LIBROS de BARBARIN I II III

viernes, 16 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD ¿qué ocurre en esas horas con todo lo recibido durante el día?

  JUNG PASEANDO  SINCRONICIDAD

. La habitación nocturna puede ser extraordinario, porque ya no entra como «el lugar misterioso de los sueños». Entra casi inevitablemente: si durante el sueño seguimos vivos, seguimos siendo nosotros y continúa nuestro itinerario, ¿qué ocurre en esas horas con todo lo recibido durante el día? Ahí nuestra habitación de captación y la habitación nocturna pueden encontrarse por primera vez.

La habitación nocturna     Sí. Y aquí separaría dos intuiciones tuyas porque las dos son fértiles. Una es descansar parcialmente: cerrar los ojos unos minutos, disminuir sonido, dejar quieto el cuerpo, retirar estímulos. Eso no equivale necesariamente a dormir, pero sí apunta a algo interesante: quizá podamos aprender mejor a dar descanso a funciones concretas sin esperar al agotamiento del conjunto.

Y la segunda es todavía mayor: cuando dormimos no desaparecemos. Esa frase cambia la puerta de entrada. La habitación nocturna no es el lugar al que va «otro yo» extraño. Sigue siendo mi itinerario, atravesando unas horas en otro estado.

 LA HABITACIÓN NOCTURNA

El peregrino duerme.     Ya no camina.    No mira el sendero.    No conversa.    No decide conscientemente hacia dónde dará el próximo paso.    Desde fuera podría parecer:     NO ESTÁ HACIENDO NADA.        Pero acabamos de descubrir que eso no es verdad.     Está durmiendo.     Y dormir forma parte de su vida.     Entonces aparece una pregunta inevitable:

¿QUÉ OCURRE CON TODO AQUELLO QUE ES ÉL MIENTRAS DUERME?


NO HAY UN VACÍO ENTRE AYER Y MAÑANA

Nos acostamos.    Dormimos.      Despertamos.     Y nuestro relato cotidiano casi puede quedar así:        ayer...       [VACÍO]      hoy.     Pero no existe tal vacío.

Han transcurrido horas de nuestra vida.    Seguíamos respirando.   Nuestro cuerpo continuaba.   Nuestra historia continuaba.   Y al despertar seguimos reconociéndonos.    Por tanto:

LA NOCHE NO ES UNA INTERRUPCIÓN DE LA BIOGRAFÍA.

FORMA PARTE DE ELLA.

Esto parece sencillo.    Pero cambia muchísimo.


ENTONCES TIENE QUE HABER UNA HABITACIÓN NOCTURNA

No necesariamente un lugar físico separado.      Utilizamos otra vez la palabra habitación como herramienta.      Durante el día entran continuamente:

acontecimientos,   palabras,   rostros,   problemas,   emociones,   preocupaciones,   descubrimientos,    imágenes,    deseos,    miedos,   decisiones,    cosas que entendimos,    cosas que no entendimos.

Llega la noche.    Todo eso no puede convertirse simplemente en:   NADA.     Algo de lo vivido continúa formando parte del ser vivo que duerme.      A ese territorio podemos llamarlo:      LA HABITACIÓN NOCTURNA.


NO ENTRAMOS VACÍOS EN ELLA       Esto es importantísimo.

No nos acostamos como una hoja en blanco.     Entramos con el día vivido.    Pero también con:    los días anteriores,    nuestra memoria,    nuestra biografía,    nuestros aprendizajes,    nuestras preocupaciones,    nuestros afectos,    nuestro cuerpo,     aquello que estamos intentando resolver,     aquello que quizá ni siquiera sabemos que nos preocupa.

Por tanto, la habitación nocturna recibe a todo un itinerario.     No solamente las últimas doce horas.


Y QUIZÁ ALLÍ CAMBIA EL ORDEN

Durante el día manda muchísimo la atención consciente.     Esto ahora.    Después aquello.    Tengo que ir allí.    Responder esto.    Resolver lo otro.    La actividad organiza continuamente prioridades.    Cuando dormimos, esa organización habitual cambia.     Y entonces aparece una pregunta fascinante:

¿QUÉ OCURRE CON TODO AQUELLO QUE DURANTE EL DÍA FUE RECIBIDO PERO NO TUVO TIEMPO, ATENCIÓN O PALABRAS SUFICIENTES PARA SER ELABORADO?

No necesitamos responder todavía.     Pero ahora sabemos que la pregunta tiene sentido.


LA HABITACIÓN DE CAPTACIÓN Y LA HABITACIÓN NOCTURNA SE ENCUENTRAN          Aquí puede haber una conexión enorme.

Durante el día:      RECIBIMOS MÁS DE LO QUE PODEMOS ATENDER.     Ésa era nuestra hipótesis de trabajo.      La habitación de captación no exige que todo se convierta inmediatamente en pensamiento consciente.

Entonces llega la noche.      Disminuye radicalmente la actividad consciente habitual.         Y podemos preguntar:     ¿QUÉ PASA CON LO RECIBIDO QUE NO LLEGÓ A FORMULARSE?

¿Se pierde?    ¿Permanece algo?     ¿Se relaciona con otras experiencias?    ¿Puede aparecer transformado?     ¿Puede participar en un sueño?    ¿Puede contribuir a que al despertar veamos un problema de otra manera?

No lo sabemos todo.     Perfecto.       TENEMOS UNA HABITACIÓN PARA INVESTIGAR.


DORMIR NO SIGNIFICA QUE TODO DUERMA DE LA MISMA MANERA

Y aquí entra tu intuición de «dormir por partes».     Conviene expresarla con cuidado.      Quizá no debamos llamar dormir a cualquier descanso parcial.    Pero podemos reconocer algo interesante:

NO TODAS NUESTRAS FUNCIONES TIENEN QUE ESTAR EXIGIDAS AL MÁXIMO SIMULTÁNEAMENTE.

Cierro los ojos cinco minutos.     La información visual disminuye.     Guardo silencio.       Disminuye otra exigencia.      Me siento.    El cuerpo deja de sostener determinado esfuerzo.     Me aparto de una pantalla.    Cambio el tipo de atención.     Y algunas veces, después de unos minutos:    ALGO HA CAMBIADO.

No necesariamente he dormido.     Pero he permitido descansar una parte de mi relación habitual con el entorno.     Esto merece atención.


QUIZÁ TENGAMOS QUE APRENDER TAMBIÉN A DESCANSAR

No solamente:      DORMIR CUANDO YA NO PODEMOS MÁS.     Sino conocer mejor cómo funciona nuestra propia alternancia.    Cinco minutos de ojos cerrados.   Silencio.   Quietud.   Paseo sin conversación.   Descanso de información.     Cambio de tarea.

No sabemos todavía qué combinación resulta adecuada para cada persona y situación.     Pero la pregunta es magnífica:

¿PODEMOS APRENDER A DAR DESCANSO A DETERMINADAS FUNCIONES ANTES DE QUE TODO EL CONJUNTO ESTÉ AGOTADO?

Eso sería otra forma de prevención.     Otra forma de cuidado.


LA HABITACIÓN NOCTURNA NO ES UN ALMACÉN      Cuidado también aquí.

Sería demasiado sencillo imaginar que durante el día metemos cosas en una caja y durante la noche alguien las ordena.      No sabemos que funcione así.      Nuestra habitación es una metáfora para poder investigar.      Pero algo sí podemos observar:       nos acostamos con experiencias...      y algunas veces despertamos diferentes respecto a ellas.

Un problema que parecía enorme pierde fuerza.      Una idea aparece más clara.      Una emoción ha cambiado.       Una solución que no encontrábamos aparece después.     O simplemente despertamos sin haber resuelto nada.      Todo eso pertenece a la investigación.


«CONSÚLTALO CON LA ALMOHADA»       Qué expresión tan interesante hemos conservado.      Cuando alguien no sabe qué decidir:  «Duérmelo.»

No significa necesariamente que durante la noche recibirá una respuesta misteriosa.     Puede significar algo mucho más sencillo:      NO DECIDAS AHORA.    Deja pasar unas horas.    Descansa.     Permite que cambie tu estado.     Mañana vuelve a mirar.    Eso ya reconoce implícitamente que:

EL MISMO PROBLEMA PUEDE SER RECIBIDO DE OTRA MANERA DESPUÉS DE DORMIR.

Qué curioso.      Lo sabíamos.      Pero quizá no habíamos tomado conciencia de lo que significa.


Y A VECES APARECEN IMÁGENES       Aquí entramos en un territorio fascinante.      Sueños.     Escenas.    Personas.    Lugares.

Situaciones absurdas.    Situaciones perfectamente reconocibles.   Recuerdos mezclados.    Imágenes completamente inesperadas.   Algunas desaparecen al despertar.     Otras permanecen.      Algunas emocionan profundamente.     Otras parecen no significar absolutamente nada.

No tenemos que decidir todavía qué son.     Nuestra regla continúa siendo la misma:     PRIMERO OCURREN.     Después:    LOS RECORDAMOS.           Y solamente después:       INTENTAMOS COMPRENDERLOS.


EL SUEÑO NO VIENE CON SU TRADUCCIÓN      Esto va a protegernos muchísimo.

Sueño con agua.     No significa automáticamente una cosa.

Sueño con una casa.     No significa automáticamente otra.

Sueño con una persona.     No tenemos derecho a abrir inmediatamente un diccionario universal y decir:

«ESTO QUIERE DECIR...»     Primero pertenece a mi habitación nocturna.     Y mi habitación nocturna pertenece a mi itinerario.        Entonces preguntaremos:

¿Qué estaba viviendo?    ¿Qué había ocurrido?     ¿Qué significa esa persona para mí?     ¿Conozco ese lugar?     ¿Qué emoción produjo?     ¿Qué recuerdo realmente del sueño?       ¿Lo anoté antes de que acontecimientos posteriores modificaran mi interpretación?

Otra vez:    MI DICCIONARIO ANTES QUE EL DICCIONARIO PRESTADO.


PERO TAMPOCO REDUZCAMOS TODO A RESIDUOS DEL DÍA     Sería nuevamente cerrar demasiado pronto.      «Los sueños son solamente restos.»         ¿Solamente?

No lo sabemos de cada experiencia concreta.     Puede haber memoria.    Preocupaciones.    Asociaciones.   Emociones.    Información recibida.    Imaginación.    Procesos que no hemos formulado conscientemente.     Y quizá todavía tengamos preguntas sin respuesta.     Perfecto.

La habitación nocturna puede contener preguntas abiertas sin que tengamos que llenarla de fantasmas.


ALGO PUEDE INCORPORARSE DURANTE LA NOCHE      Ésta es quizá tu intuición más interesante.

Nos acostamos habiendo vivido algo.     Al despertar, aquello parece estar más incorporado.    No necesariamente resuelto.      Pero ya no ocupa exactamente el mismo lugar.       Quizá dormir forme parte también de cómo el itinerario va haciendo suyo lo vivido.        Otra vez debemos formularlo como pregunta:

¿QUÉ PARTE DE NUESTRA EXPERIENCIA DIURNA SE REORGANIZA, CONSOLIDA, DEBILITA, RELACIONA O TRANSFORMA DURANTE EL SUEÑO?

Aquí hay un campo inmenso.     Y no necesitamos magia para maravillarnos.


LA NOCHE PUEDE SER PARTE DEL APRENDIZAJE

Aprendo algo.      Duermo.      Vuelvo.     Practico.     Duermo.      Vuelvo.      Qué interesante mirar el aprendizaje así.        No solamente:      HORAS DE ESTUDIO.       También:

ALTERNANCIA ENTRE ADQUIRIR, DESCANSAR Y VOLVER.              Quizá el constructo ha medido demasiado lo que hacemos despiertos y demasiado poco aquello que permite que lo hecho pueda ser integrado por el ser vivo.


Y ESTO CAMBIA NUESTRA IDEA DEL ITINERARIO

Hasta ahora imaginábamos al peregrino caminando.      Pero su camino completo podría ser:     camina,   recibe,   se cansa,    se detiene,    duerme,   despierta,    continúa.      Entonces:    DORMIR TAMBIÉN ES CAMINO.

No produce kilómetros.    Pero puede permitir los kilómetros siguientes.     Qué cambio.


LA HABITACIÓN NOCTURNA TAMBIÉN NECESITA CUIDADO

Si aceptamos que forma parte del itinerario, cambia nuestra responsabilidad hacia ella.       No puede ser simplemente el espacio sobrante después de haber utilizado todas las horas posibles.     Quizá necesite condiciones.       Tiempo.      Oscuridad suficiente.    Tranquilidad.     Seguridad.     Ritmo.

Y aquí otra vez el cuidado deja de ser lujo.       Se convierte en protección de una función vital.


Y AHORA LA SINCRONICIDAD SE ACERCA MUCHO       Porque pronto tendremos que estudiar algo especialmente delicado:

SOÑÉ ALGO Y DESPUÉS OCURRIÓ ALGO PARECIDO.

Antes podíamos saltar directamente:      premonición.       O negar directamente:       casualidad.       Ahora tenemos muchas más herramientas.

¿Qué había recibido durante el día?         ¿Qué conocía sin estar pensando conscientemente en ello?       ¿Qué preocupaba?       ¿Qué apareció realmente en el sueño?      ¿Cuándo fue registrado?      ¿Qué ocurrió después?      ¿Cuánto se parece realmente?       ¿Qué parte añadimos retrospectivamente?      ¿Existían procesos ya iniciados?        ¿Y después de limpiar todo eso queda todavía una correspondencia extraordinaria?

Entonces podremos decir:      MIREMOS.      No antes.


El peregrino duerme.     Desde fuera parece inmóvil.    Pero nosotros ya no podemos decir:      «NO ESTÁ PASANDO NADA.»        Sabemos demasiado para decirlo.     Su vida continúa.       Su itinerario continúa.      Y algo de todo cuanto recibió caminando ha entrado con él en la noche.

Quizá mañana no recuerde ningún sueño.     Quizá recuerde uno.     Quizá despierte con una idea.     Quizá solamente despierte descansado.      Todo ello pertenece al mismo ser vivo.       Y entonces nuestra habitación nocturna puede quedar definida de una manera muy sencilla:

NO ES EL LUGAR AL QUE VAMOS CUANDO DEJAMOS DE EXISTIR CONSCIENTEMENTE.

ES EL NOMBRE QUE DAMOS A ESA PARTE DE NUESTRO ITINERARIO QUE CONTINÚA MIENTRAS DORMIMOS.

Y ahora sí aparece una pregunta formidable:

¿QUÉ HACE LA VIDA CON TODO LO VIVIDO CUANDO NOSOTROS DEJAMOS, DURANTE UNAS HORAS, DE INTENTAR DIRIGIRLO?

No hay comentarios:

Publicar un comentario