JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD
Aprender
a escuchar sin inventar Sí. Y aquí aparece
algo muy importante: escuchar sin inventar no debilita al humano; lo hace mucho más
eficaz.
Porque ese «jabato» que describes necesita distinguir qué está ocurriendo
realmente para poder movilizar todas sus capacidades. Y además introduces algo
nuevo: un descubrimiento puede comenzar en uno, pero cuando otros pueden
observarlo, contrastarlo y continuar investigándolo, la captación individual
puede convertirse en conocimiento compartido. Ahí el humano
multiplica su fuerza.
APRENDER A ESCUCHAR SIN INVENTAR
Ya tenemos
la habitación. Venía de serie. Recibe.
Registra. Algo cambia. Algo llama nuestra atención. Algo nos emociona. Algo recordamos. Algo pensamos. Y ahora aparece quizá una de las tareas más
difíciles:
ESCUCHAR LO SUFICIENTE
SIN
AÑADIR INMEDIATAMENTE LO QUE NO ESTABA.
Porque
recibir información es una cosa. Interpretarla
es otra. Y completar con nuestra
imaginación aquello que falta... otra
muy distinta.
EL HUMANO
NECESITA SABER QUÉ ESTÁ PASANDO
No por
curiosidad solamente. Durante toda
su historia, distinguir bien la realidad ha podido ser importante para
continuar.
¿Qué cambia? ¿Qué se aproxima? ¿Qué se repite? ¿Qué desaparece? ¿Qué funciona? ¿Qué amenaza? ¿Qué permite avanzar?
El humano
observa. Compara. Prueba. Se equivoca. Rectifica.
Vuelve a probar. Y cuando
encuentra algo importante puede ocurrir algo extraordinario: SE MOVILIZA.
ES UN
JABATO Podemos decirlo así.
El humano es
capaz de afrontar situaciones extraordinariamente difíciles. No siempre responde bien. No siempre responde a tiempo. Puede negar. Puede equivocarse. Puede resistirse. Pero también posee una capacidad
formidable para reorganizarse cuando comprende claramente que algo es
importante.
Y entonces
moviliza: cuerpo, inteligencia, memoria,
imaginación, experiencia, cooperación, conocimiento, tecnología, organización.
CUANDO COMPRENDE QUE ALGO AFECTA DE
VERDAD A SU CONTINUIDAD, PUEDE PONERSE ENTERO A TRABAJAR.
Por eso importa
tanto escuchar bien.
ESCUCHAR NO
ES ESPERAR VOCES
Tenemos que
limpiar también esta palabra. Escuchar
Madre Tierra no significa esperar que una voz nos diga: «haz esto».
Escuchar
puede ser mucho más sencillo. Observar. Notar cambios. Reconocer ritmos. Comparar.
Atender a una anomalía. Registrar
una repetición. Percibir cómo responde
nuestro organismo. Escuchar puede
significar:
DEJAR QUE LA REALIDAD APORTE INFORMACIÓN
ANTES DE DECIDIR NOSOTROS QUÉ TIENE QUE DECIR.
PRIMERO:
¿QUÉ HA OCURRIDO?
Ésta puede
convertirse en nuestra pregunta de seguridad.
Antes de: «¿Qué significa?» preguntar: ¿QUÉ HA OCURRIDO?
Vi tres aves
cambiar bruscamente de dirección. Eso
ocurrió. «Las aves me avisaron de que
debía cambiar mi vida.» Eso ya es
interpretación.
Sentí una
fuerte inquietud antes de recibir una llamada. Eso ocurrió. «Sabía quién iba a llamar y lo que iba a
suceder.» Habrá que comprobarlo.
Soñé
determinada imagen. Después ocurrió
algo que me la recordó. Perfecto.
Ahora
separamos ambos acontecimientos y estudiamos su relación. PRIMERO LIMPIAMOS EL HECHO. Después pensamos.
NO INVENTAR
NO SIGNIFICA NEGAR Esto es esencial.
Podríamos
caer en el extremo contrario. Como no
queremos inventar: «No significa
nada.» ¿Lo sabemos? No.
Acabamos de inventar también una conclusión. La posición limpia sería:
«ESTO
HA OCURRIDO.
TODAVÍA
NO SÉ QUÉ RELACIÓN TIENE CON AQUELLO.»
Magnífico. Hemos conservado el acontecimiento. No lo hemos inflado. Tampoco lo hemos amputado.
DEJAR UN
HUECO ES DIFÍCIL
La mente
quiere completar. Quiere saber. Quiere cerrar. Y cuando encuentra dos piezas próximas
intenta construir el puente. Eso nos
ha ayudado enormemente. Pero también
puede engañarnos.
A veces el
puente existe. A veces no. A veces existe otro diferente del que
imaginamos. Por eso aprender a
escuchar exige soportar durante un tiempo:
EL
HUECO.
Acontecimiento
A. Acontecimiento B. Y entre ambos: NO SÉ.
No
tenemos que rellenarlo inmediatamente.
LA
HABITACIÓN DE CAPTACIÓN NO NECESITA UN DICCIONARIO PREFABRICADO Esto es especialmente importante.
Veo un
pájaro. No necesito decir
inmediatamente: «pájaro = libertad».
Veo agua. No necesito: «agua = emoción».
Encuentro
una serpiente. No necesito buscar qué
«significa».
Primero: ¿Qué animal era? ¿Qué estaba haciendo? ¿Dónde?
¿Era normal encontrarlo allí? ¿Qué
hice yo? ¿Qué sentí? ¿Por qué me llamó la atención?
Después, si
aquella experiencia adquiere un significado personal, podremos estudiarlo. Pero no sustituiremos el acontecimiento
por un símbolo antes de haberlo mirado.
PRIMERO
EL PÁJARO. DESPUÉS, SI PROCEDE, EL SÍMBOLO.
MI
DICCIONARIO TAMBIÉN PUEDE NACER DE MI CAMINO
Esto no
elimina el significado personal. Al
contrario. Quizá determinado árbol
tenga para mí una significación enorme porque está unido a mi biografía. Perfecto.
Pero
entonces puedo decir: «ESTE ÁRBOL SIGNIFICA
ESTO PARA MÍ.»
No necesito
convertirlo en una ley universal. Mi
itinerario puede construir asociaciones legítimas. El problema empieza cuando
confundo: MI DICCIONARIO con: EL DICCIONARIO DE LA REALIDAD.
REGISTRAR
ANTES DE INTERPRETAR
Aquí podemos
introducir una herramienta sencilla.
Si algo nos sorprende: anotarlo. Fecha. Lugar.
Qué ocurrió. Qué estábamos
pensando antes. Qué sentimos. Qué creímos que significaba. Y después...esperar.
Esto puede
parecer frío. Es exactamente lo
contrario. Estamos respetando tanto la
experiencia que no
queremos deformarla.
Después
podremos volver. Comparar. Descubrir repetición. Descubrir que no se repitió. Encontrar una explicación. O conservar una pregunta abierta.
Y AHORA
OCURRE ALGO EXTRAORDINARIAMENTE HUMANO
Un peregrino
observa algo. Lo registra. Otro puede observarlo. Otro intenta repetir la observación. Otro encuentra una explicación diferente. Otro descubre un error. Otro aporta una pieza que faltaba.
Y de pronto
aquello deja de ser solamente: «ME HA PASADO A MÍ.»
Empieza a
convertirse en: «MIREMOS ESTO.» Aquí aparece una de nuestras mayores
fuerzas. EL CONOCIMIENTO
COMPARTIDO.
EL
DESCUBRIMIENTO PUEDE EMPEZAR EN UNO Y CONTINUAR EN MUCHOS
Alguien
dice: «Creo que aquí ocurre algo.» No necesita tener toda la explicación.
Ha visto una
grieta. Una regularidad. Una posibilidad. Otros se acercan. Miden.
Discuten. Comprueban. Corrigen.
Puede tardarse años. Décadas. Generaciones. Pero algo ha comenzado. Ésta es una capacidad humana formidable:
NO NECESITAMOS QUE QUIEN DESCUBRE UNA
PREGUNTA SEA TAMBIÉN QUIEN TERMINE DE RESPONDERLA.
Podemos
continuar el trabajo de otro.
Y AQUÍ
APARECE UNA CONCIENCIA QUE PUEDE SER COMPARTIDA
Hasta ahora
hemos hablado mucho de: «me doy
cuenta». Pero existe otra
posibilidad. «NOS DAMOS CUENTA.» No necesariamente todos al mismo
segundo. No como una misteriosa
mente colectiva.
De una
manera mucho más concreta. Uno ve
algo. Lo comunica. Otro lo reconoce. Otro aporta experiencia. Otro demuestra una parte Otro corrige.
Y aquello que
inicialmente pertenecía a una conciencia individual empieza a formar parte de
un conocimiento disponible para muchos.
Entonces el cambio puede acelerarse enormemente.
CUANDO ALGO
SE VE CLARO, CAMBIA LA PREGUNTA
Ya no
preguntamos solamente: «¿CREES EN ESTO?» Preguntamos: «¿QUÉ HACEMOS CON ESTO QUE AHORA
SABEMOS?»
Éste es otro
nivel. Porque un descubrimiento de
fondo puede exigir reorganización. Y
ahí aparece todo lo anterior: atención, apertura,
emoción, pensamiento, memoria,
biografía, conciencia, captación. El humano entero puede ponerse en
marcha. Y los humanos pueden ponerse
en marcha juntos.
ESCUCHAR
BIEN ES TAMBIÉN UNA FORMA DE CUIDADO
Porque una
interpretación falsa puede conducirnos en una dirección equivocada. Pero ignorar información verdadera
también. Por eso necesitamos las dos
precauciones: NO INVENTAR LO QUE NO
ESTÁ. Y: NO NEGAR LO QUE ESTÁ PORQUE TODAVÍA NO
SABEMOS EXPLICARLO.
Entre ambas
aparece una posición extraordinariamente fértil. Observar.
Registrar. Compartir. Contrastar.
Rectificar. Continuar.
Y AHORA
PODEMOS VOLVER A LA SINCRONICIDAD
Cuando
llegue una coincidencia sorprendente no diremos inmediatamente: «El universo me ha enviado un mensaje.» Tampoco: «No es nada.» Diremos: «HA OCURRIDO ESTO.» Después:
¿Qué
información había? ¿Qué capté? ¿Qué sabía previamente? ¿Qué recordó mi memoria? ¿Qué añadió mi biografía? ¿Qué seleccionó mi atención? ¿Qué hizo mi emoción? ¿Qué construyó mi pensamiento? ¿Qué puede comprobar otra persona? ¿Qué pertenece exclusivamente a mi
experiencia? ¿Qué explicación
encontramos? ¿Y qué continúa sin
explicación?
Ahora sí
estamos preparados para investigar.
El peregrino
se detiene. Ha oído algo entre los
árboles. No sabe qué es. Antes quizá habría dicho: «Es una señal.» O:
«No
es nada.» Ahora hace algo mucho
más sencillo. ESCUCHA OTRA VEZ.
Eso resume
quizá todo el aprendizaje. No
inventar. No negar. ESCUCHAR OTRA VEZ. Porque confía suficientemente en sí
mismo para no necesitar una respuesta inmediata. Y confía también en algo todavía mayor: si aquello merece realmente ser
comprendido, no
tendrá que comprenderlo solo.
Otros podrán
mirar. Otros podrán escuchar. Otros podrán continuar. Y quizá un día aquello que comenzó con: «CREO QUE AQUÍ HAY ALGO...» termine convertido en: «AHORA SABEMOS ALGO MÁS.» Ésa también es una extraordinaria
manera humana de sobrevivir:
UNO DESCUBRE.
OTROS
SE ACERCAN.
ENTRE
TODOS COMPRUEBAN.
Y
LO APRENDIDO QUEDA DISPONIBLE PARA LOS QUE VIENEN DETRÁS.
Y aquí
cerramos una Parte
III formidable,
Carlos. Empezamos preguntando «¿Con qué recibimos?» y hemos terminado
descubriendo que el receptor no es un órgano aislado ni una conciencia
soberana: es un
ser humano entero, biográfico, relacionado y además capaz de compartir lo
descubierto con otros. El siguiente paso —la Parte IV, la noche— tiene ahora mucho
más sentido: cuando dormimos, la atención consciente cambia radicalmente, pero
el ser vivo no
deja de ser receptor
Esto enlaza
directamente con todo lo que descubrimos estos días. Tú mismo preguntas si en la
sincronicidad interviene como receptor «el todo nosotros», partes conscientes e
inconscientes. Eso merece muchísimo
desarrollo. Porque entonces la
cuestión deja de ser únicamente: «¿Qué me está diciendo
el mundo?» y aparece otra mucho
más exigente: «¿Con qué parte de mí estoy escuchando?»
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