MADRE TIERRA y el CONSTRUCTO HUMANO
. ¿Qué podemos rectificar?
Una
construcción humana no es una montaña.
Si nosotros la hicimos, al menos una parte puede ser modificada. Ésta es una de las consecuencias más
esperanzadoras de todo nuestro recorrido.
Durante mucho tiempo podemos vivir determinadas realidades humanas como
si fueran parte del paisaje.
Están ahí. Las encontramos al nacer. Organizan nuestra vida. Producen consecuencias. Nos adaptamos a ellas. Y terminamos diciendo: «LAS
COSAS SON ASÍ.» Pero
ahora sabemos introducir una diferencia.
Una montaña puede obligarnos a buscar otro camino. Una pared también puede detenernos. Pero no son el mismo obstáculo. **LA
MONTAÑA LA ENCONTRAMOS. LA PARED LA
CONSTRUIMOS.** Y si encontramos
una pared construida por seres humanos, aparece inmediatamente una posibilidad
que ante la montaña no existe de la misma manera: PODEMOS
TOCARLA.
Rectificar no significa poder hacerlo todo
Conviene
introducir esta precaución desde el principio. Descubrir que algo es construido no
significa que podamos modificarlo inmediatamente. Una construcción puede tener siglos. Puede estar integrada en otras. Puede sostener funciones necesarias. Millones de personas pueden depender de
ella. Puede haber intereses contrapuestos. Puede producir consecuencias inesperadas
si la modificamos. Puede incluso haber
generado condiciones materiales que ya no podemos revertir fácilmente. Por eso:
CONSTRUIDO NO
SIGNIFICA FÁCILMENTE MODIFICABLE.
Pero
significa algo importantísimo: NO TENEMOS POR QUÉ CONSIDERARLO
INMUTABLE POR NATURALEZA. Ésa
es la apertura.
De «es así» a «lo hicimos así»
Pocas
modificaciones del lenguaje pueden producir un cambio de posición tan grande. ES
ASÍ. frente a: LO
HICIMOS ASÍ. La primera
frase cierra. La segunda contiene
historia. Contiene decisiones. Contiene circunstancias. Contiene necesidades. Contiene añadidos. Y, sobre todo, contiene una posibilidad: ¿PODRÍAMOS
HACERLO DE OTRA MANERA? No
sabemos todavía si podremos. Pero la
pregunta ya es legítima.
Rectificar no es arrepentirse de haber construido
Esto también
es fundamental. Nuestro recorrido no
conduce a una humanidad diciendo: «Todo lo hicimos mal.» Sería absurdo. Hemos construido porque necesitábamos
hacerlo. Gracias a nuestras
construcciones hemos podido cooperar, transmitir conocimientos, protegernos,
organizar sociedades, curar, investigar, producir, crear y ampliar enormemente
nuestras posibilidades. Rectificar no
significa avergonzarnos de haber construido.
Significa algo mucho más adulto:
**LO CONSTRUIMOS CON LO QUE
SABÍAMOS. AHORA SABEMOS ALGO MÁS.** ¿Qué hacemos con ese nuevo
conocimiento? Ésa es la verdadera
pregunta.
La rectificación comienza donde termina la defensa
Hay un
momento difícil en toda construcción.
Aparece información nueva. Descubrimos
una consecuencia no prevista. Encontramos
un error. Algo que funcionaba deja de
funcionar. Una nueva circunstancia
cambia el escenario. Entonces podemos
utilizar nuestra inteligencia para investigar lo ocurrido. O podemos utilizar esa misma inteligencia
para defender lo que ya
existe.
Éste es un
punto crítico. Porque cuanto más
compleja sea una construcción, más argumentos puede haber acumulado para
justificarse. Pero si sabemos que
construimos, reconocer un error deja de ser una amenaza total. Podemos decir: «SÍ.
AQUÍ NOS EQUIVOCAMOS.» Y
después: «¿QUÉ PODEMOS HACER AHORA?» El error se convierte en
información Esto cambia profundamente
nuestra relación con el error.
Si una
construcción debe ser perfecta para conservar su legitimidad, ocultaremos sus
fallos. Los negaremos. Los justificaremos. Buscaremos culpables. Nos aferraremos a ella. Pero si entendemos toda construcción
humana como algo necesariamente situado en un tiempo, con conocimientos
limitados y consecuencias parcialmente imprevisibles, el error adquiere otra
función. Nos informa. POR
AQUÍ NO. ESTO PRODUJO ALGO QUE NO ESPERÁBAMOS. ESTA PARTE YA NO CUMPLE SU FUNCIÓN. ESTE MECANISMO NECESITA REVISIÓN.
Entonces: **RECTIFICAR
DEJA DE SER CONFESAR UN FRACASO. PASA
A FORMAR PARTE DEL PROPIO PROCESO DE CONSTRUIR.**
No hace falta mover todo el edificio
Aquí vuelve
a ser fundamental el trabajo de los capítulos anteriores. Hemos reconstruido capas. Hemos distinguido funciones. Hemos localizado desviaciones. Hemos reubicado. Por tanto, ya no tenemos delante un bloque
indivisible.
Quizá
descubramos que el problema está en una norma. En una medida. En un incentivo. En una interpretación. En un procedimiento. En una capa histórica. En una forma de transmisión. En una prioridad. Entonces podemos preguntar: ¿CUÁL
ES LA MODIFICACIÓN MÍNIMA QUE PERMITE RECUPERAR LA FUNCIÓN SIN DESTRUIR AQUELLO
QUE CONTINÚA SIRVIENDO? Eso
es cirugía. No demolición.
Rectificar puede significar quitar
A veces sí. Puede haber una parte que ya no cumpla
ninguna función necesaria. Una norma. Una
práctica. Una obligación. Una interpretación heredada. Un procedimiento que solamente permanece
porque siempre estuvo allí. Entonces
quizá rectificar sea sencillamente: RETIRAR.
Pero ahora
sabemos por qué. No quitamos porque
sea antiguo. No quitamos porque sea
construido. Quitamos porque hemos
investigado su función, sus consecuencias y su relación con el conjunto, y
encontramos que ya no necesitamos conservarlo. Eso es muy diferente.
Rectificar puede significar añadir
Otras veces
ocurrirá exactamente lo contrario. El
problema puede estar en que nuestra construcción no contempla algo que ahora
conocemos. Apareció nueva información. Una necesidad que antes permanecía
invisible. Una consecuencia que no
habíamos previsto. Una población que no
fue considerada. Un conocimiento nuevo. Entonces rectificar puede significar: AÑADIR.
Una
protección. Una excepción. Una posibilidad. Un mecanismo de corrección. Una nueva información. Una puerta. No toda mejora simplifica. A veces mejorar exige construir mejor.
Rectificar puede significar cambiar la relación
Y en muchos
casos quizá no necesitemos quitar ni añadir.
Necesitamos modificar qué
está al servicio de qué.
El dinero puede continuar existiendo, pero recuperar su función
instrumental. La tecnología puede
continuar avanzando, pero quedar vinculada a objetivos humanos explícitos.
Una
institución puede continuar, pero volver a colocar su función por delante de su
propia conservación. Una medida puede seguir utilizándose, pero
dejar de representar la totalidad de aquello que mide. Una profesión puede seguir ocupando un
lugar central en nuestra vida sin convertirse en toda nuestra identidad. Entonces la rectificación no ocurre en
los objetos. Ocurre en: LA
RELACIÓN ENTRE ELLOS.
También podemos rectificar significados
Éste es un
terreno enorme. Una palabra puede
haber acumulado significados que ya no nos sirven. Una categoría puede contener presupuestos
históricos. Un símbolo puede haber
cambiado. Una interpretación puede
haberse endurecido hasta parecer un hecho.
Entonces rectificar puede significar: VOLVER
A DEFINIR. Pero ahora
debemos hacerlo conscientemente. No
fingiendo que hemos descubierto una definición eterna. Sino diciendo: «ESTAMOS
PROPONIENDO ESTA NUEVA CONSTRUCCIÓN POR ESTAS RAZONES.» Aquí comienza a aparecer
una forma diferente de construir.
La astrología nos ofrece nuevamente el ejemplo
Supongamos
que encontramos un significado astrológico transmitido durante generaciones. No necesitamos elegir inmediatamente entre
conservarlo intacto o eliminarlo. Podemos
preguntar:
¿Qué raíz pretendía expresar? ¿Qué parte pertenece a observación?
¿Qué parte es analogía? ¿Qué parte se añadió históricamente?
¿Qué parte continúa siendo útil como lenguaje
simbólico?
¿Qué afirmaciones requerirían evidencia antes
de presentarlas como hechos?
Y después:
¿PODEMOS
FORMULARLO MEJOR?
Eso es
rectificación. No destruir la astrología. No defenderla indiscriminadamente. TRABAJAR
SOBRE ELLA SABIENDO QUE TAMBIÉN NOSOTROS ESTAMOS COLOCANDO LADRILLOS. Ahí cambia la
responsabilidad del constructor.
Rectificar mientras construimos
Hasta ahora
hemos hablado mucho del pasado. Pero
quizá la gran transformación aparezca cuando trasladamos esta herramienta al
presente. Estamos construyendo ahora. Tecnologías. Normas.
Costumbres. Lenguajes. Modelos.
Relaciones con la inteligencia artificial. Nuevas formas de trabajar. Nuevas maneras de comunicarnos. No necesitamos esperar siglos para
descubrir qué ocurre.
Podemos
incorporar la rectificación dentro
del proceso. Construir. Observar.
Contrastar. Detectar
consecuencias. Corregir. Volver a observar. CONSTRUIR
→ CONTRASTAR → RECTIFICAR → VOLVER A CONSTRUIR. Quizá ésta sea una de las
formas más maduras de progreso.
Una construcción que no puede rectificarse se vuelve peligrosa
Podemos
introducir aquí una señal de alarma. Cuando
una construcción humana afirma que no puede ser interrogada, modificada o
revisada, conviene mirar con especial atención. Porque hemos descubierto que toda
construcción nació en circunstancias concretas.
Con
conocimientos concretos. Para
determinadas necesidades. Y que puede
producir consecuencias no previstas. Por
tanto, la imposibilidad de rectificar puede convertir una solución antigua en
una prisión presente. UNA CONSTRUCCIÓN HUMANA SANA DEBERÍA
CONSERVAR ALGUNA PUERTA PARA SU PROPIA CORRECCIÓN. No necesariamente
cambiar continuamente. Pero sí
poder cambiar cuando exista razón suficiente.
También las instituciones necesitan mecanismos de retorno
Esto puede
traducirse incluso en arquitectura social.
Una buena construcción no solamente debería preguntarse: ¿Cómo
funcionamos? También:
¿Cómo detectamos que estamos dejando de
funcionar?
¿Quién puede señalarlo? ¿Cómo incorporamos información nueva?
¿Cómo corregimos sin tener que destruir todo
el sistema?
¿Cómo sabemos si nuestra solución está
produciendo otro problema?
En otras
palabras: ¿DÓNDE ESTÁ NUESTRA TOMA DE TIERRA? Una institución también
puede necesitarla. Y nosotros
Exactamente
igual ocurre en una vida. Podemos
haber elegido una dirección. Una profesión. Una relación. Una manera de organizarnos. Una explicación acerca de nosotros mismos. Y años después descubrir que necesitamos
modificar algo. Podemos vivirlo como: «ME
EQUIVOQUÉ.» O
podemos introducir una formulación diferente:
«CONSTRUÍ DESDE
AQUELLO QUE PODÍA VER ENTONCES.»
Ahora veo
algo más. Por tanto: PUEDO
RECTIFICAR SIN NECESIDAD DE NEGAR TODO MI CAMINO ANTERIOR. La rectificación puede
convertirse así en continuidad. No
en ruptura.
Aquí aparece el perdón de nuevo
Comprensión
y perdón regresan de manera natural. Porque
rectificar exige permitir que alguien pueda decir: «ESTABA
EQUIVOCADO.» sin
quedar destruido por haberlo reconocido.
Si convertimos cada rectificación en humillación, incentivamos la
defensa del error. Esto vale para
personas. Instituciones. Profesiones. Disciplinas. Sociedades. Quizá una cultura capaz de rectificar
necesite también una cultura capaz de aceptar:
**«LO HICIMOS ASÍ PORQUE ENTONCES
VEÍAMOS ESTO. AHORA VEMOS ALGO QUE ANTES NO VEÍAMOS.»** Y continuar.
Pero existe una frontera
No todo
puede rectificarse. Hay daños
irreversibles. Vidas perdidas. Especies extinguidas. Recursos destruidos. Decisiones cuyas consecuencias ya
ocurrieron. El reconocimiento de
nuestra capacidad constructora no debe convertirse en fantasía de omnipotencia. No siempre podemos volver atrás. Pero incluso entonces podemos preguntar: ¿QUÉ
PODEMOS RECTIFICAR A PARTIR DE AHORA?
Quizá no
podamos reparar completamente el pasado.
Podemos evitar repetirlo. Podemos
compensar parte del daño. Podemos
cambiar el mecanismo que lo produjo. Podemos
aprender. Eso también es rectificación.
Madre Tierra introduce nuevamente el contraste
¿Cómo
sabemos hacia dónde rectificar? No
existe una respuesta automática. Necesitaremos
conocimiento específico. Ciencia cuando
corresponda. Historia. Economía.
Psicología. Experiencia. Debate.
Especialistas. Personas
afectadas. Nuestro manual no sustituye
todo eso. Pero introduce una referencia
transversal:
¿LA RECTIFICACIÓN MEJORA LA RELACIÓN ENTRE NUESTRA
CONSTRUCCIÓN Y LAS CONDICIONES QUE PERMITEN LA VIDA, LA UNIDAD Y LA
CONTINUIDAD? No es una respuesta. Es una brújula.
La montaña permanece; la pared puede abrirse
Y volvemos a
nuestra imagen inicial. Frente a una
montaña necesitamos reconocer una realidad que no depende de nuestra voluntad. Podremos construir un camino. Un túnel.
Rodearla. Estudiarla.
Pero la
montaña no desaparecerá porque cambiemos una norma. La pared humana es diferente. Quizá no podamos derribarla. Quizá no debamos hacerlo. Quizá sostenga el techo. Pero podemos preguntarnos:
¿POR QUÉ ESTÁ AQUÍ? ¿QUÉ SOSTIENE?
¿CONTINÚA SIENDO NECESARIA? ¿PODRÍAMOS ABRIR UNA PUERTA?
Y ésa es una
diferencia inmensa. UNA CONSTRUCCIÓN HUMANA NO ES UNA
MONTAÑA. Recordarlo
devuelve al ser humano una parte de su libertad.
Pero rectificar todavía no es suficiente
Porque
podríamos pasar toda nuestra historia reparando construcciones anteriores. Corregir.
Modificar. Adaptar. Sanear.
Y continuar
haciendo algo que todavía no hemos afrontado completamente: SEGUIR
CONSTRUYENDO SIN SABER QUE CONSTRUIMOS.
Entonces volveríamos a empezar el ciclo. Crearíamos nuevas paredes. Las transmitiríamos. Nuestros descendientes nacerían dentro de
ellas. Y quizá dentro de siglos alguien
tendría que realizar nuevamente toda esta arqueología. Podemos intentar algo distinto. No dejar de construir. Eso sería renunciar a una de nuestras
mayores capacidades. Sino introducir
conciencia en el momento
mismo de colocar el ladrillo.
Ahí aparece quizá uno de los grandes giros de todo el libro: .
Construir sabiendo que construimos **No
se trata solamente de corregir el mundo heredado.
Se trata de no olvidar, mientras construimos
el siguiente, que las manos que colocan los ladrillos son nuestras.**
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