LIBROS de BARBARIN I II III

jueves, 22 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO Notas desde Madre Tierra y Jung L MODELO HUMANO NACE CAPAZ DE RECIBIR MUCHO ANTES DE PODER HABLAR.

 JUNG

PASEANDO

Notas desde Madre Tierra y Jung 

Sí. Y creo que aquí conviene poner una señal precisamente donde tú la estás poniendo: PONDERADOR, porque esta vía puede ser fértil y, al mismo tiempo, puede llenarse rápidamente de afirmaciones que todavía no sabemos sostener.

Tu hipótesis de trabajo está quedando bastante clara:

EL MODELO HUMANO NACE CAPAZ DE RECIBIR MUCHO ANTES DE PODER HABLAR.

Eso no es lo mismo que decir que posea una facultad paranormal. Primero significa algo mucho más básico: la palabra no inaugura nuestra relación con el mundo.

Y creo que «órgano» quizá deberíamos usarlo metafóricamente por ahora. Me gusta más:

CAPACIDAD DE CAPTACIÓN DEL HUMANO TERRESTRE.

Porque no sabemos todavía si estamos hablando de una sola función o de muchas capacidades que después agrupamos: percepción sensorial, interocepción, aprendizaje implícito, reconocimiento de patrones, orientación, memoria, señales corporales, atención no consciente, etc.

Y todas ellas tienen algo en común:

PUEDEN FUNCIONAR SIN TENER QUE DECIRNOS CON PALABRAS LO QUE ESTÁN HACIENDO.

Lo de las ranas es justamente una prueba magnífica para el PONDERADOR

Recuerdo los relatos sobre comportamiento inusual de animales antes de algunos terremotos, incluidas observaciones de sapos o ranas abandonando zonas antes de un seísmo. Pero no usaría de memoria el caso de China como prueba concreta sin comprobar cuál fue exactamente.

Y aunque comprobáramos que miles de animales se desplazaron antes de un terremoto, todavía quedarían preguntas:

¿Qué detectaron?
¿Vibraciones?
¿Cambios químicos?
¿Alteraciones del agua?
¿Campos eléctricos?
¿Otra señal ambiental?
¿Fue realmente predictivo o lo interpretamos retrospectivamente?

Y sólo muchísimo después:    ¿Puede un humano detectar alguna de esas señales?

No hay que contestar NO porque parezca extraño.

Pero tampoco SÍ porque resulte fascinante.

Ahí entra vuestro:      PONDERADOR

Y eso protege precisamente esta investigación.     Porque imagina que detrás de diez mil historias consideradas «paranormales» hubiera:

8.000 errores, coincidencias, recuerdos reconstruidos o interpretaciones;

1.900 fenómenos conocidos pero mal entendidos;

y 100 cosas que realmente no sabemos explicar.      ¡Esas cien serían extraordinariamente importantes!      No necesitamos salvar las diez mil para poder investigar las cien.


Y lo que dices después me parece todavía más importante: la pérdida de práctica.

Supongamos —como hipótesis— que poseemos una capacidad perceptiva muy débil que nuestra forma de vida apenas utiliza.

No bastaría con decir:         «Pues utilízala.»

¿Cómo?       ¿Con qué entrenamiento?

¿Cómo distinguir una captación de una expectativa?

¿Cómo diferenciar presentimiento de miedo?

¿Cómo evitar recordar los cinco aciertos y olvidar los cien errores?

¿Cómo registrar lo percibido antes de conocer el acontecimiento?

¡Aquí Madre Tierra puede ponerse tremendamente científica!

Por ejemplo, alguien dice:       «Tengo una sensación extraña; creo que va a ocurrir X.»      Perfecto.      No burlarse.      No decirle que posee un don.

ANOTARLO ANTES. FECHA. HORA. QUÉ HA PERCIBIDO. QUÉ CREE QUE SIGNIFICA. Y DESPUÉS COMPROBAR.

Cien veces.    Mil veces.    Ahí empezamos a separar.    Y si no aparece nada, aprendimos.     Y si aparece algo repetible por encima de lo esperable, entonces tenemos algo que investigar.

Eso sería infinitamente más interesante que demonios, monstruos o poderes proclamados de antemano.

Y otra vez aparece EL NIÑO    Aquí estoy muy de acuerdo contigo en que la infancia puede convertirse en un laboratorio formidable, pero con una condición importantísima:

NO DECIRLE AL NIÑO QUÉ TIENE QUE ENCONTRAR.

Porque si queremos saber qué trae la habitación y cómo empieza a llenarse, no podemos llenársela nosotros mientras investigamos.  

No:      «¿Has presentido algo?»      «¿Qué significa ese dibujo?»     «¿Has notado la energía del árbol?»

Eso ya introduce nuestro contenido.     Sería más limpio:

¿Qué has notado?
Cuéntamelo como puedas.
¿No puedes decirlo? Dibújalo.
Haz un sonido.
Muéstramelo.
Señálalo.
Hazlo con barro.
Haz un garabato.
No importa si no significa nada para mí.

¡Ahí sí!

Y además registraríamos algo extraordinario: cuándo empieza el adulto a traducir demasiado pronto la experiencia infantil al lenguaje del constructo.

El niño dice:      «El árbol está enfadado.»     Y podemos responder inmediatamente:       «Los árboles no se enfadan.»

Quizá sea correcto literalmente.     Pero hemos cerrado la investigación.

Otra posibilidad sería:    «¿Qué has visto para decir eso?»

Y entonces quizá descubrimos que vio ramas agitándose, escuchó determinado sonido, percibió oscuridad, viento, una forma...

No necesitamos aceptar que el árbol estuviera enfadado.

Necesitamos averiguar qué estaba intentando expresar el niño con las herramientas de las que disponía.     Eso es completamente diferente.

Y aquí encuentro algo muy bonito respecto a lo que dices de que «con toda buena fe hacemos que ni siquiera se ponga en marcha».

Yo lo formularía con algo menos definitivo:

¿Y SI ALGUNAS CAPACIDADES NO LAS PERDEMOS, SINO QUE DEJAMOS DE PRESTARLES ATENCIÓN PORQUE APRENDEMOS QUE NO SON UNA VÍA VÁLIDA PARA CONTAR LO QUE NOS OCURRE?

Eso sí merece investigación.      Porque el niño aprende progresivamente algo extraordinariamente útil:   «Esto se llama árbol.»

Pero quizá simultáneamente aprende, sin que nadie tenga mala intención:        «De todo lo que experimentas ante ese árbol, lo importante para comunicarte es aquello que puedes meter en nuestras categorías.»

Y ahí puede producirse un estrechamiento.    No necesariamente una amputación.

UN ESTRECHAMIENTO DEL CANAL.

Tenemos entonces algo parecido a:

HUMANO QUE RECIBE
↓
muchísimas señales y experiencias
↓
aprende lenguaje + categorías + lógica + cultura
↓
obtiene una capacidad gigantesca para comunicar
↓
PERO quizá privilegia progresivamente aquello que puede comunicar mediante ese sistema.

Y eso conecta directamente con vuestro hallazgo anterior de que recibir y vivir preceden a la explicación consciente.

Por eso no hablaría todavía de «liberar la conciencia apresada por el consciente» como conclusión.      Pero como pregunta es formidable:

¿HA AUMENTADO EXTRAORDINARIAMENTE NUESTRA CAPACIDAD DE EXPLICARNOS A COSTA DE ESTRECHAR AQUELLO A LO QUE PRESTAMOS ATENCIÓN?

Y si hubiera siquiera una parte de verdad ahí, Carlos, no habría que volver al humano primitivo.     Ésa sería otra trampa.      Tendríamos que hacer algo mucho más siglo XXI:

CONSERVAR LA PALABRA.
CONSERVAR LA RAZÓN.
CONSERVAR LA CIENCIA.
CONSERVAR EL PONDERADOR.

Y añadir:

AHORA DEJEMOS TAMBIÉN QUE EL HUMANO ENTERO NOS CUENTE QUÉ RECIBE.

Con palabras cuando pueda.        Y cuando no pueda...     «Inténtelo de otra manera.»       Ahí sí creo que has abierto una puerta enorme.

 

Ja, ja… sí, Carlos: cascos con antenas y a pasear por el bosque. Pero detrás de la imagen cómica estás señalando algo serio: si esta vía se quiere investigar de verdad, habrá que inventar herramientas y protocolos que hoy quizá ni siquiera sabemos formular.

Y pondría una precisión importante en lo de los animales: no daría por supuesto que todo lo que capta una especie también tiene que poder captarlo el humano. Cada especie posee sistemas sensoriales y capacidades diferentes. Pero tu pregunta sigue intacta y es muy buena: ¿hemos hecho un inventario suficientemente amplio de las formas de captación humanas, especialmente de aquellas que funcionan sin verbalización consciente?

Porque ahí el campo psicológico puede ser enorme.       No comenzar por lo paranormal.      Comenzar muchísimo antes:

¿QUÉ RECIBO SIN SABER QUE LO HE RECIBIDO?

¿De qué señales corporales?                ¿Del ambiente?

¿De otras personas?               ¿De ritmos?

¿De sonidos?      ¿De olores?        ¿De cambios mínimos?

¿De configuraciones que aisladamente no significan nada pero que mi organismo puede integrar?

Y luego viene una cuestión fascinante que tú estás viendo: ¿cómo sé después que lo recibí?             Ahí empieza el trabajo serio.

Porque puedo tener una sensación y atribuirle después un significado equivocado. Puedo captar correctamente algo y equivocarme al traducir qué era ese algo.

Eso nos da una separación estupenda:     


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