LIBROS de BARBARIN I II III

viernes, 16 de octubre de 2026

MADRE TIERRA y JUNG PERSONA Y CONSTRUCTO La Persona La máscara necesaria para desenvolvernos socialmente

MADRE TIERRA y JUNG

PERSONA Y CONSTRUCTO

 La Persona       La máscara necesaria para desenvolvernos socialmente

Entramos ahora en una de las habitaciones de Jung que más directamente comunica con nuestro MUNDO HUMANO CONSTRUIDO.        Jung la llamó:      PERSONA.

La palabra procede de la máscara utilizada por los actores en el teatro antiguo.      La imagen es magnífica.       Porque el ser humano no puede presentarse ante cada situación social con la totalidad de sí mismo desplegada sobre la mesa.

Necesita formas.    Papeles.    Maneras de presentarse.    Códigos.    Modos de relación.   Necesita saber aproximadamente:     QUIÉN SOY YO AQUÍ        Y QUÉ SE ESPERA DE MÍ.    La Persona cumple esa función.

Y Madre Tierra, antes de tocar nada, dice:    PERFECTO.         LA NECESITAMOS.


NO EMPEZAMOS QUITANDO LA MÁSCARA

Esto es importante.      Podría resultar muy atractivo decir:      «Hay que vivir sin máscaras.»    Pero bastan cinco minutos de vida social para comprobar que no es tan sencillo.

No hablamos igual con:    un hijo,   un médico,   un desconocido,   un amigo,   un profesor,   un cliente,    un juez.

No nos comportamos igual en casa que en una ceremonia.    No presentamos exactamente los mismos aspectos de nosotros en todos los lugares.    Y eso no significa necesariamente falsedad.   Significa:     ADAPTACIÓN.

La Persona permite al individuo desenvolverse en el mundo social.   Por eso no venimos a destruirla.      Venimos a conocerla.


LA PERSONA ES UNA INTERFAZ

Podríamos utilizar una palabra moderna.      INTERFAZ.       Entre el individuo y el mundo social.

El mundo pregunta:       «¿Quién eres?»        Y yo respondo:

«Soy médico.»   «Soy padre.»   «Soy profesora.»   «Soy estudiante.»   «Soy escritor.»   «Soy camarero.»   «Soy director.»   «Soy jubilado.»

La respuesta puede ser perfectamente verdadera.    El problema aparece únicamente si olvidamos que:       ESO ES ALGO QUE SOY,     PERO NO TODO LO QUE SOY.      Ahí Jung enciende una luz extraordinaria.


EL PAPEL NO ES LA PERSONA ENTERA

Un médico sale del hospital.    Sigue siendo la misma persona.    Pero ya no está ejerciendo exactamente el mismo papel.

Un profesor vuelve a casa.     Una directora deja el despacho.     Un juez termina una vista.    Una actriz abandona el escenario.     La función social continúa teniendo importancia, pero cambia el contexto.        La dificultad aparece cuando el papel se pega tanto al caminante que ya no puede distinguir:         YO        de:      MI FUNCIÓN.       Entonces la máscara deja de ser algo que utilizo.    EMPIEZO A CREER QUE SOY LA MÁSCARA.     Éste es uno de los grandes descubrimientos prácticos de Jung.


MADRE TIERRA HACE SU PREGUNTA

Ya conocemos el procedimiento.      No pregunta primero:       ¿CÓMO ELIMINAMOS LA PERSONA?           Pregunta:      ¿CÓMO SE CONSTRUYÓ?

¿Para qué sirvió?     ¿Dónde empezó?    ¿Qué necesitaba resolver?    ¿Qué partes de mí permitió mostrar?     ¿Cuáles dejó fuera?    ¿Qué esperaba el entorno?    ¿Qué aprendí que era conveniente presentar?     ¿Qué papel fui adquiriendo?    ¿Sigue cumpliendo hoy la misma función?

De repente la Persona deja de ser una máscara abstracta de la psicología profunda.     RECUPERA BIOGRAFÍA.


NADIE FABRICA SU PERSONA COMPLETAMENTE SOLO

Aquí vuelve nuestro capítulo 6:   MI BIOGRAFÍA ESTÁ RODEADA DE BIOGRAFÍAS.

La Persona se desarrolla en relación.     Hay familia.   Escuela.   Amigos.   Profesión.  Cultura.   Época.   Expectativas.   Reconocimiento.  Rechazo.    Premios.   Castigos.  Necesidades.

El caminante va descubriendo:     ESTO FUNCIONA AQUÍ.      ESTO NO.     ESTO GUSTA.     ESTO MOLESTA.     ASÍ ME ESCUCHAN.    ASÍ ME RECHAZAN.     ASÍ ENCAJO.

Y poco a poco va apareciendo una manera de presentarse.     No necesariamente mediante una decisión consciente.     Simplemente:      EL ITINERARIO VA CONSTRUYENDO UNA FORMA DE ESTAR ANTE LOS DEMÁS.


«SÉ BUENO»

Una frase aparentemente sencilla.      Un niño aprende que ser «bueno» obtiene reconocimiento.    Perfecto.      Pero:    ¿QUÉ SIGNIFICA BUENO EN ESA CASA?

¿Obedecer?    ¿No enfadarse?    ¿No molestar?   ¿Ayudar?     ¿Sacar buenas notas?   ¿No contradecir?    ¿Ser generoso?    ¿Sonreír?

La palabra puede esconder un mundo entero.      El niño quizá va construyendo una presentación compatible con aquello que recibe como «bueno».     Décadas después puede decir:    «YO SOY ASÍ.»               Madre Tierra pregunta:     ¿ERES ASÍ      O        APRENDISTE TAMBIÉN A PRESENTARTE ASÍ?      No tenemos todavía la respuesta.        Investigamos.


AQUÍ LA PERSONA SE ENCUENTRA CON EL CONSTRUCTO

Y éste es el motivo de que esta parte del libro se llame:       PERSONA Y CONSTRUCTO.      Porque ¿ante qué necesita presentarse la Persona?       En gran medida:   ANTE EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO.

Profesiones.    Jerarquías.    Normas.   Protocolos.    Instituciones.     Prestigio.     Modales.    Roles.   Expectativas.     Convenciones.    Formas de reconocimiento.   

Por tanto, una parte importante de la Persona se desarrolla precisamente en la frontera entre:       EL CAMINANTE    Y     EL CONSTRUCTO.        Ahí Jung y Madre Tierra se dan la mano de una manera extraordinariamente natural.


¿ADAPTARSE A QUÉ?

Nuestro capítulo 13 vuelve entero.      Una Persona puede estar perfectamente adaptada.    Pero necesitamos preguntar:     ¿A QUÉ?      Una determinada empresa puede premiar competitividad.    Otra, cooperación.       Una época puede exigir determinadas maneras de vestir.       Otra, otras.     Un grupo puede valorar silencio.       Otro, expresividad.       Una profesión puede requerir distancia.    Otra, cercanía.     El individuo aprende códigos.    Y puede utilizarlos inteligentemente.    Pero ahora sabemos algo:     EL CÓDIGO NO ES MADRE TIERRA.

Es una construcción humana.    Puede ser útil.    Necesario incluso.    Pero tiene historia.   Y por tanto puede cambiar.


ESTO LIBERA MUCHÍSIMO

Porque algo que parecía:     «YO SOY ASÍ»        puede empezar a convertirse en:     «ÉSTA ES UNA MANERA QUE APRENDÍ A UTILIZAR.»

No significa que sea falsa.     No significa que haya que abandonarla.     Puede ser magnífica.    Pero ya no ocupa toda la identidad.      Puedo decir:       ME HA SERVIDO.       ME SIRVE.      LA UTILIZO.         Y ahí aparece una distancia pequeñísima pero fundamental entre:

YO       y:      MI PERSONA.


PUEDO PONERME EL TRAJE SIN CREER QUE SOY EL TRAJE

Ésta puede ser una de las frases centrales de toda esta parte.      Necesito el traje.     Voy a trabajar.     Me lo pongo.     Cumplo mi función.     Regreso.    Y puedo quitármelo.                           El problema no es el traje.      El problema empieza cuando olvido que llevo uno.   

 Entonces incluso al acostarme sigo siendo:    el director,    la profesora,   el triunfador,   el fuerte,    la cuidadora,    el gracioso,    el intelectual,     el que nunca necesita a nadie.    La Persona ha invadido la casa.


EL ÉXITO PUEDE PEGAR LA MÁSCARA

Esto es interesante.        Normalmente pensamos que el problema aparece cuando una adaptación fracasa.        Pero puede ocurrir exactamente lo contrario.      LA PERSONA PUEDE FUNCIONAR DEMASIADO BIEN.

Recibo reconocimiento.   Prestigio.   Dinero.   Afecto.   Seguridad.   Admiración.    El mundo confirma continuamente:        SÍ. ÉSE ERES TÚ.

Entonces ¿por qué iba a cuestionarlo?     La máscara se vuelve extraordinariamente eficaz.    Hasta que quizá algún día aparece una pregunta:     ¿Y QUÉ HAY DETRÁS?      No porque lo construido sea malo.       Porque el caminante es mayor que la función que le ha dado éxito.


TAMBIÉN PUEDE EXISTIR UNA PERSONA DEL FRACASO

No sólo construimos máscaras prestigiosas.     Alguien puede llegar a presentarse como:

«Yo soy el desastre.»    «Siempre meto la pata.»    «Soy el raro.»    «Yo no sirvo para eso.»   «Soy el que necesita ayuda.»

También puede convertirse en papel.    Puede tener una historia.    Puede haber surgido dentro de determinadas relaciones.    Puede haber sido reforzado.

Y nuevamente:    NO LO ARRANCAMOS.    Preguntamos:   ¿CÓMO LLEGASTE A PRESENTARTE ASÍ?       La linterna antes que el martillo.


LA PERSONA PROTEGE

Esto merece reconocimiento.        Una máscara puede proteger partes íntimas que no necesitan estar expuestas permanentemente.     No tenemos obligación de mostrar todo a todo el mundo.    La intimidad también es una posibilidad humana.     Elegir qué compartimos, cuándo, dónde y con quién puede ser una forma saludable de libertad.     Por eso:      AUTENTICIDAD NO SIGNIFICA EXPOSICIÓN TOTAL.

No necesitamos convertir «ser uno mismo» en otra obligación del constructo.     La Persona puede permitirnos conservar intimidad mientras participamos en sociedad.      Otra vez:   LA FUNCIÓN ES ÚTIL.


LA PERSONA TAMBIÉN PUEDE DAR LIBERTAD

Esto parece paradójico.     Una máscara puede limitarnos.    Pero también puede permitirnos entrar en determinados espacios.    Aprendo el lenguaje de una profesión.   Sus formas.    Sus procedimientos.

Eso me permite participar.    Aprendo unas normas de convivencia.     Eso facilita la relación.   Aprendo a hablar en público.    Construyo una forma de presentarme.   Y esa Persona me permite hacer algo que antes no podía.    Por tanto:     CONSTRUCTO NO SIGNIFICA CÁRCEL.

Una construcción puede ampliar posibilidades.    La cuestión continúa siendo:    SABER QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO.


CUANDO LA PERSONA SE VUELVE RÍGIDA

Aquí empieza la dificultad.        La Persona que fue herramienta se convierte en obligación.

TENGO QUE SER SIEMPRE FUERTE.                 TENGO QUE SER SIEMPRE BUENO.

TENGO QUE SABER SIEMPRE LA RESPUESTA.              TENGO QUE CAER BIEN.

NO PUEDO MOSTRAR DUDA.        NO PUEDO NECESITAR.           NO PUEDO FALLAR.

Entonces la máscara empieza a cobrar un precio.      Y quizá otras posibilidades humanas quedan sin espacio suficiente.       Jung mira hacia esas zonas excluidas.     Y muy pronto aparecerá:     LA SOMBRA.       Pero todavía no corramos.          Primero comprendamos bien la Persona.


NO TODO LO QUE QUEDA FUERA ES SOMBRA

Esto conviene decirlo ya.        Que algo no aparezca en mi Persona social no significa automáticamente que esté reprimido o pertenezca a la Sombra.

Simplemente puede ser:    privado,   irrelevante para ese contexto,   poco desarrollado,   no necesario,    reservado para otras relaciones.

No convertiremos cada diferencia entre vida pública y privada en conflicto psicológico.     La casa tiene habitaciones.      Y no necesitamos enseñar todas a cada visitante.


JUNG VIO ALGO EXTRAORDINARIAMENTE COTIDIANO

Ésta es una de las cosas que más me gusta de esta herramienta.    No hace falta viajar a ningún lugar misterioso.     Miremos alrededor.   Uniformes.   Títulos.   Tarjetas profesionales.   Perfiles digitales.   Currículos.    Fotografías.    Presentaciones.

«¿A qué te dedicas?»     «¿Qué estudiaste?»      «¿Qué cargo tienes?»

«¿Cuántos seguidores?»      «¿Qué has conseguido?»

El mundo construido necesita formas rápidas de identificarnos.   Son útiles.    Pero ninguna puede contener:      UNA VIDA ENTERA.      Jung vio la diferencia entre el ser humano y la presentación social del ser humano.       Menudo hallazgo.


Y HOY LA PERSONA PUEDE MULTIPLICARSE

Esto Jung no pudo verlo en nuestra forma actual.      Una misma persona puede tener:    una Persona profesional,    otra familiar,   otra social,    otra digital.

Puede presentarse de maneras diferentes en espacios diferentes.    Y las plataformas actuales permiten incluso diseñar cuidadosamente una identidad pública.    No es necesariamente falso.    Pero hace todavía más actual la pregunta jungiana:    ¿CUÁNTO ME IDENTIFICO CON LA IMAGEN QUE PRESENTO?

Y Madre Tierra añade:   ¿QUÉ CONSTRUCTO ESTÁ PARTICIPANDO EN SU FABRICACIÓN?

La herramienta de Jung no envejeció.     Acabamos de ponerla en el siglo XXI.


LA PERSONA NO ES EL ENEMIGO

Podemos dejarlo absolutamente claro:    NO QUEREMOS QUITARLE LA MÁSCARA AL SER HUMANO.         Queremos que pueda reconocerla.     Comprenderla.     Utilizarla.    Flexibilizarla cuando sea posible.     Cambiarla cuando deje de servir.     Y sobre todo:    NO CONFUNDIRLA CON LA TOTALIDAD DE SÍ MISMO.     Eso es muy distinto.


LA PERSONA VUELVE A LA VIDA

Ahora podemos devolver la Persona jungiana a nuestra casa.      Hay un ser humano vivo.    Tiene un itinerario.    Entra en un mundo social ya construido.    Necesita desenvolverse.   Aprende códigos.    Desarrolla maneras de presentarse.    Algunas le sirven extraordinariamente bien.   Otras pueden volverse rígidas.    Algunas cambian.    Otras permanecen.

Y un día aparece conciencia.     Entonces puede mirarse y preguntar:

¿QUÉ PARTE DE ESTO SOY?         ¿QUÉ PARTE APRENDÍ A MOSTRAR?

¿PARA QUÉ?       ¿ANTE QUIÉN?       ¿DESDE CUÁNDO?       ¿ME SIRVE TODAVÍA?

No para arrancarse la máscara.     Para conseguir algo mucho más interesante:    PODER PONÉRSELA Y QUITÁRSELA.     Ahí aparece libertad.

Jung llamó Persona a una herramienta necesaria de adaptación social. En nuestros propios apuntes ya aparecía precisamente la pregunta que ahora se vuelve central: si la Persona sirve para «encajar», debemos preguntar en qué constructo está encajando y qué parte de esa adaptación sigue siendo necesaria.

Y ahora podemos dar un paso más.         Porque si para desenvolverme socialmente he aprendido:     ESTO SÍ PUEDO MOSTRAR,          inevitablemente aparece la pregunta complementaria:            ¿Y QUÉ HE APRENDIDO A NO MOSTRAR?

Ahí empieza a dibujarse la frontera.     Todavía no hemos entrado en la Sombra.    Antes necesitamos mirar cómo se fabrica esa máscara.     Ese será nuestro siguiente paso:. ¿Cómo se construye la Persona?    Familia, escuela, profesión, cultura, época y necesidad de pertenecer.

 

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