MADRE TIERRA y el CONSTRUCTO HUMANO
. ¿Qué se ha desviado?
Contrastar
función original, funcionamiento actual y consecuencias. Hemos llegado a un punto delicado. Hasta ahora hemos intentado comprender. Descubrimos qué parte del mundo
encontramos y qué parte construimos. Buscamos
la necesidad que pudo estar al principio.
Seguimos las capas que fuimos añadiendo. Preguntamos qué continúa siendo
necesario.
Y solamente
ahora estamos preparados para utilizar una palabra que, empleada demasiado
pronto, habría podido convertirse en juicio:
DESVIACIÓN. Desviarse no significa
necesariamente que algo sea malo. Significa
algo mucho más preciso: QUE LA CONSTRUCCIÓN YA NO ESTÁ
EXACTAMENTE DONDE SU FUNCIÓN NOS HACÍA ESPERAR. Quizá continúa siendo útil. Quizá incluso imprescindible. Pero algo ha cambiado. Y necesitamos verlo.
Necesitamos tres fotografías
Para
investigar una posible desviación necesitamos mirar simultáneamente tres cosas: LA
FUNCIÓN ORIGINAL. ¿Para
qué apareció? EL FUNCIONAMIENTO ACTUAL. ¿Qué hace realmente hoy? LAS
CONSECUENCIAS. ¿Qué
produce mientras funciona? Ahí aparece
el contraste.
Porque una
construcción puede continuar diciendo que cumple la misma función y, sin
embargo, haber cambiado profundamente.
O puede seguir cumpliéndola, pero producir al mismo tiempo consecuencias
que antes no existían. Por tanto: FUNCIÓN
ORIGINAL → FUNCIONAMIENTO ACTUAL → CONSECUENCIAS. Tres momentos. Tres lugares desde los que mirar el mismo
edificio.
Una desviación no siempre es un error
Ésta es la
primera precaución. Algo puede desviarse
de su función original y mejorar. Una
tecnología creada para una finalidad puede encontrar otra mucho más valiosa. Una institución puede ampliar su función. Una herramienta puede utilizarse de maneras
que sus creadores jamás imaginaron. Una
palabra puede evolucionar. Una
profesión puede incorporar nuevas responsabilidades. Por eso:
DESVIACIÓN NO
SIGNIFICA AUTOMÁTICAMENTE DETERIORO. Significa: HA
HABIDO UN DESPLAZAMIENTO.
Ahora
tenemos que averiguar hacia dónde. ¿Qué
hace hoy? Ésta es quizá la pregunta más
importante. No: ¿Qué
dice que hace? No: ¿Qué
debería hacer? No: ¿Para
qué fue creada? Sino:
¿QUÉ HACE
REALMENTE HOY?
Una escuela
puede haber nacido para enseñar. Pero
necesitamos observar qué hace hoy además de enseñar. Una empresa puede haber nacido para
producir determinado bien o servicio.
¿Qué hace actualmente?
Una institución puede haberse creado para proteger. ¿Qué protege hoy? Una tecnología puede haber aparecido para
resolver un problema. ¿Qué
comportamientos genera ahora? Una
práctica puede haberse creado para facilitar algo. ¿Lo facilita todavía? Nuestro método empieza a pedir observación.
Las consecuencias también forman parte del funcionamiento
Éste puede
ser uno de los grandes cambios de mirada.
Estamos acostumbrados a evaluar una construcción por aquello que
consigue. Pero quizá debamos evaluar
también lo que produce
mientras lo consigue. Imaginemos
una solución que alcanza perfectamente su objetivo. Podemos decir: FUNCIONA. Pero si para conseguirlo
genera un problema mayor en otro lugar, nuestra evaluación está incompleta. Entonces necesitamos ampliar: FUNCIONAR
NO ES SOLAMENTE CONSEGUIR EL OBJETIVO.
También debemos mirar el coste. Los efectos secundarios. Las dependencias. Los residuos. Las consecuencias sobre otros. Las consecuencias acumuladas. Las consecuencias cuando millones hacen lo
mismo. Y las consecuencias que
aparecerán después.
El éxito puede ocultar la desviación
Paradójicamente,
una construcción puede desviarse precisamente porque funciona muy bien. Imaginemos un mecanismo diseñado para
producir más. Produce más. Se perfecciona. Produce todavía más. Entonces convertimos: MÁS
PRODUCCIÓN en
indicador de: MÁS ÉXITO. Y mientras el indicador
continúa aumentando quizá dejamos de preguntar: ¿PARA
QUÉ QUERÍAMOS PRODUCIR? La
herramienta ha generado su propia medida.
Entonces puede aparecer una inversión:
NECESITÁBAMOS
PRODUCIR PARA VIVIR. y
terminar: NECESITAMOS VIVIR DE DETERMINADA
MANERA PARA CONTINUAR PRODUCIENDO. Ahí
nuestro instrumento detecta algo interesante.
No dicta todavía una solución.
Dice: MIREMOS AQUÍ.
Cuando el medio se convierte en fin
Ésta puede
ser una de las desviaciones más frecuentes del mundo construido. Creamos un medio para conseguir algo. Después mejoramos el medio. Lo organizamos. Lo medimos. Lo profesionalizamos. Lo institucionalizamos. Y finalmente dedicamos enormes cantidades
de energía a conservarlo.
Hasta que
olvidamos aquello para lo que existía.
El medio se convierte en fin. El
dinero puede dejar de ser solamente instrumento de intercambio, representación
o reserva y convertirse también en medida de éxito, seguridad, poder o
identidad. Una titulación puede
dejar de ser solamente acreditación de determinados conocimientos y convertirse
en posición social.
Una
institución puede dejar de concentrarse principalmente en la necesidad que
atiende y dedicar una parte creciente de su energía a su propia continuidad. No significa que estas transformaciones
sean siempre negativas. Significa que: LA
FUNCIÓN HA CAMBIADO. Y
debemos reconocerlo.
Cuando la medida sustituye a aquello que medía
Otra
desviación especialmente interesante aparece cuando construimos un indicador. Necesitamos conocer algo complejo. Entonces lo medimos. Perfecto. La medida nos ayuda. Pero con el tiempo podemos comenzar a
perseguir el indicador
en lugar de aquello que pretendíamos conocer mediante él. Medimos aprendizaje. Y podemos terminar enseñando para mejorar
la medida. Medimos productividad. Y podemos organizar el trabajo para mejorar
el indicador. Medimos actividad. Rendimiento. Popularidad. Crecimiento. Prestigio.
La medida puede ser extraordinariamente útil.
El problema
aparece cuando olvidamos que: **EL
INDICADOR ES UN MAPA. NO EL
TERRITORIO.** Otra vez estamos
ante la misma confusión de pisos.
La desviación puede ser acumulativa
No siempre
existe un momento dramático en el que podamos señalar: «Aquí
comenzó el problema.» Puede
ocurrir poco a poco. Una pequeña
modificación. Después otra. Una excepción. Una ampliación. Una nueva necesidad. Una solución provisional. Una adaptación. Cada paso parece razonable. Pero cien pasos después el sistema puede
encontrarse muy lejos de su punto inicial.
Es exactamente el fenómeno que ya observamos en el juego del teléfono. Por eso quizá no encontremos un culpable. Podemos encontrar: UNA
SECUENCIA. Y
comprender la secuencia puede ser mucho más útil que encontrar a alguien a
quien responsabilizar de todo el edificio.
También puede haber desviación sin intención
Esto es
fundamental. No necesitamos imaginar
que alguien decidió: «Vamos a construir algo que termine
perjudicándonos.» Las
consecuencias complejas pueden aparecer sin que nadie las hubiera buscado. Una innovación resuelve un problema. Millones de personas la adoptan. Su uso modifica comportamientos.
Aparecen
nuevas actividades. Nuevos intereses. Nuevas dependencias. Nuevos problemas. Y aquello que comenzó como una solución
local termina transformando todo un entorno humano. Internet ofrece ejemplos evidentes de
esta capacidad de expansión. La
inteligencia artificial probablemente hará todavía más visible el fenómeno. Por eso nuestra responsabilidad no puede
limitarse a:
«La
intención era buena.»
Necesitamos
observar: ¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO REALMENTE? Intención y consecuencia
pertenecen a preguntas diferentes Podemos
comprender perfectamente la intención original. Incluso admirarla. Y al mismo tiempo reconocer consecuencias
actuales que necesitan corrección.
Esto nos
libera de una falsa elección. No
tenemos que decidir entre: «Fue bienintencionado, por tanto está
bien.» o: «Produce
problemas, por tanto todo estuvo mal desde el principio.» Podemos decir:
LA NECESIDAD ERA REAL. LA RESPUESTA FUE COMPRENSIBLE.
FUNCIONÓ.
CRECIÓ.
APARECIERON CONSECUENCIAS. AHORA NECESITA REVISIÓN.
Ésa es una
lectura mucho más adulta de nuestras construcciones.
El coste antropológico
También
necesitamos observar las consecuencias sobre el propio ser humano. Una construcción puede ser económicamente
eficiente. Técnicamente formidable. Administrativamente perfecta.
Y, sin
embargo, producir determinados efectos sobre quienes la habitan.
¿Cómo modifica nuestra atención? ¿Nuestro tiempo?
¿Nuestras relaciones? ¿Nuestra autonomía?
¿Nuestra percepción de nosotros mismos? ¿Nuestra relación con el cuerpo?
¿Nuestra capacidad de decidir? ¿Nuestra
dependencia?
Aquí aparece
una dimensión que fácilmente queda fuera de los indicadores internos: EL
COSTE ANTROPOLÓGICO.
No basta
preguntar qué produce una construcción.
También: ¿QUÉ TIPO DE SER HUMANO AYUDA A
PRODUCIR?
Y después, el coste terrestre
Madre Tierra
introduce todavía otra escala. Una
construcción puede funcionar magníficamente dentro del mundo humano y trasladar
sus costes al soporte material que la hace posible. Entonces el balance interno puede decir: ÉXITO. Mientras otro balance
muestra: consumo de recursos, contaminación, alteración de ecosistemas, pérdidas materiales, dependencias difíciles de sostener.
No
necesitamos convertir automáticamente cada impacto en condena. Toda vida utiliza recursos. Toda actividad humana transforma. La pregunta es otra: ¿QUÉ
RELACIÓN EXISTE ENTRE LO QUE OBTENEMOS Y LAS CONDICIONES QUE NECESITAMOS PARA
PODER SEGUIR OBTENIÉNDOLO? Aquí
reaparecen: VIDA. UNIDAD.
CONTINUIDAD.
La desviación puede estar solamente en una capa
Ésta es otra
razón para no destruir. Una
construcción compleja puede continuar cumpliendo una función
extraordinariamente valiosa. El
problema quizá se encuentre en una parte.
Una norma. Un incentivo. Una interpretación. Un añadido histórico. Un mecanismo de medición. Una concentración excesiva. Una forma de utilización. Si hemos realizado bien la arqueología
anterior podremos decir: NO ES TODO EL EDIFICIO. ES ESTA PARTE. Eso cambia completamente
nuestra capacidad de intervenir.
En nosotros ocurre lo mismo
También
podemos aplicar este contraste a nuestra vida. Una conducta apareció para protegernos. ¿Continúa protegiéndonos? Una forma de trabajar apareció para
garantizar seguridad. ¿Continúa
proporcionándola o ha comenzado a consumir toda nuestra vida? Una ambición nos ayudó a avanzar. ¿Continúa abriendo posibilidades o ahora
nos impide detenernos? Una identidad
nos permitió ubicarnos. ¿Continúa
ayudándonos o se ha convertido en una obligación? No necesitamos condenar aquello que fuimos. Podemos decir: **ESTO
ME SIRVIÓ. PERO QUIZÁ YA NO ME ESTÁ
SIRVIENDO DE LA MISMA MANERA.** Eso
es reubicar.
El contraste fundamental
Ahora
podemos reunir todo nuestro procedimiento.
Tenemos una construcción. Sabemos
aproximadamente qué necesidad intentaba atender. Conocemos, hasta donde es posible, su
función inicial. Observamos cómo
funciona hoy. Y estudiamos sus consecuencias. Entonces preguntamos: ¿CONTINÚA
LA CONSTRUCCIÓN AL SERVICIO DE LA FUNCIÓN?
Y después: ¿QUÉ CONSECUENCIAS PRODUCE MIENTRAS LA
CUMPLE? Y finalmente,
nuestra toma de tierra: ¿QUÉ RELACIÓN MANTIENE TODO ELLO CON
LA VIDA, LA UNIDAD Y LA CONTINUIDAD?
Ahí tenemos una verdadera herramienta de contraste.
Desviarse no es condenarse
Quizá
debamos terminar recuperando esta idea.
Los caminos se corrigen porque podemos observar hacia dónde vamos. Una desviación no invalida necesariamente
todo el recorrido. Puede simplemente
indicar: POR AQUÍ HEMOS IDO DEMASIADO LEJOS. O: AQUÍ
PERDIMOS DE VISTA LA FUNCIÓN. O: ESTO
FUNCIONÓ, PERO AHORA PRODUCE ALGO QUE NO HABÍAMOS PREVISTO. O incluso: ESTO
YA NO NECESITA SER COMO ERA.
Y entonces
ocurre algo extraordinario. La palabra
desviación
deja de ser acusación. Se convierte en
información. SI PODEMOS VER DÓNDE NOS HEMOS
DESVIADO, PODEMOS EMPEZAR A CORREGIR EL RUMBO.
Pero todavía no corregiremos. Antes necesitamos realizar una operación
más delicada. Porque no todo aquello
que hemos detectado debe eliminarse. Quizá
solamente está fuera de lugar. Quizá
una herramienta se convirtió en autoridad.
Una interpretación en identidad.
Un medio en fin. Una
construcción humana en aparente naturaleza.
Entonces no necesitamos destruirla.
Necesitamos devolverla al piso que le corresponde.
Ahí llegamos
a la siguiente pregunta del manual: ¿Qué podemos reubicar? **A veces el problema no es
que algo exista. El problema es el
lugar que ha llegado a ocupar.**
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