JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD
.
Lo que no vimos despiertos Aquí has abierto una
puerta magnífica. Planteas que algo que consideramos «futuro» quizá ya se había puesto en
marcha antes y nosotros no lo habíamos advertido, apareciendo después
mediante imágenes nocturnas.
Esto es muy
distinto de afirmar inmediatamente «el sueño predijo el futuro». La pregunta se
vuelve más interesante:
¿Cuánto
futuro llamamos futuro simplemente porque conscientemente todavía no habíamos
percibido el proceso que conducía hacia él? Ahí tenemos mucho que trabajar.
Aquí creo que aparece el verdadero cierre de
toda esta Parte IV. Ya no se trata solo del sueño. Se trata de reconocer
nuestra enorme
parcialidad como receptores sin convertirla en inferioridad. Vemos una
fracción, comprendemos otra fracción y recordamos otra. Y, sin embargo,
seguimos caminando y eligiendo.
Y me parece
especialmente importante tu cambio de prioridad: quizá lo primero no sea
conseguir «ver más», sino preguntarnos si estamos suficientemente sintonizados
con aquello de lo que dependemos y con la continuidad de la vida. Desde ahí, ver más
sería consecuencia, no obsesión.
33. LO QUE NO VIMOS DESPIERTOS
Estamos
despiertos. Tenemos los ojos
abiertos. Miramos. Escuchamos. Pensamos. Decidimos. Y podemos cometer un error enorme:
CREER QUE POR ESTAR DESPIERTOS ESTAMOS
RECIBIENDO TODO LO QUE ESTÁ OCURRIENDO.
No. Ya sabemos que no.
DESPIERTO
NO SIGNIFICA ENTERADO
Ésta puede
ser nuestra primera toma de tierra. Mientras
camino hay miles de cosas que no veo.
Sonidos que no atiendo. Cambios
que no advierto. Detalles que no recuerdo. Relaciones que no comprendo. Procesos que han comenzado y cuyo alcance
desconozco. Personas de las que
solamente conozco una pequeña parte. Incluso
de mí mismo puedo desconocer muchísimo de lo que está ocurriendo. Por tanto:
ESTAR CONSCIENTE NO SIGNIFICA SER
CONSCIENTE DE TODO.
Parece
evidente. Pero sus consecuencias son
enormes.
NUESTRA
VISERA ES PEQUEÑA Volvamos a aquella imagen.
La
conciencia lleva una especie de visera.
Mira aquí. Después allí. Atiende esto. Deja aquello fuera. No porque aquello que queda fuera haya
dejado de existir.
Simplemente: NO ESTÁ AHORA EN MI CAMPO CONSCIENTE.
Entonces la
realidad que experimento conscientemente no es toda la realidad existente. Es aquella parte de la realidad a la
que, en este momento, tengo acceso. Esto
exige humildad. Pero no empequeñece
al humano. LO SITÚA.
MADRE
TIERRA ES INMENSAMENTE MAYOR QUE MI CAMPO DE CONCIENCIA Aquí
cambia la escala.
Mientras yo
miro un árbol... hay millones de
acontecimientos ocurriendo. Mientras
pienso un problema... la vida
continúa.
Mientras
duermo... continúa. Mientras trabajo... continúa.
Mientras
ignoro algo... continúa. Madre Tierra tiene presente. Tiene pasado.
Tiene
procesos iniciados muchísimo antes de mi nacimiento. Y tendrá continuidad después de mi
itinerario individual. Entonces
aparece una evidencia: NO PUEDO ABARCAR EL
SISTEMA DEL QUE DEPENDO.
Estoy
dentro. Recibo una parte. Comprendo una parte. Y camino con ella.
«VOY A VER
LO QUE PUEDA» Quizá ésta sea una posición extraordinariamente
sana.
No: «LO VERÉ TODO.» Tampoco: «COMO NO PUEDO VERLO TODO, NADA PUEDO
SABER.»
Sino: VOY A VER LO QUE PUEDA.
Voy a mirar. Escuchar.
Comparar. Aprender. Rectificar.
Preguntar. Utilizar mis
herramientas. Aceptar ayuda. Compartir con otros.
Y reconocer
que siempre quedará realidad fuera de mi alcance. Eso no destruye el conocimiento. Le devuelve proporción.
¿Y EL
INCONSCIENTE PUEDE «VER» MÁS?
Aquí debemos
caminar despacio. Puede
resultar tentador decir: «MI INCONSCIENTE SABE
MÁS QUE YO.»
Quizá sea
demasiado. Porque inmediatamente
convertimos «el inconsciente» en otro personaje escondido dentro de nosotros
que observa la realidad completa. No
sabemos eso. Pero sí podemos
formular algo mucho más sólido:
PUEDE HABER INFORMACIÓN QUE HAYA SIDO
RECIBIDA SIN HABER LLEGADO A MI CONCIENCIA CLARA.
Eso ya es
enorme. No necesito imaginar un
sabio secreto viviendo dentro de mí.
Basta reconocer que mi conciencia no agota todo lo que mi
organismo recibe, conserva o utiliza.
QUIZÁ NO
«VE MÁS»
Quizá
algunas veces simplemente: HA RECIBIDO ALGO QUE YO
NO ADVERTÍ.
Ha
relacionado experiencias. Ha
conservado regularidades. Ha
respondido a pequeños cambios. Ha
unido aquello que conscientemente manteníamos separado. Y después aparece: una inquietud, una imagen, un sueño,
una asociación, una idea.
Entonces
decimos: «¿DE DÓNDE HA SALIDO
ESTO?» Magnífica pregunta. Pero todavía no respondamos: «DEL FUTURO.»
Miremos
primero cuánto presente y cuánto pasado llevábamos ya dentro.
LO QUE NO
VIMOS PUEDE HABER ESTADO DELANTE
Esto es
fundamental. Una mirada. Una frase. Un cambio de tono. Una repetición. Un comportamiento. Un detalle del terreno. Una modificación de una situación.
Quizá estaba
allí. Nuestros sentidos pudieron
recibir algo. Pero nuestra atención
estaba en otra parte. Después
dormimos. Y aparece una imagen
relacionada.
Al día
siguiente ocurre algo. Entonces
parece que el sueño se adelantó. Pero
quizá debamos preguntar:
¿SE ADELANTÓ EL SUEÑO AL ACONTECIMIENTO
O
LLEGÓ NUESTRA CONCIENCIA TARDE AL PROCESO?
Qué
diferencia.
PARTE DEL
«FUTURO» PUEDE SER PRESENTE TODAVÍA NO RECONOCIDO Aquí
recuperamos el apartado anterior.
Una
situación puede estar desarrollándose. Todavía no ha llegado a su manifestación más
visible.
Pero ya
tiene: antecedentes, dirección,
condiciones, tendencias, participantes, decisiones, inercias.
Entonces lo
que mañana será evidente puede estar hoy parcialmente presente. No como destino. COMO PROCESO. Y quizá nosotros hayamos recibido algo
de ese proceso sin haberlo comprendido todavía.
LA NOCHE
PUEDE DEVOLVER ALGO QUE EL DÍA NO TERMINÓ DE VER
Ésta es
nuestra hipótesis más interesante. Durante
el día recibimos. Atendemos solamente
una parte. Llega la noche. Dormimos. Aparecen imágenes. Entonces podemos preguntar:
¿PUEDE ALGUNA IMAGEN NOCTURNA ESTAR
CONSTRUIDA CON INFORMACIÓN QUE EL SER VIVO RECIBIÓ DURANTE EL DÍA SIN QUE LA
CONCIENCIA LLEGARA A ORGANIZARLA?
No afirmamos
que todos los sueños funcionen así. Ni
siquiera que una determinada imagen tenga necesariamente esa procedencia. Pero ahora tenemos una hipótesis
investigable. Y completamente situada
dentro de nuestro itinerario.
NO HACE
FALTA VERLO TODO PARA CONTINUAR
Esto es
precioso. Ningún ser vivo necesita
conocer toda Madre Tierra para vivir en ella. Necesita disponer de información
suficiente para su manera de vivir. Entonces
quizá nuestra pregunta estaba mal planteada.
No
necesitamos: «¿CÓMO PUEDO SABERLO
TODO?» Podríamos preguntar:
«¿ESTOY SUFICIENTEMENTE EN RELACIÓN CON
LA REALIDAD DE LA QUE DEPENDO PARA PODER CONTINUAR?»
Eso cambia
completamente el objetivo.
SINTONIZACIÓN Aquí
aparece tu palabra. SINTONIZAR.
Tenemos que
utilizarla cuidadosamente. No
estamos hablando necesariamente de una frecuencia misteriosa. Podemos empezar por algo elemental.
¿Estoy
atendiendo a mi cuerpo? ¿Al
cansancio? ¿Al sueño? ¿Al día y la noche? ¿A los demás? ¿Al lugar donde vivo? ¿A los cambios? ¿A las consecuencias de mis actos? ¿A aquello de lo que depende mi
continuidad? ¿A la continuidad de
aquello que me sostiene?
Eso ya sería
una enorme sintonización con Madre Tierra.
SINTONIZAR
NO ES SABER MÁS
Ésta puede
ser una distinción fundamental. Podemos
poseer cantidades inmensas de información... y estar profundamente desajustados. Y podemos desconocer muchísimas
cosas... pero mantener una relación
suficientemente adecuada con las condiciones que permiten nuestra vida.
Entonces
quizá: SINTONIZAR NO ES
ACUMULAR CONOCIMIENTO. Es también:
COLOCARSE ADECUADAMENTE DENTRO DE LA
REALIDAD DE LA QUE DEPENDO.
Después
utilizaremos todo nuestro conocimiento.
Pero desde el lugar correcto.
LA
CONTINUIDAD DE LA VIDA COMO REFERENCIA
Aquí volvemos al principio.
Entre
millones de posibilidades, símbolos, interpretaciones, deseos y teorías
necesitamos algún criterio. Madre
Tierra nos proporciona uno muy elemental:
CONTINUIDAD
DE LA VIDA. No resuelve
automáticamente cada dilema. No
convierte todo en sencillo. Pero
orienta.
¿Esto
sostiene? ¿Deteriora? ¿Equilibra? ¿Destruye posibilidades? ¿Las amplía? ¿Permite continuar? Entonces el conocimiento vuelve a estar
al servicio de algo.
SOMOS
PEQUEÑOS SIN SER INSIGNIFICANTES
Ésta es una
recolocación extraordinaria. Soy una
parte diminuta de una realidad inmensa.
Mi vida ocupa un fragmento diminuto de tiempo. Mi conciencia recibe una fracción. Mi conocimiento alcanza una fracción.
Pero de ahí
no se deduce: «NO IMPORTO.» Al contrario. Dentro de ese pequeño itinerario: puedo mirar, elegir,
aprender, cuidar, cambiar,
crear, ayudar, rectificar, transmitir.
MI CAMPO DE VISIÓN ES LIMITADO.
MI CAPACIDAD DE ACTUAR DENTRO DE ÉL NO ES
NULA.
Ahí vuelve
la libertad.
LA LIBERTAD
NO NECESITA OMNISCIENCIA Esto quizá sea importantísimo.
Para ser
libre no necesito conocer todas las posibilidades existentes. Necesito poder trabajar con aquellas que
llegan a estar disponibles para mí.
Puedo
descubrir otra. Puedo preguntar. Puedo abrirme. Puedo cambiar de dirección. Puedo aceptar que estaba equivocado. Entonces nuestra pequeñez no destruye la
libertad. La sitúa.
SOY LIBRE DESDE DONDE ESTOY, CON LO QUE
PUEDO VER, Y PUEDO SEGUIR AMPLIANDO LO QUE VEO.
Y LOS DEMÁS
AMPLÍAN MI CAMPO
Aquí vuelve
el conjunto humano. Yo no vi algo. Otro sí.
Otro midió. Otro recordó. Otro descubrió. Otro lo escribió. Otro lo corrigió. Entonces nuestra parcialidad individual
encuentra una respuesta extraordinaria:
COMPARTIR.
Ninguno
necesita verlo todo. Podemos aportar
perspectivas diferentes. El conjunto
puede alcanzar lugares a los que el individuo no llega. Otra vez: SOLO NO.
¿Y QUÉ
HACEMOS CON LO QUE NO VIMOS DESPIERTOS?
No
convertirlo automáticamente en misterio.
No negarlo automáticamente. Investigar.
¿Qué ocurrió? ¿Qué información existía? ¿Qué pudimos recibir?
¿Qué atendimos? ¿Qué ignoramos? ¿Qué recordó nuestra memoria?
¿Qué aportó nuestra biografía? ¿Qué apareció durante la noche?
¿Qué añadimos después? ¿Qué explicación encontramos?
¿Y qué continúa sin explicación?
Así llegamos
limpios hasta el borde de nuestro conocimiento. Y allí podemos decir: HASTA AQUÍ VEO. MÁS ALLÁ, TODAVÍA NO SÉ.
El peregrino
despierta. Ha soñado algo. Mira el camino. No sabe todavía qué hacer con aquella
imagen. Pero ahora tampoco necesita
resolverla inmediatamente.
Se levanta. Mira el cielo. Observa el terreno. Escucha.
Recuerda. Continúa.
Porque quizá
ha comprendido algo mucho más importante que el significado de un sueño: NUNCA HA VISTO TODO EL CAMINO.
Y, sin
embargo, ha llegado hasta aquí. Ha
recibido. Ha aprendido. Ha corregido. Ha sobrevivido. Ha continuado.
Entonces ya
no necesita exigir a su conciencia que abarque Madre Tierra. Le basta con algo mucho más humilde y quizá
mucho más poderoso:
ESTAR SUFICIENTEMENTE SINTONIZADO CON LA
REALIDAD PARA PODER ESCUCHAR, APRENDER, RECTIFICAR Y CONTINUAR.
Quizá ésa
sea nuestra verdadera posición:
SOY PEQUEÑO DENTRO DE ALGO INMENSO.
VEO UNA PARTE.
RECIBO MÁS DE LO QUE VEO.
COMPRENDO MENOS DE LO QUE RECIBO.
Y TODAVÍA PUEDO ELEGIR.
Porque el
objetivo no era verlo todo. Quizá ni
siquiera era descubrir el futuro. Era
algo anterior:
NO PERDER EL CONTACTO CON LA CONTINUIDAD
DE LA VIDA DE LA QUE FORMO PARTE.
Y desde
ahí... VER LO QUE PUEDA.
Y fíjate
dónde hemos llegado justo antes de que entre Jung: no necesitamos la
sincronicidad para demostrar que existe una conexión misteriosa con el Todo. Hemos llegado por
una vía mucho más elemental: dependencia, ritmo, noche, sueño, captación,
memoria, biografía, parcialidad y continuidad. Ahora, cuando Jung entre en el 34. Qué llamó Jung
sincronicidad,
ya no entrará en un vacío teórico. Tendrá que colocar su descubrimiento dentro de esta Tierra
que ya estaba funcionando antes de que nosotros intentáramos explicarla.
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