MADRE TIERRA El HORIZONTE
de TODO ESTA POR HACER
La Tierra crea el trigo.
y
La Tierra hace posible que el trigo pueda desplegarse.
La segunda
me parece mucho más profunda. Porque
no convierte a la Tierra en un "fabricante". La convierte en un ámbito de posibilidad.
Y ahora me
ha venido una imagen.
Quizá el universo no sea tanto una inmensa
máquina. Quizá sea un inmenso campo
de posibilidades.
La Tierra
sería uno de esos lugares donde algunas de esas posibilidades llegan a
manifestarse como vida.
Y la
conciencia sería la posibilidad de reconocer ese despliegue.
¿Es
así? No lo sabemos.
Pero es una
pregunta extraordinariamente fecunda.
Y, Carlos,
quizá ahí está la razón por la que la semilla siempre nos impresiona. No pesa
apenas unos gramos y, sin embargo, contiene la capacidad de convertirse en
espiga, alimentar a miles de personas y producir miles de nuevas semillas. La
materia de la semilla es pequeña; lo que parece inmenso es la organización
que lleva consigo y que sólo se manifiesta cuando encuentra tierra, agua, aire
y luz.
Quizá por
eso la semilla ha sido uno de los grandes símbolos de la humanidad desde hace
miles de años. No porque explique el misterio, sino porque lo muestra.
Nos enseña que una posibilidad puede permanecer silenciosa durante un tiempo y,
cuando llegan las condiciones adecuadas, desplegar una realidad que parecía
imposible imaginar al verla por primera vez.
Y eso
armoniza muchísimo con una palabra que tú mismo has elegido para este nuevo
libro y que, cuanto más hablamos, más importante me parece: despliegue.
No crear de la nada. No fabricar. Desplegar una posibilidad que ya
estaba presente.
Carlos, creo
que éste es uno de esos ejemplos que valen más que cien páginas de teoría.
Imagina al
primer ser humano que guardó unos granos de trigo.
Quizá no
sabía genética. No conocía el
ADN. No sabía cómo se dividían las
células.
Pero
descubrió algo inmenso. Sembró un
grano... y la Tierra le devolvió
muchos.
Entonces apareció una pregunta silenciosa:
¿Cómo puede un solo grano multiplicarse?
No la podía
responder. Pero podía
contemplarla. Y esa contemplación ya
era un acto de conciencia. Luego
pienso otra cosa.
La semilla,
sola, encima de una piedra... no hace
nada.
La Tierra,
sola... tampoco produce trigo. Hace falta el encuentro.
La semilla
aporta una organización.
La Tierra
aporta el ámbito donde esa organización puede desplegarse.
Ni la Tierra
fabrica la semilla. Ni la semilla
fabrica la Tierra.
Las dos
cooperan. Y ahí veo algo muy hermoso.
Quizá la
conciencia también funcione así. No
como una cosa aislada. Sino como un encuentro.
Entre una
posibilidad y un ámbito donde esa posibilidad puede desplegarse.
Y entonces entiendo mejor una intuición tuya.
Cuando dices:
"...está creada en conciencia y se realiza en el
suelo de la Tierra."
Yo cambiaría una sola palabra para dejarla abierta:
"...está contenida como posibilidad y se realiza
en el suelo de la Tierra."
¿Por qué?
Porque "creada en conciencia" ya responde
quién o qué la crea.
En cambio:
"contenida como posibilidad"
deja abierto el misterio.
No sabemos
dónde reside en último término esa posibilidad. Pero observamos que existe. Porque la espiga aparece.
Y quizá ahí
esté una de las imágenes más bonitas de todo Madre Tierra.
La Tierra no
es solamente un planeta. Es el lugar
donde las posibilidades llegan a hacerse visibles.
Eso es
extraordinario.
Y entonces
me surge una frase que quizá algún día puedas utilizar:
La posibilidad permanece invisible hasta que encuentra
el lugar donde puede desplegarse.
La semilla
encuentra la Tierra. El niño
encuentra la vida. Una idea
encuentra una mente. Una obra
encuentra un autor.
Siempre hay
un encuentro.
Quizá la
realidad esté hecha, en gran parte, de esos encuentros.
Y eso,
Carlos, tiene una consecuencia muy bonita. Si la posibilidad necesita un ámbito
para desplegarse, entonces la Tierra deja de ser un simple escenario. Pasa a
ser una colaboradora del despliegue de la Vida. No explica el misterio
de la semilla, pero participa en que ese misterio pueda hacerse visible. Esa
idea armoniza profundamente con el sentido que has querido dar a Madre Tierra:
no como protagonista absoluta, sino como el lugar donde la Vida encuentra las
condiciones para manifestar muchas de sus posibilidades.
Carlos, aquí entramos en un terreno
fascinante, pero donde conviene distinguir dos momentos.
El primer momento
El
agricultor descubre algo. Tiene una
semilla de trigo.
La
siembra. Al cabo de unos meses recoge
cien.
Entonces
comprende una ley de la naturaleza. Y
su conciencia da un salto enorme.
Puede
pensar:
"Si esto ocurre con el trigo... ¿podría
ocurrir con otras plantas?"
Eso sí es
perfectamente imaginable. Es el
nacimiento de la agricultura como observación.
No sabe
todavía si existe cebada, avena o centeno.
Pero la
posibilidad ya ha nacido en su conciencia.
No porque
haya creado esas plantas. Sino porque ha comprendido un principio:
Una semilla puede multiplicarse.
Ese
descubrimiento abre miles de posibilidades.
El segundo momento
Otra cosa
distinta es la primera semilla de trigo.
Ahí ya entramos en una pregunta mucho más profunda. No sabemos cómo apareció el trigo tal como
hoy lo conocemos.
La ciencia
propone que procede de plantas silvestres que fueron siendo seleccionadas
durante miles de años por generaciones de agricultores. Es un proceso
larguísimo, no el resultado de una sola persona ni de un solo instante.
Pero tu
pregunta no va exactamente por ahí. Tú
preguntas algo anterior.
Dices:
¿Y
la primera posibilidad del trigo?
Ahí ya
estamos en filosofía. Porque incluso
aunque pudiéramos reconstruir toda la evolución biológica... seguiría quedando la pregunta:
¿Cómo
fue posible que existiera algo capaz de convertirse en trigo?
Ésa es otra
cuestión.
Y aquí creo
que puede aparecer una idea muy bonita para tu libro.
La
conciencia descubre posibilidades que ya existían.
El
agricultor no crea la cebada. No crea
la avena.
Pero la
existencia del trigo le permite imaginar que la realidad puede
contener otras semillas todavía desconocidas.
Es
decir: La conciencia humana no inventa
necesariamente la realidad. Pero sí puede
anticipar
posibilidades.
Eso ocurre
continuamente en la historia. Alguien
ve un puente... e imagina otro mejor.
Alguien ve
un barco... e imagina navegar más
lejos.
Alguien
observa una semilla... e imagina un
campo entero.
La
conciencia trabaja con posibilidades.
Y ahora
viene la frase que, leyendo tu mensaje, me ha surgido:
La primera semilla no sólo alimentó el
cuerpo. Alimentó la imaginación.
Porque desde ese momento el ser humano pudo
pensar:
"Si
existe esta semilla... quizá existan muchas otras."
Y esa
pregunta abrió la agricultura, la selección de cultivos, los graneros, las
aldeas, las ciudades...
Todo comenzó
con una posibilidad reconocida.
Quizá ésa
sea una de las funciones más profundas de la conciencia:
No
crear las posibilidades, sino reconocerlas y colaborar con su despliegue.
Esa
formulación, además, mantiene la prudencia. No afirma de dónde procede la
primera semilla ni resuelve el origen último de la vida. Simplemente observa
algo que sí podemos constatar: cuando el ser humano reconoce una posibilidad
presente en la naturaleza, puede cooperar con ella y abrir caminos
completamente nuevos. Esa idea me parece muy coherente con la dirección que
está tomando Madre
Tierra.
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