MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO
La Vida como primera referencia
No un nuevo
mandamiento. No otra ideología. Una referencia anterior a nuestras construcciones. Después de todo lo recorrido podría
aparecer una tentación. Hemos
descubierto que los humanos construimos mundos. Hemos visto cómo nacen, cómo se
transmiten, cómo pueden crecer, independizarse de la necesidad que los originó
y llegar incluso a dominarnos. Hemos
salido un momento del edificio.
Hemos
aprendido a reubicar. Y ahora
podríamos cometer exactamente el mismo error que estamos intentando comprender: CONSTRUIR OTRO SISTEMA QUE NOS DIGA CÓMO
DEBE SER TODO. No.
Madre Tierra
no llega para sustituir un edificio por otro.
No trae un nuevo reglamento. No
nos entrega una moral terminada. No nos
dice qué debemos pensar. Nos devuelve
a algo muchísimo más sencillo: ANTES DE TODO LO QUE HEMOS CONSTRUIDO, LA VIDA
YA ESTABA OCURRIENDO.
No necesitamos inventarla
Podemos
discutir qué es la Vida. Podemos
estudiarla desde la biología. Podemos
interpretarla filosóficamente. Podemos
preguntarnos por su origen. Podemos
construir religiones alrededor de ella.
Podemos investigar sus mecanismos.
Podemos discutir incluso dónde comienza exactamente aquello que llamamos
vivo. Todo eso pertenece a nuestra
extraordinaria capacidad humana para conocer e interpretar. Pero antes de resolver cualquiera de esas
cuestiones: ESTAMOS VIVOS.
Nuestro
corazón no esperó una definición para comenzar a latir. Nuestros pulmones no necesitaron conocer la
composición de la atmósfera. La primera
célula de nuestro cuerpo no pidió una filosofía. La semilla no necesita que conozcamos la
botánica para germinar. La Vida posee
una anterioridad que resulta fundamental para nuestro método. No anterior necesariamente a todo en el
universo. Anterior a nuestras
construcciones acerca de ella.
Una referencia no es una orden
Ésta es la
diferencia que debemos conservar. Una
orden dice: «Haz esto.»
Una
ideología puede decir: «El mundo
debe organizarse de esta manera.»
Una moral
puede establecer: «Esto debe hacerse
y esto no.»
Nuestra
referencia dice algo mucho más elemental:
«MIRA QUÉ ESTÁ HACIENDO AQUELLO QUE HAS CONSTRUIDO CON LAS
CONDICIONES QUE HACEN POSIBLE QUE CONTINÚES AQUÍ.»
No contiene
todavía la respuesta. Contiene la
pregunta. Y eso nos protege de
convertir Madre Tierra en una nueva autoridad humana.
La Vida no nos dice qué música componer
Podemos
tocar un violín. Escribir una novela. Estudiar las estrellas. Inventar una máquina. Construir una ciudad. Practicar una religión. Crear una empresa. Desarrollar matemáticas. Explorar mundos virtuales. Hacer astrología. Construir inteligencia artificial.
La Vida no
nos entrega una lista de cuáles de esas actividades están autorizadas. No necesitamos pedir permiso a un árbol
para escribir un poema. La
creatividad humana puede continuar abierta.
LA TOMA DE TIERRA NO CORTA LAS
ALAS.
Nos recuerda
sencillamente que para poder volar necesitamos continuar existiendo. Ésa es una diferencia enorme.
La primera
condición de todos nuestros mundos
Pensemos en
cualquier construcción humana. Dinero. Derecho.
Educación. Religión. Arte.
Ciencia. Tecnología. Política.
Astrología. Internet.
Todas poseen
características completamente diferentes.
Pero comparten una condición: NECESITAN
SERES HUMANOS VIVOS. No existe
economía humana sin humanos. No
existe cultura humana sin humanos. No
existe ciencia humana sin humanos. No
existe mundo virtual humano sin humanos y sin una infraestructura material que
permita sostenerlo.
Por eso la
Vida no es necesariamente la explicación de todo. Pero sí puede convertirse en: LA
PRIMERA CONDICIÓN DE TODO NUESTRO MUNDO CONSTRUIDO. Y por eso merece ser nuestra
primera referencia.
Primero continuidad; después podemos discutir
Imaginemos
una reunión extraordinaria. Un
economista. Un científico. Un religioso. Un artista.
Un político. Un psicólogo. Un astrólogo.
Un ingeniero.
Quizá
discrepen prácticamente en todo. Cada
uno puede habitar un edificio conceptual diferente. Pero hay algo anterior a la discusión. Todos respiran. Todos necesitan agua. Todos dependen de un cuerpo. Todos existen dentro de unas condiciones
planetarias determinadas.
Antes de
resolver sus desacuerdos pueden reconocer:
ESTAMOS AQUÍ PORQUE HAY UN SISTEMA VIVO Y MATERIAL QUE HACE POSIBLE
QUE ESTEMOS AQUÍ DISCUTIENDO. Ése
puede ser un extraordinario punto de partida.
No obliga a ninguno a abandonar su mundo. Los sitúa.
Una construcción puede funcionar perfectamente y, sin
embargo...
Volvamos al
capítulo sobre la razón. Un sistema
puede ser internamente coherente. Puede
producir resultados. Puede generar
riqueza. Puede proporcionar comodidad. Puede aumentar determinadas capacidades. Puede incluso alcanzar exactamente los
objetivos que se había propuesto.
Y todavía
falta una pregunta: ¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO CON LA VIDA MIENTRAS LO
HACEMOS? Ésta es una
pregunta exterior al éxito interno del sistema. Porque un sistema puede decir: «Funciono perfectamente.»
Y Madre
Tierra puede preguntar: «¿A qué
llamas funcionar?» No para
responder por nosotros. Para obligarnos
a ampliar el campo de observación.
La palabra progreso cambia de tamaño
También
podemos mirar de nuevo una palabra enorme:
PROGRESO. Progresar
puede significar muchas cosas. Más
conocimiento. Más salud. Más posibilidades. Más producción. Más velocidad. Más comodidad. Más libertad. Más capacidad tecnológica. Pero ahora podemos añadir una referencia: ¿ESE PROGRESO PUEDE CONTINUAR JUNTO CON
LAS CONDICIONES QUE LO HACEN POSIBLE?
No hemos rechazado el progreso.
Lo hemos ampliado.
Porque una
construcción que avanza destruyendo progresivamente su propio soporte contiene
una contradicción que merece ser observada.
No
necesitamos ideología para verlo. Necesitamos
toma de tierra. Tampoco
debemos idealizar la naturaleza Ésta
es otra precaución importante. Madre
Tierra no es un jardín diseñado para nuestra comodidad.
En la
naturaleza existen enfermedad, competencia, depredación, catástrofes, muerte y
extinción. Por tanto, decir: «Esto ocurre en la naturaleza» no significa:
«Esto es
moralmente bueno y debemos imitarlo.»
Sería
nuevamente confundir pisos. La
naturaleza no es nuestro código moral.
LA VIDA ES REFERENCIA, NO RECETARIO. Nos muestra las condiciones de
las que dependemos. No escribe por
nosotros la Constitución, la economía, la ética o la educación. Ésa continúa siendo responsabilidad humana.
La referencia permite contrastar
Ahora
podemos regresar a cualquier construcción y realizar una operación muy
sencilla. Una institución puede decir: «Ésta es nuestra norma.» Bien.
¿Para qué apareció? ¿Qué
función cumple? ¿Qué consecuencias
produce?
Una economía
puede decir: «Éste es nuestro indicador
de éxito.» Bien. ¿Qué está midiendo? ¿Qué deja fuera? ¿Qué ocurre materialmente mientras el
indicador mejora?
Una
tecnología puede decir: «Ahora
podemos hacerlo.» Bien. Pero aparece una pregunta diferente: ¿QUE PODAMOS HACERLO SIGNIFICA QUE
HAYAMOS EXAMINADO TODAS SUS CONSECUENCIAS?
Una
tradición puede decir: «Siempre lo
hicimos así.» Bien. ¿Para qué? ¿Continúa cumpliendo esa función? La Vida no responde automáticamente. NOS PROPORCIONA EL LUGAR DESDE EL QUE
CONTRASTAR.
De la verdad interna a la consecuencia externa
Aquí nuestro
instrumento se vuelve especialmente potente.
Una construcción puede tener una lógica interna impecable. Pero nosotros podemos salir y observar sus
consecuencias. Esto evita discusiones
interminables. Quizá dos personas jamás
consigan ponerse de acuerdo sobre una determinada teoría. Pero pueden observar juntas:
¿QUÉ PRODUCE?
¿QUÉ SOSTIENE? ¿QUÉ
DETERIORA?
¿QUÉ NECESITA PARA CONTINUAR?
¿QUÉ OCURRE SI SE MULTIPLICA?
¿QUÉ DEJA DESPUÉS?
La
consecuencia vuelve a conectar el constructo con el territorio. El mapa toca nuevamente Tierra. ¿Sirve a la Vida? Aquí aparece una frase que
utilizaremos muchas veces: ¿ESTO SIRVE A LA VIDA?
Pero también
debemos manejarla con cuidado. Porque
«servir a la Vida» puede convertirse rápidamente en una expresión grandiosa
dentro de la cual cada uno coloque aquello que desea. Por eso tendremos que concretarla.
¿Mantiene o mejora condiciones compatibles con la
continuidad de la vida?
¿Atiende necesidades humanas reales sin destruir
innecesariamente el soporte del que dependen?
¿Puede mantenerse en el tiempo?
¿Qué consecuencias produce sobre otros seres humanos?
¿Qué consecuencias materiales produce?
¿Qué ocurre cuando se amplía?
¿Resuelve un problema desplazándolo hacia otro lugar o
hacia otra generación?
Cuanto más
concreta sea nuestra observación, menos probable será que la Vida se
convierta en otro eslogan.
La primera referencia, no la única
Ésta quizá sea
la formulación más precisa. **LA VIDA ES LA PRIMERA REFERENCIA. NO NECESARIAMENTE LA ÚNICA.** Los humanos también necesitamos construir
criterios. Justicia. Libertad.
Dignidad. Responsabilidad. Belleza.
Conocimiento. Convivencia. Sentido.
Podremos discutirlos y construirlos.
Y debemos hacerlo.
La Vida por
sí sola no resuelve automáticamente todos esos problemas. Pero existe una diferencia: para poder discutir cualquiera de ellos
necesitamos continuar vivos. Por
eso empezamos aquí. No terminamos
aquí.
Y entonces aparece la Unidad Pero incluso decir:
«mi vida» puede quedarse
corto. Porque ninguna vida humana
existe aisladamente. Dependemos de
otros. De relaciones. De generaciones anteriores. De quienes producen aquello que utilizamos. De comunidades. De ecosistemas. De microorganismos. De agua que circula. De aire compartido. De procesos que no controlamos. La Vida comienza a mostrarnos algo más: INTERDEPENDENCIA.
Nuestra toma
de tierra no conduce a un individuo aislado frente al planeta. Conduce a un ser humano dentro de
relaciones de dependencia y participación. Y entonces aparece una palabra que
tendremos que recuperar con el mismo cuidado: UNIDAD. No como uniformidad. No como desaparición del individuo. No como obligación de pensar igual. Sino como reconocimiento de que formamos
parte de algo de lo que no podemos separarnos materialmente sin dejar de
existir.
La libertad necesita suelo
Y aquí
llegamos a una consecuencia todavía más hermosa. Reconocer la Vida como primera referencia
no reduce nuestra libertad. Puede
hacerla más consciente. Podemos
construir. Experimentar. Crear.
Equivocarnos. Rectificar.
Abrir mundos que todavía no existen. No necesitamos poner vallas a la conciencia
humana. Pero quizá sí necesitemos
conservar una conexión. Una toma de
tierra. Porque la libertad que
olvida completamente las condiciones que permiten ejercerla puede terminar
destruyendo su propia posibilidad. Por
eso nuestro siguiente paso no será poner límites a la libertad. Será preguntarnos cómo puede ser
inmensa sin perder el suelo. Y
ahí llegamos a una de las formulaciones centrales de todo este recorrido: Libertad sin vallas, pero con toma de
tierra **Podemos volar tan lejos como seamos capaces. Pero conviene saber dónde está
la Tierra a la que necesitamos poder volver.**
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