JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD
.
Dormir también es terrestre ahora puede dar otro golpe precioso: hemos
convertido dormir casi en «desconectarse», cuando quizá hay que invertir
completamente la imagen. Dormir no es salir de la vida unas horas;
es una de las cosas que un ser vivo necesita hacer para poder continuar
viviendo.
28.
Dormir también es terrestre Sí. Aquí conviene
distinguir muy bien «ya sé que tengo que dormir» de «acabo de comprender
que dormir forma parte de mi funcionamiento vital». Lo segundo recoloca
el sueño. Y tu palabra «recargar» me gusta si la dejamos abierta: no sabemos
que exista una única cosa que se «recargue»; lo sólido es que el sueño cumple
funciones esenciales y que su falta sostenida deteriora el funcionamiento. Y tu
hipótesis va un paso más allá: quizá dormir sea también una forma elemental de volver a acompasarnos
con ritmos terrestres. Eso podemos plantearlo como pregunta, no como hecho
demostrado.
DORMIR TAMBIÉN ES TERRESTRE
Llega la
noche. El peregrino se detiene. Come algo. Busca dónde descansar. Se tumba.
Y hace una cosa
extraordinaria que, precisamente porque la hacemos continuamente, hemos
terminado considerando casi una molestia inevitable: DUERME.
Horas
después despertará. Y podrá volver a
caminar. Parece demasiado sencillo. Pero quizá aquí haya una de las
mayores tomas de tierra de todo nuestro recorrido: DORMIR NO ES DEJAR DE VIVIR.
DORMIR ES UNA DE LAS MANERAS QUE TIENE EL
SER VIVO DE PODER CONTINUAR VIVIENDO.
«YA SÉ QUE
TENGO QUE DORMIR»
Claro. Todos lo sabemos. Como sabemos que necesitamos beber. Pero una cosa es saber: «Tengo que beber.» Y otra comprender profundamente: SIN AGUA MI ORGANISMO NO PUEDE CONTINUAR.
Con el sueño
puede ocurrir algo parecido. «Tengo
que dormir.» «Mañana estaré
cansado.» «Ya recuperaré el fin de
semana.» Todo eso coloca el sueño
casi como mantenimiento secundario. Pero
cuando lo miramos desde Madre Tierra cambia la frase:
MI
MANERA DE SER HUMANO NECESITA DORMIR.
Ahora ya no
estamos hablando solamente de comodidad.
Estamos hablando de funcionamiento.
EL SUEÑO NO
ES TIEMPO PERDIDO
Aquí el
constructo puede habernos jugado una mala pasada. Ocho horas despierto parecen ocho horas
disponibles. Ocho horas dormido
pueden parecer ocho horas «gastadas». ¿Por
qué? Porque hemos medido el tiempo
principalmente desde aquello que producimos conscientemente.
Trabajar. Hacer.
Comprar. Hablar. Moverse.
Resolver.
Pero el
organismo no utiliza esa contabilidad.
Mientras dormimos, el ser vivo continúa funcionando. Por tanto, desde la vida, dormir no puede
considerarse simplemente tiempo sustraído a la actividad. Forma parte de ella en un sentido más
amplio.
¿QUÉ
«RECARGAMOS»?
Tu palabra
es magnífica precisamente si no corremos a responder. Dormimos.
Despertamos. Y algo ha
cambiado. ¿Qué se ha «recargado»? No necesitamos inventarlo. Podemos preguntar. Cuerpo.
Atención. Capacidad de
responder. Estado emocional. Pensamiento. Memoria.
Disposición para actuar.
El conjunto
no se encuentra igual después de un descanso suficiente que después de
permanecer despierto demasiado tiempo.
Entonces podemos mantener una expresión sencilla: ALGO EN NUESTRA MANERA DE FUNCIONAR
NECESITA ESA ALTERNANCIA.
Ya
investigaremos sus mecanismos. Primero
reconozcamos el hecho vital.
NO DORMIR
DESEQUILIBRA Y esto recoloca todavía más el asunto.
Cuando el
descanso falta, no aparece solamente:
SUEÑO. Empiezan a resentirse
distintas funciones del conjunto. Atención. Estado de ánimo. Capacidad de pensar. Respuesta. Coordinación. Memoria.
El receptor
cambia. Esto es fundamental para
nuestro libro. Porque llevamos
páginas preguntándonos: ¿CON QUÉ RECIBIMOS?
Ahora
tenemos que añadir: ¿EN QUÉ ESTADO SE
ENCUENTRA AQUELLO CON LO QUE RECIBIMOS?
Un
receptor descansado y uno agotado no están necesariamente en las mismas
condiciones.
DORMIR
TAMBIÉN ES EQUILIBRIO Volvemos nuevamente a una de nuestras primeras
palabras. EQUILIBRIO.
No como
inmovilidad. Como reajuste continuo. Actividad. Descanso. Atención.
Retirada. Movimiento. Pausa.
Día. Noche.
Dormir
empieza a aparecer dentro de esa dinámica.
Y quizá hemos cometido el error
de intentar obtener continuamente una de las partes:
ACTIVIDAD SIN PAUSA. RENDIMIENTO SIN RETIRADA.
DÍA SIN NOCHE.
Pero la vida
que observamos no parece funcionar solamente mediante acumulación. También utiliza alternancia.
EL HUMANO
NO INVENTÓ EL DESCANSO Esto vuelve a sacarnos del centro.
Otros seres
vivos alternan también estados de actividad y reposo de maneras propias. La vida terrestre está llena de
ritmos. Entonces el sueño humano deja
de parecer una extraña interrupción de nuestra inteligencia. Puede contemplarse dentro de algo mucho
mayor:
LOS
SERES VIVOS NO ESTÁN HACIENDO LO MISMO TODO EL TIEMPO.
Hay fases. Ritmos.
Cambios. Alternancias. Otra vez hemos llegado al principio. Ritmo.
Cadencia. Ciclo.
¿Y SI
«RECARGAR» FUERA TAMBIÉN REACOPLARSE?
Aquí podemos
permitirnos una pregunta. No una
afirmación. Dormimos dentro de Madre
Tierra. Nuestro organismo pertenece a
ella. Nuestra historia biológica se
ha desarrollado bajo alternancias terrestres de luz y oscuridad. Entonces:
¿PUEDE ENTENDERSE PARTE DEL DESCANSO COMO
UNA FORMA DE REACOPLAMIENTO DEL SER VIVO A SUS PROPIOS RITMOS Y A LAS
CONDICIONES RÍTMICAS EN LAS QUE VIVE?
No
necesitamos responder todavía. Pero
la pregunta cambia nuestra imagen. Quizá
«recargar» no sea llenar un depósito.
Quizá sea también:
REORDENAR. REEQUILIBRAR. REAJUSTAR.
VOLVER A ESTAR EN CONDICIONES DE
CONTINUAR.
NO SALIMOS
DE TODO Y UNIDAD CUANDO DORMIMOS
Esto es
precioso. Durante el día estamos
continuamente haciendo. Parece que
sostenemos nuestra vida nosotros mismos.
Decidimos. Construimos. Trabajamos. Nos desplazamos. Y llega un momento en que hacemos algo
completamente diferente. NOS TUMBAMOS.
Cerramos los
ojos. Reducimos enormemente nuestra
intervención consciente. Y la vida
continúa. Respiramos. El corazón continúa.
El organismo
sigue haciendo innumerables cosas sin pedir instrucciones a nuestra conciencia. Quizá dormir sea una de las experiencias
cotidianas que más claramente desmiente nuestra fantasía de control absoluto.
DURANTE
HORAS NO DIRIGIMOS CONSCIENTEMENTE NUESTRA EXISTENCIA. Y seguimos vivos.
DORMIR ES
TAMBIÉN CONFIAR Pensemos nuevamente en el centinela.
Para dormir
necesito cierta seguridad. Un lugar. Una temperatura soportable. Una situación que permita bajar
vigilancia. Y muchas veces esa
seguridad depende de otros.
Casa. Familia.
Grupo. Comunidad. Alguien cuidó. Alguien construyó. Alguien vigila. Entonces incluso una actividad
tan íntima como dormir vuelve a mostrarnos dependencia. DUERMO YO.
Pero las
condiciones que permiten que duerma tranquilamente no las produzco
necesariamente yo solo. Otra vez:
INDIVIDUO, SÍ. INDEPENDIENTE, NO.
Y AQUÍ
APARECEN LOS DEMÁS HIJOS DE MADRE TIERRA
La noche no
cae solamente sobre mí. Mientras yo
duermo, otros seres descansan. Otros
despiertan. Otros cazan. Otros se esconden. Otros continúan movimientos que durante el
día no observamos. Madre Tierra no
«se apaga». CAMBIA DE TURNO.
Qué imagen
tan hermosa. El humano duerme y el
planeta continúa lleno de vida. Entonces
dormir puede dejar de sentirse como abandonar el mundo. Seguimos dentro.
EL RECEPTOR
NO DESAPARECE Y aquí entramos directamente en nuestro problema.
Cierro los
ojos. Dejo de atender
voluntariamente al entorno como durante el día. Pero: ¿deja el organismo de recibir
completamente?
Evidentemente
no podemos afirmarlo así. Un sonido
suficientemente intenso puede despertarnos. Una sensación corporal puede
despertarnos. La temperatura puede
modificar nuestro descanso. Algo del
entorno sigue alcanzándonos. Por
tanto, dormir no significa necesariamente:
RECEPTOR
DESCONECTADO. Significa que cambia profundamente la
forma de recepción y de respuesta. Y
esto abre la puerta del apartado siguiente.
TAMBIÉN
CAMBIA LO QUE APARECE DESDE DENTRO
Durante el
sueño aparecen imágenes. Escenas. Personas. Lugares.
Situaciones imposibles. Recuerdos
transformados. Emociones. Sueños que olvidamos inmediatamente. Otros que conservamos durante décadas. Todavía no sabemos qué hacer con todo eso. Perfecto.
No hagamos
nada todavía. Primero reconozcamos: OCURRE. La noche también contiene experiencia.
Y NO
TENEMOS QUE CONVERTIRLA EN MISTERIO
Ésta será
nuestra protección. Que durante el
sueño ocurran cosas que no comprendemos completamente no nos obliga a
convertirlas en mensajes.
Pero tampoco
tenemos que desecharlas porque ocurrieron mientras dormíamos. Aplicaremos exactamente nuestro método:
PRIMERO OCURRE. DESPUÉS LO PERCIBO O LO RECUERDO.
DESPUÉS INTENTO COMPRENDERLO.
No
confundamos los tres momentos.
DORMIR
VUELVE A COLOCAR AL HUMANO EN SU TAMAÑO
Quizá por
eso este apartado sea mucho más profundo de lo que parecía. El humano puede construir una ciudad que
nunca apaga sus luces. Puede trabajar
de noche. Puede cruzar husos horarios. Puede modificar horarios. Puede intentar prolongar indefinidamente la
actividad. Pero sigue llevando
consigo un organismo que necesita descansar.
Qué extraordinaria toma de tierra.
PODEMOS MODIFICAR MUCHÍSIMAS CONDICIONES.
NO POR ESO DEJAMOS DE SER SERES VIVOS.
El peregrino
se tumba. Durante unas horas deja de
caminar. Pero su viaje no se ha
detenido. Mañana despertará con el mismo
cuerpo... y no exactamente en el
mismo estado. Algo ha ocurrido
durante esas horas.
No
necesitamos saber todavía todo lo que ha ocurrido. Nos basta reconocer: LA NOCHE TAMBIÉN HA FORMADO PARTE DEL
CAMINO.
Y quizá
podamos cambiar finalmente aquella frase:
«HE
PERDIDO OCHO HORAS DURMIENDO.» por otra
completamente distinta:
«HE
NECESITADO DORMIR PARA PODER CONTINUAR.»
Eso
cambia mucho. Porque dormir deja de
ser el precio que pagamos por estar vivos.
DORMIR FORMA PARTE DE ESTAR VIVOS.
Y quizá
aquello que llamamos «recargar» sea, en el fondo, una expresión sencilla para
algo mucho más amplio:
EL
SER VIVO NECESITA VOLVER, UNA Y OTRA VEZ, A LAS CONDICIONES QUE LE PERMITEN
SEGUIR SIENDO SER VIVO.
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