LIBROS de BARBARIN I II III

domingo, 18 de octubre de 2026

MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO Psicología y terapia — ¿En qué mundo me está ocurriendo?

 MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO 

— SIETE PUERTAS    Psicología y terapia — ¿En qué mundo me está ocurriendo?     Porque quizá una de las primeras construcciones que merece volver a mirarse sea precisamente aquella desde la que el ser humano intenta comprender lo que le ocurre a sí mismo.

 

 SIETE PUERTAS

Aquí no damos soluciones profesionales. Abrimos cada puerta y entregamos el instrumento a quienes conocen ese terreno.

Psicología y terapia — ¿En qué mundo me está ocurriendo?

Sufrimiento, identidad, modelos heredados, diagnóstico, expectativas, reubicación.

Hasta aquí hemos construido un instrumento.     Ahora vamos a probarlo.    Pero al entrar en cada uno de los territorios que siguen debemos recordar algo fundamental:

AQUÍ NO VENIMOS A DAR SOLUCIONES PROFESIONALES.

No vamos a enseñar psicología a los psicólogos.    Ni economía a los economistas.    Ni educación a los educadores.    Ni ciencia a los científicos.    Cada uno de esos campos posee conocimientos, métodos, experiencia, debates y problemas que solamente pueden abordarse seriamente desde dentro de la propia especialidad.     Nuestro trabajo es otro.    Abrir una puerta.     Entregar el instrumento.     Y preguntar:   ¿QUÉ OCURRE SI VOLVEMOS A MIRAR ESTE TERRITORIO DESDE FUERA DE SU PROPIO EDIFICIO?    No para invalidarlo.      Para darle toma de tierra.


30. Psicología y terapia — ¿En qué mundo me está ocurriendo?

Pocas puertas pueden resultar tan delicadas como ésta.    Porque aquí no estamos hablando solamente de ideas.   Estamos hablando de personas que sufren.    Y lo primero que debemos reconocer es precisamente eso:   EL SUFRIMIENTO ES REAL.

Que una parte del escenario en el que aparece pueda estar construida no convierte el sufrimiento en imaginario.    Una expectativa puede ser construida y producir angustia real.     Una norma social puede ser construida y producir consecuencias reales.     Una identidad puede incorporar elementos aprendidos y, sin embargo, afectar profundamente a quien la vive.

Un diagnóstico pertenece a un sistema humano de clasificación y puede referirse al mismo tiempo a una condición real que necesita atención.     Por eso debemos entrar aquí con muchísimo cuidado.     No venimos a decir:

«Eso solamente está en tu cabeza.»      Venimos a introducir una pregunta completamente diferente:    ¿EN QUÉ MUNDO ME ESTÁ OCURRIENDO?

El problema puede estar en varios pisos a la vez

Una persona llega con un sufrimiento.   ¿Qué tenemos delante?   No lo sabemos todavía.   Puede existir una condición corporal.   Puede haber un acontecimiento real.    Una pérdida.    Una amenaza.    Una enfermedad.   Una situación económica.    Una relación difícil.    Puede existir además una interpretación de aquello que ocurre.    Puede haber expectativas familiares.   Normas culturales.   Modelos aprendidos.   Una determinada idea de éxito.  Una determinada idea de fracaso.   Una imagen de aquello que una persona «debería» ser.    Y sobre todo ello puede haberse construido una identidad.

Por tanto, quizá la pregunta no sea solamente:    «¿QUÉ ME OCURRE?»   Podríamos añadir:        ¿EN QUÉ PISO DE LA REALIDAD ME ESTÁ OCURRIENDO CADA PARTE DE LO QUE ME OCURRE?    No para separar artificialmente aquello que está unido.     Para verlo mejor.

Una expectativa puede convertirse en sufrimiento

Imaginemos una frase:     «A MI EDAD YA DEBERÍA HABER CONSEGUIDO...»   Detengámonos.    ¿Dónde está ese debería?   Quizá existe una necesidad material real.   Pero quizá también exista un calendario humano.   Una expectativa familiar.   Una comparación social.   Un modelo de éxito.    Una determinada imagen acerca de cómo debería desarrollarse una vida.   La persona puede estar sufriendo realmente.    No necesitamos negarlo.    Pero ahora podemos preguntar:     ¿QUÉ PARTE DEL SUFRIMIENTO PROCEDE DE LO QUE ESTÁ OCURRIENDO Y QUÉ PARTE DE LA MEDIDA DESDE LA QUE ESTOY INTERPRETANDO LO QUE OCURRE?

La pregunta no cura.    No diagnostica.   No sustituye terapia alguna.    Hace algo anterior:     REUBICA.     ¿Qué quedaría si retiráramos por un momento el «debería»?       Ésta puede ser una pregunta poderosa si se utiliza con prudencia.     No:     «Tu problema no existe.»     Sino:    «Si durante un momento pudiéramos retirar aquello que aprendiste que deberías ser, ¿qué problema permanecería?»

Quizá permanezca muchísimo.     Perfecto.    Entonces hemos aprendido algo.     Quizá permanezca una dificultad concreta que necesita atención profesional.    Quizá una pérdida.   Quizá una enfermedad.    Quizá una necesidad material.    Pero puede ocurrir también que descubramos una segunda capa:      EL PROBLEMA     más     LO QUE CREO QUE SIGNIFICA TENER ESE PROBLEMA.      Y esas dos cosas no son exactamente iguales.       El sufrimiento puede contener construcción sin ser construido por completo      Ésta es una distinción que debemos proteger.     Sería un error pasar de:      «Algunas formas de sufrimiento están influidas por construcciones humanas»      a:     «Todo sufrimiento es un constructo.»     No.     El dolor existe.    La enfermedad existe.   La pérdida existe.    El trauma puede producir efectos profundos.    Existen condiciones psicológicas y psiquiátricas reales que requieren evaluación y atención adecuadas.    Nuestro instrumento no sustituye nada de eso.    Pregunta:     ¿QUÉ PARTE HAY AQUÍ DE HECHO, QUÉ PARTE DE INTERPRETACIÓN, QUÉ PARTE DE CONSTRUCCIÓN Y QUÉ PARTE DE EXPERIENCIA DENTRO DE ESA CONSTRUCCIÓN?    Volvemos a los pisos.

La identidad puede ser una construcción especialmente poderosa

Decimos:    YO SOY.    Y después añadimos palabras.   Inteligente.   Torpe.  Exitoso.   Fracasado.   Fuerte.   Débil.   Normal.  Raro.  Valioso.  Inútil.   Capaz.   Incapaz.   Algunas descripciones pueden apoyarse en experiencias reales.          Pero con el tiempo pueden dejar de describir determinados comportamientos o circunstancias y comenzar a ocupar el lugar de la persona completa.    Entonces aparece una transformación:    ME OCURRIÓ   se convierte en:     SOY.          ME CUESTA ESTO   se convierte en:    SOY INCAPAZ.      FRACASÉ EN ESTO    se convierte en:       SOY UN FRACASADO.            Aquí nuestro instrumento puede preguntar:     ¿EN QUÉ MOMENTO UNA DESCRIPCIÓN SE CONVIRTIÓ EN IDENTIDAD?

El diagnóstico merece una precisión especial

Un diagnóstico puede ser extraordinariamente importante.    Permite reconocer patrones.     Comunicar entre profesionales.    Orientar evaluaciones.    Investigar.    Decidir intervenciones.     Dar nombre a algo que una persona llevaba mucho tiempo experimentando sin comprender.      Nada de nuestro recorrido debería utilizarse para negar una condición médica o psicológica real.               Pero existe otra pregunta distinta:     ¿QUÉ LUGAR OCUPA EL DIAGNÓSTICO DESPUÉS DE HABER SIDO FORMULADO?     Puede decir:    «ESTAMOS OBSERVANDO ESTA CONDICIÓN.»        Pero existe el riesgo de que termine diciendo:    «ESTO ES TODA LA PERSONA.»

Ahí reaparece nuestra herramienta:        EL DIAGNÓSTICO PUEDE DESCRIBIR ALGO REAL SIN NECESIDAD DE CONVERTIRSE EN LA TOTALIDAD DE QUIEN LO RECIBE.       No lo eliminamos.   Lo reubicamos.

El mapa puede ayudar precisamente porque sabemos que es mapa

Éste es un punto importante.    La psicología necesita modelos.  Sin modelos sería enormemente difícil organizar conocimiento.   Un modelo permite reconocer patrones.   Relacionar fenómenos.   Construir hipótesis.   Orientar una intervención.    Pero ningún modelo necesita convertirse automáticamente en la totalidad de la persona que intenta comprender.   Podemos decir:    «Desde este modelo observamos esto.»      Y conservar abierta otra pregunta:      «¿QUÉ ESTAMOS DEJANDO FUERA?»     Eso no debilita necesariamente el modelo.     Puede hacerlo más útil.      Porque:    UN MAPA QUE SABE QUE ES MAPA PUEDE ORIENTAR MEJOR QUE UNO QUE CREE SER EL TERRITORIO.

El terapeuta también habita un edificio

Ésta quizá sea una de las preguntas más interesantes que nuestro instrumento puede entregar al profesional.    No solamente el paciente o consultante llega con construcciones.    También quien escucha.   Ha estudiado una escuela.    Ha aprendido conceptos.    Utiliza categorías.   Tiene una cultura.   Una época.   Un lenguaje.   Una determinada manera de entender a la persona.   Todo ello puede ser extraordinariamente valioso.   Pero también forma parte del edificio desde el que mira.   Entonces aparece una pregunta para ambos lados:     ¿DESDE QUÉ MUNDO ESTAMOS INTERPRETANDO LO QUE OCURRE?           No significa que todas las interpretaciones sean equivalentes.   Hay modelos mejor fundamentados que otros.   Hay intervenciones con más evidencia.   Hay afirmaciones que pueden contrastarse.     Pero reconocer el punto de observación puede aumentar la precisión.

Los modelos heredados

También una familia construye mundos.    «En esta casa somos así.»       «Los hombres hacen esto.»      «Las mujeres hacen aquello.»      «Hay que ser fuerte.»     «No se habla de eso.»    «El éxito significa esto.»     «Lo importante es aquello.»

Quien nace dentro de ese pequeño universo puede recibir esas afirmaciones antes de poder interrogarlas.      No necesariamente porque alguien quiera imponerlas.      Los padres también recibieron un edificio.     Y quienes estaban antes que ellos, otro.     Aquí reaparece nuestra arqueología:

¿DE DÓNDE VIENE ESTO?          ¿QUÉ NECESIDAD ATENDÍA?

¿QUÉ FUE AÑADIÉNDOSE?       ¿CONTINÚA SIENDO NECESARIO?

¿QUÉ PARTE PUEDO REUBICAR?

Comprender puede disminuir la necesidad de culpar

Esto conecta con nuestro capítulo sobre comprensión y perdón.      Una persona puede descubrir que parte de aquello que recibió no comenzó con sus padres.     Ni con sus abuelos.    Quizá pertenece a una cadena mucho más larga.    Eso no borra responsabilidades concretas cuando existieron daños.     Pero puede cambiar la lectura:    NO SOLAMENTE «QUIÉN ME HIZO ESTO», SINO «¿QUÉ MUNDO ESTABA TRANSMITIÉNDOSE AQUÍ?»          La pregunta se amplía.     Y al ampliarse puede aparecer una posibilidad nueva:     YO PUEDO SER EL LUGAR DONDE UNA PARTE DE ESA TRANSMISIÓN SE VUELVA CONSCIENTE.        Y quizá cambie.

El constructo también puede proporcionar salud

Otra vez debemos evitar mirar solamente las desviaciones.     Las construcciones humanas también protegen psicológicamente.   Una familia puede proporcionar seguridad.     Una comunidad, pertenencia.     Una tradición, continuidad.     Una narración personal, coherencia.    Una profesión, sentido.     Un ritual, estructura.     Una identidad compartida, apoyo.              No se trata de desprender a la persona de todos sus constructos.    Eso sería imposible y probablemente indeseable.  La cuestión es:      ¿ESTOY HABITANDO ESTA CONSTRUCCIÓN O ESTA CONSTRUCCIÓN ME IMPIDE HABITAR OTRAS POSIBILIDADES?      Ahí vuelve la libertad.

¿En qué mundo está ocurriendo?

Imaginemos que una persona dice:    «NO VALGO.»    Nuestro instrumento no responde:     «Claro que vales.»     Ni:    «Eso es solamente un constructo.»           Pregunta.

¿Qué significa valer aquí?         ¿Según qué medida?

¿Dentro de qué mundo?       ¿Productividad?        ¿Dinero?

¿Reconocimiento?      ¿Aspecto?       ¿Resultados académicos?

¿Expectativas familiares?      ¿Aceptación social?       ¿Una relación?

Quizá descubramos que la persona está evaluando la totalidad de su existencia mediante un indicador construido dentro de un pequeño universo humano.      Entonces la pregunta cambia:     ¿TIENE ESA MEDIDA DERECHO A MEDIRLO TODO?        No hemos solucionado el problema.      Pero quizá hemos encontrado dónde trabajar.

Reubicar puede devolver espacio

Una persona puede continuar teniendo el mismo empleo.   El mismo cuerpo.   La misma edad.   La misma historia.   El mismo diagnóstico.    La misma familia.     Y, sin embargo, experimentar una modificación importante cuando aquello vuelve a ocupar su lugar.

MI PROFESIÓN ES MI PROFESIÓN.

MI DIAGNÓSTICO DESCRIBE UNA CONDICIÓN.

MI PASADO ES MI PASADO.

UNA EXPECTATIVA SOCIAL ES UNA EXPECTATIVA SOCIAL.

UNA OPINIÓN SOBRE MÍ ES UNA OPINIÓN SOBRE MÍ.

No estamos afirmando que esas cosas dejen de afectarnos.     Estamos evitando que una parte ocupe automáticamente el lugar del todo.    **REUBICAR NO CAMBIA NECESARIAMENTE LO QUE HA OCURRIDO.    PUEDE CAMBIAR EL LUGAR DESDE EL QUE LO VIVIMOS.**

Madre Tierra introduce una pregunta radicalmente sencilla

Y ahora podemos salir un instante del edificio psicológico.    No para abandonar la psicología.   Para tomar tierra.   Respiras.    Tienes un cuerpo.   Necesitas alimento.   Descanso.   Relaciones.   Un entorno compatible con tu vida.   Estás aquí antes de cualquier clasificación que posteriormente utilicemos para comprenderte.          Entonces podemos preguntar:          ¿QUÉ QUEDA DE MI PROBLEMA CUANDO RETIRO, DURANTE UN INSTANTE, TODO AQUELLO QUE EL MUNDO HUMANO DICE QUE YO DEBERÍA SER?        Quizá quede mucho.     Atendámoslo.    Quizá aparezca además algo que antes estaba oculto.      Atendámoslo también.         Ésa es la función de la pregunta.     No negar.   SEPARAR PARA PODER VER.

La psicología podría devolvernos la pregunta mejorada

Y aquí debemos detenernos.     Porque a partir de este punto ya no nos corresponde continuar.     Los profesionales de la psicología, la psiquiatría, la psicoterapia y otras disciplinas relacionadas conocen muchísimo mejor la complejidad de este terreno.      Ellos pueden decir dónde este instrumento resulta útil.      Dónde necesita correcciones.    Dónde simplifica demasiado.     Dónde existen ya procedimientos semejantes formulados de otras maneras.    Dónde podría producir errores si se utiliza sin preparación.     Nosotros solamente hemos abierto la puerta y colocado sobre la mesa una pregunta:    ¿EN QUÉ MUNDO ME ESTÁ OCURRIENDO?       Ahora les toca a quienes conocen el terreno.

La primera puerta queda abierta

Y esto es exactamente lo que haremos en las siguientes.     No conquistar territorios profesionales.    No dictar soluciones desde Madre Tierra.    No sustituir conocimientos especializados por una pregunta general.    Sino entregar el mismo instrumento y observar qué ilumina.     En esta primera puerta hemos encontrado:

SUFRIMIENTO REAL.         MODELOS.       IDENTIDADES.   DIAGNÓSTICOS.      EXPECTATIVAS.       CONSTRUCCIONES HEREDADAS.     Y una posibilidad transversal: REUBICAR SIN NEGAR.       Quizá ésa sea la aportación que podemos dejar junto a la puerta.    No decir a alguien que aquello que vive no existe.     Ayudar a distinguir qué está viviendo, dentro de qué mundo lo está viviendo y qué parte de ese mundo puede volver a mirarse.

La siguiente puerta cambia de escenario.    Ya no preguntaremos solamente qué mundo habita una persona.     Preguntaremos algo quizá todavía más temprano:    ¿CÓMO LE ENTREGAMOS ESE MUNDO CUANDO LLEGA?      . Educación — ¿Estamos enseñando el mundo o entregándolo terminado?         Quizá educar no sea solamente enseñar a vivir dentro del edificio, sino entregar también los planos y recordar que algunas paredes todavía pueden moverse.

 


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