LIBROS de BARBARIN I II III

domingo, 11 de octubre de 2026

BARBARIN en las HORAS DIFÍCILES ABANDONO

 BARBARIN en las HORAS DIFÍCILES

ABANDONO

El abandono es una de las experiencias que más profundamente pueden incrustarse en el ser humano.
No solo por la pérdida de alguien,
sino por lo que empieza a construirse alrededor de ella.

Porque muchas veces el abandono no deja únicamente tristeza.
Deja:

  • miedo a no valer,
  • sensación de reemplazo,
  • inseguridad,
  • necesidad excesiva de afecto,
  • vigilancia emocional,
  • dependencia,
  • dureza defensiva,
  • o la convicción silenciosa de que tarde o temprano todo desaparecerá.

Y poco a poco la persona puede terminar confundiendo esa herida con su propia identidad.

Entonces deja de pensar:

“viví abandono”

y empieza a sentir:

“soy alguien abandonable.”

Ahí el sufrimiento se incrusta.

Pero conviene ver algo importante:
la reacción que apareció no nació por debilidad absurda.
Fue una maquinaria de supervivencia.

El ser humano necesita vínculo.
Necesita sostén.
Necesita continuidad afectiva.

Y cuando algo esencial falta o se rompe,
la conciencia intenta reorganizarse como puede:

  • aferrándose,
  • desconfiando,
  • endureciéndose,
  • aislándose,
  • buscando aprobación,
  • o evitando volver a sentir ese dolor.

Nada de eso apareció por casualidad.

Fue un mecanismo intentando proteger la continuidad emocional del ser.

Y sin embargo,
aunque el abandono haya dejado marcas profundas,
no constituye toda la verdad de la persona.

Porque una experiencia,
por intensa que haya sido,
no agota completamente lo que alguien es.

La herida puede haberse superpuesto durante años,
pero sigue siendo una capa,
no la totalidad del núcleo humano.

Aquí conviene detenerse un momento y recuperar proporción.

Antes de pensar:

“mi vida quedó destruida”,

pregúntate:

  • ¿sigues vivo?
  • ¿sigues sintiendo?
  • ¿sigues pudiendo crear vínculos?
  • ¿sigues teniendo capacidad de comprender?
  • ¿sigues pudiendo actuar?

Entonces la existencia vuelve a aparecer más grande que la herida.

Eso no elimina el dolor.
Pero cambia su tamaño.

Y aparece algo muy importante:
la posibilidad de dejar de vivir exclusivamente desde el abandono.

Muchas personas organizan toda su existencia alrededor de aquella ausencia:

  • aman desde el miedo,
  • vigilan constantemente,
  • se anticipan a la pérdida,
  • o incluso abandonan antes de ser abandonadas.

Pero llega un momento donde puede aparecer conciencia.

Y cuando aparece conciencia,
empieza una separación muy importante:

“esto me ocurrió…
pero no necesito seguir construyendo toda mi identidad alrededor de ello.”

Ahí comienza el enderezamiento.

No desde el rencor.
No desde negar el pasado.
No desde fingir que no dolió.

Sino desde una comprensión más amplia:

“con los recursos que tenía,
mi interior reaccionó como pudo para sobrevivir.”

Y quizá ahora,
con más madurez y más lucidez,
pueda empezar a aprender otra manera de relacionarse con la vida y con los demás.

El abandono dejó marcas.
Pero no decidió definitivamente todo tu ser.

Mientras sigas vivo,
todavía existe posibilidad de reorganización interior.

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