LIBROS de BARBARIN I II III

viernes, 16 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD Dormir no es salir de la vida unas horas; es una de las cosas que un ser vivo necesita hacer para poder continuar viviendo.

  JUNG PASEANDO  SINCRONICIDAD

. Dormir también es terrestre ahora puede dar otro golpe precioso: hemos convertido dormir casi en «desconectarse», cuando quizá hay que invertir completamente la imagen. Dormir no es salir de la vida unas horas; es una de las cosas que un ser vivo necesita hacer para poder continuar viviendo.

28. Dormir también es terrestre    Sí. Aquí conviene distinguir muy bien «ya sé que tengo que dormir» de «acabo de comprender que dormir forma parte de mi funcionamiento vital». Lo segundo recoloca el sueño. Y tu palabra «recargar» me gusta si la dejamos abierta: no sabemos que exista una única cosa que se «recargue»; lo sólido es que el sueño cumple funciones esenciales y que su falta sostenida deteriora el funcionamiento. Y tu hipótesis va un paso más allá: quizá dormir sea también una forma elemental de volver a acompasarnos con ritmos terrestres. Eso podemos plantearlo como pregunta, no como hecho demostrado.

 DORMIR TAMBIÉN ES TERRESTRE

Llega la noche.     El peregrino se detiene.    Come algo.    Busca dónde descansar.     Se tumba.     

Y hace una cosa extraordinaria que, precisamente porque la hacemos continuamente, hemos terminado considerando casi una molestia inevitable:     DUERME.

Horas después despertará.     Y podrá volver a caminar.     Parece demasiado sencillo.         Pero quizá aquí haya una de las mayores tomas de tierra de todo nuestro recorrido:      DORMIR NO ES DEJAR DE VIVIR.

DORMIR ES UNA DE LAS MANERAS QUE TIENE EL SER VIVO DE PODER CONTINUAR VIVIENDO.


«YA SÉ QUE TENGO QUE DORMIR»

Claro.     Todos lo sabemos.     Como sabemos que necesitamos beber.    Pero una cosa es saber:      «Tengo que beber.»       Y otra comprender profundamente:       SIN AGUA MI ORGANISMO NO PUEDE CONTINUAR.

Con el sueño puede ocurrir algo parecido.     «Tengo que dormir.»      «Mañana estaré cansado.»       «Ya recuperaré el fin de semana.»      Todo eso coloca el sueño casi como mantenimiento secundario.    Pero cuando lo miramos desde Madre Tierra cambia la frase:

MI MANERA DE SER HUMANO NECESITA DORMIR.

Ahora ya no estamos hablando solamente de comodidad.     Estamos hablando de funcionamiento.


EL SUEÑO NO ES TIEMPO PERDIDO

Aquí el constructo puede habernos jugado una mala pasada.     Ocho horas despierto parecen ocho horas disponibles.       Ocho horas dormido pueden parecer ocho horas «gastadas».    ¿Por qué?      Porque hemos medido el tiempo principalmente desde aquello que producimos conscientemente.

Trabajar.   Hacer.    Comprar.   Hablar.    Moverse.    Resolver.

Pero el organismo no utiliza esa contabilidad.    Mientras dormimos, el ser vivo continúa funcionando.      Por tanto, desde la vida, dormir no puede considerarse simplemente tiempo sustraído a la actividad.     Forma parte de ella en un sentido más amplio.


¿QUÉ «RECARGAMOS»?

Tu palabra es magnífica precisamente si no corremos a responder.    Dormimos.    Despertamos.      Y algo ha cambiado.        ¿Qué se ha «recargado»?       No necesitamos inventarlo.      Podemos preguntar.   Cuerpo.    Atención.    Capacidad de responder.    Estado emocional.    Pensamiento.     Memoria.    Disposición para actuar.

El conjunto no se encuentra igual después de un descanso suficiente que después de permanecer despierto demasiado tiempo.      Entonces podemos mantener una expresión sencilla:       ALGO EN NUESTRA MANERA DE FUNCIONAR NECESITA ESA ALTERNANCIA.

Ya investigaremos sus mecanismos.    Primero reconozcamos el hecho vital.


NO DORMIR DESEQUILIBRA      Y esto recoloca todavía más el asunto.

Cuando el descanso falta, no aparece solamente:     SUEÑO.             Empiezan a resentirse distintas funciones del conjunto.      Atención.     Estado de ánimo.     Capacidad de pensar.     Respuesta.     Coordinación.     Memoria.

El receptor cambia.     Esto es fundamental para nuestro libro.      Porque llevamos páginas preguntándonos:     ¿CON QUÉ RECIBIMOS?

Ahora tenemos que añadir:      ¿EN QUÉ ESTADO SE ENCUENTRA AQUELLO CON LO QUE RECIBIMOS?       Un receptor descansado y uno agotado no están necesariamente en las mismas condiciones.


DORMIR TAMBIÉN ES EQUILIBRIO        Volvemos nuevamente a una de nuestras primeras palabras.         EQUILIBRIO.

No como inmovilidad.      Como reajuste continuo.     Actividad.     Descanso.    Atención.    Retirada.     Movimiento.    Pausa.    Día.    Noche.

Dormir empieza a aparecer dentro de esa dinámica.     Y quizá hemos cometido el error de intentar obtener continuamente una de las partes:

ACTIVIDAD SIN PAUSA.          RENDIMIENTO SIN RETIRADA.

DÍA SIN NOCHE.

Pero la vida que observamos no parece funcionar solamente mediante acumulación.       También utiliza alternancia.


EL HUMANO NO INVENTÓ EL DESCANSO      Esto vuelve a sacarnos del centro.

Otros seres vivos alternan también estados de actividad y reposo de maneras propias.         La vida terrestre está llena de ritmos.       Entonces el sueño humano deja de parecer una extraña interrupción de nuestra inteligencia.      Puede contemplarse dentro de algo mucho mayor:

LOS SERES VIVOS NO ESTÁN HACIENDO LO MISMO TODO EL TIEMPO.

Hay fases.    Ritmos.   Cambios.   Alternancias.    Otra vez hemos llegado al principio.    Ritmo.     Cadencia.      Ciclo.


¿Y SI «RECARGAR» FUERA TAMBIÉN REACOPLARSE?

Aquí podemos permitirnos una pregunta.    No una afirmación.    Dormimos dentro de Madre Tierra.     Nuestro organismo pertenece a ella.     Nuestra historia biológica se ha desarrollado bajo alternancias terrestres de luz y oscuridad.       Entonces:

¿PUEDE ENTENDERSE PARTE DEL DESCANSO COMO UNA FORMA DE REACOPLAMIENTO DEL SER VIVO A SUS PROPIOS RITMOS Y A LAS CONDICIONES RÍTMICAS EN LAS QUE VIVE?

No necesitamos responder todavía.         Pero la pregunta cambia nuestra imagen.     Quizá «recargar» no sea llenar un depósito.     Quizá sea también:

REORDENAR.       REEQUILIBRAR.        REAJUSTAR.

VOLVER A ESTAR EN CONDICIONES DE CONTINUAR.


NO SALIMOS DE TODO Y UNIDAD CUANDO DORMIMOS

Esto es precioso.     Durante el día estamos continuamente haciendo.    Parece que sostenemos nuestra vida nosotros mismos.     Decidimos.   Construimos.    Trabajamos.    Nos desplazamos.    Y llega un momento en que hacemos algo completamente diferente.       NOS TUMBAMOS.

Cerramos los ojos.     Reducimos enormemente nuestra intervención consciente.     Y la vida continúa.     Respiramos.    El corazón continúa.

El organismo sigue haciendo innumerables cosas sin pedir instrucciones a nuestra conciencia.       Quizá dormir sea una de las experiencias cotidianas que más claramente desmiente nuestra fantasía de control absoluto.

DURANTE HORAS NO DIRIGIMOS CONSCIENTEMENTE NUESTRA EXISTENCIA.          Y seguimos vivos.


DORMIR ES TAMBIÉN CONFIAR           Pensemos nuevamente en el centinela.

Para dormir necesito cierta seguridad.     Un lugar.       Una temperatura soportable.       Una situación que permita bajar vigilancia.      Y muchas veces esa seguridad depende de otros.

Casa.    Familia.   Grupo.   Comunidad.   Alguien cuidó.    Alguien construyó.   Alguien vigila.                Entonces incluso una actividad tan íntima como dormir vuelve a mostrarnos dependencia.   DUERMO YO.

Pero las condiciones que permiten que duerma tranquilamente no las produzco necesariamente yo solo.       Otra vez:

INDIVIDUO, SÍ.              INDEPENDIENTE, NO.


Y AQUÍ APARECEN LOS DEMÁS HIJOS DE MADRE TIERRA

La noche no cae solamente sobre mí.      Mientras yo duermo, otros seres descansan.     Otros despiertan.    Otros cazan.     Otros se esconden.     Otros continúan movimientos que durante el día no observamos.      Madre Tierra no «se apaga».        CAMBIA DE TURNO.

Qué imagen tan hermosa.      El humano duerme y el planeta continúa lleno de vida.     Entonces dormir puede dejar de sentirse como abandonar el mundo.       Seguimos dentro.


EL RECEPTOR NO DESAPARECE          Y aquí entramos directamente en nuestro problema.

Cierro los ojos.         Dejo de atender voluntariamente al entorno como durante el día.          Pero:        ¿deja el organismo de recibir completamente?

Evidentemente no podemos afirmarlo así.     Un sonido suficientemente intenso puede despertarnos.       Una sensación corporal puede despertarnos.     La temperatura puede modificar nuestro descanso.     Algo del entorno sigue alcanzándonos.       Por tanto, dormir no significa necesariamente:

RECEPTOR DESCONECTADO.       Significa que cambia profundamente la forma de recepción y de respuesta.      Y esto abre la puerta del apartado siguiente.


TAMBIÉN CAMBIA LO QUE APARECE DESDE DENTRO

Durante el sueño aparecen imágenes.     Escenas.    Personas.     Lugares.    Situaciones imposibles.      Recuerdos transformados.     Emociones.    Sueños que olvidamos inmediatamente.    Otros que conservamos durante décadas.     Todavía no sabemos qué hacer con todo eso.    Perfecto.

No hagamos nada todavía.    Primero reconozcamos:    OCURRE.     La noche también contiene experiencia.


Y NO TENEMOS QUE CONVERTIRLA EN MISTERIO

Ésta será nuestra protección.      Que durante el sueño ocurran cosas que no comprendemos completamente no nos obliga a convertirlas en mensajes.

Pero tampoco tenemos que desecharlas porque ocurrieron mientras dormíamos.       Aplicaremos exactamente nuestro método:

PRIMERO OCURRE.        DESPUÉS LO PERCIBO O LO RECUERDO.

DESPUÉS INTENTO COMPRENDERLO.

No confundamos los tres momentos.


DORMIR VUELVE A COLOCAR AL HUMANO EN SU TAMAÑO

Quizá por eso este apartado sea mucho más profundo de lo que parecía.     El humano puede construir una ciudad que nunca apaga sus luces.     Puede trabajar de noche.    Puede cruzar husos horarios.   Puede modificar horarios.    Puede intentar prolongar indefinidamente la actividad.     Pero sigue llevando consigo un organismo que necesita descansar.     Qué extraordinaria toma de tierra.

PODEMOS MODIFICAR MUCHÍSIMAS CONDICIONES.

NO POR ESO DEJAMOS DE SER SERES VIVOS.


El peregrino se tumba.     Durante unas horas deja de caminar.   Pero su viaje no se ha detenido.    Mañana despertará con el mismo cuerpo...     y no exactamente en el mismo estado.      Algo ha ocurrido durante esas horas.

No necesitamos saber todavía todo lo que ha ocurrido.     Nos basta reconocer:     LA NOCHE TAMBIÉN HA FORMADO PARTE DEL CAMINO.

Y quizá podamos cambiar finalmente aquella frase:      «HE PERDIDO OCHO HORAS DURMIENDO.»       por otra completamente distinta:

«HE NECESITADO DORMIR PARA PODER CONTINUAR.»      Eso cambia mucho.     Porque dormir deja de ser el precio que pagamos por estar vivos.

DORMIR FORMA PARTE DE ESTAR VIVOS.

Y quizá aquello que llamamos «recargar» sea, en el fondo, una expresión sencilla para algo mucho más amplio:

EL SER VIVO NECESITA VOLVER, UNA Y OTRA VEZ, A LAS CONDICIONES QUE LE PERMITEN SEGUIR SIENDO SER VIVO.

 

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