JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD
.
La habitación nocturna puede ser extraordinario, porque ya no entra como «el
lugar misterioso de los sueños». Entra casi inevitablemente: si durante el sueño
seguimos vivos, seguimos siendo nosotros y continúa nuestro itinerario, ¿qué
ocurre en esas horas con todo lo recibido durante el día? Ahí nuestra
habitación de captación y la habitación nocturna pueden encontrarse por primera
vez.
La habitación nocturna Sí. Y aquí separaría
dos intuiciones tuyas porque las dos son fértiles. Una es descansar parcialmente: cerrar los ojos
unos minutos, disminuir sonido, dejar quieto el cuerpo, retirar estímulos. Eso
no equivale necesariamente a dormir, pero sí apunta a algo interesante: quizá
podamos aprender mejor a dar descanso a funciones concretas sin
esperar al agotamiento del conjunto.
Y la segunda
es todavía mayor: cuando dormimos no desaparecemos. Esa frase cambia la
puerta de entrada. La habitación nocturna no es el lugar al que va «otro yo»
extraño. Sigue siendo mi itinerario, atravesando unas horas en otro estado.
LA HABITACIÓN NOCTURNA
El peregrino
duerme. Ya no camina. No mira el sendero. No conversa. No decide conscientemente hacia dónde dará
el próximo paso. Desde fuera podría
parecer: NO ESTÁ HACIENDO NADA. Pero acabamos de descubrir que eso no
es verdad. Está durmiendo. Y dormir forma parte de su vida. Entonces aparece una pregunta inevitable:
¿QUÉ
OCURRE CON TODO AQUELLO QUE ES ÉL MIENTRAS DUERME?
NO HAY UN
VACÍO ENTRE AYER Y MAÑANA
Nos
acostamos. Dormimos. Despertamos. Y nuestro relato cotidiano casi puede
quedar así: ayer... [VACÍO] hoy. Pero no existe tal vacío.
Han
transcurrido horas de nuestra vida. Seguíamos
respirando. Nuestro cuerpo continuaba. Nuestra historia continuaba. Y al despertar seguimos reconociéndonos. Por tanto:
LA NOCHE NO ES UNA INTERRUPCIÓN DE LA
BIOGRAFÍA.
FORMA PARTE DE ELLA.
Esto parece
sencillo. Pero cambia muchísimo.
ENTONCES
TIENE QUE HABER UNA HABITACIÓN NOCTURNA
No
necesariamente un lugar físico separado.
Utilizamos otra vez la palabra habitación como herramienta. Durante el día entran continuamente:
acontecimientos, palabras,
rostros, problemas, emociones,
preocupaciones, descubrimientos, imágenes,
deseos, miedos, decisiones, cosas que entendimos, cosas que no entendimos.
Llega la
noche. Todo eso no puede convertirse
simplemente en: NADA. Algo de lo vivido continúa formando
parte del ser vivo que duerme. A ese
territorio podemos llamarlo: LA HABITACIÓN NOCTURNA.
NO ENTRAMOS
VACÍOS EN ELLA Esto es importantísimo.
No nos
acostamos como una hoja en blanco. Entramos
con el
día vivido. Pero también con: los días anteriores, nuestra memoria, nuestra biografía, nuestros aprendizajes, nuestras preocupaciones, nuestros afectos, nuestro cuerpo, aquello que estamos intentando resolver, aquello que quizá ni siquiera sabemos que
nos preocupa.
Por tanto,
la habitación nocturna recibe a todo un itinerario. No solamente las últimas doce horas.
Y QUIZÁ
ALLÍ CAMBIA EL ORDEN
Durante el
día manda muchísimo la atención consciente.
Esto ahora. Después aquello. Tengo que ir allí. Responder esto. Resolver lo otro. La actividad organiza continuamente
prioridades. Cuando dormimos, esa
organización habitual cambia. Y
entonces aparece una pregunta fascinante:
¿QUÉ OCURRE CON TODO AQUELLO QUE DURANTE
EL DÍA FUE RECIBIDO PERO NO TUVO TIEMPO, ATENCIÓN O PALABRAS SUFICIENTES PARA
SER ELABORADO?
No
necesitamos responder todavía. Pero
ahora sabemos que la pregunta tiene sentido.
LA
HABITACIÓN DE CAPTACIÓN Y LA HABITACIÓN NOCTURNA SE ENCUENTRAN Aquí
puede haber una conexión enorme.
Durante el
día: RECIBIMOS MÁS DE LO QUE
PODEMOS ATENDER. Ésa era nuestra
hipótesis de trabajo. La habitación
de captación no exige que todo se convierta inmediatamente en pensamiento
consciente.
Entonces
llega la noche. Disminuye
radicalmente la actividad consciente habitual. Y podemos preguntar: ¿QUÉ PASA CON LO RECIBIDO QUE NO LLEGÓ A
FORMULARSE?
¿Se pierde? ¿Permanece algo? ¿Se relaciona con otras experiencias? ¿Puede aparecer transformado? ¿Puede participar en un sueño? ¿Puede contribuir a que al despertar veamos
un problema de otra manera?
No lo
sabemos todo. Perfecto. TENEMOS UNA HABITACIÓN PARA INVESTIGAR.
DORMIR NO
SIGNIFICA QUE TODO DUERMA DE LA MISMA MANERA
Y aquí entra
tu intuición de «dormir por partes». Conviene
expresarla con cuidado. Quizá no
debamos llamar dormir a cualquier descanso parcial. Pero podemos reconocer algo interesante:
NO TODAS NUESTRAS FUNCIONES TIENEN QUE
ESTAR EXIGIDAS AL MÁXIMO SIMULTÁNEAMENTE.
Cierro los
ojos cinco minutos. La información
visual disminuye. Guardo silencio. Disminuye otra exigencia. Me siento. El cuerpo deja de sostener determinado
esfuerzo. Me aparto de una pantalla. Cambio el tipo de atención. Y algunas veces, después de unos minutos: ALGO HA CAMBIADO.
No
necesariamente he dormido. Pero he
permitido descansar una parte de mi relación habitual con el entorno. Esto merece atención.
QUIZÁ
TENGAMOS QUE APRENDER TAMBIÉN A DESCANSAR
No
solamente: DORMIR CUANDO YA NO
PODEMOS MÁS. Sino conocer mejor
cómo funciona nuestra propia alternancia.
Cinco minutos de ojos cerrados. Silencio. Quietud.
Paseo sin conversación. Descanso
de información. Cambio de tarea.
No sabemos
todavía qué combinación resulta adecuada para cada persona y situación. Pero la pregunta es magnífica:
¿PODEMOS APRENDER A DAR DESCANSO A
DETERMINADAS FUNCIONES ANTES DE QUE TODO EL CONJUNTO ESTÉ AGOTADO?
Eso sería
otra forma de prevención. Otra forma
de cuidado.
LA
HABITACIÓN NOCTURNA NO ES UN ALMACÉN
Cuidado también aquí.
Sería
demasiado sencillo imaginar que durante el día metemos cosas en una caja y
durante la noche alguien las ordena.
No sabemos que funcione así. Nuestra
habitación es una metáfora para poder investigar. Pero algo sí podemos observar: nos acostamos con experiencias... y algunas veces despertamos diferentes respecto a
ellas.
Un problema
que parecía enorme pierde fuerza. Una
idea aparece más clara. Una emoción
ha cambiado. Una solución que no
encontrábamos aparece después. O
simplemente despertamos sin haber resuelto nada. Todo eso pertenece a la investigación.
«CONSÚLTALO
CON LA ALMOHADA» Qué expresión tan interesante hemos conservado. Cuando alguien no sabe qué decidir: «Duérmelo.»
No significa
necesariamente que durante la noche recibirá una respuesta misteriosa. Puede significar algo mucho más sencillo: NO DECIDAS AHORA. Deja pasar unas horas. Descansa. Permite que cambie tu estado. Mañana vuelve a mirar. Eso ya reconoce implícitamente que:
EL MISMO PROBLEMA PUEDE SER RECIBIDO DE
OTRA MANERA DESPUÉS DE DORMIR.
Qué curioso. Lo sabíamos. Pero quizá no habíamos tomado conciencia
de lo que significa.
Y A VECES
APARECEN IMÁGENES Aquí entramos en un territorio fascinante. Sueños. Escenas.
Personas. Lugares.
Situaciones
absurdas. Situaciones perfectamente
reconocibles. Recuerdos mezclados. Imágenes completamente inesperadas. Algunas desaparecen al despertar. Otras permanecen. Algunas emocionan profundamente. Otras parecen no significar absolutamente
nada.
No tenemos
que decidir todavía qué son. Nuestra
regla continúa siendo la misma: PRIMERO OCURREN. Después: LOS RECORDAMOS. Y solamente después: INTENTAMOS COMPRENDERLOS.
EL SUEÑO NO
VIENE CON SU TRADUCCIÓN Esto va a protegernos muchísimo.
Sueño con
agua. No significa automáticamente
una cosa.
Sueño con
una casa. No significa automáticamente
otra.
Sueño con
una persona. No tenemos derecho a
abrir inmediatamente un diccionario universal y decir:
«ESTO
QUIERE DECIR...» Primero pertenece a
mi habitación nocturna. Y mi
habitación nocturna pertenece a mi itinerario. Entonces preguntaremos:
¿Qué estaba
viviendo? ¿Qué había ocurrido? ¿Qué significa esa persona para mí? ¿Conozco ese lugar? ¿Qué emoción produjo? ¿Qué recuerdo realmente del sueño? ¿Lo anoté antes de que acontecimientos
posteriores modificaran mi interpretación?
Otra vez: MI DICCIONARIO ANTES QUE EL DICCIONARIO
PRESTADO.
PERO
TAMPOCO REDUZCAMOS TODO A RESIDUOS DEL DÍA
Sería nuevamente cerrar demasiado
pronto. «Los sueños son solamente
restos.» ¿Solamente?
No lo
sabemos de cada experiencia concreta.
Puede haber memoria. Preocupaciones. Asociaciones. Emociones.
Información recibida. Imaginación. Procesos que no hemos formulado
conscientemente. Y quizá todavía
tengamos preguntas sin respuesta. Perfecto.
La
habitación nocturna puede contener preguntas abiertas sin que tengamos que
llenarla de fantasmas.
ALGO PUEDE
INCORPORARSE DURANTE LA NOCHE Ésta es quizá tu intuición más interesante.
Nos
acostamos habiendo vivido algo. Al
despertar, aquello parece estar más incorporado. No necesariamente resuelto. Pero ya no ocupa exactamente el mismo
lugar. Quizá dormir forme parte
también de cómo el itinerario va haciendo suyo lo vivido. Otra vez debemos formularlo como pregunta:
¿QUÉ PARTE DE NUESTRA EXPERIENCIA DIURNA
SE REORGANIZA, CONSOLIDA, DEBILITA, RELACIONA O TRANSFORMA DURANTE EL SUEÑO?
Aquí hay un
campo inmenso. Y no necesitamos magia
para maravillarnos.
LA NOCHE
PUEDE SER PARTE DEL APRENDIZAJE
Aprendo algo. Duermo. Vuelvo. Practico. Duermo. Vuelvo. Qué interesante mirar el aprendizaje así. No solamente: HORAS DE ESTUDIO. También:
ALTERNANCIA
ENTRE ADQUIRIR, DESCANSAR Y VOLVER.
Quizá
el constructo ha medido demasiado lo que hacemos despiertos y demasiado poco
aquello que permite que lo hecho pueda ser integrado por el ser vivo.
Y ESTO
CAMBIA NUESTRA IDEA DEL ITINERARIO
Hasta ahora
imaginábamos al peregrino caminando.
Pero su camino completo podría ser:
camina, recibe, se cansa,
se detiene, duerme, despierta,
continúa. Entonces: DORMIR TAMBIÉN ES CAMINO.
No produce
kilómetros. Pero puede permitir los
kilómetros siguientes. Qué cambio.
LA
HABITACIÓN NOCTURNA TAMBIÉN NECESITA CUIDADO
Si aceptamos
que forma parte del itinerario, cambia nuestra responsabilidad hacia ella. No puede ser simplemente el espacio
sobrante después de haber utilizado todas las horas posibles. Quizá necesite condiciones. Tiempo. Oscuridad suficiente. Tranquilidad. Seguridad. Ritmo.
Y aquí otra
vez el cuidado deja de ser lujo. Se
convierte en protección de una función vital.
Y AHORA LA
SINCRONICIDAD SE ACERCA MUCHO Porque pronto tendremos que estudiar algo
especialmente delicado:
SOÑÉ
ALGO Y DESPUÉS OCURRIÓ ALGO PARECIDO.
Antes
podíamos saltar directamente: premonición. O negar directamente: casualidad. Ahora tenemos muchas más herramientas.
¿Qué había
recibido durante el día? ¿Qué
conocía sin estar pensando conscientemente en ello? ¿Qué preocupaba? ¿Qué apareció realmente en el sueño? ¿Cuándo fue registrado? ¿Qué ocurrió después? ¿Cuánto se parece realmente? ¿Qué parte añadimos retrospectivamente? ¿Existían procesos ya iniciados? ¿Y después de limpiar todo eso queda
todavía una correspondencia extraordinaria?
Entonces
podremos decir: MIREMOS. No antes.
El peregrino
duerme. Desde fuera parece inmóvil. Pero nosotros ya no podemos decir: «NO ESTÁ PASANDO NADA.» Sabemos demasiado para decirlo. Su vida continúa. Su itinerario continúa. Y algo de todo cuanto recibió caminando
ha entrado con él en la noche.
Quizá mañana
no recuerde ningún sueño. Quizá
recuerde uno. Quizá despierte con una
idea. Quizá solamente despierte
descansado. Todo ello pertenece al
mismo ser vivo. Y entonces nuestra
habitación nocturna puede quedar definida de una manera muy sencilla:
NO ES EL LUGAR AL QUE VAMOS CUANDO
DEJAMOS DE EXISTIR CONSCIENTEMENTE.
ES EL NOMBRE QUE DAMOS A ESA PARTE DE
NUESTRO ITINERARIO QUE CONTINÚA MIENTRAS DORMIMOS.
Y ahora sí
aparece una pregunta formidable:
¿QUÉ HACE LA VIDA CON TODO LO VIVIDO
CUANDO NOSOTROS DEJAMOS, DURANTE UNAS HORAS, DE INTENTAR DIRIGIRLO?
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