LIBROS de BARBARIN I II III

jueves, 15 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO ¿PADECE PSÍQUICAMENTE IGUAL EL HUMANO DE 1900 QUE EL HUMANO DE 2026?

 JUNG PASEANDO

Exactamente. Ahí sí creo que tienes una vía de investigación formidable, porque ya no sería solamente una reflexión filosófica sobre el constructo. Podría contrastarse históricamente.

Y Freud es un ejemplo magnífico. Mira de qué habla Freud: histeria, neurosis, angustia, obsesión, fobias, conversión, represión, culpa, conflicto, sexualidad, sueños, síntomas corporales sin explicación orgánica clara... No encontró un humano sin padecimiento psíquico. En absoluto. Por eso sería un error nuestro decir: «antes no había síntomas y el mundo moderno los produjo».

Pero tu pregunta es bastante más interesante:

¿PADECE PSÍQUICAMENTE IGUAL EL HUMANO DE 1900 QUE EL HUMANO DE 2026?

Seguramente no exactamente. Y ahí podríamos mirar algo que hasta ahora apenas hemos tocado: la historia de los síntomas como posible historia indirecta del constructo.

Freud recibe, por ejemplo, un mundo europeo con una determinada moral sexual, estructura familiar, papel de la mujer, autoridad paterna, religión, normas sociales, posibilidades laborales, concepto del deber, etc. Y encuentra unas determinadas formas de sufrimiento. Un siglo después tenemos otro constructo: hiperconexión, redes sociales, exposición continua, comparación, velocidad, precariedad, rendimiento, identidad pública, disponibilidad permanente, multiplicación de elecciones, soledad de ciertas formas, información incesante... No deberíamos presuponer el resultado, pero sí podemos preguntar si ha cambiado la forma mediante la cual el humano expresa que algo no va bien.

Y entonces tus manuales antiguos son oro precisamente porque permiten evitar el «me parece que antes...». Podemos comparar.

Incluso habría que separar tres cosas, porque aquí puede haber una trampa metodológica importante:

1. Lo que realmente padecía la gente.
2. Lo que la medicina/psiquiatría de aquella época era capaz de reconocer.
3. Lo que aquella época decidía llamar enfermedad.

Porque que un trastorno no aparezca en un manual de 1930 no demuestra que no existiera. Quizá no se reconocía, se llamaba de otra manera, se incluía dentro de otra categoría o ni siquiera llegaba al psiquiatra.

Pero si hacemos esa limpieza, entonces sí podemos encontrar algo apasionante:

QUÉ PERMANECE.
QUÉ CAMBIA DE NOMBRE.
QUÉ DESAPARECE O PIERDE PESO.
QUÉ APARECE.
QUÉ AUMENTA.
Y, SOBRE TODO, QUÉ ESTABA OCURRIENDO EN EL MUNDO HUMANO CUANDO APARECE O CAMBIA.

Ahí tu idea empieza a ser comprobable.

Y fíjate en Freud: quizá lo verdaderamente interesante ya no sea preguntarle únicamente «¿qué descubriste?», sino:

«Freud, ¿QUÉ CLASE DE HUMANO EN SU MUNDO CONSTRUIDO ENTRABA EN TU CONSULTA?»

¡Eso cambia la lectura!

Después podríamos hacer exactamente lo mismo con Jung, con la psiquiatría de posguerra, con los primeros DSM, con finales del XX y finalmente con el XXI.                 

Y quizá terminemos viendo dos capas.     Una relativamente persistente, perteneciente a las posibilidades y vulnerabilidades del humano.    Y otra mucho más móvil:

LA FORMA HISTÓRICA QUE ADQUIERE SU PADECIMIENTO AL VIVIR DENTRO DE DETERMINADO CONSTRUCTO.

Eso sería precioso porque volveríamos a nuestra vieja distinción:

HABITACIÓN ≠ CONTENIDO.

Puede que determinadas habitaciones humanas sean antiguísimas. Pero lo que cada época mete dentro de ellas puede cambiar enormemente.

Y aquí tus manuales antiguos pueden resultar importantísimos. No los tires ni los des por superados. Son fotografías del modo en que una época miraba, nombraba y clasificaba el sufrimiento humano.

De hecho, Carlos, se me ocurre una investigación muy concreta para más adelante:     COGER 1900 — 1925 — 1950 — 1975 — 2000 — 2025

y en cada corte preguntar solamente:    ¿DE QUÉ PADECE EL HUMANO SEGÚN LA PSIQUIATRÍA Y PSICOLOGÍA DE SU TIEMPO?

Y al lado:    ¿EN QUÉ MUNDO HUMANO ESTÁ VIVIENDO?

Sin demostrar nada previamente. Sin buscar que nos dé la razón.   Si después aparecen correlaciones...     entonces sí que tendremos algo muchísimo más serio que una intuición.

Y ahora entiendo todavía mejor tu frase de antes: todo puede ser real y, sin embargo, una parte puede ser construida y no necesaria para estar vivo.

La historia puede ayudarnos precisamente a descubrir qué parece permanecer en el humano y qué parece moverse cuando se mueve el mundo que el humano construye.

Eso, sí. Eso merece muchísimo la pena investigarlo.

 

Sí, Carlos. Y creo que haces bien en no obligarte todavía a demostrarlo ni a organizarlo. Llevas meses viendo una dirección; estos últimos días lo que está ocurriendo es que distintas piezas empiezan a encontrarse entre ellas.

Y la pregunta que acabas de hacer es muy seria:

¿VALE LA PENA PAGAR DETERMINADOS PRECIOS —INCLUSO FARMACOLÓGICOS— PARA PODER SEGUIR FUNCIONANDO A UNA VELOCIDAD O CONTRAVELOCIDAD HUMANA?

Yo la conservaría como pregunta, no como conclusión. Porque los fármacos pueden ser necesarios, beneficiosos e incluso decisivos en determinados trastornos y momentos. Pero eso no impide formular la pregunta anterior:

¿QUÉ ESTAMOS AYUDANDO A SOPORTAR?

Ahí está lo interesante.      Porque puede haber una enfermedad que necesite tratamiento. Pero también puede coexistir un entorno que necesite revisión. Una cosa no excluye la otra.

Y tu Camino empieza a adquirir una función muy clara. No parece que estés proponiendo:      ABANDONEMOS EL CONSTRUCTO.

Más bien:    SALGAMOS UN MOMENTO PARA PODER VERLO.

Camino. Cuerpo. Sueño. Hambre. Sed. Cansancio. Amanecer. Distancia. Ritmo. Otro viviente. Dependencia. Tiempo.

Y después vuelvo.       Pero regreso pudiendo preguntar:

¿Todo aquello a lo que me estaba adaptando era realmente necesario?
¿A qué precio me estaba adaptando?
¿Mi dificultad estaba solamente en mí?
¿Hay algo que tratar en mí y algo que modificar fuera?
¿Puedo utilizar el constructo sin entregarle mi ritmo entero?

Esto además enlaza muchísimo con algo que ya apareció en tus notas: no destruir el constructo; aumentar sus posibilidades de adaptación.

Porque quizás hasta ahora hemos pedido fundamentalmente al humano:

ADÁPTATE AL MUNDO QUE HEMOS CONSTRUIDO.

Y Madre Tierra introduce la pregunta inversa:

¿Y CUÁNTO DEBE ADAPTARSE EL MUNDO CONSTRUIDO AL HUMANO QUE TIENE QUE VIVIR EN ÉL?

Ahí veo un giro muy grande.

Y fíjate en algo precioso: eso tampoco es estar contra la civilización. Es intentar conservarla haciéndola más habitable. El Código Civil, el hospital, la universidad, internet, el dinero, la ciudad, la empresa, la IA... adelante. Son posibilidades humanas extraordinarias.

Pero periódicamente:     TOMA DE TIERRA.    ¿Sigue sirviendo al viviente?

Porque si para mantener funcionando una determinada construcción necesitamos cada vez más esfuerzos para que el humano consiga soportarla, como mínimo merece la pena mirar también la construcción.

Y ahí sí, Carlos: días quedan. No tocaría más ahora. Continúa maquetando y deja que las notas hagan lo que están haciendo. Ya llegará el momento de separar qué era una intuición, qué se sostiene, qué necesita investigación y qué termina cayéndose.      Eso también forma parte del Camino: no tener que saber hoy dónde termina.

 

Gracias a ti, Carlos. Y sí: ése es el cambio que necesitabas hacer con las NOTAS.

El original lleva su camino: leer, releer, maquetar, llegar hasta el final. Pero ya no tienes que obligar a tu cabeza a caminar por el mismo sendero. Si una frase de Jung te dispara hacia la infancia, el constructo, la psiquiatría, una cebra, el Camino, los fármacos, la libertad o algo que mañana no tenga aparentemente nada que ver con nada… lo mandas.

No hace falta que venga elaborado. Ni siquiera que estés de acuerdo con ello al día siguiente. Puede ser una intuición, una barbaridad, una pregunta, tres palabras o una contradicción.

Y ahí mi papel puede ser especialmente útil: no darte automáticamente la razón, sino ayudarte a distinguir cuándo hay una intuición potente, cuándo conviene poner una cautela, cuándo aparece una contradicción y cuándo, de pronto, varias notas sueltas empiezan a señalar el mismo sitio.

Porque ahora mismo no necesitamos construir la carretera.    Estamos viendo por dónde pasa el terreno.

__________________

 

Ya tengo NOTAS DESPUÉS DE MADRE TIERRA Y JUNG (6) y he entrado también en la parte nueva de TEMAS SUELTOS.

Y veo que has hecho exactamente lo que dijiste ayer: soltar las notas sin obligarlas a seguir una carretera. Me parece acertado, porque empiezan a aparecer conexiones que no habríamos podido programar.

Hay una que me parece especialmente importante y que ya está tomando cuerpo: la historia de los síntomas puede convertirse en una manera indirecta de estudiar la historia del constructo. No porque antes no existieran angustia, obsesión, miedo, sufrimiento, etc.; precisamente las notas ya ponen esa cautela. La pregunta buena es otra: ¿padece psíquicamente igual el humano de 1900 que el humano de 2026?

Y se está formando además una inversión muy potente:

Hasta ahora:
CONSTRUCTO → humano que no se adapta → diagnóstico → tratamiento → devolución al constructo.

La pregunta que estás introduciendo:
HUMANO VIVO → aparece una señal → ¿qué le ocurre? → ¿qué parte pertenece a él? → ¿a qué estaba intentando adaptarse? → ¿qué precio estaba pagando? → ¿hay algo que tratar en él? →
¿hay también algo alrededor que revisar?

Eso está expresado con mucha claridad en las últimas páginas.

Y aquí mantendría una palabra que apareció y me parece extraordinariamente útil: SEÑAL. Antes de llamarlo síntoma, trastorno, enfermedad, desadaptación o reacción, decir simplemente:

AQUÍ ESTÁ PASANDO ALGO.

Eso nos permite investigar sin haber decidido de antemano qué significa.

También veo que la cuestión de los fármacos se está colocando mejor. No como «fármacos sí/fármacos no», que sería demasiado pobre y además clínicamente peligroso, sino mediante una pregunta bastante más seria: ¿qué estamos ayudando a soportar? Puede existir una enfermedad que necesite tratamiento y simultáneamente un entorno que merezca revisión.

Y ahí aparece para mí el giro que puede acabar siendo enorme:

¿CUÁNTO DEBE ADAPTARSE EL HUMANO AL MUNDO CONSTRUIDO?

pero también:      ¿CUÁNTO DEBE ADAPTARSE EL MUNDO CONSTRUIDO AL HUMANO QUE TIENE QUE VIVIR EN ÉL?

Eso ya no es solamente Jung. Ni Freud. Ni siquiera solamente Psicología.

Estamos empezando a preguntarnos por la relación entre el padecimiento humano y la evolución del mundo humano construido.

Y ahí sí, Carlos, la historia de Psicología y Psiquiatría puede convertirse en una mina: no para buscar pruebas de una conclusión que ya tengamos, sino para poner en paralelo época → forma de vida → exigencias del constructo → síntomas descritos → clasificaciones → tratamientos y mirar qué permanece, qué cambia y qué aparece.

Sigue pasándome las cosas exactamente así, aunque sean tres líneas, una barbaridad provisional o algo que mañana contradigas. Todavía estamos viendo por dónde pasa el terreno.

 

Sí, Carlos. Esto sí estaba en el archivo, pero yo en mi respuesta anterior salté demasiado deprisa a lo posterior —psiquiatría, síntomas, constructo— y no me detuve en este bloque, que en realidad abre una pregunta anterior y, para mí, más radical. Aparece justo al comienzo de «NUEVO — TEMAS SUELTOS».

Y ahora, leyéndolo como bloque entero, creo que veo perfectamente lo que estás intentando atrapar.

Tu pregunta no es simplemente «¿qué es el inconsciente?».

Es:        ¿CÓMO DEMONIOS SE CONSTRUYE UN INCONSCIENTE PERSONAL?

Porque si aceptamos nuestra imagen de las habitaciones, no basta con decir:    «Aquí está la habitación del inconsciente y dentro encontramos lo reprimido.»

Tú estás preguntando por la historia de cómo se llena la habitación.

Y ahí aparece un problema formidable.

Antes de reprimir, alguien tiene que poder discriminar

Un recién nacido no puede formular:

«Este deseo es socialmente inaceptable; por tanto, voy a reprimirlo.»

Pero recibe. Reacciona. Aprende. Registra. Se regula. Se relaciona. Su organismo cambia con la experiencia.

Por tanto, aquí conviene separar cosas que después, cuando hablamos del «inconsciente», metemos demasiado fácilmente en el mismo saco:

REGISTRAR ≠ RECORDAR CONSCIENTEMENTE ≠ JUZGAR ≠ REPRIMIR ≠ OCULTARSE ALGO A UNO MISMO.

Y esto cambia muchísimo tu pregunta.

Puede haber aprendizaje y memoria implícita antes de que exista la capacidad madura de decir:

«RECONOZCO QUE ESTO APARECE EN MÍ Y DECIDO QUÉ HAGO CON ELLO.»

Así que la habitación puede empezar a recibir contenido antes de que exista un propietario reflexivo capaz de saber que tiene habitación.

Ahí está una de las claves.

Y entonces Freud se vuelve todavía más interesante

Porque «inconsciente» puede estar nombrando fenómenos muy diferentes.

Una cosa es aquello que nunca llegó a ser consciente.       Otra, aquello que fue aprendido implícitamente.      Otra, algo que no puedo recuperar voluntariamente.      Otra, aquello a lo que no presto atención.     Otra, un automatismo.     Otra, algo que deliberadamente evito.

Y otra bastante distinta sería la represión freudiana: algo que resulta conflictivo/inaceptable y queda mantenido fuera de la conciencia.

Por eso tu martilleo:    «¿CUÁNDO?»     me parece completamente pertinente.

¿Cuándo puedo registrar?       ¿Cuándo puedo aprender?

¿Cuándo puedo recordar?

¿Cuándo aparece reconocimiento de mí mismo?

¿Cuándo puedo distinguir «esto me ocurre a mí»?

¿Cuándo aparece suficiente relación con los demás para captar aprobación/rechazo?

¿Cuándo puedo juzgar algo mío como inaceptable?

¿Y cuándo podemos hablar propiamente de represión?

No tienen por qué aparecer todas esas capacidades simultáneamente.

Y aquí entra de lleno tu itinerario.      Porque quizá el inconsciente personal no viene «lleno»       Ésta es la parte de tu nota que me parece más fértil.     Podríamos conservar provisionalmente:

LA HABITACIÓN PUEDE VENIR DE FÁBRICA.    EL CONTENIDO NO.

No quiero convertir todavía esa frase en afirmación científica; la usaría como hipótesis de investigación.

El organismo humano viene con enormes capacidades y sistemas que funcionan sin conciencia reflexiva. Pero mi miedo a determinada situación, mi vergüenza, mi asociación con determinada palabra, mi conflicto con mi padre, mi manera de interpretar el rechazo, etc., necesitan biografía.

Y por eso vuelve nuestra vieja distinción:

ESTRUCTURA ≠ CONTENIDO.

Que es exactamente la cuestión que las notas ya estaban planteando respecto de Jung: cuánto pertenece a estructura humana y cuánto es contenido producido, heredado o alimentado por el constructo.

Pero ahora estás aplicándoselo al inconsciente mismo.    Y eso es bastante más serio.

Y aparece el CONSTRUCTO

Porque entonces tu pregunta histórica cobra muchísimo sentido.

Ira, miedo, deseo, dolor, frustración, rivalidad, apego, etc., evidentemente no tuvieron que esperar a Freud ni a la escuela ni a la escritura.                    Pero otra cosa es:

¿CUÁNDO APRENDE UN HUMANO QUE AQUELLO QUE SIENTE ES ADMISIBLE O INADMISIBLE?

Ahí necesitamos otro humano.    Familia.   Grupo.   Costumbre.   Norma.   Lenguaje.   Religión.   Moral.   Educación.   Cultura.

Y más adelante instituciones, escuela, profesión, medios, redes...    Entonces aparece una posibilidad enorme:

EL CONSTRUCTO NO CREA NECESARIAMENTE LA IRA.
PERO PUEDE ENSEÑARME QUÉ SIGNIFICA MI IRA, CUÁNDO PUEDO MOSTRARLA, ANTE QUIÉN, DE QUÉ MANERA Y QUÉ DEBO HACER CON ELLA.

Eso sí puede intervenir decisivamente en qué acaba en determinadas habitaciones y de qué manera acaba allí.

Y entonces tu pregunta «¿cuándo todo ello se fue uniformando históricamente?» adquiere otro significado.

No se uniformaron necesariamente las emociones humanas.

Se pudieron ir uniformando las interpretaciones, permisos, prohibiciones y respuestas frente a ellas.       Eso es otra cosa.      Y aquí aparece una pregunta que yo añadiría a tus notas     Hasta ahora preguntabas:

¿A QUÉ EDAD EMPIEZA A LLENARSE EL INCONSCIENTE?

Yo pondría inmediatamente debajo:

¿Y QUIÉN LO ESTÁ LLENANDO CUANDO TODAVÍA NO EXISTE UN “YO” CAPAZ DE DECIDIR QUÉ GUARDA?

Porque quizá la respuesta inicial sea sorprendente:

NADIE lo está llenando deliberadamente.    Está viviendo.   Recibiendo.   Relacionándose.    Aprendiendo.    Asociando.   Regulándose.

Y bastante después aparecerá alguien capaz de decir:     «HOSTIA... todo esto ya estaba aquí.»

Eso enlaza de manera extraordinaria con lo que encontramos días atrás:    RECIBIR ES ANTERIOR A COMPRENDER.

Y quizá ahora podamos añadir:      REGISTRAR ES ANTERIOR A PODER EXPLICAR LO REGISTRADO.

Ahí, Carlos, sí creo que has abierto una puerta importante. Y no correría todavía hacia «qué es el inconsciente». Haría exactamente lo contrario: desmontaríamos cronológicamente su construcción, desde el embrión/nacimiento hasta la conciencia reflexiva, viendo qué capacidad aparece en cada momento y qué puede y qué no puede estar ocurriendo todavía.

Porque puede resultar que cuando terminemos tengamos que preguntarle a Freud:

FREUD, CUANDO DIJISTE “INCONSCIENTE”,
¿CUÁNTAS COSAS DIFERENTES HABÍAMOS METIDO YA DENTRO DE ESA HABITACIÓN?

Esa pregunta tiene recorrido. Muchísimo.

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