MADRE TIERRA y el CONSTRUCTO HUMANO
. ¿Qué podemos reubicar?
Muchas cosas
quizá no necesitan desaparecer. Necesitan
volver a ocupar su lugar. Ésta puede ser una de las operaciones más
delicadas y, al mismo tiempo, más liberadoras de todo el manual. Porque cuando descubrimos que algo ha
adquirido demasiado peso, que se ha alejado de su función o que está
produciendo consecuencias que necesitamos revisar, nuestra reacción inmediata
puede ser: «ENTONCES HAY QUE QUITARLO.» Pero quizá no. Quizá aquello continúa siendo útil. Quizá incluso necesario. El problema puede no estar en su
existencia. Puede estar en el lugar que ha llegado a ocupar
dentro del conjunto. **REUBICAR NO ES ELIMINAR. ES DEVOLVER A CADA COSA SU LUGAR.**
El instrumento que terminó mandando
Pensemos en
muchas de nuestras construcciones. Las
creamos para ayudarnos. Para medir. Organizar.
Representar. Coordinar. Interpretar. Proteger.
Facilitar. Pero una herramienta
puede crecer hasta convertirse en referencia principal. Entonces ocurre una inversión. Lo que estaba al servicio de algo comienza a
exigir que aquello se ponga a su servicio.
Éste es uno
de los movimientos que nuestro manual puede detectar con mayor claridad: HERRAMIENTA
→ UTILIDAD → CRECIMIENTO → CENTRALIDAD → AUTORIDAD. No necesariamente porque
alguien lo decidiera. Puede ocurrir
simplemente porque la herramienta funciona.
Y cuanto mejor funciona, más espacio le entregamos.
El dinero no necesita desaparecer para volver a ser dinero
Tomemos un
ejemplo evidente. El dinero puede ser
una herramienta extraordinaria. Permite
representar valor dentro de determinados sistemas. Facilita intercambios. Permite aplazar decisiones. Coordinar actividades. Ahorrar.
Invertir. Organizar relaciones
económicas enormemente complejas. Nada
de nuestro recorrido obliga a concluir:
«Como el dinero
es construido, eliminemos el dinero.»
Sería exactamente el error que estamos intentando
evitar.
La pregunta
es otra: ¿QUÉ LUGAR OCUPA? Una cosa es utilizar dinero
como instrumento. Otra convertirlo en
medida total del éxito. Otra utilizarlo
como medida del valor de una persona.
Otra permitir que aquello que puede expresarse monetariamente desplace
sistemáticamente aquello que no se expresa con la misma facilidad. Entonces quizá no necesitemos eliminar
el instrumento. Necesitamos reubicarlo.
La medida vuelve a ser medida
Lo mismo
ocurre con los indicadores. Necesitamos
medir. Sin medición sería enormemente
difícil administrar sistemas complejos.
Pero una medida debe recordar qué está midiendo. Una calificación puede informar sobre
determinados resultados. No es el
alumno.
Una cifra
económica puede informar sobre determinada actividad. No es toda la sociedad. Un indicador médico puede proporcionar
información extraordinariamente importante sobre una persona. No es la totalidad de esa persona. Una estadística puede describir un
fenómeno colectivo. No describe
automáticamente a cada individuo que forma parte de ese conjunto.
Reubicar
significa decir: **ERES INFORMACIÓN SOBRE ALGO.
NO ERES TODO AQUELLO SOBRE LO QUE INFORMAS.** La medida recupera así su potencia
precisamente porque deja de pretender ocupar el edificio entero.
El diagnóstico vuelve a ser diagnóstico
Aquí la
operación puede adquirir una enorme importancia humana. Una condición puede ser real. Puede necesitar atención. Un diagnóstico puede ser
extraordinariamente útil para reconocerla, estudiarla, comunicarla y tratarla. Pero podemos distinguir: TENGO
UNA DETERMINADA CONDICIÓN de SOY
ESA CONDICIÓN.
No estamos
negando la realidad médica o psicológica.
Estamos evitando que una descripción útil ocupe el lugar de la totalidad
de una persona. **REUBICAR NO NIEGA EL DIAGNÓSTICO. IMPIDE QUE EL DIAGNÓSTICO SE CONVIERTA
EN TODO EL SER HUMANO.** Ésta
es exactamente la clase de saneamiento que buscamos.
La profesión vuelve a ser profesión
Preguntamos: «¿Qué
eres?» Y muchas veces
respondemos inmediatamente con una profesión.
Soy médico. Soy carpintero. Soy profesor. Soy economista. Soy agricultor. Soy escritor.
Es
comprensible. La profesión organiza
una parte enorme de nuestra vida. Pero
podemos preguntarnos: ¿EN QUÉ MOMENTO «LO QUE HAGO» COMENZÓ
A OCUPAR EL LUGAR DE «LO QUE SOY»?
No necesitamos abandonar nuestra profesión. Podemos amarla. Dedicarnos profundamente a ella. Sentir orgullo. Pero reubicarla puede significar: ESTO
ES UNA PARTE IMPORTANTÍSIMA DE MI VIDA.
No necesariamente:
ESTO AGOTA QUIÉN
SOY. Otra pared ha
vuelto a su lugar.
La razón vuelve a ser herramienta
Ya dedicamos
un capítulo a ella. La razón es una de
las capacidades humanas más extraordinarias.
Gracias a ella podemos analizar.
Relacionar. Deducir. Comprobar.
Construir conocimiento. Diseñar. Prever.
Pero si la convertimos en única puerta legítima para toda experiencia
humana, quizá le estemos pidiendo algo para lo que no fue construida.
Reubicar la
razón no significa: RAZONAR MENOS. Puede significar: RAZONAR
MEJOR Y SABER QUÉ ESTAMOS PIDIENDO A LA RAZÓN.
La herramienta no pierde poder. Gana precisión.
La interpretación vuelve a ser interpretación
Ésta es una
de las operaciones centrales de todo el libro. Ocurre algo. Después interpretamos lo ocurrido. La interpretación puede ser magnífica. Puede explicar. Relacionar. Dar sentido. Orientarnos.
Pero
continúa siendo una operación humana sobre aquello observado. Cuando olvidamos esa diferencia aparece: «ESTO
ES ASÍ.» Cuando reubicamos: «ESTO
ES LO QUE, CON LOS CONOCIMIENTOS Y EL MODELO QUE UTILIZO, INTERPRETO ACERCA DE
LO QUE OCURRE.»
La segunda
formulación puede parecer menos contundente.
Pero es mucho más fuerte metodológicamente. Porque deja abierta la puerta a: CONTRASTAR. APRENDER. CORREGIR.
La astrología vuelve a su piso
Nuestro
laboratorio original vuelve a aparecer.
Hay objetos astronómicos. Posiciones. Movimientos. Cálculos.
Después hay atribuciones simbólicas.
Interpretaciones. Tradiciones. Técnicas.
Experiencias humanas dentro de ese sistema.
Reubicar no
significa expulsar la astrología. Significa
impedir que se mezclen los pisos. Una
posición astronómica no es lo mismo que el significado que atribuimos a esa posición. Una interpretación simbólica puede ser rica
y significativa sin que debamos presentarla automáticamente como una propiedad
física demostrada del objeto celeste.
Una
experiencia personal dentro del sistema puede ser auténtica sin convertir por
sí sola todo el sistema interpretativo en hecho material. CADA
COSA EN SU PISO. Y
curiosamente, cuando hacemos esto, no necesariamente empobrecemos la
astrología. Podemos volverla más
limpia.
La ciencia tampoco ocupa todo el edificio
La misma
operación debe aplicarse a aquello que valoramos enormemente. La ciencia dispone de procedimientos
extraordinarios para investigar determinados aspectos de la realidad. Precisamente por eso merece que no le
pidamos ser otra cosa. Puede estudiar
mecanismos. Contrastar hipótesis. Construir modelos. Medir.
Reproducir observaciones bajo determinadas condiciones.
Corregirse. Pero de los hechos que describe no se
desprenden automáticamente todas las decisiones morales, políticas o
existenciales que los humanos debemos tomar.
Necesitaremos otras construcciones para ello. Ética.
Derecho. Deliberación. Responsabilidad. Valores.
Reubicar la ciencia no es disminuirla.
ES EVITAR CONVERTIR UNA FORMA PODEROSÍSIMA DE CONOCIMIENTO
EN UNA RESPUESTA AUTOMÁTICA PARA TODAS LAS PREGUNTAS HUMANAS.
La tecnología vuelve a ser medio
Podemos
hacerlo también con la tecnología. Una
herramienta amplía una capacidad. Después
aparece otra. Y otra. Hasta que podemos comenzar a organizar
nuestra vida alrededor de las posibilidades de nuestras herramientas. Entonces conviene preguntar: ¿LA
TECNOLOGÍA ESTÁ AL SERVICIO DE AQUELLO QUE QUEREMOS HACER? O: ¿ESTAMOS
MODIFICANDO NUESTRA VIDA PARA ADAPTARNOS A TODO AQUELLO QUE LA TECNOLOGÍA NOS
PERMITE HACER? No
necesitamos elegir entre tecnología sí o tecnología no. La pregunta es demasiado pobre. Necesitamos preguntar: ¿DÓNDE
LA COLOCAMOS?
Y la inteligencia artificial necesitará especialmente esta pregunta
Porque aquí
aparece una herramienta con una capacidad extraordinaria para participar en
nuestras propias construcciones. Puede
relacionar. Generar. Proponer.
Clasificar. Resumir. Ayudar a investigar. Producir lenguaje. Participar en decisiones cuando los humanos
construimos sistemas que la incorporan.
Su capacidad puede crecer enormemente.
Precisamente por eso la pregunta no debería ser solamente: «¿QUÉ
PUEDE HACER?» También: ¿QUÉ
LUGAR QUEREMOS QUE OCUPE? Herramienta. Colaborador. Asistente.
Sistema de apoyo. Automatización. Cada uso necesitará su propio análisis. Pero existe una precaución general: CAPACIDAD
NO EQUIVALE AUTOMÁTICAMENTE A AUTORIDAD.
Cuanto más potente sea una herramienta, más importante
puede resultar saber dónde la colocamos.
La institución vuelve a su función
Una
institución puede ser necesaria. Pero
la institución no es necesariamente la necesidad que atiende. Ésta es una distinción formidable. EDUCACIÓN
no es exactamente lo mismo que sistema
educativo. SALUD no es
exactamente lo mismo que sistema
sanitario. JUSTICIA no es
exactamente lo mismo que institución
judicial.
Las
instituciones son construcciones mediante las que intentamos atender esas
funciones. Cuando las distinguimos
podemos defender profundamente la función y, al mismo tiempo, revisar la
institución. Eso permite decir: **NO
QUIERO DESTRUIR AQUELLO QUE INTENTAS HACER.
QUIERO SABER SI LA FORMA EN QUE LO ESTÁS HACIENDO CONTINÚA SIENDO LA
MEJOR POSIBLE.**
Incluso nuestras creencias pueden reubicarse
Una creencia
puede proporcionar sentido. Pertenencia. Orientación. Consuelo.
Una manera de comprender la existencia. Una tradición compartida. Una experiencia profunda. No necesitamos ridiculizarla para investigar
su lugar. Podemos preguntar:
¿Qué parte pertenece a una tradición?
¿Qué parte a una experiencia personal?
¿Qué parte es afirmación histórica?
¿Qué parte es interpretación?
¿Qué parte pretende describir hechos
materiales?
Cada afirmación
puede necesitar un contraste diferente.
Reubicar permite algo precioso:
NO EXIGIR A TODAS
LAS REALIDADES QUE SEAN REALES DE LA MISMA MANERA.
El pasado vuelve al pasado
También
podemos reubicar nuestra historia. Algo
ocurrió. Es real que ocurrió. Sus consecuencias pueden continuar. Pero el pasado puede llegar a ocupar todo el
presente. Una persona. Una familia. Un pueblo.
Una cultura.
Pueden
organizar parte de su identidad alrededor de acontecimientos anteriores. Recordarlos puede ser necesario. Comprenderlos. Reparar cuando sea posible. Aprender.
Pero reubicar significa también preguntar: ¿QUÉ
LUGAR DEBE OCUPAR HOY AQUELLO QUE OCURRIÓ AYER? No borrarlo. No negarlo. DARLE
SU LUGAR SIN ENTREGARLE NECESARIAMENTE TODO EL FUTURO.
Reubicar también es ordenar prioridades
Hasta ahora
hemos hablado de pisos. Pero podemos
imaginar también una mesa. Sobre ella
colocamos: dinero, trabajo,
salud, familia, tecnología,
prestigio, conocimiento, descanso,
consumo, naturaleza, tiempo,
relaciones, creatividad. Quizá el problema no sea que alguno de esos
elementos exista. El problema puede ser el tamaño que hemos
concedido a cada uno. Entonces reubicar
significa preguntar: ¿QUÉ ESTÁ AL SERVICIO DE QUÉ? Esta pregunta puede revelar
más que muchas discusiones.
Y al fondo vuelve a aparecer Madre Tierra
Porque
necesitamos alguna referencia para reubicar.
Si todo se reubica únicamente desde otro constructo, podemos simplemente
cambiar un edificio por otro. Madre
Tierra nos proporciona el suelo. Vida. Unidad.
Continuidad. No para ordenar
automáticamente todos nuestros valores.
Sino para recordar algo elemental:
ninguna
construcción humana puede ocupar legítimamente el lugar de aquello que hace
posible que todas las construcciones existan. Podemos organizar nuestra
vida alrededor de mil mundos. Pero: RESPIRAMOS
POR EL PLANETA. Ésa
continúa siendo nuestra toma de tierra.
Reubicar puede ser suficiente
Aquí aparece
una posibilidad que merece atención. Quizá
muchas de las cosas que consideramos problemas no necesiten ser eliminadas. Tal vez necesiten perder una centralidad
excesiva. Una medida volver a ser
medida. Una herramienta volver a ser
herramienta. Una profesión volver a ser
profesión. Una interpretación volver a
ser interpretación. Una institución
volver a estar al servicio de su función.
Una tecnología volver a estar al servicio de una necesidad humana reconocida. Un constructo volver a saberse constructo. **A
VECES NO NECESITAMOS CAMBIAR LA COSA. NECESITAMOS
CAMBIAR EL LUGAR QUE LE HEMOS DADO.**
Eso puede ser mucho más profundo que destruirla.
El edificio empieza a ordenarse
Ahora
podemos comprender mejor la palabra que apareció antes: SANEAMIENTO. Sanear no significa vaciar. Significa revisar. Ventilar.
Separar. Reparar. Devolver funciones. Abrir espacios. Eliminar únicamente aquello que realmente
deba eliminarse. Y conservar lo que
sostiene. Estamos empezando a mirar
nuestro mundo construido de esa manera.
No como enemigos del edificio. Como
habitantes que por fin han encontrado los planos.
Pero reubicar no siempre bastará
Habrá
momentos en que descubriremos algo más.
Una construcción puede estar correctamente ubicada y, aun así, funcionar
mal. Una norma puede necesitar cambiar. Una institución puede requerir una reforma. Una tecnología puede necesitar otro diseño. Una costumbre puede producir un daño que no
se resuelve simplemente comprendiendo de dónde procede. Una parte del edificio quizá deba
transformarse. Entonces necesitaremos
pasar de la ubicación a la acción. No
destruir indiscriminadamente. No
conservar por miedo. RECTIFICAR. Y ésta será nuestra
siguiente pregunta: ¿Qué podemos rectificar? **Reubicar nos permite ver
dónde está cada cosa. Rectificar
comienza cuando, después de verla claramente, descubrimos que podemos hacerla
de otra manera.**
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