MADRE TIERRA y JUNG
Persona útil y Persona prisión Cuando una adaptación continúa después de
perder su función.
Y aquí damos con una consecuencia casi
inevitable de todo lo anterior: la
Persona no tiene por qué ser prisión desde el principio; puede convertirse en
prisión precisamente porque antes fue útil.
Acabamos el capítulo anterior con una pregunta: ¿QUIÉN
ME LO ESTÁ PIDIENDO AHORA? Y
apareció una respuesta inquietante: QUIZÁ YA NADIE.
La familia
que necesitó aquella respuesta ya cambió.
La escuela terminó. Aquella
relación desapareció. La profesión es
otra. La amenaza ya no existe. La época cambió. El caminante tiene cincuenta años más. Y, sin embargo: LA
PERSONA CONTINÚA PRESENTÁNDOSE A TRABAJAR CADA MAÑANA.
Esto es
extraordinariamente importante. Porque
quizá muchas veces hemos mirado como problema lo que originalmente fue: UNA
SOLUCIÓN.
PRIMERO FUE
ÚTIL
Éste debe
ser nuestro punto de partida. Una
Persona puede haber permitido: pertenecer, protegerse,
ser reconocido, desenvolverse, trabajar,
evitar conflictos, conseguir
autonomía, mantener una relación, ocupar un lugar, atravesar una etapa difícil.
Funcionó. Y precisamente porque funcionó: SE
QUEDÓ. No necesitamos imaginar
ningún mecanismo misterioso. Una
manera de funcionar produce resultados.
La repetimos. Cada repetición la
hace más disponible. El entorno la
reconoce. Nosotros empezamos a
reconocernos en ella. Y llega un
momento en que ya no necesitamos preguntarnos qué hacer. SALE
SOLA.
PERSONA
ÚTIL Podríamos
definirla de una manera muy sencilla:
UNA
FORMA DE PRESENTARME QUE ME PERMITE DESENVOLVERME EN UN CONTEXTO SIN NECESIDAD
DE CONFUNDIRLA CON LA TOTALIDAD DE QUIEN SOY.
Me pongo el
traje. Cumplo la función. El traje me ayuda. puedo quitármelo. Soy profesor y entro en clase. Soy médico y entro en consulta. Soy padre y atiendo una necesidad de mis
hijos. Soy responsable de un equipo y
tomo decisiones. Soy anfitrión y
recibo a unas personas. La Persona
organiza la relación. Perfecto.
LA HERRAMIENTA ESTÁ EN LA MANO DEL CAMINANTE.
¿CUÁNDO
EMPIEZA EL PROBLEMA?
Cuando
ocurre una inversión. La Persona
deja de ser una posibilidad disponible y empieza a convertirse en: OBLIGACIÓN. Ya no: PUEDO
SER FUERTE CUANDO HACE FALTA.
Sino: TENGO QUE SER FUERTE SIEMPRE. Ya no:
SÉ CUIDAR. Sino: TENGO
QUE CUIDAR A TODOS. Ya
no: PUEDO RESOLVER PROBLEMAS. Sino: NO
PUEDO PERMITIR QUE NADIE ME VEA SIN UNA SOLUCIÓN. Ya no: ME
GUSTA HACER BIEN LAS COSAS. Sino: NO
PUEDO EQUIVOCARME.
La capacidad
permanece. Pero ha perdido libertad.
AHÍ
EMPIEZA LA PERSONA PRISIÓN
No porque la
máscara sea mala. Sino porque: YA
NO PUEDO QUITÁRMELA. Ésa puede
ser nuestra definición. La Persona
útil dice: «ÉSTA ES UNA MANERA EN QUE PUEDO
FUNCIONAR.»
La Persona
prisión dice: «ÉSTA ES LA ÚNICA MANERA EN QUE PUEDO
SER.» Menuda
diferencia. Externamente quizá no
veamos ninguna.
La misma
persona sigue siendo: responsable, eficiente,
amable, fuerte, brillante,
servicial. Pero interiormente ha
cambiado completamente la relación con el traje. YA
NO LO LLEVA. LO LLEVA EL TRAJE A ÉL.
Y LO MÁS
CURIOSO: PUEDE SEGUIR FUNCIONANDO
Éste es un
punto enorme. Una Persona prisión no
tiene por qué fracasar socialmente. Puede
ocurrir exactamente lo contrario.
Puede ser: admiradísima, eficaz,
premiada, reconocida, prestigiosa. El mundo puede decir continuamente: «SIGUE
ASÍ.» Y la persona
quizá empiece a notar: «NO PUEDO MÁS.»
Aquí tenemos
dos valoraciones distintas. Para el
constructo: FUNCIONA. Para el caminante: ESTÁ
COSTANDO DEMASIADO. Entonces
Madre Tierra introduce una pregunta que el éxito exterior no puede responder: ¿CÓMO
ESTÁ LA VIDA QUE HAY DENTRO DE ESA PERSONA?
LA
ADAPTACIÓN PUEDE SOBREVIVIR A SU NECESIDAD
Volvamos al
niño. Aprendió: NO
MOLESTES. Quizá
aquello le permitió desenvolverse en un ambiente concreto. Treinta años después nadie le está diciendo
que no moleste. Pero continúa sin
pedir. Sin reclamar. Sin expresar desacuerdo. Sin ocupar espacio. La antigua adaptación continúa. O alguien aprendió: ANTICÍPATE
A TODO.
Quizá
necesitó hacerlo en un ambiente imprevisible.
Hoy vive en otro contexto. Pero
sigue intentando controlar cada variable.
No concluimos automáticamente que ésa sea la explicación. Investigamos. Pero aparece una hipótesis
extraordinariamente sencilla: ¿PUEDE ESTAR FUNCIONANDO HOY UNA SOLUCIÓN DE
AYER?
EL MUNDO
CAMBIÓ, PERO LA PERSONA NO RECIBIÓ EL AVISO
Ésta casi
merece quedarse tal cual. EL MUNDO CAMBIÓ. LA PERSONA NO RECIBIÓ EL AVISO.
Terminó la
escuela Pero sigo intentando sacar
diez. Ya no vivo con mis
padres. Pero continúo intentando
demostrar que soy el hijo que esperaban.
Aquella relación acabó. Pero sigo
protegiéndome como si continuara dentro.
Ya no soy director. Pero
necesito dirigir. Mis hijos
crecieron. Pero continúo necesitando
que me necesiten.
La situación
actual quizá ya no pide la adaptación.
PERO EL
ITINERARIO LA CONSERVÓ.
AQUÍ EL
TIEMPO SE VUELVE TERAPÉUTICO
No porque el
tiempo cure automáticamente nada. Sino
porque introducir el tiempo permite formular una pregunta nueva: ¿CUÁNDO
FUE NECESARIO ESTO? Y
después: ¿SIGUE SIENDO NECESARIO AHORA?
De repente
dejamos de combatir un rasgo. Empezamos
a investigar su vigencia. Esto es
completamente diferente. No: «TENGO
QUE DEJAR DE SER CONTROLADOR.» Sino: «¿QUÉ
ESTOY INTENTANDO CONTROLAR Y QUÉ OCURRIRÍA HOY SI NO LO HICIERA?» No: «TENGO
QUE DEJAR DE COMPLACER.» Sino: «¿QUÉ
ESPERO QUE OCURRA SI ALGUIEN NO QUEDA CONTENTO CONMIGO?»
La Persona
empieza a mostrarnos el mundo para el que todavía cree estar trabajando.
PERSONA
PRISIÓN = ADAPTACIÓN SIN ACTUALIZAR
Podemos
probar esta formulación. No como
definición absoluta de Jung, sino como herramienta nuestra: PERSONA
PRISIÓN = UNA ADAPTACIÓN QUE YA NO PUEDE REVISAR SU
PROPIA NECESIDAD.
Esto encaja
perfectamente con todo lo anterior. Porque
el problema no está necesariamente en el contenido. Ser fuerte puede ser magnífico. Ser responsable también. Ser cuidador. Ambicioso. Prudente. Competitivo. Reservado. Sociable. Ninguna palabra decide por sí sola si
estamos ante libertad o prisión. La
pregunta es: ¿PUEDO NO SERLO CUANDO LA VIDA NO LO NECESITA? Ahí cambia todo.
LA
FLEXIBILIDAD NOS DA UNA PISTA
Una Persona
útil puede adaptarse al contexto. Puedo
dirigir una reunión y después escuchar.
Puedo ser fuerte y también pedir ayuda. Puedo cuidar y dejarme cuidar. Puedo hablar y callar. Puedo mostrar seguridad y reconocer: «NO
LO SÉ.» No significa
que todos tengamos que ser igualmente flexibles en todo. Significa que cuando sólo queda una respuesta obligatoria,
merece la pena investigar. Quizá
encontramos: UNA ANTIGUA ADAPTACIÓN CON EL MOTOR
TODAVÍA ENCENDIDO.
Y AQUÍ
EMPIEZA A APARECER EL COSTE
Porque
mantener una Persona rígida necesita energía.
Tengo que vigilar qué muestro. Qué
no muestro. Cómo me ven. Qué esperan. Qué imagen mantengo. Qué parte de mí podría contradecirla. Entonces una herramienta que debía
facilitar la relación con el mundo puede acabar exigiendo muchísimo trabajo. TENGO
QUE MANTENER AL PERSONAJE. Y
cuanto más importante sea el personaje...
más miedo puede producir que se agriete.
«¿QUÉ
PASARÍA SI DEJARAS DE SER ÉSE DURANTE CINCO MINUTOS?»
Menuda
pregunta. No para hacerlo
inmediatamente. Sólo imaginarlo. Si el fuerte dijera: «HOY
NO PUEDO.» Si el que
sabe dijera: «NO SÉ.» Si la cuidadora dijera: «HOY
NECESITO QUE ME CUIDEN.» Si
el agradable dijera: «NO ESTOY DE ACUERDO.»
Si el
triunfador reconociera: «HE FRACASADO EN ESTO.» ¿Qué teme que ocurra? Ahí puede aparecer el antiguo contrato de la
Persona. «SI NO SOY ÉSTE, ENTONCES...» Y después de esos puntos
suspensivos puede haber media biografía.
LA
PRISIÓN PUEDE NO TENER CARCELERO
Aquí
conectamos directamente con el capítulo anterior. ¿Quién me pide ahora que siga siendo éste? Miro alrededor. Nadie.
Entonces: ¿QUIÉN VIGILA LA PUERTA?
Quizá una
expectativa incorporada. Una antigua
valoración. Una imagen de mí mismo. Un miedo.
Una costumbre. Una manera de
obtener seguridad.
No
necesitamos fabricar un pequeño guardián interior. Simplemente reconocemos que una forma
aprendida puede continuar funcionando aunque el contexto que la originó haya
cambiado. LA CÁRCEL PUEDE CONSERVAR LAS REJAS
DESPUÉS DE QUE EL CARCELERO SE HAYA IDO.
Y quizá incluso descubramos: LA
PUERTA YA ESTABA ABIERTA.
PERO
CUIDADO: NO TODA LIMITACIÓN ES IMAGINARIA
Esto también
debe quedar claro. A veces el mundo
actual sí continúa
exigiendo determinadas adaptaciones. Una persona puede depender económicamente
de un trabajo. Una familia puede
mantener presiones reales. Una sociedad
puede penalizar ciertas conductas. Una
institución puede imponer normas. Descubrir
que algo es un constructo no hace desaparecer sus consecuencias. Por eso no diremos alegremente: «QUÍTATE
LA máscara y sé libre.» No. Preguntamos:
¿QUÉ
MARGEN REAL TIENES? Ésa es nuestra
libertad con toma de tierra.
NO
ARRANQUEMOS UNA ADAPTACIÓN ANTES DE SABER QUÉ SOSTIENE
Esto es
importantísimo. Si una Persona lleva
décadas funcionando quizá sostiene muchas cosas.
Trabajo. Relaciones. Seguridad.
Autoestima. Organización
cotidiana. Pertenencia. No se desmonta una estructura sin mirar qué
peso está soportando. Nuestro método
sigue siendo: VER. COMPRENDER. REUBICAR. No:DESCUBRIR → ARRANCAR. La linterna continúa
antes que el martillo.
LA
PERSONA ÚTIL PUEDE CONSERVARSE
Ésta es
quizá la parte más bonita. Después de
toda la arqueología puedo concluir: «SÍ. QUIERO SEGUIR SIENDO
RESPONSABLE.»
Magnífico. Pero ahora quizá ya no porque: «SI
NO SOY RESPONSABLE, NO VALGO.» Sino: «VALORO
LA RESPONSABILIDAD Y QUIERO EJERCERLA.»
Externamente
puede parecer exactamente igual. Interiormente
ha ocurrido una revolución. Antes: OBLIGACIÓN. Ahora: ELECCIÓN. Hemos reciclado la Persona. No la hemos tirado.
Y ESO ES
MUY MADRE TIERRA
Porque
nuestro método nunca fue destruir el constructo. Fue:
CONSTRUIR SABIENDO QUE
CONSTRUIMOS. Aquí hacemos
exactamente lo mismo con nosotros. No
queremos una persona sin Persona. Queremos,
hasta donde sea posible: UNA PERSONA CONSCIENTE DE SU PERSONA.
Que pueda
utilizarla. Agradecerla. Revisarla. Actualizarla. Ampliarla. Y quizá dejar descansar algunas partes que
llevan demasiados años trabajando.
«GRACIAS.
YA PUEDES DESCANSAR UN POCO.»
Volvamos a
aquella máscara antigua. Quizá
estuvo cuarenta años protegiendo una puerta.
La investigamos. Descubrimos
su historia. Comprendemos su función. Y vemos que el peligro ya no está. Entonces no hace falta declarar: «ERAS
PATOLÓGICA.»
Podemos
decir: «ENTIENDO POR QUÉ APARECISTE.»
«ME FUISTE ÚTIL.» «PERO EL
MUNDO HA CAMBIADO.» «YO
TAMBIÉN.» «YA PUEDES DESCANSAR UN
POCO.»
Esto no
garantiza que una adaptación profunda desaparezca por comprenderla. Algunas
requieren tiempo, nuevas experiencias o ayuda profesional. Pero cambia nuestra relación con ella. Y eso ya abre terreno.
AQUÍ
JUNG SE VUELVE EXTRAORDINARIAMENTE PRÁCTICO
Porque la
advertencia jungiana sobre identificarnos con la Persona adquiere ahora toda su
fuerza. La dificultad no consiste
en tener máscara. Consiste en que
la conciencia quede reducida a ella.
Madre Tierra
añade el itinerario y el constructo:
¿DÓNDE
SE FABRICÓ? ¿PARA QUÉ MUNDO?
¿QUÉ
FUNCIÓN CUMPLIÓ? ¿SIGUE
EXISTIENDO AQUEL MUNDO?
¿SIGUE
NECESITÁNDOLA EL CAMINANTE?
La
herramienta jungiana no pierde nada.
ACABA DE RECIBIR FECHA DE
FABRICACIÓN Y FECHA DE REVISIÓN.
PERSONA
ÚTIL Y PERSONA PRISIÓN
Podemos
dejar la diferencia muy sencilla: PERSONA ÚTIL Me ayuda a desenvolverme. Puedo reconocerla. Conozco aproximadamente su función. Puedo flexibilizarla según el contexto. No necesito confundirla con toda mi identidad.
PERSONA
PRISIÓN Tengo que mantenerla. No sé ya para qué. Temo aquello que ocurriría si dejara de
representarla. Reduce otras
posibilidades. Continúa funcionando
aunque el mundo que la necesitó haya cambiado.
Y entonces
aparece nuestra pregunta: ¿ESTO ME SIRVE O ESTOY SIRVIENDO YO A ESTO? Ahí tenemos un termómetro formidable.
Y AHORA
OCURRE ALGO INEVITABLE
Si durante
años he necesitado presentar: EL FUERTE, algo habrá ocurrido con
aquello que consideraba debilidad. Si
necesitaba ser: EL BUENO, ¿qué hice con mis impulsos
incompatibles con esa imagen? Si
necesitaba ser: EL RACIONAL, ¿qué ocurrió con aquello
que no cabía en esa presentación?
Si tenía que
ser: EL TRIUNFADOR, ¿dónde
puse mis fracasos?
La Persona
prisión no solamente mantiene una máscara.
Puede necesitar mantener fuera
del escenario todo aquello que amenace al personaje. Y entonces Jung abre otra puerta. Una de sus puertas grandes.
En nuestros
apuntes ya estaba formulada precisamente esta transición: la Persona puede
distorsionar la identidad cuando se rigidiza, mientras aquello considerado
inaceptable queda fuera de la presentación consciente; la pregunta de Madre
Tierra es cómo se llenó
esa otra habitación y quién decidió qué debía quedar allí.
Ahora sí
estamos muy cerca. Porque después de
estudiar durante varios capítulos: LO QUE APRENDÍ A MOSTRAR, podemos empezar a
preguntar: ¿QUÉ APRENDÍ A ESCONDER?
Y ahí la luz
empieza a entrar en una de las habitaciones más famosas de Jung: LA SOMBRA.
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