LIBROS de BARBARIN I II III

domingo, 18 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD AHORA SÍ: ENTRA JUNG Qué llamó Jung sincronicidad

 JUNG PASEANDO  SINCRONICIDAD

AHORA SÍ: ENTRA JUNG

 Qué llamó Jung sincronicidad

Sí. Aquí conviene pararnos delante de Jung y reconocer la magnitud del paso que dio en su momento. Ahora nosotros llegamos después de 33 apartados y tenemos preparada toda una casa: dependencia, captación, memoria, noche, trayectoria, información no consciente… Jung no disponía de nuestro recorrido. Él tuvo que abrir una puerta cuando la explicación causal ocupaba una posición enormemente fuerte.

He comprobado además la formulación histórica para que esta entrada sea fiel: Jung venía trabajando estas ideas desde finales de los años veinte; utilizó públicamente el término en torno a 1930, presentó una exposición en Eranos en 1951 y publicó en 1952 Synchronicity: An Acausal Connecting Principle, junto al trabajo de Wolfgang Pauli. Su propuesta intentaba dar nombre a coincidencias entre un estado psíquico y acontecimientos externos que resultaban significativamente relacionados sin una cadena causal demostrable.

Ahora sí.      Después de caminar.      Después de pisar.     Después de situar al humano dentro de Madre Tierra.      Después de hablar de dependencia, ritmo, cadencia, repetición, ciclo, cambio, señal, anticipación y correspondencia.      Después de preguntarnos con qué recibimos.     Después de entrar en atención, emoción, pensamiento, memoria, biografía, consciente e inconsciente.      Después de abrir la habitación de captación.    Después de atravesar la noche.      Después de dormir.    Después de soñar.

AHORA SÍ ENTRA JUNG.     Y debemos recibirlo con respeto.     Porque aquello que hoy podemos pronunciar tranquilamente tuvo que ser, en su momento, una propuesta difícil.


JUNG SE ENCONTRÓ CON UN PROBLEMA

Había acontecimientos que podían aparecer juntos de una manera extraordinariamente significativa para quien los experimentaba.

Un contenido psíquico.     Un pensamiento.    Una imagen.     Un sueño.    Y un acontecimiento exterior.

Entre ambos no podía establecerse una relación causal ordinaria.    A no parecía haber producido B.        B tampoco parecía haber producido A.         Y, sin embargo, para la persona que lo vivía, la correspondencia podía resultar impresionante.

¿Qué hacer con aquello?     ¿Desecharlo porque no conocemos una causa?    ¿Llamarlo simplemente casualidad?      ¿Convertirlo inmediatamente en algo sobrenatural?

Jung intentó otra cosa.    DARLE UN LUGAR PARA PODER PENSARLO.


SINCRONICIDAD

Jung utilizó esta palabra para referirse a coincidencias significativas en las que un acontecimiento psíquico y otro acontecimiento aparecían relacionados por su significado sin que pudiera establecerse entre ellos una relación causal ordinaria.

Éste es el núcleo.     No basta:     COINCIDIERON.

Tiene que aparecer también:       SIGNIFICADO.

Y no basta:      UNA COSA PRODUJO LA OTRA.

Precisamente el problema aparece porque esa relación causal no puede demostrarse.        Por eso Jung llegó a hablar de un:      PRINCIPIO DE CONEXIÓN ACAUSAL.


DETENGÁMONOS AQUÍ         Porque ahora que hemos recorrido nuestro camino podemos advertir inmediatamente la enormidad de la propuesta.      Jung estaba diciendo:

QUIZÁ LA CAUSALIDAD NO SEA LA ÚNICA MANERA DE PENSAR DETERMINADAS RELACIONES ENTRE ACONTECIMIENTOS.

Eso no es pequeño.      Era abrir una ventana en una habitación intelectual muy sólida.      No estaba simplemente diciendo:      «Qué casualidad.»

Estaba intentando averiguar si determinadas coincidencias significativas exigían ampliar nuestra manera de contemplar la relación entre acontecimientos.


EL ESTADO PSÍQUICO Y EL ACONTECIMIENTO          Aquí está una de sus piezas fundamentales.

Por un lado:     ALGO OCURRE EN LA PERSONA.

Por otro:        ALGO OCURRE EN LO QUE JUNG LLAMA EL MUNDO EXTERIOR.

Y ambos acontecimientos coinciden de una manera que para esa persona tiene significado.      Ésa es la escena.     Todavía no la toquemos.    Todavía no introduzcamos Madre Tierra.

Primero dejemos a Jung explicarse desde su propio planteamiento.    Porque solamente después podremos preguntar:     ¿EXTERIOR A QUÉ?     Pero esa pregunta vendrá más adelante.


EL FAMOSO ESCARABAJO

Uno de los ejemplos más conocidos relatados por Jung ocurrió durante el tratamiento de una paciente.         Ella estaba contando un sueño en el que aparecía una joya con forma de escarabajo dorado.         En ese momento algo golpeó la ventana.         Jung encontró fuera un escarabajo semejante, lo recogió y lo presentó a la paciente.

Para Jung, aquella coincidencia tuvo un significado psicológico especial dentro de la situación terapéutica y contribuyó a romper, según su interpretación, una actitud excesivamente racionalista de la paciente.

No necesitamos decidir ahora qué ocurrió «realmente» en un sentido último.     Lo importante es comprender por qué aquel episodio le interesó.

CONTENIDO PSÍQUICO.               ACONTECIMIENTO EXTERIOR.

COINCIDENCIA.                      SIGNIFICADO.

Y ninguna relación causal evidente entre ambos.


JUNG NO LLEGÓ A ESTO EN UNA TARDE

Esto también merece reconocimiento.    La idea fue madurando durante años.

Hay antecedentes de su planteamiento en seminarios de finales de los años veinte; Jung empleó el término públicamente alrededor de 1930, presentó On Synchronicity en la conferencia de Eranos de 1951 y publicó después su trabajo extenso sobre la sincronicidad en 1952.        Por tanto, no estamos ante una ocurrencia.        Estamos ante un problema que Jung estuvo intentando colocar durante mucho tiempo.

MIRÓ.          DUDÓ.         RELACIONÓ.

BUSCÓ ANTECEDENTES.         INTENTÓ FORMULAR.

Y finalmente propuso un concepto.     Exactamente aquello que nosotros acabamos de defender:       «CREO QUE AQUÍ HAY ALGO. MIREMOS.»


Y SE ATREVIÓ A NO TENERLO TODO RESUELTO

Esto quizá sea lo más importante.       El propio terreno que estaba abordando era difícil.

Jung sabía que entraba en una zona cargada de prejuicios, dificultades intelectuales y fenómenos difíciles de demostrar. En el prólogo de su trabajo reconocía precisamente ese carácter problemático del territorio.

Y, sin embargo, no cerró la puerta.    Eso tiene valor.     Porque una cosa es inventar una respuesta para lo desconocido.    Y otra muy distinta:

RECONOCER QUE EXISTE UNA PREGUNTA QUE NUESTRAS EXPLICACIONES ACTUALES NO RESUELVEN SATISFACTORIAMENTE.


JUNG AMPLIÓ LA PREGUNTA       Hasta entonces podíamos preguntar:     ¿QUÉ CAUSÓ ESTO?       Jung añadió otra posibilidad:

¿QUÉ RELACIÓN SIGNIFICATIVA PUEDE EXISTIR ENTRE ESTOS ACONTECIMIENTOS AUNQUE NO PODAMOS ESTABLECER QUE UNO CAUSÓ AL OTRO?

Aquí estaba el salto.      No necesariamente abandonar la causalidad.      Sino preguntarse si bastaba para describir todos los fenómenos que estaba encontrando.


Y MIRÓ MUY LEJOS         Jung relacionó su investigación con tradiciones anteriores que habían pensado el mundo de maneras distintas.

El I Ching.       Ideas antiguas de correspondencia.     La noción de armonía.    La relación entre acontecimientos y momento.    Astrología.     Alquimia.

Filosofías que habían contemplado conexiones entre las partes del mundo sin reducirlas necesariamente a una cadena lineal de causas.      Nosotros no tenemos que aceptar todas esas relaciones.      Pero debemos comprender lo que estaba intentando hacer:

BUSCAR OTROS MAPAS PARA UN TERRITORIO QUE EL MAPA CAUSAL NO LE PARECÍA CAPAZ DE EXPLICAR POR COMPLETO.


Y AQUÍ HAY QUE RECONOCER SU ATREVIMIENTO

Podemos discutir sus respuestas.    Podemos revisar sus ejemplos.    Podemos cuestionar algunas de sus conclusiones.    Podemos disponer hoy de explicaciones que Jung no tenía.     Todo eso vendrá.

Pero primero:     RECONOZCAMOS LA PREGUNTA.     Porque Jung hizo algo que nosotros hemos defendido continuamente en este libro.

Encontró acontecimientos que no sabía colocar y, en lugar de eliminarlos porque molestaban al modelo...   AMPLIÓ EL MODELO.    Eso es importante.


AHORA NOSOTROS TENEMOS UNA VENTAJA

Han pasado décadas.    Y además nosotros hemos llegado por otro camino.      Antes de entrar en la sincronicidad hemos colocado:

Madre Tierra.    Dependencia.    Todo y Unidad.    Continuidad.    Ritmo.   Correspondencia.   Captación.   Atención.   Memoria.    Biografía.

Consciente e inconsciente.   Noche.   Sueño.   Anticipación.   Procesos ya iniciados.    Por tanto, cuando Jung nos presenta:

ESTADO PSÍQUICO + ACONTECIMIENTO EXTERIOR + SIGNIFICADO + AUSENCIA DE CAUSALIDAD DEMOSTRADA

nosotros no necesitamos responder inmediatamente:    sí     o     no.   Tenemos muchas preguntas anteriores.


Y SOBRE TODO TENEMOS UNA

Jung habla de:      PSIQUE     y      MUNDO EXTERIOR.     Perfecto.      Conservemos de momento su formulación.

Pero desde Madre Tierra empieza ya a levantarse una mano al fondo de la sala:        ¿EXTERIOR A QUÉ?

Porque el pensamiento está ocurriendo en un ser vivo.     El ser vivo está dentro de Madre Tierra.     El escarabajo también.     La ventana también.    La paciente también.     Jung también.     El sueño también ocurrió en un organismo terrestre.          Entonces quizá aquello que desde el individuo aparece como:     INTERIOR ↔ EXTERIOR      desde una unidad mayor pueda necesitar otra formulación.        Pero todavía no.

DEJEMOS A JUNG SU DESCUBRIMIENTO.


PRIMERO HAY QUE AGRADECERLE LA PUERTA

Ésta puede ser nuestra posición.     No necesitamos convertir a Jung en autoridad absoluta.     Tampoco necesitamos desmontarlo.     Podemos hacer algo mucho más fértil:     RECONOCER HASTA DÓNDE LLEGÓ.

Se encontró con coincidencias que parecían cargadas de significado.    Se negó a reducirlas inmediatamente a nada.     Intentó estudiarlas.    Buscó antecedentes.    Propuso un nombre.   Construyó una hipótesis.     Y dejó una puerta abierta.      SINCRONICIDAD.

Nosotros hemos llegado décadas después.    Y traemos otra cosa bajo el brazo:       MADRE TIERRA.


Jung está delante de la puerta.    Nosotros también.      Él dice:

«AQUÍ PARECE EXISTIR UNA COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA SIN UNA RELACIÓN CAUSAL DEMOSTRABLE.»

Y nosotros respondemos:          «DE ACUERDO, JUNG. NO VAMOS A CERRARLA.»

Pero tampoco vamos a atravesarla corriendo.       Primero miraremos dónde estamos.      

Quién recibe.    Qué recibió.   Qué sabía.   Qué no sabía que sabía.   Qué había ocurrido antes.   Qué estaba ya en marcha.    Qué añadió la memoria.   Qué añadió la biografía.   Qué añadió la interpretación.   Y después de retirar todo aquello que podamos explicar...   MIRAREMOS LO QUE QUEDE.

Quizá entonces podamos comprender todavía mejor la enorme pregunta que Jung dejó sobre la mesa.      Porque su mérito no fue necesariamente haber pronunciado la última palabra sobre la sincronicidad.     Quizá fue algo anterior y enormemente valioso:   

ATREVERSE A DECIR QUE HABÍA ALGO ALLÍ QUE MERECÍA SER MIRADO.

Y nosotros vamos a mirarlo.    Pero esta vez...       CON LOS PIES EN MADRE TIERRA.

Aquí yo no tocaría todavía a Jung ni un milímetro más. El 35. Coincidencia significativa merece entrar exactamente desde su terreno: entender primero qué quiso decir con que la coincidencia fuera significativa. Después llegará el momento fuerte de Madre Tierra, cuando podamos preguntarle a esa separación «psique/mundo exterior»: Jung, ¿y si ambas cosas estaban dentro desde el principio?

 

 

35. Coincidencia significativa       Sí. Y aquí debemos respetar mucho la palabra que Jung añadió a «coincidencia»: significativa. Porque dos cosas pueden coincidir constantemente y no producir nada especial. El problema comienza cuando esa coincidencia encaja de una manera extraordinaria en la situación psíquica de quien la vive.

Pero después de todo nuestro recorrido aparece inmediatamente una pregunta nueva: ¿el significado estaba «entre» los dos acontecimientos, estaba en quien los recibió, venía de su biografía, o surgió precisamente del encuentro entre acontecimiento y receptor? No conviene resolverlo todavía. Ahí está la riqueza del apartado.

35. COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA

Dos acontecimientos coinciden.    Eso ocurre continuamente.    Miro el reloj y pasa un automóvil.     Pienso en una palabra y canta un pájaro.    Abro una puerta mientras alguien estornuda.    Dos acontecimientos han coincidido en el tiempo.   

Y normalmente continuamos viviendo.    No ocurre nada especial.    Por tanto, para Jung no bastaba:     COINCIDENCIA.       Había otra palabra.

SIGNIFICATIVA.      Y esa palabra cambia completamente el problema.


NO ES SOLAMENTE «OCURRIERON A LA VEZ»

Volvamos al ejemplo más conocido.      Una persona está relatando un sueño relacionado con un escarabajo dorado.      En ese momento aparece un insecto semejante.

Lo que llamó la atención de Jung no fue solamente que un insecto hubiera llegado a la ventana.     Insectos existen.     Ventanas existen.   Sueños existen.

Lo extraordinario para aquella situación era la correspondencia entre el contenido psíquico que estaba siendo relatado y el acontecimiento que aparecía en aquel momento.      Entonces tenemos:

ACONTECIMIENTO A      algo psíquico.

ACONTECIMIENTO B    algo que ocurre fuera de aquella experiencia psíquica.     Y después:

A Y B ADQUIEREN UNA RELACIÓN POR SU SIGNIFICADO.

Ahí empieza el problema de Jung.


PERO ¿DÓNDE ESTÁ EL SIGNIFICADO?      Ahora podemos hacer una pregunta que parece pequeña y es enorme.              ¿DÓNDE ESTÁ EL SIGNIFICADO?

¿Está en A?         ¿Está en B?       ¿Está entre A y B?

¿Está en la persona que relaciona A con B?     ¿Está en su memoria?    ¿En su biografía?    ¿En la situación que está viviendo?     ¿En una combinación de todo ello?

Todavía no respondamos.     Pero ya hemos encontrado algo fundamental:   EL SIGNIFICADO NECESITA UN RECEPTOR.


EL ESCARABAJO NO LLEVA UNA ETIQUETA

El insecto no llega diciendo:    «HE VENIDO A CONFIRMAR EL SUEÑO.»    Eso lo debemos añadir nosotros al análisis.      El acontecimiento ocurre.    Después alguien lo recibe.     Lo relaciona.    Y descubre una correspondencia.      Por tanto, vuelve nuestra secuencia:

ACONTECIMIENTO.       CAPTACIÓN.       RELACIÓN.

SIGNIFICADO.         INTERPRETACIÓN.

Y conviene no confundirlas.


SIGNIFICATIVO NO SIGNIFICA TODAVÍA EXPLICADO       Esto es importantísimo.

Que una coincidencia tenga un significado extraordinario para mí no explica por qué ocurrió.       Son dos cuestiones diferentes.      Puedo decir:

«ESTO HA SIDO MUY SIGNIFICATIVO PARA MÍ.»

sin tener que decir:     «SÉ QUÉ LO HA PRODUCIDO.»       Qué limpieza proporciona esta distinción.       Nos permite respetar completamente una experiencia sin inventar su mecanismo.


TAMPOCO SIGNIFICA QUE SEA FALSO      Podríamos cometer el error contrario.           «Como el significado depende de la persona, entonces no vale nada.»        Tampoco.      El significado puede producir consecuencias completamente reales.

Una coincidencia puede:    hacerme pensar,    recordarme algo,   romper una resistencia,   hacerme formular una pregunta,   modificar una decisión,    obligarme a mirar una parte de mi biografía,     hacerme descubrir una relación que no había visto.

Entonces el significado forma parte del acontecimiento tal como fue vivido.    Otra cuestión será explicar su origen.


AQUÍ ENTRA LA BIOGRAFÍA

Ahora tenemos una ventaja sobre el punto desde el que comenzamos el libro.      Ya hemos pasado por ella.      BIOGRAFÍA.

El mismo acontecimiento no tiene necesariamente el mismo significado para dos personas.    Un árbol.    Una canción.   Un perro.   Una estación.   Una palabra.    Un número.   Una casa.    Un escarabajo.   

Para una persona puede no significar absolutamente nada especial.    Para otra puede contener décadas de historia.     Entonces debemos preguntar:

¿CUÁNTO DEL SIGNIFICADO PROCEDE DE LA COINCIDENCIA Y CUÁNTO DE LA BIOGRAFÍA QUE LA RECIBE?

Quizá la pregunta esté mal planteada.      Quizá el significado aparezca precisamente cuando ambas cosas se encuentran.


NO HAY SIGNIFICADO SIN HISTORIA

Imaginemos que pienso intensamente en una persona a la que no veo desde hace treinta años.      Suena el teléfono.     Es ella.    La coincidencia puede impresionarme enormemente.      Pero para comprender su significado tendremos que conocer algo más.    ¿Quién es esa persona?     ¿Qué vivimos juntos?     ¿Por qué llevaba treinta años sin verla?    ¿Por qué estaba pensando precisamente hoy en ella?     ¿Qué estaba ocurriendo en mi vida?    ¿Qué ocurrió después?

El significado no flota encima de los acontecimientos.       ENTRA EN UNA BIOGRAFÍA.


Y AQUÍ APARECE NUEVAMENTE LA MEMORIA

Porque para decir:    «ESTO COINCIDE CON AQUELLO»      tengo que conservar aquello.

El acontecimiento B necesita encontrarse con algo que recuerdo de A.      Entonces memoria y significado están profundamente relacionados.

Y sabemos ya que la memoria:    conserva,    selecciona,    reconstruye,   relaciona.

Por tanto, una coincidencia significativa merece todavía más cuidado.    No para destruirla.      Para verla mejor.


¿CUÁNDO SE HIZO SIGNIFICATIVA?       Magnífica pregunta.

¿En el mismo instante?     ¿Cinco minutos después?     ¿Al explicársela a alguien?     ¿Cuando ocurrió una tercera cosa?     ¿Años después?

Esto puede cambiarlo todo.    Hay coincidencias cuyo significado parece inmediato.      Y otras que solamente adquieren significado retrospectivamente.     Entonces:

EL MOMENTO DE LA COINCIDENCIA Y EL MOMENTO DEL SIGNIFICADO PUEDEN NO SER EL MISMO.

Otra pieza para nuestra investigación.


TAMBIÉN PUEDE OCURRIR AL REVÉS

Algo nos impresiona enormemente en el momento.     Pasan los años.           Y pierde importancia.      Entonces también debemos admitir:                         EL SIGNIFICADO PUEDE CAMBIAR.       Igual que cambiaban nuestros símbolos.      Porque continúa la biografía.

Lo que parecía central a los veinte años puede colocarse de otra manera a los setenta.       No necesariamente porque fuera falso entonces.      Porque nosotros hemos seguido caminando.


¿SIGNIFICATIVO PARA QUIÉN?         Ésta es probablemente una de las preguntas esenciales.

Una coincidencia puede ser significativa:    para mí,    para otra persona,    para una familia,     para quien está observando una situación,     para un terapeuta que interpreta lo sucedido.     Y los significados pueden no coincidir.       Esto nos obliga nuevamente a preguntar:

¿QUIÉN ESTÁ DICIENDO QUE ESTA COINCIDENCIA ES SIGNIFICATIVA?

No para desacreditarla.     Para saber desde dónde estamos mirando.


JUNG PUSO EL SIGNIFICADO EN PRIMER PLANO

Y aquí debemos reconocer otra vez la importancia de su movimiento.      No se limitó a preguntar:      «¿QUÉ CAUSÓ ESTO?»

Introdujo también:       «¿QUÉ SIGNIFICA ESTA COINCIDENCIA PARA QUIEN LA ESTÁ VIVIENDO?»

Eso abrió una dimensión que una descripción puramente mecánica del acontecimiento podía dejar fuera.      Porque dos acontecimientos pueden ser físicamente ordinarios y, sin embargo, su encuentro adquirir una enorme importancia en una vida humana.


PERO NOSOTROS TENEMOS QUE AÑADIR UNA PRECAUCIÓN

SIGNIFICATIVO NO SIGNIFICA DIRIGIDO.      Esto es decisivo.

Que algo tenga significado para mí no demuestra que haya sido producido para mí.

Un paisaje puede emocionarme profundamente.     No necesito afirmar que la montaña se colocó allí para emocionarme.      Una canción escuchada accidentalmente puede hacerme comprender algo.     No necesito afirmar que alguien hizo sonar aquella canción para enviarme una respuesta.

Un acontecimiento puede adquirir significado sin haber sido organizado intencionadamente para producir ese significado.


ESTO NOS DEVUELVE A MADRE TIERRA

Una hoja cae.    Un pájaro cambia de dirección.    Llueve.    Amanece.   Encuentro a alguien.   Escucho una frase.    Sueño una imagen.

Nada de eso necesita haber sido preparado para mí.    Pero yo estoy allí.   Con mi atención.   Mi memoria.   Mi emoción.   Mi pensamiento.  Mi biografía.

Y puede producirse una correspondencia.    Entonces:

PUEDO ENCONTRAR SIGNIFICADO SIN NECESITAR CONVERTIRME EN EL CENTRO DEL ACONTECIMIENTO.

Esto es profundamente liberador.


EL SIGNIFICADO NO NECESITA CONVERTIR MADRE TIERRA EN ORÁCULO

Éste era uno de nuestros peligros.     Si cada acontecimiento significativo pasa a ser:     «MADRE TIERRA ME ESTÁ DICIENDO...»       hemos dado nuevamente un salto.

Quizá Madre Tierra no necesite hablarnos personalmente.     Los acontecimientos ocurren.     Nosotros pertenecemos al mismo lugar donde ocurren.     Recibimos.     Relacionamos.        Aprendemos.

Y algunas correspondencias adquieren una enorme significación.      Eso ya es extraordinario.     No necesitamos añadir todavía nada más.


UNA COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA PUEDE CAMBIAR UNA VIDA SIN  

Esta frase merece quedarse.       Porque devuelve la escala.     Una experiencia puede ser decisiva para una persona.     Puede incluso cambiar su trayectoria.       Y, sin embargo, no proporcionar una teoría general sobre cómo funciona el universo.

IMPORTANCIA PERSONAL NO EQUIVALE A LEY UNIVERSAL.      Podemos respetar ambas escalas.


¿Y SI EL SIGNIFICADO FUERA TAMBIÉN UNA FORMA DE CORRESPONDENCIA?

Aquí podemos acercarnos un poco más.     No afirmar.     Preguntar.    Algo ocurre dentro de mi experiencia.                 Algo ocurre fuera de aquello que en ese momento llamo mi experiencia interior.

Los relaciono.    Y aparece significado.       Entonces quizá lo significativo no esté completamente en A.      Ni completamente en B.     Puede aparecer en:

A ↔ B ↔ RECEPTOR ↔ BIOGRAFÍA ↔ MOMENTO.

Ya no tenemos dos puntos.      Tenemos una situación.


Y AHORA MADRE TIERRA EMPIEZA A INCOMODAR LA ESCENA

Porque seguimos diciendo:     INTERIOR     y       EXTERIOR.

Pero llevamos treinta y cuatro apartados recordando algo:      el acontecimiento llamado interior ocurre en un organismo terrestre.

El acontecimiento llamado exterior ocurre también dentro de Madre Tierra.

Entonces quizá la coincidencia significativa esté siendo observada desde una división útil para nuestra experiencia...     pero no necesariamente suficiente para comprender el conjunto.

Todavía no resolveremos esto.     Pero ya podemos dejar la pregunta colocada:

¿ESTAMOS CONTEMPLANDO DOS MUNDOS QUE SE ENCUENTRAN...

O DOS ACONTECIMIENTOS QUE NUNCA ESTUVIERON FUERA DEL MISMO MUNDO?


Jung vio la coincidencia.     Y añadió:     SIGNIFICATIVA.      Nosotros conservamos ambas palabras.       No quitamos ninguna.     Pero ahora preguntamos:

¿Qué coincidió?    ¿Quién lo recibió?    ¿Qué sabía?    ¿Qué recordaba?   ¿Qué había vivido?   ¿Qué estaba ocurriendo?    ¿Cuándo apareció el significado?    ¿Cambió después?    ¿Era significado o explicación?    ¿Era significativo o dirigido?     ¿Había una relación previa?     ¿Había información ya disponible?      ¿Y qué queda después de preguntar todo esto?

Quizá quede algo.     Quizá mucho.     Quizá nada que necesite una explicación extraordinaria.     NO LO SABEMOS TODAVÍA.

Pero hemos conseguido conservar intacto el hallazgo de Jung sin convertirlo inmediatamente en una doctrina.       COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA.

Dos palabras.      La primera nos obliga a mirar los acontecimientos.      La segunda nos obliga a mirar también a quien los está viviendo.     Y ahora empieza a aparecer una tercera pregunta:

¿QUÉ CLASE DE RELACIÓN EXISTE ENTRE AMBOS SI UNO NO PARECE HABER CAUSADO AL OTRO?

Ahí nos espera el siguiente paso:     ACAUSALIDAD.

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