LIBROS de BARBARIN I II III

viernes, 16 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD LA NOCHE TAMBIÉN PERTENECE A MADRE TIERRA Día y noche

 JUNG PASEANDO  SINCRONICIDAD

LA NOCHE TAMBIÉN PERTENECE A MADRE TIERRA

 Día y noche       Sí. Y aquí puede producirse otro de esos cambios que parecen obvios después de verlos. Sabemos que existe el día y sabemos que existe la noche, pero los hemos convertido casi en decorado. Y, sin embargo, organizan profundamente nuestra vida. Tu centinela es una imagen magnífica: incluso cuando algunos humanos alteran el reparto natural de actividad y descanso por necesidad colectiva, no han eliminado la noche; han organizado cómo atravesarla.

Y para nuestro tema esto es decisivo: si queremos estudiar al receptor humano entero, no podemos estudiar solamente al humano despierto.

27. DÍA Y NOCHE      El peregrino ha caminado durante horas.   La luz empieza a disminuir.    El paisaje cambia.    Los colores cambian.    La temperatura puede cambiar.    Cambian sonidos.    Cambian animales.   Cambia su propio cuerpo.

Y ocurre algo que sucede todos los días y que precisamente por suceder todos los días casi hemos dejado de considerar extraordinario:     LLEGA LA NOCHE.

No la ha decidido él.     No la ha producido.    No puede impedirla.    Puede encender una lámpara.    Puede construir una ciudad iluminada.     Puede trabajar.     Puede mirar una pantalla.     Puede permanecer despierto.

Pero ninguna de esas cosas elimina el acontecimiento:     EN MADRE TIERRA SE HA HECHO DE NOCHE.


ANTES DE NUESTROS RELOJES YA HABÍA DÍA Y NOCHE

Esto vuelve a colocarnos.    El humano inventó horarios.   Turnos.    Calendarios.    Jornadas laborales.    Horas comerciales.    Despertadores.   Iluminación artificial.    Pero no inventó:     DÍA.     NOCHE.     Los encontró.

Estaban aquí antes de nuestras organizaciones.    Y nuestra vida tuvo que desarrollarse dentro de esa alternancia.      Por tanto, día y noche no son solamente dos palabras del calendario.        Son dos condiciones diferentes dentro de las cuales transcurre nuestra existencia.


DEPENDEMOS MUCHO MÁS DE ESTO DE LO QUE PARECE

Aquí puede producirse el revulsivo.     Porque sabemos que dependemos del aire.       Del agua.    Del alimento.     De determinadas temperaturas.     Pero quizá hemos dejado demasiado al fondo otra dependencia:

VIVIMOS EN UN PLANETA QUE ALTERNA LUZ Y OSCURIDAD.

Nuestra actividad cotidiana se ha construido durante muchísimo tiempo dentro de esa alternancia.     Hay momentos para moverse.     Momentos para disminuir actividad.     Momentos para ver con facilidad.     Momentos en que la visión deja de proporcionarnos la misma información.     Momentos en que aparecen otros sonidos.     Otros comportamientos.      Otra relación con el entorno.        No es simplemente:        «AHORA HAY MENOS LUZ.»    Cambia la situación completa del receptor.


EL MISMO LUGAR NO ES EL MISMO LUGAR DE NOCHE

Volvamos al camino.         El sendero que por la mañana parecía evidente puede volverse difícil al anochecer.       Una piedra que veíamos deja de verse.       Una distancia resulta más difícil de calcular.     Aparecen sonidos que durante el día quedaban ocultos.      Otros desaparecen.    

Nuestra atención cambia.        Nuestro cuerpo responde de otra manera.

El mismo bosque...     no es vivido igual.

La misma montaña...    no es recibida igual.

La misma casa...    no se experimenta igual.    Por tanto:     

CUANDO CAMBIA LA LUZ
NO CAMBIA SOLAMENTE LO QUE HAY DELANTE.

CAMBIA TAMBIÉN NUESTRA MANERA DE RECIBIRLO.


EL RECEPTOR TIENE DÍA Y TIENE NOCHE       Esto es fundamental para nuestro trabajo.

Hasta ahora hemos estudiado:    atención,   apertura,   emoción,    pensamiento,    memoria,    biografía,    consciente e inconsciente,    habitación de captación.    Pero podríamos haber cometido un error enorme:

ESTUDIAR TODO ESO COMO SI EL HUMANO ESTUVIERA SIEMPRE DESPIERTO A MEDIODÍA.        No.

El receptor también se cansa.   Su atención cambia.   Necesita descanso.   Duerme.   Sueña.   Despierta.    Y después vuelve a caminar.

Por tanto, si queremos estudiar al humano entero tendremos que estudiar también:     QUÉ OCURRE CUANDO SE HACE DE NOCHE.


LA NOCHE NO ES UN AGUJERO ENTRE DOS DÍAS

Quizá éste sea uno de los cambios más importantes.

Podemos pensar:           día → actividad.           noche → interrupción.           día siguiente → continúa la vida.

Pero no.    LA VIDA NO SE INTERRUMPE CUANDO DORMIMOS.

El ser vivo continúa.   Respira.   Regula.    Procesa.   Mantiene innumerables funciones.      Y cuando despierta no tiene que volver a ser creado.

ES EL MISMO ITINERARIO QUE HA ATRAVESADO LA NOCHE.

Entonces la noche deja de ser un hueco vacío.     Forma parte de la continuidad.


EL CENTINELA      Y aquí aparece tu imagen.     El grupo duerme.

Pero alguien permanece despierto.    EL CENTINELA.     ¿Por qué?      Porque el grupo reconoce que durante la noche también pueden ocurrir cosas.        La oscuridad no detiene la realidad.      Puede cambiar nuestra capacidad de advertirla.      Por eso alguien vigila mientras otros descansan.

Después cambiarán.     El que vigilaba podrá dormir.     Otro ocupará su lugar.    Qué imagen tan interesante.

LA NECESIDAD INDIVIDUAL DE DESCANSO SE RESUELVE MEDIANTE ORGANIZACIÓN COLECTIVA.

Otra vez:     solo no.       Con otros.


NO TODOS TIENEN QUE ESTAR DESPIERTOS PARA QUE EL CONJUNTO CONTINÚE

Esto nos devuelve al apartado anterior.      La continuidad humana puede apoyarse en distribución de funciones.    Uno descansa.    Otro cuida.   Uno duerme.     Otro atiende.    Después intercambian posiciones.

El grupo puede hacer algo que el individuo solo no podría sostener indefinidamente.        CUIDARNOS PERMITE TAMBIÉN DORMIR.            Esto es precioso.         Dormir implica, en muchas situaciones humanas, poder abandonar durante un tiempo una parte de nuestra vigilancia.           Y eso resulta mucho más posible cuando existe seguridad alrededor.


HEMOS INTENTADO VENCER A LA NOCHE

Después llegó algo extraordinario.       Luz artificial.       Y pudimos prolongar el día.     Trabajar.     Leer.    Viajar.    Producir.    Comunicarnos.   Divertirnos.

Una conquista formidable.    Pero quizá, como tantas veces, una capacidad nueva puede hacernos olvidar la condición anterior.

Porque encender una bombilla no convierte la noche en día.     Nos permite hacer determinadas cosas durante la noche.     No es exactamente lo mismo.     Esta diferencia merece ser recuperada.


EL CONSTRUCTO PUEDE IGNORAR LA NOCHE; EL CUERPO NO NECESARIAMENTE

El reloj dice:      son las dos.    La pantalla continúa.     La ciudad continúa.    El trabajo puede continuar.      La información continúa llegando.     Pero el ser vivo tiene su propia historia dentro de la alternancia terrestre.     Y entonces aparece una pregunta incómoda:

¿CUÁNTO DE NUESTRA ORGANIZACIÓN ACTUAL RESPETA EL SER VIVO QUE SOMOS
Y CUÁNTO LE EXIGE COMPORTARSE COMO SI DÍA Y NOCHE FUERAN INTERCAMBIABLES?

No necesitamos responder ahora.       Basta con recuperar la pregunta.


DÍA Y NOCHE SON TAMBIÉN INFORMACIÓN

Amanece.    Anochece.    La luz aumenta.    Disminuye.    Cambian     temperaturas.    Cambian comportamientos.    Cambian posibilidades.

El ser vivo recibe todo eso.      Entonces día y noche también forman parte de aquella enorme cantidad de información terrestre que hemos ido descubriendo.       No necesitan enviarnos un mensaje.

SU PROPIA EXISTENCIA YA MODIFICA LAS CONDICIONES EN LAS QUE VIVIMOS.           Otra vez:       información sin necesidad de mensajero.


Y NUESTRO ESTADO TAMBIÉN CAMBIA

Esto será decisivo para lo que viene.    No pensamos exactamente igual siempre.      No atendemos igual siempre.    No sentimos igual siempre.    No recordamos igual siempre.      No tenemos idéntica disposición después de horas de actividad que después de descansar.     Por tanto, cuando estudiemos una experiencia tendremos que empezar a preguntar también:

¿EN QUÉ ESTADO ESTABA EL RECEPTOR?

¿Despierto?    ¿Cansado?    ¿Adormecido?    ¿Durmiendo?     ¿Acababa de despertar?    ¿Era de día?     ¿Era de noche?

Hasta ahora quizá habíamos tratado estas circunstancias como detalles.     Empiezan a dejar de serlo.


LA NOCHE PUEDE CAMBIAR EL PRIMER PLANO

Durante el día gran parte de nuestra atención está ocupada.     Personas.    Trabajo.    Movimiento.    Conversaciones.    Problemas.     Decisiones.    Objetos.    Pantallas.     El mundo reclama continuamente nuestra atención.

Llega la noche.     Parte de aquello disminuye.    Y cuando finalmente dormimos, nuestra relación consciente habitual con el entorno cambia todavía más.

Entonces pueden aparecer:   recuerdos,   imágenes,   asociaciones,    emociones,   sueños.  

No necesitamos decidir todavía qué son.    Mucho menos qué significan.    Primero:      OCURREN.      Y forman parte de nuestra vida terrestre.


NO HAY DOS HUMANOS: EL DEL DÍA Y EL DE LA NOCHE

Ésta puede ser una recolocación enorme.     No soy una persona durante el día...      y otra cosa incomprensible cuando duermo.

SOY EL MISMO SER VIVO ATRAVESANDO ESTADOS DIFERENTES.

Mi biografía no desaparece cuando cierro los ojos.       Mi cuerpo tampoco.      Mi memoria tampoco deja simplemente de existir.      Aquello que he vivido durante el día no queda necesariamente aislado de la noche.     Y aquello que ocurre durante la noche puede acompañarme al despertar.

Hay continuidad.     Otra vez:      CONTINUIDAD.


Y AQUÍ LA SINCRONICIDAD ENCUENTRA LA NOCHE

Muchísimas experiencias que después consideramos significativas pueden contener sueños.    Una imagen nocturna.      Una sensación al despertar.   

Una coincidencia entre algo soñado y algo ocurrido después.     Llegaremos ahí.       Pero ahora estamos mucho mejor preparados.      No empezaremos diciendo:      «PREMONICIÓN.»     Tampoco:  «TONTERÍAS DEL SUEÑO.»    Preguntaremos:

¿Qué ocurrió durante el día?      ¿Qué información había recibido el organismo?     ¿Qué preocupaba a la persona?    ¿Qué recordaba?     ¿Qué no había advertido conscientemente?     ¿Qué apareció durante la noche?    ¿Qué recordamos realmente al despertar?      ¿Qué ocurrió después?             Y entonces podremos estudiar la correspondencia.


DEVOLVAMOS LA NOCHE A MADRE TIERRA

Quizá eso sea lo primero.      La habíamos convertido en:    hora de dormir,   tiempo libre,   turno nocturno,    ocio,    insomnio,    unas horas entre dos jornadas.     Pero antes de todo eso:      ES NOCHE.

La Tierra continúa.    La vida continúa.    Nuestro organismo continúa.    Y nosotros continuamos perteneciendo a ella.      No salimos de Madre Tierra al cerrar los ojos.


El peregrino contempla cómo desaparece la última luz.      Quizá hace miles de años otro humano contempló algo parecido.       No tenía interruptor.      No tenía reloj digital.      No tenía pantalla.

Sabía algo elemental:     HA LLEGADO LA NOCHE.    Tendría que adaptarse.    Buscar refugio.     Descansar.    Mantener fuego.    Escuchar.

Quizá alguien vigilaría.    Y después...    esperar nuevamente la luz.

Nosotros hemos cambiado enormemente nuestras posibilidades.    Pero el acontecimiento continúa ocurriendo cada día.    DÍA.        NOCHE.      DÍA.     NOCHE.            Y quizá uno de los descubrimientos más revolucionarios sea precisamente éste:     NO HAY QUE DESCUBRIR QUE EXISTEN.

HAY QUE VOLVER A DESCUBRIR CUÁNTO DEPENDEMOS DE ELLOS.

Porque entonces la noche deja de ser aquello que queda cuando termina el día.      LA NOCHE RECUPERA SU LUGAR DENTRO DE LA VIDA.

 

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