JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD
AHORA SÍ: ENTRA JUNG
Qué llamó Jung sincronicidad
Sí. Aquí conviene pararnos delante de
Jung y reconocer la magnitud del paso que dio en su momento. Ahora nosotros
llegamos después de 33 apartados y tenemos preparada toda una casa:
dependencia, captación, memoria, noche, trayectoria, información no consciente…
Jung no disponía de nuestro recorrido. Él tuvo que abrir una puerta cuando la
explicación causal ocupaba una posición enormemente fuerte.
He
comprobado además la formulación histórica para que esta entrada sea fiel: Jung
venía trabajando estas ideas desde finales de los años veinte; utilizó
públicamente el término en torno a 1930, presentó una exposición en Eranos en
1951 y publicó en 1952 Synchronicity:
An Acausal Connecting Principle, junto al trabajo de Wolfgang
Pauli. Su propuesta intentaba dar nombre a coincidencias entre un estado
psíquico y acontecimientos externos que resultaban significativamente
relacionados sin una cadena causal demostrable.
Ahora sí. Después de caminar. Después de pisar. Después de situar al humano dentro de
Madre Tierra. Después de hablar de
dependencia, ritmo, cadencia, repetición, ciclo, cambio, señal, anticipación y
correspondencia. Después de
preguntarnos con qué recibimos. Después
de entrar en atención, emoción, pensamiento, memoria, biografía, consciente e
inconsciente. Después de abrir la
habitación de captación. Después de
atravesar la noche. Después de
dormir. Después de soñar.
AHORA
SÍ ENTRA JUNG. Y debemos recibirlo
con respeto. Porque aquello que hoy
podemos pronunciar tranquilamente tuvo que ser, en su momento, una propuesta
difícil.
JUNG SE
ENCONTRÓ CON UN PROBLEMA
Había
acontecimientos que podían aparecer juntos de una manera extraordinariamente
significativa para quien los experimentaba.
Un contenido
psíquico. Un pensamiento. Una imagen. Un sueño. Y un acontecimiento exterior.
Entre ambos
no podía establecerse una relación causal ordinaria. A no parecía haber producido B. B tampoco parecía haber producido A. Y, sin embargo, para la persona que lo
vivía, la correspondencia podía resultar impresionante.
¿Qué hacer
con aquello? ¿Desecharlo porque no
conocemos una causa? ¿Llamarlo
simplemente casualidad? ¿Convertirlo
inmediatamente en algo sobrenatural?
Jung intentó
otra cosa. DARLE UN LUGAR PARA
PODER PENSARLO.
SINCRONICIDAD
Jung utilizó
esta palabra para referirse a coincidencias significativas en las que un
acontecimiento psíquico y otro acontecimiento aparecían relacionados por su
significado sin que pudiera establecerse entre ellos una relación causal
ordinaria.
Éste es el
núcleo. No basta: COINCIDIERON.
Tiene que
aparecer también: SIGNIFICADO.
Y no basta: UNA COSA PRODUJO LA OTRA.
Precisamente
el problema aparece porque esa relación causal no puede demostrarse. Por eso Jung llegó a hablar de un: PRINCIPIO DE CONEXIÓN ACAUSAL.
DETENGÁMONOS AQUÍ Porque
ahora que hemos recorrido nuestro camino podemos advertir inmediatamente la
enormidad de la propuesta. Jung
estaba diciendo:
QUIZÁ LA CAUSALIDAD NO SEA LA ÚNICA
MANERA DE PENSAR DETERMINADAS RELACIONES ENTRE ACONTECIMIENTOS.
Eso no es
pequeño. Era abrir una ventana en
una habitación intelectual muy sólida.
No estaba simplemente diciendo:
«Qué casualidad.»
Estaba
intentando averiguar si determinadas coincidencias significativas exigían
ampliar nuestra manera de contemplar la relación entre acontecimientos.
EL ESTADO
PSÍQUICO Y EL ACONTECIMIENTO Aquí está una de sus piezas fundamentales.
Por un lado: ALGO OCURRE EN LA PERSONA.
Por otro: ALGO OCURRE EN LO QUE
JUNG LLAMA EL MUNDO EXTERIOR.
Y ambos
acontecimientos coinciden de una manera que para esa persona tiene significado. Ésa es la escena. Todavía no la toquemos. Todavía no introduzcamos Madre Tierra.
Primero
dejemos a Jung explicarse desde su propio planteamiento. Porque solamente después podremos
preguntar: ¿EXTERIOR A QUÉ? Pero esa pregunta vendrá más adelante.
EL FAMOSO
ESCARABAJO
Uno de los
ejemplos más conocidos relatados por Jung ocurrió durante el tratamiento de una
paciente. Ella estaba contando un
sueño en el que aparecía una joya con forma de escarabajo dorado. En ese momento algo golpeó la ventana. Jung encontró fuera un escarabajo
semejante, lo recogió y lo presentó a la paciente.
Para Jung,
aquella coincidencia tuvo un significado psicológico especial dentro de la
situación terapéutica y contribuyó a romper, según su interpretación, una
actitud excesivamente racionalista de la paciente.
No
necesitamos decidir ahora qué ocurrió «realmente» en un sentido último. Lo importante es comprender por qué aquel
episodio le interesó.
CONTENIDO PSÍQUICO. ACONTECIMIENTO EXTERIOR.
COINCIDENCIA. SIGNIFICADO.
Y ninguna
relación causal evidente entre ambos.
JUNG NO
LLEGÓ A ESTO EN UNA TARDE
Esto también
merece reconocimiento. La idea fue
madurando durante años.
Hay
antecedentes de su planteamiento en seminarios de finales de los años veinte;
Jung empleó el término públicamente alrededor de 1930, presentó On Synchronicity en la
conferencia de Eranos de 1951 y publicó después su trabajo extenso sobre la
sincronicidad en 1952. Por tanto,
no estamos ante una ocurrencia. Estamos
ante un problema que Jung estuvo intentando colocar durante mucho tiempo.
MIRÓ. DUDÓ. RELACIONÓ.
BUSCÓ ANTECEDENTES. INTENTÓ FORMULAR.
Y finalmente
propuso un concepto. Exactamente
aquello que nosotros acabamos de defender:
«CREO
QUE AQUÍ HAY ALGO. MIREMOS.»
Y SE
ATREVIÓ A NO TENERLO TODO RESUELTO
Esto quizá
sea lo más importante. El propio
terreno que estaba abordando era difícil.
Jung sabía
que entraba en una zona cargada de prejuicios, dificultades intelectuales y
fenómenos difíciles de demostrar. En el prólogo de su trabajo reconocía
precisamente ese carácter problemático del territorio.
Y, sin
embargo, no cerró la puerta. Eso tiene
valor. Porque una cosa es inventar
una respuesta para lo desconocido. Y
otra muy distinta:
RECONOCER QUE EXISTE UNA PREGUNTA QUE
NUESTRAS EXPLICACIONES ACTUALES NO RESUELVEN SATISFACTORIAMENTE.
JUNG AMPLIÓ
LA PREGUNTA Hasta
entonces podíamos preguntar: ¿QUÉ
CAUSÓ ESTO? Jung añadió otra posibilidad:
¿QUÉ RELACIÓN SIGNIFICATIVA PUEDE EXISTIR
ENTRE ESTOS ACONTECIMIENTOS AUNQUE NO PODAMOS ESTABLECER QUE UNO CAUSÓ AL OTRO?
Aquí estaba
el salto. No necesariamente
abandonar la causalidad. Sino
preguntarse si bastaba para describir todos los fenómenos que estaba
encontrando.
Y MIRÓ MUY
LEJOS Jung relacionó su investigación con tradiciones
anteriores que habían pensado el mundo de maneras distintas.
El I Ching. Ideas antiguas de correspondencia. La noción de armonía. La relación entre acontecimientos y
momento. Astrología. Alquimia.
Filosofías
que habían contemplado conexiones entre las partes del mundo sin reducirlas
necesariamente a una cadena lineal de causas. Nosotros no tenemos que aceptar todas
esas relaciones. Pero debemos
comprender lo que estaba intentando hacer:
BUSCAR OTROS MAPAS PARA UN TERRITORIO QUE
EL MAPA CAUSAL NO LE PARECÍA CAPAZ DE EXPLICAR POR COMPLETO.
Y AQUÍ HAY
QUE RECONOCER SU ATREVIMIENTO
Podemos
discutir sus respuestas. Podemos
revisar sus ejemplos. Podemos
cuestionar algunas de sus conclusiones.
Podemos disponer hoy de explicaciones que Jung no tenía. Todo eso vendrá.
Pero
primero: RECONOZCAMOS LA
PREGUNTA. Porque Jung hizo algo
que nosotros hemos defendido continuamente en este libro.
Encontró
acontecimientos que no sabía colocar y, en lugar de eliminarlos porque
molestaban al modelo... AMPLIÓ EL MODELO. Eso es importante.
AHORA
NOSOTROS TENEMOS UNA VENTAJA
Han pasado
décadas. Y además nosotros hemos
llegado por otro camino. Antes de
entrar en la sincronicidad hemos colocado:
Madre
Tierra. Dependencia. Todo y Unidad. Continuidad. Ritmo.
Correspondencia. Captación. Atención.
Memoria. Biografía.
Consciente e
inconsciente. Noche. Sueño.
Anticipación. Procesos ya
iniciados. Por tanto, cuando Jung nos
presenta:
ESTADO PSÍQUICO + ACONTECIMIENTO EXTERIOR
+ SIGNIFICADO + AUSENCIA DE CAUSALIDAD DEMOSTRADA
nosotros no
necesitamos responder inmediatamente: sí o
no. Tenemos muchas preguntas
anteriores.
Y SOBRE
TODO TENEMOS UNA
Jung habla
de: PSIQUE y
MUNDO
EXTERIOR. Perfecto. Conservemos de momento su formulación.
Pero desde
Madre Tierra empieza ya a levantarse una mano al fondo de la sala: ¿EXTERIOR A QUÉ?
Porque el
pensamiento está ocurriendo en un ser vivo.
El ser vivo está dentro de Madre Tierra. El escarabajo también. La ventana también. La paciente también. Jung también. El sueño también ocurrió en un organismo
terrestre. Entonces quizá
aquello que desde el individuo aparece como:
INTERIOR
↔ EXTERIOR desde una unidad
mayor pueda necesitar otra formulación.
Pero todavía no.
DEJEMOS
A JUNG SU DESCUBRIMIENTO.
PRIMERO HAY
QUE AGRADECERLE LA PUERTA
Ésta puede
ser nuestra posición. No necesitamos
convertir a Jung en autoridad absoluta.
Tampoco necesitamos desmontarlo.
Podemos hacer algo mucho más fértil:
RECONOCER
HASTA DÓNDE LLEGÓ.
Se encontró
con coincidencias que parecían cargadas de significado. Se negó a reducirlas inmediatamente a nada. Intentó estudiarlas. Buscó antecedentes. Propuso un nombre. Construyó una hipótesis. Y dejó una puerta abierta. SINCRONICIDAD.
Nosotros
hemos llegado décadas después. Y
traemos otra cosa bajo el brazo: MADRE TIERRA.
Jung está
delante de la puerta. Nosotros
también. Él dice:
«AQUÍ PARECE EXISTIR UNA COINCIDENCIA
SIGNIFICATIVA SIN UNA RELACIÓN CAUSAL DEMOSTRABLE.»
Y nosotros
respondemos: «DE ACUERDO, JUNG. NO
VAMOS A CERRARLA.»
Pero tampoco
vamos a atravesarla corriendo. Primero
miraremos dónde estamos.
Quién
recibe. Qué recibió. Qué sabía.
Qué no sabía que sabía. Qué
había ocurrido antes. Qué estaba ya en
marcha. Qué añadió la memoria. Qué añadió la biografía. Qué añadió la interpretación. Y después de retirar todo aquello que
podamos explicar... MIRAREMOS LO QUE QUEDE.
Quizá
entonces podamos comprender todavía mejor la enorme pregunta que Jung dejó
sobre la mesa. Porque su mérito no
fue necesariamente haber pronunciado la última palabra sobre la sincronicidad. Quizá fue algo anterior y enormemente
valioso:
ATREVERSE A DECIR QUE HABÍA ALGO ALLÍ QUE
MERECÍA SER MIRADO.
Y nosotros
vamos a mirarlo. Pero esta vez... CON LOS PIES EN MADRE TIERRA.
Aquí yo no
tocaría todavía a Jung ni un milímetro más. El 35. Coincidencia
significativa
merece entrar exactamente desde su terreno: entender primero qué quiso decir
con que la coincidencia fuera significativa. Después llegará el
momento fuerte de Madre Tierra, cuando podamos preguntarle a esa separación
«psique/mundo exterior»: Jung, ¿y si ambas cosas estaban dentro
desde el principio?
35.
Coincidencia significativa Sí. Y aquí debemos
respetar mucho la palabra que Jung añadió a «coincidencia»: significativa. Porque dos cosas
pueden coincidir constantemente y no producir nada especial. El problema
comienza cuando esa coincidencia encaja de una manera extraordinaria en la
situación psíquica de quien la vive.
Pero después
de todo nuestro recorrido aparece inmediatamente una pregunta nueva: ¿el
significado estaba «entre» los dos acontecimientos, estaba en quien los
recibió, venía de su biografía, o surgió precisamente del encuentro entre
acontecimiento y receptor? No conviene resolverlo todavía. Ahí está la
riqueza del apartado.
35. COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA
Dos
acontecimientos coinciden. Eso ocurre
continuamente. Miro el reloj y pasa un
automóvil. Pienso en una palabra y
canta un pájaro. Abro una puerta
mientras alguien estornuda. Dos
acontecimientos han coincidido en el tiempo.
Y
normalmente continuamos viviendo. No
ocurre nada especial. Por tanto, para
Jung no bastaba: COINCIDENCIA. Había otra palabra.
SIGNIFICATIVA. Y esa palabra cambia completamente el
problema.
NO ES
SOLAMENTE «OCURRIERON A LA VEZ»
Volvamos al
ejemplo más conocido. Una persona
está relatando un sueño relacionado con un escarabajo dorado. En ese momento aparece un insecto
semejante.
Lo que llamó
la atención de Jung no fue solamente que un insecto hubiera llegado a la
ventana. Insectos existen. Ventanas existen. Sueños existen.
Lo
extraordinario para aquella situación era la correspondencia entre el contenido
psíquico que estaba siendo relatado y el acontecimiento que aparecía en aquel
momento. Entonces tenemos:
ACONTECIMIENTO
A algo psíquico.
ACONTECIMIENTO
B algo que ocurre fuera
de aquella experiencia psíquica. Y
después:
A Y B ADQUIEREN UNA RELACIÓN POR SU
SIGNIFICADO.
Ahí empieza
el problema de Jung.
PERO ¿DÓNDE
ESTÁ EL SIGNIFICADO? Ahora podemos hacer una pregunta que parece pequeña
y es enorme. ¿DÓNDE
ESTÁ EL SIGNIFICADO?
¿Está en A? ¿Está en B? ¿Está entre A y B?
¿Está en la
persona que relaciona A con B? ¿Está
en su memoria? ¿En su biografía? ¿En la situación que está viviendo? ¿En una combinación de todo ello?
Todavía no
respondamos. Pero ya hemos encontrado
algo fundamental: EL SIGNIFICADO NECESITA
UN RECEPTOR.
EL
ESCARABAJO NO LLEVA UNA ETIQUETA
El insecto
no llega diciendo: «HE VENIDO A CONFIRMAR
EL SUEÑO.» Eso lo debemos añadir
nosotros al análisis. El
acontecimiento ocurre. Después alguien
lo recibe. Lo relaciona. Y descubre una correspondencia. Por tanto, vuelve nuestra secuencia:
ACONTECIMIENTO. CAPTACIÓN. RELACIÓN.
SIGNIFICADO. INTERPRETACIÓN.
Y conviene
no confundirlas.
SIGNIFICATIVO
NO SIGNIFICA TODAVÍA EXPLICADO Esto es importantísimo.
Que una
coincidencia tenga un significado extraordinario para mí no explica por qué
ocurrió. Son dos cuestiones
diferentes. Puedo decir:
«ESTO
HA SIDO MUY SIGNIFICATIVO PARA MÍ.»
sin tener
que decir: «SÉ QUÉ LO HA
PRODUCIDO.» Qué limpieza
proporciona esta distinción. Nos
permite respetar completamente una experiencia sin inventar su mecanismo.
TAMPOCO
SIGNIFICA QUE SEA FALSO Podríamos cometer el error contrario. «Como el significado depende de la
persona, entonces no vale nada.»
Tampoco. El significado puede
producir consecuencias completamente reales.
Una
coincidencia puede: hacerme pensar, recordarme algo, romper una resistencia, hacerme formular una pregunta, modificar una decisión, obligarme a mirar una parte de mi
biografía, hacerme descubrir una
relación que no había visto.
Entonces el
significado forma parte del acontecimiento tal como fue vivido. Otra cuestión será explicar su origen.
AQUÍ ENTRA
LA BIOGRAFÍA
Ahora
tenemos una ventaja sobre el punto desde el que comenzamos el libro. Ya hemos pasado por ella. BIOGRAFÍA.
El mismo
acontecimiento no tiene necesariamente el mismo significado para dos personas. Un árbol.
Una canción. Un perro. Una estación. Una palabra. Un número.
Una casa. Un escarabajo.
Para una
persona puede no significar absolutamente nada especial. Para otra puede contener décadas de
historia. Entonces debemos preguntar:
¿CUÁNTO DEL SIGNIFICADO PROCEDE DE LA
COINCIDENCIA Y CUÁNTO DE LA BIOGRAFÍA QUE LA RECIBE?
Quizá la
pregunta esté mal planteada. Quizá
el significado aparezca precisamente cuando ambas cosas se encuentran.
NO HAY
SIGNIFICADO SIN HISTORIA
Imaginemos
que pienso intensamente en una persona a la que no veo desde hace treinta años. Suena el teléfono. Es ella.
La coincidencia puede impresionarme enormemente. Pero para comprender su significado
tendremos que conocer algo más. ¿Quién
es esa persona? ¿Qué vivimos juntos? ¿Por qué llevaba treinta años sin verla? ¿Por qué estaba pensando precisamente hoy
en ella? ¿Qué estaba ocurriendo en mi
vida? ¿Qué ocurrió después?
El
significado no flota encima de los acontecimientos. ENTRA EN UNA BIOGRAFÍA.
Y AQUÍ
APARECE NUEVAMENTE LA MEMORIA
Porque para
decir: «ESTO COINCIDE CON
AQUELLO» tengo que conservar
aquello.
El
acontecimiento B necesita encontrarse con algo que recuerdo de A. Entonces memoria y significado están
profundamente relacionados.
Y sabemos ya
que la memoria: conserva, selecciona, reconstruye, relaciona.
Por tanto,
una coincidencia significativa merece todavía más cuidado. No para destruirla. Para verla mejor.
¿CUÁNDO SE
HIZO SIGNIFICATIVA? Magnífica pregunta.
¿En el mismo
instante? ¿Cinco minutos después? ¿Al explicársela a alguien? ¿Cuando ocurrió una tercera cosa? ¿Años después?
Esto puede
cambiarlo todo. Hay coincidencias cuyo
significado parece inmediato. Y
otras que solamente adquieren significado retrospectivamente. Entonces:
EL MOMENTO DE LA COINCIDENCIA Y EL
MOMENTO DEL SIGNIFICADO PUEDEN NO SER EL MISMO.
Otra pieza
para nuestra investigación.
TAMBIÉN
PUEDE OCURRIR AL REVÉS
Algo nos impresiona
enormemente en el momento. Pasan los
años. Y pierde importancia. Entonces también debemos admitir: EL SIGNIFICADO PUEDE
CAMBIAR. Igual que cambiaban
nuestros símbolos. Porque continúa
la biografía.
Lo que
parecía central a los veinte años puede colocarse de otra manera a los setenta. No necesariamente porque fuera falso
entonces. Porque nosotros hemos
seguido caminando.
¿SIGNIFICATIVO
PARA QUIÉN? Ésta es probablemente una de las preguntas
esenciales.
Una
coincidencia puede ser significativa: para
mí, para otra persona, para una familia, para quien está observando una situación, para un terapeuta que interpreta lo
sucedido. Y los significados pueden
no coincidir. Esto nos obliga
nuevamente a preguntar:
¿QUIÉN
ESTÁ DICIENDO QUE ESTA COINCIDENCIA ES SIGNIFICATIVA?
No para
desacreditarla. Para saber desde
dónde estamos mirando.
JUNG PUSO
EL SIGNIFICADO EN PRIMER PLANO
Y aquí
debemos reconocer otra vez la importancia de su movimiento. No se limitó a preguntar: «¿QUÉ CAUSÓ ESTO?»
Introdujo
también: «¿QUÉ SIGNIFICA ESTA
COINCIDENCIA PARA QUIEN LA ESTÁ VIVIENDO?»
Eso abrió
una dimensión que una descripción puramente mecánica del acontecimiento podía
dejar fuera. Porque dos
acontecimientos pueden ser físicamente ordinarios y, sin embargo, su encuentro
adquirir una enorme importancia en una vida humana.
PERO NOSOTROS TENEMOS QUE AÑADIR UNA
PRECAUCIÓN
SIGNIFICATIVO NO SIGNIFICA DIRIGIDO. Esto es decisivo.
Que algo
tenga significado para mí no demuestra que haya sido producido para mí.
Un paisaje
puede emocionarme profundamente. No
necesito afirmar que la montaña se colocó allí para emocionarme. Una canción escuchada accidentalmente
puede hacerme comprender algo. No
necesito afirmar que alguien hizo sonar aquella canción para enviarme una
respuesta.
Un acontecimiento puede adquirir significado sin haber sido
organizado intencionadamente para producir ese significado.
ESTO NOS
DEVUELVE A MADRE TIERRA
Una hoja
cae. Un pájaro cambia de dirección. Llueve.
Amanece. Encuentro a alguien. Escucho una frase. Sueño una imagen.
Nada de eso
necesita haber sido preparado para mí.
Pero yo estoy allí. Con mi
atención. Mi memoria. Mi emoción.
Mi pensamiento. Mi biografía.
Y puede
producirse una correspondencia. Entonces:
PUEDO ENCONTRAR SIGNIFICADO SIN NECESITAR
CONVERTIRME EN EL CENTRO DEL ACONTECIMIENTO.
Esto es
profundamente liberador.
EL
SIGNIFICADO NO NECESITA CONVERTIR MADRE TIERRA EN ORÁCULO
Éste era uno
de nuestros peligros. Si cada
acontecimiento significativo pasa a ser:
«MADRE
TIERRA ME ESTÁ DICIENDO...» hemos dado nuevamente
un salto.
Quizá Madre
Tierra no necesite hablarnos personalmente.
Los acontecimientos ocurren. Nosotros
pertenecemos al mismo lugar donde ocurren.
Recibimos. Relacionamos. Aprendemos.
Y algunas
correspondencias adquieren una enorme significación. Eso ya es extraordinario. No necesitamos añadir todavía nada más.
UNA
COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA PUEDE CAMBIAR UNA VIDA SIN
Esta frase
merece quedarse. Porque devuelve la
escala. Una experiencia puede ser
decisiva para una persona. Puede
incluso cambiar su trayectoria. Y,
sin embargo, no proporcionar una teoría general sobre cómo funciona el
universo.
IMPORTANCIA
PERSONAL NO EQUIVALE A LEY UNIVERSAL.
Podemos
respetar ambas escalas.
¿Y SI EL
SIGNIFICADO FUERA TAMBIÉN UNA FORMA DE CORRESPONDENCIA?
Aquí podemos
acercarnos un poco más. No afirmar. Preguntar. Algo ocurre dentro de mi experiencia. Algo ocurre fuera de aquello
que en ese momento llamo mi experiencia interior.
Los
relaciono. Y aparece significado. Entonces quizá lo significativo no esté
completamente en A. Ni completamente
en B. Puede aparecer en:
A ↔ B ↔ RECEPTOR ↔ BIOGRAFÍA ↔ MOMENTO.
Ya no
tenemos dos puntos. Tenemos una
situación.
Y AHORA
MADRE TIERRA EMPIEZA A INCOMODAR LA ESCENA
Porque
seguimos diciendo: INTERIOR y
EXTERIOR.
Pero
llevamos treinta y cuatro apartados recordando algo: el acontecimiento llamado interior ocurre
en un organismo terrestre.
El
acontecimiento llamado exterior ocurre también dentro de Madre Tierra.
Entonces
quizá la coincidencia significativa esté siendo observada desde una división
útil para nuestra experiencia... pero
no necesariamente suficiente para comprender el conjunto.
Todavía no
resolveremos esto. Pero ya podemos
dejar la pregunta colocada:
¿ESTAMOS CONTEMPLANDO DOS MUNDOS QUE SE
ENCUENTRAN...
O DOS ACONTECIMIENTOS QUE NUNCA
ESTUVIERON FUERA DEL MISMO MUNDO?
Jung vio la
coincidencia. Y añadió: SIGNIFICATIVA. Nosotros conservamos ambas palabras. No quitamos ninguna. Pero ahora preguntamos:
¿Qué
coincidió? ¿Quién lo recibió? ¿Qué sabía? ¿Qué recordaba? ¿Qué había vivido? ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Cuándo apareció el significado? ¿Cambió después? ¿Era significado o explicación? ¿Era significativo o dirigido? ¿Había una relación previa? ¿Había información ya disponible? ¿Y qué queda después de preguntar todo
esto?
Quizá quede
algo. Quizá mucho. Quizá nada que necesite una explicación
extraordinaria. NO LO SABEMOS TODAVÍA.
Pero hemos
conseguido conservar intacto el hallazgo de Jung sin convertirlo inmediatamente
en una doctrina. COINCIDENCIA
SIGNIFICATIVA.
Dos
palabras. La primera nos obliga a
mirar los acontecimientos. La
segunda nos obliga a mirar también a quien los está viviendo. Y ahora empieza a aparecer una tercera
pregunta:
¿QUÉ CLASE DE RELACIÓN EXISTE ENTRE AMBOS
SI UNO NO PARECE HABER CAUSADO AL OTRO?
Ahí nos
espera el siguiente paso: ACAUSALIDAD.
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