MADRE TIERRA
EL MUNDO HUMANO CONSTRUIDO
. ¿Por qué lo construimos?
Buscar la
función inicial antes de juzgar el resultado actual. Éste es el segundo movimiento del manual. Ya hemos preguntado: ¿ESTO
ESTABA AQUÍ O LO PUSIMOS NOSOTROS? Y
hemos descubierto una construcción humana.
Ahora sería
muy fácil contemplarla desde el presente, observar sus problemas y dictar
sentencia. Funciona. No funciona. Es absurda.
Es injusta. Es anticuada. Es necesaria. Hay que conservarla. Hay que eliminarla. Pero todavía no sabemos algo fundamental: ¿POR
QUÉ LA CONSTRUIMOS? Antes
de juzgar el edificio terminado necesitamos intentar comprender qué estaba
ocurriendo cuando comenzó a levantarse.
Antes de la solución estaba el problema
Una
construcción humana raramente aparece porque sí. Algo estaba ocurriendo. Había una necesidad. Una dificultad. Un peligro.
Una oportunidad. Una incertidumbre. Un conflicto. Una experiencia que necesitábamos explicar. Una actividad que necesitábamos organizar.
Quizá la
respuesta fue acertada. Quizá
insuficiente. Quizá provisional. Quizá produjo después consecuencias que nadie
había previsto. Pero nuestra primera
tarea no es decidirlo. Es recuperar la
secuencia: NECESIDAD → RESPUESTA → CONSTRUCCIÓN. Porque cuando solamente
vemos la construcción, podemos olvidar aquello que intentaba resolver.
Volvamos al momento anterior
Éste puede
convertirse en un ejercicio extraordinariamente útil. Tenemos delante una institución. Preguntemos: ¿QUÉ
OCURRIRÍA SI TODAVÍA NO EXISTIERA? Tenemos
una norma. ¿Qué problema aparecería
sin ella? Tenemos una profesión. ¿Qué función realiza antes de llamarse
profesión? Tenemos dinero. ¿Qué necesidades humanas de intercambio,
coordinación, valoración o conservación intenta organizar? Tenemos propiedad. ¿Qué relaciones de uso, responsabilidad,
seguridad, acceso o transmisión intenta resolver?
Tenemos una
escuela. Antes del edificio, de los
horarios, de los títulos y de los programas:
¿QUÉ NECESIDAD
HABÍA? Aprender. Transmitir conocimiento. Preparar a quienes llegan después. Ahora estamos acercándonos a la raíz.
Función y forma no son lo mismo
Aquí aparece
una distinción decisiva. Una
necesidad puede permanecer mientras cambia completamente la manera de
atenderla. Necesitamos alimentarnos. Eso no determina una única agricultura. Necesitamos aprender. Eso no determina una única escuela. Necesitamos convivir. Eso no determina una única organización
política. Necesitamos intercambiar y
distribuir recursos. Eso no determina
una única economía. Necesitamos
comunicarnos. Eso no determina una
única tecnología. Necesitamos
comprender lo que nos ocurre. Eso no
determina una única psicología, filosofía o sistema simbólico. Por tanto:
**LA NECESIDAD PUEDE SER PROFUNDA SIN QUE LA SOLUCIÓN HISTÓRICA SEA INEVITABLE.** Ésta es una puerta enorme. Porque durante mucho tiempo podemos
confundir la permanencia de una necesidad con la obligatoriedad de conservar
exactamente la misma respuesta.
¿Qué intentábamos proteger? Muchas construcciones se comprenden mejor
cuando introducimos esta pregunta.
¿QUÉ
INTENTÁBAMOS PROTEGER? La vida. El alimento. Los hijos.
El territorio. La convivencia. La memoria.
La pertenencia. La propiedad. La seguridad. El conocimiento. La identidad de un grupo. La estabilidad.… El acceso a determinados recursos. Comprender aquello que una construcción
intentaba proteger puede modificar radicalmente nuestra manera de contemplarla.
Quizá una
norma que hoy nos parece absurda nació bajo circunstancias en las que tenía una
función evidente. Quizá una costumbre
que actualmente resulta innecesaria fue una respuesta inteligente a una
situación concreta. Quizá una
institución que hoy necesita profundas reformas permitió resolver problemas
importantes durante generaciones. Entonces
podemos decir: «AHORA COMPRENDO POR QUÉ APARECISTE.» Sin necesidad de añadir: «POR
ESO DEBES PERMANECER PARA SIEMPRE.»
Una buena solución puede convertirse en un problema
Ya lo hemos
visto. Precisamente las soluciones que
funcionan tienen más posibilidades de sobrevivir. Se repiten.
Se transmiten. Se
institucionalizan. Se perfeccionan. Se defienden. Y pueden continuar mucho después de que las
condiciones iniciales hayan cambiado. Por eso conocer la función original no
significa rendir homenaje permanente a la construcción. Significa recuperar el criterio con el que podemos
evaluarla.
Si fue
construida para conseguir X,
ahora podemos preguntar: ¿CONTINÚA CONSIGUIENDO X? Y todavía: ¿QUÉ
MÁS ESTÁ PRODUCIENDO MIENTRAS LO HACE?
Aquí comienza una evaluación mucho más seria.
Una construcción puede cambiar de función
Pero tampoco
debemos exigir que todo continúe sirviendo exactamente para aquello que lo
originó. Los humanos reutilizamos. Adaptamos.
Transformamos.
Una
construcción puede aparecer para resolver una necesidad y posteriormente
adquirir otras funciones valiosas. Una
institución cambia. Una palabra cambia. Una tradición cambia. Una tecnología cambia. Una
práctica cambia. Por tanto, nuestra
arqueología debe distinguir: ¿PARA QUÉ APARECIÓ? De ¿PARA
QUÉ SIRVE HOY? Las
dos preguntas importan. Y sus
respuestas pueden ser completamente diferentes.
La función declarada tampoco basta
Hay otra
precaución. Una construcción puede
decir que sirve para algo. Pero
necesitamos observar qué hace realmente.
Una institución puede declarar:
«Estamos para
ayudar.» Bien. Ahora observemos.
¿Ayuda?
¿A quién? ¿De qué manera? ¿Con qué consecuencias?
Una
tecnología puede decir que nació para conectarnos. Perfecto.
¿Qué formas de conexión produce realmente? ¿Qué otras consecuencias aparecen?
Una norma
puede decir que protege. ¿Protege? ¿A quién?
¿De qué? ¿A qué coste? Aquí nuestro método vuelve a tocar
suelo: **NO BASTA CON PREGUNTAR QUÉ
DICE UNA CONSTRUCCIÓN QUE HACE. HAY
QUE OBSERVAR QUÉ HACE.**
También nuestras construcciones personales
Podemos
utilizar exactamente la misma pregunta con nosotros. Una conducta que hoy nos molesta quizá tuvo
una función. Controlar. Evitar.
Callar. Complacer. Acumular.
Desconfiar. Anticipar
constantemente. Quizá apareció en un
contexto donde proporcionaba alguna forma de protección. No
necesitamos concluir que toda conducta personal tenga una explicación sencilla
ni que podamos descubrir siempre su origen exacto.
Pero la
pregunta puede cambiar nuestra posición:
En lugar de: «¿QUÉ ME PASA?» podemos añadir: «¿PARA
QUÉ PUDO SERVIRME ESTO?» Y
después: «¿CONTINÚA SIENDO NECESARIO?» La segunda pregunta
solamente puede aparecer después de haber comprendido la primera.
La astrología vuelve a mostrarnos el procedimiento
Tomemos una
atribución astrológica heredada. Podríamos
preguntar inmediatamente: «¿Es correcta?» Pero ahora sabemos hacer
algo anterior.
¿Por qué apareció?
¿Qué observaciones se estaban realizando?
¿Qué tradición simbólica existía?
¿Qué problema interpretativo intentaba
resolver?
¿Qué significados se fueron asociando?
¿Qué añadieron generaciones posteriores?
Quizá no
podamos reconstruir siempre la respuesta.
Entonces tendremos que decirlo.
Pero la pregunta cambia completamente nuestra relación con lo heredado. Ya no recibimos: «ESTO
SIGNIFICA ESTO.» Recibimos: «EN
ALGÚN MOMENTO LOS HUMANOS COMENZAMOS A ATRIBUIRLE ESTE SIGNIFICADO.
INVESTIGUEMOS CÓMO Y POR QUÉ.» El
ladrillo recupera su historia.
No necesitamos despreciar las soluciones antiguas
Aquí puede
nacer también otra forma de respeto. Nuestros
antepasados resolvieron problemas reales.
No tenían nuestros conocimientos.
Ni nuestras tecnologías. Ni
nuestras instituciones. Ni nuestras
posibilidades.
Construyeron
con aquello que tenían. Algunas
soluciones fueron extraordinarias. Otras produjeron daños. Muchas mezclaron ambas cosas. Por eso nuestro manual no pregunta: «¿Cómo
pudieron ser tan ignorantes?» Pregunta: «¿QUÉ
ESTABAN INTENTANDO RESOLVER CON LOS RECURSOS Y CONOCIMIENTOS DE LOS QUE DISPONÍAN?» Eso no borra
responsabilidades. Pero nos permite
aprender. Porque nosotros estamos
haciendo exactamente lo mismo hoy.
Nosotros también estamos construyendo soluciones provisionales
Ésta es
quizá la parte que más humildad exige.
Muchas de nuestras soluciones actuales probablemente serán contempladas
en el futuro como construcciones propias de nuestro tiempo. Nuestros sistemas tecnológicos. Nuestras organizaciones. Nuestros modelos económicos. Nuestras clasificaciones. Nuestra manera de trabajar. Nuestra relación con la información. Nuestra utilización de inteligencia
artificial. Nos parecen modernas. Pero también son respuestas históricas.
Dentro de
cien años alguien podría preguntar: «¿Por qué construyeron aquello?» Y quizá la respuesta sea
perfectamente comprensible: porque
necesitábamos resolver determinados problemas con las posibilidades que
teníamos. Entonces conviene dejar
abiertas desde ahora las puertas de revisión. Recuperar
el «para qué» Quizá una de las
operaciones más poderosas de todo el manual sea devolver esta pregunta a
nuestras construcciones: ¿PARA QUÉ?
¿Para qué existe esta institución? ¿Para qué esta norma?
¿Para qué esta tecnología? ¿Para qué esta profesión?
¿Para qué esta clasificación? ¿Para qué esta costumbre?
¿Para qué esta manera de organizar nuestra
vida?
Cuando la
respuesta desaparece y solamente queda:
«PORQUE ES ASÍ», probablemente hemos
encontrado una zona especialmente interesante para investigar.
La función nos da un punto de contraste
Ahora
podemos ver por qué necesitábamos conocer la función antes de juzgar. Si no sabemos para qué fue construido
algo, resulta difícil evaluar si continúa funcionando. Pero cuando recuperamos la necesidad
aparece una relación: NECESIDAD ↔ CONSTRUCCIÓN. Y podemos preguntar:
¿La atiende? ¿La atiende mejor que antes?
¿La atiende parcialmente? ¿Produce nuevos problemas?
¿Continúa existiendo aquella necesidad? ¿Ha cambiado?
¿Existe ahora otra forma de atenderla?
Ya no
estamos opinando simplemente sobre el edificio. ESTAMOS
CONTRASTÁNDOLO CON SU FUNCIÓN.
Y todavía falta algo
Pero incluso
si conseguimos reconstruir la función inicial, seguimos contemplando solamente
el primer ladrillo. Después vinieron
otros. Cada generación recibió algo. Interpretó.
Corrigió. Añadió. Protegió.
Transformó. A veces olvidó. Una solución sencilla pudo convertirse
durante siglos en una arquitectura inmensa.
Por eso,
después de preguntar: ¿POR QUÉ LO CONSTRUIMOS? necesitamos seguir la
construcción mientras crece. No basta
conocer el nacimiento. Hay que
reconstruir la biografía. Porque quizá
aquello que hoy nos causa problemas no
estuviera en la primera respuesta. Pudo aparecer mucho después. Ésa será nuestra siguiente herramienta:. ¿Qué fuimos añadiendo? Entre la necesidad inicial y la
construcción que hoy habitamos pueden haberse acumulado siglos de ladrillos.
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