Una función puede ser necesaria para la Vida y, al pasar por el constructo, encontrar una manifestación que llegue incluso a actuar contra la Vida.
Sí. Y aquí aparece algo que las 12 preguntas van a tener que detectar con muchísimo cuidado: una función puede ser necesaria para la Vida y, al pasar por el constructo, encontrar una manifestación que llegue incluso a actuar contra la Vida.
Con Marte,
provisionalmente, podemos verlo muy claro.
Si debajo encontramos algo como:
SEPARAR — CORTAR
— DEFENDER — INTERVENIR — MOVILIZAR — DETENER esas funciones no son
contrarias a la vida. La
vida las necesita.
Un organismo
tiene que distinguir lo propio de lo ajeno. Tiene que defender su integridad.
Hay procesos que terminan para que otros continúen. Una planta pierde partes.
Un animal se defiende. Un organismo elimina material. Vida no significa
conservar absolutamente todo indefinidamente.
Pero entonces
entra el constructo humano y puede producir una operación tremenda:
DEFENDER LA VIDA
↓
DEFENDER LO MÍO
↓
DEFENDER MI GRUPO
↓
DEFENDER MI TERRITORIO
↓
DEFENDER MI PODER
↓
EL OTRO AMENAZA
↓
ATACAR
↓
DESTRUIR
↓
MATAR
Y al final
seguimos utilizando una palabra inicial —defensa—
para justificar algo que ha recorrido una distancia enorme desde aquella
función. ¡Ahí las doce preguntas
tienen muchísimo trabajo!
Porque Marte
= guerra podría contener un
vestigio de una función vital auténtica, pero llevada por el
constructo a una manifestación extrema.
Entonces no
tenemos que decir: GUERRA → FUERA.
Tenemos que
seguir el hilo: ¿QUÉ FUNCIÓN ORIGINAL ESTÁ UTILIZANDO
LA GUERRA?
Y después: ¿EN
QUÉ MOMENTO ESA FUNCIÓN CAMBIÓ DE ESTAMENTO?
Ahí aparece
algo que me parece importantísimo para nuestro método: UNA
FUNCIÓN PUEDE INVERTIRSE.
Puede
comenzar sirviendo a la continuidad y terminar utilizando sus propias
capacidades contra
aquello que inicialmente protegía. Y eso es un termómetro magnífico. Porque entonces la pregunta 12:
«¿Cómo
participa en sostener, equilibrar o continuar la Vida?» no es una pregunta decorativa. Puede detectar la inversión funcional. Por ejemplo:
DEFENSA → protege integridad
→ compatible con continuidad.
Pero:
DESTRUCCIÓN ILIMITADA → deteriora las
condiciones de continuidad → la función ha entrado en contradicción con su
suelo.
Y ahí ya sabemos: esto
no puede pertenecer al núcleo original en el mismo sentido.
Es una derivación, una
utilización, una decantación —como dices— producida dentro de determinadas
circunstancias del constructo.
Pero haría
una precisión a tu «fuera de él no puede», porque nos ayudará cuando hagamos el
análisis riguroso: en la naturaleza sí existen muerte, depredación, competencia,
destrucción de tejidos, eliminación y conflicto por recursos. No conviene
idealizar Madre Tierra como un lugar donde nada mata a nada.
La
diferencia decisiva quizá esté en otra parte: la
naturaleza mata, pero no construye una ideología de la guerra.
Un
depredador mata para alimentarse. Un organismo elimina células. Una especie
compite por recursos. Eso pertenece a dinámicas de sistemas vivos.
Pero
conceptos como honor
militar, conquista imperial, enemigo político, gloria bélica, guerra santa,
frontera nacional, etc., pertenecen ya a elaboraciones humanas
muchísimo más complejas.
¡Y
precisamente por eso necesitamos las doce preguntas! Nos impedirán hacer trampas en las dos direcciones: ni justificar la guerra diciendo «la
naturaleza también mata», ni
fabricar una Madre Tierra idílica donde no existen muerte, corte, competencia o
destrucción.
Tenemos que
encontrar la función
exacta. Y quizá
Marte sea un primer interrogado extraordinario precisamente por eso.
Porque puede
obligarnos a distinguir: MATAR PARA VIVIR
de
ORGANIZAR
LA DESTRUCCIÓN COMO CONSTRUCCIÓN HUMANA.
No son lo
mismo. Y todavía hay algo
fascinante: Marte =
guerra quizá no sea basura astrológica en absoluto.
Puede ser
una hoja caída extraordinariamente valiosa porque nos muestra hasta dónde puede desviarse o
amplificarse una función cuando entra en el constructo humano.
Entonces
Marte nos enseñaría dos cosas simultáneamente:
MARTE
RAÍZ:
capacidad funcional necesaria.
MARTE
DERIVADO:
historia de las formas humanas que esa capacidad pudo adoptar.
Y después
viene nuestro siglo XXI: ¿QUÉ NUEVOS CAUCES PUEDE ENCONTRAR ESA
POTENCIA SIN NECESITAR LA GUERRA?
Ahí sí que
estamos haciendo algo nuevo. No
castramos a Marte.
Le
devolvemos toda su fuerza y le preguntamos dónde puede fecundar sin tener que
destruir aquello de lo que también depende.
Y ésa puede
ser una de las primeras grandes respuestas que nos den las doce preguntas.
Sí. Ésa
es exactamente la disciplina que necesitamos para las 12 preguntas: no dejarnos
hipnotizar por la cantidad de manifestaciones que el constructo puede producir.
Porque el
constructo humano tiene una capacidad extraordinaria: puede crear algo, ponerle
nombre, repetirlo, transmitirlo, institucionalizarlo y conseguir que tenga efectos completamente reales sobre las
personas.
Pero hay que
distinguir dos cosas: que algo produzca efectos reales
no significa necesariamente que la
entidad o explicación que hemos construido sea real fuera de ese sistema.
Tu rana es
perfecta. Una cultura podría
establecer: «Si la rana salta tres veces a la
izquierda y dos a la derecha, anuncia un meteorito.»
Puede
escribirse. Puede enseñarse. Puede haber especialistas en interpretar
saltos de rana. Puede producir miedo. Puede cambiar conductas. Puede incluso provocar que miles de
personas hagan determinadas cosas.
Los
efectos sociales serían reales.
Pero eso no
demostraría ninguna relación causal entre los saltos de la rana y el meteorito. Y aquí tenemos que ser especialmente
exigentes con la astrología, precisamente porque la queremos investigar
seriamente.
LAS 12 PREGUNTAS NO DEBEN DEMOSTRAR LA
ASTROLOGÍA.
Deben
intentar encontrar qué
correspondencias funcionales podemos formular entre el lenguaje astrológico y
los procesos de la vida, y cuáles son añadidos simbólicos,
históricos o culturales.
Y aun
encontrando una correspondencia hermosa —por ejemplo Marte/defensa— hay que
mantener una distinción importante: encontrar defensa en la naturaleza no
demuestra por sí mismo que Marte cause o represente objetivamente la defensa
humana.
Eso
requeriría otra clase de evidencia.
Pero para nuestro propósito actual ya habremos conseguido muchísimo: hemos
limpiado el concepto astrológico.
Podremos
decir: «Si utilizamos Marte como
arquetipo funcional, éste es el núcleo que parece coherente con procesos
necesarios de lo vivo; estas otras manifestaciones pertenecen al desarrollo
humano posterior.»
Eso ya es
una revolución en cómo
interpretar, aunque todavía no sea una demostración científica
de la astrología.
Y respecto a
esos grandes «fantasmas» del constructo que dices, haría exactamente la misma
separación. Una frontera nacional es
construcción humana.
Pero intenta
atravesarla sin documentación y descubrirás que sus consecuencias son perfectamente reales. El dinero es una construcción humana. Pero no tenerlo dentro de una sociedad
monetizada produce consecuencias reales.
Un prestigio social es construido.
Pero perderlo puede transformar relaciones reales.
Por tanto: CONSTRUIDO ≠ INEXISTENTE.
La
formulación más precisa sería: EXISTE DENTRO DE UN DETERMINADO NIVEL DE
REALIDAD HUMANA,PERO NO POR ELLO ES UNA EXIGENCIA FUNDAMENTAL DE LA VIDA.
¡Eso es
justamente UBICAR! Y entonces tu vela funciona
maravillosamente como metáfora metodológica.
Hay
construcciones enormes que parecen ocupar todo el horizonte mientras
permanecemos dentro de ellas.
Encendemos
una pequeña vela: ¿DE QUÉ DEPENDE ESTO?
Y después:
¿QUÉ NECESIDAD VITAL ATIENDE?
¿QUÉ FUNCIÓN CUMPLE?
¿EXISTE ESA FUNCIÓN FUERA DEL CONSTRUCTO?
¿QUÉ PARTE ES FUNCIÓN Y QUÉ PARTE ES LA FORMA
HUMANA QUE ADQUIRIÓ?
Y empiezan a
aparecer los muebles de la habitación.
No
necesariamente desaparece el fantasma.
Descubrimos de
qué está hecho. Y
ésa es exactamente la tarea que tenemos ahora con la astrología:
NO BUSCAR MADRE TIERRA DENTRO DE LA
ASTROLOGÍA.
Sino:
BUSCAR QUÉ PARTE DE LO ASTROLÓGICO ENCUENTRA
UN PARALELO FUNCIONAL EN MADRE TIERRA.
Todo lo
demás permanece como material humano y astrológico para una segunda
investigación. Así evitamos la rana,
Carlos.
Porque si
nosotros mismos empezamos a encontrar correspondencias en todas partes, fabricaremos otra astrología dentro de
la caja.
Las 12
preguntas tienen que hacer justamente lo contrario: obligarnos
a decir NO SÉ cuando no sabemos. Y
ésa quizá sea la vela más potente de todas.
Sí. Y
Neptuno sería una prueba magnífica precisamente porque no nos asusta que el resultado
sea CERO. Ahí
demostraríamos que las 12 preguntas no
están construidas para salvar a la astrología.
Imaginemos
el experimento extremo: NEPTUNO ANTE MADRE TIERRA
Pasamos las
doce preguntas y no encontramos ninguna función imprescindible para sostener o
continuar la Vida.
Ninguna. Eso sería un resultado
extraordinariamente interesante.
No
concluiríamos: «Neptuno no existe.»
El planeta
existe, naturalmente. Tampoco:
«Todo
lo dicho astrológicamente sobre Neptuno es falso.» Diríamos algo mucho más preciso:
«No
hemos encontrado, con este instrumento, una función vital fundamental que
justifique colocar el arquetipo astrológico Neptuno en el primer estamento.» Y entonces... ¡Neptuno no desaparece!
CAMBIA
DE MESA. Y abrimos todo lo que
el constructo ha relacionado con él: idealización,
disolución, fantasía, confusión, misticismo, evasión, sacrificio, inspiración,
engaño, trascendencia, sensibilidad, intoxicación, fusión...
Y ahora
tendríamos delante una pregunta apasionante:
¿POR QUÉ EL CONSTRUCTO HUMANO HA
NECESITADO TANTO A NEPTUNO?
¡Eso puede
resultar incluso más
interesante que haberlo hecho pasar!
Porque quizá
descubriríamos —es sólo una hipótesis que habría que investigar— que Neptuno no
describe una función primaria de la Vida, sino determinadas posibilidades que aparecen en una conciencia
humana capaz de representar, imaginar, creer, idealizar, escapar, simbolizar o
construir realidades compartidas.
Entonces
Neptuno podría ser enormemente importante...
pero en otro
estamento.
Y ahí aparece exactamente lo que llevamos
toda la mañana diciendo:
IMPORTANCIA
≠ FUNDAMENTALIDAD VITAL.
Una cosa puede ser importantísima para el
humano construido y no ser condición fundamental para que la Vida continúe.
Ahora bien,
yo no anticiparía que Neptuno «no ayuda para nada a la vida». Precisamente
porque entonces estaríamos contaminando el experimento antes de empezarlo. Quizá al hacer las preguntas aparezca algo
inesperado.
Por ejemplo,
podríamos preguntarnos si algunas funciones que tradicionalmente hemos colocado
bajo Neptuno esconden procesos más elementales: permeabilidad, disolución de
límites, integración en sistemas mayores, sensibilidad al medio... Pero no debemos adjudicárselos
todavía.
Que responda
Neptuno. Y si no responde: CERO. Magnífico.
Eso incluso
validaría la utilidad del instrumento, porque demostraría que no todos los arquetipos tienen por qué
obtener la misma puntuación ni pertenecer al mismo nivel.
Y ahí puede
aparecer una cosa enorme para la astrología.
Quizá después de pasar todos los planetas encontremos: PLANETAS
CON FUNCIÓN VITAL FUNDAMENTAL
otros con: FUNCIÓN
VITAL SECUNDARIA O DERIVADA
otros: ARQUETIPOS
PRINCIPALMENTE DEL CONSTRUCTO HUMANO
y otros: NO
UBICADOS — SEGUIR INVESTIGANDO.
¡Eso sería
mucho más interesante que obligar a los diez planetas a quedar igual de bien!
Y además nos
permitiría entender por qué algunos símbolos astrológicos parecen tan cercanos
a funciones elementales y otros requieren enormes edificios intelectuales para
explicarlos. Ahí está tu observación
sobre Neptuno.
Si
necesitáramos cuatro
páginas de filosofía para conseguir que Neptuno pase una pregunta sencilla,
cuidado.
Madre Tierra
no necesita una conferencia para explicar por qué hace falta agua. Hace
falta.
No necesita
veinte páginas para demostrar que un organismo necesita intercambio con el
medio. Lo necesita.
Por eso
nuestro termómetro debería premiar precisamente la evidencia funcional sencilla, no la
habilidad intelectual del astrólogo para construir una justificación.
Ésta puede ser una regla importantísima:
CUANTO MÁS
RAZONAMIENTO NECESITEMOS PARA HACER PASAR UN ARQUETIPO,
MÁS SOSPECHA DE QUE
SOMOS NOSOTROS QUIENES LO ESTAMOS EMPUJANDO.
¡Eso sí que
protege el experimento! Y entonces
Neptuno puede darnos un resultado 12/12, 5/12, 1/12 o 0/12. Nos
da igual.
Porque
cualquiera de esos resultados nos enseña algo. Y si fuera 0/12 pero 100/100 dentro del constructo humano,
habríamos descubierto algo formidable:
UN
ARQUETIPO PUEDE SER POBRÍSIMO COMO DESCRIPTOR DE UNA FUNCIÓN VITAL FUNDAMENTAL
Y EXTRAORDINARIAMENTE RICO COMO MAPA DE CONSTRUCCIONES HUMANAS.
Eso no
destruye a Neptuno. Por primera vez sabríamos dónde
colocarlo. Y ése,
como acabas de decir, es exactamente el resultado que estamos buscando.
Sí. Y ahora aparece una distinción muy
importante: la libertad
humana no queda negada por la dependencia. Precisamente puede desplegarse
porque primero existe un soporte que la hace posible.
Nuestra
fórmula: P(::::) = TODO Y UNIDAD nos obliga a no sacar al humano del
conjunto.
Pero dentro
de esa pertenencia ocurre algo extraordinario: el humano puede producir un segundo mundo.
Lenguaje,
dinero, leyes, empresas, fronteras, títulos, prestigio, profesiones, horarios,
instituciones, religiones, teorías, símbolos, astrología, sistemas
psicológicos, tecnologías... Todo ello
puede llegar a formar un universo humano de una complejidad gigantesca.
Y muchas de
esas construcciones han sido magníficas
soluciones. No debemos caer ahora en la ingenuidad inversa de
pensar:
NATURAL
= BUENO CONSTRUIDO = MALO. No.
El
constructo ha permitido cooperación a escalas enormes, transmisión del
conocimiento, medicina, ciencia, ciudades, comunicaciones, protección, arte...
El
descubrimiento nuevo es mucho más sencillo:
TODO ESE MUNDO PARALELO SIGUE
DEPENDIENDO.
Podemos
olvidarlo durante siglos. Podemos
comportarnos como propietarios absolutos.
Podemos poner precio al suelo, al agua, a los alimentos. Podemos incluso vivir cincuenta años
prácticamente sin pensar de dónde viene aquello que nos mantiene vivos.
Pero
la dependencia continúa intacta. Y aquí entra lo que
tú llamas desarrollo de conciencia. Quizá
hemos llegado a un momento en que el humano puede hacer una operación que antes
era muchísimo más difícil:
SALIR MENTALMENTE DE UNA PARTE DE SU PROPIO
CONSTRUCTO
Y CONTEMPLARLO COMO
CONSTRUCCIÓN.
Y decir: «¡Un
momento! Esto lo hicimos nosotros.» Eso
es enorme. Porque inmediatamente
aparece una consecuencia:
SI LO HICIMOS
NOSOTROS, PODEMOS REVISARLO
NOSOTROS.
No todo. No de cualquier manera. No sin consecuencias. Pero deja de ser una especie de ley de la naturaleza. Y entonces las 12 preguntas adquieren
otra utilidad gigantesca. Ante
cualquier construcción humana que parece inevitable:
¿Qué necesidad original atendía?
¿Continúa existiendo esa necesidad?
¿La solución continúa cumpliendo su función?
¿Qué coste produce ahora?
¿De qué depende para mantenerse?
¿Está perjudicando aquello de lo que ella
misma depende?
¿Puede modificarse?
¿Hay hoy otra posibilidad que cuando nació no
existía?
Ahí está el
siglo XXI.
Porque una
solución creada en el siglo XII, XVIII o XX pudo ser extraordinaria en su momento. No necesitamos insultarla desde 2026. Preguntamos: ¿SIGUE
SIÉNDOLO?
Y puede
ocurrir algo todavía más interesante: que conservemos la necesidad pero
cambiemos completamente la solución. Ese
es el verdadero margen de libertad.
LO
SUPERFLUO TAMBIÉN PUEDE HABER SIDO NECESARIO ALGUNA VEZ Esto
que señalas me parece particularmente importante.
Algo puede
parecernos hoy completamente superfluo y, sin embargo, haber surgido porque resolvía una necesidad real en determinadas
condiciones.
Después las
condiciones cambian. Pero la
solución queda. Se institucionaliza. Se enseña. Se hereda. Se
convierte en costumbre.
Después
nadie recuerda exactamente qué problema resolvía. Y finalmente aparece como: «LAS
COSAS SON ASÍ.» ¡Ahí
necesitamos el desatascador! ALTO.
Madre Tierra
pregunta: ¿Para qué estaba esto?
Y quizá
descubrimos: NECESIDAD: sigue existiendo.
SOLUCIÓN: ha envejecido.
Entonces no
destruimos. ACTUALIZAMOS EL CAUCE.
O: NECESIDAD: desapareció.
SOLUCIÓN: continúa
funcionando por inercia.
Entonces
podemos estudiar cómo soltarla.
O: NECESIDAD Y SOLUCIÓN: continúan siendo magníficas.
Entonces las
conservamos con mucha más conciencia.
Y hay una
cuarta posibilidad maravillosa: la solución antigua contiene algo
fértil que podemos reutilizar de una manera completamente nueva.
Otra vez las
hojas del árbol. Nada se tira
automáticamente. Y aquí la libertad
adquiere otra dimensión Libertad ya
no sería solamente:
«PUEDO
HACER LO QUE QUIERA.» Sería algo bastante
más maduro:
PUEDO
RECONOCER QUÉ HE CONSTRUIDO.
PUEDO COMPRENDER POR QUÉ
LO CONSTRUÍ.
PUEDO VER DE QUÉ
DEPENDE.
PUEDO COMPROBAR SI
TODAVÍA SIRVE.
Y PUEDO PARTICIPAR EN SU
TRANSFORMACIÓN.
Eso sí es
una capacidad extraordinaria del humano.
Porque la
rana no puede convocar un congreso y revisar el sistema social de las ranas. Nosotros podemos mirar una institución de
hace quinientos años y decir:
«Gracias.
Cumpliste una función. Ahora veamos si necesitamos otra forma.»
Y quizá ésta
sea una de las consecuencias más profundas de VOLVER A MIRAR:
NO SALIMOS DEL CONSTRUCTO PARA ABANDONARLO.
SALIMOS PARA PODER VOLVER A ENTRAR
CONSCIENTEMENTE.
¡Ésa es la
operación! Porque tenemos que vivir
dentro de construcciones humanas. No vamos a dejar de utilizar lenguaje,
dinero, instituciones, tecnología, normas, ciudades... Pero ahora podemos regresar sabiendo:
ESTO
ES NUESTRO.
LO HEMOS CONSTRUIDO.
PUEDE SER EXTRAORDINARIO.
PUEDE NECESITAR REFORMA.
NO ES MADRE TIERRA.
Y DEPENDE DE MADRE
TIERRA.
Eso coloca
al constructo en un lugar muchísimo más digno, no menos.
Deja de
pretender ser señor de
la realidad y vuelve a ser una de las grandes creaciones de una
especie que vive dentro de ella. Y
entonces nuestra fórmula no aplasta la libertad:
P(::::) =
TODO Y UNIDAD,
de
hecho: TODO y UNIDAD = POSIBILIDADES (::::) la
sitúa.
El humano
puede construir mundos. Puede
llenarlos de posibilidades. Puede equivocarse. Puede corregirlos. Puede crear otros.
Pero
nunca deja de estar montado en el planeta mientras lo hace. Y quizá esa última frase sea la vela
que necesitábamos:
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