MADRE TIERRA y JUNG
Las cuatro funciones vuelven a la vida No compartimentos aislados: herramientas
de un organismo entero.
Ya tenemos
las cuatro funciones sobre la mesa: PENSAMIENTO. SENTIMIENTO. SENSACIÓN. INTUICIÓN.
Jung las
separa para poder observarlas. Y hace
bien. Separar permite distinguir. Distinguir permite estudiar. Estudiar permite comprender. Pero ahora Madre Tierra realiza el
movimiento que ya conocemos: VOLVAMOS A JUNTAR LO QUE SEPARAMOS PARA
PODER ESTUDIARLO.
Porque por
el camino no anda un pensamiento. Ni
un sentimiento. Ni una sensación. Ni una intuición. ANDA
UN SER HUMANO.
LA
CLASIFICACIÓN ES EL MAPA
Para
comprender una mano podemos estudiar por separado: huesos,
músculos, tendones, nervios,
vasos sanguíneos. Perfecto.
Pero cuando
cojo una taza: LA COGE LA MANO ENTERA. Algo parecido ocurre aquí. Jung distingue funciones porque necesita
reconocer maneras diferentes de orientación psicológica. Pero la vida no tiene obligación de
presentárnoslas por separado. Ante una
situación puedo:
percibir, valorar,
pensar, intuir posibilidades, recordar,
emocionarme, actuar... casi formando una única corriente. La clasificación pertenece al estudio. EL
FUNCIONAMIENTO PERTENECE A LA VIDA.
NO TENEMOS
CUATRO PERSONAJES DENTRO
Ésta será
nuestra primera toma de tierra. No
hay un señor Pensamiento sentado en una habitación. Una señora Intuición en otra. Sentimiento discutiendo con ellos. Y Sensación intentando poner orden.
No. Hay un organismo entero
desplegando distintas posibilidades de relación con el mundo y consigo mismo. Las funciones nos ayudan a distinguir operaciones. No necesitan convertirse en habitantes. Esto será importante en todo Jung: NO
CONVERTIR LA HERRAMIENTA DESCRIPTIVA EN UNA CRIATURA INTERIOR.
LA
SENSACIÓN APORTA CONTACTO
Estoy
caminando. Empieza a llover. La piel recibe agua. Percibo temperatura. Oigo la lluvia. Veo cambiar la luz. SENSACIÓN. Pero la
experiencia no termina ahí. El
pensamiento puede decir: «Está
aumentando la lluvia; quizá debería buscar refugio.»
El
sentimiento: «Me encanta.» O: «Qué
fastidio.»
Y la
intuición: «Quizá aquella
construcción que veo a lo lejos tenga un porche.» ¿Quién está viviendo todo eso?
YO. Un solo caminante.
PENSAMIENTO
ORGANIZA
El
pensamiento relaciona aquello que encuentra.
Distingue. Compara. Formula.
Construye explicaciones. Pero
necesita material. Sin percepción,
experiencia, memoria, lenguaje, aprendizaje y relación con un mundo, ¿qué
organizaría? Por eso el pensamiento
deja de aparecer como rey de la casa. Es
una herramienta extraordinaria de la
casa entera. Y cuando
trabaja bien con las demás funciones puede hacer algo formidable: ORGANIZAR
SIN PERDER CONTACTO CON AQUELLO QUE ORGANIZA.
SENTIMIENTO
VALORA
Pero tampoco
basta con saber qué hay. Necesitamos
relacionarnos con ello. Esto me
importa. Esto no. Esto quiero conservarlo. Esto rechazo. Esto me atrae. Esto entra en conflicto con algo que
valoro.
El
sentimiento introduce valoración. Y
de nuevo no trabaja flotando. Valora
aquello que el caminante ha encontrado, vivido, aprendido, interpretado. También tiene itinerario. También puede reconsiderarse. También puede descubrir que una valoración
que parecía absolutamente propia había sido recibida dentro de determinado
mundo.
INTUICIÓN
ABRE POSIBILIDADES
Y la
intuición hace algo precioso: NO DA POR TERMINADO LO QUE HAY. Percibe relaciones
posibles. Direcciones. Aperturas. Un:
¿Y SI...? Pero necesita a las otras.
Porque una
posibilidad intuida puede volver a la sensación: MIREMOS. Al pensamiento: ¿TIENE
SENTIDO? Al
sentimiento: ¿QUÉ VALOR TIENE? Y después regresar: AHORA
QUE SABEMOS ESTO, ¿QUÉ OTRA POSIBILIDAD APARECE?
No tenemos
cuatro líneas paralelas. Tenemos
circulación.
LAS
CUATRO FUNCIONES PUEDEN CORREGIRSE ENTRE SÍ
Aquí aparece algo extraordinariamente útil.
Pienso:
«ESTO ES ASÍ.»
Sensación:
MIRA OTRA VEZ.
Sentimiento:
¿TE DAS CUENTA DE
CUÁNTO ESTÁ INFLUYENDO EN TU CONCLUSIÓN LO QUE DESEAS O RECHAZAS?
Intuición:
¿HAS CONSIDERADO
OTRA POSIBILIDAD?
O intuyo:
«ESTOY SEGURO DE
QUE ESTO SIGNIFICA...»
Pensamiento:
¿POR QUÉ?
Sensación:
¿QUÉ DATOS
TENEMOS?
Sentimiento:
¿CUÁNTO QUIERES
QUE SEA verdad?
Menuda reunión. No para conseguir una certeza perfecta. Para disminuir la posibilidad de que una sola manera de mirar se confunda
con toda la realidad.
AHORA
ENTENDEMOS MEJOR A JUNG
Porque Jung
no propone simplemente una lista de cuatro funciones. Observa que las personas pueden apoyarse
preferentemente en unas maneras de orientación y desarrollar otras de forma
diferente. Eso le permitirá
construir su tipología. Llegaremos
allí.
Pero Madre
Tierra quiere hacer una parada previa: ANTES DEL TIPO ESTÁ EL SER HUMANO. Esto es fundamental. Antes de decir: «pensador», «sentimental», «sensitivo»,
«intuitivo», tenemos delante a
alguien que pertenece al mismo modelo humano y cuyo desarrollo e itinerario han
dado una determinada configuración a sus posibilidades.
La tipología
puede describir. NO DEBE ENCERRAR.
«YO NO SOY
INTUITIVO»
Cuidado. Quizá sería más prudente decir: «NO
SUELO ORIENTARME PRINCIPALMENTE DE ESA MANERA.» O: «ESA
FUNCIÓN ESTÁ MENOS disponible o menos desarrollada en determinadas
situaciones.»
La
diferencia parece pequeña. Pero
psicológicamente es enorme. La primera
frase: CIERRA UNA HABITACIÓN. La segunda: DESCRIBE
SU ESTADO ACTUAL.
Y nuestra
pregunta Madre Tierra aparece inmediatamente:
¿QUÉ POSIBILIDADES HAY?
LA FUNCIÓN
MENOS UTILIZADA TAMBIÉN TIENE ITINERARIO
¿Por qué una persona confía tanto en el
pensamiento?
¿Por qué otra se apoya muchísimo en la
sensación?
¿Por qué alguien desconfía de sus
valoraciones?
¿Por qué otro vive pendiente de
posibilidades?
Puede haber
disposiciones personales. Puede haber
desarrollo. Puede haber aprendizaje. Puede haber circunstancias familiares y
culturales. Puede haber necesidades
de adaptación. Probablemente en muchos
casos habrá una interacción compleja.
Por eso no necesitamos convertir una preferencia funcional
inmediatamente en destino.
Preguntamos: ¿CÓMO LLEGAMOS HASTA AQUÍ? Otra vez: ITINERARIO.
LA FAMILIA
TAMBIÉN PUEDE PREFERIR FUNCIONES
Imaginemos
una casa donde se dice constantemente:
«No me vengas con sentimientos.»
«Piensa.» El niño aprende
algo más que una frase. Puede
aprender qué formas de relación reciben reconocimiento.
En otra
familia: «No le des tantas vueltas.» «Haz lo que sientes.»
En otra: «Déjate de historias. Lo importante son
los hechos.»
En otra: «Tú sigue tu intuición.»
No significa
que una frase determine una personalidad.
Sería simplificar muchísimo. Pero
sí significa que el mundo
recibido puede favorecer, premiar, desalentar o interpretar de manera diferente
nuestras formas de funcionar. La habitación también recibe
mobiliario.
LA SOCIEDAD
HACE LO MISMO
Una cultura
puede valorar enormemente determinados modos de pensamiento. Una profesión seleccionar ciertas
capacidades. Una escuela premiar
unas y apenas reconocer otras. Un
trabajo exigir atención constante a datos concretos. Otro requerir anticipación y
posibilidades.
El caminante
se adapta. Desarrolla. Utiliza.
Practica. Y poco a poco aquello
puede parecer: «MI NATURALEZA.» Madre Tierra vuelve
a preguntar: ¿MODELO, DISPOSICIÓN, DESARROLLO,
ENTORNO, ITINERARIO...?
Quizá no
podamos separar perfectamente cada componente. No pasa nada. Lo importante es no confundir
automáticamente resultado
actual con condena de origen.
EL
ORGANISMO ENTERO ES ANTERIOR A LA TIPOLOGÍA
Aquí está
nuestro punto cero. Antes de Jung: UN
SER HUMANO VIVO. Jung
observa cómo funciona. Distingue
cuatro funciones. Magnífico. Pero las cuatro pertenecen a: un cuerpo,
un sistema vivo, una biografía, un desarrollo, un entorno,
una conciencia, un caminante.
Por tanto,
podemos devolverlas a la unidad: NO SOY CUATRO FUNCIONES. DISPONGO DE POSIBILIDADES
FUNCIONALES QUE PARTICIPAN EN UNA MISMA VIDA.
Éste es un
cambio pequeño de palabras y enorme de perspectiva.
Y EL CUERPO
NO SE QUEDA FUERA
Esto también
importa. Pensamiento, sentimiento,
sensación e intuición no ocurren en una psique flotante. El caminante duerme o no duerme. Tiene hambre. Está cansado. Está enfermo o sano. Tiene una determinada edad. Se encuentra en un ambiente. Está bajo estrés o tranquilo.
Su estado
corporal puede modificar atención, valoración, capacidad de razonar, percepción
de posibilidades. Otra vez: PSIQUE
CON CUERPO. No para reducir la
psicología a biología. Para no separar
lo que en la vida está unido.
UNA
DECISIÓN HUMANA PUEDE CONVOCAR TODA LA CASA
Tengo que
decidir algo importante. Puedo
preguntar:
SENSACIÓN: ¿Qué está ocurriendo realmente?
PENSAMIENTO: ¿Qué sé? ¿Qué consecuencias puedo
prever?
SENTIMIENTO: ¿Qué valor tiene para mí cada posibilidad?
INTUICIÓN: ¿Qué caminos todavía no estoy contemplando?
Y después: YO
DECIDO HASTA DONDE PUEDO.
Ninguna
función decide sola. No existe una
fórmula matemática que garantice la decisión correcta. Pero la casa ha participado. Y quizá precisamente ahí encontremos una
forma más rica de conciencia.
ESTO
TAMBIÉN CAMBIA LA TERAPIA
Si alguien
llega diciendo: «PIENSO DEMASIADO», no necesariamente tenemos
que declarar al pensamiento enemigo. Preguntemos.
¿Qué está
intentando resolver? ¿Qué ocurre con
la sensación? ¿Qué está percibiendo
realmente? ¿Qué valoración hay
debajo? ¿Qué posibilidades imagina? ¿Hay miedo? ¿Hay una situación concreta? ¿Desde cuándo funciona así?
La función
puede estar intentando resolver sola un trabajo para el que necesita al resto
de la casa. Entonces quizá no haya que
apagar el pensamiento. HAY QUE VOLVER A CONECTARLO.
JUNG NOS
DIO UN MAPA EXTRAORDINARIO
Y aquí
podemos apreciar todavía más su trabajo.
Al separar las funciones, Jung nos permitió ver diferencias que
mezcladas resultarían difíciles de estudiar. Eso es exactamente lo que hace un buen
mapa: DISTINGUE. Nosotros no tenemos
que borrar esas fronteras analíticas. Sólo
recordar: EN EL TERRITORIO HAY CONTINUIDAD.
El mapa
dice: pensamiento, sentimiento, sensación,
intuición.
El caminante
dice: ESTOY VIVIENDO. Y ambas
miradas pueden coexistir.
MADRE
TIERRA ABRE LAS CUATRO PUERTAS
Ahora
imaginemos nuestra casa. Una
habitación permite organizar. Otra
valorar. Otra contactar. Otra abrir posibilidades. Y Madre Tierra hace algo muy sencillo: ABRE
LAS PUERTAS ENTRE ELLAS.
Que circule
aire. Que se comuniquen. Que ninguna se declare propietaria. Que ninguna sea expulsada porque «yo no soy
así». Que cada una pueda aportar hasta
donde pueda. Entonces las cuatro
funciones dejan de ser únicamente una clasificación psicológica. Se convierten en: HERRAMIENTAS
DISPONIBLES PARA LA VIDA.
Y AQUÍ
APARECE ALGO MUY NUESTRO
Porque
nuestra fórmula de posibilidades vuelve a asomar. No partimos de: «SOY
ESTO Y NO AQUELLO.» Partimos
de: «¿DE QUÉ POSIBILIDADES DISPONGO Y CÓMO
SE HAN DESPLEGADO EN MI ITINERARIO?»
Eso no
significa que todos podamos desarrollar todo en idéntico grado. Ni que desaparezcan diferencias
individuales. Ni que la voluntad
pueda hacer cualquier cosa. Significa
algo mucho más prudente y mucho más abierto: LA
CONFIGURACIÓN ACTUAL NO NOS AUTORIZA A DECLARAR AGOTADAS LAS POSIBILIDADES DEL
CAMINANTE.
Y ahí
nuestra psicología cambia de dirección.
No sólo clasifica lo que hay. Pregunta
también: ¿QUÉ PUEDE TODAVÍA DESPLEGARSE?
LAS CUATRO FUNCIONES VUELVEN A LA VIDA
Jung las
separó para poder verlas. Nosotros las
hemos mirado una a una. Ahora las
devolvemos al caminante. SENSACIÓN me pone en contacto. PENSAMIENTO organiza. SENTIMIENTO valora. INTUICIÓN abre posibilidades.
Y ninguna
necesita gobernar sola. Todas
pertenecen a una misma casa. A una
misma biografía. A un mismo cuerpo. A un mismo itinerario. A un mismo ser humano vivo. Por eso podemos conservar íntegramente el
regalo de Jung y añadir una frase:
LA FUNCIÓN ES UNA HERRAMIENTA. EL SUJETO ES EL
CAMINANTE.
Y quizá ésta
sea la verdadera toma de tierra de las cuatro funciones. No preguntar solamente:
¿CUÁL
ES MI FUNCIÓN DOMINANTE? Sino algo mucho más
vivo: ¿CÓMO ESTOY MIRANDO ESTO? ¿QUÉ ESTOY PERCIBIENDO? ¿CÓMO LO ESTOY PENSANDO? ¿QUÉ VALOR LE ESTOY DANDO? ¿QUÉ POSIBILIDADES NO ESTOY VIENDO? Y finalmente: ¿QUÉ
NECESITA AHORA EL SER HUMANO ENTERO?
Con esto
podemos cerrar la primera gran habitación que Jung nos ha enseñado. Ya tenemos al Yo. Su adaptación. Sus cuatro maneras de orientación. Ahora vamos a encontrarnos con algo
especialmente importante para nuestro mundo construido.
Porque el
caminante no entra desnudo en sociedad.
Aprende a presentarse. Aprende
qué mostrar. Aprende qué se espera de
él. Aprende incluso a confundirse con
el personaje que le ha permitido desenvolverse. Y Jung le pone un nombre magnífico: PERSONA. Ahí empieza nuestra PARTE III — PERSONA Y CONSTRUCTO.
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