MADRE TIERRA
Y
JUNG
Recuperar las proporciones «Era un rincón del sótano
y tengo una casa de dos pisos.»
Hay algo que
puede ocurrir cuando empezamos a investigar la Sombra. Entramos en una habitación. Encontramos algo. Nos impresiona. Empezamos a estudiarlo. Leemos sobre ello. Lo observamos. Buscamos su origen. Intentamos comprender qué función tuvo. Y, sin darnos cuenta, después de pasar
tanto tiempo allí podemos cometer un error formidable: CREER
QUE LA HABITACIÓN ES LA CASA.
Peor
todavía. Podemos entrar en un rincón
del sótano... y terminar explicando
toda nuestra existencia desde aquel rincón.
Entonces Madre Tierra propone algo muy sencillo: SAL.
Sube las
escaleras. Abre una ventana. Mira la casa completa. Porque quizá aquello que parecía ocuparlo
todo era: UN RINCÓN DEL SÓTANO.
Y resulta
que: TENGO UNA CASA DE DOS PISOS.
EL
PROBLEMA ES REAL No
lo minimicemos.
Éste no es
un capítulo para decir: «NO PASA NADA.» Puede pasar. Y mucho.
Un miedo puede limitar seriamente una vida. Una experiencia puede haber dejado
consecuencias importantes. Una adaptación puede condicionar relaciones
durante años. Una dificultad
psicológica puede requerir ayuda profesional.
Una conducta puede producir daño.
Por tanto:
RECUPERAR LAS PROPORCIONES NO ES QUITAR
IMPORTANCIA.
Es algo muy
diferente: DAR A CADA COSA EL TAMAÑO QUE TIENE DENTRO DEL CONJUNTO.
LA
PSICOLOGÍA NECESITA ACERCARSE Naturalmente.
Si queremos
estudiar algo, ponemos la lupa. Jung
hizo eso. Freud hizo eso. Toda ciencia necesita hacerlo. Aislamos.
Nombramos. Clasificamos. Observamos.
Comparamos.
Pero la lupa
tiene un efecto inevitable: AGRANDA.
Para eso sirve. El problema
aparece cuando olvidamos que estamos mirando a través de una lupa. Entonces aquello que ocupa todo nuestro
campo visual empieza a parecernos: TODO.
QUITA
LA LUPA UN MOMENTO
Ahí entra
Madre Tierra. No para romperla. Para decir: «AHORA
MIRA SIN ELLA.»
Hay un
complejo. Sí. Pero también: respiras,
caminas, trabajas, amas,
aprendes, comes, duermes,
recuerdas, imaginas, te relacionas, tienes capacidades, tienes historia, tienes presente, y mientras estás vivo: SIGUES
DISPONIENDO DE POSIBILIDADES.
El complejo
no ha desaparecido. Pero ha
recuperado: PROPORCIÓN.
EL PROBLEMA
OCURRE DENTRO DE UNA VIDA
Volvemos a
una frase fundamental del comienzo del libro:
EL PROBLEMA OCURRE
DENTRO DE UNA VIDA.
LA VIDA NO OCURRE
DENTRO DEL PROBLEMA.
Esto puede
parecer una diferencia de palabras. No
lo es. Cuando la vida empieza a
ocurrir dentro del problema, todo pasa por él. «Tengo ansiedad.» Y poco a poco: SOY
ANSIOSO. Después: MI VIDA ES ANSIEDAD.
Y finalmente
parece que toda la casa se hubiera construido alrededor de esa habitación. Pero no.
Hay una persona viva que: ENTRE OTRAS COSAS, experimenta ansiedad. No estamos negándola. Estamos devolviéndola a su lugar.
NO ERES LA
ETIQUETA
Esto vale
también para nuestros conceptos psicológicos. No eres: LA
SOMBRA. No eres: EL
COMPLEJO. No eres: LA
PERSONA. No eres: EL
TRAUMA. No eres: EL
TIPO PSICOLÓGICO.
Esas
palabras pueden ayudarnos a describir aspectos, experiencias, patrones o
problemas. Pero: EL
MAPA NO PUEDE OCUPAR TODA LA CASA.
Primero: ESTÁS
VIVO. Ahora veamos qué ocurre.
MUEVE
LOS CINCO DEDOS
Aquí vuelve nuestro gesto más elemental. Mueve los cinco dedos. No hemos resuelto nada. Perfecto. Pero acabamos de recuperar una información
que el problema podía haber expulsado del campo visual: HAY
UN ORGANISMO VIVO AQUÍ.
Respira. Percibe.
Se mueve. Está en un entorno. Tiene necesidades. Tiene recursos. Tiene limitaciones. Tiene historia. Y no puede reducirse completamente a
aquello que estamos estudiando.
En nuestro
trabajo con Freud ya habíamos formulado precisamente este regreso al punto
cero: antes de inconsciente, Yo, Ello o Superyó hay un ser humano vivo; salir
del edificio no era destruirlo, sino recuperar suelo y después volver a entrar.
BAJEMOS
OTRA VEZ AL SÓTANO
Porque ésta
es la parte decisiva. No nos quedamos
fuera diciendo: «¡MIRA QUÉ BONITO EL SOL! OLVIDA EL
PROBLEMA.» No. Después de recuperar la casa: VOLVEMOS
A BAJAR.
Pero ahora sabemos
dónde estamos. «Aquí está mi miedo.» Sí.
«Aquí está aquella vergüenza.»
Sí. «Aquí hay algo que todavía
no comprendo.» Sí. «Aquí aparece una reacción que me causa
problemas.» Perfecto.
Trabajemos
con ella. Pero ya no decimos:
«ÉSTE SOY YO.» Decimos: «ESTO
ESTÁ OCURRIENDO EN MÍ.» Menudo
cambio.
«TENGO UNA
CASA DE DOS PISOS»
Esta frase
puede ser casi una herramienta terapéutica.
Cuando algo ocupa toda la conciencia: ¿CUÁNTA
CASA ESTOY VIENDO?
Quizá sólo
una habitación. Entonces:
¿qué más existe? ¿Qué funciona? ¿Qué capacidades tengo?
¿Qué relaciones existen?
¿Qué partes de mi vida no están afectadas de
la misma manera?
¿Dónde no aparece este problema? ¿Qué puedo seguir haciendo?
¿Qué aprendí? ¿Qué disfruto? ¿Qué me interesa?
¿Qué posibilidades permanecen disponibles?
No para
distraernos. PARA MEDIR.
TAMBIÉN
HAY VENTANAS
Y quizá esto
es todavía más bonito. La casa no
termina en sus habitaciones. Tiene
ventanas. Fuera: aire, luz, árboles,
agua, otras personas, caminos,
Madre
Tierra. El constructo psicológico puede
hacernos mirar tanto hacia dentro que olvidemos: QUE
SEGUIMOS EN EL MUNDO.
El ser
humano no es una psique suspendida examinándose eternamente.
Camina. Toca.
Escucha. Come. Construye.
Se relaciona. Participa. La vida continúa entrando por las ventanas.
CUIDADO
CON LA INTROSPECCIÓN SIN SALIDA
Podemos
investigar tanto una dificultad que acabemos alimentando continuamente su
presencia.
Cada
pensamiento: «¿De dónde viene?»
Cada
reacción: «¿Qué significa?»
Cada sueño: «¿Qué me está diciendo?»
Cada
emoción: «¿Qué parte profunda de mí
está hablando?»
Un momento. Quizá alguna vez la pregunta necesaria sea: ¿Y
QUÉ ESTÁ OCURRIENDO FUERA DE MÍ?
No toda experiencia necesita interpretación psicológica continua. A veces un paseo es: UN
PASEO.
Un árbol: UN
ÁRBOL. Una conversación: UNA
CONVERSACIÓN.
Y qué descanso
recuperar el mundo.
JUNG
TAMBIÉN NECESITA SALIR A PASEAR
Aquí nuestra
imagen vuelve con toda su fuerza. Jung
nos ayuda a bajar al sótano. Magnífico. Tiene una linterna estupenda. Ha encontrado habitaciones que otros apenas
miraban. Pero después de unas horas
allí podemos decirle: JUNG, VAMOS A DAR UNA VUELTA.
Y salimos. Sol. Aire. Árbol.
Cuerpo. Tierra. Otra gente caminando. Vida ocurriendo. Y entonces volvemos a preguntarle:
«Ahora
que hemos visto la casa desde fuera, ¿volvemos a entrar?»
Claro. Pero:
YA SABEMOS QUE EL SÓTANO NO ES EL
PLANETA.
UNA
SOMBRA PUEDE OCUPAR MUCHO SIN SER TODO
Aquí debemos
mantener la precisión. Hay
dificultades que pueden extenderse por muchas habitaciones.
Un problema
puede afectar: trabajo, relaciones,
sueño, autoestima, decisiones.
Por tanto, no utilizaremos la metáfora para minimizar sufrimiento real. Quizá no sea un pequeño rincón. Quizá ocupe medio piso.
De acuerdo. MIDÁMOSLO. Ésa es precisamente la propuesta. Ni agrandarlo. Ni reducirlo. DARLE
SU PROPORCIÓN REAL.
¿DÓNDE
APARECE? Magnífica pregunta.
¿Siempre?
¿Con todo el mundo? ¿En
cualquier situación? ¿Desde
siempre? ¿Hay momentos en que
disminuye? ¿Hay lugares donde no
aparece? ¿Hay relaciones donde
puedo actuar de otra manera? ¿Hay
capacidades que permanecen intactas?
De repente
obtenemos un mapa mucho más fino. Ya
no: «SOY ASÍ.»
Sino: «ESTO OCURRE ESPECIALMENTE AQUÍ, ASÍ Y EN
ESTAS CONDICIONES.» Eso devuelve
terreno.
LAS
EXCEPCIONES TAMBIÉN SON INFORMACIÓN
Esto es
enorme. Si algo no ocurre siempre, la
excepción merece investigación.
«Con todo el
mundo me cuesta poner límites.» ¿Con
todo el mundo? «Bueno... con mi
hermano no.» Ah. HAY
UNA VENTANA.
¿Qué ocurre
ahí? ¿Qué cambia? ¿Qué capacidad aparece?
No
utilizamos la excepción para negar el problema. La utilizamos para descubrir: UNA
POSIBILIDAD YA EXISTENTE. La
casa tenía otra habitación funcionando.
LA
SOMBRA TAMBIÉN PUEDE AGRANDARSE POR EL NOMBRE
Ponemos una
palabra potente. SOMBRA.
Y aquella
pequeña reacción adquiere inmediatamente profundidad, misterio y peso. Cuidado. La palabra puede ayudar. Pero también puede: SOBREDIMENSIONAR.
Quizá
estamos ante un hábito concreto. Una
vergüenza aprendida. Una reacción
contextual. Una capacidad poco
desarrollada. Una contradicción normal. No todo necesita convertirse en una
expedición al centro de la Tierra.
JUNG NOS DA
EL MAPA; MADRE TIERRA NOS DA LA ESCALA
Ésta me
gusta mucho. JUNG NOS DA EL MAPA.
MADRE TIERRA NOS DA LA ESCALA.
Porque un
mapa sin escala puede engañarnos. Vemos
una mancha enorme sobre el papel.
Pero: ¿cuánto territorio
representa? Madre Tierra pregunta:
¿CUÁNTO DE TU VIDA OCUPA REALMENTE ESTO?
¿QUÉ QUEDA FUERA? ¿QUÉ SIGUE VIVO?
¿QUÉ POSIBILIDADES SIGUEN DISPONIBLES?
¿QUÉ PUEDES HACER?
Ahora el mapa
psicológico vuelve a caber dentro del territorio humano.
EL
DIAGNÓSTICO TAMBIÉN NECESITA PROPORCIÓN
Sin negar la
utilidad de los diagnósticos cuando son necesarios. Una clasificación puede facilitar: comunicación, investigación, tratamiento, comprensión. Pero la persona no cabe entera dentro de
ella. NO ERES LA ETIQUETA. ESTÁS
VIVO. AHORA VEAMOS QUÉ TE OCURRE.
Ese orden
importa. Porque el nombre de una
dificultad no debería convertirse automáticamente en la identidad completa del
caminante.
¿CUÁNTO
TERRENO VITAL QUEDA?
Esta
pregunta pertenece completamente a Madre Tierra. No sólo: «¿CUÁNTO
PROBLEMA HAY?» Sino: ¿CUÁNTA
VIDA HAY DISPONIBLE?
¿Qué puede hacer? ¿Qué conserva? ¿Qué
relaciones funcionan?
¿Qué capacidades siguen ahí? ¿Qué disfruta? ¿Qué quiere?
¿Qué puede aprender? ¿Qué margen de acción tiene?
¿Qué puede volver a intentar?
Esto no maquilla el sufrimiento. MIDE
TAMBIÉN LO QUE EL SUFRIMIENTO NO HA OCUPADO.
QUIZÁ
LLEVÁBAMOS AÑOS MIRANDO UN METRO CUADRADO
Con una lupa
magnífica. Una biblioteca entera
sobre ese metro. Teorías. Interpretaciones. Nombres. Clasificaciones. Y Madre Tierra abre la puerta: «SAL
UN MOMENTO.» Salimos. Y:
¡caramba!
Hay cien
metros más. No hemos perdido el metro
cuadrado. Ahora sabemos: DÓNDE
ESTÁ.
ÉSTA
ES LA TOMA DE TIERRA PSICOLÓGICA
Podríamos formularla así:
VER EL PROBLEMA. VER LA PERSONA. VER LA VIDA.
DEVOLVER EL PROBLEMA
A SU LUGAR DENTRO DE LA VIDA.
Y entonces volver a trabajar sobre él.
Esto
coincide con una de las preguntas que ya habíamos colocado como termómetro de
nuestro método: ¿vive
más?, ¿recupera libertad?, ¿recupera posibilidades?, ¿recupera terreno vital?
Ahí tenemos
la medida. No: «¿HE
CONSEGUIDO UNA EXPLICACIÓN PERFECTA?»
Sino también:
¿HE RECUPERADO TERRENO VITAL?
Y PUEDE
OCURRIR ALGO EXTRAORDINARIO
Volvemos al
sótano. Miramos aquel rincón. Y decimos: «SÍ.
SIGUE AHÍ.» Pero
ahora ya no mide cien metros. Mide
dos.
No porque lo
hayamos reducido artificialmente. Sino
porque: HEMOS VUELTO A MEDIR LA CASA.
Quizá todavía necesite trabajo.
Quizá mucho. Pero el
caminante puede decir:
«ESTO ES PARTE DE MI HISTORIA. NO ES TODA MI HISTORIA.»
LA
SOMBRA ENCUENTRA SU SITIO
Y aquí quizá
estamos haciendo algo muy jungiano sin quedarnos encerrados dentro de Jung. Integrar no significa permitir que la
Sombra conquiste la casa. Significa
reconocer que: TAMBIÉN HAY SÓTANO. Claro.
Toda casa
puede tener rincones menos visitados.
Pero también hay:
salón, cocina,
dormitorios, escaleras, ventanas,
puertas, terraza, y un mundo entero fuera.
Entonces
podemos bajar al sótano sin pensar que hemos descendido a la totalidad de
nuestro ser.
«ERA
UN RINCÓN DEL SÓTANO Y TENGO UNA CASA DE DOS PISOS.»
Yo dejaría
esta frase prácticamente sola en el libro. Porque contiene todo el capítulo.
No niega el
rincón. LO SITÚA.
No destruye
el sótano. LO INTEGRA EN LA CASA.
No niega la
casa. LA DEVUELVE A LA VIDA.
Y no
convierte la vida en una habitación psicológica. DEVUELVE LA PSICOLOGÍA A LA VIDA.
Y TODAVÍA
FALTA ALGO
Porque al
recuperar las proporciones puede ocurrir una sorpresa. Aquello que encontramos en el sótano quizá
no era solamente: miedo, vergüenza, rechazo, ira,
dolor.
Quizá
encontramos algo que habíamos guardado porque no cabía en la Persona que aprendimos a presentar.
Una
capacidad. Una fuerza. Una sensibilidad. Una creatividad. Un deseo de explorar. Una manera distinta de ser. Entonces la pregunta cambia por completo.
Ya no es: ¿QUÉ
TENGO QUE SACAR DE MI SOMBRA?
Sino: ¿QUÉ
POSIBILIDAD MÍA HABÍA DEJADO DE UTILIZAR?
Y ahí la
Sombra deja de ser únicamente el lugar donde buscamos dificultades. Puede convertirse también en el lugar
donde recuperamos: TERRENO VITAL.
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