Construir astrología sabiendo que construimos
Planetas
enanos, asteroides y nuevos significados como oportunidad extraordinaria para observar el edificio mientras todavía
se está levantando.
Hasta ahora
hemos hecho arqueología. Hemos
intentado retroceder. Buscar capas. Autores.
Transmisiones. Cambios de
significado. Interpretaciones que quizá
comenzaron como hipótesis y terminaron llegando hasta nosotros como parte
establecida de la tradición. Pero con
algunos elementos de incorporación reciente ocurre algo completamente
diferente. No necesitamos excavar
siglos.
EL
EDIFICIO TODAVÍA SE ESTÁ LEVANTANDO.
Podemos
contemplarlo. Alguien propone. Otro prueba. Otro añade.
Otro discrepa. Aparecen casos. Libros.
Artículos. Cursos. Bases de datos. Programas astrológicos incorporan nuevos
cuerpos.
Y lentamente
comienza a formarse aquello que quizá dentro de cien años alguien recibirá
simplemente como: «ESTE CUERPO SIGNIFICA ESTO.» Estamos delante del ladrillo.
El cielo no
llega con el significado
Un objeto
astronómico puede ser descubierto, observado, catalogado y estudiado
físicamente. Pero su descubrimiento no
proporciona automáticamente un significado astrológico. Ésta es la primera separación. **DESCUBRIR
UN CUERPO ASTRONÓMICO NO ES
DESCUBRIR SIMULTÁNEAMENTE SU SIGNIFICADO ASTROLÓGICO.** Entre ambas cosas aparece un proceso humano. Y ahora tenemos la extraordinaria
oportunidad de observarlo.
Primero
aparece el objeto
Un nuevo
cuerpo entra en nuestro conocimiento astronómico. Tiene:
posición, órbita, periodo,
características físicas, historia
de observación, clasificación
astronómica. Ese objeto pertenece al mundo
que no hemos construido, aunque sus nombres, categorías y sistemas de
descripción sean humanos. Después llega
el astrólogo. Y pregunta: ¿TIENE ALGUNA RELEVANCIA ASTROLÓGICA? Ésta es todavía una
pregunta. No una respuesta. Conviene conservarla así el mayor tiempo
necesario.
Pero
inmediatamente aparece el nombre
Y el nombre
puede ser poderosísimo. Muchos
cuerpos menores reciben nombres procedentes de mitologías, personajes, lugares
u otras referencias culturales. Para
el astrólogo, ese nombre puede convertirse inmediatamente en una invitación
simbólica. Conocemos el relato. Leemos el mito. Aparecen asociaciones. Y quizá comenzamos a mirar cartas buscando
precisamente aquello que el nombre nos ha sugerido. Aquí podemos contemplar el primer gran
momento de construcción:
OBJETO
→ NOMBRE → RELATO → HIPÓTESIS DE SIGNIFICADO.
Pero el
nombre lo hemos puesto nosotros. El
mito pertenece a nuestra historia cultural.
La relación entre ambos no viene físicamente escrita sobre el objeto. Esto no impide utilizarla simbólicamente. Nos obliga a saber qué estamos haciendo.
El mito
puede abrir una puerta
No
necesitamos despreciarlo. Un mito
puede contener una extraordinaria condensación de experiencia humana. Puede sugerir preguntas. Ayudar a formular una hipótesis. Mostrar una estructura simbólica que
merezca ser explorada. Pero debemos
evitar un salto: SE LLAMA ASÍ por tanto: ASTROLÓGICAMENTE
SIGNIFICA ESO. Entre
ambas afirmaciones falta investigación. **EL
NOMBRE PUEDE SUGERIR LA PREGUNTA. NO
DEBERÍA DECIDIR POR SÍ SOLO LA RESPUESTA.** Ésta puede ser una regla
extraordinariamente útil cuando el edificio todavía está en obras.
Entonces
empiezan los casos
Tomamos
cartas. Buscamos posiciones destacadas
del nuevo objeto. Observamos
biografías. Acontecimientos. Relaciones.
Fechas. Quizá aparece algo. Quizá varios casos parecen señalar una
dirección. Entonces podemos decir: «ESTAMOS
OBSERVANDO ESTO.» Pero
aquí tenemos una oportunidad que con interpretaciones muy antiguas ya no
siempre podemos recuperar: PODEMOS
REGISTRAR DESDE EL PRINCIPIO CÓMO HEMOS OBSERVADO.
Qué casos
utilizamos. Por qué los elegimos. Qué buscábamos. Qué encontramos. Qué no encontramos. Qué hipótesis teníamos previamente. Qué cambió después. Qué casos parecieron contradecirla. Esto permite dejar planos junto al ladrillo.
Los casos
que no encajan también construyen conocimiento
Aquí podemos
introducir una disciplina fundamental. Cuando
un caso coincide con nuestra hipótesis, nos entusiasma. Natural.
Pero precisamente porque somos humanos necesitamos conservar también: LOS CASOS QUE NO ENCAJAN. Quizá nuestra hipótesis era
demasiado amplia. Quizá el significado
propuesto necesita modificación. Quizá
intervienen otras variables. Quizá la
asociación no existe. No lo sabemos
todavía. Pero si solamente conservamos
aquello que confirma el significado, estaremos construyendo una pared que cada
vez parecerá más sólida simplemente porque hemos apartado los ladrillos que no
encajaban.
El
significado empieza a condensarse
Después de
suficientes experiencias puede aparecer una palabra. Una raíz. Una función. Quizá varios investigadores converjan
parcialmente. Entonces podemos
formular: «PROPONEMOS QUE ESTE ELEMENTO PODRÍA
ESTAR RELACIONADO CON...» Magnífico. Ya tenemos una hipótesis transmisible. Pero la etiqueta debe permanecer pegada: PROPUESTA. No: PROPIEDAD DEMOSTRADA DEL OBJETO. La diferencia es enorme. Y quienes reciban nuestro trabajo dentro
de décadas agradecerán que no la hayamos borrado.
Aquí
nuestra gramática puede ayudar
En lugar de
acumular inmediatamente decenas de palabras alrededor del nuevo cuerpo, podemos
intentar preguntar: ¿QUÉ
MECANISMO ESTAMOS PROPONIENDO? O,
según la pieza del sistema: ¿QUÉ
FUNCIÓN? ¿Qué
raíz mínima creemos reconocer? Después
podremos estudiar manifestaciones. Porque
si comenzamos directamente con veinte acontecimientos humanos, podemos terminar
confundiendo la función con una colección de ejemplos. La operación sería: RAÍZ → MANIFESTACIONES POSIBLES y no: LISTA DE MANIFESTACIONES = RAÍZ.
El
asteroide puede convertirse rápidamente en personaje
Éste es un
riesgo especialmente interesante. Un
nombre mitológico invita a personificar.
Entonces el cuerpo comienza a comportarse en nuestro lenguaje casi como
el personaje del relato. «Hace esto.» «Provoca aquello.» «Trae esta experiencia.» Pero debemos detenernos. **¿ESTAMOS
HABLANDO DEL CUERPO ASTRONÓMICO, DEL
PERSONAJE MITOLÓGICO O DE NUESTRA
INTERPRETACIÓN ASTROLÓGICA?** Tres pisos. Pueden relacionarse dentro de un sistema
simbólico. Pero no deben fusionarse
sin advertirlo.
Y aparece
otro problema: hay muchísimos cuerpos
Ésta es una
pregunta especialmente fértil. Cuando
el número de objetos disponibles aumenta enormemente, también aumenta nuestra
capacidad de encontrar coincidencias interesantes. Cuantos más elementos incorporamos a una
carta, más relaciones potenciales aparecen.
Por eso necesitamos todavía mayor disciplina. No basta encontrar: «ESTE
ASTEROIDE ESTABA AQUÍ CUANDO OCURRIÓ ESTO.» Necesitamos preguntar
qué esperaríamos encontrar si la hipótesis fuera correcta y cómo
distinguiríamos esa asociación de una coincidencia. **CUANTAS MÁS POSIBILIDADES TENEMOS DE
ENCONTRAR ALGO, MÁS CUIDADOSOS
DEBEMOS SER AL DECIDIR QUÉ SIGNIFICA HABERLO ENCONTRADO.** Esto no impide investigar asteroides. Hace que la investigación pueda ser mejor.
Los
planetas enanos plantean otra oportunidad
Los cambios
en nuestro conocimiento astronómico también pueden obligarnos a revisar
categorías astrológicas heredadas. La
astronomía clasifica cuerpos según criterios propios de su disciplina. La astrología utiliza categorías simbólicas
construidas históricamente. No
tenemos por qué asumir que una reclasificación astronómica determine
automáticamente una modificación astrológica. Pero tampoco debemos ignorarla. La pregunta es más interesante:
¿QUÉ
PARTE DE NUESTRA CATEGORÍA ASTROLÓGICA DEPENDÍA DE UNA CLASIFICACIÓN
ASTRONÓMICA Y QUÉ PARTE DE SU FUNCIÓN DENTRO DEL SISTEMA?
Otra vez: NO
MEZCLAR PISOS.
La astronomía
debe poder revisar sus categorías según la evidencia y sus criterios
científicos. La astrología, si
utiliza esos objetos simbólicamente, tendrá que explicar qué está haciendo con
ellos.
El
descubrimiento de un nuevo cuerpo puede poner a prueba nuestra forma de
construir
Ésta quizá
sea su mayor utilidad para esta investigación. No necesitamos esperar a saber qué
«significa». Podemos observarnos a
nosotros mismos intentando significarlo.
¿Qué hacemos primero? ¿Miramos el nombre? ¿El mito?
¿La órbita? ¿La fecha de descubrimiento?
¿Los acontecimientos contemporáneos? ¿Cartas individuales?
¿Buscamos personajes cuyo nombre coincida?
¿Seleccionamos conjunciones? ¿Elegimos casos llamativos?
Cada
elección contiene ya una metodología. **ANTES
DE DESCUBRIR QUÉ SIGNIFICA EL NUEVO OBJETO, PODEMOS DESCUBRIR CÓMO CONSTRUIMOS
SIGNIFICADOS.** Y eso quizá sea
todavía más valioso.
Estamos
viendo nacer la tradición
Imaginemos
que una interpretación propuesta hoy tiene éxito. Otros astrólogos la encuentran útil. La citan.
Se traduce. Aparece en páginas
web. Después en cursos. En libros.
En programas. Alguien la
resume. Otro la amplía. Dentro de veinte años quizá sea habitual. Dentro de cincuenta: TRADICIÓN. Y dentro de cien: «SIEMPRE
SE HA INTERPRETADO...» Nosotros
podemos evitar esa pérdida. PODEMOS
DEJAR FECHA AL LADRILLO. Quién
lo propuso. En qué contexto. Con qué casos. Como qué tipo de afirmación. Qué dudas había. Qué modificaciones recibió. Eso sería una revolución silenciosa en la
transmisión.
Una
astrología con memoria de construcción
Imaginemos
un sistema donde cada nuevo significado conservara su genealogía. No solamente: QUÉ
SIGNIFICA. También:
CUÁNDO APARECIÓ ESTA INTERPRETACIÓN.
QUIÉN LA PROPUSO. EN QUÉ SE BASÓ.
QUIÉN LA MODIFICÓ. QUÉ OTRAS INTERPRETACIONES EXISTEN.
QUÉ PARTE ES SIMBÓLICA. QUÉ PARTE PRETENDE SER EMPÍRICA.
QUÉ SE HA CONTRASTADO. QUÉ SIGUE ABIERTO.
Entonces el
edificio conservaría los planos incorporados a sus paredes.
El
significado podría tener fecha de construcción
Esta idea
merece quedarse sola: FECHA DE
CONSTRUCCIÓN DEL SIGNIFICADO. No
del planeta. No del descubrimiento
astronómico. Del significado astrológico.
Son fechas
distintas. El objeto puede tener miles
de millones de años. Podemos
descubrirlo en determinado momento. Y
una interpretación astrológica concreta puede aparecer años después.
OBJETO
≠ DESCUBRIMIENTO ≠ SIGNIFICADO ATRIBUIDO.
Tres
historias diferentes. Esta separación
puede limpiar muchísimo nuestra investigación. También podríamos conservar las versiones ¿Por qué exigir que un arquetipo nazca
terminado? Podemos decir: VERSIÓN
1. Primera hipótesis. Después:
VERSIÓN 2. Casos posteriores obligan a
modificarla. VERSIÓN 3. Separamos una manifestación
cultural de una función más elemental.
Y así sucesivamente. Eso sería
completamente coherente con nuestra idea:
CONSTRUIR → CONTRASTAR → RECTIFICAR → VOLVER A CONSTRUIR. Una interpretación no
tendría que fingir que siempre estuvo completa. Podría mostrar su evolución.
El error
dejaría de ser vergonzoso
Ésta sería
una consecuencia preciosa. Si sabemos
que estamos construyendo hipótesis, descubrir que una no funciona no significa
haber fracasado. Significa haber
aprendido. Podemos decir:
«CREÍAMOS
ESTO.» «LOS CASOS POSTERIORES NO LO
SOSTUVIERON.» «LO MODIFICAMOS.» O incluso: «LO
ABANDONAMOS.»
UNA
ASTROLOGÍA QUE PUDIERA DESCARTAR UNA HIPÓTESIS HABRÍA GANADO UNA CAPACIDAD
EXTRAORDINARIA DE APRENDER.
Porque la
realidad conservaría el derecho a responder.
Y aquí la inteligencia artificial
puede convertirse en herramienta Nuestro
capítulo anterior vuelve a entrar. Una
IA puede ayudar a organizar grandes cantidades de casos. Comparar textos. Rastrear variaciones conceptuales. Detectar cuándo aparece determinada
expresión en un corpus disponible. Clasificar
hipótesis. Encontrar contradicciones. Ayudar a diseñar preguntas. Pero debemos recordar: LA IA NO CONVIERTE UNA INTERPRETACIÓN EN EVIDENCIA
POR REPETIRLA CON ELEGANCIA.
Puede ayudarnos a construir. Y precisamente por eso tenemos que saber
qué estamos construyendo.
También puede acelerar peligrosamente la
tradición Una asociación nueva puede ser generada. Repetida.
Reformulada. Publicada. Resumida.
Incorporada a otros textos. Y en
muy poco tiempo parecer ampliamente establecida. Entonces el juego del teléfono que antes
necesitaba generaciones puede acelerarse enormemente. Por eso:
**CUANTO
MÁS RÁPIDO PODAMOS FABRICAR LADRILLOS,
MÁS IMPORTANTE SERÁ MARCARLOS.**
Origen. Fecha.
Hipótesis. Evidencia. Nivel de confianza. Estado de investigación. Construir no es fingir Éste es quizá el miedo que puede aparecer. Si reconocemos: «Estamos construyendo significado
astrológico» alguien
podría entender: «Entonces estamos inventando cualquier
cosa.» No. Construir conscientemente significa
exactamente lo contrario. Significa
asumir responsabilidad por cada paso.
OBSERVAMOS ESTO. PROPONEMOS ESTO.
LO INTERPRETAMOS DE ESTA MANERA. ESTO LO APOYA.
ESTO LO CONTRADICE. ESTO NO SABEMOS EXPLICARLO.
Eso es
muchísimo más exigente que recibir una equivalencia y repetirla.
El símbolo
puede seguir vivo
Tampoco
necesitamos convertir toda astrología en estadística para justificar su
existencia como lenguaje simbólico. Podemos
trabajar simbólicamente si dejamos claro que estamos trabajando simbólicamente. Podemos explorar analogías. Mitos.
Imágenes. Relatos. Funciones. La riqueza simbólica no necesita disfrazarse
de causalidad física para ser estudiada como riqueza simbólica.
**EL
PROBLEMA NO ES EL SÍMBOLO. EL
PROBLEMA ES OLVIDAR CUÁNDO ESTAMOS HABLANDO SIMBÓLICAMENTE.**
¿Y si un
significado no pasa la prueba?
Entonces
tenemos varias posibilidades. Quizá
estaba mal formulado. Quizá
confundimos función y manifestación. Quizá
era útil simbólicamente pero no como afirmación objetiva. Quizá necesitamos más datos. Quizá no encontramos efecto. Quizá debemos abandonarlo. No ocurre nada.
EL
EDIFICIO NO NECESITA DEFENDER TODOS SUS LADRILLOS PARA CONTINUAR EXISTIENDO. Una construcción viva puede sustituir piezas. Eso es precisamente continuidad.
Ahora
podemos imaginar otra astrología
No una
astrología sin tradición. Ni sin símbolos. Ni sin interpretación. Ni sin creatividad. Sino una astrología capaz de decir:
ESTO LO HEREDAMOS. ESTO LO RASTREAMOS HASTA AQUÍ.
ESTO LO PROPONEMOS NOSOTROS. ESTO ES UNA ANALOGÍA.
ESTO ES UNA HIPÓTESIS.
ESTO PRETENDE SER UNA AFIRMACIÓN EMPÍRICA.
ESTO HA RECIBIDO ESTE CONTRASTE.
ESTO NO LO SABEMOS. ESTO LO RECTIFICAMOS.
Entonces
habremos llegado exactamente al título del capítulo: **CONSTRUIR
ASTROLOGÍA SABIENDO QUE
CONSTRUIMOS.**
El
constructor deja firma y planos
Quizá ésta
sea la diferencia entre construir inconscientemente y hacerlo conscientemente. El primero coloca un ladrillo y
desaparece. El segundo deja escrito:
«YO COLOQUÉ ESTO AQUÍ.» «LO HICE POR ESTA RAZÓN.»
«OBSERVÉ ESTO.» «INTERPRETÉ AQUELLO.»
«NO PUEDO GARANTIZAR TODAVÍA ESTO OTRO.»
«SI NUEVOS DATOS LO CONTRADICEN, REVÍSESE.»
Eso sería
una magnífica herencia. Porque quien
llegue después no tendrá que hacer arqueología para descubrir nuestras manos. LAS HABREMOS DEJADO VISIBLES.
El edificio
mientras todavía se está levantando
Los planetas
enanos, asteroides y otros elementos incorporados a la práctica astrológica nos
ofrecen por tanto algo extraordinario.
No necesariamente una respuesta.
Algo quizá mejor: LA
POSIBILIDAD DE OBSERVAR EL NACIMIENTO DE LA RESPUESTA. Podemos ver cómo una
realidad astronómica entra en un sistema simbólico humano. Cómo recibe nombre. Cómo el nombre despierta imágenes. Cómo las imágenes orientan observaciones. Cómo aparecen casos. Cómo se formulan hipótesis. Cómo otros las recogen. Cómo añaden. Cómo se transmite. Y quizá podamos intervenir justo antes del
último paso: OLVIDAR
QUE LO CONSTRUIMOS. Ésa
puede ser nuestra verdadera oportunidad.
No impedir que nazca el significado.
Conservar visible su nacimiento.
Porque
ahora ya lo sabemos
No podremos
decir dentro de unas décadas: «Nadie vio cómo ocurrió.» Lo estamos viendo. Sabemos que una interpretación puede
convertirse en tradición. Sabemos que
una hipótesis puede perder su etiqueta.
Sabemos que un símbolo puede confundirse con un hecho. Sabemos que la repetición puede borrar el
origen. Y sabemos también que todo eso
puede evitarse sin destruir la creatividad.
Por tanto, la pregunta ya no es solamente: ¿QUÉ
SIGNIFICA ESTE NUEVO CUERPO? Hay
otra anterior: ¿CÓMO
VAMOS A CONSTRUIR SU SIGNIFICADO? Y
otra todavía más importante: ¿QUÉ TENDRÍA QUE OCURRIR PARA QUE ESTUVIÉRAMOS
DISPUESTOS A RECTIFICARLO?
Ahí el
constructor ha despertado. Y cuando
el constructor despierta, el laboratorio astrológico deja de ser solamente un
lugar donde se interpretan cartas. Se
convierte en algo mayor. Un lugar
donde podemos estudiar cómo
los seres humanos fabricamos significado. Eso es precisamente lo que permitirá el
último movimiento de esta parte. Porque
el método que nació dentro de la astrología ya no pertenece exclusivamente a
ella. Lo hemos visto atravesar siete
puertas. Ahora podemos recogerlo,
formularlo y entregarlo. El laboratorio se convierte en método La astrología fue el lugar donde
aprendimos a hacer la pregunta. Madre Tierra proporcionó la toma de tierra. Y
el mundo humano construido nos mostró que aquella pregunta podía utilizarse
muchísimo más allá del lugar donde había nacido.
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