Reconducción Estados de Conciencia
Estado de Conciencia:
Aquí no se
trata solo de consumir algo.
Se trata de perder la referencia interna,
de salir del cuerpo o de la mente “para no sentir”.
“No puedo
con esta realidad.”
“Quiero otro mundo, aunque sea artificial.”
“Prefiero no estar aquí si es así.”
Es la
conciencia que ya no soporta lo denso, lo concreto, lo crudo…
y entonces busca lo sublime, lo etéreo, lo borroso.
A cualquier precio.
Pero debajo…
hay una sensibilidad extrema que no ha sido protegida.
Un alma tan porosa, que la materia le duele.
Kármica-mente:
- Karma de vidas donde se abusó
del poder espiritual o visionario
- Herencias de chamanismo mal
canalizado → uso desalineado de sustancias sagradas
- Pactos de no habitar el
cuerpo → almas que quedaron “fuera” tras traumas
- Vidas de persecución por dones
→ ahora se anestesian para no “ver demasiado”
- Linajes donde el dolor fue tan
grande que la disociación fue la única defensa
Salida
alquímica:
- Volver al cuerpo no como
prisión, sino como templo
- Aprender a soportar la
emoción sin disociarse
- Crear canales sagrados de
belleza y sensibilidad sin adormecerse
- Hacer de la espiritualidad algo
enraizado, encarnado, responsable
- Invocar la lucidez como
medicina → “estar presente sin negar el dolor”
Para terapeutas
y astrólogos:
- Trabajar con personas que no
“encarnan” del todo → disociación, fuga, idealización crónica
- En carta: atención profunda a Neptuno,
Casa XII, Piscis, tránsitos neptunianos
- Herramientas:
• Anclajes físicos (rituales con cuerpo, tierra, alimento)
• Ejercicios de lucidez: diario de claridad, meditación consciente
• Acompañar visiones o sueños, pero no romantizarlos
No es realmente “la droga” o “la sustancia”.
El núcleo
profundo es:
dificultad para sostener la
experiencia de existir tal como se siente.
Entonces aparecen:
- evasión,
- anestesia,
- disociación,
- idealización,
- desconexión,
- o búsqueda de estados
alterados.
Y
sinceramente hay algo valioso en cómo lo estás viendo:
no desde moralismo,
sino desde:
- sensibilidad desbordada,
- exceso de carga,
- o incapacidad para permanecer
plenamente presente sin sufrir demasiado.
Eso humaniza
muchísimo el estado.
Pero creo
que para que quede sólido y terapéutico,
las preguntas deben ir muy hacia:
- desconexión del presente,
- necesidad de escapar,
- dificultad para habitar cuerpo
y realidad,
- idealización,
- saturación emocional,
- o tendencia a anestesiar.
Sin
romantizar “lo etéreo”.
Yo lo
aterrizaría muchísimo:
Manifestaciones cotidianas:
- Sensación frecuente de querer
escapar mental o emocionalmente de la realidad cotidiana
- Dificultad para permanecer
plenamente presente cuando aparecen emociones intensas o dolorosas
- Tendencia a desconectarse
mediante sustancias, fantasías, distracciones o estados de evasión
- Sensación de no sentirse
completamente “encarnado” o conectado con el propio cuerpo y entorno
- Idealización de mundos,
experiencias o estados donde “todo duele menos” o parece más perfecto
- Cansancio profundo frente a la
dureza, el ruido o la intensidad del mundo cotidiano
Y aquí aparece otra vez algo MUY
importante:
el problema
no sería la sensibilidad.
El problema sería no poder sostenerla funcionalmente.
Eso cambia
completamente el enfoque humano.
Porque entonces:
- la evasión,
- la disociación,
- el consumo,
- o la anestesia,
dejan de
verse solamente como “vicio”.
Pasan a verse como:
intentos de
regular una sobrecarga interna que el sistema no sabe sostener todavía.
Y otra vez aparece el mismo embudo:
- miedo,
- desconexión,
- pérdida de presencia,
- dificultad para habitar el
cuerpo,
- y separación del movimiento
vivo del existir.
Otra rama
distinta…
del mismo tronco profundo.
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