MADRE TIERRA y FREUD
TERCER ESTRATO — ELLO, YO Y SUPERYÓ
Este será
probablemente el corazón
del libro.
Primero
Freud tal como Freud lo plantea.
Después
hacemos nuestra operación:
ELLO
— ¿qué mecanismo está describiendo Freud y qué relación tiene con las
posibilidades vitales?
YO —
¿cómo se va formando ESTE Yo mientras atraviesa su mundo?
SUPERYÓ
— ¿qué capacidad hay y qué contenidos concretos han entrado desde padres,
sociedad, cultura, época, religión, normas...?
El propio
material freudiano que tienes ya permite la entrada: el Yo media; el Ello busca
satisfacción; y el Superyó incorpora reglas y valores aprendidos de padres y
sociedad.
Y aquí
podremos hacer algo muy hermoso:
NO DESMONTAR A FREUD.
DESMONTAR Y VOLVER A
MONTAR CADA PIEZA DESDE LA VIDA.
Sí. Y aquí conviene ir muy despacio, porque
creo que este tercer estrato puede cambiar la lectura de todo lo que venga
después. Tenemos tres palabras tan conocidas —Ello, Yo, Superyó— que casi
creemos saber qué son antes de preguntarnos cómo llegaron a ser lo que son en esta persona concreta.
En tu
borrador ya está planteado el Freud básico: Ello como parte instintiva
orientada a la satisfacción; Yo como mediador más realista; Superyó como reglas
y valores aprendidos de padres y sociedad.
Ahora
hagamos exactamente lo que dices: desmontamos
sin destruir y volvemos a montar desde la vida.
EL ELLO:
antes de llamarlo conflicto, ¿qué está empujando?
Aquí
empezaría concediéndole muchísimo a Freud.
Hay hambre. Hay deseo. Hay búsqueda de satisfacción. Hay impulsos. Hay sexualidad. Hay rechazo del dolor. Hay necesidades corporales. Hay movimientos que aparecen antes de que
exista un Yo adulto capaz de deliberar sobre ellos.
Freud vio
esa potencia que empuja
y la conceptualizó dentro del Ello.
Muy bien. Pero Madre Tierra pregunta:
¿POR QUÉ COMENZAMOS MIRANDO ESA POTENCIA COMO
ALGO QUE HAY QUE DOMAR?
Porque antes
de cualquier constructo psicológico, una criatura necesita succionar, reclamar
alimento, buscar contacto, llorar, dormir, evacuar, moverse...
El bebé no
está siendo moral ni inmoral. ESTÁ VIVIENDO.
Por tanto,
quizá una parte de lo que Freud organiza bajo el Ello pueda ser contemplada
primero como potencia y
necesidad de un organismo vivo.
Y entonces
aparece una distinción preciosa: IMPULSO ≠ CONDUCTA.
Que aparezca
una posibilidad, deseo o impulso no determina necesariamente qué voy a hacer
con él.
Ahí
necesitaremos al Yo. EL YO: aquí tenemos una historia entera
Esta pieza
me parece fascinante desde Madre Tierra.
Porque no
queremos un YO abstracto.
Queremos
saber: ¿CÓMO SE HA IDO FORMANDO ESTE YO?
El bebé no
empieza diciendo: «Yo soy Carlos,
pertenezco a esta familia, esto está bien, aquello está mal, tengo estas
obligaciones, estas inseguridades, esta profesión y esta opinión sobre el
mundo.»
Todo eso irá
apareciendo.
El Yo tendrá
que aprender a desenvolverse entre cuerpo, deseos, necesidades, otros seres
humanos, prohibiciones, posibilidades, lenguaje, familia, cultura y
circunstancias.
Por tanto: EL
YO TIENE BIOGRAFÍA.
Y esto
conecta extraordinariamente con tu idea de las habitaciones.
Puede
existir la posibilidad
de organizar, decidir, reconocerme, diferenciarme, relacionarme con el entorno... pero el Yo concreto que finalmente
encontramos está lleno de itinerario.
Y aquí
aparece una pregunta tremenda para terapia:
¿QUÉ PARTE DE LO QUE HOY LLAMO “YO” SOY YO...
Y QUÉ PARTE SON COSAS QUE APRENDÍ A SER PARA PODER VIVIR EN EL MUNDO EN EL QUE
ME TOCÓ DESARROLLARME?
No para
descubrir un supuesto «Yo puro» escondido —eso sería otra teoría que tendríamos
que demostrar—, sino para recuperar margen
de posibilidad.
Quizá puedo
volver a elegir algunas cosas que un día simplemente aprendí.
Ahí entra
LIBERTAD.
Y llegamos
al SUPERYÓ Aquí, Carlos, creo que podemos hacer una de las
operaciones más fértiles del libro.
Freud
observa que normas, prohibiciones, ideales y exigencias parentales/sociales
terminan operando desde
dentro.
Fantástico. Madre Tierra pregunta: ¿DE
DÓNDE SALIÓ CADA UNA?
Porque «el
Superyó» puede parecer una unidad. Pero
sus contenidos
no tienen por qué serlo.
Dentro
podemos encontrar: «no mates». «no robes».
«los hombres no lloran». «debes
ser el primero». «el sexo es sucio». «tienes que casarte». «debes obedecer siempre». «fracasar es vergonzoso». «los de aquella familia son malos». «Dios te castigará». «si no produces, no vales».
Son
contenidos enormemente distintos. Algunos
pueden proteger convivencia y vida. Otros
corresponden a circunstancias históricas determinadas. Otros quizá fueron útiles dentro de una
familia concreta. Otros pueden ser
prejuicios. Otros pueden haberse
convertido en auténticas cárceles.
Por tanto: NO
DISCUTIMOS QUE EXISTA INTERIORIZACIÓN DE NORMAS. PREGUNTAMOS QUÉ NORMAS SE
INTERIORIZARON.
Y todavía:
¿CUÁNDO?
¿DE QUIÉN?
¿PARA QUÉ?
¿EN QUÉ MUNDO?
¿SIGUE EXISTIENDO ESE
MUNDO?
¿SIGUE SIRVIENDO ESA
NORMA?
¿PROTEGE VIDA O LA ESTÁ
REDUCIENDO?
¡Esto es
saneamiento del constructo en estado puro!
Y ahora mira
lo que ocurre con los tres juntos. Freud
nos presenta un Yo intentando mediar entre exigencias del Ello, Superyó y
realidad.
Nosotros
podemos conservar esa dinámica, pero añadimos una dimensión que cambia la escena: ¿DE
QUÉ ESTÁ HECHA CADA EXIGENCIA?
Porque quizá
una persona lleva cuarenta años viviendo un conflicto feroz entre un deseo
perfectamente compatible con la vida y una prohibición interiorizada procedente
de un mundo que ya ni
siquiera existe.
Entonces el
problema no es necesariamente: ELLO CONTRA SUPERYÓ.
Puede ser:
VIDA
ACTUAL CONTRA CONTENIDO HISTÓRICO TODAVÍA ACTIVO.
Eso es muy
diferente.
Y también
puede ocurrir al revés: un impulso inmediato puede llevar a una conducta
perjudicial para uno mismo u otros, y una regulación interior puede ser
enormemente protectora.
Por eso
Madre Tierra no toma
partido automáticamente por ninguna de las tres piezas. Las interroga.
¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO AQUÍ CON LA VIDA?
Ahí está la
brújula.
Y creo que
aquí aparece una aportación todavía mayor. En vez de imaginar tres bloques: ELLO
| YO | SUPERYÓ
podemos
empezar a ver funciones
+ contenidos + historia.
El mecanismo
puede ser humano. El contenido puede
ser adquirido. La relación entre ambos
puede haberse organizado durante el itinerario.
Y la
situación actual puede permitir una reorganización que antes era imposible.
Esto enlaza
directamente con la libertad:
LO INTERIORIZADO NO SE CONVIERTE POR EL HECHO
DE ESTAR INTERIORIZADO EN LEY DE LA NATURALEZA.
Ahí el ser
humano puede volver a mirar.
Y fíjate que
tu antiguo librito daba un paso diferente: convertía Ello, Yo y Superyó en una
arquitectura universal y llegaba a presentar el Superyó como memoria de leyes
cósmicas. Eso está realmente escrito en aquel material.
Yo ahora no afirmaría eso. No porque tengamos que negarlo
metafísicamente, sino porque el nuevo método nos exige algo mejor:
NO SABEMOS DE ANTEMANO QUÉ HAY EN LA
HABITACIÓN.
Observemos.
Eso hace
este nuevo trabajo muchísimo más sólido.
Y llegamos a
una formulación que me parece central para este capítulo:
FREUD NOS DIO TRES GRANDES PIEZAS PARA
COMPRENDER EL CONFLICTO PSÍQUICO. MADRE TIERRA NO LAS TIRA. LAS ABRE.
Pregunta qué
hay de capacidad, qué hay de mecanismo, qué hay de contenido adquirido y qué
hay de historia personal.
Y después
formula una última pregunta:
¿CÓMO ESTÁ FUNCIONANDO TODO ESTO HOY EN LA
VIDA DE ESTA PERSONA?
Porque al
final volvemos a los cinco dedos.
El objetivo
no será fabricar un Yo
perfecto, derrotar al Ello ni silenciar al Superyó. Será algo mucho más llano: QUE EL SER HUMANO RECUPERE TERRENO PARA VIVIR.
Y creo que
aquí, precisamente por lo enorme que es, no
necesitamos botellas de oxígeno. Tenemos una cuerda que llega
hasta la superficie:
VIDA → POSIBILIDADES → ITINERARIO →
CONTENIDOS → FUNCIONAMIENTO ACTUAL → REUBICACIÓN.
Con esa cuerda
podemos bajar con Freud todo lo que haga falta.
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