MADRE TIERRA
INTERROGA
LA ASTROLOGÍA
PLANETAS
1ª Parte y 2ª Parte
Cuando la astrología vuelve a ser preguntada
Durante
siglos, la astrología ha preguntado.
Ha
preguntado al cielo por el ser humano.
Ha observado
los movimientos de los astros, ha buscado correspondencias, ha reunido
experiencias, ha construido símbolos y ha transmitido interpretaciones de generación
en generación.
Y gracias a
ese largo recorrido ha llegado hasta nosotros un inmenso patrimonio de
observaciones, intuiciones, asociaciones y conocimientos.
Pero quizá
haya llegado el momento de realizar una pregunta distinta.
No para
negar todo lo anterior.
No para
sustituirlo.
No para
demostrar que estaba equivocado.
Sino para
volver a preguntar desde otro lugar.
Hasta ahora,
el ser humano miraba el cielo desde su propia historia. Y ese ser humano ya
vivía dentro de una civilización, una cultura, una moral, una economía, una
religión, una idea del poder, de la familia, del hombre, de la mujer, del
éxito, de la guerra y de la autoridad.
Era
inevitable que, al mirar los símbolos del cielo, también depositara sobre ellos
algo de sí mismo.
Eso no invalida
la astrología.
Pero nos
obliga a distinguir.
¿Qué
pertenece realmente al arquetipo?
¿Qué
pertenece a la función que representa?
¿Y qué pudo
ir añadiendo el ser humano durante siglos?
Ésa es la
pregunta que abre este libro.
Madre Tierra
no viene a confirmar la astrología.
Tampoco
viene a destruirla.
La
interroga.
La coloca
delante de aquello que hace posible toda vida y le pregunta:
¿Qué función
cumples?
¿Qué
necesidad vital atiendes?
¿Qué aportas
al conjunto?
¿Qué ocurre
si faltas?
¿Qué ocurre
si ocupas más lugar del que te corresponde?
¿Y qué parte
de todo lo que hemos dicho sobre ti pertenece realmente a tu función y qué
parte puede haber sido añadida por nuestra propia historia?
Ésta no es
una investigación contra la astrología.
Es una
investigación que acepta la posibilidad de que la astrología tenga todavía
cosas que descubrir sobre sí misma.
Si un
símbolo representa una función real de la vida, esa función debería poder
reconocerse antes de sus vestidos culturales.
Y si una
interpretación no responde a las preguntas de la vida, tampoco será arrojada a
la basura.
Será
estudiada.
Porque quizá
nos hable de la sociedad que la necesitó, de la época que la creó o de la
humanidad que la depositó sobre el símbolo.
Así, nada se
pierde.
Lo que
permanece después de la pregunta nos ayuda a buscar la función.
Lo que queda
fuera nos ayuda a comprender la historia humana.
Y tal vez
ésa sea una de las mayores riquezas de este trabajo.
Por primera
vez, no preguntamos solamente qué dice la astrología sobre nosotros.
Preguntamos
también qué hemos dicho nosotros sobre la astrología.
Y lo hacemos
desde un suelo común a todos:
la Vida.
La Tierra.
La
continuidad.
Desde ahí
comienza esta conversación.
Madre Tierra
pregunta.
La
astrología responde.
Y nosotros
tendremos que escuchar incluso aquello que no esperábamos encontrar.
Cambiar el punto de observación
Hay momentos
en los que una disciplina no necesita más datos.
Necesita
cambiar de lugar.
La
astrología ha acumulado durante siglos una enorme cantidad de observaciones,
símbolos, correspondencias y experiencias. Ha servido para pensar, para
orientarse, para comprender y, en muchas ocasiones, para acompañar a las
personas.
Sin embargo,
toda observación se realiza desde algún lugar.
Nadie mira
desde ninguna parte.
Cada época
observa con sus propios ojos.
Cada
sociedad formula sus preguntas.
Cada cultura
selecciona aquello que considera importante.
Y después,
casi sin darnos cuenta, terminamos creyendo que el símbolo siempre dijo
exactamente aquello que nosotros fuimos aprendiendo a leer en él.
Este libro
propone una operación sencilla, aunque sus consecuencias puedan ser profundas.
Antes de
preguntar qué significa un planeta, un signo o una casa, preguntaremos algo
anterior:
¿Qué función
de la Vida podría estar intentando describir?
No
empezaremos por Marte como guerra.
Ni por Venus
como amor.
Ni por
Saturno como castigo.
Ni por el
Sol como ego.
Ni por la
Luna como maternidad.
Esas
palabras no se niegan.
Se dejan a
un lado provisionalmente.
Primero
intentaremos descubrir qué necesidad vital existe antes de ellas.
Para ello se
construye un calibrador de doce preguntas.
No pretende
decidir si la astrología es verdadera o falsa.
Pretende
separar capas.
La capa
vital.
La capa
funcional.
La capa
humana.
La capa
histórica.
La capa
cultural.
Y después
volver a reunirlas, pero sabiendo qué lugar ocupa cada una.
Porque una
interpretación histórica no tiene por qué ser falsa.
Puede haber
sido extraordinariamente útil.
Puede
explicar perfectamente una sociedad, una época o una persona.
Pero quizá
no sea la raíz.
Y conocer la
raíz no obliga a destruir el árbol.
Al
contrario.
Permite
comprender cómo creció.
La primera
parte de esta obra construye ese instrumento.
La segunda
se atreve a utilizarlo.
Los planetas
van sentándose, uno a uno, delante de Madre Tierra.
No reciben
privilegios.
No se les
perdona nada.
Pero tampoco
se les acusa.
Se les
pregunta.
Y algo
empieza a ocurrir.
Palabras que
parecían definitivas comienzan a abrirse.
La guerra
puede esconder una función de defensa.
La autoridad
puede esconder una necesidad de estructura.
La relación
puede revelar una función de intercambio.
La identidad
puede empezar a entenderse como referencia a una unidad mayor.
Nada queda
decidido de antemano.
Ésa es
precisamente la condición de la investigación.
Este libro
no ofrece un nuevo diccionario astrológico.
Ofrece un
nuevo lugar desde el que mirar.
Y quizá, al
hacerlo, descubramos que algunas cosas de la astrología se sostienen con más
fuerza de la que imaginábamos.
Que otras
necesitan ser recolocadas.
Que algunas
pertenecen claramente a la historia humana.
Y que otras
quizá tengan que caer.
Si eso
ocurre, también habrá sido un resultado.
Porque el
objetivo no es tener razón.
El objetivo
es acercarnos un poco más a la función original de los símbolos.
Mirarlos
desde la Vida.
Desde
aquello de lo que todos dependemos.
Y comprobar
qué queda cuando la astrología vuelve a ser preguntada.
Después de preguntar
Al terminar
este recorrido no encontramos una astrología destruida.
Tampoco
encontramos una astrología confirmada.
Encontramos
algo más interesante.
Una
astrología que ha tenido que responder.
Ésa era la
condición desde el principio.
No veníamos
a demostrar que los antiguos tenían razón.
Ni a
demostrar que estaban equivocados.
Veníamos a
preguntar qué ocurre cuando los símbolos son confrontados con las necesidades
que hacen posible la Vida.
Y la
respuesta no ha sido uniforme.
Algunas
interpretaciones parecen conservar un núcleo funcional debajo de siglos de
palabras añadidas.
Otras
muestran claramente el peso de las sociedades que las formularon.
Y algunas
quedan abiertas, esperando nuevas preguntas.
Eso no es
una debilidad.
Es quizá el
resultado más honesto de una investigación.
Porque un
símbolo no se vuelve más verdadero por repetirlo durante siglos.
Ni se vuelve
falso por ser antiguo.
Tiene que
poder responder desde aquello que pretende representar.
La gran
sorpresa de este trabajo quizá no sea lo que hemos descubierto sobre Marte,
Venus, Saturno, Mercurio, la Luna o el Sol.
Tal vez sea
lo que hemos descubierto sobre nosotros.
Al interrogar
los arquetipos hemos empezado a ver cuánto de nuestra propia historia habíamos
depositado sobre ellos.
Guerras.
Jerarquías.
Matrimonios.
Profesiones.
Prestigios.
Miedos.
Esperanzas.
Cada época
dejó algo.
Y ese algo
también merece ser comprendido.
Porque no es
basura.
Es historia
humana.
Así, el
camino no termina separando lo original de lo añadido.
Termina
aprendiendo a ubicarlos.
La función
vital puede ayudarnos a comprender qué había debajo.
La historia
puede ayudarnos a comprender cómo llegamos hasta aquí.
Y ambas
cosas son necesarias si queremos seguir avanzando sin negar el camino
recorrido.
Quizá la
astrología del siglo XXI no necesite acumular más significados.
Quizá
necesite, antes que nada, recuperar la pregunta.
Preguntar
qué función describe.
Qué
necesidad atiende.
Qué aporta.
De qué
depende.
Qué
facilita.
Qué ocurre
cuando falta.
Qué sucede
cuando domina.
Y cómo
coopera con el resto de la unidad.
Si continúa
respondiendo a esas preguntas, tendrá algo sólido que ofrecer.
Y si alguna
parte no responde, tampoco será una derrota.
Será una
invitación a volver a mirar.
Porque eso
es, en el fondo, lo que ha hecho Madre Tierra durante todo este libro.
No ha
dictado sentencia.
Ha
preguntado.
Y quizá ésa
sea la mejor manera de cuidar una tradición:
no repetirla
ciegamente,
no
destruirla apresuradamente,
sino
acompañarla hasta que pueda volver a decirnos qué permanece de ella cuando la
contemplamos desde la Vida.


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