JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD
LA NOCHE TAMBIÉN PERTENECE A MADRE TIERRA
Día y noche Sí. Y aquí puede
producirse otro de esos cambios que parecen obvios después de verlos. Sabemos que existe
el día y sabemos que existe la noche, pero los hemos convertido casi en
decorado. Y, sin embargo, organizan profundamente nuestra vida. Tu centinela es
una imagen magnífica: incluso cuando algunos humanos alteran el reparto natural
de actividad y descanso por necesidad colectiva, no han eliminado la
noche; han organizado cómo atravesarla.
Y para
nuestro tema esto es decisivo: si queremos estudiar al receptor humano entero, no podemos estudiar
solamente al humano despierto.
27. DÍA Y NOCHE El peregrino ha caminado durante horas. La luz empieza a disminuir. El paisaje cambia. Los colores cambian. La temperatura puede cambiar. Cambian sonidos. Cambian animales. Cambia su propio cuerpo.
Y ocurre
algo que sucede todos los días y que precisamente por suceder todos los días
casi hemos dejado de considerar extraordinario: LLEGA LA NOCHE.
No la ha
decidido él. No la ha producido. No puede impedirla. Puede encender una lámpara. Puede construir una ciudad iluminada. Puede trabajar. Puede mirar una pantalla. Puede permanecer despierto.
Pero ninguna
de esas cosas elimina el acontecimiento:
EN
MADRE TIERRA SE HA HECHO DE NOCHE.
ANTES DE
NUESTROS RELOJES YA HABÍA DÍA Y NOCHE
Esto vuelve
a colocarnos. El humano inventó
horarios. Turnos. Calendarios. Jornadas laborales. Horas comerciales. Despertadores. Iluminación artificial. Pero no inventó: DÍA.
NOCHE. Los encontró.
Estaban aquí
antes de nuestras organizaciones. Y
nuestra vida tuvo que desarrollarse dentro de esa alternancia. Por tanto, día y noche no son solamente
dos palabras del calendario. Son
dos condiciones diferentes dentro de las cuales transcurre nuestra existencia.
DEPENDEMOS
MUCHO MÁS DE ESTO DE LO QUE PARECE
Aquí puede
producirse el revulsivo. Porque
sabemos que dependemos del aire. Del
agua. Del alimento. De determinadas temperaturas. Pero quizá hemos dejado demasiado al fondo
otra dependencia:
VIVIMOS
EN UN PLANETA QUE ALTERNA LUZ Y OSCURIDAD.
Nuestra
actividad cotidiana se ha construido durante muchísimo tiempo dentro de esa
alternancia. Hay momentos para
moverse. Momentos para disminuir
actividad. Momentos para ver con
facilidad. Momentos en que la visión
deja de proporcionarnos la misma información. Momentos en que aparecen otros sonidos. Otros comportamientos. Otra relación con el entorno. No es simplemente: «AHORA HAY MENOS LUZ.» Cambia la situación completa del
receptor.
EL MISMO
LUGAR NO ES EL MISMO LUGAR DE NOCHE
Volvamos al
camino. El sendero que por la
mañana parecía evidente puede volverse difícil al anochecer. Una piedra que veíamos deja de verse. Una distancia resulta más difícil de
calcular. Aparecen sonidos que
durante el día quedaban ocultos. Otros
desaparecen.
Nuestra
atención cambia. Nuestro cuerpo
responde de otra manera.
El mismo
bosque... no es vivido igual.
La misma
montaña... no es recibida igual.
La misma
casa... no se experimenta igual. Por tanto:
CUANDO CAMBIA LA LUZ
NO
CAMBIA SOLAMENTE LO QUE HAY DELANTE.
CAMBIA TAMBIÉN NUESTRA MANERA DE
RECIBIRLO.
EL RECEPTOR
TIENE DÍA Y TIENE NOCHE Esto es fundamental para nuestro trabajo.
Hasta ahora
hemos estudiado: atención, apertura,
emoción, pensamiento, memoria,
biografía, consciente e
inconsciente, habitación de captación. Pero podríamos haber cometido un error
enorme:
ESTUDIAR TODO ESO COMO SI EL HUMANO
ESTUVIERA SIEMPRE DESPIERTO A MEDIODÍA.
No.
El receptor
también se cansa. Su atención cambia. Necesita descanso. Duerme.
Sueña. Despierta. Y después vuelve a caminar.
Por tanto,
si queremos estudiar al humano entero tendremos que estudiar también: QUÉ OCURRE CUANDO SE HACE DE NOCHE.
LA NOCHE NO
ES UN AGUJERO ENTRE DOS DÍAS
Quizá éste
sea uno de los cambios más importantes.
Podemos
pensar: día → actividad. noche → interrupción. día siguiente → continúa la vida.
Pero no. LA VIDA NO SE INTERRUMPE CUANDO DORMIMOS.
El ser vivo
continúa. Respira. Regula.
Procesa. Mantiene innumerables
funciones. Y cuando despierta no
tiene que volver a ser creado.
ES
EL MISMO ITINERARIO QUE HA ATRAVESADO LA NOCHE.
Entonces la
noche deja de ser un hueco vacío. Forma
parte de la continuidad.
EL
CENTINELA Y aquí aparece tu imagen. El grupo duerme.
Pero alguien
permanece despierto. EL CENTINELA. ¿Por qué? Porque el grupo reconoce que durante la
noche también pueden ocurrir cosas. La oscuridad no detiene la realidad. Puede cambiar nuestra capacidad de
advertirla. Por eso alguien vigila
mientras otros descansan.
Después
cambiarán. El que vigilaba podrá
dormir. Otro ocupará su lugar. Qué imagen tan interesante.
LA NECESIDAD INDIVIDUAL DE DESCANSO SE
RESUELVE MEDIANTE ORGANIZACIÓN COLECTIVA.
Otra vez: solo no. Con otros.
NO TODOS TIENEN QUE ESTAR DESPIERTOS PARA QUE
EL CONJUNTO CONTINÚE
Esto nos
devuelve al apartado anterior. La
continuidad humana puede apoyarse en distribución de funciones. Uno descansa. Otro cuida. Uno duerme. Otro atiende. Después intercambian posiciones.
El grupo
puede hacer algo que el individuo solo no podría sostener indefinidamente. CUIDARNOS PERMITE TAMBIÉN DORMIR. Esto es precioso. Dormir implica, en muchas situaciones
humanas, poder abandonar durante un tiempo una parte de nuestra vigilancia. Y eso resulta mucho más posible
cuando existe seguridad alrededor.
HEMOS
INTENTADO VENCER A LA NOCHE
Después
llegó algo extraordinario. Luz
artificial. Y pudimos prolongar el
día. Trabajar. Leer.
Viajar. Producir. Comunicarnos. Divertirnos.
Una
conquista formidable. Pero quizá, como
tantas veces, una capacidad nueva puede hacernos olvidar la condición anterior.
Porque
encender una bombilla no convierte la noche en día. Nos permite hacer determinadas cosas
durante la noche. No es exactamente
lo mismo. Esta diferencia merece ser
recuperada.
EL CONSTRUCTO PUEDE IGNORAR LA NOCHE; EL
CUERPO NO NECESARIAMENTE
El reloj
dice: son las dos. La pantalla continúa. La ciudad continúa. El trabajo puede continuar. La información continúa llegando. Pero el ser vivo tiene su propia historia
dentro de la alternancia terrestre. Y
entonces aparece una pregunta incómoda:
¿CUÁNTO DE NUESTRA ORGANIZACIÓN ACTUAL
RESPETA EL SER VIVO QUE SOMOS
Y
CUÁNTO LE EXIGE COMPORTARSE COMO SI DÍA Y NOCHE FUERAN INTERCAMBIABLES?
No
necesitamos responder ahora. Basta
con recuperar la pregunta.
DÍA Y NOCHE
SON TAMBIÉN INFORMACIÓN
Amanece. Anochece.
La luz aumenta. Disminuye. Cambian temperaturas. Cambian comportamientos. Cambian posibilidades.
El ser vivo
recibe todo eso. Entonces día y
noche también forman parte de aquella enorme cantidad de información terrestre
que hemos ido descubriendo. No
necesitan enviarnos un mensaje.
SU
PROPIA EXISTENCIA YA MODIFICA LAS CONDICIONES EN LAS QUE VIVIMOS. Otra vez: información sin necesidad de mensajero.
Y NUESTRO
ESTADO TAMBIÉN CAMBIA
Esto será
decisivo para lo que viene. No
pensamos exactamente igual siempre. No
atendemos igual siempre. No sentimos
igual siempre. No recordamos igual
siempre. No tenemos idéntica
disposición después de horas de actividad que después de descansar. Por tanto, cuando estudiemos una
experiencia tendremos que empezar a preguntar también:
¿EN
QUÉ ESTADO ESTABA EL RECEPTOR?
¿Despierto? ¿Cansado?
¿Adormecido? ¿Durmiendo? ¿Acababa de despertar? ¿Era de día? ¿Era de noche?
Hasta ahora
quizá habíamos tratado estas circunstancias como detalles. Empiezan a dejar de serlo.
LA NOCHE
PUEDE CAMBIAR EL PRIMER PLANO
Durante el
día gran parte de nuestra atención está ocupada. Personas. Trabajo.
Movimiento. Conversaciones. Problemas. Decisiones. Objetos.
Pantallas. El mundo reclama
continuamente nuestra atención.
Llega la
noche. Parte de aquello disminuye. Y cuando finalmente dormimos, nuestra
relación consciente habitual con el entorno cambia todavía más.
Entonces
pueden aparecer: recuerdos, imágenes,
asociaciones, emociones, sueños.
No
necesitamos decidir todavía qué son. Mucho
menos qué significan. Primero: OCURREN. Y forman parte de nuestra vida
terrestre.
NO HAY DOS
HUMANOS: EL DEL DÍA Y EL DE LA NOCHE
Ésta puede
ser una recolocación enorme. No soy
una persona durante el día... y otra
cosa incomprensible cuando duermo.
SOY
EL MISMO SER VIVO ATRAVESANDO ESTADOS DIFERENTES.
Mi biografía
no desaparece cuando cierro los ojos.
Mi cuerpo tampoco. Mi memoria
tampoco deja simplemente de existir.
Aquello que he vivido durante el día no queda necesariamente aislado de
la noche. Y aquello que ocurre
durante la noche puede acompañarme al despertar.
Hay
continuidad. Otra vez: CONTINUIDAD.
Y AQUÍ LA
SINCRONICIDAD ENCUENTRA LA NOCHE
Muchísimas
experiencias que después consideramos significativas pueden contener sueños. Una imagen nocturna. Una sensación al despertar.
Una
coincidencia entre algo soñado y algo ocurrido después. Llegaremos ahí. Pero ahora estamos mucho mejor
preparados. No empezaremos diciendo: «PREMONICIÓN.» Tampoco: «TONTERÍAS DEL SUEÑO.» Preguntaremos:
¿Qué ocurrió
durante el día? ¿Qué información
había recibido el organismo? ¿Qué
preocupaba a la persona? ¿Qué
recordaba? ¿Qué no había advertido
conscientemente? ¿Qué apareció
durante la noche? ¿Qué recordamos
realmente al despertar? ¿Qué ocurrió
después? Y entonces podremos
estudiar la correspondencia.
DEVOLVAMOS
LA NOCHE A MADRE TIERRA
Quizá eso
sea lo primero. La habíamos convertido
en: hora de dormir, tiempo libre, turno nocturno, ocio,
insomnio, unas horas entre dos
jornadas. Pero antes de todo eso: ES NOCHE.
La Tierra
continúa. La vida continúa. Nuestro organismo continúa. Y nosotros continuamos perteneciendo a
ella. No salimos de Madre Tierra al
cerrar los ojos.
El peregrino
contempla cómo desaparece la última luz.
Quizá hace miles de años otro humano contempló algo parecido. No tenía interruptor. No tenía reloj digital. No tenía pantalla.
Sabía algo
elemental: HA LLEGADO LA NOCHE. Tendría que adaptarse. Buscar refugio. Descansar. Mantener fuego. Escuchar.
Quizá
alguien vigilaría. Y después... esperar nuevamente la luz.
Nosotros
hemos cambiado enormemente nuestras posibilidades. Pero el acontecimiento continúa ocurriendo
cada día. DÍA. NOCHE. DÍA.
NOCHE. Y quizá uno de los
descubrimientos más revolucionarios sea precisamente éste: NO HAY QUE DESCUBRIR QUE EXISTEN.
HAY
QUE VOLVER A DESCUBRIR CUÁNTO DEPENDEMOS DE ELLOS.
Porque
entonces la noche deja de ser aquello que queda cuando termina el día. LA NOCHE RECUPERA SU LUGAR DENTRO DE LA
VIDA.
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