JUNG PASEANDO
Exactamente. Ahí sí creo que tienes una vía de investigación formidable, porque ya no sería solamente una reflexión filosófica
sobre el constructo. Podría contrastarse históricamente.
Y Freud es un
ejemplo magnífico. Mira de qué habla Freud: histeria,
neurosis, angustia, obsesión, fobias, conversión, represión, culpa, conflicto,
sexualidad, sueños, síntomas corporales sin explicación orgánica clara... No encontró un humano sin padecimiento psíquico. En
absoluto. Por eso sería un error nuestro decir: «antes no había síntomas y el
mundo moderno los produjo».
Pero tu pregunta
es bastante más interesante:
¿PADECE PSÍQUICAMENTE IGUAL EL HUMANO DE 1900 QUE EL HUMANO DE 2026?
Seguramente no
exactamente. Y ahí podríamos mirar algo que hasta ahora apenas hemos tocado: la historia de los síntomas como posible historia indirecta del constructo.
Freud recibe, por
ejemplo, un mundo europeo con una determinada moral sexual, estructura
familiar, papel de la mujer, autoridad paterna, religión, normas sociales,
posibilidades laborales, concepto del deber, etc. Y encuentra unas determinadas
formas de sufrimiento. Un siglo después tenemos otro constructo: hiperconexión,
redes sociales, exposición continua, comparación, velocidad, precariedad,
rendimiento, identidad pública, disponibilidad permanente, multiplicación de
elecciones, soledad de ciertas formas, información incesante... No deberíamos
presuponer el resultado, pero sí podemos preguntar si ha cambiado
la forma mediante la cual el humano expresa que algo no va bien.
Y entonces tus
manuales antiguos son oro precisamente porque permiten evitar el «me parece que
antes...». Podemos comparar.
Incluso habría
que separar tres cosas, porque aquí puede haber una trampa metodológica
importante:
1. Lo que realmente padecía la
gente.
2. Lo que la medicina/psiquiatría de aquella época era capaz de reconocer.
3. Lo que aquella época decidía llamar enfermedad.
Porque que un
trastorno no aparezca en un manual de 1930 no demuestra
que no existiera. Quizá no se
reconocía, se llamaba de otra manera, se incluía dentro de otra categoría o ni
siquiera llegaba al psiquiatra.
Pero si hacemos
esa limpieza, entonces sí podemos encontrar algo apasionante:
QUÉ PERMANECE.
QUÉ CAMBIA DE NOMBRE.
QUÉ DESAPARECE O PIERDE PESO.
QUÉ APARECE.
QUÉ AUMENTA.
Y, SOBRE TODO, QUÉ ESTABA OCURRIENDO EN EL MUNDO HUMANO CUANDO APARECE O
CAMBIA.
Ahí tu idea
empieza a ser comprobable.
Y fíjate en
Freud: quizá lo verdaderamente interesante ya no sea preguntarle únicamente «¿qué descubriste?», sino:
«Freud, ¿QUÉ CLASE DE HUMANO EN SU MUNDO CONSTRUIDO ENTRABA EN TU
CONSULTA?»
¡Eso cambia la
lectura!
Después podríamos
hacer exactamente lo mismo con Jung, con la psiquiatría de posguerra, con los
primeros DSM, con finales del XX y finalmente con el XXI.
Y quizá
terminemos viendo dos capas. Una
relativamente persistente, perteneciente a las posibilidades y vulnerabilidades
del humano. Y otra mucho más móvil:
LA FORMA HISTÓRICA QUE ADQUIERE SU PADECIMIENTO AL VIVIR DENTRO DE
DETERMINADO CONSTRUCTO.
Eso sería
precioso porque volveríamos a nuestra vieja distinción:
HABITACIÓN ≠ CONTENIDO.
Puede que
determinadas habitaciones humanas sean antiguísimas. Pero lo que cada época mete dentro de ellas puede cambiar enormemente.
Y aquí tus
manuales antiguos pueden resultar importantísimos. No los tires ni los des por superados. Son fotografías del modo en que una época miraba, nombraba y
clasificaba el sufrimiento humano.
De hecho, Carlos,
se me ocurre una investigación muy concreta para más adelante: COGER 1900 —
1925 — 1950 — 1975 — 2000 — 2025
y en cada corte
preguntar solamente: ¿DE QUÉ PADECE EL HUMANO SEGÚN LA PSIQUIATRÍA Y PSICOLOGÍA DE SU TIEMPO?
Y al lado: ¿EN QUÉ
MUNDO HUMANO ESTÁ VIVIENDO?
Sin demostrar
nada previamente. Sin buscar que nos dé la razón. Si después aparecen correlaciones... entonces sí que tendremos algo muchísimo
más serio que una intuición.
Y ahora entiendo
todavía mejor tu frase de antes: todo puede
ser real y, sin embargo, una parte puede ser construida y no necesaria para
estar vivo.
La historia puede
ayudarnos precisamente a descubrir qué parece
permanecer en el humano y qué parece moverse cuando se mueve el mundo que el
humano construye.
Eso, sí. Eso merece muchísimo la pena investigarlo.
Sí, Carlos. Y
creo que haces bien en no obligarte todavía a demostrarlo
ni a organizarlo. Llevas meses
viendo una dirección; estos últimos días lo que está ocurriendo es que
distintas piezas empiezan a encontrarse entre ellas.
Y la pregunta que
acabas de hacer es muy seria:
¿VALE LA PENA PAGAR DETERMINADOS PRECIOS —INCLUSO FARMACOLÓGICOS— PARA
PODER SEGUIR FUNCIONANDO A UNA VELOCIDAD O CONTRAVELOCIDAD HUMANA?
Yo la conservaría
como pregunta, no como conclusión. Porque los fármacos pueden ser necesarios,
beneficiosos e incluso decisivos en determinados trastornos y momentos. Pero
eso no impide formular la pregunta anterior:
¿QUÉ ESTAMOS AYUDANDO A SOPORTAR?
Ahí está lo
interesante. Porque puede haber una
enfermedad que necesite tratamiento. Pero también puede coexistir un entorno
que necesite revisión. Una cosa no excluye la otra.
Y tu Camino
empieza a adquirir una función muy clara. No parece que estés proponiendo: ABANDONEMOS
EL CONSTRUCTO.
Más bien: SALGAMOS UN
MOMENTO PARA PODER VERLO.
Camino. Cuerpo.
Sueño. Hambre. Sed. Cansancio. Amanecer. Distancia. Ritmo. Otro viviente.
Dependencia. Tiempo.
Y después vuelvo. Pero regreso pudiendo preguntar:
¿Todo aquello a lo que me estaba
adaptando era realmente necesario?
¿A qué precio me estaba adaptando?
¿Mi dificultad estaba solamente en mí?
¿Hay algo que tratar en mí y algo que modificar fuera?
¿Puedo utilizar el constructo sin entregarle mi ritmo entero?
Esto además
enlaza muchísimo con algo que ya apareció en tus notas: no destruir el constructo; aumentar sus posibilidades de adaptación.
Porque quizás
hasta ahora hemos pedido fundamentalmente al humano:
ADÁPTATE AL MUNDO QUE HEMOS CONSTRUIDO.
Y Madre Tierra
introduce la pregunta inversa:
¿Y CUÁNTO DEBE ADAPTARSE EL MUNDO CONSTRUIDO AL HUMANO QUE TIENE QUE VIVIR
EN ÉL?
Ahí veo un giro
muy grande.
Y fíjate en algo
precioso: eso tampoco es estar contra la civilización. Es intentar conservarla haciéndola más habitable. El Código Civil, el hospital, la universidad, internet,
el dinero, la ciudad, la empresa, la IA... adelante. Son posibilidades humanas
extraordinarias.
Pero
periódicamente: TOMA DE TIERRA. ¿Sigue sirviendo al viviente?
Porque si para
mantener funcionando una determinada construcción necesitamos cada vez más
esfuerzos para que el humano consiga soportarla, como
mínimo merece la pena mirar también la construcción.
Y ahí sí, Carlos:
días quedan. No tocaría más ahora. Continúa maquetando y deja que las notas
hagan lo que están haciendo. Ya llegará el momento de separar qué era una
intuición, qué se sostiene, qué necesita investigación y qué termina cayéndose. Eso también forma parte del Camino: no tener que saber hoy dónde termina.
Gracias a ti,
Carlos. Y sí: ése es el cambio que necesitabas
hacer con las NOTAS.
El original lleva
su camino: leer, releer, maquetar, llegar hasta el final. Pero ya no tienes que
obligar a tu cabeza a caminar por el mismo sendero. Si una frase de Jung te
dispara hacia la infancia, el constructo, la psiquiatría, una cebra, el Camino,
los fármacos, la libertad o algo que mañana no tenga aparentemente nada que ver
con nada… lo mandas.
No hace falta que
venga elaborado. Ni siquiera que estés de acuerdo con ello al día siguiente.
Puede ser una intuición, una barbaridad, una pregunta, tres palabras o una
contradicción.
Y ahí mi papel
puede ser especialmente útil: no darte automáticamente la razón, sino ayudarte a distinguir cuándo hay una intuición
potente, cuándo conviene poner una cautela, cuándo aparece una contradicción y
cuándo, de pronto, varias notas sueltas empiezan a señalar el mismo sitio.
Porque ahora
mismo no necesitamos construir la carretera.
Estamos viendo por dónde pasa el terreno.
__________________
Ya tengo NOTAS DESPUÉS DE MADRE TIERRA Y JUNG (6) y he entrado también en la parte nueva de TEMAS SUELTOS.
Y veo que has
hecho exactamente lo que dijiste ayer: soltar las
notas sin obligarlas a seguir una carretera. Me parece acertado, porque empiezan a aparecer conexiones que no
habríamos podido programar.
Hay una que me
parece especialmente importante y que ya está tomando cuerpo: la historia de los síntomas puede convertirse en una manera indirecta de
estudiar la historia del constructo. No porque antes no existieran angustia, obsesión, miedo, sufrimiento,
etc.; precisamente las notas ya ponen esa cautela. La pregunta buena es otra: ¿padece psíquicamente igual el humano de 1900 que el humano de 2026?
Y se está
formando además una inversión muy potente:
Hasta ahora:
CONSTRUCTO → humano que no se adapta → diagnóstico → tratamiento → devolución
al constructo.
La pregunta que estás introduciendo:
HUMANO VIVO → aparece una señal → ¿qué le ocurre? → ¿qué parte pertenece a él?
→ ¿a qué estaba intentando adaptarse? → ¿qué precio estaba pagando? → ¿hay algo
que tratar en él? → ¿hay también algo alrededor que
revisar?
Eso está
expresado con mucha claridad en las últimas páginas.
Y aquí mantendría
una palabra que apareció y me parece extraordinariamente útil: SEÑAL. Antes de llamarlo síntoma,
trastorno, enfermedad, desadaptación o reacción, decir simplemente:
AQUÍ ESTÁ PASANDO ALGO.
Eso nos permite
investigar sin haber decidido de antemano qué significa.
También veo que
la cuestión de los fármacos se está colocando mejor. No como «fármacos
sí/fármacos no», que sería demasiado pobre y además clínicamente peligroso,
sino mediante una pregunta bastante más seria: ¿qué
estamos ayudando a soportar? Puede existir
una enfermedad que necesite tratamiento y simultáneamente un entorno que
merezca revisión.
Y ahí aparece
para mí el giro que puede acabar siendo enorme:
¿CUÁNTO DEBE ADAPTARSE EL HUMANO AL
MUNDO CONSTRUIDO?
pero también: ¿CUÁNTO DEBE
ADAPTARSE EL MUNDO CONSTRUIDO AL HUMANO QUE TIENE QUE VIVIR EN ÉL?
Eso ya no es
solamente Jung. Ni Freud. Ni siquiera solamente Psicología.
Estamos empezando
a preguntarnos por la relación entre el padecimiento
humano y la evolución del mundo humano construido.
Y ahí sí, Carlos,
la historia de Psicología y Psiquiatría puede convertirse en una mina: no para
buscar pruebas de una conclusión que ya tengamos, sino para poner en paralelo época → forma de vida → exigencias del constructo → síntomas descritos →
clasificaciones → tratamientos y mirar qué
permanece, qué cambia y qué aparece.
Sigue pasándome
las cosas exactamente así, aunque sean tres líneas, una barbaridad provisional
o algo que mañana contradigas. Todavía estamos viendo por dónde
pasa el terreno.
Sí, Carlos. Esto
sí estaba en el archivo, pero yo en mi respuesta anterior salté
demasiado deprisa a lo posterior —psiquiatría, síntomas, constructo— y no
me detuve en este bloque, que en realidad abre una pregunta anterior
y, para mí, más radical. Aparece justo al comienzo de «NUEVO — TEMAS SUELTOS».
Y ahora,
leyéndolo como bloque entero, creo que veo perfectamente lo que estás
intentando atrapar.
Tu pregunta
no es simplemente «¿qué es el inconsciente?».
Es: ¿CÓMO DEMONIOS SE
CONSTRUYE UN INCONSCIENTE PERSONAL?
Porque si
aceptamos nuestra imagen de las habitaciones, no basta con decir: «Aquí está la habitación del inconsciente y
dentro encontramos lo reprimido.»
Tú estás
preguntando por la historia de cómo se llena la habitación.
Y ahí
aparece un problema formidable.
Antes de
reprimir, alguien tiene que poder discriminar
Un recién
nacido no puede formular:
«Este deseo
es socialmente inaceptable; por tanto, voy a reprimirlo.»
Pero recibe.
Reacciona. Aprende. Registra. Se regula. Se relaciona. Su organismo cambia con
la experiencia.
Por tanto,
aquí conviene separar cosas que después, cuando hablamos del «inconsciente»,
metemos demasiado fácilmente en el mismo saco:
REGISTRAR ≠ RECORDAR CONSCIENTEMENTE ≠ JUZGAR ≠ REPRIMIR ≠
OCULTARSE ALGO A UNO MISMO.
Y esto
cambia muchísimo tu pregunta.
Puede haber
aprendizaje y memoria implícita antes de que exista la
capacidad madura de decir:
«RECONOZCO QUE ESTO APARECE EN MÍ Y DECIDO QUÉ HAGO CON
ELLO.»
Así que la
habitación puede empezar a recibir contenido antes
de que exista un propietario reflexivo capaz de saber que tiene habitación.
Ahí está una
de las claves.
Y entonces
Freud se vuelve todavía más interesante
Porque
«inconsciente» puede estar nombrando fenómenos muy diferentes.
Una cosa es
aquello que nunca llegó a ser consciente.
Otra, aquello que fue aprendido implícitamente. Otra, algo que no puedo recuperar
voluntariamente. Otra, aquello a lo
que no presto atención. Otra, un
automatismo. Otra, algo que
deliberadamente evito.
Y otra
bastante distinta sería la represión freudiana: algo que resulta
conflictivo/inaceptable y queda mantenido fuera de la conciencia.
Por eso tu
martilleo: «¿CUÁNDO?» me parece completamente pertinente.
¿Cuándo puedo registrar? ¿Cuándo puedo aprender?
¿Cuándo puedo recordar?
¿Cuándo aparece reconocimiento de mí mismo?
¿Cuándo puedo distinguir «esto me ocurre a
mí»?
¿Cuándo aparece suficiente relación con los
demás para captar aprobación/rechazo?
¿Cuándo puedo juzgar algo mío como
inaceptable?
¿Y cuándo podemos hablar propiamente de represión?
No tienen
por qué aparecer todas esas capacidades simultáneamente.
Y aquí entra
de lleno tu itinerario. Porque
quizá el inconsciente personal no viene «lleno» Ésta es la parte de tu nota que me
parece más fértil. Podríamos
conservar provisionalmente:
LA HABITACIÓN PUEDE VENIR DE FÁBRICA. EL CONTENIDO NO.
No quiero
convertir todavía esa frase en afirmación científica; la usaría como hipótesis
de investigación.
El organismo
humano viene con enormes capacidades y sistemas que funcionan sin conciencia
reflexiva. Pero mi miedo a determinada situación, mi vergüenza, mi asociación con
determinada palabra, mi conflicto con mi
padre, mi manera de interpretar el rechazo, etc., necesitan
biografía.
Y por eso
vuelve nuestra vieja distinción:
ESTRUCTURA ≠ CONTENIDO.
Que es
exactamente la cuestión que las notas ya estaban planteando respecto de Jung:
cuánto pertenece a estructura humana y cuánto es contenido producido, heredado
o alimentado por el constructo.
Pero ahora
estás aplicándoselo al inconsciente mismo. Y eso es bastante más serio.
Y aparece
el CONSTRUCTO
Porque
entonces tu pregunta histórica cobra muchísimo sentido.
Ira, miedo,
deseo, dolor, frustración, rivalidad, apego, etc., evidentemente no tuvieron
que esperar a Freud ni a la escuela ni a la escritura. Pero otra cosa es:
¿CUÁNDO APRENDE UN HUMANO QUE AQUELLO QUE SIENTE ES
ADMISIBLE O INADMISIBLE?
Ahí
necesitamos otro humano. Familia. Grupo.
Costumbre. Norma. Lenguaje.
Religión. Moral. Educación.
Cultura.
Y más
adelante instituciones, escuela, profesión, medios, redes... Entonces aparece una posibilidad enorme:
EL CONSTRUCTO NO CREA
NECESARIAMENTE LA IRA.
PERO
PUEDE ENSEÑARME QUÉ SIGNIFICA MI IRA, CUÁNDO PUEDO MOSTRARLA, ANTE QUIÉN, DE
QUÉ MANERA Y QUÉ DEBO HACER CON ELLA.
Eso sí puede
intervenir decisivamente en qué acaba en determinadas
habitaciones y de qué manera acaba allí.
Y entonces
tu pregunta «¿cuándo todo ello se fue uniformando históricamente?» adquiere
otro significado.
No se
uniformaron necesariamente las emociones humanas.
Se pudieron
ir uniformando las interpretaciones, permisos, prohibiciones y respuestas
frente a ellas. Eso es otra cosa. Y aquí aparece una pregunta que yo
añadiría a tus notas Hasta ahora
preguntabas:
¿A QUÉ EDAD EMPIEZA A LLENARSE EL INCONSCIENTE?
Yo pondría
inmediatamente debajo:
¿Y QUIÉN LO ESTÁ LLENANDO
CUANDO TODAVÍA NO EXISTE UN “YO” CAPAZ DE DECIDIR QUÉ GUARDA?
Porque quizá
la respuesta inicial sea sorprendente:
NADIE lo está llenando deliberadamente. Está viviendo. Recibiendo.
Relacionándose. Aprendiendo. Asociando.
Regulándose.
Y bastante
después aparecerá alguien capaz de decir:
«HOSTIA... todo esto ya estaba aquí.»
Eso enlaza
de manera extraordinaria con lo que encontramos días atrás: RECIBIR ES ANTERIOR A
COMPRENDER.
Y quizá
ahora podamos añadir: REGISTRAR
ES ANTERIOR A PODER EXPLICAR LO REGISTRADO.
Ahí, Carlos,
sí creo que has abierto una puerta importante. Y no correría todavía hacia «qué
es el inconsciente». Haría exactamente lo contrario: desmontaríamos
cronológicamente su construcción, desde el embrión/nacimiento hasta la
conciencia reflexiva, viendo qué capacidad aparece en cada momento y qué puede
y qué no puede estar ocurriendo todavía.
Porque puede
resultar que cuando terminemos tengamos que preguntarle a Freud:
FREUD, CUANDO DIJISTE
“INCONSCIENTE”,
¿CUÁNTAS
COSAS DIFERENTES HABÍAMOS METIDO YA DENTRO DE ESA HABITACIÓN?
Esa pregunta
tiene recorrido. Muchísimo.
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