MADRE TIERRA
Y
JUNG
Parte 1
Hay autores
a los que uno acude para encontrar respuestas. Y hay otros que, muchos años después de
haberlos leído, continúan haciendo preguntas.
Carl Gustav
Jung pertenece a estos últimos.
Este libro
no nació para corregirlo. Tampoco
para sustituirlo.
Mucho menos
para desmontar una obra que tuvo precisamente el valor de internarse allí donde
las explicaciones disponibles comenzaban a resultar insuficientes.
Jung entró. Entró en los sueños, los símbolos, la
Sombra, la Persona, los complejos, los arquetipos, el inconsciente personal y
colectivo, el Self, la individuación, la intuición, la sincronicidad.
Abrió
habitaciones. Excavó galerías. Dejó puertas sin cerrar. Y, sobre todo, se atrevió a decir: AQUÍ HAY MÁS.
Un siglo
después podemos agradecerle el camino recorrido y hacer algo que probablemente
sea la mejor manera de respetar a un investigador:
CONTINUAR
PREGUNTANDO. ANTES DE JUNG HAY ALGUIEN
VIVO
MADRE TIERRA
introduce una pregunta anterior a cualquier teoría psicológica.
Antes del
Yo. Antes de la Persona. Antes de la Sombra. Antes del inconsciente. Antes del Self. Antes incluso de que alguien pueda
preguntarse quién es...
HAY UN SER
HUMANO VIVO.
Respira. Bebe.
Come. Percibe. Depende.
Se desarrolla. Recibe. Aprende.
Se adapta. Y comienza un
itinerario que no se repetirá jamás exactamente de la misma manera.
Por eso este
libro no pregunta solamente: ¿QUÉ
HAY DENTRO DEL SER HUMANO?
Pregunta
también: ¿CÓMO LLEGÓ HASTA ALLÍ?
LA HABITACIÓN Y SU CONTENIDO Ésta será una de las distinciones que acompañarán
nuestro recorrido.
Jung
descubrió habitaciones extraordinarias.
Pero una habitación no es necesariamente aquello que contiene. Podemos preguntarnos si determinadas
estructuras, capacidades o predisposiciones pertenecen al modelo humano.
Y después
hacer otra pregunta: ¿CÓMO SE
LLENARON?
¿Qué pertenece a la estructura? ¿Qué fue llegando durante el itinerario?
¿Qué vino de la familia? ¿Qué de la época? ¿Qué de la cultura?
¿Qué de la educación? ¿Qué de las experiencias?
¿Qué fue percibido antes de poder ser comprendido?
¿Qué fue aprendido?
¿Qué fue rechazado? ¿Qué
permitió adaptarse?
¿Qué continúa actuando mucho después de haber dejado
de ser necesario?
De pronto,
lo que parecía una habitación oscura empieza a adquirir biografía.
ENCENDER LA LUZ
Por eso
aparece repetidamente en estas páginas una figura bastante menos solemne que la
del gran intérprete de las profundidades:
EL
ELECTRICISTA.
Antes de
interpretar la oscuridad, quizá podamos encender la luz. No para negar lo que haya dentro. No para convertir todo misterio en una
explicación apresurada. No para
afirmar que ya sabemos.
Precisamente
al contrario. Podemos mirar y
decir:
LO OBSERVO.
NO SÉ TODAVÍA QUÉ ES.
NO NECESITO RELLENAR EL HUECO.
SIGAMOS INVESTIGANDO.
La luz no
elimina la Sombra. Permite verla
mejor.
Y quizá
descubramos que una parte de aquello que parecía extraño, amenazante o ajeno
pertenece al recorrido de una vida.
MI INCONSCIENTE
Aquí se
produce otro movimiento importante. Cuando
una persona entra por la puerta no entra:
EL INCONSCIENTE.
Entra una
persona concreta. Con una gestación. Un nacimiento. Una infancia. Un cuerpo.
Una familia. Una época. Un lenguaje. Unas experiencias. Unas relaciones. Unos aprendizajes. Unas pérdidas. Unas adaptaciones. Un camino.
Entra: SU INCONSCIENTE.
Y entonces
podemos comenzar una arqueología distinta.
No para fabricar otro pasado. No
para encontrar culpables. No para
juzgar desde el adulto las soluciones que encontró quien todavía estaba
creciendo.
Sino para
preguntar: ¿DÓNDE ESTABA YO CUANDO
ESTO OCURRIÓ?
¿Qué podía
comprender? ¿Qué posibilidades
tenía?
¿De quién
dependía? ¿Qué interpretación podía
hacer entonces?
¿Para qué
pudo servirme aquello? ¿Continúa
siendo necesario hoy?
NO AMPUTAR
Esta mirada
modifica también nuestra relación con aquello que encontramos. No todo lo que hoy molesta fue
necesariamente inútil cuando apareció.
Una protección
puede convertirse posteriormente en impedimento. Una adaptación puede sobrevivir al
mundo que obligó a construirla. Una
respuesta infantil puede continuar funcionando dentro del adulto. Por eso no empezaremos necesariamente
preguntando: ¿CÓMO QUITO ESTO?
Podemos
preguntar antes:
¿QUÉ HACES AQUÍ?
¿CUÁNDO APARECISTE?
¿QUÉ FUNCIÓN CUMPLISTE?
¿SIGUES SIENDO NECESARIO?
No amputar. Iluminar. Comprender. Reubicar.
Y continuar.
EL ITINERARIO
Quizá ésta
sea una de las palabras fundamentales de toda esta obra: ITINERARIO.
Mi biografía
no es solamente aquello que recuerdo ni aquello que puedo contar. Es el recorrido entero de una vida. Una vida que estuvo ocurriendo mucho
antes de disponer de palabras suficientes para explicarse.
Y además: MI BIOGRAFÍA ESTÁ RODEADA DE
BIOGRAFÍAS.
Madre. Padre.
Familia. Maestros. Amigos.
Sociedad. Época. Constructo.
Cada uno
llegó también con su propio camino. Comprenderlo
no elimina responsabilidades cuando existieron. Pero permite sustituir una pregunta
demasiado sencilla —¿quién tuvo la culpa?— por otra mucho más fértil:
¿CÓMO
LLEGAMOS HASTA AQUÍ? Y DESPUÉS,
TIERRA
Jung nos
lleva hacia dentro. Madre Tierra añade
otra coordenada.
Porque
incluso después de haber investigado el interior todavía podemos preguntar: ¿DÓNDE ESTÁ ESTE SER HUMANO?
Está dentro
de una realidad que no construyó. Respira
una atmósfera que no fabricó.
Necesita
agua. Alimento. Temperatura. Otros seres. Un planeta vivo del que depende. Por eso quizá ya no baste con preguntar:¿QUIÉN
SOY?
Habrá que
añadir: ¿DÓNDE ESTOY? Y después: ¿HACIA DÓNDE CONTINÚO?
Itinerario. Madre Tierra. Posibilidades. Tres coordenadas para volver a caminar.
JUNG NO SALE DEL LIBRO
Todo lo
contrario. Nos acompaña. Conservamos sus preguntas, sus conceptos,
sus hallazgos y muchas de sus herramientas.
Pero los sacamos a pasear. ¿Qué ocurre con la Persona cuando
preguntamos a qué mundo intenta adaptarse?
¿Qué ocurre con la Sombra cuando investigamos quién
decidió qué debía permanecer en la oscuridad?
¿Qué ocurre con los arquetipos cuando distinguimos
estructura y contenido?
¿Qué ocurre con el Self cuando añadimos al ser humano
vivo y dependiente?
¿Qué ocurre con la individuación si deja de parecer
una meta y vuelve a convertirse en camino?
No conocemos
de antemano las respuestas. Ésa es
precisamente la razón para investigar.
PARTE 1
Este volumen
contiene aproximadamente quinientas páginas.
Y hemos decidido detenernos
aquí. No porque Jung se haya
terminado. Ha ocurrido exactamente lo
contrario.
Cada puerta
abierta ha conducido a otras. Conciencia. Inconsciente. Infancia.
Captación. Símbolos. Comunicación. Naturaleza.
Constructo. Libertad. Dependencia. Posibilidades. Queda camino para varios libros. Perfecto.
No
necesitamos encerrarlo todo en uno. Porque
quizá una de las enseñanzas que el propio recorrido nos ha dejado pueda
expresarse así:
SOLO EXISTEN
CAMINANTES, NUNCA METAS.
Ésta es, por
tanto, la Parte 1. Terminada como
libro. Abierta como camino.
Jung
encontró muchas galerías. Nosotros
entramos con él.
Y cuando la
oscuridad sea excesiva, haremos algo extraordinariamente sencillo: abriremos una puerta. Sol.
Aire. Agua. Cuerpo.
Vida.
Moveremos
los cinco dedos. Recordaremos dónde
estamos. Y volveremos a entrar. Esta vez con un poco de luz de fuera.
JUNG, AÑADE
MADRE TIERRA A TUS ESTUDIOS.
A VER QUÉ
SALE
INTRODUCCIÓN
Este libro
no es un manual sobre Jung. Tampoco
pretende resumir su obra. Hay
excelentes libros para hacerlo. Éste
propone otra cosa:
PONER A JUNG EN DIÁLOGO CON MADRE TIERRA
Y VER QUÉ OCURRE.
Por eso el
lector encontrará preguntas. Muchas. A veces más preguntas que respuestas. No es un defecto del recorrido. Es el recorrido.
NO VENIMOS A
EXAMINAR A JUNG
No vamos a
sentarlo delante de nosotros para decidir dónde acertó y dónde se equivocó. Sería demasiado fácil. Y bastante injusto.
Jung trabajó
con los conocimientos, las herramientas y el mundo de su tiempo. Llegó extraordinariamente lejos. Nosotros estamos en otro momento.
Disponemos
de otro siglo de camino recorrido y, sobre todo, entramos con una pregunta que
este libro utilizará una y otra vez:
¿QUÉ
OCURRE SI AÑADIMOS MADRE TIERRA COMO REFERENCIA?
¿Qué ocurre con el Yo? ¿Con la Persona? ¿Con la Sombra?
¿Con los complejos? ¿Con el inconsciente? ¿Con los arquetipos?
¿Con el Self? ¿Con
la individuación?
No sabemos
de antemano qué encontraremos.
Mejor. VAMOS A MIRAR.
EL PUNTO DE PARTIDA ES MUY SENCILLO
Antes de
cualquier explicación psicológica hay alguien vivo. Ése será nuestro suelo.
Cuando las
palabras comiencen a acumularse, volveremos allí.
Respira. Bebe.
Come. Duerme. Tiene cuerpo. Percibe.
Depende.
Está dentro
de Madre Tierra. Y ha llegado hasta
este momento recorriendo un itinerario irrepetible.
Después
podremos utilizar todas las herramientas psicológicas que necesitemos. Pero intentaremos mantener siempre el
orden:
PRIMERO LA VIDA.
DESPUÉS EL ITINERARIO.
DESPUÉS LAS
HERRAMIENTAS.
ESTE LIBRO SE MUEVE No espere el lector una exposición académica
perfectamente inmóvil.
Estas
páginas conservan algo del modo en que fueron naciendo. Una idea lleva a otra. Una pregunta abre una puerta. La puerta conduce a una habitación.
En la
habitación encontramos algo que obliga a volver atrás. Volvemos.
Rectificamos. Y continuamos.
Hay momentos
en los que Jung habla. Otros en los
que habla Madre Tierra. Otros en los
que interviene mi propio recorrido.
Y otros en los que el intercambio con la inteligencia artificial abre
una posibilidad que ninguno de los dos tenía formulada exactamente de aquella
manera unos minutos antes.
Por eso esta
obra se reconoce desde su primera página como escrita a dos voces. No pretende ocultar su proceso.
EL
PROCESO FORMA PARTE DEL LIBRO.
NO TENGA PRISA EN ESTAR DE ACUERDO
No es
necesario. Puede detenerse. Discrepar.
Subrayar.
Escribir al
margen: —Esto sí. —Esto no.
—No lo veo. —Aquí falta algo. —¿Y si fuera de otra manera? Magnífico.
Entonces el
libro está funcionando. No buscamos
sustituir un sistema cerrado por otro.
Madre Tierra
tampoco debe convertirse en una nueva jaula conceptual. Su función aquí es mucho más elemental:
DEVOLVERNOS EL SUELO CUANDO CORRAMOS EL
RIESGO DE OLVIDARLO.
CUANDO APAREZCA UNA HABITACIÓN OSCURA
No tenga
miedo inmediatamente. Tampoco encienda
una luz imaginaria y diga que ya sabe lo que hay. Haremos algo más sencillo. Nos acercaremos. Miraremos. Preguntaremos.
¿De quién es esta habitación? ¿Cómo pudo llenarse?
¿Cuándo? ¿Con qué experiencias?
¿Con qué aprendizajes? ¿Con qué interpretaciones?
¿Qué podía comprender aquella persona cuando
ocurrió?
¿Qué no podía comprender todavía?
¿Qué pertenecía a ella? ¿Qué recibió de otros?
¿Qué pudo servirle entonces? ¿Qué continúa funcionando hoy?
Ésta será
nuestra arqueología. No buscar un
monstruo.
BUSCAR UN ITINERARIO.
Y si después
de investigar continúa habiendo algo que no sabemos explicar, podremos
pronunciar tres palabras que deberían seguir teniendo un lugar honorable en
cualquier investigación: NO LO SÉ. Y continuar.
JUNG NOS ACOMPAÑARÁ
No
necesitamos abandonar a Jung para hacer este recorrido. Precisamente porque abrió tantas puertas
podemos caminar por ellas. A veces
confirmaremos la utilidad extraordinaria de una de sus herramientas. Otras veces la colocaremos en otro lugar. En ocasiones preguntaremos si una
palabra que ayudó a describir un fenómeno terminó adquiriendo más realidad que
el propio fenómeno.
Y muchas
veces sencillamente diremos: GRACIAS, JUNG. DESDE
AQUÍ PODEMOS SEGUIR. Eso es lo que
intentaremos hacer.
ÉSTA ES SOLAMENTE LA PARTE 1
Alrededor de
quinientas páginas después, las preguntas no se habrán terminado. Ya lo sabemos. Han aparecido demasiadas puertas.
Y sería
absurdo intentar cerrarlas para poder escribir la palabra FIN.
Por eso ésta
es la Parte
1. Vendrán otras. Cada una recogerá aproximadamente otro
tramo manejable del camino. No
necesitamos saber ahora cuántas serán.
Cuatro. Cinco. Seis.
Las que el recorrido necesite.
Lo
importante es conservar algo que Jung conocía bien y que Madre Tierra nos
recuerda constantemente:
INVESTIGAR
NO ES LLEGAR CON LA RESPUESTA PREPARADA.
Es mirar. Preguntar.
Contrastar. Reconocer lo que
sabemos. Reconocer también lo que no
sabemos. Y continuar.
Así que no
pido al lector que entre en estas páginas para creer. Tampoco para dejar de creer. Le propongo algo mucho más sencillo: ENTREMOS.
Jung lleva
mucho tiempo esperándonos dentro. Madre
Tierra está fuera. La puerta queda
abierta. Y nosotros podemos entrar y
salir cuantas veces sea necesario.
Empecemos.
Hemos
llegado a la última página. Pero no
hemos llegado al final.
Quizá ésta
sea la primera conclusión que podemos permitirnos después de este recorrido. JUNG NO SE HA TERMINADO. Y Madre Tierra
tampoco.
Al
contrario. Cuanto más hemos caminado,
más puertas han aparecido.
ENTRAMOS
BUSCANDO A JUNG Encontramos la Persona. La Sombra.
Los complejos. El inconsciente
personal. El inconsciente colectivo. Los arquetipos. Las funciones. Los tipos.
El Self. La individuación. Los sueños.
Los símbolos. La sincronicidad. Encontramos habitaciones. Pasillos.
Galerías.
Y una enorme
obra construida por alguien que tuvo el valor de adentrarse en territorios que
todavía hoy continúan provocando preguntas.
Pero durante
el recorrido ocurrió algo. Dejamos de
preguntar solamente: ¿QUÉ QUISO DECIR JUNG?
Y comenzamos
a preguntar: ¿QUÉ VEMOS NOSOTROS
DESDE AQUÍ?
Entonces el
viaje cambió. ABRIMOS UNA PUERTA
Fuera estaba
lo más elemental. Sol. Aire.
Agua. Temperatura. Cuerpo.
Vida. Madre Tierra. Y apareció una pregunta que desde entonces
nos ha acompañado:
ANTES DE TODO ESTO, ¿QUIÉN ESTÁ VIVO?
No eliminó a
Jung. Lo reubicó. El Yo continuaba allí. La Persona también. La Sombra.
El inconsciente. El Self. Pero ahora pertenecían a alguien.
A una vida
concreta. A un itinerario. Y entonces las habitaciones comenzaron a
tener historia. EL INCONSCIENTE RECUPERÓ BIOGRAFÍA
Quizá éste
haya sido uno de los grandes movimientos de esta primera parte.
Ya no
solamente: EL INCONSCIENTE. Sino: MI INCONSCIENTE.
No
solamente: LA SOMBRA. Sino: ¿CÓMO SE FORMÓ ESTA SOMBRA?
No
solamente: LA PERSONA. Sino:
¿A
QUÉ MUNDO NECESITÉ ADAPTARME?
No
solamente: EL COMPLEJO. Sino: ¿CON QUÉ EXPERIENCIAS FUE CONSTRUYÉNDOSE?
Y detrás de
todas esas preguntas apareció una palabra:
ITINERARIO.
Yo no
aparecí hoy. He llegado hasta aquí.
Y APARECIÓ LA LUZ
Jung nos
había enseñado a mirar hacia la Sombra.
Nosotros llamamos al electricista.
No para burlarnos de la profundidad psicológica. Precisamente para poder entrar en ella. Porque antes de interpretar una oscuridad
quizá podamos intentar iluminarla.
¿Dónde estaba yo cuando ocurrió aquello?
¿Qué edad tenía? ¿Qué podía comprender?
¿Qué todavía no podía comprender? ¿Dependía de alguien?
¿Podía marcharme? ¿Tenía palabras?
¿Qué interpretación hice? ¿Qué aprendí?
¿Qué tuve que hacer para adaptarme?
¿Qué función cumplió aquello? ¿La continúa cumpliendo?
La Sombra no
desapareció. PERO DEJÓ DE ESTAR
OBLIGADA A SER TENEBROSA.
Una parte de
la oscuridad podía convertirse en biografía.
Y lo que todavía continuara oscuro podría permanecer así sin necesidad
de inventar una explicación.
NO
LO SÉ. También eso es luz.
NO AMPUTAMOS Ésta ha sido otra enseñanza del camino.
Encontrar
algo dentro de nosotros que hoy nos molesta no significa que debamos declararlo
inmediatamente enemigo.
Quizá tuvo
una función. Quizá protegió. Quizá permitió adaptarse. Quizá fue la solución disponible para quien
éramos entonces.
Por eso
aprendimos a preguntar antes de cortar:
¿QUÉ HACES AQUÍ?
¿CUÁNDO
APARECISTE?
¿PARA
QUÉ SERVISTE?
¿SIGUES
SIENDO NECESARIO?
Comprender
no significa conservarlo todo. Significa
no destruir antes de saber qué estamos tocando.
TAMBIÉN MIRAMOS A LOS DEMÁS Y descubrimos que mi itinerario nunca estuvo
solo.
MI
BIOGRAFÍA ESTÁ RODEADA DE BIOGRAFÍAS.
Mi madre
tenía la suya. Mi padre. Mis abuelos. Mis maestros. Las personas que estuvieron alrededor.
También
ellos habían llegado hasta allí por algún camino.
Y todos
vivíamos dentro de una época, una cultura, unas posibilidades y un mundo humano
construido que ninguno de nosotros había comenzado desde cero.
Eso no borra
responsabilidades. No convierte el
daño en algo inexistente. Pero cambia
la investigación. Ya no buscamos
necesariamente un culpable para poder comprender. Buscamos:
CÓMO
LLEGAMOS HASTA AQUÍ.
Y EL CAMINO LLEGÓ HASTA EL NIÑO
Entonces
tuvimos que mirar todavía más atrás.
Antes del adulto que puede explicarse. Antes incluso del niño que dispone de
palabras suficientes. Había un ser
vivo desarrollándose. Recibiendo. Percibiendo. Aprendiendo. Adaptándose. Construyendo herramientas mientras ya
tenía que utilizarlas.
Y apareció
una pregunta enorme:
¿QUÉ MUNDO ESTAMOS INTRODUCIENDO EN UNA
CRIATURA MIENTRAS TODAVÍA ESTÁ CONSTRUYENDO LAS HERRAMIENTAS CON LAS QUE ALGÚN
DÍA PODRÁ INTERROGARLO?
Ya no era
solamente psicología. Era familia. Educación.
Sociedad. Cultura. Responsabilidad. Vida.
Jung había vuelto a abrir otra
puerta.
DESPUÉS VOLVIMOS AL ADULTO
Pero ya no
era el mismo. Ahora podía mirar hacia
atrás y decir: ÉSTE ES MI ITINERARIO.
No el que
debería haber tenido. No otro. Éste.
Irrepetible. No puede cambiarlo. Pero puede cambiar algo decisivo:
SU
RELACIÓN ACTUAL CON LO QUE AQUEL ITINERARIO DEJÓ.
Lo que
entonces no pudo comprender, quizá hoy pueda comprenderlo.
Lo que
recibió como verdad, quizá hoy pueda preguntarlo. Lo que necesitó para sobrevivir o adaptarse,
quizá pueda comprobar si todavía lo necesita. Lo que otro llamó malo, quizá pueda volver
a examinarlo.
No
modificamos el camino recorrido. CAMBIA EL CAMINANTE QUE
CONTINÚA. Y ahí vuelve a
aparecer la libertad. No una libertad
mágica. No la fantasía de poder
hacerlo todo. La libertad posible
desde este momento, con estas condiciones, esta historia y estas posibilidades.
Y ENTONCES JUNG NOS DEVUELVE LA INDIVIDUACIÓN
Pero quizá
podamos mirarla ahora de otra manera.
No como una medalla que un día recibimos: YA ESTOY INDIVIDUADO.
Mientras
haya vida, continúa el camino. Vivo. Recibo.
Actúo. Incorporo. Me doy cuenta. Ilumino.
Comprendo. Reubico.
Elijo hasta dónde
puedo. Continúo. Y otra vez.
Por eso aquella
frase que apareció durante nuestro recorrido adquiere ahora todo su sentido: SOLO EXISTEN CAMINANTES, NUNCA METAS.
PERO FALTA ALGO
Después de
casi quinientas páginas podríamos sentir la tentación de cerrar el edificio. Ya tenemos suficientes conceptos. Suficientes preguntas. Suficientes habitaciones. Pero entonces abrimos otra vez la puerta.
Y ahí está. MADRE TIERRA. El caminante no camina en ninguna parte.
Respira. Bebe.
Come. Tiene temperatura. Necesita descanso. Depende.
Vive dentro
de una realidad mayor que él y anterior a todas sus explicaciones.
Por eso
nuestro recorrido termina —provisionalmente— con tres coordenadas muy
sencillas:
¿DE DÓNDE VENGO? MI ITINERARIO.
¿DÓNDE ESTOY? MADRE TIERRA.
¿HACIA DÓNDE CONTINÚO? MIS POSIBILIDADES.
Y otra vez
estamos caminando.
PARTE 1
Aquí
detenemos este volumen. No la
investigación. Necesitamos hacerlo
porque un libro también tiene que poder sostenerse entre las manos.
Alrededor de
quinientas páginas son suficientes para una primera etapa. Las preguntas que han quedado abiertas no
son defectos que tengamos que esconder.
Son exactamente lo contrario: SON LA PRUEBA DE QUE EL
CAMINO CONTINÚA.
Ya están
apareciendo otros territorios. Conciencia. Captación.
Lenguaje y
aquello que puede existir antes del lenguaje. La relación entre consciente e
inconsciente. Las formas de
comunicación. El mundo visible y
aquello que todavía no sabemos explicar.
La relación del ser humano con los demás seres vivos. La naturaleza. El constructo. La libertad. Las posibilidades. La propia manera de investigar.
No vamos a
meterlo todo aquí. Tendrá su tiempo. Sus preguntas. Sus
GRACIAS, JUNG Podríamos despedirnos. Pero sería falso. Jung continuará apareciendo. Porque dejó demasiadas puertas abiertas.
Por eso
quizá la mejor manera de cerrar esta Parte 1 no sea decirle adiós. Sea decir:
GRACIAS
POR HABER LLEGADO HASTA DONDE LLEGASTE.
Gracias por
no conformarte demasiado pronto. Gracias
por entrar en las habitaciones. Gracias
por nombrar lo que otros apenas miraban.
Gracias por dejar preguntas sin cerrar.
Nosotros
hemos llegado después. Tenemos otras
herramientas. Otro mundo. Otro siglo de recorrido. Y una coordenada que queremos poner a
trabajar junto a las tuyas: MADRE TIERRA.
Así que
volvemos a colocarnos la mochila. Salimos. Tocamos Tierra. Miramos el Sol. Respiramos.
Movemos los cinco dedos. Y
cuando estemos preparados... volveremos
a entrar.
Porque este
libro termina aquí.
EL
CAMINO, NO.

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