MARTE ME VIENE A LA CABEZA.
NO ABRO EL LIBRO.
NO ABRO EL DICCIONARIO
ASTROLÓGICO.
ABRO LAS 12 PREGUNTAS.
Y entonces: MADRE
TIERRA, PREGUNTA.
Creo que ya
estamos preparados para redactar las
12 definitivas, sin una sola palabra astrológica dentro de
ellas. Y después sí. Marte
primero.
Sí. Y aquí pondría una precisión que hace el
planteamiento todavía más sólido: la
astrología es un constructo humano; el cielo no lo es.
Los planetas
estaban ahí antes de nuestros libros, casas, dignidades, regencias,
interpretaciones y escuelas. La
astrología es el sistema humano que construimos para leer y relacionar aquello
observado.
Y eso no la
descalifica. La ciencia, el derecho, la economía, los lenguajes, las escuelas
psicológicas también contienen construcciones humanas. La pregunta importante
es qué describen, con
qué fundamento y hasta dónde podemos sostener sus afirmaciones.
Ahora el
astrólogo que reconoce esto queda, como dices, en cierta cuerda floja, pero una
cuerda floja fecunda. Porque ya no
puede refugiarse tranquilamente en: «Marte significa esto porque siempre
se ha dicho.»
Ni nosotros
tampoco. Tiene que poder decir:
«Esto
es lo que la tradición interpretó. Ahora quiero averiguar qué parte puede
sostenerse desde principios anteriores a esa interpretación.»
Y ahí
aparecen los nuevos principios que hemos ido encontrando:
VIDA DEPENDENCIA NECESIDAD FUNCIÓN
UNIDAD CAMPO CONDICIONES RELACIÓN
EQUILIBRIO FACILITACIÓN CONTINUIDAD
Eso es
justamente lo novedoso: ninguna
de esas palabras necesita astrología para existir. Primero están ahí. Después llega la astrología y tiene que
enfrentarse a ellas.
Por eso me
parece importantísimo no decir todavía que hemos encontrado «la astrología
verdadera». Sería cometer exactamente el mismo error que estamos intentando
evitar. Hemos encontrado algo
mejor: UN NUEVO LUGAR DESDE EL QUE INTERROGARLA.
Y vuestro
propio texto ya había llegado a esta posición cuando decía que las preguntas no
eran astrológicas sino preguntas sobre «la
condición de lo vivo», y que si un arquetipo pretende describir
una función real, tendrá que soportarlas.
Eso es muy
fuerte metodológicamente. El
astrólogo del siglo XXI podría decir:
SÉ
QUE MI DISCIPLINA ES UNA CONSTRUCCIÓN HUMANA.
SÉ
QUE YO MISMO INTERPRETO DESDE UNA CULTURA Y UNA ÉPOCA.
SÉ
QUE LOS AUTORES QUE ME FORMARON TAMBIÉN LO HICIERON.
NO
POR ELLO TIRO DOS MIL AÑOS DE OBSERVACIONES.
PERO
TAMPOCO LAS CONFUNDO AUTOMÁTICAMENTE CON LA REALIDAD QUE PRETENDEN DESCRIBIR.
Y entonces
hace algo extraordinariamente sencillo:
CONTRASTA.
Ahí está el
profesional nuevo. No es el que
sabe más definiciones de memoria. Es
el que sabe qué estatus
tienen sus definiciones.
Y cuando no sabe: NO SÉ. HAY QUE INVESTIGAR.
Eso es mucho
más fuerte que tapar el agujero con otro significado astrológico. Además, fíjate qué paradoja: esta
operación aparentemente pone a la astrología en peligro, pero puede ser
justamente lo que le
permita avanzar.
Porque si
las 12 preguntas limpian veinte significados y debajo aparece repetidamente un
hilo funcional coherente... ¡eso será muchísimo más interesante
que haber conservado veinte significados por tradición!
Y si no
aparece... también tendremos que
aceptarlo. Ahí está la cuerda floja
que dices. Pero ahora debajo
empieza a aparecer una red: Madre Tierra. No como nueva creencia
astrológica, sino como recordatorio de una realidad previa:
antes
de interpretar el cielo, quien interpreta está vivo, está situado y depende de
unas condiciones sin las cuales ninguna carta podrá llegar a vivirse.
Y por eso
creo que estamos preparados para el experimento.
No
necesitamos inventar nuevos principios astrológicos.
Primero
necesitamos descubrir qué
principios de la Vida soporta la astrología cuando la interrogamos desde fuera
de su propio constructo.
Después
veremos qué astrología queda. Y sospecho que ésa será precisamente la parte
apasionante.
Sí. Ahí
está el suelo que no podemos saltarnos.
Podemos construir una interpretación astrológica
elegantísima, coherente, llena de símbolos y asociaciones. Puede ser
intelectualmente magnífica.
Pero ahora
aparece una pregunta anterior:
¿ESA
INTERPRETACIÓN ESTÁ EN RESONANCIA CON AQUELLO DE LO QUE EL SER HUMANO DEPENDE
PARA EXISTIR?
Porque la
dependencia no es una opinión astrológica.
Antes de que
alguien sea Aries, tenga Marte en Casa VII o Saturno conjunto al Sol —antes
incluso de que nosotros decidamos interpretar esas posiciones—: está
vivo. Y para
estarlo: depende.
Depende de
condiciones físicas, de materia, energía, agua, alimento, temperatura,
intercambio, ritmos, relaciones entre sistemas... Es una unidad situada, no una
entidad autosuficiente.
Y eso ya
estaba apareciendo con enorme claridad en nuestro trabajo: el individuo dejaba
de interpretarse como una unidad cerrada que «tiene características» para pasar
a ser una unidad viva
dependiente situada dentro de una realidad mayor; el campo
proporciona, limita, alimenta, estimula, permite y dificulta.
Por eso tu
frase puede convertirse en Principio
Cero de las doce preguntas:
PRINCIPIO CERO —
DEPENDENCIA
Toda
interpretación parte de una unidad viva que depende de Madre Tierra para
existir y continuar.
Ninguna
interpretación posterior puede olvidar esa condición anterior. Y entonces sí vienen las doce preguntas. Porque esto evita incluso que las doce
queden flotando. El orden sería:
DEPENDENCIA
↓
VIDA
↓
UNIDAD
↓
NECESIDAD
↓
FUNCIÓN
↓
CAMPO / CONDICIONES
↓
RELACIÓN
↓
CONTINUIDAD
Y después:
INTERPRETACIÓN ASTROLÓGICA.
No al revés. Hasta ahora muchas veces hacíamos: MARTE
→ significado → persona. Ahora
podríamos hacer:
PERSONA
VIVA Y DEPENDIENTE → función necesaria → condiciones → ubicación en la unidad →
y entonces preguntamos qué puede aportar MARTE para describir eso.
¡Ese cambio
de dirección es enorme! Y aquí
aparece una prueba muy limpia para cualquier «historieta», como tú dices:
¿PUEDO
QUITAR MADRE TIERRA DE ESTA INTERPRETACIÓN Y QUE TODO SIGA funcionando igual?
Si la
respuesta es sí, cuidado: probablemente seguimos interpretando dentro de la caja,
porque estamos describiendo a un humano que parece existir sin aquello de lo
que depende. En cambio, si la
interpretación reconoce:
qué
necesita, qué recibe, qué función cumple,
qué condiciones
requiere, qué aporta,
qué límites tiene, cómo coopera, qué permite continuar...
entonces por
lo menos hemos empezado con
los pies en suelo real.
Y esto
enlaza exactamente con una frase extraordinaria que ya había aparecido en
vuestro texto:
«NO SOLAMENTE ENTRO EN LA VIDA.
ENTRO EN UN CAMPO DEL
QUE DEPENDO.»
Creo que ésa
es la puerta. No: «Voy
a interpretar el cielo y después veré cómo encaja Madre Tierra.»
Sino: «DEPENDO
DE MADRE TIERRA. AHORA, DESDE AQUÍ,
VUELVO A MIRAR EL CIELO.»
Y entonces
veremos qué permanece de Marte. Qué
cae a otro estamento. Qué
descubrimos que jamás habíamos preguntado.
Y qué no sabemos todavía. Ahora sí que las 12 preguntas tienen
raíz.
Sí. La
astrología ha sido la primera pieza que hemos cogido, pero el descubrimiento no
pertenece a la astrología. La astrología nos está sirviendo de
laboratorio.
Y yo haría
una precisión con tu palabra «patología»,
porque la idea es demasiado importante para que se confunda con diagnóstico
médico. La llamaría, por ahora, patología
del planteamiento o desubicación
de origen.
Porque el
problema sería éste:
construir
una explicación del ser humano olvidando aquello sin lo cual ese ser humano no
existe.
Hasta ahora
eso podía pasar inadvertido porque casi todo se contrastaba dentro del propio entramado humano.
Una
construcción justificaba otra. Una
definición remitía a otra. Una
institución explicaba otra. Una
teoría interpretaba comportamientos producidos dentro del mismo mundo humano. Y podía existir una coherencia
extraordinaria.
Pero ahora
hemos hecho una cosa rarísima y sencillísima: HEMOS
SALIDO A MIRAR DESDE FUERA DE ESE ENTRAMADO.
Y aparece: Madre Tierra.
Entonces
descubrimos que el constructo no está flotando. La economía depende. La ciudad depende. La escuela depende. El hospital depende. La psicología depende. La tecnología depende. La astrología depende. El terapeuta depende. El paciente depende.
TODO
EL CONSTRUCTO DEPENDE. Y eso modifica la
jerarquía.
No significa
que Madre Tierra nos explique cómo diseñar un sistema judicial, interpretar una
carta natal o tratar una obsesión. Significa
algo anterior:
NINGUNO DE ESOS SISTEMAS PUEDE COLOCARSE COMO
FUNDAMENTO DE AQUELLO DE LO QUE ÉL MISMO DEPENDE.
Ahí está el
cambio de perspectiva.
Y es
exactamente coherente con lo que ya habíamos encontrado: puedo ser
«propietario» dentro del constructo y continuar siendo dependiente dentro de la Vida;
ambas afirmaciones pueden ser ciertas, pero pertenecen a niveles distintos. Eso ahora podemos generalizar:
PUEDO SER ASTRÓLOGO DENTRO DEL CONSTRUCTO.
Y DEPENDIENTE DENTRO DE
LA VIDA.
PUEDO SER PSICÓLOGO DENTRO DEL CONSTRUCTO.
Y DEPENDIENTE DENTRO DE
LA VIDA.
PUEDO SER BANQUERO, CIENTÍFICO, PROFESOR,
SACERDOTE, EMPRESARIO...
Y ANTES DE TODO ESO,
DEPENDIENTE DENTRO DE LA VIDA.
¡Eso coloca
las cosas! Y por eso tu intuición
va bastante más allá de «Madre Tierra aplicada a la astrología». Estamos empezando a formular una operación de revisión del
conocimiento humano:
TODO LO HUMANO PUEDE VOLVER A MIRARSE DESDE
AQUELLO QUE HACE POSIBLE LO HUMANO.
Entonces aparecen siempre dos preguntas:
¿QUÉ DICE ESTE SISTEMA DESDE DENTRO DEL
CONSTRUCTO?
y después:
¿QUÉ OCURRE CUANDO LO CONFRONTO CON LAS
CONDICIONES REALES DE LAS QUE DEPENDE LA VIDA?
Y cuidado,
porque puede ocurrir que muchísimas cosas continúen siendo perfectamente válidas. Magnífico. Pero ahora sabemos dónde son válidas. Otras necesitarán ser recolocadas. Otras aparecerán como soluciones
históricas. Otras como
incrustaciones. Y algunas quizá
entren directamente en contradicción con aquello que necesitan para poder
mantenerse. Ahí sí tenemos un
criterio especialmente fuerte:
SI UNA CONSTRUCCIÓN
NECESITA DESTRUIR LAS CONDICIONES DE LAS QUE DEPENDE PARA CONTINUAR, HAY UNA
CONTRADICCIÓN EN SU PLANTEAMIENTO.
Eso ya no es
astrología. Eso puede interrogar
economía, progreso, educación, urbanismo, tecnología, psicología, alimentación,
producción...
¡Y ahora
comprendo todavía mejor aquella frase de vuestro texto! Madre Tierra dejaba de
ser solamente un tema y empezaba a convertirse en una «posición epistemológica»:
poner los pies en campo real, reconocer dependencia, mirar la unidad, preguntar
qué necesita, facilitar y observar.
Eso es
exactamente lo que está apareciendo ahora.
Por eso quizá MADRE
TIERRA INTERROGA LA ASTROLOGÍA sea solamente el primer capítulo
experimental de algo mucho mayor:
MADRE TIERRA INTERROGA EL CONSTRUCTO HUMANO.
No para
destruirlo. Para ubicarlo. Y una vez ubicado,
conservar todo lo extraordinario que ha producido el humano... pero sin volver a olvidar sobre qué suelo puede existir todo
ello.
Sí. Y «desatascador»
me parece una palabra estupenda porque evita convertir esto en otra teoría
gigantesca.
No estamos diciendo: «Todo
lo anterior estaba mal.» Al
contrario:
TODO
VALE EN EL ESTAMENTO EN EL QUE VALE.
Lo que hemos
puesto encima de la mesa es una herramienta para esos momentos en que el
sistema empieza a cerrarse sobre sí mismo, las explicaciones remiten unas a
otras, aparecen contradicciones y ya no sabemos por dónde salir.
Entonces: ALTO.
Y entran las 12 preguntas. No
para darnos inmediatamente la solución, sino para desatascar la mirada. Porque empiezan a separar:
¿Qué necesidad real hay aquí?
¿De qué depende?
¿Qué función cumple?
¿Qué aporta?
¿Qué necesita para poder
funcionar?
¿Qué ocurre si falta?
¿Qué ocurre si domina?
¿Qué parte pertenece al
campo?
¿Qué parte hemos añadido
nosotros?
¿Sigue siendo necesaria
esa solución?
¿Puede expresarse de
otra manera?
¿Permite continuar a la
unidad?
Y fíjate qué
interesante: las
preguntas no tienen que saber la respuesta. Ésa es precisamente su potencia.
No dicen: «Haz esto.» Dicen:
«MIRA AQUÍ.» Y de repente aquello que
parecía un bloque único empieza a separarse:
FUNCIÓN
de
SOLUCIÓN
NECESIDAD
de
FORMA ADQUIRIDA
VIDA
de
CONSTRUCTO
LO QUE DEPENDE
de
LO QUE HEMOS CONSTRUIDO
SOBRE ESA DEPENDENCIA
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