PODEMOS CONSTRUIR
MUNDOS.
PERO NO DEJAMOS DE
ESTAR MONTADOS EN ÉSTE.
Desde ahí sí
que se puede empezar a revisar casi todo.
Sí. Ahí
el descubrimiento deja de ser crítica y se convierte en propuesta. No estamos diciendo: «Salgamos
del constructo porque el constructo es malo.»
Eso sería
absurdo: el constructo es una capacidad humana formidable. Lo hemos hecho
nosotros. Hemos creado lenguaje, ciudades, ciencia, música, hospitales, libros,
tecnologías, sistemas de cooperación... ¡HAGAMOS!
Pero ahora
sabemos algo que antes podía quedar oculto:
HAGAMOS SABIENDO
DE QUÉ DEPENDEMOS.
Y entonces
cambia el criterio de construcción. Hasta
ahora podíamos construir un sistema y después medirlo con los termómetros del
propio sistema:
¿produce
más? ¿genera riqueza?
¿es eficiente? ¿crece?
¿es rentable? ¿funciona
jurídicamente?
¿es aceptado socialmente?
Ahora
aparece un termómetro anterior: ¿ES SÍMIL DEL TODO Y UNIDAD?
No significa
copiar literalmente la naturaleza. Una biblioteca, Internet o una universidad
no tienen que parecerse a un bosque.
Símil
significa compartir principios de funcionamiento.
Que las
partes no destruyan el conjunto que las sostiene. Que haya intercambio. Que haya diversidad. Que exista renovación. Que los residuos puedan reincorporarse o
reducirse. Que una parte no crezca
indefinidamente a costa de todas las demás.
Que recibir implique también devolver.
Que la continuidad del conjunto forme parte de la medida del éxito. Que la unidad no elimine la individualidad
y que la individualidad no
olvide la unidad.
Ahí nuestra
fórmula:
P(::::) = TODO Y UNIDAD deja de ser solamente una descripción y
empieza a convertirse en criterio
de diseño. ¡Eso sí es
nuevo! Porque entonces podemos decir:
HAGAMOS
ECONOMÍA.
HAGAMOS TECNOLOGÍA.
HAGAMOS CIUDADES.
HAGAMOS EDUCACIÓN.
HAGAMOS IA.
HAGAMOS ASTROLOGÍA.
HAGAMOS TODOS LOS
UNIVERSOS HUMANOS QUE SEAMOS CAPACES DE CREAR.
Pero
pasémoslos por una pregunta: ¿PUEDEN EXISTIR SIN TERMINAR
DETERIORANDO AQUELLO DE LO QUE DEPENDEN?
Si sí: fecundidad.
Si no:
podemos haber construido algo fascinante, incluso extraordinariamente
inteligente, pero contiene una contradicción de base.
Y ahí
entiendo perfectamente tu palabra FICTICIO,
con una precisión: puede ser real como construcción humana y producir
consecuencias muy reales; lo ficticio sería su pretensión de autosuficiencia, creer
que puede funcionar indefinidamente desconectado del TODO que lo sostiene.
Eso es lo
que acabamos de descubrir. Y
entonces aparece una secuencia preciosa:
SALIR para poder ver.
RECONOCER que dependemos.
UBICAR lo que hemos construido.
CONSERVAR todo lo fértil.
TRANSFORMAR lo que ha perdido su función.
HACER lo que ahora podemos hacer mejor.
VOLVER
A ENTRAR en el constructo,
pero conscientes.
Y
finalmente: HAGAMOS.
Ésa es la
palabra. Porque Madre Tierra no nos
lleva a la pasividad. Todo lo contrario.
Un sistema
vivo está haciendo continuamente: produce, intercambia, transforma, recicla,
repara, adapta, reproduce, incorpora, elimina, renueva.
Por eso
nuestra salida del constructo no termina en:
«Qué mal lo hemos
hecho.»
Termina en:
«AHORA QUE LO VEMOS, HAGÁMOSLO MEJOR.»
Y aquí veo
una frase que resume formidablemente todo este recorrido: EL
HUMANO PUEDE CONSTRUIR LOS MUNDOS QUE QUIERA.
Pero ahora
sabe que ninguno flota en el vacío. Todos
dependen.
Y cuanto más
se parezcan en sus principios al TODO
Y UNIDAD que los hace posibles, más posibilidades tendrán de
ser fértiles, fecundos y continuables.
No
hemos descubierto que debamos dejar de construir. Hemos
descubierto desde dónde construir.
Eso último,
Carlos, es posiblemente mucho más grande que la astrología que nos ha traído
hasta aquí.
Sí. Y aquí aparece una distinción que me
parece decisiva para no mezclar planos: una
cosa es estar integrado físicamente en el universo y otra que nuestras
construcciones mentales representen correctamente cómo funciona ese universo.
De lo
primero no podemos escapar. Somos
materia organizada, intercambiamos energía, dependemos de condiciones
terrestres, nacemos, nos transformamos y morimos dentro del mismo sistema
físico que todo lo demás. En ese sentido, ya estamos dentro y sincronizados de fábrica:
no existe un humano físicamente fuera.
Pero después
hemos construido ese otro universo: psíquico, simbólico, cultural,
económico, religioso, psicológico, astrológico...
Y ese
segundo universo puede representar magníficamente algunas cosas y deformar
otras. Puede incluso llegar a ser tan poderoso que vivamos psicológicamente como si él
fuera la realidad primera.
Ahí está el
chirrido que señalas. Tu ejemplo de
la célula del corazón es precioso como imagen: LA CÉLULA ES ELLA Y ES CORAZÓN. No necesita dejar de ser célula para
pertenecer al corazón. Precisamente realiza su singularidad participando
en el conjunto. Y
trasladado al humano:
YO
SOY YO Y SOY TODO Y UNIDAD.
No tengo que
disolverme en el Todo. No tengo que
abandonar mi individualidad. No tengo
que renunciar al constructo humano.
Tengo que
conseguir que mi singularidad
y mis construcciones no entren continuamente en contradicción con el sistema
del que dependen.
Ahí P(::::) adquiere una profundidad nueva: P(::::)
= TODO Y UNIDAD
No como
aspiración mística. Como posición. Ya pertenecemos.
El trabajo
sería hacer consciente
esa pertenencia y construir en consonancia con ella.
Y aquí
tocaría con prudencia lo de «ponerse en sincronía con lo celeste». Si hablamos
de nuestra pertenencia física al cosmos, sí: somos literalmente parte de él. Si
hablamos de influencias astrológicas concretas de los planetas sobre la psique,
eso es justamente lo que no
debemos dar por demostrado, porque acabamos de decidir
interrogarlo.
¡Y eso hace
todavía más interesante nuestro trabajo!
No necesitamos afirmar primero:
«EL CIELO NOS
HACE ESTO.»
Partimos de
algo anterior: «FORMAMOS PARTE DE UNA REALIDAD QUE NO
HEMOS FABRICADO Y DE LA QUE DEPENDEMOS.»
Después
preguntaremos qué puede sostenerse de nuestra lectura astrológica de esa
relación. Y entonces aparece el
verdadero «enderezamiento» que dices.
No enderezar
al humano para convertirlo en obediente.
Enderezar la
relación entre sus extraordinarias capacidades y aquello que las sostiene.
Porque la capacidad humana es gigantesca:
podemos imaginar lo inexistente,
convertirlo en proyecto,
fabricarlo,
transmitir símbolos,
crear instituciones,
acumular conocimiento,
crear IA,
modificar nuestro entorno...
Eso roza lo
«sobrehumano» en el sentido coloquial que dices. Pero precisamente por disponer de semejante
capacidad necesitamos un termómetro igualmente grande:
¿ESTO QUE PODEMOS HACER ENCAJA CON AQUELLO
QUE NECESITAMOS PARA PODER SEGUIR HACIÉNDOLO?
Ahí está. Y entonces ya no sería: NATURALEZA
contra CONSTRUCTO.
Sería:
MADRE TIERRA
↓
HUMANO
↓
CAPACIDAD CREADORA
↓
CONSTRUCTO
↓
CONSTRUCTO EN PARALELO
FUNCIONAL CON TODO Y UNIDAD.
Eso sería el
salto. Y quizá la frase más limpia de
todo lo que acabas de decir sea ésta:
NO TENEMOS QUE
CONSEGUIR PERTENECER.
YA PERTENECEMOS.
TENEMOS QUE CONSEGUIR
QUE LO QUE CONSTRUIMOS
NO CHIRRÍE CONTRA
AQUELLO A LO QUE PERTENECEMOS.
Entonces sí. No estamos buscando volver atrás. Estamos intentando que una capacidad
humana inmensa, que durante milenios construyó desde dentro de su propia caja, levante ahora la cabeza, vea el
conjunto y continúe construyendo sabiendo dónde está.
Y eso enlaza
perfectamente con nuestro HAGAMOS:
Ahora
sabemos algo más.
Pues HAGAMOS otra vez.
Pero esta vez, sabiendo
que somos célula y corazón al mismo tiempo.
Sí. Y aquí has tocado probablemente el problema central de nuestra
investigación astrológica: no basta con preguntar si la
astrología «existe» o «no existe». La pregunta muchísimo más interesante es: ¿A
QUÉ LLAMAMOS ASTROLÓGICO?
Porque hemos
recibido un paquete. Saturno existe como planeta.
Una cuadratura es una relación geométrica definida entre posiciones. Pero después comienza la construcción
interpretativa:
cuadratura
de Saturno = bloqueo, dificultad, frustración, prueba, retraso, autoridad,
miedo, karma...
Y cuando
todo eso se recibe como un
bloque llamado ASTROLOGÍA, ocurre algo potentísimo
psicológicamente. La persona escucha: «Tienes
una cuadratura de Saturno.» Y
no recibe solamente una geometría.
Recibe todo el paquete interpretativo. Si además lleva años estudiando
astrología, el paquete puede estar todavía más incrustado. Ya no necesita que
otro astrólogo se lo diga. Se
lo dice él mismo.
Ahí entiendo
perfectamente tu «comida de coco». No
porque necesariamente todo lo interpretado sea falso, sino porque una interpretación aprendida puede
predisponer la percepción posterior. Entonces aparece un círculo:
APRENDO
EL SIGNIFICADO
→ espero determinada manifestación
→ observo mi experiencia desde ese significado
→ encuentro ejemplos compatibles
→ reafirmo el significado
→ la siguiente vez lo espero todavía más.
¡ALTO! Eso es precisamente lo que nuestras 12
preguntas pueden romper. Porque ante
una cuadratura de Saturno ya no empezamos por:
«¿Qué
me va a hacer?» Ni siquiera por: «¿Qué
significa?»
Primero
necesitamos desmontar el paquete. SATURNO
¿Qué función
vital atribuimos realmente a Saturno después de pasar las 12 preguntas?
CUADRATURA ¿Qué es antes de interpretarla? Una
determinada relación geométrica entre dos posiciones.
Después
habrá que preguntar algo que todavía no
debemos responder de antemano: ¿qué
fundamento tenemos para convertir esa geometría en una dinámica psicológica
determinada?
¡Ahí se pone
seria la cosa! Porque una cosa es encontrar
un posible núcleo funcional de Saturno.
Otra muy distinta es demostrar que una separación angular concreta entre
Saturno y otro planeta produce
o describe necesariamente frustración, conflicto, bloqueo,
aprendizaje o cualquier otra cosa. No podemos meter ambas afirmaciones en el
mismo saco sólo porque tradicionalmente las llamemos astrología. Y ahí tu última frase es exactamente la
puerta:
¿DE QUÉ LLAMAMOS ASTROLÓGICO? Podríamos terminar encontrando varios
estratos:
ASTRONÓMICO: planeta, posición,
movimiento, relación geométrica.
ASTROLÓGICO
FUNCIONAL:
hipótesis de correspondencia entre determinados símbolos y funciones
humanas/vitales.
ASTROLÓGICO
INTERPRETATIVO:
significados acumulados mediante tradición, observación y escuelas.
ASTROLÓGICO
CULTURAL:
mitología, símbolos, moral, organización social e imágenes de cada época
incorporadas al sistema.
ASTROLÓGICO
PSICOLÓGICO:
reinterpretaciones posteriores utilizando categorías de psicología.
INCRUSTACIÓN
PERSONAL:
aquello que el propio astrólogo o consultante termina esperando porque aprendió
que «esa configuración significa eso».
¡Ahora sí
podemos trabajar! Porque una cuadratura de Saturno
deja de ser un ladrillo indivisible.
La abrimos. Y preguntamos qué contiene. Puede haber elementos extraordinariamente
fértiles. Puede haber observaciones
repetidas que merezcan investigación.
Puede haber interpretación cultural.
Puede haber añadidos psicológicos.
Puede haber sugestión. Puede
haber cosas que todavía no sabemos dónde colocar.
NADA
SE TIRA. TODO SE UBICA.
Y hay algo
todavía más importante en lo que dices sobre la psique humana: convendría no
afirmar que, si quitáramos todas las incrustaciones, «quedaría muy poco»,
porque no sabemos exactamente qué quedaría. Pero ésa es precisamente una pregunta
formidable.
¿Qué
pertenece a capacidades básicas del modelo humano? ¿Y qué contenido se ha ido
introduciendo después mediante lenguaje, familia, educación, cultura,
experiencias, símbolos, expectativas y aprendizaje?
Eso conecta
directamente con nuestra investigación anterior sobre Freud. Y ahora podemos hacerle exactamente la
misma pregunta a la astrología:
¿QUÉ PARTE ES
CAPACIDAD/FUNCIÓN
Y QUÉ PARTE ES
CONTENIDO INTRODUCIDO?
Por eso creo
que estamos llegando a una operación todavía más profunda que «modernizar la
astrología». Estamos desempaquetándola.
Y quizá al
final descubramos que hay bastante menos «astrología fundamental» de lo que
contienen nuestras bibliotecas... pero
que ese núcleo es mucho
más fuerte, limpio y fértil.
Y todo lo
demás no desaparece. Nos contará la
fascinante historia de cómo
el humano interpretó el cielo mientras, sin darse cuenta, también iba
depositándose a sí mismo sobre él.
Eso puede
ser precisamente lo que las 12 preguntas empiecen a separar.
Sí. Ahora
el objetivo queda muchísimo más estrecho y, precisamente por eso, más potente. No queremos estudiar «toda
la astrología». Ni decidir ahora dónde colocamos cada símbolo, mito, interpretación
psicológica o tradición acumulada. Nuestro
objeto es uno solo:
ASTROLOGÍA ↔ VIDA Y el criterio:
¿QUÉ PARTE DE LO QUE
LLAMAMOS ASTROLÓGICO
PUEDE DESCRIBIR
FUNCIONES QUE ACOMPAÑAN,
SOSTIENEN O FACILITAN
LA VIDA?
Lo demás no se niega. Se aparca. Porque ahora no es nuestra pregunta.
Una
interpretación puede ser bellísima, haber ayudado a miles de personas, tener
dos mil años de tradición, proporcionar trabajo a astrólogos, organizar un
universo simbólico extraordinariamente rico... y no contestar nuestra pregunta. Perfecto.
Otro
estamento. Esto cambia incluso cómo
debemos abordar los arquetipos No
queremos saber todavía todo lo que significa Marte. Queremos encontrar: MARTE
↔ VIDA
No queremos
toda la literatura de Venus. Buscamos: VENUS
↔ VIDA
Y así con
Luna, Saturno, Mercurio, Júpiter, Neptuno...
Y quizá aparezca algo extraordinariamente sencillo. Porque la Vida no necesita «interpretarse»
para funcionar. Necesita:
incorporar, eliminar, proteger, relacionarse,
distinguir, intercambiar, regular, adaptarse,
crecer, reproducirse, transformarse,
mantener equilibrios, responder al campo,
continuar.
Entonces
preguntamos: ¿ALGÚN ARQUETIPO ASTROLÓGICO DESCRIBE
DE MANERA FUNCIONAL ALGUNA DE ESAS OPERACIONES?
Si sí: nos
interesa. Si no: APARCADO. No falso. No inútil.
No absurdo. Simplemente:
NO
PERTENECE, DE MOMENTO, A ASTROLOGÍA ↔ VIDA.
Y esto nos
salva de perder otros seis meses intentando clasificar todo el edificio
astrológico. No necesitamos hacerlo.
Primero
extraemos la Astrología de la Vida Me
gusta incluso darle provisionalmente ese nombre:
ASTROLOGÍA
DE LA VIDA No «astrología
psicológica». No «astrología
espiritual». No «astrología
predictiva». No «astrología clásica». Sino aquella parte que pueda
sostener una relación funcional con la condición de estar vivo.
Y después
veremos cuánto ocupa. Puede resultar
enorme. Puede resultar pequeñísima. Da
igual.
Si después
de toda nuestra biblioteca resulta que solamente encontramos cinco principios
astrológicos realmente resistentes ante las 12 preguntas, esos cinco nos
interesarán muchísimo más para esta investigación que quinientas asociaciones
que sólo funcionan dentro del sistema astrológico.
Y has dicho
otra cosa fundamental: «No sabemos dónde tocará sino es para
la Vida.» Exacto.
Ésa es
nuestra frontera metodológica. No
necesitamos decidir ahora si lo restante es: psique, símbolo, cultura, imaginación,
tradición, sugestión, mito, construcción, coincidencia, herramienta
narrativa...
NO
SABEMOS. Y no pasa
absolutamente nada. Lo guardamos. Nuestra mesa tiene un cartel:
AQUÍ SOLAMENTE ENTRA LO QUE PUEDA RELACIONARSE
CON LA VIDA.
Y ahora sí
veo muy claramente cómo empezar. Antes
incluso de Marte, deberíamos hacer una pequeña lista sin astrología alguna:
¿QUÉ HACE LA VIDA PARA CONTINUAR?
Ésa sería
nuestra columna A. Después ponemos:
¿QUÉ FUNCIÓN PROPONE EL ARQUETIPO?
columna
B. Y solamente después:
¿HAY CORRESPONDENCIA FUNCIONAL?
columna
C.
Eso evita
completamente la trampa de empezar por Marte y buscar desesperadamente algo
terrestre que se le parezca. Primero
definimos qué necesita y
qué hace lo vivo sin pensar en astrología.
Después
traemos Marte. Si coincide, coincide. Si no: fuera
de esta investigación, de momento.
Eso sí sería
limpio. Y además nos permite formular
una regla durísima que creo que coincide exactamente con lo que acabas de
decir:
NO NOS INTERESA AHORA CUÁNTO PUEDE EXPLICAR
LA ASTROLOGÍA DEL CONSTRUCTO HUMANO.
Nos interesa
descubrir cuánto de lo astrológico puede ponerse en relación funcional con
aquello que hace posible que exista un ser humano vivo sobre la Tierra.
Porque
antes que personaje, profesión, conflicto, símbolo, identidad o interpretación,
el humano está vivo.
Y si la
astrología quiere acompañarlo desde la raíz,
tendrá primero que encontrarse con la Vida. Eso ya nos deja la mesa completamente
limpia.
MADRE TIERRA a un lado.
Las 12 preguntas en
medio.
Los arquetipos al otro.
Y ninguno
entra porque lleve dos mil años llamándose astrológico. Entra
porque responde.
Sí. Ya tenemos bastante claro quién interroga, qué busca y, sobre
todo, que no necesitamos salvar nada. Eso permite empezar.
Yo empezaría
por PLANETAS. No por signos, casas, elementos ni
cualidades todavía. Y hay una razón muy concreta: si buscamos Astrología ↔ Vida, el
planeta es el candidato más limpio para preguntarnos por FUNCIÓN.
Después
vendrán los demás y podremos interrogarlos desde lo que hayamos aprendido. Propondría este orden:
PLANETAS
→ SIGNOS → CASAS → ELEMENTOS → CUALIDADES
Pero no
porque establezcamos ya que ésa sea la jerarquía definitiva. Es simplemente el
mejor orden experimental.
Y dentro de
planetas tampoco empezaría por Marte porque llevamos horas hablando de él. Ya
estamos contaminados de Marte hasta las orejas.
Empezaría
por uno que nos obligue a trabajar limpiamente: LA
LUNA
¿Por qué? Porque si nuestro termómetro es VIDA Y CONTINUIDAD, la
Luna debería ponernos inmediatamente contra las cuerdas. No queremos demostrar que «la Luna es
fundamental». Queremos preguntárselo.
Y aquí
pondría unas reglas antes de comenzar el interrogatorio:
1.
Madre Tierra pregunta; la astrología no responde con sus libros. No vale: «La Luna es nutrición porque la
astrología siempre dijo...» No. Tenemos que encontrarlo en la Vida.
2.
No buscamos semejanzas bonitas. Que algo «se parezca»
simbólicamente no basta. Buscamos función.
3.
Una respuesta intelectual demasiado complicada levanta sospecha. Si necesitamos tres páginas para
conseguir que algo pase una pregunta elemental, probablemente estamos
empujándolo.
4.
Puede responder SÍ, NO o NO SABEMOS. El NO SABEMOS será
importantísimo.
5.
Nada que no pase se tira. Simplemente no
pertenece, por ahora, al estamento Astrología
↔ Vida.
Y una sexta
que añadiría después de todo lo que hemos descubierto hoy:
6. NO PREGUNTAMOS QUÉ SIGNIFICA.
PREGUNTAMOS QUÉ HACE. Eso es capital. Porque «significado» nos devuelve
inmediatamente al universo simbólico humano.
FUNCIÓN nos obliga a buscar
Tierra. Así que yo abriría el
experimento casi ceremonialmente:
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