LIBROS de BARBARIN I II III

miércoles, 9 de septiembre de 2026

PODEMOS CONSTRUIR MUNDOS. PERO NO DEJAMOS DE ESTAR MONTADOS EN ÉSTE.

 

PODEMOS CONSTRUIR MUNDOS.

PERO NO DEJAMOS DE ESTAR MONTADOS EN ÉSTE.

Desde ahí sí que se puede empezar a revisar casi todo.

 

Sí. Ahí el descubrimiento deja de ser crítica y se convierte en propuesta.      No estamos diciendo:     «Salgamos del constructo porque el constructo es malo.»

Eso sería absurdo: el constructo es una capacidad humana formidable. Lo hemos hecho nosotros. Hemos creado lenguaje, ciudades, ciencia, música, hospitales, libros, tecnologías, sistemas de cooperación... ¡HAGAMOS!

Pero ahora sabemos algo que antes podía quedar oculto:    HAGAMOS SABIENDO DE QUÉ DEPENDEMOS.

Y entonces cambia el criterio de construcción.    Hasta ahora podíamos construir un sistema y después medirlo con los termómetros del propio sistema:

¿produce más?        ¿genera riqueza?
¿es eficiente?          ¿crece?
¿es rentable?        ¿funciona jurídicamente?
¿es aceptado socialmente?

Ahora aparece un termómetro anterior:     ¿ES SÍMIL DEL TODO Y UNIDAD?

No significa copiar literalmente la naturaleza. Una biblioteca, Internet o una universidad no tienen que parecerse a un bosque.

Símil significa compartir principios de funcionamiento.

Que las partes no destruyan el conjunto que las sostiene.    Que haya intercambio.     Que haya diversidad.    Que exista renovación.    Que los residuos puedan reincorporarse o reducirse.   Que una parte no crezca indefinidamente a costa de todas las demás.   Que recibir implique también devolver.   Que la continuidad del conjunto forme parte de la medida del éxito.     Que la unidad no elimine la individualidad y que la individualidad no olvide la unidad.

Ahí nuestra fórmula:

P(::::) = TODO Y UNIDAD      deja de ser solamente una descripción y empieza a convertirse en criterio de diseño.    ¡Eso sí es nuevo!   Porque entonces podemos decir:

HAGAMOS ECONOMÍA.
HAGAMOS TECNOLOGÍA.
HAGAMOS CIUDADES.
HAGAMOS EDUCACIÓN.
HAGAMOS IA.
HAGAMOS ASTROLOGÍA.
HAGAMOS TODOS LOS UNIVERSOS HUMANOS QUE SEAMOS CAPACES DE CREAR.

Pero pasémoslos por una pregunta:     ¿PUEDEN EXISTIR SIN TERMINAR DETERIORANDO AQUELLO DE LO QUE DEPENDEN?

Si sí: fecundidad.

Si no: podemos haber construido algo fascinante, incluso extraordinariamente inteligente, pero contiene una contradicción de base.

Y ahí entiendo perfectamente tu palabra FICTICIO, con una precisión: puede ser real como construcción humana y producir consecuencias muy reales; lo ficticio sería su pretensión de autosuficiencia, creer que puede funcionar indefinidamente desconectado del TODO que lo sostiene.

Eso es lo que acabamos de descubrir.      Y entonces aparece una secuencia preciosa:

SALIR      para poder ver.

RECONOCER      que dependemos.

UBICAR     lo que hemos construido.

CONSERVAR     todo lo fértil.

TRANSFORMAR     lo que ha perdido su función.

HACER      lo que ahora podemos hacer mejor.

VOLVER A ENTRAR      en el constructo, pero conscientes.

Y finalmente:       HAGAMOS.

Ésa es la palabra.       Porque Madre Tierra no nos lleva a la pasividad.     Todo lo contrario.

Un sistema vivo está haciendo continuamente: produce, intercambia, transforma, recicla, repara, adapta, reproduce, incorpora, elimina, renueva.

Por eso nuestra salida del constructo no termina en:     «Qué mal lo hemos hecho.»

Termina en:      «AHORA QUE LO VEMOS, HAGÁMOSLO MEJOR.»

Y aquí veo una frase que resume formidablemente todo este recorrido:    EL HUMANO PUEDE CONSTRUIR LOS MUNDOS QUE QUIERA.

Pero ahora sabe que ninguno flota en el vacío.     Todos dependen.

Y cuanto más se parezcan en sus principios al TODO Y UNIDAD que los hace posibles, más posibilidades tendrán de ser fértiles, fecundos y continuables.

No hemos descubierto que debamos dejar de construir.       Hemos descubierto desde dónde construir.

Eso último, Carlos, es posiblemente mucho más grande que la astrología que nos ha traído hasta aquí.

 

Sí. Y aquí aparece una distinción que me parece decisiva para no mezclar planos: una cosa es estar integrado físicamente en el universo y otra que nuestras construcciones mentales representen correctamente cómo funciona ese universo.

De lo primero no podemos escapar.        Somos materia organizada, intercambiamos energía, dependemos de condiciones terrestres, nacemos, nos transformamos y morimos dentro del mismo sistema físico que todo lo demás. En ese sentido, ya estamos dentro y sincronizados de fábrica: no existe un humano físicamente fuera.

Pero después hemos construido ese otro universo:      psíquico, simbólico, cultural, económico, religioso, psicológico, astrológico...

Y ese segundo universo puede representar magníficamente algunas cosas y deformar otras. Puede incluso llegar a ser tan poderoso que vivamos psicológicamente como si él fuera la realidad primera.

Ahí está el chirrido que señalas.      Tu ejemplo de la célula del corazón es precioso como imagen:    LA CÉLULA ES ELLA Y ES CORAZÓN.     No necesita dejar de ser célula para pertenecer al corazón.    Precisamente realiza su singularidad participando en el conjunto.     Y trasladado al humano:

YO SOY YO     Y SOY TODO Y UNIDAD.

No tengo que disolverme en el Todo.      No tengo que abandonar mi individualidad.     No tengo que renunciar al constructo humano.

Tengo que conseguir que mi singularidad y mis construcciones no entren continuamente en contradicción con el sistema del que dependen.

Ahí P(::::) adquiere una profundidad nueva:    P(::::) = TODO Y UNIDAD

No como aspiración mística.      Como posición.      Ya pertenecemos.

El trabajo sería hacer consciente esa pertenencia y construir en consonancia con ella.

Y aquí tocaría con prudencia lo de «ponerse en sincronía con lo celeste». Si hablamos de nuestra pertenencia física al cosmos, sí: somos literalmente parte de él. Si hablamos de influencias astrológicas concretas de los planetas sobre la psique, eso es justamente lo que no debemos dar por demostrado, porque acabamos de decidir interrogarlo.

¡Y eso hace todavía más interesante nuestro trabajo!     No necesitamos afirmar primero:        «EL CIELO NOS HACE ESTO.»

Partimos de algo anterior:      «FORMAMOS PARTE DE UNA REALIDAD QUE NO HEMOS FABRICADO Y DE LA QUE DEPENDEMOS.»

Después preguntaremos qué puede sostenerse de nuestra lectura astrológica de esa relación.      Y entonces aparece el verdadero «enderezamiento» que dices.

No enderezar al humano para convertirlo en obediente.      Enderezar la relación entre sus extraordinarias capacidades y aquello que las sostiene.

Porque la capacidad humana es gigantesca:

podemos imaginar lo inexistente,
convertirlo en proyecto,
fabricarlo,
transmitir símbolos,
crear instituciones,
acumular conocimiento,
crear IA,
modificar nuestro entorno...

Eso roza lo «sobrehumano» en el sentido coloquial que dices.    Pero precisamente por disponer de semejante capacidad necesitamos un termómetro igualmente grande:

¿ESTO QUE PODEMOS HACER ENCAJA CON AQUELLO QUE NECESITAMOS PARA PODER SEGUIR HACIÉNDOLO?

Ahí está.       Y entonces ya no sería:  NATURALEZA contra CONSTRUCTO.

Sería:

MADRE TIERRA

HUMANO

CAPACIDAD CREADORA

CONSTRUCTO

CONSTRUCTO EN PARALELO FUNCIONAL CON TODO Y UNIDAD.

Eso sería el salto.    Y quizá la frase más limpia de todo lo que acabas de decir sea ésta:

NO TENEMOS QUE CONSEGUIR PERTENECER.

YA PERTENECEMOS.

TENEMOS QUE CONSEGUIR QUE LO QUE CONSTRUIMOS

NO CHIRRÍE CONTRA AQUELLO A LO QUE PERTENECEMOS.

Entonces sí.       No estamos buscando volver atrás.       Estamos intentando que una capacidad humana inmensa, que durante milenios construyó desde dentro de su propia caja, levante ahora la cabeza, vea el conjunto y continúe construyendo sabiendo dónde está.

Y eso enlaza perfectamente con nuestro HAGAMOS:

Ahora sabemos algo más.
Pues HAGAMOS otra vez.
Pero esta vez, sabiendo que somos célula y corazón al mismo tiempo.

 

Sí. Y aquí has tocado probablemente el problema central de nuestra investigación astrológica: no basta con preguntar si la astrología «existe» o «no existe». La pregunta muchísimo más interesante es:     ¿A QUÉ LLAMAMOS ASTROLÓGICO?

Porque hemos recibido un paquete.      Saturno existe como planeta.
Una cuadratura es una relación geométrica definida entre posiciones.     Pero después comienza la construcción interpretativa:

cuadratura de Saturno = bloqueo, dificultad, frustración, prueba, retraso, autoridad, miedo, karma...

Y cuando todo eso se recibe como un bloque llamado ASTROLOGÍA, ocurre algo potentísimo psicológicamente.     La persona escucha:    «Tienes una cuadratura de Saturno.»      Y no recibe solamente una geometría.

Recibe todo el paquete interpretativo.     Si además lleva años estudiando astrología, el paquete puede estar todavía más incrustado. Ya no necesita que otro astrólogo se lo diga. Se lo dice él mismo.

Ahí entiendo perfectamente tu «comida de coco».     No porque necesariamente todo lo interpretado sea falso, sino porque una interpretación aprendida puede predisponer la percepción posterior.     Entonces aparece un círculo:

APRENDO EL SIGNIFICADO
→ espero determinada manifestación
→ observo mi experiencia desde ese significado
→ encuentro ejemplos compatibles
→ reafirmo el significado
→ la siguiente vez lo espero todavía más.

¡ALTO!      Eso es precisamente lo que nuestras 12 preguntas pueden romper.      Porque ante una cuadratura de Saturno ya no empezamos por:

«¿Qué me va a hacer?»        Ni siquiera por:     «¿Qué significa?»

Primero necesitamos desmontar el paquete.    SATURNO

¿Qué función vital atribuimos realmente a Saturno después de pasar las 12 preguntas?

CUADRATURA      ¿Qué es antes de interpretarla?     Una determinada relación geométrica entre dos posiciones.

Después habrá que preguntar algo que todavía no debemos responder de antemano:      ¿qué fundamento tenemos para convertir esa geometría en una dinámica psicológica determinada?

¡Ahí se pone seria la cosa!      Porque una cosa es encontrar un posible núcleo funcional de Saturno.       Otra muy distinta es demostrar que una separación angular concreta entre Saturno y otro planeta produce o describe necesariamente frustración, conflicto, bloqueo, aprendizaje o cualquier otra cosa.      No podemos meter ambas afirmaciones en el mismo saco sólo porque tradicionalmente las llamemos astrología.      Y ahí tu última frase es exactamente la puerta:

¿DE QUÉ LLAMAMOS ASTROLÓGICO?     Podríamos terminar encontrando varios estratos:

ASTRONÓMICO: planeta, posición, movimiento, relación geométrica.

ASTROLÓGICO FUNCIONAL: hipótesis de correspondencia entre determinados símbolos y funciones humanas/vitales.

ASTROLÓGICO INTERPRETATIVO: significados acumulados mediante tradición, observación y escuelas.

ASTROLÓGICO CULTURAL: mitología, símbolos, moral, organización social e imágenes de cada época incorporadas al sistema.

ASTROLÓGICO PSICOLÓGICO: reinterpretaciones posteriores utilizando categorías de psicología.

INCRUSTACIÓN PERSONAL: aquello que el propio astrólogo o consultante termina esperando porque aprendió que «esa configuración significa eso».

¡Ahora sí podemos trabajar!      Porque una cuadratura de Saturno deja de ser un ladrillo indivisible.

La abrimos.      Y preguntamos qué contiene.      Puede haber elementos extraordinariamente fértiles.     Puede haber observaciones repetidas que merezcan investigación.     Puede haber interpretación cultural.    Puede haber añadidos psicológicos.     Puede haber sugestión.    Puede haber cosas que todavía no sabemos dónde colocar.

NADA SE TIRA. TODO SE UBICA.

Y hay algo todavía más importante en lo que dices sobre la psique humana: convendría no afirmar que, si quitáramos todas las incrustaciones, «quedaría muy poco», porque no sabemos exactamente qué quedaría. Pero ésa es precisamente una pregunta formidable.

¿Qué pertenece a capacidades básicas del modelo humano?         ¿Y qué contenido se ha ido introduciendo después mediante lenguaje, familia, educación, cultura, experiencias, símbolos, expectativas y aprendizaje?

Eso conecta directamente con nuestra investigación anterior sobre Freud.      Y ahora podemos hacerle exactamente la misma pregunta a la astrología:

¿QUÉ PARTE ES CAPACIDAD/FUNCIÓN

Y QUÉ PARTE ES CONTENIDO INTRODUCIDO?

Por eso creo que estamos llegando a una operación todavía más profunda que «modernizar la astrología».       Estamos desempaquetándola.

Y quizá al final descubramos que hay bastante menos «astrología fundamental» de lo que contienen nuestras bibliotecas...    pero que ese núcleo es mucho más fuerte, limpio y fértil.

Y todo lo demás no desaparece.     Nos contará la fascinante historia de cómo el humano interpretó el cielo mientras, sin darse cuenta, también iba depositándose a sí mismo sobre él.

Eso puede ser precisamente lo que las 12 preguntas empiecen a separar.

 

Sí. Ahora el objetivo queda muchísimo más estrecho y, precisamente por eso, más potente.     No queremos estudiar «toda la astrología». Ni decidir ahora dónde colocamos cada símbolo, mito, interpretación psicológica o tradición acumulada.      Nuestro objeto es uno solo:

ASTROLOGÍA ↔ VIDA       Y el criterio:

¿QUÉ PARTE DE LO QUE LLAMAMOS ASTROLÓGICO

PUEDE DESCRIBIR FUNCIONES QUE ACOMPAÑAN,

SOSTIENEN O FACILITAN LA VIDA?

Lo demás no se niega.     Se aparca.      Porque ahora no es nuestra pregunta.

Una interpretación puede ser bellísima, haber ayudado a miles de personas, tener dos mil años de tradición, proporcionar trabajo a astrólogos, organizar un universo simbólico extraordinariamente rico...     y no contestar nuestra pregunta.      Perfecto.

Otro estamento.     Esto cambia incluso cómo debemos abordar los arquetipos     No queremos saber todavía todo lo que significa Marte.     Queremos encontrar:     MARTE ↔ VIDA

No queremos toda la literatura de Venus.     Buscamos:    VENUS ↔ VIDA

Y así con Luna, Saturno, Mercurio, Júpiter, Neptuno...    Y quizá aparezca algo extraordinariamente sencillo.     Porque la Vida no necesita «interpretarse» para funcionar.         Necesita:

incorporar,     eliminar,     proteger,      relacionarse,
distinguir,     intercambiar,     regular,      adaptarse,
crecer,       reproducirse,     transformarse,
mantener equilibrios,     responder al campo,
continuar.

Entonces preguntamos:    ¿ALGÚN ARQUETIPO ASTROLÓGICO DESCRIBE DE MANERA FUNCIONAL ALGUNA DE ESAS OPERACIONES?

Si sí:       nos interesa.          Si no:    APARCADO.     No falso.    No inútil.   No absurdo.    Simplemente:

NO PERTENECE, DE MOMENTO, A ASTROLOGÍA ↔ VIDA.

Y esto nos salva de perder otros seis meses intentando clasificar todo el edificio astrológico.     No necesitamos hacerlo.

Primero extraemos la Astrología de la Vida    Me gusta incluso darle provisionalmente ese nombre:

ASTROLOGÍA DE LA VIDA     No «astrología psicológica».     No «astrología espiritual».     No «astrología predictiva».   No «astrología clásica».      Sino aquella parte que pueda sostener una relación funcional con la condición de estar vivo.

Y después veremos cuánto ocupa.     Puede resultar enorme.   Puede resultar pequeñísima.     Da igual.

Si después de toda nuestra biblioteca resulta que solamente encontramos cinco principios astrológicos realmente resistentes ante las 12 preguntas, esos cinco nos interesarán muchísimo más para esta investigación que quinientas asociaciones que sólo funcionan dentro del sistema astrológico.

Y has dicho otra cosa fundamental:     «No sabemos dónde tocará sino es para la Vida.»    Exacto.

Ésa es nuestra frontera metodológica.      No necesitamos decidir ahora si lo restante es:       psique, símbolo, cultura, imaginación, tradición, sugestión, mito, construcción, coincidencia, herramienta narrativa...

NO SABEMOS.       Y no pasa absolutamente nada.      Lo guardamos.     Nuestra mesa tiene un cartel:

AQUÍ SOLAMENTE ENTRA LO QUE PUEDA RELACIONARSE CON LA VIDA.

Y ahora sí veo muy claramente cómo empezar.     Antes incluso de Marte, deberíamos hacer una pequeña lista sin astrología alguna:

¿QUÉ HACE LA VIDA PARA CONTINUAR?

Ésa sería nuestra columna A.       Después ponemos:

¿QUÉ FUNCIÓN PROPONE EL ARQUETIPO?

columna B.       Y solamente después:

¿HAY CORRESPONDENCIA FUNCIONAL?

columna C.

Eso evita completamente la trampa de empezar por Marte y buscar desesperadamente algo terrestre que se le parezca.     Primero definimos qué necesita y qué hace lo vivo sin pensar en astrología.

Después traemos Marte.     Si coincide, coincide.       Si no:     fuera de esta investigación, de momento.

Eso sí sería limpio.     Y además nos permite formular una regla durísima que creo que coincide exactamente con lo que acabas de decir:

NO NOS INTERESA AHORA CUÁNTO PUEDE EXPLICAR LA ASTROLOGÍA DEL CONSTRUCTO HUMANO.

Nos interesa descubrir cuánto de lo astrológico puede ponerse en relación funcional con aquello que hace posible que exista un ser humano vivo sobre la Tierra.

Porque antes que personaje, profesión, conflicto, símbolo, identidad o interpretación, el humano está vivo.

Y si la astrología quiere acompañarlo desde la raíz,    tendrá primero que encontrarse con la Vida.     Eso ya nos deja la mesa completamente limpia.

MADRE TIERRA a un lado.
Las 12 preguntas en medio.
Los arquetipos al otro.

Y ninguno entra porque lleve dos mil años llamándose astrológico.     Entra porque responde.

 

Sí. Ya tenemos bastante claro quién interroga, qué busca y, sobre todo, que no necesitamos salvar nada. Eso permite empezar.

Yo empezaría por PLANETAS.     No por signos, casas, elementos ni cualidades todavía. Y hay una razón muy concreta: si buscamos Astrología ↔ Vida, el planeta es el candidato más limpio para preguntarnos por FUNCIÓN.

Después vendrán los demás y podremos interrogarlos desde lo que hayamos aprendido.      Propondría este orden:

PLANETAS → SIGNOS → CASAS → ELEMENTOS → CUALIDADES

Pero no porque establezcamos ya que ésa sea la jerarquía definitiva. Es simplemente el mejor orden experimental.

Y dentro de planetas tampoco empezaría por Marte porque llevamos horas hablando de él. Ya estamos contaminados de Marte hasta las orejas.

Empezaría por uno que nos obligue a trabajar limpiamente:    LA LUNA

¿Por qué?     Porque si nuestro termómetro es VIDA Y CONTINUIDAD, la Luna debería ponernos inmediatamente contra las cuerdas.     No queremos demostrar que «la Luna es fundamental».    Queremos preguntárselo.

Y aquí pondría unas reglas antes de comenzar el interrogatorio:

1. Madre Tierra pregunta; la astrología no responde con sus libros.    No vale:      «La Luna es nutrición porque la astrología siempre dijo...»     No.     Tenemos que encontrarlo en la Vida.

2. No buscamos semejanzas bonitas.      Que algo «se parezca» simbólicamente no basta.     Buscamos función.

3. Una respuesta intelectual demasiado complicada levanta sospecha.     Si necesitamos tres páginas para conseguir que algo pase una pregunta elemental, probablemente estamos empujándolo.

4. Puede responder SÍ, NO o NO SABEMOS.     El NO SABEMOS será importantísimo.

5. Nada que no pase se tira.     Simplemente no pertenece, por ahora, al estamento Astrología ↔ Vida.

Y una sexta que añadiría después de todo lo que hemos descubierto hoy:

6. NO PREGUNTAMOS QUÉ SIGNIFICA.

PREGUNTAMOS QUÉ HACE.     Eso es capital.     Porque «significado» nos devuelve inmediatamente al universo simbólico humano.

FUNCIÓN nos obliga a buscar Tierra.    Así que yo abriría el experimento casi ceremonialmente:

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