MADRE TIERRA y JUNG
SENSACIÓN El contacto perceptivo con el mundo.
Después del
pensamiento y del sentimiento, Jung nos conduce a una función diferente. El pensamiento organiza y pregunta: ¿QUÉ
ES ESTO? El
sentimiento valora: ¿QUÉ VALOR TIENE ESTO PARA MÍ? Pero antes de muchas
de esas operaciones puede ocurrir algo mucho más elemental:
HAY ALGO.
Lo veo. Lo oigo. Lo toco.
Lo huelo. Lo saboreo. Percibo frío. Calor.
Presión. Movimiento. Luz.
Sonido.
Mi cuerpo
entra en contacto con aquello que está ocurriendo. Jung llama SENSACIÓN a la función que nos
proporciona esa percepción de la realidad concreta. Y aquí Madre Tierra casi podría decir: POR
FIN HEMOS ABIERTO LA PUERTA.
ANTES DE
EXPLICAR EL ÁRBOL, PUEDO VER EL ÁRBOL
Parece una
tontería. Pero no lo es. Puedo saber que aquello es un árbol. Conocer su especie. Su estructura. Su metabolismo. Su edad aproximada. Su función ecológica. Su simbolismo. Puedo recordar qué significa el árbol en
distintas mitologías. Puedo incluso
interpretarlo como arquetipo. Pero
antes de todo eso:
AHÍ
ESTÁ EL ÁRBOL. Hay una forma. Un volumen.
Una textura. Un olor. Una sombra.
Un movimiento de las hojas. Una
temperatura. La sensación nos devuelve
continuamente algo que cualquier construcción intelectual corre el riesgo de
olvidar: HAY TERRITORIO ANTES DEL MAPA.
AQUÍ MADRE
TIERRA ESTÁ EN CASA
Porque todo
nuestro trabajo empezó precisamente con una toma de tierra. MUEVE LOS CINCO DEDOS. No necesitas construir
una teoría. Muévelos. Los has movido. Estás vivo. Respiras.
Hay un cuerpo. Hay un suelo. Hay temperatura. Hay gravedad. Hay un mundo con el que estás en contacto. Antes de Freud. Antes de Jung. Antes de nuestra propia explicación.
En el
trabajo anterior habíamos utilizado precisamente este «MUEVE LOS CINCO DEDOS. Estás vivo. A
partir de ahí...» como regreso al ser humano vivo antes de
entrar nuevamente en el edificio psicológico. Con la sensación jungiana encontramos una
puerta magnífica para hacerlo.
PERO
SENSACIÓN NO SIGNIFICA «REALIDAD PURA»
Aquí debemos
tener cuidado. No vamos a caer en el
extremo contrario. Nuestros sentidos
no nos entregan una copia completa y perfecta de todo lo que existe. Percibimos dentro de las posibilidades de
nuestro organismo. Seleccionamos. Atendemos. Nuestro sistema perceptivo organiza
información. La experiencia previa
puede influir en aquello a lo que prestamos atención y en cómo lo
interpretamos. Por eso no
diremos: «LO QUE SIENTO ES TODA LA REALIDAD.» Diremos algo más preciso: Y eso ya es formidable.
PERCIBIR E
INTERPRETAR NO SON EXACTAMENTE LO MISMO
Ésta será
una distinción muy útil para nuestra investigación.
Oigo un
golpe. PERCEPCIÓN. «Alguien está intentando
entrar.» INTERPRETACIÓN.
Veo una
expresión facial. PERCEPCIÓN. «Está enfadado conmigo.» INTERPRETACIÓN.
Noto
aceleración cardíaca. PERCEPCIÓN CORPORAL. «Va a ocurrir algo
terrible.» INTERPRETACIÓN.
Muchas veces
ambas cosas ocurren tan rápidamente que parecen una sola. Pero cuando encendemos la linterna
podemos preguntar: ¿QUÉ PERCIBÍ REALMENTE Y QUÉ AÑADÍ
DESPUÉS? Menuda
herramienta para nuestra arqueología.
EL
ITINERARIO TAMBIÉN PARTICIPA
Dos personas
pueden estar ante la misma situación y prestar atención a cosas diferentes. Una escucha el tono de voz. Otra mira las manos. Otra observa el lugar. Otra nota inmediatamente un olor. Otra apenas registra nada de eso porque
su atención está en otra parte.
No
necesitamos concluir que cada una vive en una realidad completamente distinta. Hay un acontecimiento compartido. Pero cada caminante entra en relación con
él desde: su organismo, su atención, su desarrollo, su aprendizaje, su experiencia, su estado actual.
Por eso
también aquí: HAY MODELO Y HAY ITINERARIO.
EL CUERPO
SABE QUE ALGO OCURRE ANTES DE QUE YO LO EXPLIQUE
Esta frase
necesita precisión, pero es importante.
Podemos experimentar modificaciones corporales antes de disponer de una
explicación consciente clara.
Tensión. Relajación. Sobresalto. Cansancio.
Hambre. Dolor. Excitación. Malestar.
Bienestar. Eso no significa
que el cuerpo posea una explicación secreta e infalible de la situación. Significa algo mucho más sencillo: EL
ORGANISMO ESTÁ PARTICIPANDO EN LA EXPERIENCIA ANTES DE QUE EL PENSAMIENTO
TERMINE DE CONTÁRNOSLA.
Por tanto,
el cuerpo aporta información. Pero
también debe investigarse.
«MI CUERPO
ME LO DICE»
Perfecto. Escuchémoslo. Pero no convirtamos inmediatamente
cualquier sensación corporal en oráculo.
Si siento miedo, el miedo es real como experiencia. Pero todavía podemos preguntar: ¿HAY
PELIGRO? Si
siento rechazo, el rechazo está ocurriendo.
Pero: ¿QUÉ LO PRODUCE?
Si siento
tranquilidad: ¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO? La sensación aporta
material. Después podremos pensar. Valorar.
Relacionar. Investigar.
Otra vez las
funciones empiezan a cooperar.
LA
SENSACIÓN PUEDE SACARNOS DEL CONSTRUCTO
Aquí aparece
algo precioso para Madre Tierra. Una
persona puede pasar horas dentro de: ideas, problemas,
clasificaciones, pantallas, preocupaciones, expectativas, interpretaciones.
Y entonces
sale. Camina. El aire toca la cara. Hay luz.
Hace frío. Llueve. Un pájaro cruza. El cuerpo se mueve. No hemos resuelto mágicamente ningún
problema. Pero ha ocurrido algo
fundamental: HA ENTRADO INFORMACIÓN QUE NO PROCEDÍA ÚNICAMENTE DEL PROPIO
CONSTRUCTO.
El mundo
vuelve a participar.
EL CAMINO
CORRIGE PROPORCIONES
Imaginemos
una preocupación que ocupa toda la conciencia. Parece enorme. Salgo.
Camino durante una hora. La
preocupación puede continuar exactamente allí. Pero ahora también están:
mi cuerpo, el movimiento, la respiración, el paisaje,
otras personas, el cielo, la temperatura, la distancia recorrida.
No hemos negado el problema. Hemos añadido realidad. Y puede suceder que aquello que ocupaba el
cien por cien del campo recupere una proporción diferente. NO
HA DESAPARECIDO EL RINCÓN. HA REAPARECIDO LA CASA.
AQUÍ LA
PSICOLOGÍA PUEDE COMETER UN ERROR CURIOSO
Puede
preguntar tanto: «¿QUÉ SIGNIFICA?»
que deje de
preguntar: «¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO?»
Alguien
dice: «Siento presión en el pecho.» Podemos empezar inmediatamente una
interpretación psicológica. Pero
antes: ¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO?
¿Qué siente
exactamente? ¿Desde cuándo? ¿En
qué circunstancias? ¿Hay que
considerar una causa física? ¿Aparece
con esfuerzo? ¿Con determinadas
situaciones? ¿Es algo nuevo?
La toma de
tierra también significa esto: NO PSICOLOGIZAR AUTOMÁTICAMENTE LO QUE
TODAVÍA NO HEMOS OBSERVADO SUFICIENTEMENTE.
El cuerpo no
es una metáfora. Es cuerpo. Y cuando un síntoma corporal puede
requerir atención médica, una
interpretación psicológica no la sustituye.
TAMPOCO
TODO ES SÍMBOLO
Esto será
importantísimo cuando lleguemos a los sueños y arquetipos. Jung abrió maravillosamente el mundo
simbólico. Nosotros queremos
conservarlo. Pero precisamente para
conservarlo necesitamos impedir que todo
se convierta en símbolo. Un árbol
puede simbolizar muchas cosas. Pero
también: ES UN ÁRBOL.
Un río puede
adquirir una enorme significación psicológica. Pero también es agua moviéndose por un
territorio.
El Sol puede
convertirse en imagen, mito, divinidad, símbolo de conciencia, centro o
renacimiento. Pero antes de
cualquier símbolo: HAY UNA ESTRELLA CUYA ENERGÍA HACE
POSIBLE LA VIDA TERRESTRE.
Madre Tierra
nos permite mantener simultáneamente las dos dimensiones. REALIDAD
Y SIGNIFICADO. Sin que
una tenga que tragarse a la otra.
PRIMERO
MIRA
Esto podría
convertirse en una regla metodológica de todo el libro. Antes de interpretar: MIRA.
¿Qué hay? ¿Qué ocurrió? ¿Qué puede observarse? ¿Qué dice la persona? ¿Qué sabemos? ¿Qué no sabemos? ¿Qué pertenece al hecho? ¿Qué pertenece a nuestra interpretación?
Después
podemos utilizar Jung. Sombra. Complejo.
Persona. Arquetipo. Símbolo.
Pero ya tendremos los pies apoyados en algo.
EL
ELECTRICISTA NECESITA OJOS
Volvamos a
nuestra habitación oscura. Encendemos
la luz. CLIC.
Pero
encender la luz no basta. Ahora hay
que mirar. Hay una silla. Una caja.
Una ventana. Un abrigo. Una puerta. Y quizá aquello que desde fuera parecía un
monstruo era una chaqueta colgada.
O quizá descubrimos que realmente hay algo que necesita atención.
Ambas
posibilidades existen. Por eso: LA
LUZ NO DECIDE QUÉ VAMOS A ENCONTRAR. La
luz permite mirar. Y la sensación
aporta una primera relación con aquello que está ahí.
JUNG
TAMBIÉN NECESITÓ MIRAR
Antes de
construir su enorme edificio conceptual, Jung observó. Escuchó pacientes. Trabajó con asociaciones. Atendió sueños. Recogió imágenes. Comparó materiales. Leyó mitos.
Estudió religiones. Observó
producciones espontáneas. Después
pensó sobre aquello. Relacionó. Construyó. Formuló.
Ésta es la secuencia que queremos recuperar continuamente: OBSERVAR
→ ORGANIZAR → INTERPRETAR.
Y después,
algo todavía más importante: VOLVER A OBSERVAR. Porque la teoría tiene que poder regresar
al territorio.
LA
SENSACIÓN TAMBIÉN PUEDE QUEDAR SECUESTRADA POR EL CONSTRUCTO
Veo
determinada ropa. Y antes casi de
verla: «ÉSA ES UNA PERSONA DE...»
Escucho un
acento: «ÉSTOS SON...»
Veo un gesto: «ESO
SIGNIFICA...»
La
percepción recibe inmediatamente capas de interpretación aprendida. El constructo llega tan deprisa que creemos
estar viendo directamente lo que, en parte, ya estamos interpretando. Por eso nuestra pregunta vuelve a
ser: ¿QUÉ VISTE? No: ¿QUÉ
CREÍSTE QUE SIGNIFICABA? Primero
separemos. Después reuniremos.
EL NIÑO YA
ESTABA PERCIBIENDO
Aquí
enlazamos con RECIBIR
ANTES DE COMPRENDER.
Antes de poder explicar su mundo, el niño ya está en contacto con él. Hay sonidos. Rostros. Contacto. Distancias. Movimientos. Voces.
Ritmos. Presencias. Ausencias.
No podemos
afirmar retrospectivamente qué quedó exactamente de cada experiencia. Pero sí podemos recordar: ANTES
DE PODER CONTAR SU ITINERARIO, YA LO ESTABA VIVIENDO.
La sensación
estaba abriendo ventanas mucho antes de que el pensamiento pudiera escribir la
historia.
MADRE
TIERRA DEVUELVE LOS CINCO SENTIDOS A LA CASA DE JUNG
Y quizá aquí
nuestra aportación sea especialmente sencilla. No necesitamos inventar una quinta función. Podemos coger la sensación de Jung y
preguntarle: ¿QUÉ OCURRE SI LA SACAMOS FUERA DEL
edificio?
Ojos. Oídos.
Nariz. Boca. Piel.
Cuerpo. Movimiento. Temperatura. Entorno.
De repente Madre Tierra no es una teoría.
SE
PUEDE TOCAR. No toda ella,
naturalmente. Pero entramos físicamente
en relación con el mundo que nos sostiene.
Y eso modifica nuestra posición.
EL
GRAN CORRECTOR DE LA REALIDAD
Quizá no
debamos llamar a la sensación «corrector» en sentido absoluto, porque la
percepción también puede equivocarse.
Pero sí podemos decir:
NOS OBLIGA A
VOLVER AL TERRITORIO.
He
construido una explicación. Muy bien. MIRA
OTRA VEZ. He
elaborado una teoría sobre esta persona.
Muy bien. ESCUCHA OTRA VEZ.
He
interpretado un símbolo. Muy bien. PREGUNTA
OTRA VEZ.
He decidido
que algo siempre ocurre así. Muy
bien. OBSERVA OTRA VEZ.
Esta humildad es enormemente científica y enormemente
humana.
SENSACIÓN
La sensación
nos recuerda: ANTES DE QUE EL MUNDO SEA EXPLICADO,
EL MUNDO ESTÁ
OCURRIENDO.
Hay algo. Lo percibo hasta donde mis posibilidades
permiten. Después llegará el
pensamiento. Después la valoración. Después la interpretación. Después quizá el símbolo.
Pero no
perdamos aquel primer contacto. Porque
puede ocurrir que después de cien años explicando una habitación alguien abra
la puerta... y descubra que fuera
está amaneciendo.
Jung nos dio
la función. Madre Tierra puede
devolverla al suelo.
MIRA. ESCUCHA. TOCA.
HUÉLELO. SABORÉALO. SIENTE TU CUERPO. No para abandonar la psicología. Para recordarle continuamente: AQUÍ HAY UN SER HUMANO VIVO EN CONTACTO CON UN MUNDO REAL.
Y todavía
queda una cuarta función. Una
especialmente fascinante para Jung. Porque
mientras la sensación nos dice: «ESTO ESTÁ AQUÍ», hay otra que parece percibir
hacia dónde podría abrirse lo que todavía no está claramente desplegado. La siguiente habitación es: INTUICIÓN.
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