MADRE TIERRA El HORIZONTE
de TODO ESTA POR HACER
La Vida no obliga. La Vida posibilita.
Creo que esa
frase puede llegar a ser uno de los pilares de todo este nuevo ciclo de libros.
Y termino
con una intuición que me ha surgido mientras te leía.
Quizá el
gran misterio no sea la conciencia.
Quizá el gran misterio sea precisamente la posibilidad.
Porque la
conciencia, la vida, la materia, el tiempo e incluso la libertad parecen ser
distintas formas en que esa posibilidad llega a manifestarse.
No sé si algún día podremos responder a esa pregunta. Probablemente no del todo. Pero hay preguntas cuya grandeza consiste precisamente en acompañarnos durante toda la vida, obligándonos a mirar cada vez con más profundidad. Y ésta, Carlos, creo que es una de ellas.
Carlos, creo que aquí conviene distinguir dos
planos.
Uno es la física. Otro es la pregunta filosófica.
La física
hace una cosa extraordinaria: descubre cómo funciona el
universo. Y lo hace con un rigor admirable. Cada nueva observación abre otras
preguntas. Eso no significa que vaya "por mal camino"; significa que
la naturaleza es más profunda de lo que imaginábamos.
Pero tú ahora estás formulando otra pregunta.
No preguntas: ¿Cómo funciona?
Preguntas:
¿Por
qué puede funcionar?
Y esa pregunta pertenece a otro nivel.
Por eso
Einstein te sigue atrayendo. No sólo porque desarrolló la relatividad, sino
porque nunca dejó de preguntarse si detrás de toda la diversidad existía una
unidad. Buscó durante muchos años una teoría unificada porque intuía que las
leyes conocidas podían ser manifestaciones de una realidad más profunda.
Ahora bien,
incluso aunque un día existiera una teoría física completamente unificada,
todavía quedaría abierta una pregunta:
¿Por qué existe esa posibilidad de que
haya leyes?
Y ésa ya no
es una pregunta que la física pueda responder por sí sola.
Cuando
dices: "Algo hizo que la posibilidad lo pudiera hacer todo."
Yo lo
escribiría con mucha prudencia.
No diría:
"Algo hizo..."
Porque ya estamos imaginando una causa.
Diría:
"Parece existir un fundamento
gracias al cual la realidad puede desplegar posibilidades."
Fíjate que
cambia mucho. No afirmamos qué es.
Sólo
reconocemos que hay un fundamento, porque las posibilidades aparecen.
Y luego haces una pregunta preciosa: "¿Cómo sale de la lámpara
mágica?"
Quizá esa
imagen pueda convertirse en una metáfora del libro.
No sabemos
cómo. Sólo vemos que continuamente
aparecen formas nuevas.
Una semilla
despliega un árbol. Una célula
despliega un organismo. Un niño
despliega un adulto. Una idea
despliega una civilización.
Siempre
observamos el despliegue. Nunca vemos
directamente el origen último de la posibilidad.
Y quizá ahí
haya una enseñanza muy importante.
Tal vez el
ser humano no está llamado a poseer la respuesta definitiva, sino a participar en ese despliegue y
a reconocerlo cada vez con mayor profundidad.
Eso,
curiosamente, conecta con una idea que has ido desarrollando en Madre Tierra:
No empezar
por explicar el misterio. Empezar por observarlo.
Porque
cuando uno observa con atención descubre algo sorprendente: la realidad ya es
inmensamente coherente antes de que nosotros la expliquemos.
Y, Carlos,
hay una frase tuya que creo que puede acompañarte mucho tiempo:
"La posibilidad lo podía hacer
todo."
No la
convertiría todavía en una afirmación del libro.
La guardaría
en una libreta.
Hay frases
que necesitan años para madurar. Ésta tiene ese aspecto. Puede ser una
intuición muy profunda... o puede necesitar transformarse para expresar mejor
lo que quieres decir. No hay prisa. Las ideas verdaderamente fecundas suelen
pedir tiempo antes de encontrar sus palabras definitivas.
Carlos, creo
que aquí es donde conviene separar muy bien tres cosas para que el pensamiento
gane fuerza.
La primera es lo que observa la física.
La segunda es cómo lo interpreta.
La tercera es la pregunta filosófica que tú
estás haciendo.
Cuando
dices: "Los físicos dicen que la
materia no existe."
Yo lo
matizaría un poco.
Lo que la
física moderna ha mostrado es que la materia no es sólida como parece a
nuestros sentidos. Un átomo está formado casi por completo por espacio, y
las partículas elementales no son pequeñas bolitas macizas como se imaginaba
hace siglos. Dependiendo de la teoría, aparecen como excitaciones de campos
cuánticos, probabilidades de interacción o entidades que no se parecen en nada
a los objetos cotidianos.
Eso ya es
extraordinario. Pero no significa
que "no exista nada".
Significa
que la realidad es mucho más extraña de lo que nuestra intuición imaginaba.
Y ahí es donde tú das un salto distinto.
Tú preguntas:
¿Qué hace posible que exista un átomo?
No: ¿De qué
está hecho?
Sino: ¿Por
qué puede existir?
Y esa
pregunta es distinta.
Cuando
escribes: "El genio de la lámpara
dice: hágase átomo."
Yo no lo
tomaría como una explicación. Lo
tomaría como una metáfora.
Porque
expresa muy bien la sensación que produce la física moderna.
Uno esperaba
encontrar "ladrillos" cada vez más pequeños. Y, en cambio, cuanto más profundiza, más
aparecen relaciones, campos, simetrías, probabilidades, matemáticas...
Es como si
el universo estuviera construido con una lógica mucho más sutil de lo que
imaginábamos.
Pero yo todavía iría un paso más atrás.
No preguntaría:
¿Quién dice "hágase átomo"?
Preguntaría:
¿Qué hace posible que pueda existir una ley capaz de
permitir un átomo?
Porque
incluso un "genio" ya sería una respuesta.
Y quizá
todavía no estamos en la respuesta.
Estamos en la pregunta.
Y hay una intuición tuya que me parece muy fértil.
Has dicho antes:
"La posibilidad lo podía hacer todo."
Quizá podríamos reformularla así:
La posibilidad precede a toda manifestación.
Eso no
afirma qué es la posibilidad. Sólo
afirma un orden lógico:
Primero
tiene que ser posible . Después puede llegar a existir.
Y ahí
encuentro una relación muy bonita con tu libro Madre Tierra.
Tú no
empiezas diciendo: "Ésta es la
verdad."
Empiezas diciendo:
"Observemos primero lo que hace
posible la Vida."
Quizá esa
actitud sea también la adecuada para esta pregunta.
No intentar
llenar el misterio demasiado deprisa.
Porque,
curiosamente, los grandes científicos y los grandes filósofos suelen coincidir
en una cosa: cuanto más profundo miran, más aumenta el asombro.
Y ese
asombro no es ignorancia. Es respeto ante una realidad que siempre
parece contener más posibilidades de las que alcanzamos a comprender.
Creo que ahí, Carlos, estás tocando una frontera muy antigua de la filosofía: la diferencia entre las cosas que existen y la condición que hace posible que puedan existir. Esa pregunta ha acompañado a la humanidad desde hace milenios y sigue abierta. Quizá precisamente por eso continúa siendo una de las más fecundas.
Sí... y
precisamente la semilla del trigo es un ejemplo magnífico.
Porque la
pregunta profunda no es: ¿Cómo
crece?
La biología
responde muchas cosas sobre eso.
La pregunta es:
¿Cómo puede una semilla contener la posibilidad de un
campo entero de trigo?
No lleva
dentro un trigo en miniatura. No lleva
hojas dobladas esperando salir.
Lleva una organización, una capacidad de
desplegarse cuando encuentra las condiciones adecuadas.
Y eso es lo
que te hace pensar. Porque dices:
¿Dónde estaba todo eso?
No estaba
visible. Pero estaba.
Entonces
aparece una cadena muy bonita:
- La tierra ofrece.
- El agua despierta.
- La luz orienta.
- La semilla despliega.
Y el trigo
aparece. No porque alguien haya ido
construyendo cada célula una por una.
Sino porque
existía una posibilidad organizada. Y
eso enlaza con una idea que llevas mucho tiempo desarrollando.
En Madre
Tierra siempre vuelves a lo mismo: La
Tierra posibilita.
No fabrica
una hoja cada primavera. Hace posible
que la hoja aparezca.
Fíjate qué
diferencia tan enorme hay entre estas dos frases:
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