MADRE TIERRA y JUNG
Aprendí a presentarme así Arqueología de la Persona.
Ya sabemos
que la Persona no apareció porque un día nos sentáramos y decidiéramos: «ÉSTA
SERÁ MI MÁSCARA.» Fue
ocurriendo. Poco a poco. Dentro de relaciones. En una familia. En una escuela. Entre amigos. En una cultura. En una época. Más tarde en una profesión, una pareja, un
grupo, una posición social. El
caminante fue descubriendo maneras de desenvolverse. Algunas funcionaron. Otras no.
Unas recibieron reconocimiento.
Otras provocaron rechazo. Y
sin necesidad de que nadie redactara el manual: APRENDÍ
A PRESENTARME ASÍ.
Ahora Madre
Tierra propone hacer algo fascinante.
No arrancar la máscara. EXCAVAR SU HISTORIA.
ARQUEOLOGÍA,
NO DEMOLICIÓN
La palabra
nos viene perfecta: ARQUEOLOGÍA. Cuando un arqueólogo encuentra una
construcción antigua no entra con una excavadora para destruirla. Observa.
Retira capas. Fecha hasta donde
puede. Relaciona. Busca rastros. Intenta comprender para qué servía aquello. Y, sobre todo: NO
INVENTA LO QUE NO ENCUENTRA.
Ése será
exactamente nuestro método con la Persona.
No preguntaremos: «¿Qué máscara falsa llevo?» La pregunta ya contiene
una condena. Preguntaremos: ¿CÓMO
APRENDÍ A PRESENTARME ASÍ? Menuda
diferencia.
EMPECEMOS
POR UNA FRASE ACTUAL
«Yo soy muy
reservado.» Perfecto. No lo discutamos. ¿Desde
cuándo?
«Siempre.» ¿Siempre? ¿A los dos años? ¿A los cinco? ¿Con todo el mundo? ¿Con tus padres? ¿Con amigos? ¿Con desconocidos? ¿Cuando estabas seguro? ¿Cuando tenías miedo? ¿En el colegio?
De repente: «SOY
RESERVADO» empieza a
abrirse. Quizá terminemos concluyendo
que existe una disposición muy estable.
Quizá encontremos además aprendizaje.
Quizá adaptación. Quizá
contextos en los que esa reserva desaparece.
No lo sabemos todavía. Pero ya
hemos conseguido algo: HEMOS CONVERTIDO UNA IDENTIDAD EN UNA
INVESTIGACIÓN.
«SIEMPRE HE
SIDO ASÍ»
Ésta es una
frase magnífica para nuestra linterna.
No porque sea falsa. Puede
describir una continuidad muy real. Pero
siempre
necesita tiempo. Preguntemos:
¿CUÁL
ES EL PRIMER MOMENTO QUE PUEDES RECONOCER? ¿Qué ocurría
entonces? ¿Cómo eras en otros lugares? ¿Qué esperaban de ti? ¿Qué sucedía cuando actuabas de otra
manera? ¿Qué aprendiste? No estamos intentando demostrar que todo
fue aprendido.
Estamos
reconstruyendo hasta donde sea posible:
EL ITINERARIO DE LA PERSONA.
PRIMERO
PUDO HABER UNA RESPUESTA
Imaginemos
un niño que descubre que hacer reír disminuye la tensión. Hace una broma. Funciona. Otra.
Funciona. Los demás empiezan
a esperar:
«VENGA,
DI ALGO.» Recibe atención. Encuentra un lugar. Poco a poco puede convertirse en: EL
GRACIOSO.
¿Dónde
empezó exactamente? Quizá nunca
podamos saberlo. Y no necesitamos
inventarlo. Pero sí podemos observar
que algo que hoy parece un rasgo de presentación pudo haber adquirido una función relacional
durante el itinerario. Eso es arqueología.
PRIMERO
HAGO ALGO
Después: ME
FUNCIONA. Después: LO
REPITO. Después: LOS
DEMÁS LO ESPERAN. Después: YO
TAMBIÉN LO ESPERO DE MÍ. Y
finalmente: «YO SOY ASÍ.»
Ésta no
tiene que ser la historia de toda Persona.
Pero es una secuencia extraordinariamente útil para investigar muchas de
ellas. ºPorque permite ver cómo una
conducta puede adquirir continuidad, reconocimiento e identidad.
LOS DEMÁS
TAMBIÉN PARTICIPAN EN LA MÁSCARA
Esto es
decisivo. La Persona no se fabrica
únicamente desde dentro. Los demás
nos devuelven imágenes.
«Qué
responsable eres.» «Tú siempre puedes
con todo.» «Eres igual que tu padre.» «Ésta es la sensible.» «Éste es el listo.» «Con éste no se puede hablar.» «Tú eres muy bueno.» «Ella siempre ha sido muy independiente.»
Y esas
frases pueden convertirse en pequeños espejos. No determinan automáticamente quién
seremos. Pero participan en el mundo
donde estamos aprendiendo quiénes somos.
Un niño todavía no dispone de toda la distancia necesaria para decir:
«INTERESANTE HIPÓTESIS SOBRE MI PERSONALIDAD;
LA REVISARÉ DENTRO DE TREINTA AÑOS.»
La recibe. Y continúa caminando.
EL NIÑO NO
SÓLO APRENDE QUIÉN DEBE SER
Aprende
también: QUIÉN NO DEBE SER. No seas llorón. No seas egoísta. No seas débil. No seas presumida. No seas agresivo. No seas raro. No seas cobarde. No seas como... Y aquí ocurre algo importantísimo. Mientras se va construyendo: LO
QUE PUEDO MOSTRAR, puede ir apareciendo también: LO
QUE NO DEBO MOSTRAR.
Estamos
todavía estudiando la Persona. Pero
al fondo del pasillo ya empieza a verse la puerta de la Sombra.
LA PERSONA
PUEDE NACER DE UNA NECESIDAD REAL
No la
juzguemos con los ojos de hoy. Quizá aquel niño necesitaba pertenecer. Necesitaba protección. Necesitaba evitar determinados
conflictos. Necesitaba
reconocimiento. Necesitaba encontrar
un lugar entre hermanos. Necesitaba
desenvolverse en una escuela. Necesitaba
comprender qué esperaba el mundo de él.
Y utilizó
las posibilidades que tenía disponibles.
Por eso nuestra arqueología no dice:
«QUÉ MAL
CONSTRUISTE TU PERSONA.» Dice: ¿QUÉ
INTENTABA RESOLVER? Esta
pregunta cambia el tono entero de la investigación.
¿DÓNDE
ESTABAS TÚ?
Volvemos a
una de nuestras preguntas fundamentales.
Encuentro una forma de presentarme que hoy me molesta. Antes de combatirla: ¿DÓNDE ESTABAS TÚ CUANDO LA NECESITASTE?
¿Qué edad
tenías? ¿Qué podías comprender? ¿Qué margen tenías? ¿De quién dependías? ¿Qué alternativas conocías? ¿Qué consecuencias tenía comportarte de
otra manera?
No juzgamos
al niño con las herramientas del adulto.
EL ITINERARIO NO
SE CORRIGE. SE RECONOCE. Después
veremos qué hacemos ahora.
LA ESCUELA
AÑADE OTRA CAPA
El niño sale
del pequeño constructo familiar y entra en otro. Aula.
Compañeros. Profesor. Notas.
Disciplina. Comparación. Éxito.
Fracaso. Popularidad. Ridículo. Competencia. Cooperación. Descubre que determinadas maneras de
presentarse funcionan allí. Quizá la
Persona familiar ya sirve. Quizá no.
Y aparece
otra. El silencioso en casa puede ser
líder entre amigos. El divertido en
clase puede ser muy serio con su familia.
La Persona empieza a mostrar algo que Jung vio muy bien: ES RELACIONAL.
No necesariamente presentamos exactamente la misma cara
ante todos los mundos.
DESPUÉS
LLEGA LA PROFESIÓN
Y aquí el
constructo puede fabricar una máscara enormemente especializada. El médico aprende una manera de
presentarse. El abogado otra. El militar otra. El profesor otra. El vendedor otra. El artista otra. El empresario otra.
No existe
necesariamente falsedad en ello. Hay
funciones que requieren: lenguaje, conducta,
responsabilidad, distancia, proximidad,
autoridad, prudencia, formalidad.
La Persona se vuelve herramienta profesional. Y puede ser excelente. El problema aparece si después de cuarenta
años preguntamos: ¿QUIÉN ERES? y únicamente puede
responder la profesión. La máscara
ha ocupado demasiado territorio.
CAPAS
Quizá ésta
sea una imagen magnífica para nuestra arqueología. No tenemos necesariamente una sola
máscara fabricada de una vez. Puede
haber capas.
FAMILIA. ESCUELA.
ADOLESCENCIA. AMIGOS. PAREJA.
PROFESIÓN. POSICIÓN SOCIAL. ÉPOCA.
MUNDO DIGITAL.
Cada una
puede añadir algo. Y al excavar quizá
descubramos: ESTO VIENE DE AQUÍ. ESTO APARECIÓ DESPUÉS. ESTO SÓLO LO HAGO EN ESTE CONTEXTO. ESTO YA NO SÉ PARA QUÉ LO MANTENGO.
La Persona
empieza a perder rigidez. Porque
ahora tiene historia.
LO QUE
TIENE HISTORIA PUEDE REUBICARSE
Éste es uno
de nuestros grandes principios. Si
digo: «YO SOY EL FUERTE»,
parece identidad.
Si descubro: «APRENDÍ
A SER EL FUERTE EN DETERMINADAS CIRCUNSTANCIAS», aparece espacio. No tengo que dejar de ser fuerte. Quizá es una capacidad magnífica.
Pero puedo
empezar a preguntarme: ¿PUEDO TAMBIÉN PEDIR AYUDA? ¿PUEDO NO SABER? ¿PUEDO DESCANSAR? ¿PUEDO MOSTRAR VULNERABILIDAD DONDE SEA
SEGURO HACERLO?
No hemos
destruido la fortaleza. LE HEMOS QUITADO LA OBLIGACIÓN DE ESTAR DE
GUARDIA LAS VEINTICUATRO HORAS. Eso
es reubicar.
«SOY EL
RESPONSABLE» Perfecto.
Quizá tu
responsabilidad sea preciosa. No
queremos curarte de ella. Pero la
arqueología pregunta: ¿CUÁNDO EMPEZASTE A OCUPAR ESE LUGAR?
¿Había
alguien que no podía hacerlo? ¿Recibías
reconocimiento? ¿Te daba seguridad? ¿Era necesario? ¿Terminaste haciéndote responsable incluso
de aquello que no te correspondía?
Quizá sí. Quizá no.
Investigamos. La palabra responsable ya no es
diagnóstico. Es una puerta.
«SOY
INDEPENDIENTE»
Otra máscara
muy celebrada por determinados constructos.
Muy bien.
¿Independiente
cómo? ¿Puedes pedir? ¿Puedes recibir? ¿Puedes necesitar a alguien sin sentirte
amenazado? ¿La independencia amplió tu
vida? ¿O apareció también porque
depender de alguien resultaba peligroso, incómodo o decepcionante?
No sabemos. Pero Madre Tierra introduce además una
pequeña sonrisa: INDEPENDIENTE DEL
TODO NO ERES. Respiras. Comes.
Bebes. Necesitas condiciones
que no fabricaste. La toma de tierra
devuelve proporción a la Persona.
LA
ARQUEOLOGÍA NO BUSCA UNA «VERDADERA PERSONALIDAD» ESCONDIDA
Esto es muy
importante. No queremos quitar capa
tras capa esperando encontrar al final un pequeño ser puro que diga: «ÉSTE
ERA YO DE VERDAD.»
También
aquello que aprendimos forma parte de nuestra historia. Las relaciones nos transforman. La cultura participa. Las decisiones participan. Las experiencias participan.
El caminante
se ha ido haciendo
mientras caminaba. Por
tanto, no buscamos: EL YO SIN HISTORIA. Buscamos algo mucho más
posible: UN SER HUMANO MÁS CONSCIENTE DE SU HISTORIA.
TAMPOCO
TODO LO APRENDIDO ES AJENO
Ésta es otra
trampa. Descubro que aprendí de mi
padre a trabajar con disciplina. ¿Entonces
no es mío? Claro que puede ser mío. Descubro que mi amor por los libros
comenzó en determinado entorno. ¿Debo
abandonarlo porque fue recibido? Absurdo.
La libertad
no consiste en eliminar influencias.
Consiste en poder reconocerlas y, cuando sea posible, relacionarnos
conscientemente con ellas. Puedo
decir: «SÍ, ESTO LO RECIBÍ.
Y HOY LO ELIJO TAMBIÉN.» Eso
quizá lo vuelve todavía más mío.
LA
ARQUEOLOGÍA DE LA PERSONA NO BUSCA CULPABLES
Ésta es una
regla fundamental. No excavamos para
concluir: «TODO FUE POR MI MADRE.» «TODO FUE POR MI PADRE.» «LA CULPA FUE DE LA ESCUELA.»
Sería
sustituir una simplificación por otra. Buscamos
itinerarios. Relaciones. Circunstancias. Funciones.
Y cuando hubo daño, comprender el contexto no elimina la responsabilidad
que corresponda. Pero nuestra
pregunta principal sigue siendo: ¿CÓMO LLEGAMOS HASTA AQUÍ? No: ¿A
QUIÉN CONDENAMOS?
Y CUANDO NO
SABEMOS, NO RELLENAMOS EL HUECO
La
arqueología tiene límites. No
recordamos todo. No disponemos de
todos los testigos. Muchas
experiencias tempranas no pueden reconstruirse con precisión. Los relatos familiares pueden ser
incompletos. Nuestra memoria actual
también reconstruye. Entonces
aplicamos nuestra regla de la linterna: ILUMINA HASTA DONDE PUEDAS. LO QUE NO PUEDAS ILUMINAR, NO LO
INVENTES.
Podemos
decir: «NO SÉ EXACTAMENTE CÓMO SE FORMÓ ESTA PARTE.» Perfecto. El desconocimiento no obliga a fabricar un
trauma. Ni un arquetipo. Ni una explicación. NO
SÉ también es una respuesta adulta.
EL ÁLBUM DE
FOTOS PUEDE SER UNA LINTERNA
Aquí nuestra
arqueología puede volverse enormemente concreta. Fotos.
Cartas. Cuadernos. Lugares.
Recuerdos. Historias familiares. Amigos antiguos. Profesores.
Objetos. Canciones. Libros.
Preguntas. No porque contengan
una verdad psicológica secreta. Sino
porque pueden devolver contexto. Una
fotografía puede hacernos preguntar:
¿QUIÉN ERA YO
AQUÍ? ¿CÓMO ME PRESENTABA? ¿CON QUIÉN ESTABA? ¿QUÉ ESTABA OCURRIENDO EN MI MUNDO?
No
necesitamos viajar al Tíbet. Quizá
tenemos media excavación en un cajón de casa.
AHORA
LA PERSONA PUEDE HABLAR
Imaginemos
que pudiéramos sentarla delante. Y
preguntarle: ¿CUÁNDO APARECISTE? ¿PARA QUÉ? ¿DE QUÉ ME PROTEGÍAS? ¿QUÉ ME PERMITÍAS CONSEGUIR? ¿ANTE QUIÉN FUNCIONABAS? ¿QUÉ TENÍAS QUE MOSTRAR? ¿QUÉ
NO PODÍAS MOSTRAR? ¿QUÉ PARTE DE
TU TRABAJO SIGUE SIENDO NECESARIA?
No estamos
suponiendo que exista literalmente otro personaje interior contestando. Es una herramienta para pensar sobre
nuestra propia construcción. Jung nos
presta la palabra. Madre Tierra le
añade: ITINERARIO.
Y PUEDE
OCURRIR ALGO PRECIOSO
Después de
investigar quizá miremos una antigua máscara que nos molestaba y digamos: AHORA
TE ENTIENDO. No: «TE
QUIERO FUERA.» Sino: «YA
SÉ PARA QUÉ ESTABAS.»
Quizá hizo
un trabajo formidable. Quizá permitió
atravesar una etapa. Quizá protegió. Quizá consiguió pertenencia. Quizá abrió una profesión. Quizá simplemente fue la mejor adaptación
disponible entonces. Y ahora podemos
decirle: GRACIAS. PERO YA NO TIENES QUE HACERLO TODO. Eso es muy diferente de luchar
contra uno mismo.
APRENDÍ
A PRESENTARME ASÍ Esta
frase puede sustituir muchas veces a: «YO SOY ASÍ.»
No siempre. No pretendemos reducir toda diferencia
personal al aprendizaje. Pero
introduce una posibilidad extraordinaria:
HISTORIA. Y cuando entra la historia
aparecen: contexto, función,
desarrollo, adaptación, constructo, conciencia, posibilidad de reubicación.
En nuestro
trabajo anterior ya habíamos formulado justamente esta diferencia: el modelo dispone,
mientras el itinerario
va amueblando; lo que hoy encontramos en una habitación
psicológica necesita ser investigado antes de convertirlo en esencia o condena.
Por eso la arqueología de la Persona
no pregunta: ¿CUÁL ES MI VERDADERA MÁSCARA?
Pregunta: ¿CÓMO APRENDÍ A PRESENTARME ASÍ?
Y después de
excavar: ¿QUÉ CONSERVO? ¿QUÉ FLEXIBILIZO? ¿QUÉ YA NO NECESITO? ¿QUÉ PUEDO MOSTRAR AHORA QUE ANTES NO
PODÍA?
Ahí empieza
a ocurrir algo. Porque mientras
estudiábamos la máscara hemos encontrado continuamente restos de aquello que no entró en ella.
Lo
inconveniente. Lo rechazado. Lo que no encajaba. Lo que no podía mostrarse. Todavía no afirmemos qué es. Primero miremos la frontera. Porque quizá la pregunta siguiente sea
una de las más importantes para llegar después a la Sombra de Jung: ¿QUÉ
TUVE QUE DEJAR FUERA PARA PODER PRESENTARME ASÍ?
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