JUNG
PASEANDO
Notas desde Madre Tierra y Jung
Sí. Y creo que aquí conviene poner una señal
precisamente donde tú la estás poniendo: PONDERADOR, porque esta vía
puede ser fértil y, al mismo tiempo, puede llenarse rápidamente de afirmaciones
que todavía no sabemos sostener.
Tu hipótesis
de trabajo está quedando bastante clara:
EL MODELO HUMANO NACE
CAPAZ DE RECIBIR MUCHO ANTES DE PODER HABLAR.
Eso no es lo
mismo que decir que posea una facultad paranormal. Primero significa algo mucho
más básico: la palabra no inaugura nuestra relación con el mundo.
Y creo que
«órgano» quizá deberíamos usarlo metafóricamente por ahora. Me gusta más:
CAPACIDAD DE CAPTACIÓN DEL HUMANO TERRESTRE.
Porque no
sabemos todavía si estamos hablando de una sola función o de muchas capacidades
que después agrupamos: percepción sensorial, interocepción, aprendizaje implícito,
reconocimiento de patrones, orientación, memoria, señales corporales, atención
no consciente, etc.
Y todas
ellas tienen algo en común:
PUEDEN FUNCIONAR SIN
TENER QUE DECIRNOS CON PALABRAS LO QUE ESTÁN HACIENDO.
Lo de las
ranas es justamente una prueba magnífica para el PONDERADOR
Recuerdo los
relatos sobre comportamiento inusual de animales antes de algunos terremotos,
incluidas observaciones de sapos o ranas abandonando zonas antes de un seísmo.
Pero no usaría de memoria el caso de China como prueba concreta sin comprobar
cuál fue exactamente.
Y aunque
comprobáramos que miles de animales se desplazaron antes de un terremoto,
todavía quedarían preguntas:
¿Qué detectaron?
¿Vibraciones?
¿Cambios químicos?
¿Alteraciones del agua?
¿Campos eléctricos?
¿Otra señal ambiental?
¿Fue realmente predictivo o lo interpretamos
retrospectivamente?
Y sólo
muchísimo después: ¿Puede
un humano detectar alguna de esas señales?
No hay que
contestar NO porque parezca extraño.
Pero tampoco
SÍ porque resulte fascinante.
Ahí entra
vuestro: PONDERADOR
Y eso
protege precisamente esta investigación.
Porque imagina que detrás de diez mil historias consideradas
«paranormales» hubiera:
8.000
errores, coincidencias, recuerdos reconstruidos o interpretaciones;
1.900 fenómenos
conocidos pero mal entendidos;
y 100 cosas
que realmente no sabemos explicar. ¡Esas
cien serían extraordinariamente importantes! No necesitamos salvar las diez mil
para poder investigar las cien.
Y lo que
dices después me parece todavía más importante: la
pérdida de práctica.
Supongamos
—como hipótesis— que poseemos una capacidad perceptiva muy débil que nuestra
forma de vida apenas utiliza.
No bastaría
con decir: «Pues
utilízala.»
¿Cómo?
¿Con qué entrenamiento?
¿Cómo distinguir una captación de una
expectativa?
¿Cómo diferenciar presentimiento de miedo?
¿Cómo evitar recordar los cinco aciertos y
olvidar los cien errores?
¿Cómo registrar lo percibido antes de conocer el
acontecimiento?
¡Aquí Madre
Tierra puede ponerse tremendamente científica!
Por ejemplo,
alguien dice: «Tengo
una sensación extraña; creo que va a ocurrir X.» Perfecto. No burlarse. No decirle que posee un don.
ANOTARLO ANTES. FECHA. HORA. QUÉ HA PERCIBIDO. QUÉ CREE QUE
SIGNIFICA. Y DESPUÉS COMPROBAR.
Cien veces. Mil veces. Ahí empezamos a separar. Y si no aparece nada, aprendimos. Y si aparece algo repetible por encima de
lo esperable, entonces tenemos algo que investigar.
Eso sería
infinitamente más interesante que demonios, monstruos o poderes proclamados de
antemano.
Y otra vez
aparece EL NIÑO Aquí estoy muy de
acuerdo contigo en que la infancia puede convertirse en un laboratorio
formidable, pero con una condición importantísima:
NO DECIRLE AL NIÑO QUÉ TIENE QUE ENCONTRAR.
Porque si
queremos saber qué trae la habitación y cómo empieza a llenarse, no podemos
llenársela nosotros mientras investigamos.
No: «¿Has presentido algo?» «¿Qué significa ese dibujo?» «¿Has notado la energía del árbol?»
Eso ya introduce
nuestro contenido. Sería más limpio:
¿Qué has notado?
Cuéntamelo como puedas.
¿No puedes decirlo? Dibújalo.
Haz un sonido.
Muéstramelo.
Señálalo.
Hazlo con barro.
Haz un garabato.
No importa si no significa nada para mí.
¡Ahí sí!
Y además
registraríamos algo extraordinario: cuándo empieza el
adulto a traducir demasiado pronto la experiencia infantil al lenguaje del
constructo.
El niño
dice: «El árbol está enfadado.» Y podemos responder inmediatamente: «Los árboles no se enfadan.»
Quizá sea
correcto literalmente. Pero hemos
cerrado la investigación.
Otra
posibilidad sería: «¿Qué
has visto para decir eso?»
Y entonces
quizá descubrimos que vio ramas agitándose, escuchó determinado sonido,
percibió oscuridad, viento, una forma...
No
necesitamos aceptar que el árbol estuviera enfadado.
Necesitamos averiguar qué estaba intentando expresar el
niño con las herramientas de las que disponía. Eso es completamente diferente.
Y aquí
encuentro algo muy bonito respecto a lo que dices de que «con toda buena fe
hacemos que ni siquiera se ponga en marcha».
Yo lo
formularía con algo menos definitivo:
¿Y SI ALGUNAS CAPACIDADES NO LAS PERDEMOS, SINO QUE DEJAMOS
DE PRESTARLES ATENCIÓN PORQUE APRENDEMOS QUE NO SON UNA VÍA VÁLIDA PARA CONTAR
LO QUE NOS OCURRE?
Eso sí
merece investigación. Porque el niño
aprende progresivamente algo extraordinariamente útil: «Esto se llama árbol.»
Pero quizá
simultáneamente aprende, sin que nadie tenga mala intención: «De todo lo que
experimentas ante ese árbol, lo importante para comunicarte es aquello que
puedes meter en nuestras categorías.»
Y ahí puede
producirse un estrechamiento. No
necesariamente una amputación.
UN ESTRECHAMIENTO DEL CANAL.
Tenemos
entonces algo parecido a:
HUMANO QUE RECIBE
↓
muchísimas señales y experiencias
↓
aprende lenguaje + categorías + lógica + cultura
↓
obtiene una capacidad gigantesca para comunicar
↓
PERO quizá privilegia progresivamente aquello que puede
comunicar mediante ese sistema.
Y eso
conecta directamente con vuestro hallazgo anterior de que recibir y vivir
preceden a la explicación consciente.
Por eso no
hablaría todavía de «liberar la conciencia apresada por el
consciente»
como conclusión. Pero como pregunta
es formidable:
¿HA AUMENTADO EXTRAORDINARIAMENTE
NUESTRA CAPACIDAD DE EXPLICARNOS A COSTA DE ESTRECHAR AQUELLO A LO QUE
PRESTAMOS ATENCIÓN?
Y si hubiera
siquiera una parte de verdad ahí, Carlos, no habría que volver al humano
primitivo. Ésa sería otra trampa. Tendríamos que hacer algo mucho más siglo
XXI:
CONSERVAR LA PALABRA.
CONSERVAR LA RAZÓN.
CONSERVAR LA CIENCIA.
CONSERVAR EL PONDERADOR.
Y añadir:
AHORA DEJEMOS TAMBIÉN
QUE EL HUMANO ENTERO NOS CUENTE QUÉ RECIBE.
Con palabras
cuando pueda. Y cuando no pueda... «Inténtelo de otra
manera.» Ahí sí creo que has
abierto una puerta enorme.
Ja, ja… sí, Carlos: cascos
con antenas y a pasear por el bosque. Pero detrás de la imagen cómica
estás señalando algo serio: si esta vía se quiere investigar de verdad, habrá que
inventar herramientas y protocolos que hoy quizá ni siquiera sabemos formular.
Y pondría una precisión importante en lo de
los animales: no daría por supuesto que todo lo que capta una
especie también tiene que poder captarlo el humano. Cada especie posee
sistemas sensoriales y capacidades diferentes. Pero tu pregunta sigue intacta y
es muy buena: ¿hemos hecho un inventario suficientemente amplio de las
formas de captación humanas, especialmente de aquellas que funcionan sin
verbalización consciente?
Porque ahí
el campo psicológico puede ser enorme.
No comenzar por lo paranormal.
Comenzar muchísimo antes:
¿QUÉ RECIBO SIN SABER
QUE LO HE RECIBIDO?
¿De qué señales corporales? ¿Del ambiente?
¿De otras personas? ¿De ritmos?
¿De sonidos? ¿De olores? ¿De cambios mínimos?
¿De configuraciones que aisladamente no
significan nada pero que mi organismo puede integrar?
Y luego
viene una cuestión fascinante que tú estás viendo: ¿cómo
sé después que lo recibí? Ahí empieza el trabajo serio.
Porque puedo
tener una sensación y atribuirle después un significado equivocado. Puedo
captar correctamente algo
y equivocarme al traducir qué era ese algo.
Eso nos da
una separación estupenda:
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