MADRE TIERRA
EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO
. ¿Qué fuimos añadiendo?
Reconstruir
las capas del edificio. Ya sabemos que
algo fue construido. Hemos intentado
comprender qué necesidad había al principio.
Pero entre aquella primera respuesta y aquello que hoy tenemos delante
puede haber una distancia enorme.
Una solución
pasa de una generación a otra. La
siguiente la adapta. Otra introduce una
excepción. Otra la organiza. Otra la explica. Otra crea una institución para conservarla. Otra añade una norma. Otra incorpora un significado nuevo.
Y después de
siglos podemos estar habitando algo que conserva parte de su función inicial,
pero que contiene también una
enorme acumulación de añadidos. Por eso nuestra tercera pregunta será: ¿QUÉ
FUIMOS AÑADIENDO?
El primer ladrillo no explica el edificio
Imaginemos
una pequeña construcción inicial. Respondía
a una necesidad concreta. Funcionó. Otros la utilizaron. Pero aparecieron situaciones nuevas. Entonces fue necesario modificarla. Añadir algo. Después otra cosa. La construcción creció. Y esto no significa necesariamente que se
deformara. Muchas veces añadir fue
precisamente mejorar.
Aprendimos. Descubrimos errores. Encontramos casos que la primera respuesta
no contemplaba. Aumentó nuestra
experiencia. Por tanto, no buscamos una
supuesta pureza original. No estamos
diciendo: «Todo era bueno al principio y después
lo estropeamos.» Eso
sería otra simplificación. Queremos
algo diferente: RECONSTRUIR EL PROCESO.
Cada capa puede haber tenido una razón
Éste es el
mismo respeto metodológico que utilizamos con el origen. No retiraremos capas diciendo
inmediatamente: «Esto sobra.» Primero preguntaremos:
¿CUÁNDO APARECIÓ? ¿POR QUÉ?
¿QUÉ PROBLEMA INTENTABA RESOLVER?
¿QUÉ CAMBIÓ PARA QUE FUERA NECESARIA?
¿QUÉ CONSECUENCIAS PRODUJO?
Quizá
descubramos que una capa que hoy parece absurda fue una corrección
extraordinariamente inteligente en su momento. Quizá otra apareció por miedo. Otra por necesidad administrativa. Otra para evitar un abuso. Otra para consolidar poder. Otra para simplificar. Otra para explicar aquello que no se
comprendía. Otra porque alguien tuvo
una idea nueva. Otra simplemente
porque lo anterior se
transmitió mal. El
edificio comienza a recuperar su biografía.
De la solución al sistema
Aquí podemos
observar un proceso muy frecuente. Al
principio tenemos una respuesta sencilla.
Después necesitamos organizarla.
Aparecen especialistas. Después
reglas. Después procedimientos. Después categorías.
Después formación. Después
acreditaciones. Después instituciones. Después mecanismos para conservar esas
instituciones.
Y llega un
momento en que aquello que nació como solución a un problema puede haberse
convertido en: UN SISTEMA. El sistema no es
necesariamente malo. Puede permitir
hacer muchísimo mejor aquello que antes se hacía de manera improvisada. Puede acumular conocimiento. Coordinar a miles de personas. Mantener calidad. Transmitir experiencia. Pero cuanto mayor es, más difícil puede
resultar recordar qué
había antes de él.
El añadido puede terminar pareciendo original
Éste es uno
de los fenómenos más interesantes. Una
capa aparece cien años después. Otra,
trescientos. Otra, mil. Pero quien recibe el edificio terminado
puede encontrarlas todas simultáneamente.
Y entonces parece que siempre estuvieron juntas. La última habitación parece tan antigua como
los cimientos. Aquí aparece nuevamente
nuestra arqueología.
No basta preguntar: «¿Qué
significa esto?» Podemos
preguntar: ¿CUÁNDO EMPEZÓ A SIGNIFICAR ESTO? La diferencia es enorme. Porque una cosa es encontrar un significado
en el origen. Y otra descubrir que
apareció mucho después y terminó incorporándose retrospectivamente al conjunto.
La tradición comprime el tiempo
Una
tradición puede contener siglos dentro de una frase. Decimos:
«Según la
tradición...» Pero
dentro de esa expresión pueden existir muchas épocas. Autores diferentes. Interpretaciones enfrentadas. Correcciones. Añadidos.
Pérdidas. Recuperaciones. Traducciones. Contextos culturales distintos.
Cuando todo
eso llega comprimido al presente, podemos recibirlo como una sola pieza. Nuestro manual intenta descomprimirlo. Abrirlo.
Separar capas. Recuperar tiempo.
La astrología vuelve a ser un laboratorio extraordinario
Aquí podemos verlo con especial claridad. Existe un objeto astronómico. Después alguien comienza a atribuirle
determinadas asociaciones. Otros
observadores aportan experiencias. Aparecen
analogías mitológicas. Se relaciona
con determinados temas. Se publican
interpretaciones. Otros autores las
reproducen. Algunos añaden matices. Con el tiempo puede llegar al estudiante una
frase: «ESTE OBJETO SIGNIFICA ESTO.» Y entre el objeto y aquella
frase pueden haber desaparecido todos los pasos intermedios. Precisamente ahí nuestra pregunta resulta
formidable: ¿QUÉ FUIMOS AÑADIENDO?
¿Qué pertenecía a la primera propuesta? ¿Qué apareció después?
¿Qué surgió de observaciones? ¿Qué de analogías?
¿Qué de asociaciones mitológicas? ¿Qué fue repetición?
¿Qué recibió algún tipo de contraste? ¿Qué continúa siendo interpretación?
No
necesitamos despreciar ninguna capa. Necesitamos saber que es capa.
Una capa puede modificar las anteriores
Además, el
proceso no siempre consiste simplemente en colocar una cosa encima de otra. A veces un añadido nuevo modifica nuestra
manera de leer todo lo anterior. Una
nueva teoría reorganiza observaciones antiguas.
Una reforma
jurídica cambia el significado práctico de normas anteriores. Una nueva tecnología transforma una
profesión que ya existía. Una
interpretación posterior puede hacer que releamos una tradición completa desde
otra perspectiva.
Por tanto,
el edificio no solamente crece hacia arriba.
También: LO NUEVO PUEDE CAMBIAR LA MANERA EN
QUE VEMOS LO ANTIGUO. La
construcción humana está viva precisamente en ese sentido. Se reinterpreta continuamente.
Las palabras también acumulan capas
Tomemos una
palabra. ÉXITO. ¿Qué significa? La respuesta puede parecer evidente. Pero quizá contiene capas. Supervivencia. Reconocimiento. Posición social. Riqueza.
Realización personal. Visibilidad. Productividad. Prestigio.
Cada época, grupo o persona puede haber añadido algo. Después alguien dice: «Quiero
tener éxito.»
Y quizá no
sabe exactamente qué
edificio está contenido dentro de esa palabra. Nuestro procedimiento puede preguntar:
¿Qué significa para mí? ¿Qué recibí de mi familia?
¿Qué añadió mi sociedad? ¿Qué añadió mi profesión?
¿Qué añadieron los medios? ¿Qué añadí yo?
De pronto
una palabra aparentemente sencilla se convierte en una excavación.
Incluso nuestra identidad tiene estratos
Podemos
realizar la misma operación sobre nosotros.
Decimos: «YO SOY ASÍ.» Detengámonos.
¿Cuánto de ese «así» pertenece a nuestro
cuerpo?
¿Cuánto a experiencias?
¿Cuánto a interpretaciones de esas
experiencias?
¿Cuánto a aquello que otros dijeron sobre
nosotros?
¿Cuánto a una profesión? ¿Cuánto a una posición familiar?
¿Cuánto a expectativas culturales?
¿Cuánto a decisiones que repetimos hasta
convertirlas en costumbre?
No
necesitamos desmontarnos. Necesitamos
descubrir que aquello que llamamos yo
también puede contener capas con historias diferentes. Y algunas quizá continúen siendo
necesarias. Otras no.
Las capas pueden protegerse mutuamente
Cuando una
construcción se vuelve compleja ocurre algo todavía más interesante. Una capa puede comenzar a justificar otra. La norma justifica la institución. La institución conserva la norma. La teoría explica la práctica. La práctica confirma la teoría. La tradición legitima la autoridad. La autoridad protege la tradición. Entonces el edificio puede adquirir una
gran estabilidad interna. Todo parece
sostener todo.
Y quizá ya
nadie recuerde la pregunta inicial: ¿PARA QUÉ CONSTRUIMOS ESTO? Aquí nuestro manual
necesita volver a bajar. No para
demostrar que el sistema está equivocado.
Para recuperar: LA RAÍZ.
Cuidado con arrancar una pared sin mirar qué sostiene
La
arqueología también exige prudencia. Descubrimos
que algo fue añadido. Perfecto. Pero eso no significa que podamos
retirarlo sin más. Una pared
construida después puede estar sosteniendo ahora otra parte del edificio. Una institución puede haber creado
dependencias. Una norma puede haber
generado expectativas. Un sistema
puede organizar millones de vidas.
Por eso: DESCUBRIR QUE ALGO ES CONSTRUIDO NO
SIGNIFICA QUE SEA INMEDIATAMENTE PRESCINDIBLE. Primero necesitamos
comprender qué función cumple hoy. Ésta
es una diferencia fundamental entre demolición y saneamiento.
Podemos dibujar la biografía
Nuestro
manual comienza así a adquirir una forma muy concreta. Ante una construcción podemos intentar
reconstruir:
QUÉ HABÍA. QUÉ NECESIDAD APARECIÓ.
QUÉ PRIMERA RESPUESTA CONSTRUIMOS.
QUÉ FUIMOS AÑADIENDO. POR QUÉ LO AÑADIMOS.
QUÉ CAMBIÓ CON CADA AÑADIDO. QUÉ TENEMOS HOY.
No
necesitamos conseguir siempre toda la secuencia. Habrá huecos. Habrá desacuerdos. Habrá orígenes imposibles de reconstruir
con seguridad. Entonces lo
reconoceremos. NO SABER TAMBIÉN FORMA PARTE DE UNA
INVESTIGACIÓN LIMPIA.
La pregunta empieza a liberar el edificio
Algo curioso
ocurre cuando distinguimos las capas.
Dejamos de tener delante una masa única. Ya no es: «EL
SISTEMA.»
Ahora
podemos ver: esto es base, esto fue una respuesta, esto se añadió después, esto corrigió aquello, esto ya no sabemos por qué permanece,
esto continúa siendo útil, esto
genera un problema, esto podría
modificarse sin destruir lo demás.
Aparece
precisión. Y con la precisión aparece
nuevamente: POSIBILIDAD. Porque no necesitamos
elegir entre conservar todo o destruir todo. Podemos trabajar capa por capa.
Quizá ahí empiece el verdadero saneamiento
Una
civilización que sabe hacer esto consigo misma no necesita renegar de su
historia. Puede reconocerla. Agradecer aquello que funcionó. Comprender sus errores. Distinguir sus añadidos. Y retirar, modificar o transformar aquello
que ya no sirve. Como un edificio
antiguo que continúa habitado. No lo
derribamos porque tenga siglos. Tampoco
prohibimos tocarlo porque sea antiguo.
Lo
estudiamos. Vemos los cimientos. Descubrimos ampliaciones. Localizamos reparaciones. Comprobamos qué sostiene cada pared. Y después decidimos. **NO
ESTAMOS DEMOLIENDO NUESTRA CIVILIZACIÓN.
ESTAMOS APRENDIENDO A LEER SUS PLANOS.**
Pero ahora llega una pregunta decisiva
Ya sabemos
que algo fue construido. Sabemos qué necesidad pudo originarlo. Hemos intentado reconstruir las capas
añadidas. Ahora tenemos delante el
edificio actual. No el inicial. No el que imaginamos que debería existir. EL
QUE REALMENTE HABITAMOS HOY. Y
debemos preguntarle algo muy sencillo:
¿QUÉ PARTE DE
TODO ESTO CONTINÚA SIENDO NECESARIA?
Porque quizá
la necesidad inicial continúe. Quizá
haya cambiado. Quizá hayan aparecido
otras. Quizá una capa antigua siga
cumpliendo una función fundamental. Quizá
otra solamente permanezca porque nadie volvió a interrogarla.
Ya no basta
con conocer la historia. Tenemos que
mirar el presente. Ahí entramos en ¿Qué
continúa siendo necesario? **No conservar porque sea antiguo. No eliminar porque sea construido.
Preguntar qué función continúa viva hoy.**
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