ASTROLOGÍA: VERDADERA o FALSA
¿Está
en la Vida o lo hemos puesto nosotros?
La
pregunta que empezó separando naturaleza e interpretación dentro de la
astrología terminó enseñándonos algo más difícil: antes de interpretar un
símbolo, debemos saber qué parte encontramos y qué parte estamos aportando
nosotros al mirarlo.
La pregunta
que empezó desmontando significados astrológicos. Después de contar de dónde surgió esta
investigación, podemos regresar a la pregunta exacta que comenzó a moverlo
todo. No era una pregunta contra la
astrología. Era una pregunta dentro de la astrología. Y precisamente por eso resultó tan
incómoda. Porque no preguntaba desde
fuera:
«¿Es
verdadera o falsa la astrología?» Preguntaba algo mucho
más concreto: **¿ESTO QUE ESTAMOS INTERPRETANDO ESTÁ REALMENTE AHÍ O LO HEMOS IDO PONIENDO NOSOTROS?**
La
diferencia es enorme. No obligaba a
aceptar o rechazar todo el edificio. Permitía
entrar dentro. Abrir habitaciones. Separar capas. Y mirar ladrillo por ladrillo. Empezamos
por algo aparentemente sencillo Tomemos
un planeta. El objeto astronómico está
ahí. Podemos determinar su posición. Observar su movimiento. Estudiar sus propiedades físicas. Eso no depende de la astrología. Pero después decimos: ESTE
PLANETA SIGNIFICA ESTO.
Ahí comienza
otra realidad. Entre: EL
PLANETA ESTÁ AHÍ y EL
PLANETA SIGNIFICA ESTO ha
ocurrido algo. HA
INTERVENIDO EL SER HUMANO. Ha
observado. Ha nombrado. Ha relacionado. Ha interpretado. Ha transmitido. Y quizá generaciones posteriores hayan
añadido nuevas interpretaciones. Ése fue
nuestro primer desmontaje. No para
eliminar el significado. Para
descubrir de qué está
hecho.
El signo tampoco
viene explicado
Algo
semejante ocurre con los signos. Tenemos
determinadas divisiones y referencias astronómicas utilizadas por el sistema
astrológico. Después encontramos un
enorme contenido simbólico asociado a cada signo. Funciones.
Características. Conductas. Imágenes.
Elementos. Cualidades. Correspondencias. Entonces la pregunta aparece de nuevo:
**¿QUÉ
PARTE ESTAMOS OBSERVANDO Y QUÉ
PARTE PERTENECE AL SISTEMA INTERPRETATIVO QUE HEMOS CONSTRUIDO?** No
podemos responder: «Todo estaba allí.» sin demostrarlo.
Pero tampoco necesitamos responder:
«Todo es inventado.» sin investigar.
La pregunta
obliga precisamente a escapar de ambas respuestas automáticas. La
estación del año nos dio una pista Podemos
relacionar determinados símbolos astrológicos con ciclos estacionales. Pero inmediatamente aparece la Tierra real. Dos hemisferios. Cuando en uno comienza la primavera, en el
otro comienza el otoño. Entonces una
correspondencia que parecía evidente necesita ser interrogada. No necesariamente destruida. Interrogada.
**SI DIGO
QUE UNA FUNCIÓN ASTROLÓGICA ES UNA ESTACIÓN,
¿QUÉ OCURRE CUANDO CAMBIO DE HEMISFERIO?**
La Tierra
introduce contraste. Nos obliga a
precisar qué estamos afirmando. ¿Hablamos
de una correspondencia histórica?
¿De una analogía? ¿De una función simbólica? ¿De una relación física?
Son
afirmaciones diferentes. Otra vez: CADA
COSA EN SU PISO.
La casa
tampoco está construida en el cielo
Llegamos a las casas. Podemos calcularlas mediante determinados
sistemas. Pero después atribuimos
campos de experiencia. Identidad. Recursos.
Comunicación. Familia. Creatividad.
Relaciones. Profesión. Y tantos otros desarrollos
interpretativos.
La pregunta
vuelve: ¿DE DÓNDE SALIERON ESOS
SIGNIFICADOS?
¿Cuál fue la atribución inicial? ¿Qué se fue añadiendo?
¿Qué escuelas modificaron determinadas
asociaciones?
¿Qué pertenece a una tradición concreta? ¿Qué se mantiene por repetición?
¿Qué se apoya en experiencia acumulada? ¿Qué podría contrastarse?
¿Qué es principalmente lenguaje simbólico?
De pronto
una casa deja de ser una habitación terminada.
Se convierte en: UNA HISTORIA DE CONSTRUCCIÓN.
El aspecto
tampoco trae una frase escrita Dos posiciones planetarias pueden
mantener determinada relación angular. Eso
puede calcularse. Pero después
interpretamos aquella relación. Armónica. Tensa.
Fluida. Conflictiva. Creativa.
Bloqueante. Y nuevamente debemos
separar. El ángulo pertenece al
cálculo.
La
caracterización pertenece a la interpretación astrológica. Esto nos llevó a intentar reducir el
lenguaje a una estructura más limpia:
RAÍZ
A + RAÍZ B + TIPO DE RELACIÓN = DINÁMICA RESULTANTE
No porque
esa fórmula demuestre empíricamente que la dinámica exista. Sino porque evita comenzar con una larga
frase heredada cuyo proceso de construcción ya no podemos ver. Primero intentamos saber qué estamos relacionando. Después veremos qué podemos sostener
acerca del resultado. Entonces
comenzamos a desmontar palabras Marte. Guerra.
¿Son lo mismo? No. La guerra es una construcción y una
conducta humana compleja. Entonces
preguntamos:
si retiro
ejércitos, armas, naciones, estrategias militares y conflictos políticos, ¿qué
queda de aquello que atribuimos a Marte?
Quizá
acción. Impulso. Separación.
Defensa. Competencia. Capacidad de cortar. No podemos convertir ninguna de esas
propuestas en una propiedad física del planeta por haberlas formulado. Pero la operación nos permite distinguir: RAÍZ PROPUESTA
de MANIFESTACIÓN
HUMANA POSTERIOR. Y
eso ya cambia la investigación. «Guerra» podía ser un ladrillo
Quizá
durante mucho tiempo una manifestación humana especialmente visible terminó
pegándose al arquetipo. Entonces una
palabra como guerra
podía comenzar a parecer una propiedad esencial. Pero nuestro instrumento pregunta: ¿LA
GUERRA ESTÁ EN MARTE?
¿O estamos
utilizando una construcción humana para representar una función astrológica que
creemos reconocer? Y si es así: ¿cuál
sería esa función antes de convertirse en guerra?
Aquí nació
algo importante: ASTROLOGÍA
EN BRUTO TERRÁQUEA.
Intentar
llegar, cuando sea posible, a una formulación anterior a nuestras
construcciones sociales. Pero Madre Tierra no podía convertirse en una
máquina de confirmar astrología Éste
fue un límite fundamental.
Podíamos
mirar la naturaleza y encontrar algo que se
pareciera a nuestro arquetipo. Una planta compite por luz. Un animal defiende territorio. Una rama cae. Un organismo responde ante una amenaza.
Pero
encontrar analogías no demuestra que Marte produzca esos fenómenos ni que
exista una asociación astrológica objetiva con ellos. ANALOGÍA NO ES DEMOSTRACIÓN. Esta distinción protegía
toda la investigación.
Porque de
otro modo habríamos cometido exactamente el error que intentábamos desmontar: encontrar algo, interpretarlo desde nuestro sistema, y después utilizar nuestra propia
interpretación para confirmar el sistema.
Un círculo perfecto. Y cerrado. La
Tierra debía poder decir que no
Si Madre
Tierra iba a ser una referencia exterior al constructo, no podía estar obligada
a confirmar nuestras expectativas. Tenía
que conservar la posibilidad de responder:
NO LO ENCUENTRO. NO LO SÉ.
ESTO PARECE UNA CONSTRUCCIÓN HUMANA.
ESTO NECESITA COMPROBACIÓN.
UNA REFERENCIA QUE SIEMPRE NOS DA LA RAZÓN NO
ES UNA REFERENCIA EXTERIOR.
Es otro
espejo. Neptuno planteaba exactamente el mismo problema
Tomemos otro
ejemplo. Podemos encontrar alrededor
de Neptuno palabras como: espiritualidad, disolución,
intuición, engaño, confusión,
idealización, evasión, misticismo. Pero colocar todas esas palabras
alrededor de un planeta no resuelve nada.
Tenemos que preguntar:
¿cuál es la raíz? ¿qué pertenece a una interpretación
histórica?
¿qué apareció posteriormente?
¿qué manifestaciones son específicamente
humanas?
¿qué observación sostiene cada atribución?
Y si
afirmamos una relación objetiva con acontecimientos o características humanas: ¿QUÉ EVIDENCIA TENEMOS? La pregunta puede
incomodar. Pero precisamente por
eso limpia.
Los objetos
descubiertos recientemente hicieron visible el proceso
Con los
cuerpos incorporados más recientemente al trabajo astrológico ocurre algo
fascinante. Podemos estar mucho más cerca
del momento de construcción del significado.
Alguien propone una interpretación.
Otro encuentra casos que parecen concordar. Otro amplía. Otro discrepa. Aparecen artículos. Libros.
Cursos. La asociación comienza a
circular. Y quizá años después un estudiante
recibe:
«ESTE
OBJETO SIGNIFICA ESTO.» Ahí podemos
contemplar el proceso casi entero. OBSERVACIÓN
→ HIPÓTESIS → INTERPRETACIÓN → TRANSMISIÓN → AÑADIDO → NORMALIZACIÓN.
Y podemos
preguntar en cada paso: ¿QUÉ SABEMOS? ¿QUÉ PROPONEMOS? ¿QUÉ ESTAMOS AÑADIENDO? Entonces la pregunta se volvió hacia quien
interpreta
Éste fue
quizá el momento más delicado. Porque
es cómodo preguntar: «¿Qué añadieron los antiguos?» Mucho más incómodo
preguntar: ¿QUÉ ESTOY
AÑADIENDO YO AHORA?
Cada vez que
proponemos una nueva asociación podemos estar colocando un ladrillo. Quizá sea excelente. Quizá resulte útil. Quizá otros encuentren posteriormente que no
funciona. Quizá necesite reformulación. Pero si lo transmitimos como descubrimiento
definitivo, habremos comenzado nuevamente el proceso de sedimentación. Por eso apareció una disciplina del
lenguaje:
OBSERVAMOS... PROPONEMOS... INTERPRETAMOS... ENCONTRAMOS ESTA ANALOGÍA... ESTO NECESITARÍA CONTRASTE... NO LO SABEMOS...
El verbo
utilizado puede decirnos en qué piso estamos.
Desmontar no significaba destruir
Aquí debemos recuperar el sentido de la palabra. Cuando decimos que la pregunta comenzó desmontando significados astrológicos,
no significa: demostrando que eran falsos. Significa: DESMONTANDO EL CONJUNTO PARA VER SUS PIEZAS.
Como quien
abre una máquina. Esto pertenece al
objeto astronómico. Esto al cálculo. Esto al nombre. Esto al mito. Esto a una tradición. Esto a una analogía. Esto a una interpretación. Esto a experiencia clínica o casuística
acumulada. Esto a una afirmación que
podría someterse a contraste empírico. Esto
no sabemos todavía de dónde salió. Ahora
podemos investigar mejor.
Y algunas
piezas quizá vuelvan a encajar Ésta era también una posibilidad. Después de desmontar podemos descubrir que
una interpretación continúa resultando fértil.
Perfecto. La recuperamos
sabiendo mejor qué es. Otra puede
necesitar simplificación. Otra
reubicación. Otra puede quedar como
símbolo. Otra requerirá investigación. Otra quizá no encontremos razón suficiente
para conservarla. No necesitamos
resolver todo de una vez.
**LA
FINALIDAD NO ES QUEDARNOS SIN ASTROLOGÍA.
ES SABER QUÉ ASTROLOGÍA ESTAMOS UTILIZANDO.** Aquí apareció nuestra gramática Precisamente
para evitar que siglos de asociaciones se mezclaran continuamente,
necesitábamos raíces funcionales. Entonces:
PLANETA
= MECANISMO ¿Qué mecanismo
estamos proponiendo?
SIGNO
= FUNCIÓN ¿Qué función
representa dentro del sistema?
CASA
= CAMPO ¿En qué campo se
expresa?
ASPECTO
= DINÁMICA ¿Qué relación aparece
entre los elementos?
Así
obteníamos: MECANISMO
— FUNCIÓN — CAMPO — DINÁMICA
Una
arquitectura. No una prueba. Una manera de organizar la investigación. Y la diferencia entre ambas cosas debía
permanecer siempre visible. Entonces ocurrió el gran salto Después de pasar meses preguntando:
¿ESTO
ESTÁ EN LA ASTROLOGÍA O LO HEMOS PUESTO NOSOTROS? la pregunta comenzó a deformarse ligeramente. Hasta convertirse en:
**¿ESTO
ESTÁ EN LA VIDA O LO HEMOS PUESTO
NOSOTROS?**
Y ahí se
abrió la puerta. Porque la misma
pregunta funcionaba ante: DINERO. PRESTIGIO.
FRONTERAS. PROFESIONES. DIAGNÓSTICOS. INSTITUCIONES. EXPECTATIVAS.
De repente
comprendimos que no estábamos solamente desmontando significados astrológicos. Habíamos encontrado: UNA HERRAMIENTA PARA DESMONTAR SIGNIFICADOS
HUMANOS. No para
destruirlos. Para saber cómo estaban
construidos.
La pregunta
tenía dos filos El primero: ¿ESTÁ
AHÍ? Si está, investiguemos qué podemos saber acerca de
ello.
El segundo: ¿LO HEMOS PUESTO NOSOTROS? Si lo pusimos, investiguemos
por qué. Y aquí apareció algo decisivo. La segunda respuesta dejó de significar: «Entonces
no vale.» Pasó a
significar: «Entonces tiene una historia humana.»
¿Para qué lo pusimos? ¿Qué necesidad atendía?
¿Qué función adquirió? ¿Qué fuimos añadiendo?
¿Qué consecuencias produce? ¿Continúa siendo útil?
¿Necesita reubicarse? ¿Podemos modificarlo?
Toda la
arquitectura de este libro estaba ya escondida dentro de aquella pequeña
pregunta astrológica. Y apareció una
tercera respuesta No todo tenía que
ser: NATURALEZA o CONSTRUCCIÓN. Podía existir algo mucho más
interesante: **HAY
ALGO AHÍ Y SOBRE ELLO HEMOS
CONSTRUIDO.**
Ésta puede
ser una de las respuestas más fértiles.
Existe un cuerpo astronómico. Sobre
él construimos un nombre y un significado.
Existe la diferencia sexual; sobre ella las sociedades pueden construir
multitud de normas y expectativas. Existe
la necesidad de alimento; sobre ella construimos sistemas económicos y
culturales. Existe la muerte; alrededor
de ella construimos ritos, relatos y tradiciones. Existe el territorio; sobre él construimos
fronteras. No necesitamos eliminar
ninguno de los dos pisos. Necesitamos
distinguirlos.
La pregunta
no termina donde empezó Ahora, al regresar al laboratorio astrológico,
podemos formularla con mucha más precisión.
Ante cualquier elemento podríamos preguntar:
¿QUÉ HAY? ¿QUÉ OBSERVAMOS?
¿QUÉ HEMOS NOMBRADO? ¿QUÉ HEMOS INTERPRETADO?
¿QUÉ HEMOS HEREDADO? ¿QUÉ HEMOS AÑADIDO?
¿QUÉ PODEMOS CONTRASTAR? ¿QUÉ CONTINÚA SIENDO UNA HIPÓTESIS?
¿QUÉ NO SABEMOS?
Eso no hace
la astrología más pobre. La obliga a
respirar. Porque la pregunta más peligrosa quizá sea la
que dejamos de hacer Cuando una
interpretación lleva siglos repitiéndose puede parecer evidente. Cuando aparece en todos los manuales
puede parecer que siempre estuvo allí.
Cuando miles de personas utilizan una asociación puede resultar difícil
volver a preguntar por su origen. Pero
precisamente ahí entra Madre Tierra:
**¿ESTO
ESTABA AQUÍ ANTES DE QUE EMPEZÁRAMOS A DECIR QUE
SIGNIFICABA ESTO?**
No conocemos
de antemano la respuesta. Ésa es la
gracia. Si ya supiéramos que todo debe
confirmarse, no estaríamos investigando.
Si ya supiéramos que todo debe rechazarse, tampoco.
PREGUNTAMOS
PORQUE LA RESPUESTA TODAVÍA TIENE DERECHO A SORPRENDERNOS. Y ahora podemos acercarnos todavía más al lugar donde se ve nacer el
ladrillo. Porque una cosa es recibir
significados construidos hace siglos. Otra
muy diferente es observar cómo un nuevo significado empieza a formarse delante
de nosotros.
Ahí ya no
podremos decir: «Lo heredamos.» Estaremos presentes
mientras ocurre. . El
ladrillo astrológico Una observación se convierte en hipótesis. La
hipótesis encuentra casos, recibe analogías, se transmite y acumula
significado. ¿En qué momento comenzamos a olvidar que alguien tuvo que colocar
el primer ladrillo?
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