MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO
— SIETE PUERTAS Psicología y
terapia — ¿En qué mundo me está ocurriendo?
Porque quizá
una de las primeras construcciones que merece volver a mirarse sea precisamente
aquella desde la que el ser humano intenta comprender lo que le ocurre a sí
mismo.
Aquí no
damos soluciones profesionales. Abrimos cada puerta y entregamos el
instrumento a quienes conocen ese terreno.
Psicología y terapia — ¿En qué mundo me está
ocurriendo?
Sufrimiento,
identidad, modelos heredados, diagnóstico, expectativas, reubicación.
Hasta aquí
hemos construido un instrumento. Ahora
vamos a probarlo. Pero al entrar en
cada uno de los territorios que siguen debemos recordar algo fundamental:
AQUÍ NO VENIMOS A DAR
SOLUCIONES PROFESIONALES.
No vamos a enseñar
psicología a los psicólogos. Ni
economía a los economistas. Ni
educación a los educadores. Ni ciencia
a los científicos. Cada uno de esos
campos posee conocimientos, métodos, experiencia, debates y problemas que
solamente pueden abordarse seriamente desde dentro de la propia especialidad. Nuestro trabajo es otro. Abrir una puerta. Entregar el instrumento. Y preguntar: ¿QUÉ
OCURRE SI VOLVEMOS A MIRAR ESTE TERRITORIO DESDE FUERA DE SU PROPIO EDIFICIO? No para invalidarlo. Para darle toma de tierra.
30. Psicología y terapia — ¿En qué mundo me está
ocurriendo?
Pocas
puertas pueden resultar tan delicadas como ésta. Porque aquí no estamos hablando solamente
de ideas. Estamos hablando de personas
que sufren. Y lo primero que debemos
reconocer es precisamente eso: EL SUFRIMIENTO ES REAL.
Que una
parte del escenario en el que aparece pueda estar construida no convierte el
sufrimiento en imaginario. Una
expectativa puede ser construida y producir angustia real. Una norma social puede ser construida y
producir consecuencias reales. Una
identidad puede incorporar elementos aprendidos y, sin embargo, afectar
profundamente a quien la vive.
Un
diagnóstico pertenece a un sistema humano de clasificación y puede referirse al
mismo tiempo a una condición real que necesita atención. Por eso debemos entrar aquí con muchísimo
cuidado. No venimos a decir:
«Eso
solamente está en tu cabeza.» Venimos a introducir una pregunta
completamente diferente: ¿EN QUÉ MUNDO ME ESTÁ OCURRIENDO?
El problema puede estar en varios pisos a la vez
Una persona
llega con un sufrimiento. ¿Qué tenemos
delante? No lo sabemos todavía. Puede existir una condición corporal. Puede haber un acontecimiento real. Una pérdida. Una amenaza. Una enfermedad. Una situación económica. Una relación difícil. Puede existir además una interpretación de
aquello que ocurre. Puede haber
expectativas familiares. Normas
culturales. Modelos aprendidos. Una determinada idea de éxito. Una determinada idea de fracaso. Una imagen de aquello que una persona
«debería» ser. Y sobre todo ello puede
haberse construido una identidad.
Por tanto,
quizá la pregunta no sea solamente: «¿QUÉ
ME OCURRE?» Podríamos añadir: ¿EN
QUÉ PISO DE LA REALIDAD ME ESTÁ OCURRIENDO CADA PARTE DE LO QUE ME OCURRE? No para separar artificialmente
aquello que está unido. Para verlo
mejor.
Una expectativa puede convertirse en sufrimiento
Imaginemos
una frase: «A MI EDAD YA DEBERÍA
HABER CONSEGUIDO...» Detengámonos. ¿Dónde está ese debería? Quizá existe una necesidad material real. Pero quizá también exista un calendario
humano. Una expectativa familiar. Una comparación social. Un modelo de éxito. Una determinada imagen acerca de cómo
debería desarrollarse una vida. La
persona puede estar sufriendo realmente.
No necesitamos negarlo. Pero
ahora podemos preguntar: ¿QUÉ
PARTE DEL SUFRIMIENTO PROCEDE DE LO QUE ESTÁ OCURRIENDO Y QUÉ PARTE DE LA
MEDIDA DESDE LA QUE ESTOY INTERPRETANDO LO QUE OCURRE?
La pregunta
no cura. No diagnostica. No sustituye terapia alguna. Hace algo anterior: REUBICA. ¿Qué quedaría si retiráramos por un
momento el «debería»? Ésta
puede ser una pregunta poderosa si se utiliza con prudencia. No:
«Tu problema no existe.» Sino: «Si durante un momento pudiéramos
retirar aquello que aprendiste que deberías ser, ¿qué problema permanecería?»
Quizá
permanezca muchísimo. Perfecto. Entonces hemos aprendido algo. Quizá permanezca una dificultad concreta
que necesita atención profesional. Quizá
una pérdida. Quizá una enfermedad. Quizá una necesidad material. Pero puede ocurrir también que descubramos
una segunda capa: EL PROBLEMA más
LO QUE CREO QUE SIGNIFICA TENER ESE PROBLEMA. Y esas dos cosas no son exactamente
iguales. El sufrimiento puede
contener construcción sin ser construido por completo Ésta es una distinción que debemos
proteger. Sería un error pasar de: «Algunas formas de sufrimiento están
influidas por construcciones humanas»
a: «Todo sufrimiento es
un constructo.» No. El dolor existe. La enfermedad existe. La pérdida existe. El trauma puede producir efectos profundos. Existen condiciones psicológicas y
psiquiátricas reales que requieren evaluación y atención adecuadas. Nuestro instrumento no sustituye nada de
eso. Pregunta: ¿QUÉ
PARTE HAY AQUÍ DE HECHO, QUÉ PARTE DE INTERPRETACIÓN, QUÉ PARTE DE CONSTRUCCIÓN
Y QUÉ PARTE DE EXPERIENCIA DENTRO DE ESA CONSTRUCCIÓN? Volvemos a los pisos.
La identidad puede ser una construcción especialmente
poderosa
Decimos: YO SOY. Y después añadimos palabras. Inteligente. Torpe.
Exitoso. Fracasado. Fuerte.
Débil. Normal. Raro. Valioso. Inútil.
Capaz. Incapaz. Algunas descripciones pueden apoyarse en
experiencias reales. Pero con el
tiempo pueden dejar de describir determinados comportamientos o circunstancias
y comenzar a ocupar el lugar de la persona completa. Entonces aparece una transformación: ME OCURRIÓ se convierte en: SOY. ME CUESTA ESTO se convierte en: SOY INCAPAZ. FRACASÉ EN ESTO se convierte en: SOY UN FRACASADO. Aquí nuestro instrumento puede
preguntar: ¿EN QUÉ MOMENTO UNA DESCRIPCIÓN SE CONVIRTIÓ EN IDENTIDAD?
El diagnóstico merece una precisión especial
Un
diagnóstico puede ser extraordinariamente importante. Permite reconocer patrones. Comunicar entre profesionales. Orientar evaluaciones. Investigar. Decidir intervenciones. Dar nombre a algo que una persona llevaba
mucho tiempo experimentando sin comprender.
Nada de nuestro recorrido debería utilizarse para negar una condición
médica o psicológica real. Pero
existe otra pregunta distinta: ¿QUÉ
LUGAR OCUPA EL DIAGNÓSTICO DESPUÉS DE HABER SIDO FORMULADO? Puede decir: «ESTAMOS OBSERVANDO ESTA CONDICIÓN.» Pero existe el riesgo de que
termine diciendo: «ESTO ES TODA LA
PERSONA.»
Ahí
reaparece nuestra herramienta: EL DIAGNÓSTICO PUEDE DESCRIBIR ALGO REAL SIN
NECESIDAD DE CONVERTIRSE EN LA TOTALIDAD DE QUIEN LO RECIBE. No lo eliminamos. Lo reubicamos.
El mapa puede ayudar precisamente porque sabemos que
es mapa
Éste es un
punto importante. La psicología
necesita modelos. Sin modelos sería
enormemente difícil organizar conocimiento.
Un modelo permite reconocer patrones.
Relacionar fenómenos. Construir
hipótesis. Orientar una intervención. Pero ningún modelo necesita convertirse
automáticamente en la totalidad de la persona que intenta comprender. Podemos decir: «Desde este modelo observamos esto.» Y conservar abierta otra pregunta: «¿QUÉ ESTAMOS DEJANDO FUERA?» Eso no debilita necesariamente el
modelo. Puede hacerlo más útil. Porque:
UN MAPA QUE SABE QUE ES MAPA
PUEDE ORIENTAR MEJOR QUE UNO QUE CREE SER EL TERRITORIO.
El terapeuta también habita un edificio
Ésta quizá
sea una de las preguntas más interesantes que nuestro instrumento puede
entregar al profesional. No solamente
el paciente o consultante llega con construcciones. También quien escucha. Ha estudiado una escuela. Ha aprendido conceptos. Utiliza categorías. Tiene una cultura. Una época.
Un lenguaje. Una determinada
manera de entender a la persona. Todo
ello puede ser extraordinariamente valioso.
Pero también forma parte del edificio desde el que mira. Entonces aparece una pregunta para ambos lados: ¿DESDE
QUÉ MUNDO ESTAMOS INTERPRETANDO LO QUE OCURRE? No significa que todas
las interpretaciones sean equivalentes.
Hay modelos mejor fundamentados que otros. Hay intervenciones con más evidencia. Hay afirmaciones que pueden contrastarse. Pero reconocer el punto de observación
puede aumentar la precisión.
Los modelos heredados
También una
familia construye mundos. «En esta
casa somos así.» «Los hombres hacen
esto.» «Las mujeres hacen aquello.» «Hay que ser fuerte.» «No se habla de eso.» «El éxito significa esto.» «Lo importante es aquello.»
Quien nace
dentro de ese pequeño universo puede recibir esas afirmaciones antes de poder
interrogarlas. No necesariamente
porque alguien quiera imponerlas. Los
padres también recibieron un edificio.
Y quienes estaban antes que ellos, otro. Aquí reaparece nuestra arqueología:
¿DE DÓNDE VIENE ESTO? ¿QUÉ NECESIDAD ATENDÍA?
¿QUÉ FUE AÑADIÉNDOSE? ¿CONTINÚA SIENDO NECESARIO?
¿QUÉ PARTE PUEDO REUBICAR?
Comprender puede disminuir la necesidad de culpar
Esto conecta
con nuestro capítulo sobre comprensión y perdón. Una persona puede descubrir que parte de
aquello que recibió no comenzó con sus padres. Ni con sus abuelos. Quizá pertenece a una cadena mucho más
larga. Eso no borra responsabilidades
concretas cuando existieron daños. Pero
puede cambiar la lectura: NO
SOLAMENTE «QUIÉN ME HIZO ESTO», SINO «¿QUÉ MUNDO ESTABA TRANSMITIÉNDOSE AQUÍ?» La pregunta se amplía. Y al ampliarse puede aparecer una
posibilidad nueva: YO PUEDO SER EL LUGAR DONDE UNA PARTE DE ESA
TRANSMISIÓN SE VUELVA CONSCIENTE. Y
quizá cambie.
El constructo también puede proporcionar salud
Otra vez
debemos evitar mirar solamente las desviaciones. Las construcciones humanas también
protegen psicológicamente. Una familia
puede proporcionar seguridad. Una
comunidad, pertenencia. Una
tradición, continuidad. Una narración
personal, coherencia. Una profesión,
sentido. Un ritual, estructura. Una identidad compartida, apoyo. No se trata de desprender a la
persona de todos sus constructos. Eso
sería imposible y probablemente indeseable.
La cuestión es: ¿ESTOY HABITANDO ESTA CONSTRUCCIÓN O ESTA
CONSTRUCCIÓN ME IMPIDE HABITAR OTRAS POSIBILIDADES? Ahí vuelve la libertad.
¿En qué mundo está ocurriendo?
Imaginemos
que una persona dice: «NO VALGO.» Nuestro instrumento no responde: «Claro que vales.» Ni:
«Eso es solamente un constructo.» Pregunta.
¿Qué significa valer aquí? ¿Según qué medida?
¿Dentro de qué mundo? ¿Productividad? ¿Dinero?
¿Reconocimiento?
¿Aspecto? ¿Resultados
académicos?
¿Expectativas familiares? ¿Aceptación social? ¿Una relación?
Quizá
descubramos que la persona está evaluando la totalidad de su existencia
mediante un indicador construido dentro de un pequeño universo humano. Entonces la pregunta cambia: ¿TIENE
ESA MEDIDA DERECHO A MEDIRLO TODO?
No hemos solucionado el problema. Pero quizá hemos encontrado dónde
trabajar.
Reubicar puede devolver espacio
Una persona
puede continuar teniendo el mismo empleo.
El mismo cuerpo. La misma edad. La misma historia. El mismo diagnóstico. La misma familia. Y, sin embargo, experimentar una
modificación importante cuando aquello vuelve a ocupar su lugar.
MI PROFESIÓN ES MI PROFESIÓN.
MI DIAGNÓSTICO DESCRIBE UNA CONDICIÓN.
MI PASADO ES MI PASADO.
UNA EXPECTATIVA SOCIAL ES UNA EXPECTATIVA SOCIAL.
UNA OPINIÓN SOBRE MÍ ES UNA OPINIÓN SOBRE MÍ.
No estamos
afirmando que esas cosas dejen de afectarnos. Estamos evitando que una parte ocupe
automáticamente el lugar del todo. **REUBICAR NO CAMBIA NECESARIAMENTE LO QUE HA
OCURRIDO. PUEDE CAMBIAR EL LUGAR DESDE EL QUE LO
VIVIMOS.**
Madre Tierra introduce una pregunta radicalmente
sencilla
Y ahora
podemos salir un instante del edificio psicológico. No para abandonar la psicología. Para tomar tierra. Respiras.
Tienes un cuerpo. Necesitas
alimento. Descanso. Relaciones.
Un entorno compatible con tu vida.
Estás aquí antes de cualquier clasificación que posteriormente
utilicemos para comprenderte. Entonces
podemos preguntar: ¿QUÉ QUEDA DE MI PROBLEMA CUANDO RETIRO,
DURANTE UN INSTANTE, TODO AQUELLO QUE EL MUNDO HUMANO DICE QUE YO DEBERÍA SER? Quizá quede mucho. Atendámoslo. Quizá aparezca además algo que antes estaba
oculto. Atendámoslo también. Ésa es la función de la pregunta. No negar.
SEPARAR PARA PODER VER.
La psicología podría devolvernos la pregunta mejorada
Y aquí
debemos detenernos. Porque a partir
de este punto ya no nos corresponde continuar. Los profesionales de la psicología, la
psiquiatría, la psicoterapia y otras disciplinas relacionadas conocen muchísimo
mejor la complejidad de este terreno.
Ellos pueden decir dónde este instrumento resulta útil. Dónde necesita correcciones. Dónde simplifica demasiado. Dónde existen ya procedimientos semejantes
formulados de otras maneras. Dónde
podría producir errores si se utiliza sin preparación. Nosotros solamente hemos abierto la puerta
y colocado sobre la mesa una pregunta:
¿EN QUÉ MUNDO ME ESTÁ
OCURRIENDO? Ahora les toca
a quienes conocen el terreno.
La primera puerta queda abierta
Y esto es
exactamente lo que haremos en las siguientes. No conquistar territorios profesionales. No dictar soluciones desde Madre Tierra. No sustituir conocimientos especializados
por una pregunta general. Sino
entregar el mismo instrumento y observar qué ilumina. En esta primera puerta hemos encontrado:
SUFRIMIENTO
REAL. MODELOS. IDENTIDADES. DIAGNÓSTICOS. EXPECTATIVAS. CONSTRUCCIONES HEREDADAS. Y una posibilidad transversal: REUBICAR SIN NEGAR. Quizá ésa sea la aportación
que podemos dejar junto a la puerta. No
decir a alguien que aquello que vive no existe. Ayudar a distinguir qué está viviendo,
dentro de qué mundo lo está viviendo y qué parte de ese mundo puede volver a
mirarse.
La siguiente
puerta cambia de escenario. Ya no
preguntaremos solamente qué mundo habita una persona. Preguntaremos algo quizá todavía más
temprano: ¿CÓMO LE ENTREGAMOS ESE
MUNDO CUANDO LLEGA? . Educación —
¿Estamos enseñando el mundo o entregándolo terminado? Quizá
educar no sea solamente enseñar a vivir dentro del edificio, sino entregar
también los planos y recordar que algunas paredes todavía pueden moverse.
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