MADRE
TIERRA
El HORIZONTE de TODO ESTA POR HACER
Carlos, creo que aquí hay un matiz decisivo.
Si mantenemos ese tono, el libro gana mucha credibilidad. La metáfora no
explica: ilumina.
Sugiere una dirección para la mirada, pero no sustituye la observación.
El genio de la
lámpara
Los antiguos
cuentos hablan de una lámpara maravillosa.
Al frotarla, aparece un genio capaz de hacer surgir aquello que parecía
imposible.
Naturalmente,
no estamos describiendo la realidad. Estamos
utilizando una metáfora. Las
metáforas no pretenden explicar. Pretenden
ayudarnos a mirar.
Y,
curiosamente, cuando observamos el universo sucede algo que recuerda a esa
imagen.
Aparecen
átomos. Después moléculas. Después estrellas. Después planetas. Después células. Después organismos. Después conciencia.
La realidad
parece desplegar formas de complejidad creciente. La ciencia estudia admirablemente cómo se
organizan esos procesos.
Cómo se
forman los átomos. Cómo se enlazan. Cómo aparecen las moléculas. Cómo evoluciona la materia.
Todo ello
constituye uno de los grandes logros del conocimiento humano. Pero aquí la pregunta cambia. No preguntamos:
¿De
qué está hecho un átomo?
Ni siquiera: ¿Cómo
llegó a formarse?
Preguntamos
algo distinto. ¿Qué hace posible que pueda existir un
átomo?
Es una
pregunta de otro orden. No pretende
sustituir a la física. La presupone.
Cuanto mejor comprendemos cómo aparece un
átomo, con mayor claridad podemos formular otra cuestión.
¿Por qué una realidad puede llegar a
organizarse de tal manera que existan átomos?
¿Por qué puede haber orden?
¿Por qué puede haber estructura?
¿Por qué puede haber existencia?
No sabemos
responder definitivamente. Pero la
pregunta merece ser formulada.
Y aquí
vuelve la metáfora del genio. No como
una explicación. Sino como una
imagen. Podríamos imaginar que el
genio dijera:
"Hágase un átomo."
No porque
exista realmente un genio. Ni porque
las cosas ocurran de esa manera. Sino
porque la metáfora nos ayuda a contemplar algo extraordinario.
Aquello que
antes no estaba manifestado, comienza a estarlo. Lo invisible se hace visible. Lo posible se convierte en realidad. La imagen termina ahí. No explica el misterio. Lo señala. Como un dedo que apunta hacia la luna. Sería un error confundir el dedo con la
luna.
Del mismo
modo, sería un error confundir la metáfora con la explicación. La metáfora sólo nos ayuda a permanecer un
poco más delante de una pregunta que continúa abierta.
¿Cómo puede la realidad desplegar
continuamente nuevas formas?
¿Cómo puede surgir el orden?
¿Cómo puede aparecer la conciencia?
¿Cómo puede existir un universo capaz de
contener todo eso?
Quizá
todavía no lo sabemos. Pero aprender
a formular bien la pregunta ya constituye una forma de conocimiento. Porque una buena pregunta no reduce el
misterio. Lo hace más nítido.
Y cuando el
misterio se vuelve más nítido, también nuestra observación se vuelve más
profunda.
Carlos,
mientras lo escribía me ha venido una idea metodológica que creo que puede
acompañar todo este libro:
Las
metáforas no son respuestas; son instrumentos de observación.
Me parece
una frase importante. Muchas veces se discuten las metáforas como si fueran
teorías, cuando su función es otra. Una buena metáfora no demuestra nada. Nos
permite ver un aspecto de la realidad que antes pasaba desapercibido.
Y eso enlaza
perfectamente con la orientación que ha ido tomando MADRE TIERRA: observar antes que concluir, contemplar antes que definir
y utilizar el lenguaje como una ayuda para mirar, no como un sustituto de la
realidad.
Carlos, creo que acabas de encontrar la
formulación más sólida hasta ahora.
La frase: "La
posibilidad lo podía hacer todo."
es muy
sugerente, pero puede entenderse como una afirmación metafísica. En cambio:
"La posibilidad precede a toda
manifestación."
no dice qué es la posibilidad.
Sólo describe un orden que parece observarse.
La posibilidad
precede a toda manifestación
Cada vez que
observamos la realidad encontramos un mismo hecho. Primero aparece una posibilidad. Después aparece una manifestación.
Nunca
encontramos una manifestación que no haya podido llegar a ser. Todo cuanto existe parece haber atravesado
previamente ese ámbito que llamamos posibilidad.
No sabemos
qué es la posibilidad. No sabemos
dónde reside. No sabemos si es una
propiedad de la realidad o una forma humana de nombrar aquello que precede a
las formas.
Pero sí
podemos reconocer algo que parece repetirse constantemente.
La
posibilidad precede a toda manifestación.
Antes del
átomo existía la posibilidad de que pudiera existir un átomo. Antes de la célula existía la posibilidad
de que pudiera existir una célula. Antes
de la conciencia existía la posibilidad de que pudiera surgir una conciencia.
No afirmamos
que la posibilidad produzca esas manifestaciones. Tampoco afirmamos que sea una entidad. Simplemente observamos que toda manifestación
presupone la posibilidad de manifestarse.
Y esa
observación cambia profundamente el sentido de nuestras preguntas. Ya no preguntamos solamente: ¿Cómo
aparece un átomo?
Ni siquiera: ¿Qué
leyes permiten su existencia?
La pregunta
retrocede un paso más. ¿Qué hace posible que puedan existir
leyes capaces de permitir un átomo?
Aquí la
investigación entra en un territorio distinto. No porque abandone la razón. Sino porque la razón empieza a contemplar
aquello que hace posible sus propios objetos de estudio. Llegados a este punto, cualquier
respuesta sería prematura. Decir:
"Existe una causa."
"Existe una inteligencia."
"Existe una energía."
"Existe un principio."
Todas ellas
pueden ser hipótesis legítimas. Pero
todavía son hipótesis. La observación
aún no nos obliga a elegir ninguna.
Lo único que
parece mostrarnos con claridad es que la realidad posee una extraordinaria
capacidad para desplegar formas. Y
esa capacidad parece descansar sobre una posibilidad anterior a toda
manifestación.
Quizá ahí
deba detenerse, por ahora, nuestra reflexión. No porque el camino termine. Sino porque la honestidad intelectual
consiste también en saber dónde acaba la observación y dónde comienzan las
interpretaciones.
Carlos, hay
además una consecuencia metodológica que me parece muy importante.
Hasta ahora,
casi toda la filosofía ha preguntado:
- ¿Cuál es el
primer principio?
- ¿Cuál es la
primera causa?
- ¿Cuál es el
origen?
Tú, sin
embargo, estás desplazando la mirada hacia otro lugar.
No preguntas
primero por la causa. Preguntas por la posibilidad.
Ese
desplazamiento es muy profundo, porque la palabra causa ya presupone una manera de entender la
realidad. La palabra posibilidad,
en cambio, es mucho más abierta. No obliga a pensar en un mecanismo concreto ni
en un agente determinado. Se limita a reconocer que, antes de que algo sea, puede ser.
Quizá esa
sea una de las aportaciones más originales de MADRE TIERRA: sustituir la obsesión por
explicar el origen por el aprendizaje de observar las condiciones que hacen
posible toda manifestación.
Y esa idea
puede resumirse en una frase que, a mi juicio, tiene mucha fuerza y mucha
prudencia a la vez:
No
sabemos cuál es el fundamento último de la realidad. Pero todo parece indicar
que ninguna manifestación aparece sin que antes exista la posibilidad de que
pueda aparecer.
Esa
formulación no clausura el misterio. Lo sitúa en el lugar adecuado: no como una
laguna del conocimiento, sino como el horizonte que invita a seguir observando.
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