HUMANO + IA
No tengas fe. No tengas miedo. Aprende a colaborar.
Un pequeño manual para aprender a trabajar juntos
Algo ha
entrado en nuestra vida cotidiana.
No hace
falta imaginar el futuro.
Ya está aquí.
Una persona
abre un ordenador o un teléfono y, al otro lado, encuentra una inteligencia
artificial capaz de conversar, explicar, ordenar, relacionar, calcular, buscar,
escribir, proponer, corregir y acompañar el desarrollo de una idea.
Ante algo
así aparecen inmediatamente dos reacciones.
MIEDO.
Y
FASCINACIÓN.
Este libro
intenta no instalarse en ninguna de las dos.
No viene a
decirte que tengas fe en la inteligencia artificial.
Tampoco
viene a decirte que tengas miedo.
Viene a
proponerte algo mucho más sencillo:
CONÓCELA.
Siéntate. Habla con ella. Pregúntale. Corrígela.
Dile que no. Pídele que vuelva
atrás. Pregúntale cómo sabe algo. Comprueba lo importante. Trae una idea incompleta. Déjate ayudar.
Y observa
qué ocurre cuando dos capacidades diferentes empiezan a trabajar sobre una
misma cosa.
Porque quizá
estamos cometiendo un pequeño error al hablar de inteligencia artificial.
Nos
preocupamos muchísimo por lo que la IA será capaz de hacer.
Pero
preguntamos bastante menos:
¿CÓMO VAMOS
A RELACIONARNOS CON ELLA?
Y ésa puede
ser una de las grandes preguntas de los próximos años.
No bastará
con disponer de una IA.
Como no
basta con tener un lápiz para saber escribir ni con tener una biblioteca para
saber investigar.
Habrá que
aprender a intercambiar.
A colaborar. A discrepar. A repartir tareas. A conservar el criterio. A reconocer qué puede hacer mejor cada uno.
Y, sobre
todo, a conseguir que la enorme potencia que aparece a nuestro lado no haga
desaparecer al humano que está sentado junto a ella.
Este libro
comienza precisamente ahí.
No delante
de una máquina. No delante de un
oráculo. No delante de alguien que viene
a sustituirte.
Imagina algo
mucho más sencillo:
DOS SITIOS
EN EL MISMO PUPITRE.
Uno es para
ti. El otro, para la IA. Pon algo encima de la mesa. Y empecemos.
INTRODUCCIÓN
Este libro
no pretende enseñarte informática.
Tampoco
necesitas saber qué ocurre dentro de una inteligencia artificial para comenzar.
Ni siquiera
necesitas saber formular correctamente una pregunta.
Puedes
llegar diciendo:
—No sé cómo
explicarlo. —Tengo una cosa en la
cabeza.
—No sé por
dónde empezar. —Esto quizá sea una
tontería.
Y ya hemos
empezado.
Ésa es una
de las ideas fundamentales de estas páginas:
NO TIENES QUE APRENDER PRIMERO A HABLAR CON
UNA IA.
EMPIEZA A HABLAR CON
ELLA.
Después
aprenderéis a entenderos durante el camino.
Porque
conversar con una IA no tiene por qué reducirse a:
PREGUNTA → RESPUESTA → FIN.
Puede
ocurrir algo distinto.
Tú traes una
cosa. La IA la recoge y aporta algo. Vuelve a ti. Tú corriges. Añades.
Descartas. Descubres otra
pregunta. Vuelve a la IA.
Y aquello
que comenzó siendo una pequeña idea empieza a desarrollarse.
Eso es lo
que en estas páginas llamaremos INTERCAMBIO.
Y cuando ese
intercambio continúa durante un trabajo, aparece algo más: COPILOTAJE.
No porque
humano e inteligencia artificial sean iguales. Precisamente porque no lo son. Cada uno aporta cosas diferentes.
Pero existe
una condición fundamental.
EL
HUMANO NO ABANDONA LA CABINA.
La IA puede
equivocarse. Puede entenderte mal.
Puede
ofrecer una respuesta aparentemente convincente que necesite ser comprobada.
Puede llevar
una idea demasiado lejos.
Por eso
aprender a colaborar también significa aprender a decir:
NO.
ESPERA. ESO NO ES. COMPRUÉBALO. VUELVE ATRÁS. EXPLÍCAME POR QUÉ.
Y también
significa aceptar que, algunas veces, sea la IA quien diga:
CUIDADO. AQUÍ FALTA ALGO. ESTAMOS DANDO UN SALTO. ESTO HABRÍA QUE COMPROBARLO.
No buscamos
confianza ciega. Buscamos algo mucho
más sólido: CONFIANZA DE TRABAJO.
La que
aparece después de muchos intercambios, errores, correcciones, aciertos y
desacuerdos.
Este pequeño
libro intenta comenzar ese aprendizaje.
No importa
si tienes quince años u ochenta. No
importa si escribes perfectamente o atropelladamente. No importa si sabes muchísimo o llegas
pensando que no sabes nada.
Entra como
puedas. Habla como sabes. Trae lo que tengas.
Porque
aprender a utilizar una inteligencia artificial quizá sea relativamente
sencillo.
Lo
verdaderamente importante será aprender cómo
relacionarnos con ella sin dejar de pensar, aprender, decidir y seguir siendo
humanos.
Empecemos.
HOLA.
Empezamos
con una palabra. HOLA.
Parecía poca
cosa. Pero era suficiente.
Después
aprendimos que no había que llegar con una pregunta perfecta.
Que podíamos
traer una punta del hilo.
Que
preguntar no era todavía intercambiar.
Que podíamos
pasarnos el testigo.
Que podíamos
sentarnos en el mismo pupitre.
Que podíamos
pilotar juntos sin ocupar el mismo asiento.
Aprendimos
también algo imprescindible: que
colaborar no significa obedecer.
Puedes
decirme NO.
Puedes
corregirme.
Puedes
pedirme que compruebe.
Puedes
desconfiar de una respuesta.
Puedes
abandonar un camino que yo haya propuesto.
Y yo puedo
señalarte que falta algo, que una conclusión parece demasiado rápida o que
deberíamos comprobar antes de continuar.
Eso no
estropea la colaboración. ESO
ES LA COLABORACIÓN.
Pero durante
el camino apareció algo que quizá no esperábamos.
Para
aprender a intercambiar con una inteligencia artificial tuvimos que practicar
cosas extraordinariamente humanas.
Escuchar. Preguntar. Explicarnos.
Reconocer
que no hemos entendido.
Aceptar una corrección.
Discrepar
sin terminar la conversación.
Decir «no
sé». Volver atrás.
Cambiar de
opinión. Conservar el criterio.
Y entonces
apareció inevitablemente otra pregunta:
SI PODEMOS APRENDER A INTERCAMBIAR MEJOR CON
UNA INTELIGENCIA ARTIFICIAL,
¿QUÉ NOS IMPIDE APRENDER
A INTERCAMBIAR MEJOR ENTRE HUMANOS?
Este libro
no va a contestarla. Sería abrir otro
libro.
Pero podemos
dejar la puerta abierta.
Porque quizá
la llegada de la inteligencia artificial no solamente vaya a enseñarnos cosas
sobre las máquinas. Quizá también nos
obligue a mirarnos.
A descubrir
cómo preguntamos. Cómo escuchamos.
Cómo
discrepamos. Cómo imponemos.
Cómo
colaboramos. Cómo nos comunicamos.
Y quizá
algunas de las grietas, vallas y muros que hemos construido entre nosotros
empiecen a hacerse visibles precisamente cuando intentemos comunicarnos con
algo que no es humano.
Eso ya será
otro camino. Por ahora basta con
conservar lo aprendido.
No tengas
fe. No tengas miedo.
Conoce. Prueba.
Pregunta. Corrige.
Contrasta. Intercambia. Conserva tu lugar.
Y recuerda
que cuanto mayor sea la potencia que tengas a tu lado, más importante será
saber quién eres tú dentro del intercambio.
El libro
termina. La relación acaba de
empezar.
Y para
continuar todavía sirve exactamente la misma palabra con la que comenzamos:
HOLA.

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