MADRE TIERRA
Y
JUNG
¿Sombra de fábrica? La pregunta de Madre Tierra.
Jung ha
encendido su linterna. Ha señalado
una zona extraordinariamente importante de la vida psíquica: aquello
que no reconocemos como propio, aquello que rechazamos, aquello que no cabe
bien en la imagen consciente que tenemos de nosotros mismos.
Perfecto. No apagamos la linterna. Pero Madre Tierra entra ahora en la
habitación y hace su pregunta. Una
pregunta casi infantil. Precisamente
por eso resulta difícil esquivarla: ¿NACIMOS CON LA SOMBRA? O dicho de otra manera: ¿SOMBRA
DE FÁBRICA?
VOLVAMOS AL
PUNTO CERO Antes de contestar desde Jung. Antes de contestar desde cualquier teoría
psicológica. Salgamos un momento. Tenemos delante: UN SER HUMANO QUE ACABA DE COMENZAR SU
ITINERARIO.
Está vivo. Tiene cuerpo. Dispone de una arquitectura humana. Necesidades. Capacidades en desarrollo. Posibilidades. Sensibilidad al entorno. Capacidad de relación. De aprendizaje. De respuesta. Todo eso pertenece a nuestro MODELO. Ahora preguntamos: ¿DÓNDE
ESTÁ LA SOMBRA?
No encontramos
todavía un cajón con una etiqueta: SOMBRA. Y mucho menos podemos
afirmar que dentro haya ya: envidia, culpa,
vergüenza, ambición prohibida, miedo al fracaso, sentimiento de inferioridad, deseos rechazados, o aquello que una cultura concreta
considerará inadmisible.
Esos son contenidos. Y nuestra pregunta vuelve inmediatamente: ¿HABITACIÓN
O CONTENIDO?
QUIZÁ HEMOS
VUELTO A CONFUNDIRLOS
Ésta puede
ser la gran cuestión. Puede existir en
el modelo humano la posibilidad de: aceptar, rechazar,
atender, no atender, recordar,
olvidar, reconocer, no reconocer,
mostrar, ocultar, integrar unas experiencias mejor que otras. Perfecto.
Pero de ahí
no se sigue que nazcamos con el
contenido concreto de nuestra Sombra ya almacenado. Una cosa sería la arquitectura que hace
posible que algo quede fuera de nuestra autoimagen. Otra:
QUÉ ACABA QUEDANDO FUERA. Y ahí aparece el itinerario.
LA
HABITACIÓN PUEDE ESTAR PREPARADA. LOS MUEBLES TIENEN HISTORIA. Ésta es exactamente la distinción que
venimos utilizando.
Supongamos,
provisionalmente, que necesitamos conservar la habitación jungiana llamada Sombra. Muy bien. No discutamos todavía el nombre. Preguntemos por los muebles.
¿Por qué está esto aquí? ¿Desde cuándo? ¿Quién lo colocó?
¿En qué circunstancias? ¿Era rechazado desde el principio?
¿O llegó a ser rechazado? ¿Lo rechazó el propio caminante?
¿Su familia? ¿La escuela? ¿Su cultura? ¿Su religión? ¿Su grupo?
¿Su profesión? ¿Su época?
¿QUÉ ITINERARIO LLENÓ ESTA HABITACIÓN? Ahora la Sombra empieza a tener
biografía.
PARA QUE
ALGO SEA «INACEPTABLE»... ...tiene que
existir alguna referencia respecto a la cual resulte inaceptable.
Y ésta es
una pista enorme. Un niño expresa
algo. El entorno responde. Otra cosa. Otra respuesta. Poco a poco puede aprender:
ESTO SÍ. ESTO NO. ESTO GUSTA. ESTO MOLESTA.
ESTO SE PREMIA. ESTO SE CASTIGA.
ESTO PUEDO MOSTRARLO. ESTO MEJOR LO ESCONDO.
Aquí ya no
tenemos que imaginar una Sombra que llegó en la maleta. Tenemos un proceso que podemos
investigar.
LA SOMBRA PODRÍA IR HACIÉNDOSE MIENTRAS SE HACE LA
PERSONA
Esto es
potentísimo. Acabamos de dedicar
varios capítulos a la Persona. Y
vimos cómo el caminante aprende: ASÍ ME PRESENTO. Ahora miremos el
reverso. Mientras aprende: ÉSTE
SOY YO ANTE LOS DEMÁS, puede
ir aprendiendo también: ESTO NO DEBE FORMAR PARTE DE QUIEN YO
SOY.
Entonces
Persona y Sombra no serían simplemente dos objetos colocados dentro de la
psique. Podrían estar, al menos en
parte, relacionadas
durante el itinerario.
Cuanto más rígido sea: «YO SOY ÉSTE», más cosas pueden tener dificultades
para caber dentro de ese retrato.
EL NIÑO
«BUENO»
Volvamos a
nuestro ejemplo. Un niño aprende: YO
SOY BUENO. No hay
ningún problema. Pero supongamos que
dentro de aquel mundo «bueno» significa:
no enfadarse, no protestar, no
contradecir, no decir no.
El niño se
enfada. Porque los humanos pueden
enfadarse. ¿Qué ocurre? Quizá descubre que esa experiencia entra mal
en: YO SOY BUENO.
Entonces
puede empezar a rechazarla. Ocultarla. No reconocerse en ella. No porque el enfado naciera siendo Sombra. Sino porque: EN
ESE ITINERARIO AQUEL ENFADO ACABÓ
QUEDANDO EN SOMBRA. Menuda
diferencia.
LA MISMA
CAPACIDAD PODRÍA TENER OTRO DESTINO
Otro niño
puede crecer en un entorno donde expresar desacuerdo de manera regulada sea
aceptable.
Puede
aprender: PUEDO ENFADARME Y SIGO SIENDO YO. La capacidad humana es
comparable. Pero su ubicación
psicológica puede ser distinta. En
uno: RECONOCIDA. En
otro: DIFÍCIL DE RECONOCER.
Entonces
Madre Tierra pregunta: SI EL CONTENIDO CAMBIA SEGÚN EL
ITINERARIO... ¿PODEMOS LLAMARLO «DE
FÁBRICA»? Ahí tenemos la grieta.
PERO NO
CORRAMOS AL EXTREMO CONTRARIO
Sería
demasiado fácil decir ahora: «ENTONCES TODO ES APRENDIDO.» No lo sabemos. Y además volveríamos a convertir Madre
Tierra en dogma. El ser humano no
parte de cero.
Hay cuerpo. Temperamento. Disposiciones. Necesidades. Reacciones. Desarrollo.
Limitaciones. Capacidades.
No todos
respondemos igual ante el mismo entorno.
No todos los contenidos psicológicos pueden explicarse mediante una
frase familiar o un acontecimiento identificable. Por tanto: NO
SUSTITUIMOS «SOMBRA INNATA» POR
«SOMBRA APRENDIDA». Preguntamos. Ésa es nuestra diferencia.
¿QUÉ
ES DE FÁBRICA Y QUÉ SE FABRICÓ DURANTE EL CAMINO?
Ésta sí
puede convertirse en una pregunta central del libro. Quizá de fábrica encontramos:
POSIBILIDAD
DE RECHAZAR. Pero no
necesariamente: QUÉ RECHAZARÉ.
Quizá: POSIBILIDAD
DE SENTIR AGRESIVIDAD.
Pero no: QUÉ
SIGNIFICADO DARÉ A ESA AGRESIVIDAD.
Quizá: CAPACIDAD
DE DESEAR.
Pero no: QUÉ
DESEOS CONSIDERARÉ VERGONZOSOS.
Quizá: NECESIDAD
DE PERTENENCIA.
Pero no: QUÉ
TENDRÉ QUE OCULTAR PARA PERTENECER A ESTE GRUPO CONCRETO.
Ahí la
distinción habitación/contenido vuelve a hacer un trabajo enorme.
MADRE
TIERRA NO PREGUNTA «¿ES MALA LA SOMBRA?»
Pregunta
algo anterior: ¿CÓMO LLEGÓ A SER SOMBRA? Esta
pregunta cambia completamente la investigación. Porque
una cosa puede haber terminado en sombra por razones muy diferentes.
Porque hacía
daño. Porque estaba prohibida. Porque producía vergüenza. Porque amenazaba la pertenencia. Porque chocaba con la Persona. Porque el caminante no tenía entonces
capacidad para comprenderla. Porque
nadie supo ayudarle a incorporarla. Porque
una cultura la condenaba. Porque una
época no tenía sitio para ella.
O por una
combinación de factores. No sabemos. EXCAVAMOS.
Y AQUÍ EL
CONSTRUCTO ENTRA DE LLENO
Imaginemos
que una cultura considera determinado rasgo:
IMPROPIO.
El caminante
lo recibe. Puede incorporarlo. Y terminar diciendo: «ESTO
QUE SIENTO NO DEBERÍA EXISTIR EN MÍ.»
Décadas
después entra en una consulta psicológica.
Descubrimos algo rechazado. Y
lo llamamos: SOMBRA. Perfecto. Pero Madre Tierra pregunta: ¿LA
SOMBRA ESTABA DENTRO DE ÉL... O EL CONSTRUCTO PARTICIPÓ EN PONER AQUELLO
EN SOMBRA?
Ésta es una
pregunta distinta. No niega el
fenómeno psicológico actual. INVESTIGA SU PROCEDENCIA.
«SOMBRA»
PUEDE SER EL ESTADO ACTUAL, NO EL ORIGEN
Esto me
parece especialmente fértil. Podemos
encontrar hoy un contenido que funciona como Sombra. Está poco reconocido. Produce conflicto. Aparece indirectamente. Perfecto. Eso describe: CÓMO
ESTÁ AHORA. Pero no
necesariamente: CÓMO NACIÓ.
La palabra
puede describir una posición dentro de la organización psíquica actual sin
obligarnos a afirmar que aquello nació ocupando esa posición. Igual que encontrar una silla en el trastero
no demuestra que: LA SILLA NACIÓ TRASTERO. Alguien la llevó allí. O terminó allí. O dejó de utilizarse.
¿Y
SI LA SOMBRA ES, EN PARTE, UNA HISTORIA DE ILUMINACIÓN?
Ahora
podemos jugar con la propia metáfora de Jung.
¿Qué es una sombra? Necesita
relación con la luz. Entonces quizá
no deberíamos imaginar únicamente:
UNA HABITACIÓN
OSCURA. Podríamos
preguntar: ¿QUÉ NO FUE ILUMINADO SUFICIENTEMENTE?
¿Qué viví cuando todavía no podía
comprenderlo?
¿Qué interpreté con herramientas infantiles?
¿Qué recibí sin poder revisarlo?
¿Qué fui apartando porque no cabía en mi
presentación?
¿Qué nunca volví a mirar con la capacidad que
tengo hoy?
Aquí nuestra
idea de conciencia vuelve con una fuerza tremenda.
NO
CORREGIMOS AL NIÑO Volvemos a aquella frase: NO CORREGIMOS AL NIÑO. LE AÑADIMOS LA CONCIENCIA QUE ENTONCES
NO PODÍA TENER.
Quizá algo
fue vivido a los seis años. Fue
interpretado con seis años. Organizado
con seis años. Y nunca
suficientemente revisitado. Ahora el
caminante tiene cuarenta.
Puede
volver. No para cambiar lo sucedido. Sino para añadir: LA
CAPACIDAD ACTUAL. Entonces
algo que permanecía en sombra puede empezar a verse de otra manera.
HÁGASE
LA LUZ Aquí
nuestra expresión adquiere todo su sentido.
No
significa: «HAGAMOS POSITIVO LO NEGATIVO.» No. Luz no significa optimismo. LUZ
= VER MEJOR.
Y puede que
al iluminar encontremos algo doloroso.
Una conducta nuestra que causó daño.
Un miedo. Una mentira. Una responsabilidad. Una capacidad que abandonamos. Una antigua prohibición absurda. Una necesidad legítima. Una adaptación que ya no sirve.
O algo que
todavía no sabemos interpretar. Perfecto. QUE
PUEDA VERSE.
Y NO TODO
LO QUE ILUMINAMOS TIENE QUE SALIR DE LA SOMBRA PARA ACTUARSE Importantísimo.
Descubro agresividad. La reconozco. No tengo que agredir.
Descubro un
deseo. No tengo que realizarlo.
Descubro
envidia. No tengo que obedecerla.
Descubro
hostilidad. No queda moralmente
justificada porque ahora sea «mía». Al
contrario. CUANTO MÁS PUEDO RECONOCER,
MÁS RESPONSABLE PUEDO SER DE LO QUE HAGO CON ELLO.
Integrar no
es liberar automáticamente la conducta.
Es quitarle clandestinidad.
Y QUIZÁ
HAYA COSAS PRECIOSAS EN SOMBRA
Aquí la
pregunta «¿Sombra de fábrica?» todavía se vuelve más interesante. Una persona puede haber dejado fuera: su creatividad, su capacidad de liderazgo, su ternura, su espontaneidad, su inteligencia, su deseo de aprender, su sensualidad, su capacidad de poner límites, porque en determinado entorno esas posibilidades
no encontraron lugar.
Entonces la
investigación de la Sombra puede convertirse en algo completamente distinto de
bajar a buscar monstruos. PUEDE SER RECUPERACIÓN DE POSIBILIDADES. Y esto conecta directamente con nuestra
visión del modelo humano.
EL MODELO NO VENÍA CONDENADO
Venía con
posibilidades. El itinerario fue
desplegando unas. Limitando otras. Desarrollando algunas extraordinariamente. Dejando otras poco utilizadas. Algunas fueron aceptadas. Otras rechazadas. Algunas quedaron iluminadas. Otras en zonas de difícil acceso. Por eso aquella frase de nuestros trabajos
anteriores vuelve aquí con toda su fuerza:
VENIMOS CON POSIBILIDADES, NO CON
CONDENAS.
En el texto
de Freud ya habíamos llegado precisamente a esa formulación y, al acercarnos a
Jung, aparecía la pregunta decisiva: ante un complejo o contenido psicológico,
Madre Tierra no tiene por qué negar el fenómeno; pregunta cómo se formó en esta persona concreta
y durante qué itinerario.
ENTONCES,
¿SOMBRA DE FÁBRICA? Nuestra
respuesta, por ahora, no será: SÍ. Ni: NO. Será algo más fértil: SEPAREMOS
LA HABITACIÓN DE LOS MUEBLES.
Puede haber
en la arquitectura humana condiciones que hagan posible que ciertos aspectos queden
fuera del reconocimiento consciente. Pero
cuando encontramos este
contenido concreto en la Sombra de esta persona concreta,
Madre Tierra no permite saltarnos la investigación. Pregunta:
¿QUÉ ES? ¿CUÁNDO APARECIÓ?
¿QUÉ EDAD TENÍA EL CAMINANTE? ¿QUÉ PODÍA COMPRENDER?
¿QUÉ OCURRÍA ALREDEDOR? ¿QUIÉN LO VALORABA
NEGATIVAMENTE?
¿QUÉ PERSONA ESTABA CONSTRUYÉNDOSE?
¿QUÉ FUNCIÓN CUMPLIÓ RECHAZARLO? ¿SIGUE CUMPLIÉNDOLA?
Y cuando no
podamos responder: NO SÉ.
No llenaremos el hueco con una explicación sólo porque la habitación
esté oscura.
JUNG,
TU SOMBRA SIGUE AHÍ No
la hemos eliminado. Al contrario. Ahora tenemos más razones para
investigarla. Jung señaló: «HAY
ASPECTOS DE TI QUE NO ESTÁS RECONOCIENDO.»
Y Madre Tierra responde: «DE
ACUERDO. AHORA AVERIGÜEMOS
CÓMO LLEGARON A NO SER RECONOCIDOS.»
Jung señala
la habitación. Nosotros preguntamos
por su historia. Él enciende una
linterna. Nosotros abrimos también la
puerta y dejamos entrar el itinerario.
Y quizá descubramos algo formidable:
NO NACÍ CON «MI SOMBRA»
TERMINADA.
Quizá fui
caminando. Aprendiendo. Adaptándome. Construyendo Persona. Recibiendo mundo. Eligiendo unas cosas. Rechazando otras. Comprendiendo unas. No pudiendo comprender otras. Y algunas partes de mi propia vida: FUERON
QUEDANDO EN SOMBRA.
Entonces
cambia incluso el verbo. Ya no
necesitamos preguntar únicamente: ¿QUÉ TENGO EN LA SOMBRA?
Podemos
preguntar: ¿QUÉ FUE QUEDANDO EN SOMBRA DURANTE MI
CAMINO?
Y esa
pregunta nos lleva directamente a la siguiente excavación: si
algo quedó en Sombra porque fue rechazado...
¿RECHAZADO POR
QUIÉN?
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