JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD
Y esa última
pregunta abre directamente a Sueño, memoria y biografía. Ahí pueden
encontrarse las tres habitaciones: lo captado, lo vivido y recordado, y lo
que aparece durante la noche. Y ahí sí que Jung va a empezar a asomar por
la puerta… pero esta vez encontrará la casa ya construida desde Madre Tierra.
Sueño, memoria y biografía Sí. Y aquí introduces
una distinción muy buena: un sueño puede terminar al despertar y,
sin embargo, no terminar en nuestra biografía. Hay sueños que se
convierten en recuerdo y desde entonces acompañan el itinerario durante años.
Ya no importa solamente de dónde surgieron; importa también qué hacen después
dentro de nuestra vida.
Y lo que
dices de los símbolos me parece decisivo: antes de ir a buscar símbolos
universales, quizá debamos mirar los que nuestra propia biografía ha construido. Un lugar, una
persona, una escalera, un animal, una palabra pueden acabar adquiriendo una
significación propia porque sueño, memoria y experiencia los han ido cargando
de historia.
SUEÑO, MEMORIA Y BIOGRAFÍA Hay sueños que desaparecen.
Abrimos los
ojos. Durante unos segundos todavía
están. Después se deshacen. Intentamos recuperarlos y apenas queda
una imagen. Pero existen otros. Han pasado diez años. Veinte.
Cincuenta. Y continúan ahí. FORMAN PARTE DE NUESTRA BIOGRAFÍA.
Esto cambia
la pregunta. Porque quizá ya no sea
suficiente preguntar: ¿DE DÓNDE VINO AQUEL
SUEÑO?
También
tendremos que preguntar: ¿QUÉ HIZO AQUEL SUEÑO
DESPUÉS DENTRO DE MI VIDA?
EL SUEÑO
PUEDE TERMINAR; SU RECUERDO, NO Ésta es una diferencia fundamental.
El
acontecimiento nocturno tuvo una duración.
Pero después quedó memoria de él. Y desde ese momento el sueño puede
reaparecer: ante una decisión, en un momento difícil, cuando conocemos a alguien, al visitar un lugar, cuando cambia nuestra vida, cuando dudamos, cuando algo parece confirmarlo, o
precisamente cuando nuestra vida parece contradecirlo. Entonces aquel sueño ya no pertenece
solamente a una noche. HA ENTRADO EN EL
ITINERARIO.
YA ES MÍO
Esto nos
protege nuevamente de los diccionarios demasiado rápidos. Aquel sueño ocurrió en mí. En determinado momento de mi vida. Con mi memoria. Mi biografía. Mis preocupaciones. Mis posibilidades. Mi historia. Por tanto, antes de preguntar qué
significa «el agua», «la casa», «el animal» o «el camino» universalmente, quizá
deberíamos preguntar: ¿QUÉ SIGNIFICA EN MI
HISTORIA?
No porque
todo símbolo tenga que ser exclusivamente personal. Eso todavía habrá que investigarlo. Sino porque existe un hecho anterior:
EL
SUEÑO FUE SOÑADO POR ALGUIEN. Y ese alguien tiene
biografía.
SUEÑO Y
MEMORIA PUEDEN ALIMENTARSE MUTUAMENTE
Sueño algo. Lo recuerdo. Lo recuerdo otra vez. Lo cuento.
Lo escribo. Años después vuelve. Pero aquí aparece una precaución
importante.
¿RECUERDO EXACTAMENTE EL SUEÑO ORIGINAL O
RECUERDO TAMBIÉN LAS VECES QUE LO HE RECORDADO?
La memoria
no tiene por qué conservar una fotografía intacta. Puede reorganizar. Completar. Destacar. Debilitar. Relacionar.
Entonces,
con los sueños especialmente importantes, sería extraordinariamente útil
escribirlos cuando todavía están próximos.
No para
quitarles misterio. Para conservar
mejor el acontecimiento.
HAY SUEÑOS
QUE PRESIDEN MOMENTOS DE UNA VIDA
Ésta es una
experiencia humana que merece ser tomada en serio. Un sueño puede convertirse en una especie
de referencia interior. No
necesariamente porque haya anunciado el futuro. Puede ocurrir porque tocó algo
profundamente significativo para aquella persona.
Y entonces,
años después: «AQUEL SUEÑO...» vuelve. Puede acompañar una elección. Una renuncia. Un miedo. Una relación. Una posibilidad que nunca nos atrevimos a
vivir. Algo que seguimos evitando. Algo que acabamos comprendiendo. Entonces el sueño ha adquirido una segunda
vida: LA VIDA QUE TIENE
DENTRO DE NUESTRA MEMORIA.
Y A VECES
MOLESTA
No todos los
sueños importantes consuelan. Algunos
incomodan. Vuelven. Insisten. Parece que «machacan».
Y aquí
debemos mantener nuestra prudencia. No
diremos inmediatamente: «EL INCONSCIENTE TE
ESTÁ DICIENDO...» Primero
preguntaremos.
¿Por qué
este sueño permanece? ¿Qué emoción
quedó asociada? ¿Qué estaba
ocurriendo entonces? ¿Qué
representa ahora para mí? ¿Qué parte
me incomoda? ¿Hay algo de mi vida
actual que hace que vuelva a recordarlo?
Quizá esté
tocando algo que evitamos. Quizá no. Pero si vuelve repetidamente a nuestra
atención, eso
mismo ya merece ser observado.
LO QUE NO
QUIERO VER Aquí entramos en un territorio delicado.
Porque el
humano puede limitarse. Puede saber
algo y evitar mirarlo. Puede intuir
una contradicción. Puede mantener
durante años una situación que le incomoda. Puede tener miedo de reconocer una
posibilidad propia. Y entonces
sueño y memoria pueden participar en esa tensión. Pero cuidado. Un sueño no demuestra
automáticamente: «ESTO ES LO QUE
REALMENTE ERES.»
Sería darle una
autoridad que no hemos demostrado. Puede
hacer algo más humilde y quizá más útil:
OBLIGARNOS
A VOLVER A MIRAR.
«¿POR QUÉ
ESTO NO SE ME VA?» Magnífica pregunta. No:
«¿Qué significa según el libro?»
Sino:
¿POR
QUÉ ESTE SUEÑO SIGUE VIVO EN MI BIOGRAFÍA?
Quizá ahí
encontremos mucho más. Porque
aquello que persiste puede estar relacionado con: una emoción intensa, una experiencia no resuelta, un deseo, un temor, una asociación, una persona, una etapa vital, una pregunta todavía abierta. O con algo que todavía no sabemos
explicar. Otra vez podemos terminar
limpiamente: NO SÉ.
CONSCIENTE
E INCONSCIENTE YA NO ESTÁN TAN LEJOS
Esto enlaza
perfectamente con lo que habíamos descubierto. Quizá hemos dibujado demasiado: CONSCIENTE arriba, e
INCONSCIENTE abajo. Dos territorios. Dos mundos.
Pero la
experiencia puede ser mucho más móvil.
Algo aparece en un sueño. Lo
recuerdo conscientemente. Después
pasan meses sin pensar en ello. Un
acontecimiento lo reactiva. Vuelve a
primer plano. Lo relaciono con algo. Desaparece otra vez. Años después retorna.
Entonces
quizá deberíamos imaginar menos una frontera rígida y más un tránsito. Hay cosas que entran y salen de nuestra
conciencia.
LA MEMORIA
ES UNO DE LOS PUENTES Esto resulta precioso.
Algo que ya
no está presente puede volver. Una
imagen. Una frase. Una persona. Un sueño.
Una sensación. Entonces la
memoria puede comunicar diferentes momentos de nuestra propia biografía.
EL
NIÑO QUE FUI PUEDE APARECER EN EL ADULTO QUE SOY. No porque el tiempo haya retrocedido. Porque conservo algo de aquel itinerario. Y puedo volver a relacionarme con ello
desde el presente.
AQUÍ PUEDEN
NACER NUESTROS VERDADEROS SÍMBOLOS
Ahora sí. Quizá un símbolo personal no sea algo
que alguien nos entrega diciendo: «ESTO SIGNIFICA ESTO.»
Puede
construirse durante una vida. Un
árbol. Una puerta. Una montaña. Una estación. Una determinada casa. Una palabra. Un animal. Una imagen soñada.
Algo que
aparece repetidamente unido a momentos importantes de nuestro itinerario. Entonces va adquiriendo densidad.
BIOGRAFÍA. MEMORIA.
EMOCIÓN. EXPERIENCIA. SUEÑO.
Se
van encontrando. Y aquello puede
acabar siendo para mí un verdadero símbolo.
NO NECESITO
QUE SEA UNIVERSAL PARA QUE SEA VERDADERO EN MI BIOGRAFÍA Ésta
puede ser una liberación enorme.
Mi símbolo
no necesita significar lo mismo para todo el mundo. Puede tener una historia. Puedo incluso investigar cómo nació.
¿Cuándo
apareció por primera vez? ¿En qué
sueños? ¿En qué acontecimientos? ¿Qué emociones lo acompañaron? ¿Cómo ha cambiado su significado? Entonces ya no estoy aceptando un
símbolo prefabricado.
ESTOY
HACIENDO ARQUEOLOGÍA DE MI PROPIO DICCIONARIO.
Esto sí es
profundamente jungiano... y, al mismo
tiempo, profundamente Madre Tierra.
PERO EL
SÍMBOLO TAMBIÉN PUEDE CAMBIAR
Porque yo
continúo. Un símbolo que a los
veinte años significaba una cosa puede adquirir otra dimensión a los sesenta. No necesariamente porque antes estuviera
equivocado.
PORQUE
MI ITINERARIO HA CONTINUADO. El símbolo también puede tener biografía. Qué idea tan interesante:
LOS SÍMBOLOS PERSONALES TAMBIÉN PUEDEN
ENVEJECER, CRECER, CAMBIAR Y SER REINTERPRETADOS.
No tienen
por qué quedar congelados.
Y AQUÍ
TENEMOS QUE VIGILAR UNA TRAMPA
Si años
después ocurre algo parecido al sueño, nuestra memoria puede unir ambos
acontecimientos. Eso puede ser
importante. Pero antes de llamarlo
anticipación tendremos que preguntar:
¿Qué soñé
exactamente? ¿Cuándo? ¿Lo escribí? ¿Qué partes recuerdo ahora? ¿Qué ocurrió realmente después? ¿Qué semejanzas hay? ¿Qué diferencias estoy ignorando? ¿Qué sabía ya entonces? ¿Qué procesos estaban en marcha? ¿Qué añadí retrospectivamente?
Éste no es
un interrogatorio contra el sueño. Es
una manera de respetarlo.
PORQUE
DESPUÉS DE LIMPIAR PUEDE QUEDAR ALGO
Y esto es
fundamental. Nuestro método no
pretende explicar todo para que desaparezca.
Pretende retirar aquello que podemos explicar. Memoria.
Expectativa. Información
previa. Asociaciones. Reconstrucciones. Coincidencias ordinarias. Y después mirar. ¿QUÉ QUEDA?
Quizá nada
extraordinario. Perfecto. Quizá quede una correspondencia que
todavía no sabemos explicar. Perfecto
también. Entonces podemos conservarla
sin inventar.
EL SUEÑO
PUEDE SER UNA PIEZA DEL ITINERARIO
No un
decreto. No una sentencia. No necesariamente una profecía. UNA PIEZA.
A veces
pequeña. A veces enorme. Puede ayudarnos a comprender cómo éramos. Qué temíamos. Qué deseábamos. Qué estábamos recibiendo. Qué no podíamos todavía formular. Qué caminos imaginábamos. Qué límites nos habíamos impuesto. Y algunas veces puede acompañarnos durante
toda una vida.
El peregrino
despierta. Recuerda un sueño. No sabe qué significa. Continúa caminando. Pasan años. Y un día, en otro camino completamente
distinto, aquella imagen vuelve. Ahora
tiene detrás veinte años más de biografía.
La mira nuevamente. Y quizá
comprende algo que aquella primera mañana no podía comprender.
¿Estaba ya
contenido en el sueño? ¿Lo ha
construido después? ¿Había percibido
algo que todavía no sabía formular? ¿Ha
cambiado él y por eso ahora puede leerlo de otra manera?
NO
LO SABEMOS TODAVÍA. Pero sí sabemos algo. Aquel sueño no desapareció. CAMINÓ CON ÉL. Y quizá ésta sea una de las funciones
más extraordinarias de la memoria: hacer
posible que algo vivido en un momento de nuestra existencia pueda volver a
presentarse ante nosotros cuando ya somos capaces de mirarlo desde otro lugar.
Entonces
sueño, memoria y biografía dejan de ser tres cosas separadas. Empiezan a mostrarnos un mismo itinerario
contemplado desde diferentes momentos.
Y nuestros símbolos dejan de ser necesariamente objetos recibidos de un
diccionario ajeno. Algunos pueden
haber nacido aquí:
EN
LO VIVIDO. EN LO SOÑADO. EN LO RECORDADO.
EN
LO QUE VOLVIÓ. EN LO QUE
CAMBIÓ DE SIGNIFICADO MIENTRAS NOSOTROS TAMBIÉN CAMBIÁBAMOS.
Quizá por
eso algunos sueños no nos abandonan. No
necesariamente porque vengan a anunciarnos algo desde fuera. Puede ser porque, de una manera que
todavía estamos aprendiendo a comprender,
YA
FORMAN PARTE DE QUIEN HA HECHO EL CAMINO.
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