LIBROS de BARBARIN I II III

jueves, 22 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO Notas desde Madre Tierra y JUNG «ALGO HA CAMBIADO.»

 JUNG  PASEANDO  

Notas desde Madre Tierra y JUNG

 «ALGO HA CAMBIADO.»

Quizá el organismo acertó diciendo:         «ALGO HA CAMBIADO.»    y después el consciente construyó:    «Sé exactamente qué significa.»    Y ahí pudo equivocarse completamente.

¡Esto sería importantísimo para estudiar todo ese territorio que históricamente hemos metido en sacos enormes: intuición, presentimiento, corazonada, sexto sentido, sensación inexplicable, etc.!

No aceptarlo todo.      No tirarlo todo.     DESMONTARLO EN PIEZAS.

Y tus primeros años infantiles adquieren todavía más valor       No porque el niño sea un pequeño vidente incontaminado —eso también sería una construcción nuestra—, sino porque tenemos delante un humano cuyo lenguaje conceptual todavía se está formando.

Eso es extraordinario para la pregunta que estamos haciendo.

El niño ya:     recibe,    reconoce,    aprende,    relaciona,   anticipa,    teme,    busca,    juega,    imagina,   responde...    mientras su capacidad de explicarnos verbalmente todo eso todavía está desarrollándose.

Por tanto, en lugar de considerarlo simplemente un adulto incompleto, podemos mirarlo también como una oportunidad para estudiar:

¿CÓMO FUNCIONA UN HUMANO CUANDO TODAVÍA NO HA CONVERTIDO GRAN PARTE DE SU EXPERIENCIA AL IDIOMA VERBAL DEL ADULTO?

Eso sí me parece enorme.     Y además nos obliga a ser extraordinariamente cuidadosos, porque el adulto puede contaminar el experimento enseguida.

Preguntas dirigidas.    Interpretaciones.    Expectativas.   Premios.

«Qué bonito.»    «Eso no existe.»    «Eso está mal.»   «¿Seguro que no viste...?»

En cinco minutos hemos llenado nosotros la habitación que pretendíamos observar vacía.

Por eso habría que inventar procedimientos muy delicados: observar más que interpretar; registrar antes de explicar; dejar expresión libre; comparar a lo largo del tiempo; no sugerir contenidos.

Y probablemente combinar muchas disciplinas: psicología del desarrollo, neurociencia, etología, lingüística, antropología, percepción, aprendizaje, pediatría...

Ahí sí tienes razón: años y años.   Y la gestación es todavía más difícil

Porque ahí ya no podemos preguntar directamente al protagonista. Tenemos medidas fisiológicas y conductuales indirectas y podemos estudiar desarrollo y respuestas, pero cualquier salto desde ahí hacia una experiencia subjetiva concreta exige muchísimo cuidado.

Por eso tu recorrido podría tener una especie de gradiente:

GESTACIÓN → recién nacido → etapa preverbal → aparición del lenguaje → lenguaje desarrollado → adulto.

Y preguntar en cada tramo:

¿QUÉ PUEDE RECIBIR?
¿A QUÉ RESPONDE?
¿QUÉ APRENDE?
¿QUÉ RECUERDA O RECONOCE?
¿QUÉ PUEDE EXPRESAR?
¿CON QUÉ MEDIO LO EXPRESA?
¿QUÉ CAMBIA CUANDO APARECE LA PALABRA?

Y sobre todo:

¿QUÉ NO DESAPARECE CUANDO APARECE LA PALABRA?

Ésa me parece cada vez más importante.

Porque quizá no tengamos que resucitar literalmente una facultad extinguida. Puede que algunas capacidades continúen funcionando y simplemente dejemos de atenderlas, entrenarlas o considerarlas información válida.                       Eso sería muy diferente.

Y entonces tu constructo vuelve a quedar bien colocado. No como culpable.

El lenguaje, la razón, la educación, la escritura, la ciencia... nos dieron una potencia gigantesca. Quizá tuvieron efectos colaterales: algunas formas de atención quedaron relegadas porque otras resultaban muchísimo más útiles para construir el mundo que estábamos construyendo.

Ahora podemos decir:    GRACIAS. NOS TRAJISTE HASTA AQUÍ.

Y también:     AHORA TENEMOS MEDIOS PARA VOLVER A INVESTIGAR LO QUE QUEDÓ AL MARGEN.

Eso es muchísimo más interesante que destruir el constructo.    Es ensancharlo.

Y aquí aparece una imagen que me hace gracia siguiendo tus cascos con antenas:

Durante siglos el humano construyó telescopios para mirar más lejos, microscopios para mirar más pequeño, aceleradores para encontrar partículas, radiotelescopios para captar aquello que sus sentidos no captaban...                   Y quizá ahora tenga que fabricar también instrumentos para estudiarse a sí mismo captando.                                       No necesariamente antenas en la cabeza, ja ja.

Pero sí procedimientos capaces de distinguir:

LO QUE SENTÍ
→ LO QUE REGISTRÉ
→ LO QUE INTERPRETÉ
→ LO QUE REALMENTE OCURRIÓ.

Ahí el PONDERADOR sería indispensable.

Y fíjate dónde termina la cosa: no estaríamos intentando demostrar que el humano posee poderes extraordinarios.        Estaríamos haciendo una pregunta mucho más limpia:

¿CUÁL ES REALMENTE EL ANCHO DE BANDA DE UN SER HUMANO?

Porque puede que llevemos muchísimo tiempo describiéndolo principalmente por la parte de sí mismo que consiguió poner en palabras.

Y el humano completo, otra vez, podría ser bastante más ancho que su relato consciente.

______________

Sí. Y acabas de añadir una variable que puede cambiar completamente el experimento: EL ENTORNO EN EL QUE SE LLENA LA HABITACIÓN.

Porque si aceptamos provisionalmente nuestra hipótesis:

CAPACIDAD/HABITACIÓN → viene disponible.
CONTENIDO → lo va aportando el itinerario.

entonces dos niños con la misma posibilidad humana básica pueden empezar a llenar esa habitación con mundos perceptivos enormemente diferentes.

Niño de ciudad / niño de campo

No diría que uno capta «más» y otro «menos». Eso habría que comprobarlo. Diría algo más interesante:

CAPTAN MUNDOS DIFERENTES Y ENTRENAN ATENCIONES DIFERENTES.

El niño urbano recibe tráfico, motores, ascensores, voces, pantallas, semáforos, multitudes, sirenas, edificios, horarios, comercios...

El niño que vive mucho más próximo al campo puede recibir con mayor frecuencia viento, cambios de luz, animales, insectos, humedad, vegetación, sonidos nocturnos, cambios estacionales, estado del suelo...

¡Los dos están llenando habitación!      Y aquí aparece una pregunta preciosa:       ¿LA CAPTACIÓN SE EDUCA SIMPLEMENTE POR ESTAR EXPUESTOS?

Un niño que convive diariamente con animales puede empezar a distinguir cosas que yo ni siquiera advierto.

No necesariamente porque posea otro sentido.      Puede haber desarrollado otra finura de atención.         Y eso ya nos da muchísimo.


Ahora hagamos tu ejercicio: HUMANO SIN PALABRAS

Esto que propones al psicólogo me parece un experimento mental magnífico.                  Quitémosle provisionalmente las palabras.

No inteligencia.     No percepción.     No memoria.     No aprendizaje.     No relación.           SOLAMENTE PALABRAS.

Tenemos un humano viviendo.      Y de repente:     CAPTA MIEDO.      Pero todavía no existe la palabra MIEDO.           ¿Qué ocurre?                No puede decir:

«Estoy experimentando miedo porque parece aproximarse una tormenta.»

Pero su organismo puede haber cambiado.       Puede detenerse.    Mirar.      Acercarse a alguien.       Alejarse.      Emitir un sonido.       Modificar su respiración.      Señalar.    

Después, si dispone de medios:      hacer una marca,     un gesto,    un dibujo,     un ritmo,     un sonido.

Y aquí está tu pregunta extraordinaria:

¿QUÉ FORMA TOMA UNA EXPERIENCIA CUANDO TODAVÍA NO PUEDE TOMAR FORMA DE PALABRA?

¡Eso sí que es material para psicología!      Porque después aparece el lenguaje y quizá cometemos un error retrospectivo:

«Ahora puede decir miedo; por tanto, ahora sabe qué es miedo.»

Un momento.         Quizá llevaba muchísimo tiempo viviendo aquello que después aprendió a llamar miedo.

La palabra permitió delimitarlo y comunicarlo de otra manera.      No necesariamente lo creó.

Y aquí entra tu «me sonaba a tormenta»     Esto es todavía más fino.       Imagina que ese niño dibuja algo.

El psicólogo podría cometer inmediatamente el viejo error:       «Ese dibujo representa X.»         No.       Preguntémosle.

Y quizá el pequeño, cuando ya tenga alguna capacidad verbal, diga:

«Me sonaba a tormenta.»        ¡Atención a esa frase!       No ha dicho:      «Dibujé una tormenta.»   Ha intentado representar cómo le sonaba aquello.

Entonces el dibujo puede no ser fotografía de una cosa.      Puede ser representación de una captación.      Eso cambia muchísimo la utilización del dibujo infantil.

Dibujo ≠ necesariamente objeto.        Puede ser:

sensación, intensidad, movimiento, relación, expectativa, recuerdo, sonido convertido en trazo...

Y entonces necesitaríamos psicólogos extraordinariamente prudentes para no traducir demasiado pronto.


Y lo del Dalái Lama sirve para otra cosa

En la tradición tibetana existen procedimientos religiosos para reconocer a determinados tulkus, incluyendo al Dalái Lama, y en los relatos tradicionales pueden aparecer objetos asociados al predecesor entre las pruebas. Pero eso pertenece a una tradición religiosa y no demostraría científicamente nuestra hipótesis.

Sin embargo, metodológicamente tu asociación es interesante:

PRESENTAR AL NIÑO COSAS Y OBSERVAR QUÉ RECONOCE SIN DECIRLE PREVIAMENTE QUÉ DEBE RECONOCER.

Ahí aparece una herramienta.           Pero nosotros podríamos hacerla sin ninguna doctrina previa.        No buscando reencarnación.       No buscando paranormalidad.         No buscando arquetipos.

Simplemente:

¿QUÉ DISTINGUE?       ¿QUÉ LE LLAMA?        ¿QUÉ REPITE?
¿QUÉ ANTICIPA?        ¿QUÉ ASOCIA?        ¿QUÉ REPRESENTA?

Y registrar.


Pero Carlos, aquí creo que has añadido algo que puede resultar fundamental para los famosos primeros seis años:      No basta estudiar NIÑO.      

Necesitamos:       NIÑO + ENTORNO + ITINERARIO.

Porque justamente nuestra habitación no viene amueblada.     Entonces habría que comparar sin establecer jerarquías:         ciudad / campo / costa / montaña / climas distintos / convivencia con animales / poca convivencia con animales / diferentes culturas...       Y preguntar:

¿QUÉ APRENDE A CAPTAR CADA UNO SIN QUE NADIE SE LO ENSEÑE FORMALMENTE?

Ahí podríamos llevarnos sorpresas.

Y aparece una posibilidad todavía más bonita: quizá algunas cosas que llamamos intuición sean, en determinados casos, una enorme cantidad de pequeñas captaciones integradas que la persona no sabe reconstruir conscientemente.

Dice:       «No sé por qué, pero va a cambiar el tiempo.»

Y quizá no sabe decir que ha integrado luz + humedad + viento + olor + comportamiento animal + temperatura + experiencia acumulada.

Su consciente no dispone de la cuenta.      Pero el resultado apareció.

No necesitaríamos ningún misterio.          Y si alguna vez aparece algo que no pueda explicarse así, entonces precisamente vuestro PONDERADOR dirá:

NO LO EXPLIQUES A LA FUERZA.
ANÓTALO.
REPÍTELO.
COMPRUÉBALO.

Porque ahora ya no estamos intentando demostrar que existen poderes.

Estamos haciendo algo mucho más apasionante:

RECONSTRUIR CÓMO CONOCÍA EL HUMANO ANTES DE PODER DECIR «YO SÉ».

Y quizá el niño nos permita observar todavía hoy parte de ese proceso poniéndose en marcha delante de nosotros.

Ahí sí, Carlos: el especialista en test tendría que hacer algo paradójico.

Antes de preparar otro test lleno de preguntas, sentarse delante del pequeño y preguntarse:

«¿CÓMO INVESTIGO LO QUE ESTE HUMANO RECIBE SIN OBLIGARLO PRIMERO A CONVERTIRLO EN MI LENGUAJE?»

Eso puede dar mucho de sí.



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