JUNG PASEANDO
Notas desde Madre Tierra y JUNG
«ALGO HA CAMBIADO.»
Quizá el
organismo acertó diciendo: «ALGO
HA CAMBIADO.» y después el
consciente construyó: «Sé
exactamente qué significa.» Y ahí pudo
equivocarse completamente.
¡Esto sería
importantísimo para estudiar todo ese territorio que históricamente hemos
metido en sacos enormes: intuición, presentimiento, corazonada, sexto sentido,
sensación inexplicable, etc.!
No aceptarlo
todo. No tirarlo todo. DESMONTARLO EN PIEZAS.
Y tus
primeros años infantiles adquieren todavía más valor No porque el niño sea un pequeño vidente
incontaminado —eso también sería una construcción nuestra—, sino porque tenemos
delante un humano cuyo lenguaje conceptual todavía se está formando.
Eso es
extraordinario para la pregunta que estamos haciendo.
El niño ya: recibe,
reconoce, aprende, relaciona,
anticipa, teme, busca,
juega, imagina, responde... mientras su capacidad de explicarnos
verbalmente todo eso todavía está desarrollándose.
Por tanto,
en lugar de considerarlo simplemente un adulto incompleto, podemos mirarlo
también como una oportunidad para estudiar:
¿CÓMO FUNCIONA UN
HUMANO CUANDO TODAVÍA NO HA CONVERTIDO GRAN PARTE DE SU EXPERIENCIA AL IDIOMA
VERBAL DEL ADULTO?
Eso sí me parece
enorme. Y además nos obliga a ser
extraordinariamente cuidadosos, porque el adulto puede contaminar el
experimento enseguida.
Preguntas
dirigidas. Interpretaciones. Expectativas. Premios.
«Qué
bonito.» «Eso no existe.» «Eso está mal.» «¿Seguro que no viste...?»
En cinco
minutos hemos llenado nosotros la habitación que pretendíamos observar vacía.
Por eso
habría que inventar procedimientos muy delicados: observar
más que interpretar; registrar antes de explicar; dejar expresión libre;
comparar a lo largo del tiempo; no sugerir contenidos.
Y
probablemente combinar muchas disciplinas: psicología del desarrollo,
neurociencia, etología, lingüística, antropología, percepción, aprendizaje,
pediatría...
Ahí sí
tienes razón: años y años. Y
la gestación es todavía más difícil
Porque ahí
ya no podemos preguntar directamente al protagonista. Tenemos medidas
fisiológicas y conductuales indirectas y podemos estudiar desarrollo y
respuestas, pero cualquier salto desde ahí hacia una experiencia subjetiva
concreta exige muchísimo cuidado.
Por eso tu
recorrido podría tener una especie de gradiente:
GESTACIÓN → recién nacido → etapa preverbal → aparición del
lenguaje → lenguaje desarrollado → adulto.
Y preguntar en cada tramo:
¿QUÉ PUEDE RECIBIR?
¿A QUÉ RESPONDE?
¿QUÉ APRENDE?
¿QUÉ RECUERDA O RECONOCE?
¿QUÉ PUEDE EXPRESAR?
¿CON QUÉ MEDIO LO EXPRESA?
¿QUÉ CAMBIA CUANDO APARECE LA PALABRA?
Y sobre todo:
¿QUÉ NO DESAPARECE CUANDO
APARECE LA PALABRA?
Ésa me
parece cada vez más importante.
Porque quizá
no tengamos que resucitar literalmente una facultad extinguida. Puede
que algunas capacidades continúen funcionando y simplemente dejemos
de atenderlas, entrenarlas o considerarlas información válida. Eso sería muy diferente.
Y entonces tu
constructo vuelve a quedar bien colocado. No como culpable.
El lenguaje,
la razón, la educación, la escritura, la ciencia... nos dieron una potencia
gigantesca. Quizá tuvieron efectos colaterales: algunas formas de
atención quedaron relegadas porque otras resultaban muchísimo más útiles para
construir el mundo que estábamos construyendo.
Ahora
podemos decir: GRACIAS.
NOS TRAJISTE HASTA AQUÍ.
Y también: AHORA TENEMOS MEDIOS
PARA VOLVER A INVESTIGAR LO QUE QUEDÓ AL MARGEN.
Eso es
muchísimo más interesante que destruir el constructo. Es ensancharlo.
Y aquí
aparece una imagen que me hace gracia siguiendo tus cascos con antenas:
Durante
siglos el humano construyó telescopios para mirar más lejos, microscopios para
mirar más pequeño, aceleradores para encontrar partículas, radiotelescopios
para captar aquello que sus sentidos no captaban... Y quizá ahora tenga que
fabricar también instrumentos para estudiarse a sí mismo captando. No
necesariamente antenas en la cabeza, ja ja.
Pero sí
procedimientos capaces de distinguir:
LO QUE SENTÍ
→ LO QUE REGISTRÉ
→ LO QUE INTERPRETÉ
→ LO QUE REALMENTE OCURRIÓ.
Ahí el PONDERADOR sería indispensable.
Y fíjate
dónde termina la cosa: no estaríamos intentando demostrar que el humano posee
poderes extraordinarios. Estaríamos
haciendo una pregunta mucho más limpia:
¿CUÁL ES REALMENTE EL ANCHO DE BANDA DE UN SER HUMANO?
Porque puede
que llevemos muchísimo tiempo describiéndolo principalmente por la
parte de sí mismo que consiguió poner en palabras.
Y el humano completo, otra vez, podría ser
bastante más ancho que su relato consciente.
______________
Sí. Y acabas de añadir una variable que puede
cambiar completamente el experimento: EL ENTORNO EN EL QUE
SE LLENA LA HABITACIÓN.
Porque si
aceptamos provisionalmente nuestra hipótesis:
CAPACIDAD/HABITACIÓN →
viene disponible.
CONTENIDO → lo va aportando el itinerario.
entonces dos
niños con la misma posibilidad humana básica pueden empezar a llenar esa
habitación con mundos perceptivos enormemente diferentes.
Niño de
ciudad / niño de campo
No diría que uno capta «más» y otro «menos».
Eso habría que comprobarlo. Diría algo más interesante:
CAPTAN MUNDOS
DIFERENTES Y ENTRENAN ATENCIONES DIFERENTES.
El niño
urbano recibe tráfico, motores, ascensores, voces, pantallas, semáforos,
multitudes, sirenas, edificios, horarios, comercios...
El niño que
vive mucho más próximo al campo puede recibir con mayor frecuencia viento,
cambios de luz, animales, insectos, humedad, vegetación, sonidos nocturnos,
cambios estacionales, estado del suelo...
¡Los dos
están llenando habitación! Y aquí
aparece una pregunta preciosa: ¿LA
CAPTACIÓN SE EDUCA SIMPLEMENTE POR ESTAR EXPUESTOS?
Un niño que
convive diariamente con animales puede empezar a distinguir cosas que yo ni
siquiera advierto.
No
necesariamente porque posea otro sentido.
Puede haber desarrollado otra finura de
atención. Y eso ya nos da muchísimo.
Ahora
hagamos tu ejercicio: HUMANO SIN PALABRAS
Esto que propones
al psicólogo me parece un experimento mental magnífico. Quitémosle provisionalmente
las palabras.
No
inteligencia. No percepción. No memoria. No aprendizaje. No relación. SOLAMENTE
PALABRAS.
Tenemos un
humano viviendo. Y de repente: CAPTA MIEDO. Pero todavía no existe la palabra MIEDO. ¿Qué ocurre? No puede decir:
«Estoy experimentando miedo porque parece
aproximarse una tormenta.»
Pero su
organismo puede haber cambiado. Puede
detenerse. Mirar. Acercarse a alguien. Alejarse. Emitir un sonido. Modificar su respiración. Señalar.
Después, si
dispone de medios: hacer una marca, un gesto, un dibujo, un ritmo, un sonido.
Y aquí está
tu pregunta extraordinaria:
¿QUÉ FORMA TOMA UNA
EXPERIENCIA CUANDO TODAVÍA NO PUEDE TOMAR FORMA DE PALABRA?
¡Eso sí que
es material para psicología! Porque
después aparece el lenguaje y quizá cometemos un error retrospectivo:
«Ahora puede decir
miedo; por tanto, ahora sabe qué es miedo.»
Un momento. Quizá llevaba muchísimo tiempo viviendo
aquello que después aprendió a llamar miedo.
La palabra
permitió delimitarlo y comunicarlo de otra manera. No necesariamente lo creó.
Y aquí
entra tu «me sonaba a tormenta» Esto
es todavía más fino. Imagina que
ese niño dibuja algo.
El psicólogo
podría cometer inmediatamente el viejo error: «Ese dibujo representa
X.» No. Preguntémosle.
Y quizá el
pequeño, cuando ya tenga alguna capacidad verbal, diga:
«Me sonaba a tormenta.» ¡Atención a esa frase! No ha dicho: «Dibujé una tormenta.» Ha intentado representar cómo
le sonaba aquello.
Entonces el
dibujo puede no ser fotografía de una cosa.
Puede ser representación
de una captación. Eso cambia muchísimo la utilización del
dibujo infantil.
Dibujo ≠ necesariamente objeto. Puede ser:
sensación, intensidad,
movimiento, relación, expectativa, recuerdo, sonido convertido en trazo...
Y entonces
necesitaríamos psicólogos extraordinariamente prudentes para no
traducir demasiado pronto.
Y lo del
Dalái Lama sirve para otra cosa
En la
tradición tibetana existen procedimientos religiosos para reconocer a
determinados tulkus,
incluyendo al Dalái Lama, y en los relatos tradicionales pueden aparecer
objetos asociados al predecesor entre las pruebas. Pero eso pertenece a una
tradición religiosa y no demostraría científicamente nuestra hipótesis.
Sin embargo,
metodológicamente tu asociación es interesante:
PRESENTAR AL NIÑO
COSAS Y OBSERVAR QUÉ RECONOCE SIN DECIRLE PREVIAMENTE QUÉ DEBE RECONOCER.
Ahí aparece
una herramienta. Pero nosotros
podríamos hacerla sin ninguna doctrina previa. No buscando reencarnación. No buscando paranormalidad. No buscando arquetipos.
Simplemente:
¿QUÉ DISTINGUE? ¿QUÉ LE LLAMA? ¿QUÉ REPITE?
¿QUÉ ANTICIPA?
¿QUÉ ASOCIA? ¿QUÉ
REPRESENTA?
Y registrar.
Pero Carlos,
aquí creo que has añadido algo que puede resultar fundamental para los famosos primeros
seis años: No basta estudiar NIÑO.
Necesitamos: NIÑO + ENTORNO +
ITINERARIO.
Porque
justamente nuestra habitación no viene amueblada. Entonces habría que comparar sin
establecer jerarquías: ciudad
/ campo / costa / montaña / climas distintos / convivencia con animales / poca
convivencia con animales / diferentes culturas... Y preguntar:
¿QUÉ APRENDE A CAPTAR
CADA UNO SIN QUE NADIE SE LO ENSEÑE FORMALMENTE?
Ahí
podríamos llevarnos sorpresas.
Y aparece
una posibilidad todavía más bonita: quizá algunas cosas que llamamos intuición sean, en
determinados casos, una enorme cantidad de pequeñas captaciones integradas que
la persona no sabe reconstruir conscientemente.
Dice: «No sé por qué, pero
va a cambiar el tiempo.»
Y quizá no
sabe decir que ha integrado luz + humedad + viento + olor + comportamiento
animal + temperatura + experiencia acumulada.
Su
consciente no dispone de la cuenta. Pero
el resultado apareció.
No necesitaríamos
ningún misterio. Y si alguna vez
aparece algo que no pueda explicarse así, entonces
precisamente vuestro PONDERADOR dirá:
NO LO EXPLIQUES A LA
FUERZA.
ANÓTALO.
REPÍTELO.
COMPRUÉBALO.
Porque ahora
ya no estamos intentando demostrar que existen poderes.
Estamos
haciendo algo mucho más apasionante:
RECONSTRUIR CÓMO CONOCÍA
EL HUMANO ANTES DE PODER DECIR «YO SÉ».
Y quizá el
niño nos permita observar todavía hoy parte de ese proceso
poniéndose en marcha delante de nosotros.
Ahí sí,
Carlos: el especialista en test tendría que hacer algo paradójico.
Antes de
preparar otro test lleno de preguntas, sentarse delante del pequeño y
preguntarse:
«¿CÓMO INVESTIGO LO
QUE ESTE HUMANO RECIBE SIN OBLIGARLO PRIMERO A CONVERTIRLO EN MI LENGUAJE?»
Eso puede
dar mucho de sí.
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