JUNG PASEANDO
Sí, Carlos. Y ahí
creo que estás afinando una distinción muy importante:
una cosa es que algo sea real en la
experiencia humana; otra muy distinta es que pertenezca al “modelo original” de
la vida.
El Código Civil
existe, tiene consecuencias reales, organiza conductas, produce conflictos,
obligaciones, alivios, injusticias, soluciones… pero nadie diría que forma
parte de la biología del recién nacido. Es una construcción
humana legítima. Pues con una
parte importante de lo psicológico puede ocurrir algo parecido: existe, actúa,
duele, ayuda, condiciona y merece estudio, pero aparece dentro del mundo humano construido y gracias a posibilidades que previamente tenía ese organismo vivo y
libre.
Y esto no rebaja
la psicología. Al contrario: la ubica.
Primero:
VIDA → organismo humano → desarrollo
→ relación → libertad/posibilidades → mundo humano construido → experiencias
psíquicas particulares.
Y después podemos
estudiar neurosis, culpa, prestigio, fracaso, identidad profesional,
determinadas formas de vergüenza, máscaras, conflictos morales, etc. Pero ya
sabemos que estamos estudiando, muchas veces, derivaciones
humanas posibles, no
necesariamente leyes fundamentales de la vida.
Por eso me gusta
mucho tu expresión de “instalar lo psíquico en el Camino”. Cuando lo sacas de la habitación teórica y lo haces
caminar, empieza la prueba:
¿Esto sigue
apareciendo?
¿De qué depende?
¿Necesita determinado lenguaje?
¿Necesita determinada cultura?
¿Necesita ciertas normas?
¿Lo encontraríamos igualmente en otro momento histórico?
¿Pertenece al humano vivo o a una forma concreta de organizar la vida humana?
Eso puede ser
demoledor, pero no porque destruya la psicología. La desmezcla.
Y aquí enlaza con
lo que decías de la psiquiatría. Sin localizar todavía a ese especialista
concreto que recuerdas, hay una cuestión histórica real detrás de tu
observación: la psiquiatría ha oscilado durante décadas entre explicaciones
biológicas, psicológicas y sociales, y hoy buena parte del campo intenta
integrarlas en vez de reducirlo todo a una sola. La medicación es una
herramienta médica importantísima en determinados trastornos, pero la
psiquiatría contemporánea no se agota legítimamente en «recetar»; tampoco puede
apropiarse de toda experiencia psicológica como si fuera enfermedad.
Y desde Madre
Tierra todavía meterías una pregunta anterior:
ANTES DE DECIDIR SI ESTO ES
PSIQUIÁTRICO, PSICOLÓGICO, SOCIAL O CULTURAL… ¿QUÉ LE ESTÁ PASANDO A ESTE SER
HUMANO VIVO?
Ahí cambia
muchísimo.
Porque quizá el
verdadero movimiento que estamos haciendo con Freud, Jung, psicología y ahora
psiquiatría sea el mismo:
no negarlos; quitarles el derecho a
ser el suelo.
El suelo es
anterior.
Estoy vivo.
Tengo cuerpo.
Me desarrollo.
Dependo.
Estoy relacionado.
Recibo un mundo construido.
Puedo adaptarme a él.
Puedo desadaptarme.
Puedo construir dentro de él.
Y puedo volver a mirar lo construido.
Después vienen
Psicología, Psiquiatría, Jung, Freud y todos los diccionarios que queramos.
Y fíjate qué
curioso: cuanto más hacemos esto, menos necesitamos decir que esas disciplinas
«están equivocadas». Basta con decir:
SON UNA DE LAS HABITACIONES.
NO SON LA CASA ENTERA.
Ahí, creo, estás
llegando cada vez con más claridad.
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Sí, Carlos. Y
aquí creo que estás afinando una distinción que puede ser muy importante para
todo lo que estás haciendo con Freud, Jung y ahora con este mundo psíquico:
que algo sea real no significa que
sea originario de la vida.
El Código Civil
es real. El dinero es real. Una frontera es real. Una profesión es real. Una
Persona jungiana puede ser real. Un determinado conflicto psicológico puede ser
tremendamente real y producir sufrimiento real. Pero muchos de esos fenómenos
existen dentro del mundo humano construido. Son posibilidades que han podido aparecer porque el
humano dispone de lenguaje, memoria, representación, libertad, convivencia,
normas, imaginación, cultura... y con todo eso ha construido un mundo
extraordinariamente complejo.
Y ahí tu planteamiento
introduce una pregunta anterior:
¿ESTO PERTENECE A LA CONDICIÓN DEL
SER VIVO HUMANO
O PERTENECE A UNA DE LAS FORMAS QUE EL HUMANO HA CONSTRUIDO PARA VIVIR?
No es lo mismo. Porque entonces muchas cosas que hemos
colocado bajo el gran rótulo PSIQUE podrían necesitar una recolocación. No para decir que «no
existen», sino para preguntar:
¿Dónde existen?
¿Cómo aparecieron?
¿Son inevitables?
¿Son una posibilidad?
¿Son una adaptación?
¿Son producto de un determinado constructo?
¿Podrían existir de otra manera?
Eso enlaza
perfectamente con lo que acabas de escribir al final de las notas: que ese
mundo psíquico puede ser una posibilidad surgida de una civilización organizada
con determinadas normas, leyes, representaciones y libertades humanas; no tiene
por qué confundirse con el planeta, con la vida ni siquiera con todo lo que necesariamente significa ser humano.
Y hay una
consecuencia tremenda: LA PSIQUE HUMANA PUEDE SER REAL
SIN QUE TODO LO PSÍQUICO SEA UNA LEY DE LA VIDA.
Ahí sí que Freud y
Jung salen completamente a pasear. Porque
podríamos coger uno por uno: Sombra.
Persona. Complejo. Culpa. Neurosis. Represión. Ansiedad determinada. Identidad.
Competencia. Éxito. Fracaso...
y preguntar: ¿esto viene
con el humano o puede aparecer porque el humano vive en determinado mundo
humano?
Eso no reduce la
psicología. Al contrario: la vuelve investigable
históricamente.
Y sobre ese
psiquiatra que recuerdas: he intentado localizarlo por lo que mencionas y no
puedo asegurarte todavía quién era. Hay varias voces cercanas a esa crítica.
Por ejemplo, Mikel Munárriz, que fue presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, ha
defendido públicamente una psiquiatría autocrítica, multidisciplinar y no
reducida a medicación. Y Allen Frances, que dirigió el DSM-IV, ha sido muy crítico con
convertir problemas normales de la vida en trastornos y con la idea de
resolverlos automáticamente mediante fármacos.
Pero no
atribuiría a ninguno de ellos la frase que recuerdas sin encontrarla.
Lo interesante es
que la discusión contemporánea sí se ha movido muchísimo
en esa dirección. Incluso la
actual presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental define
hoy la especialidad mediante un enfoque biopsicosocial, no simplemente como «diagnosticar y recetar». Y desde
la propia profesión se reconoce también el problema de la psiquiatrización de
la vida cotidiana y de una utilización excesivamente farmacológica cuando
faltan otros recursos.
Y aquí, Carlos,
Madre Tierra podría introducir una pregunta mucho más incómoda que
«¿psiquiatría o psicología?»:
ANTES DE DECIDIR QUIÉN DEBE TRATARLO,
¿HEMOS COMPROBADO PRIMERO QUÉ ES LO QUE ESTAMOS TRATANDO?
Porque puede ser
enfermedad. Puede ser sufrimiento. Puede ser conflicto. Puede ser una adaptación desactualizada. Puede ser una reacción perfectamente
comprensible a unas circunstancias.
Puede ser consecuencia de un constructo. Puede ser algo que necesita tiempo. Puede ser algo nuevo buscando cauce.
Y sí, algunas
veces necesitará medicación. Otras necesitará psicoterapia. Otras quizá
necesitará cambiar aquello que está produciendo el sufrimiento.
Ahí la cosa
cambia muchísimo. Y me acaba de
aparecer una formulación que creo que encaja extraordinariamente con todo
vuestro recorrido:
ANTES DE PREGUNTAR «¿QUÉ LE PASA A ESTA PERSONA?»
QUIZÁ HAYA QUE PREGUNTAR TAMBIÉN:
«¿QUÉ LE ESTÁ PASANDO A ESTA PERSONA DENTRO DEL MUNDO EN EL QUE ESTÁ VIVIENDO?»
Porque si sacamos
al humano del constructo únicamente para estudiarlo, podemos terminar
diagnosticándole individualmente la respuesta
que está dando a una construcción colectiva.
Y eso sí que va
directamente al corazón de lo que estás encontrando.
Sí. Y aquí haría
una precisión porque creo que protege mucho lo que estás
encontrando.
No diría todavía
que todos los padecimientos psicológicos sean quejas del «modelo
original» contra el constructo. Eso sería convertir una intuición fértil en
otra explicación total. Pero sí veo una pregunta
extraordinariamente potente:
¿CUÁNTO DE LO QUE LLAMAMOS SÍNTOMA
PUEDE SER TAMBIÉN UNA RESPUESTA DEL HUMANO
A UNA FORMA DE VIDA A LA QUE NO CONSIGUE ADAPTARSE SIN PAGAR UN PRECIO?
Eso es otra cosa. Porque tu distinción de hoy es
fundamental:
REAL ≠ NECESARIO PARA ESTAR VIVO.
Una hipoteca es real.
Un examen es real.
Un despido es real.
Una reputación es real.
Una deuda es real.
Una máscara social es real.
Una expectativa profesional es real.
Y sus
consecuencias psicológicas pueden ser absolutamente
reales.
Pero nada de eso
era necesario para que apareciera el humano vivo. Son posibilidades posteriores
de su mundo construido.
Y entonces tu
idea de seguir la formación del padecimiento me parece muchísimo más interesante que tomar solamente
la fotografía final:
No empezar
únicamente por: «¿QUÉ TRASTORNO ES?»
Sino investigar:
¿Cuándo empezó? ¿Qué estaba viviendo? ¿A qué estaba intentando adaptarse? ¿Qué tuvo que dejar de hacer? ¿Qué empezó a exigirse? ¿Qué necesitaba y no encontraba? ¿Qué máscara llevaba? ¿Qué ritmo seguía? ¿Qué ocurrió cuando dijo que no? ¿Qué ocurrió cuando siguió diciendo que sí?
Entonces el
síntoma adquiere biografía. Y aparece
algo muy bonito respecto de lo que llevamos días encontrando: quizá
determinadas manifestaciones psíquicas no sean solamente un fallo de
funcionamiento. Algunas podrían ser también información.
El organismo está
diciendo algo. No sabemos todavía qué.
No debemos romantizarlo: hay sufrimientos y enfermedades graves que requieren
tratamiento. Pero antes de silenciar una señal conviene, cuando sea posible, preguntar qué está señalando.
Y aquí aparece tu
cebra. La comparación hay que
manejarla con cuidado porque los demás animales también sufren estrés, miedo,
alteraciones conductuales y respuestas patológicas. Pero tu intuición de fondo
sigue siendo interesante: el humano puede construir capas
simbólicas, económicas, jurídicas, laborales, identitarias y sociales de una
complejidad extraordinaria y después tener que vivir dentro de ellas.
Es decir:
EL HUMANO CONSTRUYE EL MUNDO
Y DESPUÉS SU PROPIO ORGANISMO TIENE QUE CONSEGUIR VIVIR EN EL MUNDO QUE HA
CONSTRUIDO.
¡Ahí está el problema! Porque el constructor puede modificar
las condiciones muchísimo más deprisa que el viviente que debe habitarlas.
Y entonces quizá
aparezca una pregunta nueva que enlaza perfectamente con aquello de desadaptación aprendida:
¿Y SI ALGUNOS SÍNTOMAS SON EL PRECIO DE CONSEGUIR ADAPTARNOS A ALGO A LO
QUE NO NOS CONVENÍA ADAPTARNOS DE ESA MANERA?
Eso es gordo,
Carlos. Porque normalmente vemos:
CONSTRUCTO → individuo no funciona
bien → diagnosticar individuo → tratar individuo → devolver individuo al
constructo.
Madre Tierra
introduce una comprobación que faltaba:
ALTO. Antes de devolverlo:
¿HEMOS MIRADO TAMBIÉN AQUELLO A LO QUE QUEREMOS QUE VUELVA A ADAPTARSE?
Porque si una
persona mejora únicamente para soportar nuevamente unas condiciones que
contribuyeron decisivamente a su deterioro, hemos arreglado una pieza sin revisar la máquina donde la volvemos a colocar.
Y esto conecta
directamente con lo que escribiste ayer: no destruir el constructo, sino aumentar sus posibilidades de adaptación, abrir ventanas y actualizar representaciones para que concuerden
mejor con aquello de lo que dependemos.
Por eso cambiaría
ligeramente tu última expresión. No sé todavía si diría que son: «quejas del
humano modelo original».
Quizá, mientras
investigamos, dejaría algo todavía más abierto: SEÑALES DEL
HUMANO VIVO.
Porque queja ya interpreta.
Síntoma ya viene cargado.
Trastorno clasifica.
Pero señal simplemente dice: AQUÍ ESTÁ
PASANDO ALGO. Y entonces viene la linterna:
¿Qué?
¿Cuándo comenzó?
¿En qué mundo estaba viviendo?
¿A qué estaba respondiendo?
¿Qué intentaba resolver?
¿Qué precio estaba pagando?
¿Hay enfermedad?
¿Hay una adaptación?
¿Hay una desadaptación?
¿Hay algo que necesita tratamiento?
¿Hay algo alrededor que necesita cambiar?
Y sólo después
diagnosticamos lo que corresponda.
Esto además
preserva exactamente aquello que tú no quieres perder: el ser humano está antes que nuestra explicación psicológica del ser humano.
Antes del
diagnóstico: ESTÁ VIVO. Y quizá su padecimiento, además de necesitar ayuda, tenga algo que contarnos sobre la manera en que estamos viviendo.
Eso último yo lo dejaría apuntado. Porque puede tener muchísimo
recorrido.
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