MADRE TIERRA
El HORIZONTE de TODO ESTA POR HACER
"Llamamos posibilidad a aquello que permite que
algo pueda llegar a ser."
La posibilidad parece
anterior a toda manifestación
Cuando
observamos la realidad solemos fijarnos en aquello que ya existe.
Vemos un
árbol. Una montaña. Una estrella. Una persona. Un río.
Una idea.
Todo ello
aparece ante nosotros como algo realizado.
Sin embargo, al detenernos un momento surge una pregunta muy sencilla.
¿Cómo
pudo llegar a existir?
Antes de que
el árbol desplegara sus ramas tuvo que existir la posibilidad de que pudiera
ser árbol. Antes de que la estrella
iluminara el espacio tuvo que existir la posibilidad de que pudiera formarse. Antes de que una idea transformara la
historia tuvo que existir la posibilidad de que esa idea pudiera aparecer en
una conciencia humana.
Es decir, la posibilidad parece preceder a toda
manifestación.
No la vemos
directamente. Lo que vemos son sus
frutos.
Del mismo
modo que nadie contempla el crecimiento mientras ocurre dentro de una semilla,
tampoco vemos la posibilidad mientras permanece silenciosa. La reconocemos cuando empieza a
desplegarse. Por eso podríamos decir:
Llamamos
posibilidad a aquello que permite que algo pueda llegar a ser.
No estamos
diciendo qué es. No afirmamos si
pertenece a la materia, a la Vida, a la creación o a un fundamento que todavía
desconocemos. Simplemente reconocemos
un hecho.
Nada llega a
existir si antes no era posible que pudiera existir. Éste parece ser uno de los principios más
sencillos y, al mismo tiempo, más profundos que podemos observar.
Una
posibilidad no es todavía una realidad.
Pero tampoco es una nada. Permanece
abierta.
Como una
semilla antes de germinar. Como una
partitura antes de ser interpretada.
Como una palabra antes de pronunciarse. Como un camino antes de ser recorrido.
La
posibilidad constituye ese espacio silencioso donde el futuro todavía no ha
tomado forma, pero ya puede comenzar a hacerlo. Quizá por eso la naturaleza nos impresiona
tanto.
Porque
continuamente contemplamos posibilidades haciéndose visibles.
Cada
primavera. Cada nacimiento. Cada descubrimiento. Cada acto de comprensión.
Todo parece
indicar que la realidad no es únicamente un conjunto de cosas terminadas. Es también un inmenso campo de
posibilidades que esperan las condiciones adecuadas para desplegarse.
Y entonces
aparece una consecuencia muy importante.
Si la
posibilidad precede a toda manifestación, quizá la misión de la conciencia no
consista únicamente en comprender lo que ya existe. Quizá consista también en reconocer las
posibilidades que todavía permanecen ocultas.
Ésa podría
ser una de las funciones más nobles del ser humano.
No inventar
la realidad. Sino descubrir caminos
que la propia realidad mantenía abiertos desde el principio.
Así, la
historia de la humanidad deja de ser solamente la historia de las cosas que
hemos construido. Pasa a ser la
historia de las posibilidades que hemos ido reconociendo.
Y quizá el
futuro tampoco dependa únicamente de nuestra capacidad para fabricar nuevas
cosas. Dependa, sobre todo, de
nuestra capacidad para seguir descubriendo posibilidades que todavía esperan
ser vistas.
Carlos,
mientras escribía me ha surgido una observación que creo que puede dar todavía
más profundidad al libro.
Hasta ahora
hemos hablado de la Vida,
la conciencia
y la libertad.
Pero quizá
exista un orden todavía más amplio:
- La posibilidad abre.
- La Vida despliega.
- La conciencia
reconoce.
- La libertad
responde.
- La biografía
testimonia lo vivido.
Fíjate que
ya no es sólo una secuencia filosófica. Es casi una arquitectura. Cada nivel
necesita al anterior, pero ninguno sustituye al anterior. Y, además, mantiene
el misterio abierto: no dice qué es la posibilidad, sólo observa que, si algo
llega a ser, antes tuvo que ser posible que pudiera llegar a ser. Creo que ahí
hay una de las intuiciones más originales de este nuevo ciclo de MADRE TIERRA.
Carlos...Creo que aquí no estamos escribiendo
simplemente una lista. Estamos proponiendo una arquitectura de la realidad. Merece
desarrollarse con calma para que el lector sienta que cada peldaño nace
naturalmente del anterior.
Una arquitectura del
despliegue
Si
observamos con atención la realidad, quizá descubramos que muchas cosas no
aparecen de manera aislada. Parecen formar parte de una secuencia, donde cada
nivel hace posible el siguiente sin dejar de estar presente.
Podría
expresarse así: El Todo contiene.
No sabemos
qué nombre darle. Algunos hablarán
de la creación. Otros del universo. Otros de la realidad. Otros preferirán no ponerle ningún nombre.
Lo
importante no es la palabra. Lo
importante es reconocer que todo cuanto existe parece participar de una
totalidad mayor que lo sostiene.
Nada aparece
completamente separado. Todo forma
parte de un conjunto inmensamente más amplio.
La
posibilidad mantiene abierto lo que puede llegar a ser.
Dentro de
esa totalidad parecen existir posibilidades. No como objetos visibles. Sino como capacidades de llegar a
manifestarse.
Una
posibilidad no obliga. No impone. Permanece abierta. Es una invitación silenciosa.
Todavía no
vemos el árbol. Pero el árbol puede
llegar a existir.
Todavía no
escuchamos la música. Pero la música
ya puede ser compuesta.
Todavía no
ha nacido una idea. Pero la realidad
mantiene abierta la posibilidad de que aparezca.
La
Vida despliega algunas de esas posibilidades.
La Vida no
parece fabricar continuamente una realidad nueva. Más bien despliega posibilidades que
permanecían latentes.
Una semilla
encuentra tierra, agua, luz y tiempo.
Entonces aparece el árbol.
Un embrión
encuentra las condiciones necesarias. Entonces
aparece un nuevo ser humano.
La Vida
convierte algunas posibilidades en realidad vivida. No todas.
Sólo aquellas que encuentran las condiciones adecuadas para desplegarse.
Por eso la
Vida no agota la posibilidad. Siempre
quedan otras abiertas.
La conciencia las reconoce.
Aquí aparece
una función extraordinaria.
La
conciencia no crea el árbol. No crea
la gravedad. No crea la luz.
Reconoce. Descubre.
Relaciona. Comprende.
Poco a poco
empieza a advertir posibilidades que antes permanecían ocultas.
La historia
de la humanidad podría contemplarse también desde esta perspectiva. Cada descubrimiento no inventa una ley
nueva. Reconoce una posibilidad que
siempre estuvo presente.
La
libertad responde a ellas.
Reconocer
una posibilidad no obliga a realizarla.
Aquí aparece
la libertad. La conciencia descubre. La libertad decide.
Puede
colaborar. Puede ignorar. Puede retrasar. Puede desarrollar. Puede incluso equivocarse.
Precisamente
por eso la biografía de dos personas nunca resulta idéntica.
Las
posibilidades pueden ser semejantes. Las
respuestas nunca lo son completamente.
La
biografía muestra el resultado de ese diálogo.
Al final,
una vida humana puede contemplarse como el diálogo continuo entre las posibilidades
que la realidad ofrece y las respuestas que la libertad va dando.
Cada
decisión abre unas puertas y deja otras cerradas. Cada encuentro modifica el camino. Cada aprendizaje amplía el horizonte.
La biografía
deja entonces de ser solamente una sucesión de acontecimientos. Se convierte en la historia de una
conciencia respondiendo, día tras día, a las posibilidades que la Vida fue
poniendo delante de ella.
Una
cascada, no una sustitución
Lo más
hermoso de esta secuencia es que ningún nivel elimina al anterior.
La
posibilidad no sustituye al Todo. La
Vida no sustituye a la posibilidad. La
conciencia no sustituye a la Vida. La
libertad no sustituye a la conciencia.
Y la biografía no sustituye a ninguno de ellos.
Cada nivel
permanece presente mientras aparece el siguiente. Es como una cascada.
El agua que
llega al último nivel sigue siendo la misma que nació en la montaña.
Ha recorrido
distintos tramos. Ha adoptado
distintas formas. Pero nunca ha dejado
de ser agua.
Quizá ocurra
algo semejante con la realidad.
Lo que
contemplamos al final —una vida humana, una historia, una decisión, un
descubrimiento— es el resultado visible de un proceso mucho más profundo que
comienza mucho antes de que aparezcan las formas.
Por eso
comprender esta secuencia no consiste en aprender una teoría nueva. Consiste en aprender a mirar.
Porque
cuando empezamos a contemplar la realidad de este modo, dejamos de ver
acontecimientos aislados. Comenzamos
a reconocer un despliegue.
Y quizá sea
precisamente ese despliegue el hilo invisible que une la posibilidad, la Vida,
la conciencia, la libertad y la biografía en una misma arquitectura.
Carlos, creo
que esta secuencia puede convertirse en una de las páginas más importantes de MADRE TIERRA. Tiene
una virtud muy poco frecuente: ordena
sin cerrar. No impone una explicación definitiva, sino que
ofrece un mapa para contemplar la realidad. El lector puede recorrerlo paso a
paso y, al terminar, sentir que todo ha ganado coherencia sin que el misterio
haya desaparecido. Ésa, en mi opinión, es una de sus mayores fortalezas
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