JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD
Y ahora Consciente e
inconsciente
llega con una fuerza tremenda: después de todo esto tendremos que reconocer que
ni
siquiera conocemos conscientemente toda nuestra propia biografía. Hay cosas que
vivimos, aprendimos, recibimos y quizá utilizamos sin tenerlas delante. Ahí
podemos entrar sin monstruos ni sótanos: simplemente preguntando cuánto de mi itinerario
está actuando aunque en este momento yo no lo esté mirando.
Consciente e inconsciente Sí. Y aquí el cambio
es de fondo, porque después de haber situado al humano como parte de un conjunto
que necesita cuidar y ser cuidado, tampoco podemos mantener la imagen de un
individuo que sabe conscientemente todo lo que ocurre dentro de él. Y tampoco
necesitamos ir al extremo contrario y entregar el gobierno a un «inconsciente»
misterioso. Hay que recolocar ambos.
Además, como
dices, lo nuevo no entra igual en todos: unos podrán acoplarlo con facilidad
porque ya tenían piezas compatibles; otros necesitarán mover estructuras
importantes. Eso mismo demuestra que cada receptor llega con un itinerario
distinto.
CONSCIENTE E INCONSCIENTE
El peregrino
continúa. Ya sabe que recibe. Atiende.
Se emociona. Piensa. Recuerda.
Tiene biografía. Pero ahora
aparece una pregunta inevitable: ¿SOY CONSCIENTE DE TODO
LO QUE RECIBO, APRENDO, RECUERDO Y UTILIZO?
La
respuesta parece sencilla. No. Y este no cambia muchas cosas.
NO TODO LO
QUE HAY EN MÍ ESTÁ DELANTE DE MÍ
Mientras
camino no estoy pensando conscientemente en cómo caminar. No necesito recordar cada aprendizaje que
me permite mantener el equilibrio. No
tengo delante todas las palabras que conozco. No recuerdo simultáneamente todos los
rostros que podría reconocer. No
tengo presente toda mi infancia. Ni
todos mis aprendizajes. Ni cada
experiencia que ha contribuido a que hoy responda de determinada manera. Sin embargo...
TODO ESO NO HA DESAPARECIDO PORQUE YO NO
LO ESTÉ MIRANDO.
Aquí podemos
empezar. Sin monstruos. Sin sótanos. Sin misterios añadidos. Simplemente reconociendo:
LO QUE ESTÁ PRESENTE EN MI CONCIENCIA
NO
ES TODO LO QUE FORMA PARTE DE MÍ.
LA
CONCIENCIA ES UNA PARTE DE LA ESCENA
Volvamos a la atención.
En este
momento puedo atender a estas palabras.
Después levantaré la cabeza. Escucharé
un sonido. Recordaré algo. Aparecerá un pensamiento.
La escena
consciente cambia continuamente. Algo
entra. Algo sale. Algo vuelve. Entonces quizá la conciencia no necesite
ser imaginada como el lugar donde está guardado todo. Puede ser el lugar donde algo está apareciendo
ahora. Esto nos proporciona una imagen mucho más
flexible.
CONSCIENTE
NO SIGNIFICA TODO LO QUE SOY.
Significa,
aproximadamente: AQUELLO DE LO QUE AHORA
PUEDO DARME CUENTA.
Y «NO
CONSCIENTE» NO SIGNIFICA AUTOMÁTICAMENTE «REPRIMIDO» Aquí
tenemos que hacer una limpieza enorme.
Porque si
todo aquello que no está presente en conciencia lo colocamos inmediatamente
dentro de un gran recipiente llamado «inconsciente», mezclaremos cosas muy
diferentes.
Un
aprendizaje automatizado. Una palabra
que conozco pero ahora no recuerdo. Una
experiencia infantil. Una asociación. Un hábito.
Una reacción corporal. Algo
olvidado. Algo que evito. Algo reprimido. Una información percibida a la que no presté
atención. Una relación que todavía no
he formulado. No tenemos derecho a
decir que todo eso es lo mismo. Por
tanto:
NO CONSCIENTE ES UN TERRITORIO DEMASIADO
GRANDE PARA CONVERTIRLO EN UNA SOLA COSA.
Habrá que
distinguir habitaciones.
AQUÍ CAMBIA
EL PARADIGMA
Porque
durante mucho tiempo podemos imaginar:
CONSCIENTE
ARRIBA. INCONSCIENTE ABAJO.
Y entre
ambos una frontera. Pero después de
nuestro recorrido aparece otra posibilidad. Quizá debamos empezar por el ser vivo entero. Dentro de ese ser vivo ocurren multitud
de procesos. Algunos alcanzan
conciencia. Otros no. Algunos pueden alcanzarla después. Otros funcionan perfectamente sin
necesidad de hacerlo. Entonces la
pregunta deja de ser solamente: «¿QUÉ ESCONDE MI
INCONSCIENTE?» Y puede convertirse
en algo mucho más amplio:
«¿QUÉ ESTÁ HACIENDO EL SER VIVO QUE SOY
AUNQUE YO NO SEA CONSCIENTE DE TODO ELLO?»
Eso cambia
muchísimo.
EL INCONSCIENTE DEJA DE SER SOLAMENTE EL
LUGAR DE LO ESCONDIDO
Y aquí
recuperamos algo que ya habíamos descubierto anteriormente. Quizá existe también un inconsciente útil. Protector. Organizador. Automatizador.
No necesito aprender a caminar cada mañana. No necesito reconstruir el lenguaje cada
vez que hablo. No necesito mantener
conscientemente todos mis aprendizajes disponibles al mismo tiempo. Sería imposible vivir así.
Entonces
parte de aquello que no está en conciencia puede estar precisamente ayudándonos a vivir. Esto cambia el tono completamente. El no consciente deja de ser únicamente: «AQUELLO QUE TENGO QUE DESCUBRIR PORQUE
ME AMENAZA.» También puede
contener:
AQUELLO
QUE NO NECESITO TENER DELANTE PARA PODER FUNCIONAR.
Y PUEDE
HABER INFORMACIÓN QUE TODAVÍA NO HEMOS FORMULADO Aquí
nuestro camino se vuelve especialmente interesante.
Camino. Algo cambia. No sé qué. Siento incomodidad. Miro.
Todavía no sé. Después
descubro que había cambiado el viento.
O el sonido. O la luz. O el comportamiento de algo que
habitualmente encontraba de otra manera.
Entonces podemos preguntar:
¿CUÁNDO
EMPECÉ REALMENTE A RECIBIR ESA INFORMACIÓN?
¿Cuando
dije: «algo pasa»? ¿O antes? No necesitamos afirmar nada
extraordinario. Solamente mantener
abierta una posibilidad razonable:
PUEDO
HABER RECIBIDO ALGO ANTES DE SER CONSCIENTE DE HABERLO RECIBIDO. Esto nos devuelve
directamente a nuestra habitación de captación.
PRIMERO
RECIBIR; DESPUÉS SABER QUE HE RECIBIDO
Ésta puede
ser una de las claves de todo este capítulo. El niño recibe antes de disponer de
palabras para explicar lo recibido.
El adulto también puede captar antes de formular. Entonces:
CONCIENCIA DE LA RECEPCIÓN
NO
ES NECESARIAMENTE
EL
COMIENZO DE LA RECEPCIÓN.
Exactamente
igual que descubríamos con el cambio:
QUE YO ME DÉ CUENTA AHORA
NO
SIGNIFICA QUE AHORA HAYA EMPEZADO.
Esto abre
una puerta enorme. Pero debemos
entrar despacio.
TAMPOCO
CONVIRTAMOS LO INCONSCIENTE EN UN ORÁCULO
Porque ahora
sería facilísimo cometer el error contrario. «Si no sé de dónde procede, viene del
inconsciente.» «Si lo soñé, mi
inconsciente lo sabía.» «Si tuve una
intuición, algo dentro de mí conocía el futuro.»
No. Todavía no. Tenemos muchas posibilidades que
examinar. Información percibida
sin atención consciente. Memoria. Experiencia. Asociaciones. Expectativas. Biografía. Patrones aprendidos. Reconstrucción posterior. Casualidad. Y quizá cosas que todavía no sepamos
explicar.
NO SABER DE DÓNDE VIENE UNA INFORMACIÓN
NO
NOS AUTORIZA A INVENTAR SU PROCEDENCIA.
Pero tampoco
nos obliga a negar que algo ocurrió.
AQUÍ EL «NO
SÉ» VUELVE A SER MAGNÍFICO
«¿Por qué
pensé precisamente en aquello?» No
sé.
«¿Por qué
apareció aquella imagen en el sueño?»
No sé.
«¿Por qué
sentí que algo ocurría antes de comprenderlo?» No sé.
Perfecto. Ahora
investigamos. Quizá encontremos una
explicación. Quizá varias. Quizá ninguna suficiente. Pero hemos conservado limpio el
acontecimiento.
NO
LO HEMOS NEGADO. NO LO
HEMOS RELLENADO. Lo dejamos disponible
para aprender.
Y AHORA
APARECE LA BIOGRAFÍA NO PRESENTE
Todo lo que
he vivido no está simultáneamente delante de mí. Pero puede participar en cómo respondo. Una palabra. Un olor.
Una música. Un rostro. Un lugar. Pueden activar algo que yo no estaba
pensando un segundo antes. Entonces
una parte de mi biografía puede entrar repentinamente en escena. Y yo digo: «¡NO SÉ DE DÓNDE ME HA VENIDO ESTO!» Quizá sí tenga de
dónde venir.
Simplemente yo no tenía delante el
recorrido completo. Esto vuelve
mucho más interesante la investigación del humano.
EL CAMBIO
DE PARADIGMA FUNCIONA EN LAS DOS DIRECCIONES
Y aquí entra
exactamente lo que señalabas. Hay
personas para quienes esta recolocación será relativamente sencilla. Dirán: «Sí. Esto encaja con muchas cosas que
ya observaba.»
Tendrán que
mover algunas piezas. Otras
personas encontrarán una modificación mucho mayor. Porque su explicación anterior dependía
profundamente de determinada separación entre: mente y cuerpo, consciente e inconsciente, individuo y mundo, interior y exterior. No pasa nada.
NO
TODOS TENEMOS QUE RECOLOCAR LAS MISMAS PIEDRAS.
Cada
biografía llega hasta aquí desde un lugar distinto. La cuestión no es obligar a todos a
cambiar igual. Es ofrecer un
suelo suficientemente firme para que cada uno pueda comprobar qué necesita recolocar.
Y ESTO
TAMBIÉN ES ANTIINDIVIDUALISMO
Porque
incluso aquello que llamo «mi mundo interior» no fue construido solamente por
mí. Aprendí palabras de otros. Gestos.
Costumbres. Formas de
interpretar. Miedos. Conocimientos. Símbolos.
Relaciones. Maneras de
comportarme.
Mi biografía
está llena de otros humanos. Entonces
incluso cuando entro en mí... NO ENCUENTRO SOLAMENTE
«YO».
Encuentro
relaciones. Encuentro aprendizaje. Encuentro humanidad. Esto no elimina mi individualidad. La sitúa.
SOY ÚNICO,
PERO NO ME HE HECHO SOLO
Quizá ésta
sea una frase fundamental. SOY ÚNICO, PERO NO ME HE HECHO SOLO.
Mi cuerpo
depende. Mi lenguaje fue recibido. Mi conocimiento fue transmitido. Mi memoria contiene a otros. Mi biografía está atravesada por encuentros. Mi vida continúa mediante innumerables
relaciones que no controlo.
Entonces
aquel «yo» completamente autosuficiente empieza a resultar difícil de sostener. No porque tengamos que destruirlo. Porque la realidad lo hace
demasiado pequeño.
Y AQUÍ
APARECE EL CUIDADO
Si comprendo
que no soy independiente... y
comprendo que los demás tampoco... y
comprendo que nuestra continuidad se sostiene mediante relaciones... entonces cuidar deja de ser únicamente una
virtud moral.
Adquiere otra
dimensión. CUIDAR EL CONJUNTO DEL
QUE DEPENDO
ES
TAMBIÉN CUIDAR LAS CONDICIONES DE MI PROPIA CONTINUIDAD.
Y permitir
que otros me cuiden tampoco me disminuye.
Forma parte de la misma realidad.
El individualismo absoluto empieza a perder sentido no porque lo hayamos
condenado... sino porque hemos ampliado
suficientemente el campo de observación.
CONSCIENTE
E INCONSCIENTE VUELVEN AL SER HUMANO
Quizá esto
sea lo fundamental. No necesitamos
dos reinos enfrentados. Uno luminoso. Otro oscuro. Tenemos un ser vivo completo. Parte de lo que ocurre puede hacerse
consciente. Parte no. Parte todavía no. Parte quizá nunca necesite hacerlo.
Y entre
todas esas zonas existe movimiento. Información
que entra. Recuerdos que aparecen. Aprendizajes que se automatizan. Emociones que emergen. Pensamientos que se forman. Asociaciones que sorprenden. El humano continúa.
Y ahora el
peregrino puede hacerse una pregunta completamente distinta.
Ya no: «¿QUÉ MONSTRUOS ESCONDE MI INCONSCIENTE?» Sino:
«¿CUÁNTO DE MÍ ESTÁ TRABAJANDO PARA QUE
YO PUEDA ESTAR AQUÍ, VIVO, SIN QUE NECESITE SER CONSCIENTE DE ELLO EN CADA
MOMENTO?»
Y la imagen
cambia. Muchísimo. El inconsciente ya no aparece necesariamente
como enemigo. La conciencia tampoco
como soberana. Ambos quedan incluidos
dentro de algo anterior: UN SER HUMANO VIVO.
Dependiente. Relacionado. Con biografía. Capaz de recibir. Capaz de aprender. Capaz de corregirse. Y, sobre todo, incapaz de existir
completamente solo. Quizá por eso
el descubrimiento profundo no termina diciendo: «SÁLVATE.» Empieza a decir algo muy diferente:
«MIRA DE QUÉ FORMAS ESTAMOS UNIDOS
Y
APRENDAMOS A CUIDAR AQUELLO QUE NOS PERMITE CONTINUAR.»
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