MADRE TIERRA y JUNG
Quitarse una máscara no significa quedarse
sin rostro Reubicar sin destruir.
Después de
todo lo que hemos visto sobre la Persona puede aparecer un miedo perfectamente
comprensible: «Si dejo de ser este personaje que he
sido durante tantos años... ¿qué queda?»
Si dejo de
ser siempre el fuerte. Si ya no
necesito ser el que sabe. Si dejo de
presentarme como el que nunca falla. Si
ya no soy únicamente la cuidadora. Si
aflojo al triunfador. Si dejo descansar
al responsable permanente. Entonces: ¿QUIÉN
SOY?
Y aquí
necesitamos muchísimo cuidado. Porque
podríamos cometer exactamente el error contrario. Primero confundimos la máscara con el
rostro. Y ahora, al descubrir que
era una máscara, queremos arrancarla y pensamos que debajo no habrá nada. No.
QUITARSE UNA MÁSCARA NO SIGNIFICA QUEDARSE SIN ROSTRO.
ANTES DE LA
MÁSCARA YA HABÍA ALGUIEN
Volvamos al
principio del libro.
Antes de: Persona,
Sombra, Yo, arquetipo, tipo psicológico, profesión,
papel social, ya teníamos: UN
SER HUMANO VIVO.
La Persona
no creó al caminante. El caminante fue
desarrollando Personas mientras recorría su itinerario. Por tanto, si una determinada Persona se
modifica: EL CAMINANTE NO DESAPARECE. Ésta es nuestra toma de
tierra.
NO HAY QUE
ARRANCAR NADA
Quizá
incluso la expresión: «quitarse la máscara» sea demasiado violenta. Porque una máscara puede contener años de aprendizaje.
Capacidades. Oficio.
Relaciones. Experiencias. Recursos.
Formas de protección. No
queremos coger cuarenta años de vida y tirarlos a la basura porque descubrimos
que también había adaptación. TODO ESO HA FORMADO PARTE DEL CAMINO. Lo que hacemos es mucho más fino: REUBICAR.
REUBICAR
NO ES DESTRUIR
Ésta es una
de las claves de todo nuestro trabajo con Madre Tierra. Algo puede estar fuera de lugar sin ser
inútil. Una herramienta encima de la
mesa no es mala. Simplemente quizá no
pertenece permanentemente a nuestra mano.
Un traje no es una cárcel. Hasta
que ya no podemos quitárnoslo. Una
profesión no es una identidad falsa. Hasta
que creemos que fuera de ella dejamos de existir. Por tanto: NO
QUITAMOS VALOR. QUITAMOS
ABSOLUTISMO. Eso es reubicar.
«ERA UNA
ADAPTACIÓN»
Perfecto. Pero cuidado con la siguiente conclusión: «ENTONCES
ERA FALSO.» No.
Ésta sería
una equivocación enorme. Una
adaptación puede haber sido completamente auténtica dentro de aquella
situación. El niño que aprendió a ser
responsable fue
responsable. La
persona que aprendió a cuidar cuidó
realmente. El
profesional que construyó una manera de presentarse desarrolló capacidades reales. La Persona puede ser construida sin ser
mentira. Volvemos a nuestro principio: CONSTRUIDO
≠ FALSO. Lo construido
puede convertirse en una parte real de nuestro itinerario.
LO
APRENDIDO TAMBIÉN PUEDE SER MÍO
Esto merece
detenernos. Si aprendí a tocar el
piano: ¿cómo lo aprendí, no es mío? Si aprendí paciencia trabajando durante
años: ¿no es mía?
Si mi padre
me enseñó responsabilidad: ¿debo
desprenderme de ella para encontrar mi «verdadero yo»? No tendría sentido. Recibir algo no impide: INCORPORARLO. Desarrollarlo. Transformarlo. Elegirlo después conscientemente. Por eso nuestra arqueología no busca
eliminar todo aquello que tenga procedencia.
Si lo hiciéramos: ¡NO QUEDARÍA NI EL IDIOMA CON EL QUE
ESTAMOS PENSANDO! Somos caminantes con historia.
NO
BUSCAMOS UN HUMANO SIN CONSTRUCTO
Éste puede
ser uno de los puntos centrales del capítulo. No existe nuestro proyecto para llevar al
ser humano a una especie de estado previo a toda cultura. No queremos volver a las cavernas. No queremos borrar: lenguaje, educación, profesión, ciencia,
arte, sociedad, tecnología,
tradiciones, organización. Queremos algo muchísimo más interesante: UN
HUMANO QUE PUEDA DISTINGUIR.
Madre
Tierra. Constructo. Modelo.
Itinerario. Adaptación. Persona.
Y desde ahí: CONSTRUIR SABIENDO QUE CONSTRUYE.
TAMPOCO
BUSCAMOS «EL ROSTRO VERDADERO» COMO OTRA MÁSCARA
Aquí hay una
trampa deliciosa. Me libero del personaje: «PROFESIONAL
SERIO.» Y construyo
inmediatamente otro: «HOMBRE AUTÉNTICO QUE YA NO LLEVA
MÁSCARAS.»
Ya tenemos
nueva Persona. Incluso: «YO
SOY MUY NATURAL.» puede
convertirse en presentación. O: «YO
DIGO SIEMPRE LO QUE PIENSO.» O: «A
MÍ NO ME IMPORTA LO QUE PIENSEN LOS DEMÁS.»
Cuidado. Quizá simplemente hemos cambiado de
vestuario. LA AUTENTICIDAD TAMBIÉN PUEDE CONVERTIRSE
EN PERSONA. Madre Tierra no nos
entrega otra máscara oficial. Nos
devuelve capacidad para mirar.
EL ROSTRO
TAMBIÉN TIENE HISTORIA
Esto es
precioso. ¿Qué hay debajo de la
máscara? No necesariamente una esencia
psicológica perfectamente terminada esperando desde el nacimiento.
Hay: un organismo, capacidades,
disposiciones, experiencias, relaciones,
memorias, aprendizajes, decisiones,
heridas, alegrías, desarrollo,
posibilidades todavía abiertas.
HAY UN CAMINANTE.
No
necesitamos encontrar una fotografía definitiva de: «MI
VERDADERO YO.» Quizá
semejante fotografía ni siquiera sea la mejor pregunta. Porque seguimos viviendo. Y mientras vivimos: SEGUIMOS
DESPLEGÁNDONOS.
JUNG NOS
LLEVARÁ PRECISAMENTE HACIA AHÍ
Esto conecta
de manera magnífica con la individuación.
Jung no plantea simplemente: «ELIMINA LA PERSONA Y YA ESTÁ.»
La Persona
forma parte de la relación entre individuo y mundo colectivo. El problema es la identificación excesiva
con ella. Y ahí nuestra lectura desde
Madre Tierra puede añadir algo: DESIDENTIFICARSE NO ES DESHACERSE. Es recuperar distancia. Poder decir: «ESTO
TAMBIÉN SOY YO, PERO YO NO TERMINO AQUÍ.»
UNA
FRASE PUEDE CAMBIAR TODO
Antes: SOY
EL FUERTE. Después: PUEDO
SER FUERTE. Fijémonos. No hemos perdido nada. Incluso hemos ganado.
Antes había
identidad obligatoria. Ahora hay: CAPACIDAD
DISPONIBLE.
Antes: SOY
EL QUE RESUELVE. Ahora: SÉ
RESOLVER.
Antes: SOY
LA QUE CUIDA. Ahora: SÉ
CUIDAR.
Antes: SOY
EL RESPONSABLE. Ahora: PUEDO
HACERME RESPONSABLE.
La capacidad
permanece. La prisión empieza a
abrirse.
DEL «SOY»
AL «PUEDO»
Esto conecta
directamente con nuestra idea de: POSIBILIDADES.
Quizá una
parte importante de reubicar la Persona consista en convertir algunas
definiciones rígidas de identidad en posibilidades humanas disponibles.
No: SOY
ESTO. Sino: PUEDO
FUNCIONAR ASÍ. Y
también quizá: PUEDO APRENDER OTRAS MANERAS.
No
infinitamente. No mágicamente. No sin límites. Pero:
HAY MÁS CASA QUE TRAJE.
¿Y SI ME
GUSTA MI MÁSCARA?
Pues
estupendo. Ésta es una pregunta que
nuestra libertad debe poder soportar.
Investigo mi Persona. Comprendo
de dónde viene. Veo qué función
cumple. Y concluyo:
ME
GUSTA. ME SIRVE. QUIERO CONSERVARLA. Perfecto.
Si nuestro
método obligara a abandonar aquello que descubrimos que fue construido,
habríamos creado una nueva prisión. La
libertad incluye: PODER CONSERVAR CONSCIENTEMENTE. No sólo cambiar.
Y PUEDO
MODIFICAR SÓLO UNA PARTE
Tampoco
necesitamos alternativas absolutas. Quizá
el fuerte no necesita dejar de ser fuerte.
Sólo aprender a pedir ayuda alguna vez.
La cuidadora
no necesita dejar de cuidar. Sólo
reconocer cuándo está agotada. El
responsable no necesita convertirse en irresponsable. Sólo dejar de asumir lo que pertenece a
otros. El profesional no necesita
despreciar su profesión. Sólo recordar
que su vida no termina en ella. Pequeños
desplazamientos. REUBICACIÓN. No
demolición.
ESTO NOS
PROTEGE DE OTRO EXTREMO Porque a veces el lenguaje psicológico puede generar
una nueva obligación: «TIENES
QUE SER TÚ MISMO.» Muy bien.
Pero: ¿QUÉ
SIGNIFICA EXACTAMENTE? ¿Decir
siempre lo que pienso? ¿No adaptarme
nunca? ¿No utilizar códigos sociales? ¿Mostrar toda mi intimidad?
Eso no sería
necesariamente libertad. Podría ser
simplemente incapacidad para adaptarse.
La madurez quizá permita algo mucho más rico: SER
YO Y SABER PRESENTARME.
Puedo
guardar silencio sin traicionarme. Puedo
utilizar formalidad sin ser falso. Puedo
ejercer autoridad sin creerme superior.
Puedo representar una función sin reducirme a ella. Puedo adaptarme sin desaparecer.
LA
MÁSCARA PUEDE VOLVER AL ARMARIO
Me gusta
esta imagen. No hace falta quemarla. La guardamos. Ahí está.
Cuando hace falta: ME LA PONGO. Cuando termina la función: ME
LA QUITO. Quizá
mañana vuelva a necesitarla. Perfecto.
Ahora ha recuperado
su lugar: HERRAMIENTA. Y yo he
recuperado el mío: CAMINANTE.
Y ALGUNAS
MÁSCARAS PUEDEN JUBILARSE
También. Quizá encontramos una Persona construida
para un mundo que desapareció. La
comprendemos. Reconocemos el trabajo
que hizo. Y decidimos no seguir
utilizándola.
No porque
haya sido un error. Sino porque: SU
FUNCIÓN TERMINÓ. Esto
cambia incluso nuestra relación con el pasado. No decimos: «HE
VIVIDO EQUIVOCADO CUARENTA AÑOS.» Podemos
decir: «AQUELLO ME SIRVIÓ DURANTE UNA PARTE DEL CAMINO. AHORA EL CAMINO ES OTRO.» Menuda diferencia.
EL PASADO
NO NECESITA SER DESTRUIDO PARA QUE EXISTA FUTURO
Ésta puede
ser una de las frases importantes del libro.
Porque si
cada crecimiento exige declarar equivocado todo lo anterior, terminamos
luchando permanentemente contra nuestra propia biografía. No. El niño hizo lo que pudo. El adolescente añadió herramientas. El adulto construyó. Se equivocó. Acertó.
Aprendió. Se adaptó. Y ahora dispone de algo que antes no
tenía: LA CONCIENCIA DE HOY. No corregimos al niño. LE
AÑADIMOS LA CONCIENCIA QUE ENTONCES NO PODÍA TENER.
AQUÍ
APARECE LA LIBERTAD DE NUEVO
No como
omnipotencia. No puedo cambiar mi
historia. No puedo hacer que una
experiencia no haya ocurrido. No puedo
elegir de nuevo a mis padres. Mi época
de nacimiento. Mi infancia. Pero quizá puedo modificar algo decisivo: LA RELACIÓN ACTUAL CON LO QUE APRENDÍ
ENTONCES. Eso es muchísimo.
Antes: «TENGO
QUE SER ÉSTE.»
Ahora: «ENTIENDO
POR QUÉ APRENDÍ A SER ÉSTE.»
Y después: «¿QUÉ
QUIERO HACER HOY CON ÉL?»
Ahí la
libertad entra sin negar la historia.
MADRE
TIERRA NO DESNUDA AL CAMINANTE
Lo devuelve
al suelo. Ésa es la diferencia. No dice:
«QUÍTATE TODO LO
HUMANO.» Dice: «RECUERDA
DÓNDE ESTÁS.»
Respiras. Tienes cuerpo. Dependes.
Estás vivo. Formas parte de una
realidad que no construiste. Y sobre
ese suelo: construyes, aprendes,
representas papeles, trabajas, amas,
inventas, te equivocas, rectificas.
EL CONSTRUCTO PUEDE CONTINUAR. Pero ahora tiene toma de tierra.
JUNG
NO PIERDE LA PERSONA
Al
contrario. La recuperamos entera. Jung nos enseñó a distinguir entre el individuo
y la máscara social con la que se relaciona con el mundo.
Nosotros
añadimos: ESA MÁSCARA TIENE ITINERARIO.
TIENE
CONTEXTO. TIENE FUNCIÓN. TIENE UN CONSTRUCTO AL QUE SE ADAPTA.
Y, por
tanto: PUEDE REUBICARSE. No
necesitamos destruir la Persona para dejar de estar identificados con ella.
Ésta es
exactamente la lógica que ya habíamos establecido para el constructo entero: salir, mirar, comprender y volver
conscientemente, no derribar el edificio; la meta es regresar
sabiendo que construimos y pudiendo construir de nuevo con toma de tierra.
QUITARSE
UNA MÁSCARA NO SIGNIFICA QUEDARSE SIN ROSTRO
Significa
poder verla. Saber aproximadamente
cuándo apareció. Comprender para qué
sirvió. Reconocer qué capacidades desarrolló. Conservar lo que sigue vivo. Modificar lo que se volvió rígido. Dejar descansar lo que terminó su trabajo. Y volver a decir: AQUÍ
ESTOY. No desnudo de historia. No libre de influencias. No convertido en un supuesto ser humano
puro. Sino: MÁS
CONSCIENTE DE LO QUE LLEVO PUESTO. Eso
es muchísimo más real.
Y quizá
ahora sí podemos mirar hacia aquello que quedó detrás de la máscara. Porque al aflojar la Persona aparecen
preguntas nuevas:
¿QUÉ
NO CABÍA EN ELLA? ¿QUÉ TUVE QUE
OCULTAR?
¿QUÉ
APRENDÍ A CONSIDERAR IMPROPIO DE MÍ?
¿QUÉ
FUE RECHAZADO POR MÍ... Y QUÉ FUE RECHAZADO PRIMERO POR EL MUNDO AL QUE
INTENTABA ADAPTARME?
Ahí Jung nos
espera con otra de sus grandes palabras.
SOMBRA.
Pero ahora llegaremos
a ella de una manera completamente distinta.
No preguntando primero: ¿QUÉ OSCURIDAD LLEVO DENTRO? Sino: ¿QUIÉN
APAGÓ LA LUZ EN ESA HABITACIÓN?
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