANTÓ? ¿PARA QUÉ? ¿QUÉ SOSTIENE?
¿A
QUIÉN PROTEGE? ¿A QUIÉN LIMITA?
¿CONTINÚA
SIENDO NECESARIA? ¿NECESITA UNA
PUERTA?
¿PUEDE
MOVERSE?
Y quizá la
pregunta más importante: ¿QUÉ OCURRIRÍA SI LA CONSTRUYÉRAMOS
HOY SABIENDO TODO LO QUE AHORA SABEMOS?
Ahí la organización social deja de parecernos
naturaleza. Sin dejar de ser real. Sin dejar de ser necesaria. Sin perder el enorme valor de aquello que
hemos aprendido a construir juntos. Simplemente
recuperamos nuestra posición: **SOMOS
HABITANTES DE LAS INSTITUCIONES, PERO
TAMBIÉN SOMOS SUS CONSTRUCTORES.** Y
debajo de todas nuestras líneas continúa la Tierra. Sin fronteras dibujadas sobre su superficie. Sosteniéndolas a todas.
La siguiente
puerta nos lleva a un territorio diferente y especialmente importante para este
libro. Porque allí los humanos hemos
desarrollado algunos de nuestros instrumentos más rigurosos para distinguir lo
que encontramos de lo que ponemos nosotros.
Pero incluso allí tendremos que mantener una separación fundamental. . Ciencia y tecnología — Descubrir,
representar, construir La realidad
no la construimos porque la conozcamos. Pero los modelos con los que la
representamos y las tecnologías con las que intervenimos en ella sí llevan
nuestras manos.
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